MANZANA NEGRA
NOTA DEL AUTOR – Señoras y señores, con todos ustedes, el capítulo con más de un "hint" MikaSasha que ni siquiera vi venir cuando empecé a escribir esta historia.
Y ya en el próximo capítulo, ¡por fin!, el "sutil EreMika" que llevaba anunciando desde el principio, en el resumen del fic. ¡Lo prometido es deuda!
Actualización de última hora: al final, visto el rumbo que ha ido tomando la historia, he decidido cambiar ligeramente el resumen. ¿Se nota la diferencia?
CAPÍTULO 18 – HA LLEGADO EL INVIERNO
Alternativamente: QUIÉN ES LA CAZADORA Y QUIÉN LA PRESA.
Publicado el 11 de noviembre de 2017, con una extensión de 2.995 palabras.
Prácticamente todo era blanco, pacífico y sereno a su alrededor.
La tierra estaba cubierta de nieve limpia y pura, salvo por las rocas y matorrales que ocasionalmente alteraban el relieve de aquel manto reluciente.
Los brillantes rayos del sol llegaban hasta ahí sin problemas, desde lo alto de un límpido cielo azul completamente despejado.
Mikasa y Sasha se encontraban en un pequeño claro, en lo que parecía un bosque de pinos, con las ramas blancas por la nieve acumulada entre sus perennes hojas. Todo ello, por alguna razón, le resultaba vagamente familiar a la muchacha oriental; también con algo de inquietud en el fondo. "Y por qué será…"
Mikasa se llevó las manos a la boca y sopló suavemente sobre ellas, más por instinto que otra cosa; en realidad, y pese a la nubecilla de vaho que formaba su aliento, no tenía tanto frío como sabía que le correspondería en un lugar así.
La joven Ackerman siempre había podido sentir el frío, naturalmente, e incluso molestarse con ello. Sin embargo, distinto era que le afectara demasiado, o al menos no tanto como a la mayoría; ahí, ella misma reconocía que no era exactamente igual que los demás.
Claro que no todo el mundo tenía una bufanda como la suya, la que él le había dado. "Y ahora, más especial todavía." La muchacha de ojos negros se llevó la reconfortante y cálida tela a los labios, inspirando delicadamente por un instante, antes de volver a colocarse su preciosa prenda en torno al cuello. "Y aún sigue teniendo ese color rojo vibrante, tan intenso, tan bonito…"
Pero aun teniendo en cuenta todo aquello, esta vez había algo distinto, que también la protegía del frío: su luminosa aura plateada, que aún recubría su cuerpo como una fina y delgada capa; aunque ya sin aquel crepitar tan agresivo, como de fuego oscuro, que antes sobre todo se había notado en el combate contra Sasha. "Además, antes las llamas eran negras, no de este gris tan claro."
Algo a lo que había contribuido, precisamente, su compañera cazadora, que aún estaba detrás de ella; ocupada todavía, en "desmontar" (o al menos eso parecía) aquella especie de tienda de campaña improvisada con su capa.
"No una capa de Cazadora, sino más bien de la Legión. El mismo Cuerpo al que quiere ingresar Eren, y el mismo al que voy a entrar yo, por supuesto. Me pregunto si ella acaso también quiere…"
La muchacha de cabellos oscuros se acercó a su amiga castaña… y tuvo que volver a echarse rápidamente para atrás; de repente, Sasha había girado sobre sí misma, convertida por un instante en (casi literal) torbellino de frenética actividad.
–¡Pero qué haces! –Mikasa se sorprendió y dejó escapar una risilla, viendo a su compañera mover los brazos de esa manera.
–¡Ah, tranquila! –respondió la chica de Dauper con alegría–. No pasa nada, ¡lo tengo todo controlado!
Y fiel a su palabra, enseguida se detuvo, enfocando de nuevo a su camarada, con una gran sonrisa en el rostro.
–¡Tachán! ¡Mira lo que he conseguido! ¿Qué te parece?
La morena alzó levemente una ceja, devolviéndole escéptica la mirada, y se fijó en los dos bultos que llevaba su compañera: en un brazo, precisamente, aquella capa tan versátil, del mismo color que sus respectivas auras (revelador de ese vínculo no tan invisible entre ellas); y en el otro brazo…
Otra capa exactamente igual, también gris.
"Qué." Mikasa pestañeó varias veces, aturdida; no consiguió pensar nada más en ese momento.
–Tiene sentido, ¿no? –Sasha prosiguió con un brillo de excitación en sus ojos marrones–. Antes tenías dos bufandas, y tú me diste una a mí, así que ahora que yo tengo dos capas… –le tendió una de ellas–. ¡Toma! Ésta es para ti.
Mikasa todavía se quedó un rato callada, reflexionando, con la capa en sus manos y una leve sonrisa en los labios; también ligeramente sonrojada, pues bien sabía ella la importancia que podía tener, algo aparentemente tan sencillo como darle a otra persona una prenda de ropa… Sasha, mientras tanto, iba colocándose la suya.
"Y antes, en varias ocasiones, me pareció verle un destello rojizo en los ojos, no sólo durante el combate… Sucede, aparentemente, cuando utiliza a fondo sus habilidades."
Mikasa se mordisqueó suavemente el labio inferior; sintió que se agitaba su respiración, que latía con más fuerza su corazón, al recordar lo poderosa que su amiga se había vuelto de pronto.
"¿Seguirá siendo capaz de hacer todas esas cosas, cuando despertemos? ¿Y yo, seré capaz?" La joven oriental se fijó de nuevo en su propia piel, cubierta por aquella sutil aura plateada. "Gris, como su capa, y también la que ella me ha dado. Gris, como su aura. Ese color, ese elemento, que ahora ambas compartimos…"
Mikasa notó que volvía a sonrojarse. Sin embargo, también aprovechó para comprobar otra cosa: le bastó concentrarse un instante, un pequeño esfuerzo de voluntad, para que su propia aura empezase a brillar con más fuerza.
"Así que tenía yo razón, esta luz me protege del frío… y seguramente también de otras cosas, incluso la nieve me deslumbra menos de lo que debería reflejando los rayos del sol. ¿Es una manifestación de mi propia luz interna, mi energía, algo que sólo veo ahora pero en realidad siempre ha estado ahí?"
Su sonrisa se hizo un poquito más amplia, mientras se colocaba bien su capa gris de legionaria. "Entonces, las cosas que puedo hacer aquí… Vaya, sería genial poder hacer lo mismo también en el mundo real. Mucho más sencillo enfrentarse a los titanes, siendo gigante. Además, así protegería a Eren, aunque…"
Negó suavemente con la cabeza. "No… Sería mejor si, de algún modo, pudiese hacer que él también aumentase de tamaño. Los dos juntos, de esa manera, seríamos prácticamente invencibles, no habría casi nada que nos detuviera. ¿Qué mejor forma de protegerle que ésa? Y si también pudiese hacer lo mismo con Sasha…"
Terminó de ponerse bien la capa; cerró los ojos un instante y se dejó llevar por aquella sensación tan cálida y reconfortante. Luego se fijó en su compañera, que aguardaba con un brillo expectante en sus expresivos ojos castaños, una amplia sonrisa en los labios y (también como ella) un leve sonrojo en las mejillas.
"Bueno, tampoco he estado tanto tiempo mirándola, ¿verdad?" Sin embargo, Mikasa no pudo evitar seguir haciéndolo; el sutil brillo plateado de su aura realzaba aún más su capa gris… y su bufanda roja.
"La verdad es que le queda bien…" Sentía un agradable calorcillo por todo el cuerpo; volvió a mordisquearse discretamente (al menos eso esperaba) el labio inferior, procurando mantener respiraciones profundas. "Y he sido yo. Yo se la he puesto. Así que, en cierto modo… Ella es mía."
La muchacha morena sintió cierta sorpresa (no necesariamente mala) con el despertar de esa parte más instintiva de sí misma, posesiva incluso. "¿Y de dónde ha venido esto de pronto?" Volvió a pestañear, desconcertada; aunque no tanto como su compañera.
–Oye, Mikasa… ¿Te encuentras bien? –preguntó Sasha, con ligero nerviosismo.
–Sí, gracias –contestó ella, con calma, con voz suave–. Mejor de lo que he estado en mucho tiempo.
La joven oriental dio un par de pasos más y se acercó a la chica castaña, que de repente parecía un poquito más nerviosa; pero no se apartó de ella, ni retiró la mirada. Esos ojos marrones, tan bonitos…
"Por otro lado, desde cierto punto de vista, si Sasha me ha dado a mí esta capa, entonces… Yo también soy suya. Supongo que, en realidad, cada una le pertenece en parte a la otra…" Mikasa volvió a sonreír un poquito más. "Simplemente, se trata de… Nosotras."
Casi sin pensárselo, alzó su mano derecha (la misma en cuya muñeca descansaba la venda gris) y acarició, con las puntas de sus dedos, la cálida piel de su amiga; tan suave aquella mejilla, como la piel de un melocotón.
"Vaya, la verdad es que ahora me alegro de llevar estos guantes. Siempre quise tener unos como éstos, aunque no sean los más prácticos en todas las situaciones. Protegen lo suficiente y al mismo tiempo dejan bastante sensibilidad. Me gusta llevar los dedos descubiertos, libres…" Al fin y al cabo, era lo que le permitía ahora apreciar al máximo el sedoso tacto de su compañera.
Mikasa, por un instante, temió estar haciendo que Sasha se sintiese incómoda; pero su expresión relajada revelaba más bien todo lo contrario. Los párpados vagamente entornados, casi cerrando los ojos, sin llegar a forzarlos; las mejillas todavía ligeramente sonrosadas; los labios, curvados en una plácida sonrisa, con el aliento escapando en tenues nubecillas de vaho intermitentes.
Y una vez más, la muchacha de ojos negros inspiró profundamente, al mismo tiempo que notaba una oleada de ternura recorriendo todo su cuerpo; después volvió a respirar y su aliento se fundió con el de la cazadora.
Mikasa dio otro pequeño paso y avanzó con su mano derecha, acariciando delicadamente a Sasha en la sien izquierda; sus inquisitivos dedos peinaron cuidadosamente a la de Dauper, jugueteando con aquellos mechones castaños.
"Qué curioso, ella me hizo a mí lo mismo antes, nada más aparecer en aquel refugio." Mikasa sonrió complacida, más aún viendo que Sasha se apoyaba suavemente contra la palma de aquella mano enguantada; casi la oía ronronear, como si fuese una gata.
"Je, se nota que le gusta. La verdad es que, ahora que lo pienso… No es la primera vez que hago esto con ella. En la enfermería, y en otras ocasiones, ya la he acariciado así antes… ¿Por qué sí con ella y con ningún otro? Con nadie más me pasa lo mismo… No es como si yo fuese por ahí acariciando a todo el mundo."
Mikasa se sintió enrojecer levemente. "Quizás con Eren, sí que me gustaría… Pero claro, si luego él a la más mínima ya me está apartando a empujones, o dándome manotazos porque considera que me estoy acercando demasiado a él, que no le dejo tranquilo, que le agobio… En cambio, con Sasha ocurre justo lo contrario, es ella quien se acerca a mí, algo que casi nadie más hace. Como si no existiesen para ella las barreras que me separan de los demás, salvando tan fácilmente la distancia con la que suelo mantenerlos a raya… ¿Qué hace que ella sea tan distinta, tan especial?
"Hum, quizás sea porque… Sasha no sólo es el tipo de persona que se acerca, sino también cercana. Alguien a quien no cuesta mantener a tu lado, quedarte junto a ella. No a mí, al menos… Sasha tiene ese algo, tierno y cálido, que te inspira confianza y te hace bajar las defensas. Te llega a lo más hondo, haces cosas que normalmente ni te plantearías con cualquier otro…
"De repente, te das cuenta de que le han dado la vuelta a todo. Tu mundo entero está al revés, tus esquemas desbaratados, todo cuanto creías saber… Tienes que replantearte las cosas, volver a preguntártelas."
Y una vez más, a Mikasa le acometió de nuevo el mismo temor de antes, independientemente de cuál fuese la respuesta: miedo de no ser capaz de corresponder los sentimientos de Sasha… y miedo de terminar sintiendo al final lo mismo por ella. En ambos casos, suponía entrar en un terreno desconocido y misterioso, vagamente aterrador; pero también, en cierto modo, emocionante y embriagador.
En realidad, en su mayor parte, Mikasa sí que quería saber…
Fue entonces cuando se dio cuenta de lo cerca que estaba de Sasha.
Y justo en ese momento, la Cazadora volvió a abrir de repente sus enormes ojazos marrones, como dos grandes lagos castaños; y enseguida surgió en ellos un hermoso brillo dorado, reflejando la luz del sol.
Sin embargo, en aquellos ojos, que por un instante parecían haberse vuelto del color de la miel, Mikasa también veía… miedo; quizás el mismo que ella sentía ahora, fruto de aquella combinación de temor y deseo. "Así que yo no soy aquí la única que está asustada." La idea le hizo sonreír, ligeramente complacida, sabiendo que causaba ese efecto en su compañera; y quizás precisamente por eso, empezó ya a sentirse más segura de sí misma.
No fue de extrañar, pues, que luego se atreviese a tomar aquella fina barbilla entre sus dedos, con suavidad y firmeza. En momentos como aquel, se alegraba de medir unos centímetros más que Sasha. Notó aún con más intensidad el aliento de su amiga en la cara.
El aura de la chica de Dauper comenzó a brillar con más fuerza, tanta como la de Mikasa.
Y justo en ese momento, sintió el roce de la bufanda en sus labios; sensación que le provocó un ligero sobresalto por lo inesperado, aunque no llegó a separarse de su compañera, ni romper el contacto visual con ella.
Sus ojos, su barbilla; su aliento… sus labios.
Y de pronto, a la joven de Shiganshina se le ocurrió que, en contra de lo que había imaginado en más de una ocasión (sobre todo cuando era pequeña… y también ahora, aun sin serlo ya tanto), quizás la primera persona a la que besaría no sería Eren…
Una pequeña parte de ella parecía susurrar sibilinamente en su interior: "Míralo por el lado bueno, en realidad no estaría demasiado mal, así también podrías ir practicando un poco…"
Sin embargo, era mayor la parte de sí misma que le hacía sentir vergüenza; y no precisamente por su cercanía a la Cazadora.
"¿Cómo puedo estar aquí tan tranquila? Se supone que hemos venido a buscar a Eren, ¿no? Deberíamos seguir adelante, hasta encontrarle, en vez…"
Además, había otra cosa que paralizaba a Mikasa: cierta tensión, que prácticamente sentía vibrar en la punta de sus dedos, en la piel de su compañera; algo que se veía claramente en una expresión ya bastante menos relajada.
Sasha había ido abriendo aún más los ojos, lentamente, al mismo tiempo que parecían desenfocarse poco a poco. "Ya ni siquiera me está mirando a la cara," pensó Mikasa con cierta angustia, sin poder evitar su remordimiento; tenía la impresión de que había cometido un error, que había hecho algo mal y la culpa era suya.
Aquellos labios habían dejado de sonreír; el aliento apenas escapaba ya de ellos, formando finas volutas de humo. Su respiración contenida revelaba, en el mejor de los casos, una calma atenta; o acaso la alerta inquieta, de quien preferiría estar en cualquier otro lugar.
Y cuando Sasha le apartó los dedos de la barbilla, por mucha delicadeza con que lo hizo, Mikasa sintió que se le partía el corazón. "Cuando por fin salgamos de aquí, podremos hablar de lo nuestro. ¿No fue eso lo que ella me dijo antes? Y voy yo y la presiono, forzándola a sentirse de esa manera, tan incómoda. Si es que… ¡A quién se le ocurre! ¿Es que no aprenderé nunca? Siempre lo mismo, empeñándome en hacer que la gente que más me importa prefiera alejarse de mí."
Sin embargo, en su interior, aún se agitaba la llama de una pequeña esperanza; porque la cazadora le había tomado los dedos con una mano… pero luego no se los había soltado, sosteniéndolos todavía con suavidad entre los suyos enguantados.
Fue entonces cuando a la oriental se le ocurrió seguir la mirada de su amiga… y se dio cuenta, sorprendida, de lo mismo que ella.
La bufanda se movía.
No sólo la suya, también la de Sasha. A pesar de que no había viento.
Tras el aturdimiento inicial, no le costó recordar otro momento en el que ya había pasado algo parecido: cuando todavía estaban dentro de aquel refugio y su bufanda había empezado a crecer, extendiéndose por el cuello de su compañera…
Y ahora, una vez más, la prenda roja (la de ambas) ondeaba sutilmente en el aire, agitándose apenas en lo que parecía una misma dirección: más allá del claro en que se encontraban, entre los árboles nevados que les rodeaban.
Mikasa, sin embargo, no pudo evitar fruncir levemente el ceño. "Entonces, lo de antes, cuando Sasha puso de repente esa cara… En realidad, no me miraba a mí, sino que se estaba fijando en la bufanda… Tanto preocuparme, ¡para nada!" El alivio se mezclaba con la vergüenza y también cierta rabia; esta última, más dirigida contra sí misma que contra la cazadora, por haber cometido semejante torpeza.
"Aun así, todo eso no quita que quizás, justo ahora, no sea el momento más apropiado para…" La joven de cabellos y ojos oscuros volvió a sentir que le ardían las mejillas. "Lo nuestro, sea lo que sea, puede esperar. Sería mejor dejarlo para luego, centrarse ahora en buscar y encontrar a Eren…"
Y aquella idea, precisamente, le hizo recordar algo que también había dicho Sasha, antes de salir al descubierto. "¡Con el lazo que compartimos, no podemos fallar! Dentro de poco, estaremos de nuevo reunidos…"
Pero Mikasa sabía que aún había algo más, relacionado con todo aquello; casi lo tenía en la punta de la lengua, aunque todavía no se llegaba a acordar. "¿Una vieja leyenda…?"
Fue justo entonces cuando Sasha le soltó suavemente la mano, para pasar la suya por su propia bufanda, acariciándola y siguiéndola con el brazo, hasta terminar apuntando en la misma dirección que indicaba su prenda.
La chica castaña dio un par de pasos, con una mirada un tanto ausente en sus ojos marrones; y aunque ya no la tenía justo enfrente, ni tan cerca, Mikasa aún creía sentir la reconfortante calidez de aquellos dedos entre los suyos (y el tibio aliento sobre su rostro).
Al final, la muchacha de Shiganshina no tardó en mirar en la misma dirección, ésa que también marcaba su bufanda; observó la linde del claro con curiosidad y expectación, preguntándose qué es lo que habría más allá…
Aunque en realidad, una parte de ella sí que lo sabía; siempre lo había sabido.
"Una vieja leyenda…"
Pero antes de que pudiese recordar por sí misma, Sasha le hizo una pregunta.
–Mikasa, ¿alguna vez has oído hablar del hilo rojo del destino?
