MANZANA NEGRA

NOTA DEL AUTOR – Mi agradecimiento a todos esos lectores ninja que siguen la historia sin dejar apenas rastro; incluso después de medio año sin haber recibido ni un solo comentario, saber que todavía hay gente interesada en esto me anima (aunque sea algo) a continuar escribiendo, a pesar de todos los obstáculos.


CAPÍTULO 21EREN (III)

Publicado el 9-10 de febrero de 2018, con una extensión de 3.904 palabras.


El primer impulso de Mikasa, naturalmente, fue lanzarse disparada (casi como una flecha) hacia el centro de aquel claro; ahora sí, podía ver la figura de Eren (sabía que se trataba de él), que parecía estar apoyado sobre un tocón, en mitad de aquel espacio despejado entre los árboles nevados.

Sin embargo, aquel impulso fue rápidamente contenido por algo… o más bien alguien.

Al principio, la joven oriental no daba crédito, ni siquiera entendía lo que pasaba; después logró apartar la vista del claro y la posó, todavía desconcertada, sobre una mano enfundada en cuero negro, la misma que en ese momento le sujetaba.

Su mirada continuó ascendiendo, aún incrédula, por aquel osado brazo, envuelto en una blusa blanca; la manga, a su vez, parecía perderse bajo esa capa gris, tan característica y que ella conocía tan bien.

Y desde luego, resultaba todavía más inconfundible esa bufanda roja, que aún oscilaba suavemente, apuntando en la dirección en que se encontraba Eren.

Pero en lo que más se centró la chica de Shiganshina, en ese instante, fue en la expresión de Sasha: una curiosa mezcla de temor y determinación; la de alguien que tenía miedo y, aun así, había decidido hacer lo correcto (o al menos lo que ella consideraba "correcto").

Sin embargo, que Mikasa fuese capaz de apreciar aquellos detalles en ese momento, no le impidió actuar de manera más bien instintiva y primaria.

Sólo tardó unos segundos en darse cuenta de que el gruñido que se oía de fondo provenía de ella misma. ¡Como si fuese una loba, una bestia salvaje!

A pesar de ello, Sasha no desistió y continuó sujetándola del brazo; sí retrocedió un paso, tratando de poner algo más de distancia entre ellas, mientras se llevaba la otra mano hacia atrás, como buscando un arma a sus espaldas.

De hecho, la expresión de la Cazadora fue adquiriendo un matiz cada vez más oscuro; como si, en vez de asustada o resignada, se sintiese ahora enfadada.

La muchacha castaña, de algún modo, conseguía que emociones aparentemente tan contradictorias como "serenidad" y "fiereza" resultasen compatibles; claro que tampoco era la primera vez que lograba algo así.

Al final, Mikasa terminó calmándose; lo suficiente como para ya, al menos, dejar de gruñir.

–Oye, tú –susurró, conteniendo a duras penas la tensión en su voz; miró un instante la mano que aún le sujetaba, antes de volver a centrarse en el rostro de su compañera–. Suelta.

Sasha le hizo caso, pero no de inmediato; y de alguna forma, se las apañó para seguir reteniéndola, aun tan sólo con la mirada.

Por un instante, lo único que se oyó fue el agitado sonido de su respiración.

Después, en cambio, la chica de Dauper no se limitó a "decir tres o cuatro verdades"; las espetó, como si estuviese haciendo un esfuerzo para no arrancarle la cabeza.

–Por supuesto, era de esperar… Ves a Eren y lo primero que se te ocurre es tirarte encima de él. ¡Naturalmente!

¿Disculpa? –replicó Mikasa, con voz tan gélida como la nieve que les rodeaba.

–¡Tú misma lo dijiste antes! –Sasha parecía todavía más frustrada–. Que aún no estamos fuera de peligro, que en este lugar puede pasar cualquier cosa, que no debemos bajar la guardia…

Mikasa contuvo un instante la respiración; desde luego, si aquéllas no eran las mismas palabras, sonaban bastante similares.

–Y no es sólo eso –continuó la Cazadora, con expresión más tranquila (y también preocupada)–. Ya antes te noté un poco rara, no creas que no me di cuenta. No quise decir nada entonces, pero ahora… –de repente su mirada se volvió más sombría–. Fue por Eren, ¿verdad? Otra vez.

–No es asunto tuyo –susurró Mikasa sin mucha convicción, ni la frialdad de antes; vinieron de nuevo las dudas y los remordimientos, la culpa que antes le había hecho sentirse como un monstruo por haber deseado que Eren muriera.

–¿Y cómo no va a ser asunto mío? –Sasha dejó entrever un tono de dulzura en su voz; también un ligero temblor, como si estuviese dolida–. Ya sabes lo que eres para mí… ¿Cómo no voy a querer protegerte, de lo que sea que te esté haciendo daño?

Aquel sentimiento resonó (en realidad de manera no tan inesperada) en el interior de Mikasa; al fin y al cabo, antes se había prometido a sí misma que haría lo que fuese necesario, precisamente, para proteger a su amiga. Y sin embargo…

–¿También te refieres a "protegerme" de ti misma, del daño que me puedas hacer? Porque, que yo sepa, ¡Eren todavía no me ha atravesado de un flechazo!

Nada más decirlas, se arrepintió de aquellas palabras. "¿Cómo he podido ser tan cruel?"

Sasha retrocedió un solo paso; y por un instante, su respiración se hizo mucho más pesada, aunque no tardó demasiado en volver a controlarse. A primera vista, la expresión ligeramente frustrada de su rostro (la de alguien cuya paciencia estaba siendo puesta a prueba) no parecía haber cambiado tanto; pero bajo las cejas fruncidas por la indignación, sus penetrantes ojos castaños brillaban con la intensidad de quien a duras penas contenía las lágrimas.

Y una vez más, Mikasa se sintió aplastada por el peso de una culpa abrumadora, como si fuese el ser más despreciable que jamás hubiese caminado sobre la faz de la tierra.

"¿Por qué tengo que hacerle siempre daño a las personas que más me importan? Sasha acaba de decirlo, sólo quiere protegerme… Cierto que se interpone en mi camino, pero no creo que sea por celos."

Sin embargo, Mikasa no podía evitar aquella irritación, ante el hecho de que Eren estaba justo ahí al lado y Sasha era lo único que todavía le separaba de él. "De verdad, quiero creer que ésa es la razón por la que estoy actuando así. Que en realidad no soy un monstruo…"

La oriental se restregó la cara con la palma de su mano enguantada; después se peinó los cabellos con sus dedos desnudos. Fue haciendo una serie de respiraciones profundas, centrándose en mantener el ritmo y recuperar la calma; por un momento, dejó de ver a Sasha, a pesar de que la tenía justo enfrente.

Mikasa volvió a ajustarse con aire ausente su capa gris y su bufanda roja; reparando una vez más en aquel lazo (en realidad no tan invisible) que compartía con su compañera.

Sasha continuaba observándola, con expectación y cautela; con aquella angustia todavía, en sus dolidos ojos marrones.

Un dolor que, quizás, no era sino reflejo de ese otro lazo que ambas compartían; cada una de ellas, sintiendo a la vez lo propio y lo ajeno.

"Sasha se dio cuenta antes. Por eso hizo lo necesario, para aliviar ese sufrimiento, el mío, el nuestro… Así que ahora me toca a mí, hacer lo que haga falta, para que ella deje de sufrir. Sobre todo cuando he sido yo quien le ha provocado esa angustia.

"Además, si no lo hago, entonces me estaré convirtiendo en una de las peores hipócritas posibles. ¿No le acusé hace un momento de que no estaba dispuesta a protegerme de sí misma? ¡Pues no voy a hacer justo ahora eso de lo que le acusaba!

"Dije que la protegería y pienso hacerlo. Incluso de mí misma. Especialmente de mí misma."

–Sasha, yo… –Mikasa se interrumpió al poco de comenzar.

Le había puesto una mano encima del hombro a la chica de Dauper, con ánimo de reconfortarla; pero el ligero temblor que empezó a sacudir su cuerpo, junto con la repentina inquietud que apareció en su mirada, revelaron con estremecedora claridad lo que verdaderamente pasaba.

Sasha tenía miedo; estaba asustada… asustada de ella.

Mikasa sintió que aquello dolía, más de lo que había creído posible. "Aunque, desde luego, le he dado motivos para temerme… Ya antes, durante el combate, ¡no es que lo tuviese todo precisamente bajo control! Las cosas que podría haberle hecho, si la hubiese atrapado entonces…"

Y de nuevo vinieron las dudas, los remordimientos… pero esta vez Mikasa no se dejó embargar por aquella oleada de autocompasión; era lo último que necesitaban, justo en ese momento.

"Ahora no se trata de mí. Se trata de Sasha. Y por ella, yo… Estoy dispuesta a hacer lo que haga falta. A decir lo que haga falta. ¡Especialmente si es verdad! Por mucho que me cueste…"

Lo siento –susurró Mikasa con suavidad, casi ternura, desde el fondo de su corazón.

Parecía mentira, el efecto que podían tener tan sólo dos palabras. Fue como si de pronto se despejase el aire; ya sin aquel ambiente tan enrarecido entre ambas, costaba mucho menos respirar.

Aun así, la joven oriental sabía que la situación no iba a resolverse con tanta facilidad.

–A veces, con decir "lo siento" no basta.

Su amiga castaña lo confirmó con aquella contestación, pronunciada en voz baja; a punto de quebrarse, triste e implacable a un tiempo.

"Lo sé, Sasha, lo sé… Pero duele. Supongo que me lo merezco…"

La cazadora de Dauper ya no le miraba directamente; sus ojos marrones parecían perdidos en algún punto lejano. "Es como si me estuviese atravesando… Quizás sea mejor así. No sé si podría soportarlo, seguramente me sentiría arder…"

Aunque en otras circunstancias, no le habría importado sentir cierta clase de fuego sobre su piel… "No, Mikasa, ahora no es el momento. ¡Céntrate!"

Meneó ligeramente la cabeza, sin llegar a sonrojarse, de algún modo; acaso porque la situación era demasiado seria para ello.

–Por favor, Sasha… Antes me decías "háblalo con él", ahora en cambio te pones así, nada más verle… No sé qué está pasando, necesito que me ayudes a entender

La Cazadora todavía permaneció unos instantes en silencio; largos segundos, que se iban haciendo cada vez más incómodos, mientras su mirada distante parecía centrarse en algo más allá de los mil metros.

La oriental empezaba a creer que ya no recibiría contestación alguna, cuando de pronto…

–Lo que me dijo Eren –susurró Sasha débilmente–. Lo que me hizo.

La Cazadora volvió a clavar sobre ella sus ojos castaños, tan brillantes que casi parecían dorados.

Y verdaderamente, Mikasa creyó sentir en ese momento auténtico fuego consumiendo su alma. Por un instante, su mundo se redujo a un dolor extrañamente gozoso. Aun así, no apartó la mirada. "Es lo mínimo que le debo. Además… Pase lo que pase, para bien o para mal, me lo merezco."

Aquello reforzó su determinación; y puesto que aún tenía una mano encima del hombro de su amiga, aprovechó para darle un pequeño apretón, para reconfortarla…

Y una pequeña sonrisa asomó a sus labios, al ver que esta vez sí lograba su propósito.

Sasha fue dejando de temblar; ya se le veía mucho más decidida, parecía haber desaparecido su incertidumbre. Mikasa también iba sintiéndose más serena, dispuesta a escuchar lo que tuviese que decirle su compañera; con paciencia, aunque no fuese lo que preferiría oír en ese momento.

–Quiero creer que Eren, por sí solo, nunca se habría portado así conmigo… –Sasha continuó susurrando, algo inquieta, pero ya sin la misma debilidad de antes–. Que en realidad fue Eso quien lo hizo, quizás valiéndose de una parte de sí mismo… –se mordió un instante el labio, aunque luego levantó una ceja en ademán tan furioso como burlón–. Esa oscuridad, que en el fondo todos tenemos en nuestro interior. Supongo que ya sabes muy bien a qué me refiero, ¿verdad?

Aquel súbito tono, cargado de sarcasmo, descolocó momentáneamente a Mikasa, mas no tardó en recuperarse; contuvo un segundo el aliento, antes de volver a dejarlo escapar, esforzándose en mantener la calma.

"Mejor morderme la lengua, que morder ese anzuelo. No quiero hacer sufrir más a Sasha con el tema de nuestra pelea. Si me paso todo el rato echándole en cara lo de la flecha que me disparó, ¡entonces sí es verdad que nunca llegaremos a ninguna parte! Incluso si lo de ahora me lo ha dicho un poco para fastidiar, también es cierto que fue ella precisamente quien me rescató de mi propia oscuridad, con el truco de la barra de pan."

Al final no dijo nada y se limitó a asentir con la cabeza. Su compañera prosiguió, ya sin tanta acritud, sonriendo de nuevo.

–Tú llegaste después de aquello, pero… Oíste cómo me pedía perdón, ¿verdad? No creerías que iba a ser por nada…

Una vez más, Mikasa asintió silenciosamente. Esa parte sí la recordaba; aunque tenía que reconocer que, en aquel momento, todavía estaba bastante conmocionada.

"Lo primero que vi, al llegar a este mundo, fue que Eren parecía haber muerto… Pero reapareció enseguida, de una sola pieza, con aquella presencia tan imponente, aquel aspecto tan pleno y tan puro… ¡Con razón no me enteré luego ni de la mitad de lo que decían! Sencillamente aún estaba demasiado aturdida."

Y justo entonces la Cazadora frunció el ceño, como si de algún modo (y quizás en efecto así fuera) pudiese leerle el pensamiento.

–Mikasa, tú misma admitirás que, tratándose de Eren, no eres precisamente muy objetiva que digamos… Además, seguramente él sea una de las pocas personas con las que te atreves a bajar la guardia. ¿Entiendes ahora que me preocupe? –Sasha volvió a morderse el labio inferior; el temor era claramente visible en su rostro–. ¿Y si Eso le posee otra vez y le utiliza para hacerte daño? ¡No quiero que te pase lo mismo que a mí!

"Entonces tenía yo razón," reflexionó la mestiza oriental para sus adentros. "No son celos, o al menos no sólo, ella simplemente quiere protegerme."

Mikasa sintió una cálida satisfacción extendiéndose por su pecho, al pensar en la faceta más defensora de su amiga. "Por otro lado, su intuición no nos ha fallado antes… Quizás ahora también sea acertada."

–¿Qué te dice tu instinto, Sasha?

La muchacha de Dauper abrió considerablemente los ojos, sorprendida por aquello. "¿Acaso no se lo esperaba?" Mikasa hizo una leve mueca, mezcla de incredulidad y fastidio. "¿Tan raro es, que me interese saber su opinión?"

Sin embargo, la Cazadora se recuperó pronto y le observó con inusitada atención.

–¿A qué te refieres exactamente? –preguntó a su vez, muy seria.

–Sabes que tengo que hacer esto… –Mikasa aprovechó que aún tenía la mano sobre el hombro de Sasha; le dio otro pequeño apretó, tanto para reconfortar como para darle más peso a sus palabras–. Necesito hablar con Eren, no sólo por lo que tú me dijiste antes, en realidad ya se lo debo desde que… –se mordió un instante el labio–. Pero si de verdad crees que es mala idea, que ahora no es buen momento porque hace tiempo que no vemos a Eso y puede que le haya vuelto a poseer, que todavía es arriesgado y corro peligro, entonces… ¿Me ayudarías a buscar una alternativa?

La cazadora castaña no contestó de inmediato; se quedó callada unos segundos, con expresión concentrada.

–Tal vez no haga falta –dijo finalmente.

Sasha colocó una mano enguantada sobre la que aún reposaba en su hombro; apretó con delicadeza, sonriendo amablemente, antes de apartarla con suavidad.

La joven de Shiganshina todavía permaneció unos instantes con la mano en el aire, sin saber que hacer con ella; terminó metiéndola entre los pliegues de su bufanda, para evitar el frío, aun echando ya de menos el cálido contacto con su compañera.

Mientras tanto, Sasha fue cerrando lentamente los ojos y se retiró con cuidado un par de pasos; después se giró a un lado y a otro, respirando profundamente, con sonoras inspiraciones.

"O eso, o acaso está olfateando el aire, ¡como un sabueso!" Mikasa no pudo evitar una sonrisa, al mismo tiempo que levantaba una ceja, ligeramente extrañada. "Quién sabe, con ella todo es posible…"

Sasha no tardó en darse de nuevo la vuelta, con un brillo de determinación en sus ojos castaños.

–Bien, de acuerdo… No sé por dónde andará Eso exactamente, pero quien está ahora mismo en el claro es Eren.

Mikasa se sintió más extrañada todavía con aquello. "¿Y ya está? ¿Así de fácil? No pensé yo que sería tan rápido…"

Sin embargo, por alguna razón, la Cazadora pareció tomarse a mal aquella reacción.

–A ver, qué pasa –gruñó Sasha, frunciendo el ceño–. ¿Tanto te cuesta creerme? ¿Por qué iba a mentirte sobre esto?

La oriental se quedó aún más aturdida, al oír el eco de la misma acusación que ella había dirigido antes mentalmente contra su amiga; no fue capaz de interrumpirle a tiempo, para aclarar de inmediato el malentendido.

–Por mucho que te sorprenda, ¡no quiero evitar a toda costa que hables con él! –Sasha empezó a caminar de un lado para otro, gesticulando con los brazos, cada vez más agitada–. Sé que es muy importante para ti, que necesitas hacer esto. ¡Lo supe incluso antes de que tú me lo dijeses con esas mismas palabras! ¿Crees que no me había dado ya cuenta? ¡Y quiero ayudarte, de verdad! Pero no puedo remediarlo, ¡aún tengo fresca en la memoria la agonía que me hizo sentir Eso! Y te aseguro que no son recuerdos a los que me gustaría aferrarme… ¡Aun así! A pesar de todo, pienso ayudarte con esto, ¡por mucho que me cueste! Claro está, no significa que vaya a abandonar ahora toda cautela, de golpe, sólo porque-

A veces, podía decirse más con acciones que con palabras; y por eso Mikasa actuó.

Se acercó a su amiga, lenta pero decididamente, y colocó una de sus manos encima de cada hombro; haciéndola girar suavemente, hasta volver a tenerla enfrente.

Por un momento, no dijo nada; se limitó a observarla, con serenidad en la mirada, fijando sus propios ojos negros en aquellos orbes castaños (tan expresivos, tan brillantes, tan bonitos), procurando transmitirle la misma calma que sentía ahora de algún modo.

No estaba segura de haberlo conseguido; a juzgar por el leve sonrojo de la cazadora, o la forma en que tragaba discretamente saliva… "Lo cierto es que estamos muy cerca. ¿Acaso demasiado?"

Sin embargo, la joven de cabellos azabaches no se apartó de ella; esta vez haría lo que debía hacerse, lo que ya debería haber hecho… lo mismo que antes, en realidad.

Mikasa le dio un abrazo a su compañera; y sintió una gran alegría cuando Sasha no dudó en devolvérselo.

Con aquellos brazos en torno a su espalda, le envolvió también una sensación cálida y reconfortante; suavidad y ternura, provenientes de una fuerza (engañosamente contradictoria) oculta por una fragilidad tan sólo aparente.

Aunque el cuerpo de la Cazadora temblaba un poco, Mikasa era consciente del poder, de la inconmensurable energía que rebosaba en su interior.

"Verdaderamente no somos tan distintas, ella y yo. Cada una apoyándose en la otra, transmitiéndonos fuerzas mutuamente…

"Los latidos que escucho ahora, ¿son los míos o son los suyos? Se confunden… Se funden."

Y estando tan cerca la una de la otra, su cabeza de la de ella (su boca, sus labios), no había problemas para que aquellos delicados susurros (como agitado revoloteo de mariposas, también en el estómago) resonasen con claridad en los oídos de ambas.

–Mikasa…

–Sí, Sasha.

–Mikasa, tengo que reconocer que estoy un poco asustada… Y aun así, quiero ayudarte. Aunque todavía dudes de mí…

–Sasha, no era eso, de verdad…

–¿Ah, no? Y entonces, ¿a qué vino esa cara de antes?

–Simplemente me sorprendió, eso fue todo.

–Bah, lo dices por decir.

–Que no, Sasha, en serio… Afirmaste de repente con tanta seguridad que Eso no estaba ahí… ¿Cómo no iba a sorprenderme?

–Ah, vaya, pues… Visto así, la verdad, ahora me siento un poco tonta…

–Sasha. No digas eso. Por favor.

–No, en serio, es que… Para mí estaba muy claro entonces, pero, ¿cómo ibas tú a saberlo? Desde fuera no podría verse tan seguro…

–¿Sasha?

–Mikasa, yo… La razón por la que sabía que Eso no estaba ahí… Bueno, supongo que cuando te han desollado viva tan sólo con palabras, después de haber estado dentro de ti

Sasha.

–¿Cómo no voy a saber entonces si Eso está ahí o no? Sólo tengo que concentrarme…

–Sasha, por favor, no hace falta que recuerdes… No te sientas obligada…

–Ja, ya es un poco tarde para eso, ¿no crees? Pero tranquila, no hace falta que te preocupes… Lo peor ya ha pasado.

–Sasha, yo… Lo siento.

–Tranquila, Mikasa. No es culpa tuya… Je, míralo por el lado bueno. Como ya sé que no es Eso quien está en el claro, no hará falta que entre allí para molerle a palos…

–…

–Porque francamente, después de nuestra pelea, y encima con todo lo que ya había sucedido antes… La verdad, no me vendría mal descansar ahora un rato. De hecho, Mikasa, será mejor que vayas tú sola. Yo todavía no estoy muy segura de cómo reaccionaré, si veo a Eren…

–Sasha, ¿quieres que me quede aquí contigo? Si lo prefieres, puedo acompañarte un rato…

–Nah, no hace falta… Lo mejor será que hagas esto de una vez, lo que tenías que hacer desde hace tanto tiempo… Quiero que lo hagas. Por Eren, por ti misma… Sobre todo por ti misma. Y quién sabe, je, ¿quizás también por mí? Porque sé que una parte de mí no se quedará tranquila, mientras tú tampoco lo estés. En cierto modo, supongo que estoy siendo un poco egoísta…

–Esto que dices… No tiene mucho sentido.

–Je, o quizás tiene demasiado, y por eso da la impresión contraria…

–Pudiera ser, Sasha, pudiera ser…

–…

–…

–¿Mikasa?

–Sí, dime.

–Creo que deberías ir soltándome…

–Sí, supongo…

–…

–…

–Mikasa.

–Dime, Sasha.

–Todavía sigues abrazándome.

–Tú también me estás abrazando a mí.

–Cierto, cierto…

–…

–…

–Sasha, no quiero soltarte. Todavía no.

–No, si yo tampoco, pero… Hay que hacer esto. tienes que hacerlo. Sabes que no te lo perdonarás, si ahora te echas para atrás.

–…

–Y además, tampoco voy a estar tan lejos. Me quedaré por aquí cerca, ¿de acuerdo? Simplemente echar un vistazo por los alrededores, comprobar que no hay nada raro… "Asegurar el perímetro", así es como lo llaman, ¿no?

–Je, supongo que sí… De todas formas, no te alejes demasiado. ¿Vale?

–Bueno, también querrás que te deje tu espacio. A ti, y a Eren, para poder hablar tranquilos… Naturalmente, si de repente encuentro algo extraño, lo que sea que no encaje, pues tendré que interrumpiros… Pero la verdad, preferiría no hacerlo.

–Sasha, ¿estás bien? Si es por lo de…

–Mikasa. No es nada. En serio. Preocúpate más por ti, ¿eh? A mí no me va a pasar nada, sólo porque nos separemos un momento…

–No sabría qué decirte, Sasha… En las historias de miedo que contamos a la luz de la hoguera, es así como suelen empezar los problemas…

–Je, ya me conoces… Tentar a la suerte, vivir al límite… ¡Me gusta el riesgo!

–…

–Bueno, supongo que en realidad no tanto. Sólo era una forma de hablar…

–…

–¿Sabes lo que que me gustaría hacer ahora? Poder sentarnos las dos tranquilamente, juntas, alrededor de un buen fuego…

–Aún nos quedan algunas noches en las que podremos hacer eso, Sasha. Por pocas que sean…

–…

–…

–Adiós, Mikasa.

–Sasha, no. No digas adiós, por favor. Es muy triste. Suena como si ya no nos fuésemos a ver más. No quiero que…

–…

–Lo siento. Sé que parece una tontería…

–No lo es, Mikasa. Para mí no lo es.

–…

–¿Prefieres que diga hasta pronto?

–…

–…

–Sí. Así está mejor.

–…

–Hasta pronto, Sasha.

–…

–…

–Hasta pronto, Mikasa.


NOTA FINAL (DEL CAPÍTULO) – Y ya está. Hasta aquí hemos llegado.

Me temo que hay un límite para lo que puedo escribir sin quemarme, sobre todo teniendo en cuenta el recibimiento más bien escaso (por no decir nulo) que ha ido teniendo este fic en los últimos meses. Continuaré la historia, desde luego; y la terminaré, eventualmente... pero eso no será hoy, ni mañana.

Prefiero dedicarme a cualquier otra cosa, porque seguir con esto es poco menos que pegarme cabezazos contra una pared. Me niego a quedarme más tiempo bloqueado delante de un folio en blanco.

¿Qué escribiré a partir de ahora? Pronto lo sabremos, si todo sale bien.

Hasta la próxima, supongo.