Eras tú.
Disclaimer: Magi/マギpertenece a Shinobu Ohtaka y Editorial Shogakukan
Capítulo 2 – Solo una mirada.
Se encontraba paseando por el centro comercial con su mamá, se detuvieron en una tienda de ropa infantil, Sheba le había hecho saber que sería la última vez que le compraría tantos cambios –al menos hasta que terminara el año– y que por ese motivo debía cuidarla, para Aladdin era difícil, no podía evitar jugar como todo niño de cinco años, las caídas, los raspones, golpes y demás eran algo que indiscutiblemente le hacían ver como lo que era, un niño feliz, sano y fuerte, además de asistir a la escuela gastaba la mayor parte de su tiempo jugando y haciendo amistad con quien pudiese. No se podía evitar que sus ropas se gastasen en tiempos tan cortos.
Mientras miraba las camisetas, algo le hizo mirar a través del cristal de la tienda.
Y entonces paso.
Fue tan solo un momento efímero… tan corto que podría haberse pasado por inadvertido, pero para el pequeño Aladdin fue el más largo y doloroso de su vida, ¿el motivo?
Una mirada.
El intercambio entre dos miradas tan distintas pero a la vez tan iguales, porque aunque aún no lo supiera, estaba consciente de que por alguna extraña razón, buscaban algo, y ese algo… tal vez… y solo tal vez, era lo mismo.
Ojos de un profundo color escarlata, parece ser que la vida se ha esfumado de ellos. Están tan apagados que cuesta trabajo creer que cuando te mira te está poniendo atención, cabello ¿negro? Así lo parece, pero llega un punto en el que se ve como un intenso azul, complexión delgada y una piel sumamente pálida. No sabe porque, pero su mirada se posó directamente en ese niño, quien observaba con suma concentración un poster donde se veía una familia inmensamente feliz, detrás de ellos un resort vacacional, un anuncio publicitario de la compañía de su abuelo, Sheba siempre le decía que ese poster era el mejor de todos hasta el momento, porque se lograba reflejar la inmensa felicidad del poder estar juntos como familia, eso le había llamado la atención en un inicio, porque a pesar de ser uno de los mejores a ojos de su mamá, no todos lograron apreciar lo que el anuncio quería transmitir.
Creían que el propósito era simplemente promocionar unas lindas vacaciones, con costos menores y demás comodidades para la familia, pero ese niño le miraba con gran detenimiento. Y Aladdin estaba seguro que no era solo por la leyenda que ponía. Si no que más bien, por muy extraño que pareciese, podía sentir por parte de aquel niño un poco de anhelo hacia la fotografía que mostraba aquella publicidad.
Instantáneamente después de haber posado su mirada en él, el chico de ojos escarlata volteo hacia su pequeña persona, Aladdin se sintió diminuto y cohibido, pero cuando sus ojos se encontraron directamente tuvo unas inmensas ganas de llorar. Su pecho se oprimió, la boca se le seco, su garganta sentía un gran nudo, el estómago le dolió y un sinfín de malestares a los que no les tuvo explicación alguna.
Aquel niño de ojos escarlata, fue llamado por una persona mayor, un hombre de entre unos veinte años, de complexión un poco musculosa, cabellos y ojos del mismo color, rojo, y una peculiar barba que rápidamente le hizo recordar a un animal que había visto en un documental sobre animales de granja. Ante aquello Aladdin no pudo evitar soltar una pequeña risa.
Risa que fue apagándose, cuando el niño que había llamado su atención, se acercó al hombre pelirrojo.
Cuando le perdió entre la multitud del centro comercial, el pequeño Aladdin no pudo evitar llorar desconsoladamente. Dejando a su madre un poco nerviosa, porque desde que había nacido, fueron muy pocas las veces que le vio llorar de esa manera, la primera fue cuando nació, la segunda cuando Solomon no pudo estar presente para su fiesta de cumpleaños número tres, la tercera cuando conoció a el pequeño Alibaba y a la linda Morgiana. Ahora ¿Qué había ocurrido?
Trato de calmarlo, pero lo único que consiguió fue que el llanto se acrecentara, tras varios intentos fallidos finalmente consiguió que su pequeño dejase de llorar, pero finalmente decidió que lo mejor era volver a su hogar y saber qué fue lo que exactamente había ocurrido.
…:::…
Hoy era su cumpleaños número diez, no esperaba nada, nunca espero algo en sus primeros cinco años de vida, hasta que la familia Ren le adopto, como si fuese algo importante un cumpleaños era algo que se debía festejar, "celebrarlo en compañía de los seres queridos porque es el día en que uno llega a este mundo y gracias a ello puede ser partícipe de la vida de muchas otras personas" era algo que Kougyoku siempre decía, "Porque si Judal nunca hubiese nacido, todo sería aburrido para mi" palabras de Hakuryuu e incluso Kouen se lo llego a decir, "Es importante porque es el día en que llegaste a este mundo" cada uno se lo hacía saber, con distintas palabras y acciones, entonces el pequeño Judal pensaba seriamente aquello.
Estuvo cinco años de su vida viviendo en un orfanato, la razón se la hicieron saber tan pronto como tuvo conciencia de sus actos y pensaba de forma razonable, "Tu madre murió en el preciso momento en el que naciste, y era la única familia que tenías" morir era un concepto totalmente complejo, pero sabía que una vez te ocurría, desaparecías. Entonces, ¿Por qué ser feliz, o celebrar el día en el que nació, si fue el mismo día en el que su madre murió?
No era el único que sufría por no tener una familia propia, todos los que se encontraban en el orfanato tenían su propia historia, trágica o no, estaban solos, y eso cambiaba hasta que una familia llegaba a adoptarlos.
Dejo a un lado sus innecesarios pensamientos –como Kougyoku le decía– y suspiro por enésima vez en ese día, apreciaba el gesto, pero le era difícil salir de su hogar, suhermano Kouen había hecho una reservación en un restaurante familiar de prestigio, y Judal creyó que sería una muy buena idea perderse un poco en el centro comercial que se encontraba cerca de ese lugar, no quería permanecer sentado por un indeterminable tiempo, comiendo algo que ni siquiera era de su agrado, para posteriormente recibir felicitaciones y posiblemente un servicio especial de cumpleaños, donde los meseros o quienes fuesen le llevasen hasta su mesa un pastel, le cantasen Happy Birthday con sonrisas falsas para después fingir gran emoción y sorpresa por su parte, ya no quería algo así, entonces sin que se diesen cuenta, salió cautelosamente de ahí.
Al llegar, camino de aquí por allá, hasta que un enorme anuncio le hizo detener sus pasos, no le prestó atención a lo que estuviesen promoviendo, si no a las personas que aparecían en ella, un hombre y una mujer que sujetaban de la mano a un niño, los tres sonreían y se parecían estar divirtiendo, era como si lo demás no importase, y eso le molesto un poco, entonces Judal pensó del como seria su vida, si su mamá no hubiese muerto ¿mostraría una enorme sonrisa como aquel niño del anuncio?
Judal sonreía, siempre lo hacía, pero no eran sonrisas honestas o de felicidad, casi siempre eran sonrisas burlonas y por ello los niños de su edad no se le acercaban, "Judal-kun es un grosero" "Judal me da miedo" "es muy extraño, mejor no te le acerques" "se cree la gran cosa solo porque es parte de los Ren" "no tiene amigos" y muchos otros más comentarios, en realidad al principio le dolían, al menos los que recibía cuando vivía en el orfanato. Pero él no podía cambiar su forma de ser, era directo y no media sus palabras, podría sonar altanero y agresivo, pero así era él. Después de formar parte de la familia Ren decidió cambiar, pero no para bien, si tantas ganas tenían de hablar a sus espaldas, entonces que lo hicieran con provecho. Y por eso se convirtió en lo que es ahora, era triste admitir que a pesar de su corta edad ya poseía una mentalidad de alguien mayor, tal vez la influencia de su nueva familia y las personalidades tan diferentes de cada integrante, tal vez el haber crecido por cinco años en un orfanato, tal vez el no haber tenido padres.
En realidad era todo y nada a la vez.
Por eso, nuevamente se preguntó si había sido correcto nacer y vivir bajo la sombra de ser un huérfano. Alguien a quien al parecer, Dios había abandonado, claro, si es que realmente existía ese ser de tan gran magnificencia, porque si existía, y podía tenerlo frente a él, le reclamaría por haberlo hecho nacer sin un motivo en específico, en este mundo que al parecer no quería aceptarlo.
Medito un momento más, sin despegar la mirada del anuncio, lo anterior no era tan cierto, los Ren lo aceptaron y por eso ahora tenía una familia, tal vez las cosas no eran tan malas después de todo.
El latido de su corazón se aceleró, era la misma sensación que sintió cuando obligo a Hakuryuu a saltar desde el pasamanos, y posterior salto él, solo para terminar con un brazo roto, pero era un poco diferente, de repente su pecho se sintió inconforme, como si le doliera y entonces por alguna razón desconocida para él, volteo el rostro hasta donde se encontraba una tienda de ropa infantil y poso su mirada en una niña de grandes ojos azules y cabello del mismo color, por un momento olvido respirar y un sentimiento de inconformidad se alojó en su interior cuando sus miradas conectaron.
Fue un miserable instante.
Algo tan efímero que para Judal pudo haber sido tan insignificante como las personas que pasaban frente a él, obstruyendo su visión en pequeños lapsos. Pero la imagen de la pequeña frente a él, se grabó a fuego en su mente. Por alguna razón la niña se reía de algo y el ver su sonrisa le molesto.
—Sabía que estarías aquí Judal. –la voz gruesa y demandante de Kouen le hizo volver en sí. Giro sobre sus talones y se acercó hasta él. —Nos tenías preocupados. –Judal simplemente evito su mirada, no quería darle importancia al reclamo del mayor. —Si no querías salir, lo hubieses dicho, no es como si nos molestáramos contigo, eres parte de la familia y tu opinión cuenta, además quien cumple años hoy eres tú. –El infante por fin le miro y un tenue sonrojo se alojó en sus pálidas mejillas, el mayor no pudo evitar soltar una pequeña carcajada. —Vamos –decía el pelirrojo mientras le señalaba el camino hasta la salida, donde todos les esperaban.
Por un instante Judal olvido a la niña de esa tienda, pero después de ver la sonrisa de alivio en el rostro de Hakuryuu y las lágrimas de Kougyoku, mientras le reclamaba por haberse ido sin avisar, la recordó, recordó esos enormes ojos de un inmenso color azul que brillaban cual estrellas, la pequeña nariz respingada, y esa mirada que no supo cómo describir, pero que le revolvió el estómago y le hizo sentir enfermo por un segundo.
Por primera vez en sus escasos diez años de vida, Judal mostro interés en alguien y deseo saber quién era.
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Notas: Muchas gracias a las hermosas personitas que lo leyeron hasta aquí, me gustaría ser constante con las actualizaciones pero no creo poder, soy tan masoquista que estoy estudiando dos carreras y además esporádicamente trabajo fines de semana Q.Q pero daré todo de mi por hacerlo posible.
