Disclaimer: Magi/マギ pertenece a Shinobu Ohtaka y Editorial Shogakukan
Capítulo 9 "En el lugar y momento indicado"
Y entonces, en las profundidades de sus recuerdos, aquello de lo que se vio privado tantas veces, aquello que le hacía regresar a la vida una y otra vez, finalmente fue liberado. Como un inmenso dolor punzante alojado dentro de su cabeza, entro de lleno con una fuerza aparatosa. Abrió los ojos de golpe, solo para encontrarse inmerso en la oscuridad, una luz tintineante se abrió paso y finalmente, frente a él la imagen de una joven con cabellos largos de un azul índigo, de tez blanquecina e inmensos ojos azules como el mismo cielo, pestañas largas y gruesas, mejillas teñidas de un suave carmín y entonces una inmensa sonrisa, tan cálida, tan brillante, tan de ella.
Dirigida solo a él.
Su corazón se oprimió, la garganta se le seco y su estómago comenzó a contraerse causándole un sentimiento de desagrado.
Ahora la recordaba.
Aquella joven que estuvo con él todo el tiempo necesario sin pedir nada a cambio, sin esperar mucho de él. Quien le abrazaba en las noches de tormenta, quien le visitaba por las tardes y preparaba sus comidas, quien le recogía de la escuela, quien le cuidaba hasta que su padre regresaba de sus largas jornadas de trabajo, quien ocupó el lugar de su fallecida madre. Pero que contra todo pronóstico se volvió más que indispensable en su vida.
Con el tiempo la imagen de su madre ya se había desvanecido por completo, lo único que quedaba frente a él, cada vez que ella le visitaba, era la imagen de una joven realmente hermosa que le hacía suspirar, que le robaba el aliento, que le hacía sentirse más que protegido.
Janaan.
— ¿Porque tú…?
Sus palabras fueron acalladas cuando una suave brisa les acogió, los largos cabellos de la joven ondearon junto con el viento y pudo ver como un niño caminaba hacia ella.
La sorpresa invadió su mirada, era él, pero a una edad más temprana.
—Iudar. —Janaan hablo por fin, y Judal observo cada uno de sus movimientos, el semblante que cambiaba con cada una de las palabras que Iudar le dirigía a ella, y como le respondía con esa suave y dulce voz. —Dame tu mano, tardaremos un poco más.
—Si. —Respondió el pequeño con un ferviente asentimiento y una enorme sonrisa, sus ojos escarlata brillaban inmersos en la figura de la joven. Janaan sujeto la pequeña mano con infinita ternura y correspondió las sonrisas que el niño le dedicaba. Caminaban al parecer sin rumbo fijo, Judal solo podía verlos entre la oscuridad, como si un inmenso reflector les iluminara solo a ellos dos. —Ayer hable con Elif. —La voz infantil se hizo notar, Judal comenzaba a desesperarse de aquello, quería salir, ahora recordaba y no quería revivir aquello, pero al parecer nada podía hacer para evitarlo.
—He~
—Le mencione que serías mi esposa. —Una suave risilla escapo de los labios de Janaan.
— ¿De verdad? —Pregunto con dulzura.
— ¡Si! Janaan, prometiste casarte conmigo cuando cumpliera la mayoría de edad. Dijiste que me esperarías. Elif dijo que no podías esperar tanto tiempo, pero yo le dije que tú lo prometiste, le dije que Janaan nunca me ha mentido y si Janaan dijo que esperaría por mí, entonces Janaan esperará. —Las palabras resonaban fuerte, haciendo eco en el lugar
"Janaan nunca me ha mentido ¿he?"
Judal pudo apreciar como el semblante de Janaan cambio, su mirada reflejaba un profundo dolor, que supo camuflar con una dulce sonrisa, solo para él.
Solo para Iudar. El pequeño iluso, el pobre niño idiota que no sabía nada de la vida.
—Y las promesas deben cumplirse. —Respondió Janaan mientras se hincaba hasta la altura del infante y dejaba un casto beso sobre su frente.
—Mentirosa. —Hablo Judal, mientras un nudo se formaba en su garganta. — ¡Eres una maldita mentirosa! —Grito a la imagen frente a él, grito maldiciendo hasta desgarrarse la garganta.
Iudar sonrió complacido por el beso de Janaan, los dos sonreían ajenos a los gritos desgarradores y llenos de rencor que Judal les dedicaba, después de todo eran un simple recuerdo, algo que Judal se había esmerado en esconder, algo que le mataba por dentro.
Janaan murió tres años después, exactamente en su cumpleaños número once, ella solo tenía dieciocho. Fue una muerte muy dolorosa, era lo que los demás siempre repetían. Y nadie se dio cuenta de que ese día no solo murió Janaan, Iudar murió con ella.
El aire comenzó a dejar de acceder a sus pulmones, se sentía más que sofocado, los gritos dejaron de hacerse presentes, para dar paso a un silencioso llanto, odiaba esto, odiaba llorar y sentirse débil, odiaba no poder despertar de un sueño tan absurdo.
Deseaba despertar de su infeliz recuerdo.
"No lo es"
Lo era, la tristeza se podía vislumbrar en cada rincón de esa imagen frente a él.
"No es así"
Cerró con fuerza sus ojos, esperando que la pesadilla terminara.
"Ábrelos y mira"
Ya no quería mirar nada más, eso solo le haría recordar, cuan infeliz fue, cuan infeliz es, y cuan infeliz será.
"Tus recuerdos son… momentos llenos de felicidad"
"— ¡Cállate!"
—Eres estúpido. —Una joven de cabellera azabache le miro desde arriba.
— ¿Eso cree señorita? —Una dulce sonrisa. Y un sonrojo involuntario por parte de la joven.
—Puedo saberlo con tan solo mirarlo. Tch. —Rechisto haciendo una mueca de enfado.
—Así como yo puedo saber que su ropa interior es de un lindo color rosa. —Respondió el joven quien hasta ese momento no se había movido de su lugar, su parpado comenzaba a hincharse y la sangre seguía saliendo de su labio partido. El dolor que se propagaba por su cuerpo era tal que no le permitió ponerse de pie. La joven enojada y avergonzada tomo con fuerza su vestido tratando de cubrirse, no sin antes patear la cara del chico.
—Pervertido. —Gritó furiosa mientras salía corriendo de ahí.
Amancio rio con ganas, lo que provoco que se doblara del dolor debido a los golpes que había recibido con anterioridad. A lo lejos la joven le miro con el ceño fruncido, no había pedido su ayuda, pero ahí estaba él, tendido en el suelo sin poder levantarse y entonces ella lo había golpeado, no pudo agradecerle como debía, después de todo ella no era muy buena en demostrar cualquier sentimiento que no fuese desagrado e ira.
Apretó contra su pecho el peluche que a duras penas mantenía la cabeza en su lugar.
—Es un chico realmente estúpido. —Murmuro con un adorable carmín adornando sus pálidas mejillas y una pequeña pero dulce sonrisa en sus delgados labios.
"— ¿Qué quieres lograr con esto?"
"Lo único que necesitas es recordar"
"— ¿Para qué diablos necesitaría algo como eso? ¿Es que acaso no lo ves? Ese estúpido niño, la tonta mujer que está ahí abrazando un mugroso peluche… no soy yo"
"Te equivocas"
"—Toda esta mierda es solo un sueño bizarro."
Cerró los ojos con fuerza, se dijo a sí mismo que nada de eso era real, su mente comenzaba a jugarle de una manera dolorosa y lo único que podía hacer era desear con fuerza despertar, despertar.
"—Maldición, maldición, maldición, ¡MALDICIÖN!"
Despertó al fin, levantándose de manera abrupta, un sudor frio recorrió su sien y las manos apretaban con fuerza las sábanas blancas que le arropaban, el desconcierto era palpable en su mirada, con la respiración agitada y el estado de shock recorrió su vista por la habitación donde se encontraba, rápidamente sus fosas nasales fueron invadidas por el asqueroso olor a desinfectante y medicamentos, se encontraba en el hospital, de eso estaba seguro.
— ¿Pero qué mier…? —Un dolor punzante se alojó en su cabeza, otro más le hizo compañía en el antebrazo, donde podía ver una especie de manguera delgada conectada a una bolsa de plástico.
—Al fin despiertas. —La voz grave de Koumei se hizo presente, tal parece que había estado ahí en un largo rato, pero con la adrenalina que recibió al despertar no se había dado cuenta de su presencia. Judal le miro, esperando respuestas. —Estuviste dormido por más de un mes. —Los ojos de Judal se abrieron de sobremanera. Y entonces las enfermeras comenzaron a entrar, iban y venían, hacían su labor y Judal no comprendía que era lo que pasaba. El doctor del que estaba a cargo le reviso, le hizo preguntas "estúpidas" y finalmente le explico su situación.
—Sufriste una taquicardia ventricular, no fue de una magnitud alarmante y logramos estabilizarte con medicamento, pero entrada la madrugada sufriste un shock cardiógeno, tuvimos que hacerte una cirugía de corazón, y durante esta te reanimamos una vez, cuando terminamos tus signos vitales estaban bien, pero entraste en estado de coma.
— ¿Qué? —Judal estaba atónito.
—Judal. —Koumei hablo de manera suave, como si de esa forma pudiese calmar el estado en el que se encontraba Judal. —Solo necesitas descansar por ahora, ¿de acuerdo?
El azabache asintió.
El doctor se retiró no sin antes informar que debían de hacerle unos cuantos análisis más, al parecer la estancia de Judal se alargaría por una semana más. Koumei le dirigió una mirada a Judal, le dijo que debía descansar, pero era más que obvio que el menor no haría tal cosa.
—Le avisare a los chicos que has despertado. —Sin más Koumei le dejo.
Judal recordó lo que Koumei le había dicho desde un principio, un mes, estuvo durmiendo por un mes. Una sonrisa incrédula se apodero de sus labios, toda esa situación debía de ser una maldita broma.
…:::…
Soltó un largo y pesado suspiro. Se asustó demasiado cuando tiempo atrás el estado de Judal se había complicado y fue aún más peor cuando le informaron que había entrado en coma. Estaba feliz de que Judal hubiese despertado, pero al mismo tiempo tenía miedo, sin Kouen, Koumei se había vuelto el hermano mayor, aquel quien debía de velar por el bienestar de la familia, y la condición de Judal fue el detonante que le hizo abrir los ojos, por fin se dio cuenta de la gran carga que ponía sobre sus hombros, pero al mismo tiempo Kougyoku le hizo ver que estaba parcialmente equivocado.
Todos eran una familia y el apoyo debía de ser mutuo.
Tomo una gran bocanada de aire, la dejo salir de manera pausada y a paso lento se dirigió a la salida del hospital, debía de hacer una llamada, tenía que dar las buenas nuevas.
…:::…
— ¡Judal-chan! —Kougyoku entro a la habitación llamándole, lagrimas gruesas recorrían sus mejillas y su nariz estaba completamente sonrojada, se abalanzo contra Judal, abrazándole de sobremanera y llorando como nunca antes le había visto. —Estaba tan preocupada, creí que ya no despertarías y Hakuryuu ha estado tan triste, la casa no es lo mismo sin ti, tenía que escuchar tus insultos y…
— ¡Maldición vieja! ¿Acaso no ves que estoy en recuperación? Deja de lloriquear, es molesto, y no me abraces así. —Reclamo con enfado mientras su hermana se incorporaba y le miraba con ojos anhelantes, sorbiéndose el moco que amenazaba con caer y limpiando sus lágrimas con la manga de su suéter, Judal le miro con fastidio, pero ciertamente era agradable saber que Kougyoku se había preocupado por él, aunque el pensamiento le resultaba bochornoso. Nunca admitiría que era feliz por eso.
—Estoy muy feliz, de verdad estoy muy feliz de que Judal-chan este de nuevo con nosotros. —Entre sollozos e hipos no muy gratos Kougyoku expreso su felicidad y Judal no pudo evitar suspirar con resignación, tal vez en un futuro se arrepentiría de ello, pero parecía que kougyoku lo necesitaba, para saber que era real, que había despertado y estaba hablando con él.
Judal extendió los brazos cuidando que el suero no se moviera tanto, no se acostumbraba a la sensación y esa mierda dolía como el infierno.
—Está bien, puedes abrazarme. —Kougyoku le miro, temerosa de que fuese una mala broma, pero la mirada de Judal le dejo en claro que estaba hablando en serio, la sonrisa de Kougyoku no se hizo esperar y con lentitud se acercó hasta su hermano, y le abrazo como cuando le encontró solo en el balcón, mirando la Luna anhelante. El azabache se sintió querido y feliz.
Era algo que se guardaría.
…:::…
—Kouha-chan no ha podido ingresar por ser menor de edad, pero me dio un mensaje para ti. —Decía Kougyoku mientras jugueteaba con las hebras de su cabello, sentada en el sofá dispuesto frente a la cama de Judal, este se encontraba sentado, apoyando su espalda sobre las almohadas y con la cabeza ligeramente separada de estas.
—"Ya era hora" eso dijo.
Al azabache no le sorprendía, pero conociendo a Kouha esa era su manera de decirle que estaba ¿feliz? Por su recuperación.
—Hm. —Fue su única respuesta. — ¿Y Hakuryuu?
Kougyoku guardo silencio, apretó los labios con fuerza y sus ojos comenzaron a aguarse nuevamente, carraspeo un poco, tratando de alejar su malestar ante la mención de su primo.
—Hakuryuu-chan… él tuvo que viajar a Inglaterra, se fue hace dos días.
— ¿Ha?
—Hakuyuu-nii… murió. —Apenas y había sido audible, Kougyoku bajo la cabeza con tristeza, intentando controlar una vez más su insistente llanto. Judal solo pudo recostarse de nuevo, miro al techo sin ninguna emoción en particular, muy dentro de sí, estaba un tanto preocupado por Hakuryuu.
—Ya veo.
El silencio los acompaño por un tiempo prolongado.
…:::…
—No es como me hubiese gustado, pero no podemos hacer demasiado sobre eso ¿verdad? —Una risilla escapo de sus labios.
Kouen le miro, ciertamente fue muy apresurado, de hecho el descuido fue de ambos y se maldecía una y otra vez por haberse privado de sus sentidos y dejar que Hakuyuu se privase también, ahora sobre la mesilla de la sala, se encontraba su acta de matrimonio.
—Esto no es gracioso. —El ceño fruncido de Kouen dio paso a más risas por parte del mayor.
— ¡Pero lo es! Aunque también me siento un tanto extraño, además la próxima revisión es mañana. Demonios. —Maldijo por lo bajo. —Tendré el regaño de mi vida, fácilmente descubrirán que ingerí alcohol. —Decía el azabache mientras se lamentaba.
—Hakuyuu… —Kouen le miraba, la culpa estaba plasmada en su cara y el azabache se sintió mal por ello, Kouen no era culpable de nada, los dos tenían cierta responsabilidad en ello. —Lo lamento, debería de ser más cuidadoso, yo… —Sus palabras fueron acalladas por los labios del mayor, el azabache le miro directamente y por primera vez desde que se habían dado cuenta de su pequeño desliz, se permitieron reír como si su vida dependiese de ello, los dos eran unos completos tontos, pero también existían cosas que les complementaban y era por eso mismo que se amaban con tanta intensidad.
—Necesitas llamar a casa. —Hablo Hakuyuu, Kouen le miro con una ceja enarcada. —Avisaste a Kougyoku de nuestra boda, seguramente tenían planeado venir para la ceremonia, ayer antes de que saliéramos recibí una llamada del Tío Koutoku. —Kouen abrió los ojos con sorpresa, estaba a punto de decir algo, pero el azabache se lo impidió. —Dijo que estaba feliz por nosotros y que no me preocupara por mi padre, además me pidió que te hiciera saber que podías volver cuando quisieras, también… sabe de mi enfermedad. —Kouen frunció el ceño. —Me sorprendió mucho ¿sabes? Kouen… Tu padre… les quiere, a tus hermanos y a ti, incluso a mis hermanos, no ha sabido demostrar su amor como se debería, pero incluso puedo decir con seguridad, que él fue mejor padre que el mío. —Menciono Hakuyuu con un deje de tristeza.
Kouen le abrazo, las palabras de Hakuyuu le hicieron ver un poco del buen hombre que se escondía en su padre. Tal vez, huir no había sido la mejor decisión.
No.
Huir fue la mejor decisión que había tomado, porque gracias a ello conoció a Hakuyuu.
…:::…
—Entiendo.
— ¿Sucedió algo? —Pregunto con preocupación.
—Judal está hospitalizado. Lleva tres semanas en estado de coma. —Las palabras salieron lentas, como si con ello estuviese tratando de rectificar que lo que decía era verdad, Hakuyuu dejo lo que estaba haciendo en la cocina y corrió hasta Kouen para tomar sus manos con suavidad.
—Debes ir. —Fue lo único que respondió, mientras le miraba directo a los ojos.
—No puedes viajar en tu estado.
Hakuyuu meneo la cabeza pausadamente, dándole negativa a sus palabras.
—Solo tú. —Respondió con una tierna sonrisa.
Kouen frunció el ceño, últimamente lo estaba haciendo muy seguido, las conversaciones que estaba manteniendo con Hakuyuu no hacían nada más que hacerle sentirse incómodo. Por alguna razón, su corazón se estrujaba cada vez que su pareja le miraba con esa sonrisa en el rostro, una sonrisa llena de amor y comprensión, antes las amaba, pero ahora estaba seguro de que significaban algo más.
—No te dejare solo.
—No te estoy preguntando. —Respondió mientras le abrazaba y apoyaba su cabeza contra el pecho del pelirrojo. —Estaré bien, tus hermanos te necesitan.
—Koumei lo hará bien.
—Koumei apenas ha ingresado a la universidad, Kouen tú…
—No lo hare.
—Bien. —Con fuerza se alejó de él, agarro las llaves que reposaban en la mesita del centro y camino con rapidez hasta la entrada, tomo su abrigo del perchero y salió dando un portazo. El pelirrojo tardó en reaccionar, salió en su búsqueda tan rápido como pudo, pero no le encontró, desesperado llamo a su celular pero la línea estaba muerta, Hakuyuu lo había apagado.
…:::…
— ¿Se encuentra bien?
Una voz suave pero masculina le hablo con preocupación, Hakuyuu había salido disparado de su departamento, sabía que Kouen le seguiría así que bajo por las escaleras de emergencia y corrió rumbo al parque más cercano, en su condición fue demasiado difícil y doloroso. Ahora estaba jadeando, sus pulmones le ardían como el infierno su respiración era más que difícil. Inclinado hacia el frente apoyado sobre sus rodillas, Hakuyuu no podía ver nada más que el asfalto y unos pies ajenos cerca de él.
— ¡Aa! ¡Tal vez esto pueda ayudar! —El mayor veía como varios vegetales eran puestos en el suelo y una bolsa de papel le era entregada. —Aquí. —Si eso era una buena idea, pero de repente los músculos de sus brazos manos se tensaron impidiéndole levantarse.
Ante la dificultad que el azabache estaba presentando, el joven desconocido se tomó la libertad de tocarlo, con cuidado le sostuvo para sentarlo en el frio piso una vez cumplido el cometido levanto un poco el rostro en agonía del azabache, deslizo la bolsa de papel hasta su boca.
Uno, dos, tres.
Uno, dos, tres.
Poco a poco su respiración comenzó a estabilizarse.
— ¿Se encuentra mejor?
Hakuyuu no se había dado cuenta hasta ahora de la apariencia de su salvador. Un chico rubio de no más de 16 años, posiblemente la misma edad que Hakuryuu.
—Gracias. —Respondió mientras alejaba con cuidado la bolsa de papel.
— ¡Lo siento yo…! ¡Perdone que me haya tomado tantas libertades, pero usted se veía tan mal que…! Yo de verdad… lo siento… y… emm —El nerviosismo en el muchacho era palpable.
—Gracias por ayudarme. —Repitió, en un intento de que aquel chico dejase su nerviosismo a un lado. Trato de poner la mejor de sus sonrisas, pero hasta eso le estaba costando un poco. —Y… lamento lo de tu bolsa. —Decía mientras miraba en dirección de los objetos que esta contenía.
— ¡Oh! —Respondió el joven desconocido dándose cuenta de ese pequeño detalle. —No se preocupe, los guardare en mi mochila, ¿Necesita ayuda con algo? —Pregunto el joven rubio.
—Solo… ¿podrías acompañarme un momento?
El chico lo pensó un poco, tenía que llegar a su departamento, debía terminar de desempacar y eso le llevaría el resto de la tarde, además estaba por recibir una visita, pero el hombre a su lado se veía desolado, su semblante se mostraba demacrado y cansado, tal vez solo necesitaba hablar con alguien ajeno a él, cosa muy difícil de realizar, puesto que nunca se puede estar seguro del tipo de persona que te encontraras.
—Lo siento, fue muy grosero de mi parte.
—Lo haré. —Respondió casi gritando, después se avergonzó. —No creo ser de mucha ayuda y… bueno He dicho que lo haré, pero… emmm.
—No será mucho tiempo, gracias… tu nombre…
—Alibaba, Alibaba Saluja. —Respondió con una sonrisa amigable y sincera, Hakuyuu no pudo evitar sonreír en respuesta.
—Mi nombre es Hakuyuu, HAkuyuu Ren.
…:::…
Notas: Pues, las desgracias caen sobre mi persona, pero les doy la espalda y me rio de ellas, aunque la última no la pude evitar, mi gato murió y el bajón que sufrí fue horrible, sufrió mucho y pues me culpo por ello u.u.
En fin, espero que les haya gustado un montón y muchas gracias a las hermosas personitas que se tomaron la molestia de leer hasta aquí, me hace muy feliz saber que ha sido de su agrado. Nos leemos pronto.
