Al abrir los ojos el joven de cabello gris se encontraba en un lugar extraño que nunca había visto antes. Tenía un sentimiento de soledad que lo afligía, como si fuera la única persona en la tierra en ese momento.
La habitación se extendía infinitamente, como sí nada pudiera detenerla. Todo estaba cubierto por una oscuridad que pintaba el ambiente de color negro, pero a pesar de esto el chico podía verse a si mismo claramente. Una pequeña capa de agua transparente cubría el suelo y esto hacia que al caminar sobre él, pequeñas ondas nacieran de sus pies para luego desaparecer en la oscuridad infinita.
Saito levantó sus manos cerca de su rostro y las miró detenidamente con asombro. No podía comprender que era lo que sucedía. Pero no le importaba, aunque estaba solo no sentía dolor, ni pena, hambre o sueño.
Empezó a caminar sin saber a donde se dirigía. Tenia la mente completamente en blanco y no podía pensar en nada más que avanzar.
Las ondas de agua que provocaba su andar, iban cambiando de color con cada paso, variaban de tonalidades y no tenían una secuencia fija. Esto no le importo solo caminaba con la mirada perdida, como si no hubiera nada mas. Seguramente éste era su castigo por no poder haber podido ayudar a su hermana pensó, andar sin rumbo hasta el final de los tiempos.
De pronto pudo vislumbrar un pequeño destello a lo lejos que mientras se acercaba, se volvía más y más grande. Cuando llegó lo suficientemente cerca notó que la luminiscencia provenía de una pequeña bola de luz blanca, que flotaba sobre el suelo a la altura de su pecho. Esta era del tamaño de un puño y aunque no expulsaba ningún tipo de aire formaba las mismas ondas en el agua que los pies del chico.
Una voz tenue y aguda comenzó a salir de la esfera y esta hacía un pequeño eco en la habitación vacía.
— ¿Ya té rindes?, pensé que eras mas fuerte que esto.
— ¿Quién sos?— preguntó el joven.
—Solo una humilde existencia como tú, que te necesita y tú a ella. No puedes quedarte en este lugar mucho más tiempo
—Yo no necesito de nadie, ni de nada— contestó
— ¿Eso crees?
—No, no lo creo lo sé
— ¿Qué hubiera sucedido si Sharp no té hubiera ayudado en ese momento? No puedes hacer esto solo y lo sabes— La luz de la esfera se intensifico con esta ultima afirmación.
— ¡No tengo tiempo para contestar los delirios de una bola de mierda, decime donde estoy!— respondió sabiendo muy bien la repuesta a la pregunta de la esfera.
—Estás y no. La brecha entro lo real y lo ficticio es difícil de distinguir en éste momento.
— ¿Esto no es real entonces?
—Ambos existimos ¿eso no lo hace real?
—Supongo…
—No tengo mucho mas tiempo, la conexión se rompe, solo tu voluntad puede salvarte de este lugar…
Dicho esto la luz comenzó a fraccionarse en pequeños pedazos, que comenzaron a elevarse a lo que parecía ser el cielo de ese extraño mundo, para luego extinguirse en la oscuridad.
Saito no pudo comprender las palabras de la existencia luminosa, pero sí de algo estaba seguro era que no podía quedarse de brazos cruzados, debía escapar.
Comenzó a correr sin saber hacia donde, pero a diferencia de la vez anterior ahora estaba decidido. Siguió varios kilómetros pero no encontraba el sentido, no había nada ¿en realidad estaba avanzando?
Poco tiempo después cayó cansado de rodillas.
— ¡Mierda! ¡Sí no puedo encontrar una salida voy a hacer una!
Levanto su puño en el aire y golpeo el suelo repetidas veces. Las ondas en el agua que provocaban sus golpes empezaron a crecer de tal manera que abarcaban el terreno hasta donde la vista podía alcanzar. Éstas se tiñeron de un rojo intenso.
Las manos le dolían horrores pero no le importaba, ya que seguía golpeando como si no hubiera un mañana.
De pronto una grieta se abrió en la superficie como si de un cristal se tratara. Con cada golpe esta crecía y nuevos cortes surgían. Eran tantos que el suelo no pudo soportar y se partió en miles de pedazos de vidrio.
Saito atravesó los cristales y cayo al vacío. Todo el ambiente que antes era negro comenzó a cubrirse de a poco con pequeños cuadros blancos que lo reemplazaron por completo. Una voz pudo escucharse, ésta le susurro al oído:
—Bien hecho
Saito se despertó de golpe. Estaba agitado. El sudor resbalaba de su rostro y mojaba las sabanas blancas con las que estaba tapado, nunca antes había tenido un sueño tan vívido.
La preocupación invadía su mente, pero a fin de cuentas era un sueño como cualquier otro ¿verdad?, repetía mentalmente tratado de consolarse. Pero si lo era, ¿Por qué estaba tan casado? Pareciera como sí en realidad hubiese recorrido todo ese oscuro lugar.
Un suspiro salió de sus labios.
-Tengo mejores cosas de las que preocuparme- pensó al mirar a Sharp, dormir a pierna suelta en la cama de al lado.
Había varios pósters colgados en las paredes, algunos eran de bandas musicales y otros sobre Rokusho: la estrella de kendo del momento en Johto. Una pequeña mesa de luz con una lámpara y un despertador hacía compañía a la cama en la que se encontraba. El suelo estaba cubierto con una hermosa alfombra de color marrón. Una pequeña brisa que salía de la ventana ubicada en la parte este de la habitación refrescaba su cara. La luz tenue del sol que entraba le hacía pensar que ya estaba anocheciendo. Reconoció el lugar al instante era la habitación de Ryuji.
Él chico quiso estirar el brazo para acariciar la cabeza del Sneasel, pero no pudo ya que se habia dado cuenta de que su propio brazo estaba enyesado. En ese momento recordó la caída que había tenido, la explosión y la pelea con ese tipo. Pero más importante a su hermana Reiko. Donde quiera que estuviese la iba a encontrar y matar al bastardo que se la llevó. La sangre le hervía por la rabia.
Corrió las sabanas que le molestaban y de un saltó se paró a un lado de la cama, inmediatamente una sensación de dolor que recorrió todo su cuerpo lo obligó a volver a sentarse.
Sharp despertó con el sonido rechinante que hizo la litera, al recibir el peso del joven. Al ver que Saito estaba despierto dio un pequeño salto a la cama del chico y se le quedo mirando.
—Estoy bien, no te preocupes— respondió Saito al ver la cara de su amigo –Hace falta más que unos cuantos huesos rotos para matarme— sonreía a pesar de que en realidad se encontraba muy adolorido.
La puerta se abrió dejando ver al dueño del lugar.
—Veo que te levantaste bastante rápido— Dijo Ryuji con su sonrisa usual –Nunca lo dude, pero cuando un medico te dice que alguien esta en coma la gente tiende a preocuparse.
— ¿Coma?— preguntó el joven.
—Si, nunca me preocupé, con lo "activo" que sos seguro te despertabas en unos días— Rió –De todos modos, ¿Quién te hizo eso? ¿Fue el mismo que destruyó tu casa?— La sonrisa usual del pelirrojo había desaparecido por completo, para ser reemplazada por una cara de seriedad y odio tan intensas que cualquiera hubiera jurado que era otra persona la que hablaba.
Saito conocía muy bien los drásticos cambios de personalidad que tenia su amigo, ya que los había vivido en carne propia.
Le contó a Ryuji todo lo que había pasado, de como había conocido a Sharp, la pelea con el Kick—boxer, como se llevaron a su hermana, o al menos lo que le habían dicho y la explosión de su casa. Las palabras salían con pesar de su boca y sus manos apretaban con fuerza las frazadas de la cama de la ira que sentía.
Ryuji escucho detenidamente cada palabra con atención y se llevó la mano al mentón de manera pensativa, parecía haberse tranquilizado. Se sentó en el suelo, entrecruzó sus manos y le dijo:
—Cuando viniste, la semana pasada estabas muy hecho mierda, no podía tratarte yo solo, así que te lleve al hospital cerca de acá. Al principio pensé que había sido otra de tus peleas boludas pero…— el joven tomo un poco de aire y prosiguió – Cuando dos tipos raros vinieron a tu habitación y trataron de matarte, sabia que esto no era normal. Por eso te traje de nuevo a casa, no tenía idea como te habían encontrado tan rápido pero dejarte ahí era peligroso.
Sharp estaba sentado al lado de Saito escuchando lo que decían ambos. Parecía entender de alguna manera lo que hablaban, ya que su rostro era tan serio como el de una roca.
—Gracias Ryuji…, desde que los otros se fueron solo cuento con vos— Al joven le costaba demasiado decir esas palabras era muy orgulloso para no sentirse humillado por recibir la ayuda de alguien.
—Ey no te angusties, ese no es el Saito que me hizo esta cicatriz— dijo señalándose el corte que tenia en la mejilla.
— ¡Pero ándate a la mierda, encima que te agradezco!— exclamó con ira.
—Sí, ese es el que recuerdo— Sonrío – y bueno ¿Qué vas a hacer ahora?— preguntó aun sentado.
— ¿No es obvio? Tengo que encontrar Reiko donde quiera que este, matar a esos tipos y cuidar a este bi… digo a Sharp en el transcurso.
—O sea simple…— Dijo con sarcasmo – ¿Tenes alguna idea por donde empezar al menos?
—No ninguna— La mirada de Saito se había dirigido al suelo por la decepción. –Pero tengo una tarjeta y una pelota medio rara. Mírala un toque capaz que a vos se te ocurre algo— dijo mientras se levantaba y trataba de encontrar su ropa, donde seguramente estarían los objetos.
Ryuji levantó un brazo y señaló un cajón del mueble que estaba próximo a la cama. Saito lo abrió lentamente y encontró sus ropas. Estaban completamente destrozadas y aun tenían la sangre de aquel sujeto. Por un momento comenzó a pensar en como la sangre caía del cuello de aquel hombre, y se paralizó un instante. Inmediatamente sacudió su cabeza bruscamente a ambos lados tratando de sacar esas ideas de su mente. Ryuji noto este pequeño gesto y achico la mirada, pero decidió no preguntar.
Revolvió los bolsillos del pantalón, encontrando así lo que buscaba. Extendió la mano y le entregó al pelirrojo la tarjeta y la extraña esfera.
Era completamente negra, poseía una especia de escritura que la rodaba completamente, y a diferencia de las demás pokeballs no tenia el interruptor para agrandarla o abrirla.
Ryuji tomó la bola y la examinó detenidamente. Era liviana, demasiado para su volumen. El joven la tiró al aire y esta volvió a caer lentamente en su mano, como si fuera una pluma. Saito miro la pelota sorprendido, era extraño lo que hacia ese objeto.
—Obviamente es una pokeball, pero en todo el tiempo que llevo trabajando en la tienda de mi viejo jamás había visto este modelo— afirmó, mientras recorría con su mirada la esfera –Igual se la voy a llevar a el viejo capaz el sabe algo, después de todo hace más de 20 años que trabaja en este rubro.
Ryuji le entregó la esfera y comenzó a inspeccionar la tarjeta, leyendo en voz alta
—Agente 44, rango D, número de clave 54686…, acceso nivel C"— recitó, para luego deducir: que parecía ser una tarjeta magnética, para entrar a algún sitio pero sin estar completamente seguro.
-Algo es algo- contestó Saito decepcionado.
-Por ahora descansa un tiempo, no podes averiguar nada mientras estés en ese estado. Yo le preguntó al viejo haber que sabe sobre la pokeball y vemos que hacemos.
Saito renegó un poco pero termino aceptando el sermón de Ryuji.
A la mañana siguiente despertó exhausto. No podía dormir bien, imágenes de Reiko lo atormentaban y no le dejaban conciliar el sueño. Saito se sentía débil e impotente, mientras el estaba descansando plácidamente cualquier cosa podría estarle ocurriendo a su hermana.
Ryuji volvió a entrar por la puerta, éste le comentó que le había preguntado a su padre acerca de la esfera y que aunque era poco lo que tenía para decir, era mejor que lo escuchara de él mismo.
Después de terminar de charlar le entregó a su amigo una muda de ropa y unas zapatillas algo viejas. Saito sin quejarse, se cambió con algo de dificultad, ya que el yeso no le dejaba ponerse cómodamente las ropas. Ambos bajaron las escaleras del segundo piso hasta la planta baja.
La casa de Ryuji no era tan antigua como la de su amigo. El padre del pelirrojo tenía una tienda de artículos Pokemon, en la que vendía todo tipo de pokebolas, pociones y demás. Aunque tenía que competir con el gran centro comercial de Goldenrod, poseía muchos clientes gracias a la gran variedad de exóticos artículos que exportaba de varias regiones. Para los entrenadores que sabían donde buscar, y no les molestaba pagar un poco de mas, sabían que si algo no estaba en la tienda del viejo Katsura no lo iban a poder encontrar en ningún otro lugar.
Ambos atravesaron un corredor con todo tipo de pinturas interesantes. Varios de ellos llamaron la atención del chico. En uno estaba retratado un paisaje nocturno, una luna enorme y brillante se reflejaba en un lago cristalino, que una especie de reptil alado con antenas curvas observaba desde un risco a la lejanía. Otros eran muy antiguos, como el que tenía una especie de gato, algo rosa que salía de unos arbustos.
Al llegar al comedor ambos se sentaron en la mesa larga de madera. Ryuji se levantó unos segundos después para buscar a su padre y el desayuno. Inmediatamente volvió con un par de platos que tenias tostadas y tazas de té. Detrás de el venía un hombre con un cabello corto y oscuro, lleno de canas. Vestía unos joggins y un delantal que seguramente usaba para trabajar. Se acercó para saludar a Saito con un apretón de manos y se sentó en la cabecera de la mesa con una sonrisa.
-Hacia tiempo que no te veía por acá Saito. Ryuji me contó lo de tu casa, una lástima que se incendiara por un cigarrillo, que descuido de tu hermana. No te preocupes por nada sos como un hermano para Ryuji, quédate el tiempo que necesites- dijo el hombre con un tono paternal - ¿Y dónde se hospeda Reiko?
-Se ésta quedando en casa de unos tíos papá- mintió audazmente el joven.
El joven le susurró a su amigo "después te cuento" y dio un mordisco a una tostada.
-Che papá, ¿por que no le contás a Saito acerca de la pokebola negra que te mostré?- dijo el joven tratando de cambiar el tema de conversación.
El hombre se aclaró la garganta para poder comenzar a hablar del tema. Le dio unos sorbos a la taza de te y comentó:
-Miren esa esfera es un modelo muy antiguo que se usaba hace muchos años, no estoy seguro de cuanto tiempo. Un viajero me trajo una parecida hace ya, haber si recuerdo…- el hombre miro hacia el techo con una mano en la barbilla en pose pensativa – Si no me equivoco hace unos 12 años atrás más o menos, me dijo que quería que la reparara, pero yo no conocía el sistema que usaba así que no pude hacer mucho. Igualmente el joven me agradeció y me explicó que la había encontrado en unas ruinas antiguas de otra región. Nunca había logrado que funcionase así que tampoco estaba seguro si se encontraba averiada. También mencionó algo sobre esos símbolos pero fue hace mucho lo siento.
-No, disculpe que lo hagamos recordar cosas que pasaron hace tanto Sr. Katsura- se disculpó Saito.
Aunque por lo general el joven era grosero con gente mayor que él, Saito tenía respeto por aquel hombre. Lo había ayudado en más de una ocasión a él y a Reiko cuando pasaron por momentos difíciles, además de haber sido un gran amigo de su padre.
- A todo esto ¿Dónde la encontraron se podría saber?- preguntó intrigado.
-Este… se la compramos a un tipo- mintió horriblemente Saito.
Cuando terminaron de desayunar, se dirigieron nuevamente a la habitación donde había dormido antes el joven de cabello gris. Sharp estaba parado en la alfombra lanzando zarpasos al aire y esquivando golpes invisibles. Aunque los adolescentes entraron a la habitación esto no interrumpió el entrenamiento del Pokemon.
Saito tomo carrera y se deslizo por el suelo tratando de barrer las piernas de la pequeña maquina de golpes pero esta salto unos metros en el aire y corrió por la pierna del chico poniendo sus garras sobre el cuello del chico con una sonrisa macabra.
-Veo que te mantenés en forma- dijo Saito, su cara mostraba satisfacción.
El Sneasel saco las garras del cuello de su amo y siguió con su rutina después de mostrar una sonrisa.
-No se como no te mato la ultima vez- río Ryuji.
- ¡Deja de reírte pelotudo y ayúdame a levantar que me duele todo!- dijo con ira Saito que estaba desparramado en el suelo.
De pronto se escuchó un sonido fuerte y agudo acompañado por un par de gritos. El sonido del disparo venia de muy cerca. Los jóvenes se miraron por un segundo, tomaron su navaja y bokken respectivamente y salieron disparados por la puerta de la habitación.
Un hombre de traje sostenía un arma a solo unos metros del rostro del Padre de Ryuji. Este estaba detrás del mostrador de cristal de su tienda. El local se encontraba repleto de estanterías con la más diversa mercancía desde pociones hasta unos dulces que supuestamente aumentaban la fuerza de los monstruos de bolsillo.
-El próximo tiro te vuela los sesos viejo, así que no me lo has repetir ¿Dónde están el pendejo con el Sneasel?- amenazo el hombre de traje.
-No se de que me estas hablando, yo solo atiendo este negocio como podrás ver- contesto seriamente el hombre.
-¡No te hagas el pelotudo sabemos que esta escondido acá!- Grito el hombre con ira.
-¿No tenia un hijo? Seguro si le cortamos uno o dos dedos nos diga algo- dijo otro hombre que estaba detrás.
-¡Hijo de puta!- exclamo con fuerzas el Sr. Katsura.
Al escuchar este grito una mancha verde se deslizo enfrente del hombre armado con la velocidad de un relámpago. Un ruido seco se escuchó y la mano que sostenía el arma cayó al suelo sin vida manchándolo de color escarlata.
Un grito desgarrador salio de los labios de aquella persona que ahora estaba tirada en el suelo tratando de inútilmente de volver a unir su mano a su brazo con lágrimas en los ojos.
La bestia que había hecho tal atrocidad se encontraba parada enfrente de Katsura en pose defensiva. No tenia pelaje, ni tampoco plumas, en lugar de eso un exoesqueleto tan fuerte como una armadura liviana protegía su cuerpo. Unas alas poco desarrolladas salían de su espalda, las cuales seguramente le ayudaban a volar, pero sin poder hacerlo para llevar a algún tripulante. En lugar de manos o garras, poseía unas grandes guadañas capaces de cortar un árbol en dos y una cicatriz recorría su ojo izquierdo.
-Llévense al manco y márchense, me reservo el derecho de venta- dijo el hombre tranquilamente.
-¡Viejo hijo de puta, te voy a matar a vos y toda tu puta familia! ¡Mátenlo y al Pokemon también!- Gritó con todas su fuerzas el individuo que yacía de rodillas en el suelo.
Los hombres obedecieron la orden sin titubear, mientras que unos desenfundaron algunos revólveres, otros lanzaron las típicas esferas escarlata y blanco al aire liberando un rayo blanco. Unos segundos después este desapareció para dejar ver dos tipos de criaturas.
Una era un lagartija roja bastante grande que tenia tres garras en manos y pies. De su cabeza salía lo que parecía ser un cuerno pero al estar recubierto de piel todavía era parte de su cráneo. Además, de su cola salía un pequeña llama que parecía no hacerle daño.
La criatura que estaba a su lado era de color amarillento, tenia una boca algo alargada y dos garras en lugar de manos. Una gran cantidad de espinas cubrían su espalda y se paraba en dos patas como su compañero.
Los hombres que habían liberado los monstruos de bolsillo dieron sus respectivas ordenes. Uno ordeno realizar un lanzallamas al Charmeleon y el otro mando una cuchillada a su Sandslash.
El cuerpo espín dio un gran salto hacia la mantis pero es bloqueo el ataque con sus garras y lo empujo lo suficiente en el aire para tener un buen ángulo para un corte que le propino con éxito haciendo que el topo saliera despedido hacia una estantería que rompió con el impacto. Esto hizo que ciento de productos cayeran enterrando así al pobre Pokemon.
Pero por perder demasiado tiempo por el contraataque, el Scyther se vio envuelto en las llamas que la lagartija había lanzado momentos antes. Cuando las llamas se disiparon el insecto se encontraba apoyado en una de sus rodillas usando una cuchilla de soporte para no caer al piso. Su respiración se veía agitada.
-Ultima oportunidad viejo- Amenazo el hombre de traje, pero Katsura no respondió
—Como quieras- dijo haciendo una señal con la mano que le quedaba.
Los seguros de las armas se escucharon pero antes de poder disparar uno de los hombres armados cayo al suelo inconsciente. Ryuji se encontraba detrás de los atacantes blandiendo su bokken y a su lado estaba Saito con Sharp a sus pies.
Los disparos comenzaron a salir de las armas y los dos jóvenes junto con el Pokemon dieron un salto rodando así por el piso para poder esconderse detrás de las estanterías.
-¡Ryuji saca a Spark y cegalos que nos van a llenar de agujeros si nos quedamos acá!- grito Saito protegiéndose el rostro con su brazo bueno de los cristales que volaban de las botellas que rompían los disparos.
-¡No puedo lo deje en la casa! ¡Pero tengo una idea!- respondió tomando una pelota violeta del mostrador, que le hacia de soporte.
El chico la lanzo por encima de su cabeza y esta explotó liberando grandes cantidades de humo del mismo color que la esfera. Inmediatamente los hombres empezaron a toser, pero Ryuji que había tomado un par de mascaras de gas que se encontraban al lado de la esfera y de las cuales le entrego una a Saito, no se vio afectado.
Rápidamente fueron a despachar a los maleantes que se encontraban incapacitados por el humo. Saito dio la orden a Sharp de encargarse de la lagartija. El Sneasel agito sus garras y de ellas comenzaron a salir pequeños trozos de hielo que envolvieron al Charmeleon en un trozo enorme de hielo dejándolo completamente fuera de combate. Mientras tanto el pelirrojo enviaba a descansar a varios hombres con uno o dos golpes en la nuca de su espada de madera y el otro chico acababa con los que quedaban con sus puños.
Una vez que se disperso el humo, gracias a la ayuda de las alas del Scyther del Sr. Takamura se pudo ver el suelo decorado con varios hombres inconcientes y una hermosa estatua de hielo.
Ryuji tomo las pokebolas de los hombres y guardo a los Pokemon de estos.
-Toma, a vos te gustan los cuchillos quédate con el Sandslash, yo prefiero al Charmeleon - dijo el chico de la bandana, mientras le arrojaba a su amigo una esfera.
Saito miro la bola por unos momentos y apretó el botón del centro haciéndola pequeña, para luego guardarla en un bolsillo.
-¿Estas bien papá? –pregunto con una sonrisa.
-Si, gracias. Esos tipos querían a Saito ¿En que mierda se metieron los dos?
-Nada importante viejo lo de siempre- contesto despreocupado
-No me mientas hijo. Esos no eran unos cualquiera, ¡estaban armados por el amor de Dios!
-Disculpa papa es mejor que no lo sepas, no quiero que te pase nada- dijo el chico con tristeza.
Al ver que su hijo parecía tomar seriamente la situación volvió a insistir pero solamente para obtener la misma respuesta.
-Te pido que confíes en mi viejo ¿podes hacerlo?- pregunto Ryuji seriamente.
-Esta bien, confío…- respondió muy a su pesar el hombre.
Cayo la noche en Goldenrod City y los Hoothoot hacían sus sonidos usuales. Saito estaba en la ventana de la habitación, recostado sobre el marco observando la luna.
-Ryuji me tengo que ir esta noche, no puedo poner en peligro a vos y a tu viejo de nuevo- dijo sin sacar la mirada del círculo brillante.
-Estoy de acuerdo- contesto el joven que se encontraba recostado en la cama.
-Sabia que ibas a entender, voy a necesitar algunas cosas. Como que ya no tengo casa viste- dijo soltando una risa triste.
Ryuji se levanto de la cama, abrió el armario y le alcanzo a Saito dos mochilas. Este lo miro perplejo.
-¿Que me miras así? No te voy a dejar a ir solo- dijo mientras metía una remera en la mochila.
-Gracias, Ryuji- una lagrima se resbalo por la mejilla del chico pero este la limpio rápidamente –Tenemos que ir a ver a Sarah capaz ella sabe algo acerca de la ball o la tarjeta – dijo mientras seguía llenando la mochila.
-Entonces Ecruteak será entonces- afirmo el joven.
Así ambos jóvenes caminaban bajo la luz de la luna hacia otra ciudad Ecruteak, mientras el padre de Ryuji los observaba oculto detrás de una ventana.
-Cuídense hijos- murmuro con lagrimas en los ojos mientras los perdía de vista en la oscuridad de la noche.
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