MANZANA NEGRA

NOTA DEL AUTOR – Mi agradecimiento a LizzGabby por haber añadido esta historia a sus favoritos.


CAPÍTULO 19EREN (I)

Publicado el 17 de diciembre de 2017, con una extensión de 4.296 palabras.


"¿Alguna vez has oído hablar del hilo rojo del destino?"

Aquellas palabras seguían resonando dentro de Mikasa, mientras sus rápidas pisadas hacían crujir la nieve bajo la suela de sus botas. Detrás de ella, a cierta distancia, aún se oía la voz de Sasha.

–¡Pero Mikasa, no corras!

"Yo no corro." La joven oriental apretó por un instante los dientes, tratando de mantener la calma. "Simplemente voy caminando muy deprisa."

Sus poderosas piernas le impulsaban hacia delante, con la misma determinación silenciosa que invadía todo su cuerpo. La capa gris que le había dado la cazadora ondeaba a sus espaldas, con el viento generado por sus propios pasos. En cambio, su bufanda roja parecía seguir indicándole el camino, agitándose suavemente delante de ella.

Por fortuna, ninguna de las dos prendas tendía a engancharse con los árboles de aquel bosque nevado. "Pinos, yo diría que son pinos." A veces no quedaba demasiado espacio entre ellos; y por alguna razón, seguía teniendo la impresión de que ya había estado ahí antes, una sensación vagamente familiar y también incómoda, incluso cierta angustia…

Bueno, quizás la angustia sí tenía una explicación.

"¿Cómo no me di cuenta antes? ¿Cómo pude estar tan ciega? Todo este tiempo, lo tuve justo delante de mis narices, ¡y no fui capaz de verlo! ¿Cómo pude ser tan estúpida?"

Una vez más, dirigía aquellas recriminaciones y reproches contra sí misma, no contra Sasha; quien, por su parte, tampoco desistía.

–¡Mikasa! ¡Para un momento, por favor!

Pero ella continuó avanzando, con paso firme y decidido, sin tropezar con rocas ni raíces; de algún modo, sus largas zancadas evitaban todos los obstáculos, a menudo ocultos entre la nieve. Su aura plateada brillaba con fuerza, reflejando la intensidad de su turbación interna.

"Tal vez, si voy lo bastante rápida, al menos logre…"

Para bien o para mal, Sasha no se dio por vencida; ni pudo (o quiso) captar aquella sutil indirecta.

–¡MIKASA! ¡Mira, que sólo quiero hablar!

"¡PUES YO NO QUIERO!" Así estuvo a punto de contestar la chica de Shiganshina; sin embargo, en el último segundo, contuvo aquel impulso. "Dando voces no se resuelve nada…"

Fue aminorando lentamente la marcha, hasta que al final se detuvo, dando un par de resoplidos. "Respirar, respirar es importante. Debo recordar eso también, que no se me olvide…" Se pasó una mano parcialmente enguantada por la cara, sin girarse todavía; esperó a que su compañera llegase hasta ella, aprovechando mientras tanto para reflexionar ya un poco más calmada.

"Además, hay otra cosa… Si yo tengo un problema, entonces no debería pagarlo con Sasha, ¿verdad? Ni permitirle creer por un solo instante que es culpa suya, bien sé que ella tiende a hacer eso cada dos por tres… Y ya antes tuvimos ese malentendido, cuando la bufanda empezó a moverse y yo creí que le estaba forzando a hacer algo que ella no quería. En realidad… ¡Quién sabe! Lo mínimo que se merece es una explicación, puede que incluso me venga bien a mí. Quizás me queden más claras las cosas, si consigo explicárselas a alguien…"

La muchacha morena se dio al fin la vuelta, posando con tranquilidad sus ojos negros sobre la chica de Dauper, que terminó de acercarse ya con más timidez, su paso algo vacilante.

Su melena castaña, recogida en una simple cola de caballo, todavía se agitó unos instantes en el aire, al igual que su propia capa gris y su bufanda roja; esta última, como la de Mikasa, también ondeaba en sentido opuesto, apuntando a algún lugar indeterminado a lo lejos.

"Seguramente allí donde se encuentra Eren."

Sin embargo, viendo la expresión dubitativa de Sasha, con aquel rostro normalmente tan vivaz y alegre nublado ahora por una sombra de confusión y culpa… Mikasa se mordió inquieta el labio inferior, sintiendo un eco de aquella misma culpa en su interior.

"Eren tendrá que esperar. Lo primero es lo primero, antes tengo que resolver esto. Sé que no me quedaré tranquila, hasta haberlo hecho. Al fin y al cabo es responsabilidad mía…"

La joven de Shiganshina respiró profundamente un par de veces más; su aura plateada aún seguía brillando con intensidad, si bien aquella luz ya tenía una cualidad algo más sosegada, conforme ella misma se serenaba. "Me gustaría poder transmitir esa calma."

–Sasha, mira… –Mikasa dio un último suspiro, antes de continuar–. No estoy enfadada contigo, ¿de acuerdo? –"Sino más bien conmigo misma"–. Entiéndelo, quisiera encontrar a Eren lo antes posible.

Aquella palabras, en efecto, parecieron tranquilar a la cazadora casi al instante; el cambio se notó de inmediato en su expresión, con renovada determinación, también reflejada en la perspicaz mirada de sus penetrantes ojos marrones.

–Pero no se trata sólo de eso, ¿verdad? –preguntó Sasha, frunciendo levemente el ceño.

"Vaya," pensó Mikasa con cierto humor resignado; torció los labios en un amago de sonrisa. "Para lo que le interesa, sí que se da cuenta rápido… La cuestión es, ¿hasta qué punto debería contarle?"

La muchacha oriental tenía cierta tendencia a ocultar sus dudas y temores, cuando le surgían. ¿Para qué contagiarle su inquietud a los demás? Normalmente Eren y Armin, que solían estar junto a ella, necesitaban una roca sólida en la que apoyarse; alguien en quien confiar, una persona con la que poder contar siempre, en cualquier situación, por muy difícil que fuese.

"Ah, pero yo también me doy cuenta de algunas cosas…" Mikasa volvió a mordisquearse el labio, con ligero nerviosismo. "He visto que Sasha suele alterarse, cada vez que me vengo abajo, por lo que sea… Supongo que ella está entre quienes me ven como un apoyo sólido y firme, le cuesta aceptar lo contrario. Y sin embargo… Que sepas que puedes contar conmigo. ¿No fue justo eso lo que ella me dijo antes? Quizás, por una vez, no me haga falta disimular mis flaquezas, y pueda recuperar mis fuerzas con las que ella me ofrece. Quizás, esta vez, ella pueda ser la roca en que apoyarme… Además, ¿cómo voy a decirle yo ahora que 'no pasa nada'? Ya se ha acercado demasiado, ha visto cómo soy en realidad, y si ahora le respondo cualquier otra cosa que no sea la verdad… Entonces le estaría mintiendo. Y no pienso hacerle eso a mi compañera, a mi amiga, la persona con la que acabo de descubrir que comparto algo tan especial…"

Mikasa dejó escapar lentamente el aire de sus pulmones y cerró un instante los ojos; cuando los volvió a abrir, ya había tomado una decisión. "Llegaré hasta el final, cueste lo que cueste." Habló con suavidad, en voz baja pero firme, sin dejar de mirar a su compañera.

–Sasha, lo que dijiste antes sobre el hilo rojo del destino… En realidad, yo ya lo sabía. Conocía esa leyenda desde que era pequeña, hace ya mucho tiempo. Me la contó mi madre…

No pudo evitar interrumpirse durante un segundo, con la dolorosa punzada que le causaba en el corazón aquel recuerdo. "Mamá, de algún modo, todavía no he olvidado tu rostro… Y el tuyo tampoco, papá. Donde quiera que estéis, espero que sea un lugar mejor."

–No, bueno, si yo ya me lo suponía… –Sasha se pasó una mano enguantada por la nuca, vagamente incómoda–. Sólo me dio tiempo a contarte lo más básico. Alguien que no conociese del todo la leyenda, no habría reaccionado de esa manera.

Por un momento, la cazadora pareció no saber cómo continuar; a Mikasa no le costó mucho adivinar en qué estaría pensando.

–Sasha, no fue culpa tuya. No podías saber que yo iba a reaccionar así, de hecho… No debí hacerlo. Debería haberme quedado allí, al menos por un instante, para explicarte lo que pasaba antes de salir corriendo…

–Ah, no es nada… –se notaba aún más que la chica de Dauper estaba incómoda; había empezado a desviar la mirada, mientras seguía rascándose la nuca con la mano izquierda–. Te has detenido ahora, ¿no? Y ya estamos las dos aquí, así que… –meneó la mano derecha, como quitándole importancia–. Claro que, si prefieres no hablar más del asunto…

Mikasa sentía que a sus palabras les costaba salir de la boca; aun así, al final, logró sacárselas de la garganta.

–Sasha, quiero hablar del tema… Siempre que tú estés dispuesta a escuchar.

En aquel momento, supo que un gesto le resultaría más sencillo; por eso tomó la mano derecha de la cazadora entre las suyas, con delicadeza pero sin vacilación. Tiró suavemente de ella, haciendo que su compañera se acercase un poquito más; lo suficiente para volver a notar el cálido aliento sobre su rostro.

Desde luego, gracias a aquello, consiguió atraer por completo la atención de la castaña, con los expresivos ojos marrones centrándose de nuevo; a tan corta distancia, no había problemas para ver cómo tragaba saliva.

Naturalmente, Mikasa era consciente de que, en aquel instante, debía tener como mínimo el mismo rubor en sus propias mejillas ardientes y coloradas. Sin embargo, la situación era demasiado seria, como para permitir que un simple sonrojo les dejase paralizadas a ambas.

Pasaron unos largos segundos, sin que ninguna de ellas dijese nada. La joven oriental todavía acarició un rato más aquella mano, dibujando cuidadosamente pequeños círculos sobre el dorso revestido de cuero, con sus propios dedos desnudos.

Sasha dejó de rascarse la nuca y posó su mano izquierda sobre la de Mikasa, deslizándola suavemente; luego dio un pequeño apretón, con delicadeza, reforzando su determinación.

La Cazadora asintió levemente con la cabeza, como animándole a continuar y al mismo tiempo diciéndole: "aquí me tienes, te escucho".

La chica de Shiganshina prácticamente no le había contado a nadie más, eso de lo que se disponía a hablar ahora; no sólo por su carácter reservado, sino porque en realidad tampoco había sido necesario… Durante su estancia en el Cuerpo de Cadetes, si bien la mayor parte del tiempo el ambiente había sido cordial, nunca había llegado a adquirir con nadie más la confianza necesaria para revelar algo que, aun con el paso de los años, seguía siendo bastante personal y doloroso.

Eren, naturalmente, ya conocía todo aquello; y no era cuestión de echar sal en la herida, recordándoselo de nuevo. Y a Armin, ella tampoco se lo había dicho nunca; pero con lo despierto que era el rubio, lo que no le hubiese contado ya Eren, seguramente lo habría descubierto por su cuenta.

Mikasa no creía estar equivocándose, al confiar así ahora en su amiga.

–Sasha, debes saber que… –empezó con sencillez, y también cierta dificultad al principio; aunque luego, una vez que arrancó, le costó ya mucho menos continuar–. Lo que la bufanda de Eren significa para mí… Yo… Lo pasé mal. Muy mal. Fue el peor momento de mi vida. En un abrir y cerrar de ojos, lo perdí todo. Mis padres, mi familia, mi hogar… Todo. Y en cambio, ya no sentía nada que no fuese dolor y frío. Pero fue entonces cuando… Eren me salvó.

"Mató por mí, y luego yo maté por él." Eso ya no lo dijo Mikasa en voz alta, naturalmente; que estuviese dispuesta a contarle más de lo habitual a Sasha, no significaba que fuera a contárselo todo.

–Y él me dio esta bufanda. Y aunque ahora se ha vuelto roja, y ya conocía de antes la vieja leyenda, aún no la había asociado con ese hilo rojo del destino, hasta que tú me lo dijiste. Para mí, siempre ha sido y siempre será, ante todo, la bufanda que me dio Eren. Así que… ¡Vaya! Imagínate, establecer de pronto esa conexión… La verdad es que fue algo abrumador.

–Bueno, pues sabiendo eso… –la Cazadora asintió lentamente, con seriedad–. Entonces tiene sentido, que reaccionases de esa manera. Darte cuenta de algo así, de repente, asimilar tanto en tan poco tiempo…

–Y sin embargo, Sasha, creo que… –Mikasa tragó saliva con cierta angustia–. En realidad, siempre lo he sabido. O al menos una parte de mí, a cierto nivel. Temo haber estado ocultándomelo a mí misma, todo este tiempo… Pero aún temo más la razón por la que podría haber estado haciéndolo.

–¿Seguro que fue así? –Sasha frunció levemente el ceño–. Quizás simplemente no te diste cuenta. Eso no significa que te estuvieses engañando a ti misma.

–Más bien no quise darme cuenta.

–No sé, no lo veo claro. ¿Por qué harías algo así?

–Seguramente por miedo. –Mikasa dejó escapar un hondo suspiro–. Piénsalo bien, Sasha. Al principio, quién no estaría encantada, con esa idea de un "lazo del destino" que nos une a la persona que más nos importa. Pero luego te empiezas a preguntar… ¿Y si en realidad ese lazo no es sino una atadura con la que atrapas a esa otra persona? ¿Y si ese destino es como una prisión de la que no se puede escapar? Algo inevitable, por mucho que lo detestes…

–¡Mikasa! ¡No digas esas cosas! ¡Eren no te detesta!

–Bueno, puede que no me deteste a , pero sí a la idea de saber que está atado, que no podrá deshacerse de mí nunca, aunque tampoco me soporte…

Basta –le ordenó Sasha en voz baja, tajante y con suavidad al mismo tiempo; al parecer, algo así que era posible–. No voy a permitir que sigas diciendo esas cosas, ni siquiera de ti misma.

Y quizás, sólo con eso, la joven oriental no se habría quedado callada; pero su compañera se aseguró de que lo hacía, colocando cuidadosamente un dedo enguantado sobre sus finos labios.

La mano derecha de la cazadora continuó reposando tranquilamente entre las de Mikasa, que estaba convencida de haberse puesto ya roja como un tomate. "Supongo que igual de colorada que ella…" Su vergonzoso sonrojo, por aquel íntimo contacto, contribuyó a que le atrapase más todavía, la decidida mirada de aquellos ojos castaños.

De nuevo, sintió que le costaba respirar; aunque esta vez, si había dolor, se trataba de uno bueno.

Cuando la chica de Dauper se convenció de que la de ojos negros ya iba a guardar silencio, retiró aquel dedo con delicadeza y deliberada lentitud; en su sonrisa había algo que parecía tristeza, o quizás nostalgia. Volvió a pasar su mano izquierda, suavemente, por la bufanda roja de Mikasa.

La muchacha de Shiganshina pensó, de manera un tanto ausente, que esta vez no había sentido el mismo recelo que en otras ocasiones, cuando Sasha había tocado su bufanda. "Quizás porque ahora, en cierto modo, también es suya." Sí notaba, en cambio, un ligero estremecimiento, recorriendo todo su cuerpo; por alguna razón, era casi como si hubiese electricidad erizando su vello.

–Sabes, al principio creía que había sido por mí… –Sasha comenzó a explicarse; con cierta timidez, pero sin apartar la mirada, manteniendo aquel intenso y peculiar brillo en sus ojos marrones–. Temí que te hubiera sentado mal, enterarte de golpe de que estabas atada a mí, de esa manera que tú habías descrito antes, sin posibilidad de escapatoria… Así que, bueno, cuando supe que en realidad te referías a Eren… No te lo tomes a mal, pero la verdad es que me sentí bastante más aliviada.

Mikasa no pudo evitar una leve y sutil indignación, al escuchar aquello; no obstante, enseguida controló aquel impulso y se desvaneció su molestia. "No es que ella se crea el centro del mundo, simplemente se imaginó primero cómo le afectaría la situación a ella. Supongo que es natural tender a eso, yo en su lugar también habría hecho lo mismo."

Es normal mirar primero por tus propios intereses. Recordaba que ésa era una de las ideas que le había insinuado antes, aquella especie de Sombra; que fuese verdad no hacía que resultase menos ominoso, por el mero hecho de habérselo susurrado Eso al oído…

Sasha tironeó suavemente de su bufanda, rescatándole de aquellas lúgubres reflexiones.

–Vamos, céntrate –dijo con una sonrisa, ya algo más alegre–. Ten paciencia y presta atención, que si te estoy contando esto es por una buena razón. A ver, por dónde íbamos… –se mordió ligeramente el labio inferior, inquieta–. En realidad, ahora que lo pienso, todavía sigo teniendo esa duda, ese remordimiento… –de repente se puso muy seria y miró fijamente a su compañera–. Mikasa, ¿consideras que he usurpado de algún modo la posición de Eren con respecto a ti?

La joven oriental todavía tardó unos segundos en procesar aquellas palabras, sin llegar a captar del todo su significado; y cuando al fin lo hizo, sintió que le inundaba un gran espanto.

–¿Qué? ¡NO! ¡Sasha, no, de ningún modo! No digas eso… Ni siquiera pienses esas cosas, ¡por favor!

Quizás su miedo venía motivado, sobre todo, porque ella misma sabía que su respuesta podría haber sido muy distinta, si le hubiesen hecho esa pregunta tan sólo un momento antes… antes de haber conocido, mejor, lo que se ocultaba verdaderamente en el corazón de la cazadora.

Al fin y al cabo, hacía tan sólo un momento que Mikasa, consumida por los celos, habría triturado aquella barra de pan entre sus dedos; simplemente por haber oído hablar a Sasha sobre las mejores cualidades de Eren.

A veces resultaba asombroso, lo mucho que podía cambiar una persona, en cuestión de minutos. "Quizás sea, también, este extraño lugar…"

–Fue mi decisión –continuó Mikasa, ya más calmada, devolviéndole a su compañera con determinación la mirada–. Yo te puse a ti la bufanda, Sasha, cuando estábamos en la enfermería… –la oriental sonrió con un poquito de amargura–. Sigues empeñada en asumir la responsabilidad por mis propios actos, ¿eh? Como antes, con lo de la Manzana Negra…

La chica de Dauper alzó levemente una ceja, como diciendo "sabes que pienso algo muy distinto al respecto, pero ahora no es el momento de sacar otra vez ese tema". Luego frunció inmediatamente el ceño.

–Aun así, lo que esa bufanda representa para ti… Sigue siendo una conexión muy personal, quizás incluso demasiado para mí.

–Por favor, no digas eso –insistió Mikasa–. No digas que "no te lo mereces", ni nada por el estilo. Si yo misma te puse la bufanda, sería por algo…

Continuó sosteniendo la mano derecha de Sasha en una de las suyas; colocó la otra sobre la izquierda y apretó delicadamente, mientras la castaña seguía acariciando su bufanda.

Por un breve instante, sin necesidad de palabras, se transmitieron mutuamente aquella calidez y cercanía, tan reconfortante.

–Aun así… –al menos la Cazadora no negó tajantemente lo que acababa de oír–. Sigo teniendo la impresión de que, cuando me pusiste la bufanda, no eras plenamente consciente de todo lo que eso significaba.

–Quizás –concedió Mikasa; no le estaba dando la razón a Sasha simplemente "porque sí", más bien se trataba de una realidad compleja–. Pero entonces, si hubiese creído que no te lo merecías, ¿de verdad crees que luego yo habría seguido actuando de la misma manera?

–Entonces, lo que estás diciendo es que… –la de Dauper observó con atención a la morena–. No cometiste un error, antes. Ni tampoco te sientes obligada, ahora, a hacer lo que estás haciendo. Lo haces sencillamente porque quieres, ¿verdad? Es decir, que no se reduce todo a una única decisión, tan grave como irrevocable. Se trataría más bien de una suma de pequeñas decisiones, con las que vamos construyendo poco a poco nuestro propio destino, ¿no?

–Eh, pues… –Mikasa pestañeó, ligeramente sorprendida–. Sí, supongo que sí…

"La verdad es que, ahora que lo ha dicho así, me cuesta pensar en una mejor manera de expresarlo. Yo no lo habría hecho mejor." Sentía en su interior lo acertado de aquellas palabras; y sin embargo, también tenía la sospecha de que su compañera, con todo aquello, quería llegar a algún punto en concreto.

La luminosa sonrisa de Sasha confirmó de inmediato aquella sospecha, pero la expresión de su rostro no encajaba con la supuesta satisfacción de haber logrado manipular a alguien; era demasiado radiante, demasiado pura como para eso.

–Pequeñas decisiones, Mikasa, pequeñas decisiones. Día tras día, paso a paso… ¿No crees que con Eren sucede lo mismo?

Y al escuchar aquello, la oriental morena abrió considerablemente sus ojos negros, más sorprendida todavía. Ni siquiera lo había visto venir; aunque quizás debió de haberlo hecho. "Ahí sí que me has pillado…" Después no pudo evitar sonreír, ella también; de manera más discreta, sin alcanzar la exuberancia de su compañera.

"Todo esto, ¿habrá sido algo deliberado? No… No lo creo. Al menos, no desde el principio. Más bien, Sasha simplemente vio su oportunidad y decidió aprovecharla… Je, como una Cazadora, precisamente. ¿Será eso lo que suelen llamar 'sabiduría popular'? Se dice que la gente de los pueblos pequeños… O quizás se trate de algo personal, propio de ella, tan instintiva e intuitiva para algunas cosas.

"Es curioso, resulta irónico… Se suponía que era yo quien la estaba consolando, y ahora de algún modo nos las hemos apañado para que sea justo al contrario, Sasha ha terminado animándome a mí… Tal vez sea, sencillamente, que tan pronto como una se plantea un temor, la otra enseguida lo adopta como propio… Lo siente como propio, y por eso trata de aliviar cuanto antes lo que en realidad es un dolor compartido… ¡Vaya! Me pregunto qué dice eso de nosotras.

"No es que haya cogido mis propios argumentos para usarlos en mi contra, o echarme algo en cara… Sólo lo ha hecho para ayudarme. Supongo que, al final, tenía yo razón, en eso que pensaba antes. que puedo apoyarme en ella, del mismo modo que Sasha puede apoyarse en mí. Verdaderamente, cada una le da fuerzas a la otra, incluso en momentos de debilidad… No, especialmente en momentos de debilidad.

"Tal vez sea porque, sabiendo que hay alguien más que depende de ti, te obligas a ti misma a sacar fuerzas de donde sea. Y así, simulando ser más fuerte, por esa otra persona, al final terminas siéndolo.

"Y así es como logramos salir adelante, apoyándonos mutuamente la una en la otra… Y si seguimos así, dando y al mismo tiempo recibiendo fuerzas, entonces podremos conseguir cualquier cosa que nos propongamos, pese a cuantos obstáculos surjan en nuestro camino.

"Un camino que recorreremos juntas, donde sea que nos lleve…"

Mikasa ya no pudo contenerse más y dio otro pequeño tirón de Sasha, acercándosela más todavía; soltó con suavidad las manos de la cazadora y le pasó las suyas tiernamente por la espalda, envolviéndola en un cálido abrazo.

Le pareció oír que a la castaña se le escapaba un gritito ahogado de asombro, lo que le hizo sonreír aún con más amplitud; sobre todo cuando, tras un instante de vacilación inicial, su amiga le devolvió el abrazo, en un gesto igual de reconfortante.

"Por muchos desafíos que nos esperen… Sabiendo que ella está a mi lado, ya no se me hace todo tan cuesta arriba." Y una revelación fue abriéndose camino rápidamente en su interior.

"Y con Eren me pasa lo mismo.

"Tanto él como Sasha me inspiran y me iluminan, como un fuego en la oscuridad. Cada uno, a su manera, me dan ímpetu, un propósito… Algo a lo que aspirar, convertirte en más de lo que ya eres. Ser una persona mejor, entera… De algún modo, los dos me hacen sentir completa.

"Je, vaya… ¿No utilizó ella prácticamente las mismas palabras? Supongo que tiene sentido, que algo así sea recíproco… Y también noto ese impulso, de proteger a Sasha cueste lo que cueste.

"Precisamente, igual que me pasa con Eren.

"Pero entonces… ¿En qué lugar dejaría eso a ambos? Vaya, la verdad es que… Resulta complicado, encontrar de pronto las respuestas a preguntas que ni siquiera te habías planteado.

"Por otro lado… ¿No deberíamos estar buscando ya a Eren? Se supone que nos habíamos detenido para aclarar ese malentendido, y a Sasha ya se le ve más relajada, así que… Hay que seguir adelante, pues.

"Y lo haremos juntas."

Y como si la Cazadora le hubiese leído el pensamiento (acaso percibiendo algún mínimo cambio en su lenguaje corporal, o quizás hubiese tenido ella también la misma idea, o simplemente sabía que no iban a poder quedarse ahí para siempre), se fue separando lentamente de la joven oriental, con cuidado, sin hacer movimientos bruscos; todavía frotándole la espalda con los brazos, una última vez, aquel contacto tan íntimo y familiar…

En realidad, Mikasa aún continuó sintiendo esa misma calidez, tan reconfortante; la mano de Sasha había vuelto a deslizarse dentro de una de las suyas, dándole de nuevo un pequeño apretón, mientras aquellos dedos enguantados se entrelazaban entre los suyos, tan desnudos y sensitivos. Devolvió el apretón con fuerzas medidas, asegurándose de no hacerle daño a su compañera.

La chica de Shiganshina notaba en su rostro una sonrisa, que debía de ser tan radiante y luminosa como la de su amiga.

Y mediando ya algo más de distancia, Mikasa pudo ver que los ojos de Sasha brillaban con emoción contenida, como si fueran a saltársele las lágrimas. "Quiero creer que, esta vez, sí serían de alegría. Seguramente los míos también estarán así, ahora…" Por un instante, le costó un poquito más respirar; pero se le pasó enseguida.

Sus auras resplandecían con una suave firmeza, con la misma potencia tranquila de quien podría sostener el mundo en la palma de su mano… y aplastarlo, con la misma facilidad con la que en cambio elegía cuidarlo.

Igual que ella había elegido proteger a Sasha. Proteger a Eren.

Eren, con aquellos entusiastas y expresivos ojos grises, de un color no tan distinto al de sus respectivas auras y capas plateadas.

Eren, en cuya dirección seguían apuntando sus bufandas rojas; todavía se agitaban tenuemente en el aire, a pesar de no soplar allí viento alguno.

Y una vez más, Mikasa tuvo la sensación de que verdaderamente Sasha podía leerle el pensamiento.

–Venga, vamos a buscarle –sugirió la Cazadora, con una sonrisa.