Disclaimer: Magi/マギ pertenece a Shinobu Ohtaka y Editorial Shogakukan

Capítulo 10 "Nunca te odie, ninguno lo hizo"

Kouen estaba harto de todo, la asfixiante relación que comenzaba a surgir con su padre y la compañía, le tenían al borde del abismo, la gota que había derramado el vaso, fue el "contrato matrimonial" que su padre había acordado con una empresa hotelera bastante lucrativa.

Así que con la mete nublada por la ira y el odio hacia su padre, más las presiones que había sufrido desde la muerte de su madre, Kouen se marchó, dejando atrás todo, incluso a sus hermanos, las únicas personas que le habían atado a "ese" lugar, las únicas personas que había jurado proteger, no merecía siquiera que le perdonasen en un futuro por haberse marchado sin decir nada. Y si había algo de lo que Kouen se arrepentía enormemente tras su decisión precipitada, fue haberlos dejado, desaparecer de un día para otro sin haberles dicho siquiera un "hasta luego".

Ni siquiera había meditado por el lugar al que iría, simplemente llego a la primera taquilla, visualizo "Inglaterra" en la pantalla de vuelos y pidió un boleto para ese mismo día –con el motivo de urgente viaje de negocios, fue un poco difícil ya que su estadía no podía prolongarse por demasiado tiempo, pero al final se las había arreglado para poder adquirir el boleto-, había corrido con suerte pues un pasajero no se había presentado a recoger el boleto.

Tomo el boleto, se aferró a este como si de una balsa en medio del océano inmenso y desolado se tratase. Solo quería respirar. Solo quería sentirse vivo, ya no quería tener la cabeza llena de tantas cosas asfixiantes, necesitaba un enorme tiempo para pensar y reflexionar sobre si mismo.

Al llegar a su destino se sintió un poco más ligero y culpable a la vez, pero ahora mismo ya no había marcha atrás, esto lo había decidido, sin medir consecuencias, sin saber que hacer exactamente en este momento.

La primera semana pudo sobrellevarla, su padre creyó que su actitud reciente se debía a su "rebeldía atrasada" así que no trató de contactarlo y mucho menos de cancelarle las tarjetas de crédito y cuentas bancarías, Kouen agradecía un poco aquello, puesto que necesitaría el dinero suficiente como para poder arreglar un visado de residencia y trabajo. Tuvo demasiados problemas para conseguirla, debido a que finalmente después de un buen tiempo su padre había decidido que ya era tiempo de que Kouen regresara y como ultimátum le había despojado de la solvencia económica. El pelirrojo contaba con una cuenta externa, de la cual su padre no sabía absolutamente nada, fue gracias a ella que pudo terminar sus trámites.

Conseguir trabajo no debía suponer algún problema para él, después de todo contaba con experiencia, tenía un buen curriculum y su manejo del Ingles era más que perfecto, el problema residía en que no estaba seguro de trabajar en un sitio similar al del que había huido.

Decidió que lo mejor, era optar por otras áreas, de esas que todavía no había explorado o pasó por alto, simplemente porque, al ser el primogénito de la familia, debía de llevar consigo la carga de manejar la empresa. Busco con ahínco, aquello que podría hacer bien, y mientras meditaba su atención fue puesta en la fotografía familiar que había traído consigo.

Su madre se le había dicho una vez, que él podía ser lo que quisiera, porque había nacido bajo una estrella prometedora y libre. Una sonrisa apagada se posó en sus labios, recordó que durante su tiempo en la escuela secundaria, después de haber visto una fotografía de Daniel Aguilar, en una revista que se había encontrado por ahí, se encontró sumergido en el mundo de la fotografía. Pero su padre le mantuvo a raya en cuanto a su "repentino interés" y así como había llegado, se fue.

Al final opto por la fotografía, al ser independiente y extranjero, fue muy difícil hacerse notar en el rubro, pero con esfuerzo y dedicación obtuvo un contrato con una revista no tan reconocida, pero que se mantenía en pie gracias a los fieles seguidores.

Ya con cuatro meses en el país y la repentina resignación de su padre, Kouen por fin se sentía en paz, el único problema era que, no sabía cómo excusarse ante sus hermanos, tenía miedo de que le reprocharan su falta y que le odiaran. Sería difícil contactarlos y pedirles perdón.

ooo

Suspiró.

Nuevamente.

Ya había perdido la cuenta de los suspiros que sin tregua alguna no dejaba de sacar.

Hakutoku había contestado la llamada, el joven solo había dicho "Hola" y al poco tiempo su padre lleno de cólera vocifero maldiciones en su contra recriminando su "falta de hombría" y la gran pérdida que habían sufrido por su culpa.

—"Maldigo el momento en que tú madre te dio a luz"

Crueles palabras que Hakuyuu estaba acostumbrado a escuchar, siempre era lo mismo. Todas las llamadas eran así, nunca le preguntaba sobre si se encontraba bien, o que tal la estaba pasando solo, ni siquiera se molestaba en ser un poco "cortes" y saludar como es debido.

Hakuyuu siempre se armaba de un valor enorme cuando llamaba hasta su casa, lo hacía, porque no le agradaba que quien contestase fuese su padre. Él llamaba con regularidad, para preguntar por la salud de su madre y hermanos e incluso su padre, pero siempre que la llamada era contestada por este, entraba en un estado de cólera, nunca le dejaba hablar, solo se dedicaba a vociferar todas las cosas malas que le podía encontrar a su hijo. Pero ya no había marcha atrás, Hakuyuu estaba consciente de las consecuencias que se desencadenarían una vez que enfrentase a su padre, una vez que afirmara ante él y su madre, su orientación sexual.

—No es como si lo odiase. —Menciono para sí mismo, mientras observaba a las personas caminar animadamente en el parque.

Clic.

El sonido de una captura le hizo mirara hasta donde está.

Un joven de larga cabellera con un brillante color borgoña y una graciosa barba del mismo color, le apuntaba con el lente de una cámara fotográfica, Hakuyuu arqueo una ceja en señal de confusión.

—¿Me has tomado una fotografía? —Pregunto el joven azabache con un deje de desconfianza.

Silencio, en lugar de obtener alguna respuesta, el joven se dio la vuelta, y emprendió su camino.

—¡Oye tú grandote con barba de chivo! —Grito Hakuyuu, mientras se levantaba de la banca en la que se encontraba sentado y corría detrás del joven pelirrojo. —Te he hecho una pregunta. —Hablo, mientras sostenía el antebrazo del hombre.

Este se giró dándole la cara a Hakuyuu, sus miradas se encontraron de manera intensa, el azabache trago grueso mientras un escalofrió recorría su cuerpo, tenía la impresión de haber visto a este joven en algún otro lugar.

—No tome ninguna fotografía tuya. —Menciono el pelirrojo mientras le entregaba la cámara a Hakuyuu con el motivo de que este la revisara y comprobara sus palabras. —Puedes verlo por ti mismo.

Y entonces el azabache se sintió como un completo estúpido, un rubor exagerado se apodero de sus mejillas e incluso de sus orejas.

—¿E-es… así? —Hakuyuu se encontraba completamente avergonzado. —L-lo siento yo… creí que.

—¿Nos conocemos?

—¿He?

—Tengo la ligera sospecha de que te he visto en algún otro lado. —Menciono el joven de barba.

—N-no n-no lo creo. —Respondió Hakuyuu con un marcado tartamudeo. El chico de cabellos borgoña, medito un poco, tal vez tratando de recordar, porque sinceramente si se le hacía demasiado conocido aquel chico que tenía enfrente.

—Trabajo.

—¿He?

—Ahora mismo estoy trabajando, así que… ¿te molestaría soltarme?

—¡Ha, lo siento yo-! ¡Lo siento, no quería-!

—Está bien, fue solo un malentendido, adiós.

Abrió los ojos lentamente, vaya que había sido un sueño agradable, la primera vez que se conocieron, muy gracioso por cierto, aun cuando eran primos hermanos* nunca se habían visto, tal vez recaía en el hecho de que Hakuyuu vivió casi toda su vida en Internados.

—¿Te sientes mejor? —La gruesa y preocupada voz de Kouen resuena entre las cuatro paredes de la habitación que comparten, tal vez no fue una muy buena idea haberse escapado de casa y haber corrido un maratón, las consecuencias estaba haciendo mella en él, ahora mismo se sentía terrible.

—El mareo ya pasó.

—No debiste haberte ido de esa manera. —El ceño fruncido de Kouen y su voz a modo de regaño le causaban cierta gracia al mayor, asi que no pudo evitar soltar una pequeña sonrisa. —No es gracioso Hakuyuu… de verdad me tenías preocupado. —Lo último fue dicho de manera más débil, el azabache se sintió un poco culpable, -pero solo un poco-, después de todo la culpa de su pelea había sido la terquedad del pelirrojo.

—Lo siento, no era mi intención preocuparte, pero de verdad que me ha molestado un poco tú actitud, debes estar con tú familia ahora mismo.

—Tú eres mi familia. —Respondió Kouen mientras sostenía la mano de Hakuyuu y la frotaba con dulzura contra su rostro. —Sé que estas preocupado, que Koumei es todavía algo joven como para afrontar la situación actual, pero… si de verdad te sientes así, entonces iré, solo… prométeme que descansaras como es debido ¿de acuerdo?

—Kouen…

El joven pelirrojo le miro a los ojos, esperando por lo que pudiese decir Hakuyuu.

El azabache estaba a punto de decirle algo con suma importancia, pero cambio de parecer.

—Quiero ir a Japón contigo, quiero ver a mis hermanos y a mi madre, por favor. —Fue una petición demasiado dolorosa para Kouen, pero el tono suplicante empleado por Hakuyuu le hizo ceder un poco. El doctor les había dejado en claro que debía de tener un descanso pleno mientras probaban el nuevo tratamiento, por lo tanto debía de alejar lo más posible, acciones que pudiesen estresar a su cuerpo. Un viaje tan largo no era precisamente algo recomendable en el estado de su pareja, pero nada podía hacer en contra de los fuertes deseos de Hakuyuu.

—Prepararé todo lo necesario para que podamos ir.

Un destello de felicidad apareció en los ojos de Hakuyuu y Kouen sabía que no había marcha atrás, Hakuyyu de verdad deseaba volver a su país de origen y ver a su familia, ¿Quién era Kouen para negarle tal deseo?

Un beso casto y simple en los labios, fue lo último que compartieron esa noche. Kouen tenía muchas inseguridades respecto al viaje que realizarían.

ooo

—Así que… en pocas palabras ayudaste a alguien y te quedaste platicando con esa persona hasta que prácticamente el sol ya estaba oculto.

—¡De verdad lo siento mucho! Pero esta persona se encontraba muy mal ¿sabes? Y yo no podía simplemente mirar y dar la vuelta.

—Je. —Una sonrisa por parte de su invitado, Kassim no estaba molesto en lo absoluto, su amigo era muy sincero y de corazón noble, así que no había motivo alguno como para dudar de su palabra y mucho menos enojarse por la buena acción que el rubio había hecho. —Está bien, no soy quien para reclamarte algo, además no era como si de verdad quisiera ir a ver esa película, podemos ir cualquier otro día.

La mirada de Alibaba se ilumino.

—¡Oh Kassim! ¡De verdad que eres el mejor! —Exclamo el joven rubio mientras se arrojaba a su amigo, dándole un asfixiante abrazo.

—¡Detente idiota, moriré!

Risas estruendosa por parte de los dos, ciertamente era gratificante tener a una persona conocida en un lugar completamente desconocido. Aunque la nostalgia solía invadirlo algunas veces, extrañaba a sus queridos amigos, separar sus caminos fue demasiado doloroso para él.

ooo

—¿Ya se encuentra mejor tú hermano, Kouha? —La voz de Aladdin fue suave y un poco insegura, no creía que estuviese muy bien sacar el tema de la nada, pero no podía evitar querer saber de la situación y en medida, hacer lo posible que estuviese en sus manos, para levantarle el ánimo a su amigo.

Sheba siempre le decía que lo mejor en estos casos era sincerarse con las personas involucradas, apoyarlas de manera incondicional y más si se trataba de alguien importante.

"Nunca muestres compasión desmedida y mucho menos fingida, porque sería como decirle a la persona que está sufriendo, que su dolor jamás se irá"

"Sonríe y pregunta por cómo se siente, nunca trates de entender al cien por ciento sus corazones, porque aunque pongamos nuestros sentimientos en palabras nunca lograremos comprendernos".

—Kougyoku dijo que Judal está dormido, no saben cuándo va a despertar. —Respondió Kouha de manera automática, en el poco tiempo que llevaban juntos Aladdin pudo saber que Kouha estaba triste por la situación.

—Eso significa que despertará en algún momento ¿no es cierto? —Respondió el pequeño de orbes azules.

Y solo eso basto, para que Kouha sonriera de manera sincera.

—Es cierto, Judal despertará.

ooo

—No necesitas venir al hospital todos los días Kougyoku. —Koumei sorprendió a su hermana nuevamente, antes le había dicho que él se encargaría de Judal, pero al parecer, la joven quería estar cerca de su hermano. Las enfermeras ya le habían comentado, que Kougyoku llegaba directo de la escuela, el primer día pregunto sobre los cuidados que debía mantener con su hermano, ellas muy amablemente le explicaron los procedimeintos a seguir y del como tenía que llevarlos a cabo, después de todo, las enfermeras debían atender a más pacientes y su tiempo entre cada uno era reducido, habían cosas que ellas no podían hacer en un cien por ciento. Fue un trabajo demasiado duro para Kougyoku, pero era algo que debía y quería hacer.

—Y-yo, no puedo dejar a Judal-chan, además… Koumei-nii, debes de estar cansado por los trabajos de la universidad, así que y-yo… además salgo más temprano que tú y-

—No se trata de si estoy cansado, tú también debes de cumplir con la escuela, normalmente esto es algo que yo debería hacer, y Kouha… ¿has pensado en él? Se queda solo después de clases, no es que sea extraño, pero…

—Kouha-chan esta con Aladdin-chan, cuando le dije sobre el estado de Judal, insistió en que estaría bien, yo no podía dejarlo así nada más, así que Aladdin-chan sugirió que podía quedarse en su casa mientras yo venía al hospital, le dije era demasiado y tal vez a sus padres no les gustaría, pero la señora Sheba ha dicho que está bien, entonces yo vengo y después voy por Kouha, asi que-

—Kougyoku. —Interrumpió Koumei mientras se sobaba con cansancio el puente de su nariz. Su hermana había hablado de una manera atropellada y le había costado un poco seguir el hilo de la conversación. —Está bien, pero podemos turnarnos, ya es demasiado con los quehaceres que haces en la casa y además tienes tareas por hacer, últimamente te has visto un poco mal, no quiero que enfermes, que alguno de ustedes enferme.

Kougyoku se sintió mal por haberle causado preocupación a su hermano.

—Lo siento.

—Soy yo quien debería de pedir disculpas, además… Padre también ha venido así que no te sientas obligada a venir del diario.

—No me siento obligada, lo hago porque quiero mucho a Judal-chan. —Exclamo la joven.

—Vale, error mio, lo que intento decir es que, somos familia ¿de acuerdo? Todos nos debemos de apoyar, asi que los cuidados de Judal no deben recaer solo en ti, ¿está claro?

—Si.

ooo

—¡He aquí mi receta secreta! Sé que te encantaran estas galletas de jengibre Kouha-chan. —Exclamo Sheba con una tierna y maternal sonrisa.

—Muchas gracias. —Respondió Kouha mientras tomaba una galleta y le daba un enorme mordisco, los postres que preparaba la mamá de Aladdin eran igual o incluso mejor que los de preparaban Kougyoku y Hakuryuu. —Delicioso.

—Me alegra que te gusten, ¿Sabes? Aladdin suele ser demasiado simple con la comida, a veces solo come por comer.

—¡Mamá! —Exclamo en reproche el pequeño. —Eso no es cierto, puedo saber perfectamente cuando algo esta delicioso.

—Humm… ¿Será?

—Humm… ¿Será? —Secundo Kouha en modo de burla.

Los tres comenzaron a reír.

Kouha no se sentía fuera de lugar, estar en casa de su amigo era calido y reconfortante, gracias a él y a su mamá, podía olvidar un poco sobre la situación en la que se encontraban actualmente.

ooo

El viaje no había sido tan estresante como lo hubiese esperado, de hecho se sintió un tanto libre de las ataduras que permanecían constantemente sobre él, su enfermedad.

Kouen decidió que lo mejor era quedarse en un hotel, Hakuyuu no preguntó el porqué de su decisión, simplemente siguió los pasos del pelirrojo. Una vez instalados en el lugar, Kouen dijo que debía de avisar su llegada y Hakuyuu nuevamente no cuestiono nada, simplemente asintió con la cabeza y decidió que era un buen momento para dormir, ya habían pasado más de dos semanas desde que Koumei le había avisado de la condición de Judal a Kouen.

Después de su discusión, y de que convenciera a Kouen de viajar con él, esperaron un tiempo, por órdenes del doctor, se sentía mal por haber aplazado su viaje, esperaba que sus primos y sus hermanos estuviesen bien, él ya les había avisado a sus hermanos de su llegada, lo hizo en el mismo instante en el que salieron del aeropuerto, Kouen o lo había hecho, pero supuso que quería guardarlo como una especie de sorpresa.

Ahora que se encontraba solo recostado sobre la cama y acompañado del silencio de la habitación, medito un poco sobre todo lo que había ocurrido desde que "conoció" a Kouen, era extraño pero, siempre mandaba cartas a su familia, nunca escribió correos electrónicos o mensajes instantáneos, ni siquiera había llamado a casa, en todo el tiempo que estuvieron juntos.

Solo sabía que Kouen había decidido dejar a un lado la empresa y vivir su vida de manera libre, algo como él había hecho tiempo atrás.

Cerró los ojos lentamente, necesitaba dormir y recuperar energías, al parecer el viaje si había causado unos cuantos estragos en él. Antes de dormir completamente Kouen le dijo que debía salir un momento y que no tardaría, sintió sus tibios labios sobre su frente.

—Ve con cuidado. —Murmuro Hakuyuu al borde del sueño.

—No tardaré.

ooo

El lugar se encontraba tal cual lo recordaba, no había cambiado en lo más mínimo, el sentimiento fue demasiado extraño, como si solo hubiesen pasado unas cuantas horas desde que se marchó.

Toco el timbre de manera insegura, era posible que no hubiese nadie.

Pasos apresurados deteniéndose frente al otro lado de la puerta.

—¿Quién es? —Una voz femenina le contesta, no la reconoce enseguida, después de todo han pasado más de cinco años, pero a pesar de ello, trata de darle un nombre a quien se encuentra del otro lado y lo primero que sale es…

—Cuanto tiempo… Kougyoku.

La puerta es abierta de manera abrupta, Kouen se ve invadido por el delgado y cálido cuerpo de su hermana, le ha envuelto en un fuerte abrazo, lo suficiente como para que el corazón de Kouen se estremeciera en dolor y felicidad, lagrimas gruesas salen sin aviso de la joven, ha pasado tanto tiempo que se siente abrumada, no solo porque esta frente a ella, sino porque ahora mismo llego en el momento más indicado, en el momento en el que no solo ella lo necesita, sus hermanos e incluso su padre le necesitan, porque son una familia, porque deben permanecer unidos, así como su madre les había enseñado.

—Bienvenido a casa, Kouen-nisan. —Dice Kougyoku entre sollozos.

Por un momento a Kouen le dolió el corazón, y sus ojos comenzaron a picarle, pero no quería mostrarle un lado –que él consideraba– patético de su persona.

Kouen le devuelve el abrazo, y se da cuenta que su hermana ha crecido lo suficiente como para que él comience a preocuparse por novios y pretendientes, pero la idea es desechada rápidamente, porque por un momento efímero, ha visto la tierna imagen infantil de su querida hermana, esa donde le seguía a todos lados y temía por los monstruos en el armario y bajo su cama, esa pequeña niña que le dio más felicidad a la vida de su madre, la de Koumei, Kouha y la suya.

—Estoy en casa. —Responde de manera suave y apenada.

ooo

—Koumei está en el hospital con papá, dice que ya viene para acá, al parecer esta noche papá se quedará al cuidado de Judal-chan. —Dice la joven mientras le entrega una taza de café a su hermano, se encuentran en la cocina, Kouen la recordaba un poco más espaciosa, y tal vez eso se deba a que en aquel entonces Kougyoku era mucho más pequeña.

—Lamento llegar hasta ahora.

Kougyoku menea la cabeza en negación.

—Sabía que vendrías, Koumei-nii también estaba seguro de que lo harías, además… Hakuyuu nos avisó de su viaje, dijo que lamentaba no llegar pronto, pero debido a su salud tenían que aplazar su salida. —Kougyoku se ríe entre dientes, al ver la expresión de sorpresa en su hermano, está claro que él no sabía nada sobre el contacto que mantenía Hakuyuu con sus hermanos.

—Esperaba que nuestra llegada fuese una sorpresa.

—Lo fue. —Responde ella. —Papá nos dijo, que Hakuyuu no… —guarda un silencio incomodo, no sabe si es correcto recordarle a su hermano, que su primo está demasiado delicado de salud, después de todo Kouen es quien vive con él, quien le cuida y con quien se casó.

—Está bien. —Habla el mayor, tratando de aligerar el ambiente, sabe que la intención de su hermano es la de molestar ni herir. Le dedica una pequeña sonrisa y Kougyoku se siente triste, su hermano está cargando con un gran pesar y le duele no poder hacer nada al respecto, Kougyoku sabe que Kouen dejo la casa porque necesitaba su espacio, necesitaba ser feliz. —Ha caído dormido en cuanto llegamos al hotel. Le pedí que descansara, también le dije que no tardaría en llegar, mañana-

—¿Hotel? ¿Por qué habrían de quedarse en un hotel cuando esta es también tú casa? —La voz de Koumei, se hace escuchar, ha llegado más rápido de lo esperado, se encuentra de pie recargado sobre el marco de la puerta, sus brazos se han cruzado y su ceño está ligeramente fruncido, Kougyoku se remueve incomoda en su lugar, a ella le inquieto un poco cuando de Kouen salió la palabra "hotel"

Silencio.

—¿Y bien?

Kouen no se atreve a responder, ¿Qué va a decirles? ¿Que no estaba seguro de que le recibirían? ¿Qué tenía miedo de que al tenerlo enfrente de ellos le reclamaran y repudiaran? Era cierto que seguían manteniendo el contacto, a través de cartas escritas en papel, porque Kouen nunca quiso llamarlos, y desde su partida jamás los volvió a ver.

Hasta ahora.

Koumei espera la respuesta de su hermano, se miran fijamente y el joven trata de descifrar los pensamientos del mayor. Llega un punto en el que Kouen evita su mirada, y su semblante se vuelve triste. Koumei suspira.

—Ten en claro, que desde tú partida, esta familia empeoro, y la empresa estuvo a punto de destruirse.

—¡Koumei-nii! —Exclama Kougyoku a manera de regaño quien hasta este momento había permanecido en total silencio. —Eso es demasiado.

—Pero es la verdad. —Responde Koumei.

El mayor se ve devastado, ¿tanto daño les había hecho?

—Yo no… —Trata de excusarse, pero las palabras no salen a flote.

—Tampoco te hagas ideas equivocadas. —Le interrumpe el joven. —Es cierto que pasaron muchas cosas, pero… fue gracias a eso que todos crecimos un poco más.

Kouen quien no se atrevía a mirar a su hermano a los ojos, lo hace. Hay honestidad en cada una de las palabras que Koumei le ha dicho.

—Nadie en esta familia te odia por haberte ido, ni siquiera papá lo hace, no hay razón para hacerlo, porque después de todo tuviste tus razones. Aunque si habría algo que no te hubiésemos perdonado por nada del mundo. —Koumei hace una larga pausa, Kougyoku se levanta de su lugar y se dirige hasta donde se encuentra su hermano, ambos intercambian miradas y Kouen espera con nerviosismo.

—Respóndenos con sinceridad En-nii.

—¿Eres feliz?/¿Eres feliz? —Preguntan ambos hermanos al unísono. Kouen no puede evitar llorar, a estas alturas ¿Cómo podría importarle mostrar su debilidad?

—Lo soy… yo soy muy feliz ahora mismo. —Responde de manera entrecortada, de un momento a otro los tres hermanos se han unido en un calido y fraternal abrazo. —Estoy en casa. —Menciona de nuevo el mayor.

—Bienvenido de vuelta En-nii/Kouen-nii.

ooo

NOTAS: ¿Alguien por aquí? ¿nadie? Lamento la demora pero despues de mucho, aquí estoy yo reportándome después de una largaaa ausencia, capítulo demasiado lento y puede que hasta un poco tedioso y soso, lo siento por eso, pero me estoy acoplando nuevamente a la historia. Muchas gracias por haber leído hasta aquí –quien lo haya echo–, nos vemos en el siguiente.