MANZANA NEGRA

NOTA DEL AUTOR – ¡Actualización sorpresa! O al menos, antes de lo que yo mismo me esperaba. Y os alegrará saber que ya, por fin, en el próximo capítulo cambiaremos de escenario (y de perspectiva). ¡Espero que os guste!

Y mención especial a dfigueroavelasquez, que recientemente añadió este fic a su lista de favoritos. ¡Muchas gracias! Espero que sigas disfrutando de la historia.


CAPÍTULO 16 – CONVERSACIÓN ENTRE DIOSAS (II)

Publicado el 11 de septiembre de 2017 con una extensión de 4.328 palabras.


–Y esa persona… No es Eren. Eres tú, Mikasa.

El cambio sí fue ahora bastante notable en la joven oriental; de repente, sus sonrosadas mejillas parecieron arder como un incendio, propagándose aquel tono rojizo con rapidez por todo su rostro.

Esta vez, la muchacha terminó subiéndose la bufanda hasta la nariz, al mismo tiempo que se llevaba las manos a la cara y se tapaba los ojos con sus palmas enguantadas, mientras sus finos dedos se extraviaban entre los oscuros cabellos de su melena.

"Rojo y negro, negro y rojo." Sasha sonrió sin poder evitarlo. "Es una bonita combinación, la verdad es que le sientan bien esos colores…"

Dejó escapar un largo y hondo suspiro, ya mucho más aliviada después de aquella revelación, que ella misma había ido descubriendo en su interior, conforme la plasmaba en palabras.

Aun así, la chica de Dauper también notaba un agradable calorcillo en sus propias mejillas. Se pasó una mano enfundada en cuero por la nuca, rascándose mientras inclinaba ligeramente la cabeza y miraba a un lado. Había algo de vergüenza, naturalmente, pero la superaba con creces la alegre satisfacción de decir lo que debía decirse.

Volvió a mirar a su amiga; daba la impresión de que, en ese momento, Mikasa estaba emitiendo un pequeño quejido sospechosamente parecido a "Sashaaaa", casi como un cachorrillo apenado… aunque era difícil saberlo a ciencia cierta, pues todavía se tapaba el rostro con la bufanda y las manos.

"¿Y de qué color se supone que debería ser esa bufanda, en realidad? Normalmente es de un rojo tan oscuro que casi parece negro, pero… ¿No había por ahí una vieja leyenda al respecto? El hilo rojo del destino, sin mal no recuerdo. Esa mítica conexión, entre dos personas destinadas a encontrarse, incluso antes de haberse conocido… ¿Acaso su bufanda representa un lazo con Eren? Mikasa ha dejado caer, alguna vez, que fue él quien se la dio, por eso tiene tanta importancia para ella… Y en este lugar, las cosas pueden ser aún más auténticas. ¿Y si aquí un objeto es, también, lo que representa? No sólo simbolizar algo, sino verdaderamente ser ese algo, convertirse en más y hacer que lo simbolizado sea real… Quizás, mientras estemos en el mundo de los sueños, la bufanda de Mikasa pueda transformarse de verdad en ese hilo que le une con la persona que más le importa, porque obviamente es él quien… Al fin y al cabo, ¿no se trataba de eso? Habíamos venido con el objetivo de rescatar a Eren, ¿no? Entonces la bufanda podría servirnos para encontrarle, aunque… Si necesitamos un lazo del destino que nos lleve hasta él, ¿no debería ser rojo precisamente?"

Sasha hizo una breve pausa en el ajetreado camino que seguían sus veloces pensamientos; se fijó, al principio de manera un tanto ausente, en la tenue nubecilla de vaho que se formaba intermitentemente frente a ella, al escapar el aire por sus labios entreabiertos.

"Qué curioso, que aquí hace frío, y sin embargo no lo noto… Tampoco creo que lo esté provocando Mikasa, je je, ahora mismo debe sentir más bien todo lo contrario… En cualquier caso, parece que nuestras auras continúan protegiéndonos de la gelidez, hum… Auras de un gris plateado, como el resplandor de esta especie de tienda de campaña en la que nos encontramos. ¿Como el color de los ojos de Eren? O quizás esta vez no se trata de él, sino de nosotras. Porque nos hemos combinado…"

La cazadora de Dauper se pasó una mano por la cara; sintió el ardor de las mejillas incluso a través del guante, sólo con atisbar (sin llegar a pensar demasiado en ello) esa otra forma en que podría interpretarse la palabra "combinar". No se permitió más distracciones con aquello; había cosas más importantes de las que ocuparse ahora.

"¡Bueno! Yo diría que así estamos mejor, las dos. Somos más de lo que ya éramos antes, hemos salido ganando con este cambio. Sí, mejor gris plata que simplemente blanco o negro. Tengo la corazonada de que cada una le ha aportado a la otra, de que nos hemos convertido en más por el hecho de estar juntas. Mientras permanezcamos unidas seremos más fuertes, más rápidas, más grandes… Poderosas. No sé si podríamos haberlo conseguido sin luchar entre nosotras, quizás con el pan directamente nos lo habríamos ahorrado, je je… Pero más vale centrarse ahora en el futuro, en vez de preguntarse por lo que pudo haber sido. Si nos volvemos a combinar y sumamos nuestros esfuerzos, estoy segura de que podremos transformar esa bufanda en un verdadero hilo rojo del destino que nos lleve hasta Eren. Mikasa ya ha puesto el lazo, ¿quizás me toca a mí cambiar el color? Porque al principio, cuando combatí contra Marco, hubo un momento en el que lo vi todo rojo… ¡Y no es lo más raro que habría pasado en este lugar! Tengo que hacerlo de nuevo. Voy a hacerlo. Por Mikasa, y por Eren, y por mí misma. ¡Y que no se me olvide Marco! A él también tenemos que rescatarle, de algún modo. Pero bueno, mejor irse encargando de una cosa cada vez, lo primero va a ser…"

Sasha se concentró intensamente; no le duró demasiado. Enseguida le vino la risa floja, al ver que Mikasa seguía como un tomate; todavía estaba tapándose con la bufanda.

"¡A este paso no necesitará mi ayuda! Tal vez pueda volverla roja, ella sola…"

De repente, la chica castaña notó que había algo distinto en el ambiente; acaso un cambio lo suficientemente gradual, como para no haberse dado cuenta hasta más tarde. En cualquier caso, el resplandor plateado que iluminaba aquel refugio había ido adoptando una tonalidad rojiza cada vez más intensa; y llegó un punto en el que aquella suave luz, sin dejar de ser cálida y acogedora, se convirtió en otra inconfundiblemente roja.

"Como las mejillas de Mikasa, je je… No, ya en serio. ¿Es sólo cosa mía, soy yo la única que lo ve todo así ahora, o ella también puede? ¿He sido yo quien lo ha hecho, o…?"

Se fijó de nuevo en su compañera; la joven oriental ya no se cubría el rostro, sino que miraba asombrada a su alrededor, con un brillo de curiosidad en sus preciosos ojos negros.

Aquellos dedos delgados y fuertes, cuya palidez destacaba entre la oscura tela, fueron apartando cautelosamente la bufanda, hasta volver a dejar a la vista unos labios finos y delicados.

Las manos enguantadas de Sasha parecieron moverse por sí solas para acariciar con suavidad la mullida prenda, que permanecía indudablemente negra, aun iluminada por la misma tonalidad rojiza que bañaba todo allí dentro.

A la Cazadora le sorprendió la forma en que la bufanda vibraba bajo la punta de sus dedos, casi como si estuviese viva; como si contuviese una energía inconmensurable, pugnando por escapar al exterior.

Y por eso la muchacha no se extrañó luego demasiado, cuando las vibraciones parecieron concentrarse en uno de los extremos de la bufanda; de repente empezó a flotar en el aire, como agitada por alguna corriente… a pesar de que ahí no había viento.

Sasha continuó acariciando suavemente aquel extremo de la bufanda, con una sonrisa cada vez más amplia y maravillada en el rostro, como una chiquilla que de pronto hubiese descubierto que podía hacer realidad sus sueños. La palabra que le vino a la mente fue: mágico. "¡Y me encanta!"

Y en ese mismo instante, toda la luz pareció concentrarse en aquella prenda; y cuanto más absorbía, menos oscura se volvía, pasando irrevocablemente del negro habitual a un rojo ya mucho más claro, vívido e intenso.

Por un momento, la tersa y vibrante textura se convirtió en lo más nítido que allí había.

En medio de la oscuridad, sin otra fuente de luz, aquella bufanda parecía lo más auténtico, lo único real; resplandecía, iluminándolo todo con calidez a su alrededor.

Y fue entonces cuando aquel tejido pulsante (como un corazón que bombease luz en vez de sangre) comenzó a extenderse sin dejar de flotar en el aire, ondulando hipnóticamente cual sibilina criatura viva, más que como un simple objeto inanimado.

La tela continuó creciendo poco a poco, rebasando los dedos enfundados en cuero de la Cazadora; como si unas manos invisibles estuviesen tejiendo en el acto, aumentando diestramente el largo a la vez que mantenían el mismo ancho.

La bufanda alcanzó finalmente el cuello de Sasha, enroscándose lánguidamente a su alrededor; de manera protectora, reconfortante, sin llegar a apretar.

La vibrante prenda dejó de latir; cesó su sobrenatural resplandor encarnado. La chica de Dauper aún encontró motivos para asombrarse, mientras seguía palpando la mullida tela; notaba su cálida suavidad incluso con los guantes puestos.

También se dio cuenta de que, al dejar de resplandecer la bufanda, la luz había vuelto a cambiar allí dentro. En ausencia de la permeante luminosidad plateada, aquel lugar había quedado sumido en una penumbra; rasgada por cierta claridad, ya con un tono más natural, que no parecía provenir de un solo punto en concreto.

Aquel claroscuro, con su íntimo contraste de luces y sombras, otorgaba un nítido relieve a las formas de las dos muchachas, haciendo que pareciesen más reales todavía; a pesar de que sendas auras ya apenas brillaban, salvo por el más tenue resplandor gris plateado.

Sólo después se dio cuenta Sasha de que, en algún momento, la portentosa bufanda, en la que aún destacaba un rojo vívido y claro… se había separado, dividiéndose en dos; de tal modo que cada una de ellas se había quedado con una prenda idéntica en torno al cuello.

"Pero entonces, eso significa que Mikasa y yo, hace sólo unos segundos, estábamos literalmente unidas por…"

Su mente dejó de funcionar un instante, para luego retomar su actividad con más rapidez todavía, compensando frenéticamente esa breve parálisis.

"¡AAAH! ¡Diosas, diosas! ¡María, Rose y Sina! ¿¡Todo este tiempo en realidad he sido yo quien estaba al otro lado de su hilo rojo del destino!? ¿¡Soy la persona que más le importa a Mikasa!? ¿¡Esperaba reunirse conmigo desde el principio incluso antes de conocernos!?"

Sasha sintió de pronto un auténtico incendio que dejaba pequeños todos los que antes habían ardido en su interior, pálidas llamas en comparación con el intenso fuego que ahora rugía inundando su alma, hasta el punto de que empezaba a costarle respirar; ya casi le resultaba imposible tomar aire, entre los desbocados latidos de su agitado corazón.

"¿Cuáles son las implicaciones? Todas las cosas que yo le dije antes… ¿¡Ella siente lo mismo por mí!? ¡Cuánta responsabilidad! ¡No sé si estoy preparada…! ¿Y qué pasa con Eren? ¿¡Qué vamos a hacer con él!? ¡No podemos abandonarle aquí! ¡Tenemos que…!"

Sasha.

De algún modo, Mikasa se las apañó para llamarla en voz baja, atrayendo de nuevo su atención con un susurro mucho más poderoso que cualquier grito. Su mano derecha, parcialmente enguantada y aún con la cinta gris en torno a su muñeca, reposaba sobre el hombro izquierdo de la chica castaña, apretando con una firmeza que no estaba exenta de cierta ternura.

Sus relucientes ojos negros transmitían una amable serenidad, alegría y también algo de vergüenza; todavía se revelaba un poquito, en el leve y persistente rubor de sus rosadas mejillas.

Sus finos dedos de alabastro se deslizaron hasta acariciar con las puntas la roja bufanda, que ahora descansaba en torno al cuello de la joven de asombrados ojos marrones; incluso a través de la mullida prenda, la sensación de aquel tímido contacto fue casi eléctrica.

Aun así, y a pesar de la expresión relajada de Mikasa, por un instante Sasha sintió el temor irracional y absurdo (aunque podría no serlo) de que su compañera le arrebatase su bufanda, espetándole de repente "no te pertenece" con los dientes apretados.

Sin embargo, al final la morena se limitó a apartar la mano con suavidad, apoyándola tranquilamente sobre su regazo, mientras se pasaba la otra con aire distraído por su oreja izquierda, como reajustando un invisible mechón de pelo rebelde.

Mikasa miró un momento al suelo, distraída y acaso con un ligero nerviosismo; pero enseguida alzó la vista de nuevo, observando directamente a su amiga a los ojos, al mismo tiempo que le dedicaba una pequeña sonrisa.

Una sonrisa cálida y sincera, que tanto fascinaba a Sasha, como casi todo en ella; una sonrisa reconfortante, que le hacía sentirse especial y querida, con mariposas revoloteando en su estómago.

Se notaba la garganta seca; tragó saliva, no sin cierta dificultad, manteniendo en la oriental su mirada. Por alguna razón, respirar le costaba más y menos a la vez; su pecho subía y bajaba apresuradamente, engullendo el aire con avaricia.

Y cuando volvió a escuchar aquella voz, armónica y melodiosa, las palabras sonaron como sedosa música para sus oídos.

–Sasha, hay algo que debes saber. Antes, en la enfermería, tú ya estabas dormida al lado de Eren… –Mikasa continuó sonriendo, sin recriminación alguna; se llevó la mano izquierda delicadamente a su propia bufanda–. La extendí a nuestro alrededor, para que nos cubriese a los tres, después de tumbarme yo ahí también. Todavía no estoy segura… –frunció brevemente el ceño–. De algún modo, supe que eso era lo que tenía que hacer. Supongo que decidí seguir mi instinto, al igual que tú…

La muchacha de ojos negros guardó silencio, sumida por un instante en sus pensamientos; y aunque hubiese continuado hablando, su compañera castaña difícilmente le habría escuchado, ocupada como estaba en ese mismo momento… con otro tipo de reflexiones.

"Mikasa. Y yo. Y Eren. Juntos los tres. En una cama. Uniéndonos su bufanda."

Desde luego, ideas así no mitigaban (para nada) el rugiente fuego que ardía en su interior.

Tentada estuvo Sasha de abanicarse con las manos, en un intento de despejarse, pero al final terminó metiéndolas dentro de la bufanda… la suya, no accidentalmente la de Mikasa. "Si llego a confundirme, ¡entonces ya sí que entro en combustión espontánea!" Al menos de esa manera distraía con algo sus nerviosos dedos.

"La verdad, ahora soy yo la que no está segura… ¿Acaso hay una versión distinta de la leyenda? ¿Una en la que ese mismo hilo rojo del destino une a tres personas? No es que yo me queje, pero vamos, como mínimo me parece raro. Y además, ¿no nos estaríamos olvidando de…?"

–Marco, ¿qué fue de él? –preguntó Sasha–. No le has mencionado, ¿ocurrió algo distinto?

"Aunque con cuatro personas unidas por el mismo lazo, ¡la cosa sería más rara todavía!"

–Ahora que lo mencionas… –Mikasa enarcó levemente una ceja, pero enseguida surgió en su rostro una tenue expresión culpable–. Él se quedó dormido aparte, en el rincón, en una silla.

La chica de Dauper sintió en el acto la misma culpa, nada más oír aquellas palabras.

"¡Pobrecillo! Ahí solo, abandonado a su suerte… Y suele ser el último del que nos acordamos. ¡A él también tenemos que rescatarle! Encontrarle y sacarle de este lugar, como sea. Claro que, si no está conectado a nosotras, a través de la bufanda, ¡entonces va a ser más difícil dar con él que con Eren! Por cómo lo ha descrito Mikasa antes…" Sasha se masajeó suavemente las sienes con las manos, cerrando los ojos un instante, concentrada. "Y así llegamos, otra vez, a la conclusión de que lo primero es buscar a Eren. Después resolveremos todo lo demás, incluido lo de Marco, y también… También…"

Dejó escapar un largo y hondo suspiro, lentamente, mientras volvía a apoyar las manos sobre las rodillas; abrió los ojos de nuevo, mirando con determinación a su amiga.

Y sin embargo, la joven cazadora aún se quedó unos segundos con la boca abierta, tratando de encontrar las palabras apropiadas. Al final, sencillamente, se limitó a decir lo primero que le pasaba por la cabeza.

–Mira, Mikasa… Eren es tuyo, eso ya lo sabemos todas, así que puedes estar tranquila, ¿vale? ¡Yo desde luego no te lo voy a quitar!

El rubor se extendió considerablemente por las mejillas de la oriental, con fuerzas renovadas.

"¡Bravo, Sasha! Genial idea la tuya, ésta de seguir otra vez tu instinto. ¡Lo bueno es que ya no creo poder sentirme más avergonzada! Y es demasiado tarde para echarse atrás… De todas formas, por ahora no nos ha ido tan mal con eso de decir lo que debe decirse, ¿no? ¡Así que será mejor aprovechar y dejar las cosas lo más claras posibles!"

–Y precisamente… –la muchacha de ojos castaños volvió a tragar saliva; se forzó a continuar, a pesar del miedo y la vergüenza–. Por eso estamos aquí, ¿no? Hemos venido para rescatar a Eren, cueste lo que cueste. ¿Verdad? Y yo… Yo haré lo que haga falta para conseguirlo. ¿De acuerdo? Al fin y al cabo, todo esto es en gran parte responsabilidad mía… –vio que su compañera se disponía a interrumpir; lo impidió con tan sólo fruncir un poco el ceño–. Sí, Mikasa. que es culpa mía, por mucho que tú te empeñes en lo contrario. Le diste a Eren la Manzana Negra sin saber lo que era. Yo sí lo sabía. Fui yo quien la encontró, quien la perdió y quien desencadenó todo esto. ¡Y me toca a mí solucionarlo!

Sasha se permitió terminar con un tono ya algo más optimista; notaba cómo se desvanecían sus dudas y temores, conforme seguía hablando, cada vez más convencida de lo que estaba diciendo.

–Así que… Ya sabes, Mikasa. Lo que haga falta. Por difícil que parezca. Lo primero es buscar a Eren, ¿de acuerdo? Estoy segura de que entre las dos lo conseguiremos… –la chica de Dauper tocó su bufanda, con una amplia sonrisa en los labios–. ¡Con el lazo que compartimos, no podemos fallar! Dentro de poco, estaremos de nuevo reunidos los tres… ¡Ups, je je! Quiero decir, los cuatro, los cuatro estaremos reunidos. ¡No hay que olvidarse de Marco! A él también le encontraremos, ya lo verás. No sé cómo, pero de algún modo que lo haremos. Y después de eso, bueno, pues… Quizás, cuando por fin salgamos de aquí, supongo que… Entonces podríamos hablar de lo nuestro, ¿no? Si realmente… ¡En fin! Tú ya me entiendes…

La joven arquera volvió a rascarse la nuca; luego metió otra vez las manos en la bufanda, sonriendo todavía ligeramente avergonzada, sin dejar de mirar a su amiga en esta ocasión… y por eso se dio cuenta de que la muchacha oriental estaba haciendo exactamente lo mismo que ella.

"¿Y quién imita a quién ahora? No, se trata más bien de… Cada una es a la vez espejo y reflejo de la otra, simplemente hemos venido a coincidir en esto. Viéndonos en la misma situación, reaccionamos de manera parecida… ¿Hasta qué punto nos hemos sincronizado ahora las dos, para ésta y otras cuestiones? Igual que ocurrió antes, con el color de nuestras auras… Aunque la verdad, ya puestos, ¡no me importaría parecerme un poco más a ella! Tan rápida, tan fuerte, tan guapa…"

Sasha volvió a sentir un agradable cosquilleo extendiéndose por sus mejillas, si bien ya no de forma tan exagerada como antes. "Y ella también parece bastante menos avergonzada ahora. Je je, quizás a base de acostumbrarse…"

Porque en efecto, a Mikasa ya se le notaba mucho más relajada; incluso aliviada, tras haber escuchado aquellas palabras, tanto como la propia chica castaña al haberlas pronunciado.

"Alivio y… ¿Acaso decepción? No… No, creo que en realidad estoy proyectando… Quizás veo en ella mi propia desilusión, por no haber hablado a fondo sobre lo nuestro, porque todavía no lo hemos solucionado y al final lo hemos dejado sin haberlo resuelto. A mí, desde luego, me habría gustado… ¿Ella también lo habría querido así? Pero ahora mismo hay algo más importante de lo que encargarse…"

Sasha observó que su compañera aún permanecía atenta, pendiente de cada una de sus palabras. "Está claro que no va a haber mejor momento para decir lo que debe decirse. Por Eren, por todos nuestros camaradas, y especialmente por Mikasa… Y también por mí. En cierto sentido, esto tiene la misma importancia para ella que para mí. Tal vez ya no haya tanta diferencia, entre lo que nos afecta a ambas… Quizás, precisamente, porque me importa ella, porque de verdad quiero que sea feliz y libre. Si luego resulta que yo así también lo soy, pues mejor todavía… Puede que una cosa y otra vengan a ser ya lo mismo."

–Mikasa, creo que deberías hablar con Eren lo antes posible, en cuanto le veas, nada más encontrarle. No más tardanzas, ni excusas. No desaproveches esta oportunidad que se te presenta ahora, nunca se sabe cuándo habrá otra o si acaso ya será la última.

La bella joven oriental abrió un poco más sus penetrantes ojos negros, enarcando ligeramente las cejas, más sorprendida que disgustada. Esa reacción inspiró a Sasha, animándole a continuar; con suavidad en sus palabras y cierta vibrante excitación en su tono, fácilmente contagiosa.

–Estoy segura de que recuerdas el aspecto con que se nos apareció Eren antes, ¿verdad? Se le notaba mucho más calmado de lo habitual, ¿no? Más pacífico, agradable, incluso comprensivo… Así que, ¡aprovecha y dile lo que sientes por él!

–No es tan sencillo –contestó Mikasa, en un tímido susurro.

–Puede –concedió la Cazadora, asintiendo con una sonrisa–. ¡Pero nunca lo será tanto como ahora! En serio, por muy extraño que sea este lugar, en realidad aquí lo tienes mucho menos complicado.

–Sí, por todas esas cosas que has dicho antes, pero… –la morena volvió a fruncir levemente el ceño, manteniendo la mirada; una sombra de preocupación surcó por un instante su rostro–. Si mal no recuerdo, por lo que decía Eren, él mismo daba a entender que había perdido algo al llegar a este mundo… –la muchacha se mordió discretamente el labio inferior; luego continuó con más decisión–. Entonces "aprovechar la oportunidad", como tú lo llamas, no sería tan distinto de aprovecharme de él, justo cuando más vulnerable se encuentra… ¿No te parece?

–Pues no –respondió Sasha, convencida, prácticamente sin dudar–. Más bien, creo que así podrías estar ayudándole. ¿Y si es ahora precisamente cuando Eren necesita oír lo que tienes que decirle, para encontrar esa parte de sí mismo que le falta? Ese entusiasmo suyo tan característico, ese ímpetu un tanto agresivo… Estarías ayudándole a recuperar, de esa manera, las mismas cualidades de las que ahora carece y que normalmente le impedirían escucharte. Y él volvería a estar así de una sola pieza, al final gracias a ti de nuevo entero, además de que también habrías podido contarle lo que tanto tiempo llevabas guardándote dentro. ¡Todos saldríamos ganando! ¿Qué tendría eso de malo?

Se notaba que Mikasa aún no estaba del todo convencida. Sasha casi añadió un conciliador "al menos piénsatelo", o un "promételo" algo más exigente, pero se contuvo y guardó silencio por un momento, para que la chica de cabello oscuro sacase sus propias conclusiones. "Es su decisión, no debería forzarla." Sin embargo, al final no pudo resistirse a añadir una cosa más, que también consideraba importante.

–A veces tienes que hacer algo, y al principio cuesta, pero luego ya te sientes mucho mejor cuando te lo quitas de encima. Además, se supone que las cosas que verdaderamente merecen la pena siempre van a requerir un poco más de esfuerzo, aunque… Eso no significa que tengas que hacerlo tú sola. Si en algún momento te abruma la idea de seguir adelante… Que sepas que puedes contar conmigo, ¿de acuerdo? Yo también estoy aquí, para lo que haga falta.

La reacción de Mikasa fue casi imperceptible, pero la de Dauper cada vez conocía mejor a su amiga y se fijaba en detalles que otros habrían pasado por alto; por eso se dio cuenta de la tensión, apenas visible, que recorría el cuerpo de la oriental.

Tras unos segundos de intenso silencio, la muchacha de ojos negros dejó escapar lentamente un profundo suspiro; pareció liberarse en el acto de una pesada carga (aún más notable por su ausencia), con los hombros ya mucho más relajados, desvanecida toda esa tensión acumulada.

Mikasa inclinó ligeramente la cabeza y le dedicó a la cazadora una hermosa sonrisa radiante, bastante más amplia de lo que era habitual en su sereno y estoico rostro. Su expresión parecía decir: "Gracias, Sasha, seguiré tu consejo."

La joven arquera intuía que las anteriores reticencias, las dudas y las sospechas de Mikasa, se debían al temor de que una especie de parte oscura suya le estuviese sugiriendo aquellas ideas; por eso se había quedado ya más tranquila, al hacerle otra persona la misma sugerencia.

Desde luego, si en aquel gesto había aún algo de nerviosismo, se trataba de la excitada e inevitable anticipación de quien aguardaba, de un momento a otro, un gran acontecimiento que podría cambiarlo todo; cualquiera en esa situación lo habría tenido muy difícil para mantener la calma.

Aquellas reflexiones continuaban reconfortando a Sasha, pero la calidez que aún sentía extendiéndose por su interior contrastaba todavía con el persistente frío en aquel lugar; el aliento que escapaba a través de sus labios seguía formando una nubecilla de vaho, pese a la protección que le otorgaba su aura.

Y eso, unido al silencio que había terminado apoderándose de aquel entorno, en el que ya no resonaba tormenta alguna, resultaba como mínimo sospechoso.

Luego también estaba aquella extraña claridad, que no parecía venir de un solo punto en concreto, y que iluminaba con sugerente claroscuro la misteriosa penumbra en aquella especie de tienda de campaña.

"No, espera un momento… Me parece que…"

En el flexible tejido, un tanto etéreo, que recubría las paredes de aquel improvisado refugio, se vislumbraba una estrecha rendija de luz blanca y fría, mucho más natural.

Sasha tanteó tímidamente en aquella hendidura, con la punta de sus dedos enguantados, tratando de atisbar lo que había al otro lado… y emitió un ahogado grito de asombro, en cuanto sus ojos se acostumbraron a la luz del exterior.

"¡Me parece que ya no estamos en el mismo sitio!"