MANZANA NEGRA
NOTA DEL AUTOR - ¡Vaya! Me alegra ver que la reanudación de este fic ha tenido buen recibimiento; mejor, al menos, del que yo me esperaba, después de tanto tiempo sin actualizar.
Se me olvidaron antes algunos agradecimientos, para quienes todavía siguieron comentando y/o añadiendo esta historia a sus favoritos, en el tiempo que medió entre el Capítulo 12 y el 13; así que Legionario Eterno, Eikaros, inelu5, ¡gracias por implicaros en todo esto!
Y gracias también a dannadagnel y Sarah Usher por haberse sumado ahora a esta pequeña aventura. ¡Nunca es demasiado tarde! Además, son cosas así las que hacen que continuar escribiendo sea mucho más llevadero.
¡Bueno! Y ya sin más dilación, ¡prosigamos con el combate!
CAPÍTULO 14 – EL COMBATE DE LAS DIOSAS (II)
Publicado el 5 de agosto de 2017 con una extensión de 5.379 palabras.
Sasha sí presintió en esta ocasión, quizás ya a base de costumbre, el momento exacto en el que iban a caer varios rayos de nuevo, sobre aquella pradera cada vez más tenebrosa.
Y por eso la Cazadora logró taparse a tiempo los ojos con una mano enguantada, evitando quedarse otra vez ciega durante unos largos y valiosos segundos.
Sin embargo, la tormenta casi la cegó igualmente, tal era la violencia con que soplaba el viento y descargaba la lluvia. Si el agua no se le metía en los ojos era porque, de algún modo, el aura blanca que recubría su cuerpo, con una luz suave y cálida, aún seguía protegiéndola de la furia de los elementos.
No obstante, el viento tironeaba cada vez con más fuerza de su larga falda negra, tanto que Sasha tenía la impresión de estar a punto de salir volando en cualquier momento.
Y así, por instinto y sin apenas pensarlo, tomó entre sus manos la oscura tela y dio ella misma un tirón más fuerte todavía, desgarrando con sus propios dedos la engorrosa e incómoda prenda.
Y cuando al fin recapacitó, y pensó realmente en lo que estaba haciendo, con un leve rubor en las mejillas… se dio cuenta de que quitándose la falda había dejado al descubierto unos pantalones blancos, muy parecidos a los reglamentarios del ejército, que por un instante resplandecieron con la misma intensidad de su aura; después el brillo fue mitigándose poco a poco, hasta volver a la normalidad.
"¡Vaya! Qué conveniente… ¿Los he llevado todo este tiempo sin percatarme de ello? ¿O acaban de aparecer así de repente, como la cinta para el pelo de antes?" Sasha se pasó una mano, con aire ausente, por la cola de caballo en que se había recogido los cabellos castaños. "Entonces, eso significa que no sólo puedo crear armas…"
"La cinta blanca, como los pantalones… y también la blusa, aunque ésta ya la llevaba desde el principio. Luego mis botas son negras, como el chaleco… y los guantes, claro, que no se me olviden los guantes. Aunque los objetos que genero son blancos…"
"Todos estos contrastes, ¿tienen algún sentido? ¿Significan algo en concreto, o simplemente son así porque sí? Por otro lado, Mikasa va completamente vestida de negro…"
Y entonces la Cazadora recordó cuál era su problema más acuciante, en ese momento, en ese lugar. Nuevamente se dejó llevar por sus instintos de combate, mientras creaba otra flecha con su mano derecha, colocándola rápidamente contra la cuerda del arco que aún sostenía en la izquierda.
Tanto el arma como el proyectil empezaron a brillar, al igual que su aura, con aquella cálida luz blanca, suave y poderosa al mismo tiempo.
La chica de Dauper tragó saliva con nerviosismo, centrando ya su atención en quien tenía enfrente… o más bien el qué; porque lo que veía delante de ella, a no mucha distancia, era una nube de vapor de considerables dimensiones, bastante más clara que las que cubrían apretadamente el ominoso cielo oscuro.
Aquella extraña e inquietante humareda, por alguna razón, no se desvanecía a pesar del azote de la tormenta; y Sasha sintió un terrible escalofrío recorriéndole todo el cuerpo.
Porque recordaba las historias de algunos de los refugiados de Shiganshina, a los que fueron reasentando en Dauper después de la Caída; susurros temerosos, sobre una bruma similar que cubrió la imponente mole del Titán Acorazado cuando éste abrió brecha en el Muro María.
"Y además, ¡no sólo eso! Mikasa creció antes por primera vez cuando le cayó un rayo encima. Y si acaban de caerle varios más seguidos, entonces… ¿Qué es lo que va a salir ahora de ahí dentro?"
Aquella siniestra neblina no llegaba a ser tan grande, pero aun así medía bastante más de dos metros.
"¿Qué opciones tengo? ¿Qué se supone que debo hacer?" Sasha se secó varias gotas de sudor que le caían por la frente, pasándose con rapidez una de sus manos enfundadas en cuero; después continuó sujetando el arco con la flecha preparada, aunque sin tensar todavía la cuerda. "¿Aprovecho para salir corriendo, ahora que puedo? ¿O disparo a ver si le doy a algo? Claro que, para lo que sirvió antes… ¡Parece que sólo he logrado empeorar las cosas!"
"Quizás lo mejor sea, sencillamente, quedarme quieta. No hacer nada, esperarme un poco más por si…"
Y entonces la chica se quedó completamente paralizada. Porque de repente oyó la voz de Mikasa dentro de su cabeza.
"Ya basta."
Su voz fue como una onda que la alcanzó en ese mismo instante, reverberando en el interior de la muchacha de ojos castaños, con una discreta potencia sutil que estremeció todo su ser.
El sonido de aquella voz era temible y magnífico a la vez, espléndido y abrumador, reconfortante a su manera. Sasha experimentaba cierta fascinación temerosa, haciendo lentamente mella en su miedo; poco a poco, casi sin darse cuenta, dejó de sentirse tan asustada.
Ya ni siquiera se planteó la idea de salir corriendo, pese a las advertencias de algunos de sus instintos; al contrario, cada vez le tentaba más simplemente permanecer allí y seguir escuchando esa voz. Para bien o para mal, no tuvo que esperarse demasiado.
"Basta. ¿Cuánto tiempo voy a seguir cometiendo el mismo error? ¿De qué sirve quedarme quieta esperando, limitándome a verlas venir sin hacer nada?
"En este mundo tan cruel, es matar o que te maten. Soy una estúpida por haber creído alguna vez lo contrario. ¿Cómo he tardado tanto en darme cuenta? Aguantar los golpes con los dientes apretados no sirve absolutamente para nada.
"Para ganar tengo que luchar… incluso contra quien me dijo esas palabras, si es necesario.
"Pues bien, ahora es cuando yo digo, desde este mismo momento: basta. Basta de quedarme parada. Basta de adoptar un rol tan pasivo. Basta de estar esperando siempre a que sean los demás quienes reaccionen. Basta de soportar insultos y menosprecios sin decir nada, sin hacer nada. Basta de quedarme siempre callada, guardando silencio, esperando a que sean otros los que digan, los que hagan.
"Basta. Basta. Basta.
"Ya no dejaré que nadie más me pisotee así. No dejaré que los demás sigan arrastrándome, mientras persiguen sus propios sueños, pretendiendo que yo ignore los míos.
"Si nadie más está dispuesto a preocuparse por mí, entonces tendré que hacerlo yo misma… Nadie va a defender mejor mis propios asuntos, ¿verdad?
"Cada uno mira siempre primero por lo suyo. ¿No es eso lo que hacen todos? ¿Por qué debería ser yo distinta?
"Quizás, esta vez sí, ha llegado el momento de hacer primero lo que yo quiero. Que se cumplan primero mis sueños y luego, ya si eso, pensar acaso en los de los demás.
"Tomar lo que quiero, lo que deseo, con mis propias manos, sin dejar que nada ni nadie me detenga."
Todos aquellos pensamientos parecieron sucederse unos a otros rápidamente, en apenas un instante, como si el tiempo se hubiese detenido; como si Mikasa hubiera parado el mundo sólo con desearlo.
Y una vez más, Sasha volvió a sentir una especie de frío eléctrico descendiendo por su espalda; que su amiga tuviese semejante poder y fuese capaz de hacer algo así a voluntad… Aunque quizás resultaba aún más inquietante, la idea de que Mikasa había decidido servirse ahora a sí misma antes que a nadie, anteponer sus anhelos a los de cualquier otro; estando dispuesta, además, a adoptar un papel más activo para conseguirlo, sin continuar esperando a que las cosas cambiasen por sí solas.
La verdad era que costaba imaginarse a la joven oriental, normalmente tan callada y reservada, actuando ahora de una manera tan distinta para lograr lo que ella quería.
La chica de Shiganshina no solía hablar mucho, ni se hacía notar demasiado (al menos no a propósito); casi siempre permanecía en un discreto segundo plano, ocultando bajo su aspecto sereno y delicado más bien todo lo contrario: una fuerza y destreza prodigiosas, sin apenas comparación, capaces de arrasarlo todo a su paso cuando al fin se desataban.
Mikasa era más bien una seguidora; solía estar al lado de Eren y Armin, pendiente de lo que ellos hiciesen o dejasen de hacer, en vez de actuar por su propia cuenta.
Y quizás era eso precisamente lo que más asustaba a Sasha: que su amiga estaba a punto de desatarse por completo. Sin embargo, al mismo tiempo, aquella idea le hacía sentir también curiosidad, por saber qué pasaría después; además de que, por alguna razón, la situación le resultaba sospechosamente familiar… aunque en ese momento las sospechas quedaban sepultadas por todas sus emociones, tan contrapuestas, mezcla extraña de temor y expectación, en anticipo de lo que vendría a continuación.
Lo cierto era que cada vez tenía más ganas de ver si habría cambiado algo más en Mikasa; quizás su aspecto, en consonancia con aquella nueva actitud.
Y justo en ese instante, como dando cumplimiento al viejo dicho de "cuidado con lo que deseas", la fuerza de la tormenta, con sus vientos y sus lluvias, disipó al fin aquella ominosa humareda… al mismo tiempo que Ella daba un único paso hacia adelante, quedando definitivamente al descubierto mientras la tierra temblaba bajo sus pies.
Lo primero que cruzó por la mente de Sasha, en ese momento, fue algo similar a lo que pensó la primera noche en el Cuerpo de Cadetes, cuando Krista le dio de comer y beber después de haber estado dando vueltas a la pista todo el día.
"¡Es una diosa!"
Porque la figura que surgió de repente, de entre la bruma, verdaderamente parecía mucho más que humana.
Mikasa tenía un aspecto tan imponente como su presencia; más maduro, más desarrollado, como si de pronto hubiese alcanzado una plenitud que en realidad siempre había estado en su interior… y seguramente a ello contribuía, en no poco, el hecho de que ahora debía medir por lo menos cuatro metros de alto.
Sus ropas oscuras seguían siendo las mismas: botas de cuero negro, bien ceñidas a sus poderosas y torneadas piernas, hasta llegar justo debajo de sus rodillas; pantalones también negros, y camiseta de manga corta del mismo color, que daban la impresión de estar ligeramente más ceñidas que antes, resaltando aún más la firmeza y potencia de aquellos músculos.
Sasha se daba cuenta de que apenas podría alcanzar ya la cintura de aquel inmenso y poderoso cuerpo, tras haber vuelto a aumentar de tamaño; una sola de aquellas grandes manos bastaría para cubrir por completo su cabeza…
Y la chica de Dauper se fijó precisamente en que las manos de Mikasa, a diferencia de antes, se enfundaban ahora en ajustados guantes de cuero negro con los dedos cortados; dejándolos al aire y resaltando aún más la fuerza que latía en ellos, en contraste con su aspecto fino y engañosamente delicado.
Al mismo tiempo Sasha comprobó, con cierta inquietud y nerviosismo, que la venda que la joven de Shiganshina solía llevar en torno a su muñeca derecha continuaba siendo negra, en vez del habitual gris claro; una mala señal, el presentimiento de que algo aún seguía torcido… y la cazadora no tenía ni idea de cómo solucionarlo.
De igual modo, la bufanda de la que como de costumbre su amiga no se separaba, también era negra; y la muchacha castaña intuyó nuevamente que el color debería haber sido otro, en aquel momento y lugar.
Sin embargo, era en el rostro de Mikasa donde podían apreciarse los mayores contrastes: sus bonitos ojos negros, que antes se habían transformado en orbes de oscuridad absoluta, para después volver a la normalidad al recibir aquel flechazo (del que ya no había ni rastro), brillaban ahora con una intensa luz blanca que no dejaba ver otros colores; como al principio, cuando a la joven oriental le cayó un rayo encima y creció por primera vez.
Y precisamente, aquella nueva diferencia de tamaño hacía que sus puros orbes de brillante luz blanca fuesen más impresionantes todavía; más aún, teniendo en cuenta la máscara de auténtica oscuridad que había surgido ahora en torno a sus ojos, como si se hubiese colocado un fino y delicado antifaz negro, ocultando apenas los rasgos superiores de su bello rostro.
Y una vez más, Sasha notó que se le cortaba la respiración, que se le detenía el corazón, al encontrarse con la mirada de aquellos orbes completamente luminosos, ya sin pupilas ni írises; difícil no sentir sobre sí aquel peso invisible, como si le oprimiera el pecho.
El viento tormentoso golpeaba con fuerza contra la hermosa y temible gigante, aunque el efecto era el mismo que si se hubiese topado con una montaña; tan sólo se agitaban un poco, detrás de ella, los extremos de su ahora enorme bufanda, tan negra como sus cabellos…
Justo en ese momento, la chica cazadora se dio cuenta de que su compañera volvía a tener el pelo más corto, como solía llevarlo durante la instrucción, cubriéndole apenas hasta más allá de la nuca.
De haber algo simbólico en aquello, Sasha no estaba segura de cuál sería su significado, en ese extraño lugar. Lo que sí sabía era que, por alguna razón, ya no sentía escalofríos, sino más bien todo lo contrario: una intensa calidez, agradable y reconfortante, extendiéndose por todo su cuerpo; seguía costándole cada inspiración, cada latido de su corazón, y sin embargo al mismo tiempo (o quizás precisamente por eso) la dolorosa vividez con que lo experimentaba hacía que el esfuerzo mereciese la pena.
No por ello dejaba de notar la muchacha castaña, también, cierta inquietud instintiva y primaria, ante aquella imponente y portentosa visión. Seguramente influía, en buena parte, la forma en que el aura oscura de Mikasa continuaba delineando su figura con una fina capa de llamas negras.
Aquella oscuridad ígnea, que parecía haber crecido en proporción al nuevo tamaño del poderoso cuerpo que recubría, evaporaba incluso antes del contacto las copiosas gotas de incesante lluvia, con una tormenta cada vez más agresiva; de tal modo que, en torno a la enorme joven oriental, persistía una perenne capa de vapor.
Todo lo cual, causaba una impresión fuertemente amenazadora en Sasha, aunque también había ahí una admiración impregnada en temor y anhelo; emociones sólo en apariencia contradictorias, que se hicieron todavía más intensas cuando Mikasa dio un nuevo paso adelante, con el que la tierra volvió a temblar levemente… como latiendo con la misma agitación que el corazón de la Cazadora.
Sus palpitaciones fueron en aumento al ver a la gigante de ojos blancos y cabellos negros enseñando ligeramente los dientes, a través de sus finos labios entreabiertos; dientes blanquísimos, perfectamente alineados, de proporciones acordes al enorme tamaño de aquella boca tan bonita.
De nuevo, la mera visión hizo latir aún con más fuerza el corazón de Sasha, mientras se dejaba llevar por todas esas sensaciones contrapuestas. Desde luego, el hecho de mostrar así los dientes podía considerarse un mensaje universalmente reconocible, que siempre apelaría a los instintos más primarios incluso de los humanos; esa misma parte, un tanto animal, que ahora le advertía en su interior, contra la señal de aquella amenaza. "¡Cuidado, peligro, depredador!"
Porque no había duda de que Mikasa era peligrosa, especialmente ahora: más fuerte, más grande… más poderosa. Y sin embargo, a pesar de todo, la impetuosa chica de ojos castaños apenas contenía ya el impulso de luchar contra aquella especie de divinidad oscura; seguir sus instintos de cazadora y convertir a tan magnífica depredadora en su presa.
Era como si una parte de sí misma estuviese despertando otra vez dentro de ella: esa Cazadora con la que se había encontrado al principio, nada más llegar allí, y que ahora le estaba animando a medirse contra aquella digna adversaria; acaso derrotándola volvería a recordar qué se sentía al ser una diosa.
Quizás fue eso al final, más que la sensación de amenaza y agresión inminente… el deseo de atacar y sobreponerse, en lugar de simplemente defenderse… lo que impulsó otra vez a Sasha a tensar la cuerda de su arco, con la flecha que ya tenía preparada desde hacía tiempo.
Y disparó de nuevo.
El proyectil surcó veloz el espacio que les separaba; pero aun con toda su potencia, parecía faltarle algo, como si se revelase cierta vacilación en su trayectoria.
Y quizás por eso Mikasa sí logró esta vez detener aquel nuevo ataque; debió influir el hecho de medir ahora el doble de alto, además de arder las llamas de su aura con más fuerza todavía, o acaso por estar enfundadas sus poderosas manos en aquellos guantes de cuero negro.
De un modo u otro, la gran y bella oriental destruyó de un solo manotazo el luminoso proyectil blanco; no fue simplemente que la flecha saliese disparada igual de rápida en otra dirección con aquel golpe, sino que quedó inmediatamente consumida por el fuego oscuro que recubría su brazo derecho… el mismo en torno a cuya muñeca aún llevaba aquella venda negra.
Sus ojos, en cambio, completamente blancos, seguían resplandeciendo bajo aquel antifaz y un ceño ligeramente fruncido; su atención se enfocó con más intensidad todavía en Sasha, que casi se sintió aplastada por un peso invisible.
Tal vez la joven de Dauper se habría quedado paralizada en el sitio, si no fuese porque Mikasa estaba enseñándole aún más ahora los dientes, hermosos y temibles; blancos y perfectos, con la misma ferocidad que su mirada, enormes, amenazando con devorar a Sasha en cuanto se acercase demasiado.
Y seguramente fue por eso, que la muchacha de cabellos castaños consiguió mantenerse en movimiento; casi daba pequeños saltos, apoyándose alternativamente en los talones y las puntas de sus pies, mientras preparaba otra flecha en su mano derecha, lista para salir disparada en cuanto su gigantesca adversaria avanzase de nuevo.
"Míralo por el lado bueno," se dijo Sasha para sí. "Si ahora se ha vuelto más grande, entonces por lo menos también será más lenta, ¿no?" Aunque ni siquiera ella misma se sentía muy convencida, con aquel razonamiento…
Y justo en ese momento, Mikasa decidió moverse.
En apenas un par de zancadas, que volvieron a hacer temblar la tierra, ya estaba prácticamente encima de Sasha.
Y debía ser cierto que "el miedo daba alas", porque en ese mismo instante la chica de ojos marrones pareció volar por los aires, impulsándose con sus ágiles piernas y su propio temor, para tratar de alejarse todo lo posible de Ella.
"¡No es más lenta, es más rápida todavía! ¡Más grande, más rápida, más fuerte, más de todo lo que es bueno para ella y malo para mí! ¡Estoy perdida! ¡Me va a atrapar, me va a destrozar, me va a devorar…! ¡Y no hay nada que pueda hacer para evitarlo!"
No estaba segura de si se le había llegado a escapar un grito de terror, aunque de ser así habría quedado sepultado por el estruendo de la tormenta; el aullido del viento, el azote de la lluvia… y varios relámpagos que cayeron muy cerca de la joven Cazadora, haciendo crepitar protectoramente las llamas de su aura blanca.
En aquel momento Sasha no podía verse a sí misma, pero se preguntaba para sus adentros si con todas esas descargas no se le habrían puesto los pelos de punta; la imagen le provocó repentinamente una risilla floja en la que también había algo de histeria atemorizada.
En cualquier caso, no dejó de moverse y fue aumentando cada vez más la distancia que le separaba de su formidable oponente… aunque en realidad, Mikasa no había seguido avanzando tras dar aquellos primeros y temibles pasos; tampoco había dicho nada más, o al menos Sasha no había vuelto a oír aquella voz dentro de su cabeza, después de la primera vez.
"¡Vaya! ¡Ése es el tipo de cosas que debería hacerme dudar de mi cordura! Y sin embargo…" Al final, ella también se detuvo; manteniendo todavía una distancia prudencial, naturalmente. "Si antes he oído todo eso, habrá sido por una buena razón. Quizás esta vez se trata de combatir de otra manera, con palabras y no con flechas. Claro que, con tanto como hay dentro de su cabeza… ¿Por dónde empezar?"
Y fue entonces cuando, por el rabillo del ojo, le pareció ver algo moviéndose en la periferia de su campo visual; con un leve respingo, miró hacia atrás por encima de su hombro… y se quedó con la boca abierta, sin poder evitarlo (incluso notó las gotas de agua en su lengua), al darse de pronto cuenta de que ahora llevaba una capa gris claro cubriéndole las espaldas, agitándose como si estuviese a punto de salir volando con la fuerza de la tormenta.
No era la típica capa de cazadora de Dauper, sino que más bien tenía el diseño de las que se utilizaban en el Ejército; un elemento muy característico, sobre todo en el uniforme de algunos soldados… como los intrépidos miembros de la Legión de Reconocimiento.
"¿Acaso esto guarda alguna relación? ¿Y el color, también tiene algún significado en concreto?"
Y justo en ese momento, volvió a oír en su interior la poderosa voz de Mikasa, reverberando con una furia mucho más acuciante ahora.
"¿Cómo te atreves?"
Su expresión en aquel instante reflejaba a la perfección toda esa ira, también creciente, cada vez más duramente contenida.
Sasha no estaba segura de si su amiga habría seguido aumentando de tamaño gradualmente, a pesar de que en ningún momento le había quitado la vista de encima a aquella amenaza; si el cambio hubiera sido más brusco y repentino, desde luego se habría dado cuenta.
En cualquier caso, Ella parecía ahora más grande, más inmensa e imponente, más incluso de lo que le correspondería midiendo "tan sólo" cuatro metros.
Y cuando Mikasa empezó a avanzar de nuevo, lo hizo sin darse demasiada prisa; como si no necesitase correr para alcanzar a su presa, como si fuese una certeza y Sasha no pudiese evitarla eternamente… aunque no por ello iba a dejar de intentarlo.
La joven arquera preparó otra flecha mientras continuaba retrocediendo, desplazándose simultáneamente a un lado; de tal modo que siempre mantenía a raya a su objetivo, como si estuviese en el centro de un círculo cada vez más grande.
En esta ocasión apuntó a las piernas de su compañera, aun a sabiendas de que, incluso si acertaba, seguramente el proyectil no atravesaría sus defensas; en realidad, más que hacer daño, lo que pretendía era ganar tiempo.
Cada vez estaba más convencida de que difícilmente iba a alzarse con la victoria en una confrontación directa; tenía que haber otra manera… pero mientras tanto, seguiría disparando.
La cuerda del arco zumbó de nuevo; su flecha volvió a surcar el aire.
Y de algún modo, aun sin saber demasiado bien lo que estaba haciendo, el disparo sí fue esta vez más certero, impactando decididamente contra el tobillo derecho de Mikasa; las llamas negras de su aura volvieron a crepitar con fuerza en esa zona, agitándose pero sin llegar a bloquear del todo el nuevo ataque.
Sasha observó con interés, y los ojos bien abiertos, cómo por un instante aquella bota enorme se volvía mucho menos oscura, para luego recuperar rápidamente su color habitual; intuía que se trataba de un detalle importante, una posible clave para vencer en aquel singular combate.
A todo esto, la intrépida Cazadora no dejó de moverse; y aunque la tormenta no amainaba, sentía que ahora no le costaba tanto desplazarse. Casi se notaba volar ágilmente por el aire, como si en vez de una capa tuviese alas en la espalda; sin separarse demasiado de la tierra, prácticamente planeando sobre ella.
Mikasa en cambio sí se detuvo durante unos segundos, con la vista fija en la pierna que se le había quedado momentáneamente paralizada. La expresión de su rostro, a juzgar por el ceño fruncido y la leve mueca de disgusto en sus labios, no era tanto de dolor como de fastidio. Sasha pudo respirar algo más aliviada, sabiendo que no había herido "accidentalmente" otra vez a su compañera; al menos no con la misma gravedad que antes, cuando le atravesó el pecho…
Pero en cuanto la gigante oriental clavó de nuevo sobre ella su furiosa mirada, el alivio que sentía Sasha se transformó en aprensión con la misma celeridad, especialmente al ver que Mikasa empezaba a ir mucho más rápido que antes.
La Cazadora fue capaz de contener el pánico gracias a que, con la maniobrabilidad que le otorgaba su nueva capa gris, mantenía de momento una distancia considerable con su enorme rival… para creciente irritación de esta última, cuyos temibles pasos parecían hacer temblar el mundo; la chica castaña podía notar las potentes vibraciones, brevemente entre salto y salto, cada vez que sus pies tocaban tierra.
No tardó en surcar el aire otra flecha, que en esta ocasión no encontró su objetivo; Mikasa apartó a tiempo su poderosa pierna izquierda y el proyectil pasó inofensivamente por su lado, dejando tras de sí una luminosa estela blanca… aunque no por ello fue menor su irritación.
"¡Estáte quieta de una vez!" Sasha oyó de nuevo aquellas palabras en su interior.
"¡Sí, claro! ¡Qué más quisieras!"
Sin embargo, nada parecía indicar que la respuesta hubiese llegado a oídos de su compañera. "¿Será que esto funciona en un único sentido?" Lo cual le hizo pensar, a su vez, en lo que ella había dicho antes.
"¿Cómo te atreves? ¿Y a qué se supone que me estoy atreviendo? ¿A moverme mucho, para que no pueda aplastarme de un pisotón? O quizás, hum, bueno… ¡La verdad es que yo también me sentiría bastante molesta, si alguien estuviese intentando acribillarme a flechazos todo el rato! Pero ahora mismo no sé qué otra cosa hacer… ¡Lo que sí sé es que, como Ella me alcance, se acabó!"
La muchacha de Dauper disparó de nuevo, acertando esta vez en la vasta bufanda negra que Mikasa aún llevaba en torno al cuello, tan grande que habría podido envolver sin muchos problemas a una persona entera; los enormes extremos ondeaban imponentes hacia atrás con la fuerza del viento. No obstante, la flecha pareció sumergirse directamente en aquella espesura, como si se hubiese perdido en alguna especie de frondosa selva oscura.
La joven de ojos blancos y antifaz negro, con expresión todavía más decidida, ni siquiera aminoró la marcha.
"Y también sé que no podré aguantar así mucho tiempo." Sasha continuó rumiando para sí, sin dejar de retroceder, mordiéndose el labio inferior nerviosamente. "Tarde o temprano cometeré un error y entonces será el último. Vamos, ¡piensa! ¿Qué fue lo que cambió para que de pronto…? Espera. Eso es. ¡Eso es! La capa, ¡fue con la capa! Mikasa la vio primero y después dijo aquello de cómo me atrevía yo… ¿A qué exactamente?"
La cuerda de su arco volvió a vibrar y, con un nuevo zumbido, otra flecha casi dio en el blanco, limitándose en esta ocasión a acariciar suavemente los negros cabellos de la muchacha gigante, dejando tras de sí un penetrante silbido al pasar extremadamente cerca de su oído.
Mikasa reaccionó por instinto, inclinó la cabeza y se echó a un lado; pero esta vez sus botas resbalaron sin poder evitarlo, sobre aquel terreno que iba convirtiéndose paulatinamente en un cenagal pantanoso, gracias al persistente aguacero de aquella tormenta.
A pesar del inoportuno tropiezo, no llegó a caerse del todo; apoyó a tiempo su mano derecha sobre la tierra húmeda, que cedió impotente bajo una presión enorme. Sus poderosos dedos descubiertos parecían aún más finos y fuertes con aquellos guantes; los nudillos y los tendones resaltaban claramente a través del ajustado cuero negro.
Su furiosa aura oscura prácticamente hizo arder el barro a su alrededor, impidiendo que se adhiriese a su ropa o a su piel.
Sin quedarse quieta ni por un instante, Sasha se fijó otra vez en la mano de su compañera, centrándose ahora con más atención e intensidad todavía, incluso en aquellas circunstancias; imaginándose con qué facilidad podría arrojar pedazos de tierra casi tan grande como ella misma… aunque también se preguntaba qué se sentiría en ese cálido agarre, con cuánta suavidad podrían acariciar aquellos dedos, si no se propusieran aplastar y destruir.
Y fue entonces cuando miró de nuevo la venda que cubría esa muñeca derecha; una venda negra, no el gris claro habitual…
Gris como la capa que había aparecido un momento antes sobre sus hombros.
El color de los ojos de Eren.
La idea le vino de pronto a la mente; y como si el hecho de establecer esa conexión (la venda, la capa, los ojos de Eren, gris gris gris el color debería ser gris) también hubiese reforzado la que ya existía entre Mikasa y ella, volvió a oír con claridad y potencia la voz de su amiga, dentro de su cabeza.
"Cómo te atreves. ¿Crees que puedes acercarte así a él? No te lo has ganado. ¡No has tenido que soportar lo mismo que yo!"
Sasha se quedó un tanto perpleja con aquello, pero no dejó de moverse. "Me da la impresión de que esas palabras en realidad encierran bastante… ¡Necesitaríamos un buen rato para hablar largo y tendido de ello! Claro que eso va a ser más bien difícil, ahora. A no ser que…"
Mikasa terminó de incorporarse y reanudó su avance… aunque por poco tiempo.
La Cazadora de Dauper siguió su instinto y comenzó a disparar mucho más rápido que antes, soltando la cuerda apenas había acabado de tensarla. Su resplandeciente arco blanco no dejaba de vibrar, mientras las flechas surcaban el aire zumbando alrededor de la gigantesca muchacha morena, como un pelotón de moscas molestas… y con una eficacia similar.
Los apresurados proyectiles, cuando llegaban a impactar, no hacían mella en el aura negra que protegía a Mikasa; su irritación sólo daba paso al temor con los disparos que se acercaban demasiado a su cara… y no fue extraño que decidiera solucionarlo alzando una mano (precisamente su mano derecha) para cubrirse el rostro, con sus brillantes ojos blancos asomando por entre los dedos, antes de continuar avanzando.
"¡Vaya! No era eso exactamente lo que me esperaba, pero…" Sasha se sintió ya más optimista. "¡Estupendo! Así me viene mejor todavía."
Aquel diluvio de flechas había sido una táctica deliberada, para que su rival se confiara, creyéndose invulnerable, y bajase inadvertidamente la guardia; momento que la chica castaña tenía intención de aprovechar, esta vez sí, para acertar ahí donde importaba… y ahora, precisamente, se le había puesto más a tiro el blanco que buscaba (irónicamente de color negro).
La tormenta no amainaba, el viento y la lluvia seguían rugiendo con fuerza, la tierra temblaba a los pies de Mikasa… y aun así, a pesar de tenerlo casi todo en contra, a Sasha no le tembló el pulso al disparar de nuevo.
Y esta vez, la flecha impactó con claridad en su objetivo: la enorme venda negra que cubría aquella muñeca derecha.
La joven oriental se quedó tan sorprendida como la tiradora, al ver la penetrante luz blanca que surgió de pronto en la oscura cinta de tela; por unos instantes, pareció recuperar su color gris claro habitual.
Y durante esos largos y preciosos segundos, Mikasa permaneció parada, incluso un tanto embelesada, acariciando suavemente aquella prenda con los dedos de su mano izquierda.
Sasha, en cambio, no se detuvo. De hecho, en ese mismo momento, dejó de retroceder… y se lanzó decidida hacia delante, hacia su adversaria, rauda e implacable; como si volase, incluso en mitad de la tormenta, gracias a aquella capa que era como unas alas a sus espaldas.
Y a la hora de la verdad, los pensamientos e instintos de la Cazadora parecieron ir a la misma velocidad, fundiéndose en unidad de acción y reflexión, resuelta e inquebrantable.
Porque se le había ocurrido una idea tan absurda… que podría funcionar; quizás, en realidad, sólo eso lo haría. Desde luego, no iba a tener mejor ocasión que ahora para ello.
El arco y las flechas se desvanecieron en las manos enguantadas de Sasha; en su lugar, empezó a crear otra cosa muy distinta, algo de lo que ya se sabía capaz.
Al mismo tiempo, varios rayos le cayeron encima; tan cerca, que acaso impactaron directamente contra ella.
La chica de Dauper se sintió de repente pletórica, llena, repleta de energía, rebosante de vitalidad; no recordaba haberse sentido así en toda su vida.
Y cuando por fin alcanzó a su presa, sencillamente no hubo nada que pudiese detener el ataque especial de la Cazadora.
