MANZANA NEGRA

NOTA DEL AUTOR – ¡Mi primera actualización del año! Espero que la disfrutéis.


CAPÍTULO 20EREN (II)

Publicado el 20 de enero de 2018, con una extensión de 4.415 palabras.


Y una vez más, Mikasa tuvo la sensación de que verdaderamente Sasha podía leerle el pensamiento.

–Venga, vamos a buscarle –sugirió la Cazadora, con una sonrisa; y otro pequeño apretón, de su mano aún entrelazada.

La muchacha de Dauper tomó la iniciativa y empezó a caminar, tirando suavemente del brazo de Mikasa, que todavía se quedó paralizada un instante, ligeramente desconcertada; hasta que por fin logró reaccionar y echó a andar ella también, detrás de su compañera.

La joven de ojos negros aún se sentía más ligera, luminosa, como si todo aquello fuese un sueño. "Pero es que, en cierto modo, lo es… Precisamente, se supone que estamos en una especie de 'mundo de los sueños'. Y sin embargo, por alguna razón, ahora todo esto parece más irreal todavía… ¿De verdad está ocurriendo? Cuesta creérselo…"

Sus levísimas pisadas apenas hollaban la blanca nieve, limpia y pura. Prácticamente seguía sin notar el frío, pese a las nubecillas de vaho en que se condensaba su aliento, al escapar por entre sus labios. Su aura, su capa y su bufanda aún le protegían; al igual que Sasha, cuya mano (cálida, firme, acogedora) todavía reposaba enlazada a la suya.

Y sin embargo, lamentándolo mucho, quizás aquélla no fuese la mejor manera de ir caminando por aquel bosque nevado. Antes se habían parado a hablar en una zona algo más despejada; pero ahora los árboles volvían a cernirse sobre ellas, cada vez más próximos y apretados.

Así que, al final, la cazadora de Dauper tuvo que soltarle de la mano; al mismo tiempo se le escapó, por alguna razón, una especie de risilla floja, como imaginándose que no era cuestión de tropezarse contra alguno de aquellos árboles.

Mikasa le dejó hacer y no opuso resistencia; no trató de retener a su compañera, aunque tampoco se apartó demasiado de ella, tan sólo unos pasos. Aun así, ya empezaba a echar en falta aquella íntima cercanía, su cálido contacto; al menos, la sonrisa que le dedicaba la castaña seguía siendo igual de reconfortante.

"Y seguro que yo también estoy sonriendo, como una tonta…" Sin embargo, la idea simplemente le hacía sonreír más todavía.

–¡Oye! –exclamó Sasha con alegría, antes de que el silencio se prolongase demasiado–. Se me ha ocurrido… Teniendo en cuenta que nuestras bufandas parecen indicar la dirección en que se encuentra Eren… –gesticuló con una mano, señalando su propia prenda ondeante–. ¿Crees que quizás deberíamos separarnos un poco más, para triangular su posición? Ya sabes, como nos enseñaron en esas clases teóricas, sobre reconocimiento…

Una vez más, a Mikasa le sorprendió la forma en que su amiga era capaz de acordarse de ese tipo de cosas, en los momentos más oportunos. "Y luego dice que no se le da bien la teoría… Más bien, debe ser que le cuesta asimilar ciertos conceptos, pero luego en cambio tiene una facilidad pasmosa para aplicar esos mismos conceptos a una situación determinada."

–No estoy segura de que sea buena idea, Sasha –contestó la chica de Shiganshina–. Mejor que no nos separemos demasiado, por lo que pueda pasar. No es tanto lo que ganaríamos triangulando la posición, como tú dices, y me da la impresión de que todavía puede suceder cualquier cosa, en este extraño lugar.

Y de verdad que no lo decía sólo para evitar alejarse aún más de su compañera. Aquel bosque estaba muy tranquilo, demasiado. Incluso en mitad del invierno, no era natural tanto silencio; ni siquiera se oían los típicos sonidos de algún animalillo merodeando por los alrededores, o algún pájaro revoloteando entre los árboles.

Aquella mención les sirvió para recordar que todavía se encontraban en territorio potencialmente hostil, con cierta tensión, y que aún debían permanecer atentas a su alrededor.

Sin embargo, aquello no pareció estropear el bueno humor de Sasha, ni por extensión el de Mikasa. La joven de Dauper comenzó a observar su entorno con algo más de cautela, pero sin dejar de sonreír por ello; de vez en cuando le dedicaba a la oriental una mirada cómplice, con un brillo de animación en sus expresivos ojos marrones.

"Es como si simplemente hubiésemos salido de excursión… O más bien, de cacería, sabiendo perfectamente que no somos la presa, pero siendo al mismo tiempo conscientes de los riesgos. Todavía no ha pasado el peligro."

Aun así, Mikasa no pudo evitar devolverle una sonrisa a la castaña, con la misma complicidad. Luego cada una continuó mirando con atención por su zona; el silencio no era demasiado tenso, o incómodo, a pesar de la situación en que se encontraban.

La muchacha de Shiganshina, sumergida en aquella calma atenta y relativa quietud, fue dejando que su mente vagase poco a poco, cada vez con más facilidad; dándole vueltas simultáneamente a todo tipo de ideas, de manera un tanto dispersa, a pesar de los consejos que ella misma había recordado antes. "Permitir que fluyan con naturalidad mis pensamientos. Sí, claro…"

Y así fue como, de pronto, se encontró recordando la costumbre que tenían algunas cadetes, para combatir el frío en invierno (aunque no necesariamente sólo en esa estación): acostarse juntas en la misma cama, para compartir y conservar mejor el calor.

Desde luego, el ejemplo que más claro le venía a la mente era el de Ymir y Krista. La pecosa morena, cada dos por tres, estaba diciéndole a su rubita que se casaría con ella en cuanto terminase la Instrucción. "Claro que, si insiste tanto, quizás no sea broma del todo… Otra cosa es que puedan casarse, eso ya sería un poco más complicado."

Tal vez el Rey y su Consejo no tuviesen una postura oficial al respecto; pero el Culto de los Muros, cada vez más extendido, sí que se oponía con firmeza a ese tipo de relaciones, por considerarlas "contrarias al fin procreador de la Humanidad".

Desde cierto punto de vista, un tanto más cínico, quizás en realidad lo que temían aquellos clérigos era un eventual descenso de la tasa de natalidad; y sería "imperdonable" no disponer de suficiente carne de cañón que enviar más allá de los Muros, en periódicas expediciones fuera de la seguridad de los mismos… sirviendo a la vez como temible recordatorio de la crueldad del mundo exterior, un motivo más para "agradecer" al Gobierno la protección que ofrecía a sus súbditos.

Naturalmente, aquello había cambiado después de la Caída del Muro María; más aún con la fallida "Operación Reconquista", que terminó en un nuevo (y acaso deliberado) desastre. Tanta tragedia, sin embargo, no había evitado que en el Reino de los Muros (considerablemente reducido ahora) existiese todavía un exceso de población, con todas las dificultades que algo así conllevaba para su abastecimiento.

Y seguramente por eso, aun con las recriminaciones del Culto de los Muros, el Gobierno en cambio prefería incluso cierto estancamiento en este sentido; y de ahí que contra "ese tipo de relaciones" no hubiese una persecución activa, sino más bien como mucho un fruncimiento de cejas vagamente desaprobador. Se daba a entender que "aquello" no era del todo normal, al menos en publico; luego ya, lo que cada uno hiciese discretamente, en la intimidad de su hogar…

Mikasa recordaba que Armin se lo había explicado así a Eren y ella, más o menos con esas mismas palabras; de lo que ya no estaba segura, era de cómo había terminado saliendo el tema… Sí se acordaba de que luego su amigo había empezado a despotricar contra el Gobierno, por otra razón completamente distinta.

"Resulta mucho más peligroso preguntarse por lo que hay ahí fuera," había dicho el rubio; y la joven oriental le conocía lo bastante bien, como para saber que poco le había faltado para hablar más de la cuenta, sobre el "conocimiento prohibido" y cierto libro clandestino con imágenes del mundo exterior… Por esto había tenido que hacerle callar, sutilmente.

O al menos todo lo sutil que podía ser una patada, por debajo de la mesa, en mitad del comedor.

Normalmente Armin no era tan descuidado; más bien solía ser Eren quien tendía a irse de la lengua. Aquello había sucedido la noche en que la 104 del Cuerpo de Cadetes cumplía su primer año de Instrucción; lo habían celebrado repartiendo más comida de lo habitual, junto con una cerveza especial que debía tener algo más de graduación… y estaba claro que al rubio se le había ido la mano, alegremente, a la hora de rellenar varias veces su jarra, animándose más de la cuenta.

Por fortuna para ellos, no había nadie lo bastante cerca, en aquel momento, como para escuchar lo que decían. Si acaso, la única persona que parecía haber estado observándoles, tal vez con cierta curiosidad (distante, entre la apatía y la indiferencia habitual), había sido Annie Leonhart.

Mikasa prefería no dedicarle ni un pensamiento de más a esa… muchacha, en la que nunca había llegado a confiar del todo. Sin embargo, por alguna razón, aquella escena había quedado grabada con especial nitidez en su mente, aun después de casi ya dos años.

Quizás porque lo que había sentido en aquel entonces, además de cierta cautela, había sido incluso una punzada de celos; no le había gustado, para nada, la forma en que la rubia narigona miraba con sus pálidos ojos azules, a Eren y a Armin.

"Son míos, ¡búscate tú los tuyos!" Eso parecía haber gruñido una parte de sí misma, prácticamente instintiva; como una loba, dispuesta a defender con ferocidad a los miembros de su manada.

Y acaso la comparación no fuese tan desencaminada. Al fin y al cabo, los dos chicos eran mucho más que amigos; eran su familia… en realidad, la única que le quedaba. No habría nada que no estuviese dispuesta a hacer, por cualquiera de ellos.

Cierto que había conocido a Eren antes; y además, en circunstancias tan intensas, que volvían aún más especial el vínculo que ambos compartían.

Sin embargo, para ella, Armin nunca había sido simplemente "el mejor amigo de Eren". El rubito también había sido, desde el principio, familia; alguien que no había temido acercarse a ella, a diferencia de tantas otras personas. Claro que quizás Eren, tan impetuoso como de costumbre, no le había dado muchas opciones a su compañero de la infancia…

"Mira, Armin. Esta es Mikasa, vive con nosotros. ¡Ahora ella también es tu amiga!" La oriental no pudo evitar una sonrisa al recordarlo.

El muchacho de inquisitiva mirada y brillantes ojos azules no había tardado en vencer sus dudas y temores, cuantas reticencias pudiese haberle provocado aquella perfecta y silenciosa desconocida. Todo lo contrario, el joven Arlert se había hecho rápidamente un hueco en el corazón de Mikasa.

Al igual que otra persona, recientemente; cierta Cazadora…

La súbita revelación hizo que Mikasa, por un momento, abriese todavía más los ojos, con un mudo "oh" escapando por entre sus labios; aun así, no se detuvo ni aminoró la marcha, sino que prosiguió su avance por aquel bosque nevado.

Quizás, en realidad, no había tanta diferencia, entre esas dos personas tan importantes para ella: la castaña de Dauper y el rubito de Shiganshina. La compañía de Armin también solía ser cálida y cercana, reconfortante, tan estable como entrañable; una de las pocas personas (podría contarlas con los dedos de una mano… y le sobrarían dedos) por las que Mikasa estaría dispuesta a hacer cualquier cosa.

Y sin embargo…

Había tres personas, muy importantes para ella; pero siempre habría una, mucho más importante que las demás.

Mikasa se había propuesto dejar de engañarse a sí misma; y mal lo iba a conseguir, si ahora volvía a hacerlo.

Por muy culpable que se sintiese, tenía que reconocer (ya no podía evitarlo, no debía) que una parte de ella nunca dudaría en a cuál de esas personas elegiría, si sólo pudiese salvar a una.

Ahora que lo pensaba, era obvio (desde luego para sí misma, seguramente también para los demás) que lo que ella sentía por Eren difícilmente podría compararse con lo que pudiese hacerle sentir cualquier otra persona; ni siquiera esas dos que también eran importantes para ella.

"Pero no igual de importantes, ¿verdad?"

Y esta vez no había ninguna vocecilla traicionera, susurrándole sibilinamente al oído; tan sólo ella, recordándose a sí misma ciertas verdades incómodas.

¿O acaso se estaba dejando engañar por sus propias emociones? Ya le había advertido su madre, de lo mentirosas que podían llegar a ser…

Sin embargo, y aunque parecía haber pasado ya una eternidad desde la última vez que había visto a Eren, y a pesar de que Sasha aún caminaba a su lado, incluso con todas aquellas revelaciones todavía recientes sobre sus auténticos sentimientos, lo cierto era que…

Lo que Mikasa pudiese sentir por su amiga cazadora, palidecía en comparación con las emociones que Eren seguía despertando en su interior; como una pequeña llama, comparada con un incendio abrasador.

"Aunque tal vez no sea lo más justo, comparar a ambos de esa manera. Quizás sea precisamente gracias a Sasha, que ahora siento con tanta intensidad esas mismas emociones por Eren, que ahora soy capaz de apreciar lo que en realidad siempre ha estado ahí… Como echar combustible al fuego, haciéndolo arder aún con más fuerza."

¿Acaso habían quedado Eren y Sasha unidos a ella, de algún modo? ¿Era posible algo así, o…? Aquel mar de dudas no mermaba, sólo se mantenía. Tener esa conexión tan preciada, con dos personas a la vez, sin necesidad de elegir entre ambas…

Mikasa seguía teniendo la impresión de que aquello sería injusto; todavía le costaba aceptarlo, como si en cierta forma estuviese haciendo trampas… ¿O quizás no eran opciones excluyentes? Como una de esas preguntas tipo test, en las se podía responder "todas las anteriores"…

Y pensar precisamente en esos exámenes, le hizo recordar que, pese a lo supuestamente "mal" que se le daban a Sasha las pruebas escritas, la Cazadora sin embargo tenía bastantes posibilidades de terminar en el Top Ten del Cuerpo de Cadetes, según las últimas clasificaciones provisionales de la Promoción 104; lo cual, a su vez, le hizo pensar en el destino que se había propuesto su compañera.

La cadete Braus no era alguien capaz de guardar muchos secretos; cada vez que se metía en algún lío, y aunque no la hubiese visto nadie, se ponía tan nerviosa que al final "confesaba" en cuanto los instructores hacían las primeras pesquisas.

Así, no había duda de que uno de los "puntos débiles" de la impulsiva muchacha era la comida; y en ningún momento había ocultado (más bien al contrario, lo contaba a todo aquel que preguntase) que su intención era alistarse en la Policía Militar, precisamente para evitar volver a pasar hambre.

Aquellos primeros años después de la Caída habían sido duros, con todos los reasentamientos que hubo en Dauper.

Sasha no se lo había contado directamente a Mikasa; pero sí a Connie, que al fin y al cabo era su mejor amigo. Luego el chico de Ragako se lo había comentado a Armin, con quien solía llevarse bastante bien; y desde ahí había llegado a oídos de la oriental.

En cualquier caso, estaba claro que esos "años del hambre" habían marcado profundamente a la joven castaña; lo cual explicaba su fijación casi obsesiva por la comida, tan importante para ella.

Y precisamente, otro de los miedos de la chica de Shiganshina era terminar privando a su amiga, aun inintencionadamente, de aquello que tanto anhelaba.

Mikasa tenía la certeza de que iba a quedar entre los diez primeros de su Promoción; seguridad que no venía de la arrogancia, simplemente se trataba de un hecho. Eso le permitiría ingresar en la Policía Militar… pero sólo si quería; y ésa era la cuestión.

Porque lo que ella deseaba, con todo su corazón, simple y llanamente, era seguir a Eren; estar a su lado, acompañarle allí donde él fuese.

Incluso de haber persistido los problemas del moreno al principio de la Instrucción, con el equipo de maniobras, y si al final hubiesen terminado expulsándole del Cuerpo de Cadetes, Mikasa habría seguido haciendo exactamente lo mismo: permanecer junto a Eren, ya labrando campos de cultivo en algún reasentamiento, ya exterminando titanes más allá de la (falsa) seguridad de los Muros.

Los demás opinarían que era absurdo, alistarse en la Legión de Reconocimiento, pudiendo optar por un puesto en la Policía Militar; pero a Mikasa sólo le interesaba lo que pretendiese él.

O al menos, así había sido siempre antes. Ahora, en cambio…

La joven Ackerman seguía siendo incapaz de imaginarse un futuro en el que Eren no estuviese a su lado. Sin embargo, era la idea de otra separación, la que había empezado a causarle ahora un discreto dolor.

"Se suponía que íbamos a recorrer ese camino juntas… ¿no, Sasha?

"O quizás eso sólo servía para este mundo de los sueños. Supongo que lo que pase después, cuando despertemos, ya será otra cosa completamente distinta…"

Del mismo modo que Mikasa iba a alistarse en la Legión, estaba claro que Sasha haría otro tanto con la Policía Militar. ¡Cualquiera renunciaba a algo así! Un buen puesto, de responsabilidad y prestigio, con un sueldo mayor que el de otros Cuerpos; y bien lejos del peligro que representaban los titanes, y por tanto con bastantes menos posibilidades de terminar muriendo horriblemente. Por no hablar de que, en el caso concreto de la Cazadora, ese destino suponía para siempre librarse de la amenaza del hambre; además de que su mejor amigo, Connie, también tenía intención (y casi seguro que opción) de ingresar en la misma unidad que ella.

"Lógico. Nadie quiere morir, si puede evitarlo… ¿Con qué derecho voy a hacer yo ahora que Sasha se olvide de todo esto? Sería como obligarme a mí a renunciar a Eren… Imposible. Imposible."

Y sin embargo, casi tanto como eso, también temía la posibilidad de que Sasha renunciase a sus sueños… si Mikasa se lo pedía.

"La verdad es que asusta un poco… No, aterra, la idea de tener ese poder sobre otra persona, más aún cuando se trata de una amiga… Aunque quizás, en realidad, no sería 'renunciar a sus sueños', sino simplemente elegir unos sueños por encima de otros… ¿Acaso soy yo uno de los suyos?" Mikasa no pudo evitar sonrojarse un poco.

"Por otro lado, mi madre también me decía que, si de verdad quieres a alguien, tienes que dejarle ir para que luego vuelva. Como lo de ese pajarillo que intentaba escapar, por apretarle demasiado… Tampoco es que las dos no vayamos a vernos nunca más, sólo por alistarnos en Cuerpos diferentes."

Al margen de la clásica rivalidad entre Policía Militar y Legión de Reconocimiento, a veces se formaban unidades conjuntas, o los miembros de una de las fuerzas terminaban temporalmente integrados en los de la otra; así que esa separación ni siquiera sería permanente.

"Desde luego, lo que que tengo claro, es que yo al menos no sería capaz de renunciar a Eren… Supongo que, en ese sentido, él es mi sueño." Mikasa volvió a sonrojarse, pensando en aquello.

Pero al mismo tiempo, una parte de ella empezaba a preguntarse (apenas la sombra de una duda) si de verdad no habría algo profundamente equivocado, en esa idea de que (tan inamovible como una montaña) ni siquiera era capaz de plantearse la posibilidad de no estar junto a Eren, de seguir cada uno su propio camino…

Lo cual quizás revelaba, en el fondo, algo… malsano; "poco saludable", por decirlo suavemente.

Mikasa prefirió no avanzar más por aquel sendero tenebroso; no podía continuar por esa línea de pensamiento, sencillamente era demasiado para ella en ese momento.

Lo que ya sí tuvo que reconocerse a sí misma fue lo injusto que resultaba para Sasha todo aquello; no se había atrevido, ni por un instante, a considerar la opción de renunciar a Eren y acompañar a la Cazadora en su viaje a la Policía Militar, algo que para Mikasa seguía siendo (no lo podía remediar) poco menos que una traición en toda regla a su compañero de la infancia.

"Pero es que la Legión de Reconocimiento es peligrosa, ¿cómo voy a dejarle que se vaya ahí solo? Porque es más difícil todavía, que él decida alistarse en cualquier otro cuerpo…" Y volvió a notar aquella sensación de injusticia; esta vez como un fuego ardiente, quemándole en el pecho.

"Desde luego, lo que está claro es que Eren no se plantea renunciar a la Legión… Antes que eso, incluso estaría dispuesto a ir él solo, aunque yo no le acompañase… Quizás hasta prefiere alistarse por su cuenta. ¿Acaso no está diciendo cada dos por tres que ya está harto de mí, que no me necesita y que soy un estorbo? Y naturalmente, lo que yo pueda sentir al respecto, ¡para qué va a importarle!

"¿Por qué? ¿Es que tiene que girar todo siempre en torno a él? Pues, ¡quién sabe! Lo mismo un día de éstos me harto, le dejo que se vaya solo, tal como él quiere, ¡y allá se las apañe! Y si al final se lo come un titán, porque yo no estaba a su lado para impedirlo, entonces tal vez así se dé cuenta de…"

Mikasa, llena de espanto, detuvo de inmediato el curso de aquellos pensamientos tan nefastos; tan poco caritativos, cargados de rencor, con un resentimiento que ella ignoraba hasta ahora albergar en su interior.

"¿De verdad es eso lo que quiero? ¿Que él muera, sólo para demostrar que yo tenía razón? ¿En qué clase de persona me convierte algo así? No, persona no… Monstruo."

Esperaba que su turbación interna no se notase desde fuera; al menos, en ese momento, ella había seguido caminado por aquel bosque nevado, sin perder el paso ni dar un solo traspiés. Por dentro, sin embargo… Ya era otra cosa completamente distinta.

"Aquí sólo encuentras lo que tú has traído desde fuera. ¿No fue eso lo que dijo precisamente Eren cuando nos encontramos con él, justo antes de que volviese a desaparecer? Así que estos pensamientos, nadie más me los está sugiriendo… Son míos. He sido yo, todo este tiempo."

El horror que aún sentía, por todas aquellas revelaciones en su interior, le quemaba cada vez más, como un fuego mucho más doloroso que el de esas injusticias (reales o supuestas) en las que había estado pensando antes.

Y una vez más, tuvo que controlar conscientemente su respiración, en un intento de mantener la calma.

El aire entró lentamente en sus pulmones, hasta el fondo; lo retuvo allí unos instantes, con experimentada naturalidad, sin forzarlo; y ya por fin, lo liberó con una suave exhalación, si bien no tan discreta, delatada por la nubecilla de vaho que dejaron escapar sus labios.

En realidad, y para su propia sorpresa, Mikasa notó que no le costaba tanto volver a relajarse; por otro lado, no parecía que Sasha se hubiese dado cuenta de su agitación interna. Las dos continuaban avanzando entre los árboles blanqueados, sin detenerse ni frenar la marcha.

Lo último que quería la joven oriental, en ese momento, era precisamente hacer que su amiga se preocupase. "Irónico, ¿no? Ahora, en cambio, soy yo quien se preocupa por ella." La idea, en cierto modo, hizo que una pequeña sonrisa asomase a sus labios.

Entre tantas dudas y temores, la presencia constante de Sasha a su lado era como una luz en la oscuridad; una llama estable, guía y punto de referencia en las tinieblas que se habían desatado en su interior.

La serenidad de la chica de Dauper, que continuaba observando a su alrededor con tranquilidad y cautela, fue ayudando a Mikasa a recuperar la misma calma atenta de antes; y así, su sonrisa se hizo un poquito más amplia, mientras sus pensamientos (aun sin proponérselo conscientemente) iban centrándose cada vez más en la Cazadora castaña.

"Y de nuevo, ella es como una roca para mí, un apoyo sólido y firme…"

La muchacha de ojos negros ya había asumido que su compañera iba a terminar alistándose en la Policía Militar. "De hecho, ni siquiera voy a darle oportunidad de pensar otra cosa. No dejaré que cambie eso por un puesto en la Legión de Reconocimiento. No me arriesgaré a que ella se crea que, por alguna razón, me debe algo, ni a que se sienta obligada a elegir un destino tan peligroso.

"Además, se supone que ella también es mi sueño. ¿Cómo no voy a hacer todo lo que esté en mi mano, para protegerla de un fin tan cruel? ¡Sobre todo cuando, a diferencia de otros, ella no está empeñada en destruirse a sí misma!

"Y después de la graduación, aunque todavía vayamos a vernos de vez en cuando… Esto que tenemos, aquí y ahora, se va a acabar pronto. El contacto tan estrecho, que hemos tenido durante estos últimos años, viviendo juntas y durmiendo en el mismo barracón… No hay duda. Desde luego, ya no será lo mismo.

"Así que, como no tengo ni idea de lo que va a pasar después… Supongo que lo mejor será aprovechar el poco tiempo que aún nos queda. Pero… ¡Maldita sea! Sasha se merece mucho más. Debería ser más. No un simple 'Plan B', ni una escapatoria por si sale mal lo de Eren…

"Ay, qué fácil es lamentarse por las oportunidades perdidas, cuando ya es demasiado tarde para hacer algo al respecto. ¿De verdad han pasado ya, tan rápidos, casi tres años?

"Y sólo ahora me he dado cuenta de lo que Sasha siente por mí, de lo que ella verdaderamente ha sentido todo este tiempo. ¡Cómo lo he desperdiciado! Aunque… Suele decirse que más vale tarde que nunca, ¿no? Al menos todavía puedo intentar conocerla mejor, ir recuperando ese tiempo perdido, en parte…

"Por otro lado, lo que pasa en el dormitorio de las chicas, se queda en el dormitorio de las chicas… Y si Ymir y Krista lo hacen, ¿por qué no también nosotras? Simplemente dormir juntas, en la misma cama… Debe estar bien, sentir esa calidez reconfortante, poder dormir abrazada a esa otra persona… Quizás, así, no me sentiría a veces tan sola

"Y a Sasha, ¿también le gustaría? Siempre puedo preguntárselo. Y si ella también quiere, pues supongo que…"

Y justo cuando iba a planteárselo a su compañera… Mikasa estuvo segura de sentir una presencia, delante de ella, a tan sólo unos metros de distancia; en un nuevo claro que se iba abriendo en aquel bosque nevado.

Y entonces lo supo.

Supo de quién se trataba, incluso antes de verle; lo supo en su corazón, con toda su alma.

Y de sus labios, como un suspiro entre anhelante y desesperado, escapó su nombre.

¡Eren!