Deliquio: 1. Desmayo. 2. Éxtasis, arrobamiento. Propuesta por SkuAg

Mimato

—No se te ocurra desmayarte. ¿Me oyes?

La enfermera se inclinó más su rostro sucio de sangre y tierra. El soldado asintió cerrando los ojos una vez. No quería cerrarlos realmente. No. Si lo hiciera se perdería la visión que el cielo le había dado oportunidad de ver.

Unos preciosos ojos castaños, brillando por las lágrimas. Largos cabellos ondeando sobre sus hombros cada vez que giraba la cara para gritar algo a alguien de su alrededor. Su piel nívea estaba cubierta de sudor y el uniforme se le había manchado de sangre, algo que realmente no podía evitar en medio del lugar donde se encontraba.

Había caído herido gracias a una de las bombas que llovían desde el cielo como regalos mortales. Su cuerpo había sufrido el empuje de la explosión y caído de mala forma contra un coche.

No sentía su pierna derecha. Estaba seguro de que la había perdido.

—¿Cómo… te llamas?

Ella se detuvo para mirarle, sorprendida.

—¿Qué?

Se inclinó más hacia él y el cabello le cosquilleó la nariz.

—Tu nombre…

—Ah. —Ella le miró de nuevo—. Mimi. Mi nombre es Mimi. Ahora, soldado. Te pondré a dormir ya que estás estable. Despertarás y esperemos que Japón haya ganado la guerra.

Quiso decirle que no era soldado. Que era periodista. Cualquier mentira que lo hiciera verse menos cruel a ojos de ella. Pero antes de desmayarse la vio reñir a otra enfermera y jamás olvidaría sus palabras.

Estos hombres deben de ser salvados, porque son personas que están dando su vida por nosotras, que solo podemos esperar y rezar porque nos salven.

Cuando se desmayó, la oscuridad lo recibió con un abrazo interesante.