El sol se derramaba sobre la pintoresca ruta cuarenta y cinco, mientras dos chicos y un Pokémon caminaban serenamente por los adoquines blancos que se extendían varios kilómetros desde la ciudad. De pronto el muchacho pudo divisar a lo lejos una muchedumbre. La calle estaba abarrotada por grupos de jóvenes que se amontonaban alrededor de algo que Saito no lograba ver. Unos gritos se escuchaban del interior de círculo de gente, gritos que el chico no pudo ignorar.

Se acercó, abriéndose paso a codazos por la multitud que se quejaba e insultaba el chico por su rudeza, éste estaba seguido por Ryuji, pero no por Sharp, ya que éste último saltó a la espalda de su amo y se sentó sobre sus hombros como si fuera un niño pequeño. Era bastante pesado, pero a Saito no le importó, estaba acostumbrado a cargar a la pesada Reiko cuando volvía de sus "aventuras" nocturnas.

Al llegar al centro vieron por qué era el alboroto: una pequeña rata amarilla de cola extraña, estaba esquivando unas hojas provenientes de un pequeño dinosaurio cuadrúpedo. Éste tenía una gran hoja en la cabeza que lucía con orgullo y un collar de grandes semillas decoraba su cuello.

— ¡Pikachu ataque rápido!— ordenó el niño a su pequeño ratón que comenzó a correr a una velocidad endiablada hacia su oponente.

El pequeño cuello largo contraatacó con unas lianas provenientes de las semillas de su cuello, éstas trataron de golpear al roedor, pero éste último las esquivaba tan rápido, mientras corría, que parecía desaparecer en lugar de moverse. El Pikachu logró acercarse lo suficiente, y con todo el impulso de la carrera le propinó un fuerte cabezazo al Bayleef haciendo que se tambaleara. Luego el roedor dio un gran salto alejándose así de su oponente.

— ¡Vamos Pikachu dale una descarga!— gritó el chico.

Las mejillas del ratón comenzaron a chispar soltando pequeñas cargas de electricidad que chamuscaban el suelo dejando pequeñas manchas negras. Cuando logró acumular suficiente energía, soltó un gran relámpago que impacto de lleno en su rival. El dinosaurio, aunque dolorido por la electricidad que recorría su cuerpo, dio un paso firme hacia el frente volviendo a liberar sus lianas. Esta vez había tenido éxito en su ataque, las sogas lograron enredarse en el torso del ratón cortando la descarga que emitía.

Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro del entrenador dueño de la criatura prehistórica, había tenido muchas otras batallas en el pasado y por experiencia sabía que una vez que las lianas atrapaban a su presa el combate había terminado. En efecto, el roedor estaba siendo levantado varios metros en el aire por las poderosas cuerdas vegetales para luego ser golpeado en el suelo una y otra vez. Se podían escuchar los gritos del ratón mientras su pequeño cuerpo era azotado, hasta que quedó completamente inconciente.

Bayleef miró preocupadamente sobre su hombro al chico que tenia detrás, buscando la aprobación para terminar el ataque, pero su entrenador no dio señal alguna y Bayleef soltando una última mirada afligida continúo maltratando al ratón.

— ¡Ya ganaste, por favor soltalo!— Suplicó el pequeño niño. No tenía más de diez años de edad.

— ¿Por qué? ¿No me habías dicho que me ibas a enseñar o algo así?— vociferó sarcásticamente el adolescente.

—Me equivoqué, te lo suplico…—. Las lágrimas comenzaron a deslizarse por el rostro del pequeño que ahora se encontraba de rodillas.

—Lo siento, pero hasta que no aprendas…—. Sharp saltó de los hombros de Saito y cortó ambas lianas del dinosaurio en un abrir y cerrar de ojos, interrumpiendo así las frase del chico. El oscuro Pokémon se encontraba parado frente al entrenador de Bayleef con una garra alzada, podía verse el enojo en su rostro.

— ¡¿De quién mierda es ésta comadreja?!— gritó el chico mirando a la multitud que lo rodeaba.

Ryuji tomó el hombro de su amigo antes de que saliera a mostrar su gran orgullo.

— Entiendo como te sentís, pero no podemos perder tiempo en estas cosas, además tenés un brazo menos— le dijo seriamente.

—Con un solo brazo me alcanza para cagar a palos a ese pendejo, no te preocupes, no voy a tardar mucho— afirmó.

Ryuji suspiró conociendo muy bien el carácter de su amigo.

—Mío ¿por?— exclamó Saito que había dado unos cuantos pasos para salir de la multitud. Su seguridad al andar había cambiado la cara arrogante del entrenador haciéndole casi arrepentirse haber preguntado.

—Porque me debés unas lianas, tardan una semana en volver a crecer ¿sabés?— respondió arrogante.

—Estoy algo corto en plantas ¿te las puedo deber?— dijo burlonamente.

—Si me das ese Sneasel me lo puedo pensar…— contestó hábilmente.

—A mi no me vas a venir a chantajea pendejo del orto— exclamó mientras su mirada se dirigía hacia el maltrecho Pikachu recordando así porque discutía en primer lugar –pibe, ¿cuánto vas a tardar en llevarte a la rata esa? Mirá que si no te llevas se te muere.

El niño corrió frenéticamente hasta su Pokémon y lo tomó en sus brazos. Ryuji le hizo una señal al pequeño con una mano y éste se acercó tímidamente para recibir un pequeño Spray naranja de las manos del pelirrojo. Aplicó la medicina sobre las heridas más importantes del Pikachu y éstas comenzaron a sanar rápidamente. El niño lanzó una mirada hacia Saito para luego girar la vista nuevamente al chico que le había dado la poción.

—No te preocupes por él, se sabe cuidar bien solo— dijo Ryuji con una gran sonrisa, tratando de calmar la preocupación del niño.

Viendo que Sharp se dirigía a entablar un combate con aquel Pokémon, Saito se acercó hasta su furioso amigo y le calmó con un "de esto me encargo yo". El gato se hizo a un lado inmediatamente al ver el aura de ira que despedía aquel joven.

Saito metió su mano en el bolsillo y sacó la única pokebola que tenía y lanzándola al aire ésta liberó una luz blanca sin forma que cayó al suelo. Después de disipado el resplandor pudo verse como un topo se sacudía como si tratase de secarse aunque no estuviese mojado. Sus garras brillaban con el resplandor del sol, eran largas y afiladas.

—Spike, cuento con vos— dijo Saito

—Se ve que no entendés nada de Pokémon— rió el joven – Un tipo tierra contra un planta, ¡Bayleef hacelo cagar, hojas navaja!— ordenó.

Las hojas salieron disparadas como balas cuando el dinosaurio agitó su gran cabello vegetal y dieron de lleno en el cuerpo de Spike causándole heridas graves.

— ¡Saito, dale un orden a Spike sino, se ve a quedar parado sin hacer nada!— gritó Ryuji de entre la multitud. —Éste boludo no debe ni saber que ataques tiene un Sandslash— pensó e inmediatamente buscó dentro de su mochila un pequeño aparato rojo y rectangular no más grande que una pequeña agenda, y se la arrojó a su amigo. Saito la atrapó en el aire y miró la extraña maquina, ya había visto ese objeto antes. En TV muchos de los entrenadores lo tenían en sus manos en las batallas. Abrió la pequeña tapa del dispositivo y éste comenzó a recitar:

Soy Dexter, un Dexter programado por el Profesor Oak para el entrenador Pokémon Saito Minakami de Goldenrod City, mi función es proporcionarle información y consejos relacionados con Pokémon y su entrenamiento. Si me pierdo o me roban no puedo ser reemplazado.

A Saito le sorprendió que aquella maquina supiese su nombre, pero inmediatamente apuntó el Dexter hacia su Pokémon, no podía perder tiempo. Comenzó a ojear entre los ataques que Spike había aprendido, eran bastantes, pero pocos los que él conocía. Finalmente decidió apelar a su sentido común cuando vio como una nueva oleada de proyectiles verdes se dirigían hacia su Pokémon nuevamente.

— ¡Spike, excavar!—Gritó con ganas.

En un instante, y gracias a sus garras, el topo cavó rápidamente y se enterró en el suelo, esquivando las hojas cortantes. Se sentía una vibración en la tierra, que hacía notar que Spike estaba moviéndose por debajo de los pies de los jóvenes. Bayleef miró hacia el suelo teniendo una sensación extraña debajo de sus patas, pero para cuando trató de reaccionar ya era tarde, la tierra debajo del saurópodo comenzó a resquebrajarse y éste cayó por un pequeño pozo que se había abierto. Sonidos de cortes y gritos del Pokémon vegetal pudieron oírse durante unos cuantos segundos, pero luego de un tiempo el agujero quedó en silencio.

El cuerpo de Bayleef salió disparado de dentro del hoyo como sí fuese agua de un Géiser, para caer solo a algunos metros de su entrenador. Éste estaba atónito ¿Cómo podía ser que su Pokémon aún teniendo ventaja de tipo perdiera?, sacó una esfera de su cinturón y con un láser rojo el Pokémon hierba desapareció. Sin decir nada el chico guardo la pokebola y comenzó a correr en dirección a Saito, él cual sacó su navaja de bolsillo en un instante. Muchas mujeres de la muchedumbre soltaron gritos de horror, esto hizo que la gente se dispersara. Ahora solo quedaban el niño del Pikachu, Saito, Ryuji y el entrenador del Bayleef que lanzaba puñetazos a diestra y siniestra. Saito esquivaba con facilidad los golpes, y como no vio mucha experiencia en estos decidió guardar su arma. Cada golpe era evadido, ya fuese con un pequeño salto hacia un lado o agachándose levemente, Saito esquivaba con la gracia que solo el conocía por la gran cantidad de peleas callejeras que había tenido en el pasado. Cansado ya de evadir tomó el brazo de su rival después de que éste lanzara un golpe y con un pequeño tirón en dirección hacia donde iba el puñetazo le hizo perder el equilibrio y el chico cayó, pero no sin antes recibir una patada en la espalda que lo dejó mordiendo el polvo.

—Todo es culpa tuya— murmuró el rubio desde el suelo – ¿Qué mierda te hice para merecer ésta paliza?— dijo reflexivamente.

Saito miró al niño que llevaba en sus brazos al ratón, Ryuji hizo lo mismo.

— Exactamente, ¿qué te hizo?— preguntó el pelirrojo al pequeño chico, éste permaneció mudo.

—Yo estaba a un lado del camino entrenando con Solf. Practicábamos un ataque nuevo que todavía no dominaba bien, y entonces el pibe éste se acercó y me dijo que era el Bayleef más asqueroso y de mierda que había visto, no le di bola y seguí con lo que estaba haciendo, pero el pendejo basura ¡Lo garcéo! ¡¿Cómo voy a quedarme de brazos cruzados cuando un pendejito de mierda escupe a Solf?! No lo podía dejar así, entonces lo rete a un duelo y el pibe me dijo que me iba a enseñar lo que es un entrenador de verdad. Le estaba ganando, pero después viniste vos y cagaste todo. — El chico que se encontraba aún tirado en el piso apretaba con fuerza la arena del suelo que tenia entre sus manos.

Al decir esto las miradas de Saito, Ryuji, Sharp y Spike se clavaron con rabia en el pequeño que intentó escapar, pero viendo que era inútil, ya que Sharp le cortó el paso, se resignó a la paliza que le esperaba.

— ¡La próxima no vamos a ser tan generosos con las piñas!— le gritó Saito al niño que corría en dirección a la ya lejana ciudad.

— Disculpa por todo, a veces éste vago es muy impulsivo— dijo Ryuji mirando hacia su amigo.

— ¡Andá a cagar! Tampoco me insististe mucho en que no fuera— dijo el indignado chico.

—Bueno, bueno a todo esto ¿Cómo es tu nombre?— preguntó el pelirrojo aclarándose la garganta evitando así la afirmación de Saito.

—Satoshi Hiraga de pueblo New Bark— respondió mientras le extendía la mano para un saludo a ambos.

Satoshi era un chico de unos quince años, era más bajo que Saito ya que éste le llevaba una cabeza. Su pelo, un poco largo y de color castaño, estaba todo despeinado. Tenía una remera blanca y un par de bermudas. Su personalidad parecía ser normalmente apacible pero irritable con facilidad. Por último en su cuello tenía un colgante en forma de Gyarados.

—Yo soy Saito, el gay de acá es Ryuji, él es Sharp y éste es Spike— comentó señalando a cada uno.

Satoshi saludó a las criaturas con un apretón de manos, o en este caso de mano-garra, pero con cuidado de no cortarse con las afiladas uñas.

—Ese Sandslash es muy bueno, lo entrenaste bien

— ¿Viste? La planta no tubo oportunidad contra Spike, porque yo le enseñe todo lo que sabe— mintió el chico.

—La humildad de por medio…— comentó sarcásticamente Ryuji— No le des bola Satoshi, se lo "regalaron" ayer y tuvo suerte de que Spike ya sabía luchar bastante bien solo.

—Tirame un poquito abajo Ryuji…

— ¿Ustedes van para Ecruteack no?— preguntó Satoshi sabiendo la respuesta — ¿Les jode si los acompaño?

— ¿Tenés plata?— preguntó Saito.

—Si

— ¿Y comida?— preguntó Ryuji.

—También— respondió señalando la mochila.

—Bienvenido entonces— dijeron al unísono mientras le daban una palmada en la espalda.

Mientras caminaban por la calurosa ruta Saito interrogaba a Ryuji acerca del Dexter. Éste le explicó que al salir de la tienda de su padre, tomó varias cosas que pudieran serles útiles en un futuro. Como la bomba de humo que les había permitido salir victoriosos de aquella escaramuza con los maleantes, normalmente se usaba para escapar de Pokémon salvajes comentó, pero aquella vez pudieron darle otra utilidad. El Dexter era una versión muy antigua de lo que ahora era llamado pokedex, aunque algunos por nostalgia le seguían diciendo por este nombre. Explicó que el aparato estaba en blanco cuando lo tomó, solo era necesario registrar el nombre del dueño para activarlo, y aunque en un principio iba a ser un regalo, la situación se presentó y Ryuji pensó que era mejor entregársela.

Saito ojeó varios de los botones del dispositivo, pero al no entender demasiado le preguntó a su amigo la función de cada uno.

—Las flechas sirven para navegar en la interfase del Dexter— explicaba mientras veían en el menú que tenía varias opciones en las cuales podían destacarse "condición actual de tus Pokémon, Pokémon vistos, Pokémon que podes encontrar en la zona, Pokémon en la caja, estado del Dexter, consejos para novatos, la mejor manera de atrapar un Pokémon, comida Pokémon y sus beneficios, Fortalezas y debilidades, etc."

—Con los botones blancos se puede establecer accesos directos para un más rápido acceso a los menús, el de color rojo sirve para aceptar las selecciones, el azul para rechazarlas o cancelarlas, el que tiene forma de circulo tiene la función de encenderlo, aunque la batería no se gasta rápido, si está en modo ahorro lo mejor es tenerla apagada para cualquier emergencia. Con respecto a los blancos, su objetivo originalmente era intercambiar los monstruos de bolsillo que formaban parte de la escuadra por otros contenidos en las cajas, pero el sistema nunca pudo lograr hacerlo funcionar correctamente, por esto ahora se usan las maquinas transportadoras de los centros.

Saito trataba de recordar la gran cantidad de información que Ryuji le contaba, pero con la poca memoria que tenía le era muy difícil.

El pelirrojo, tenía una base de datos en su cabeza de casi cualquier artefacto que tuviera relación con las criaturas compactas gracias a su padre, que esperando que éste heredara la tienda familiar, le instruía con lujo de detalles sobre esos objetos.

Satoshi escuchaba mudo la explicación tan detallada que daba el chico, estaba algo frustrado por haber perdido contra un sujeto que ni siquiera sabia como funcionaba un Dexter, pero como él tampoco sabia demasiado sobre aquel aparato escuchaba con atención cada palabra.

Después de una larga explicación de debilidades y fortalezas de parte de la voz robótica de Dexter, ya que Ryuji se había cansado de hablar, después de tratar de explicarle inútilmente a Saito, la noche hizo su aparición. Todos decidieron que era más seguro acampar y madrugar al día siguiente.

Sacaron las bolsas de dormir de sus mochilas y las desenrollaron en el frío suelo de aquel pequeño bosque en el que se encontraban, la ruta había terminado hacía ya varios Kilómetros y la única forma de llegar a Ecruteak sin perder demasiado tiempo era cruzando aquel laberinto verdoso.

Comenzaron a armar las carpas para evitar cualquier ataque de Beedrills posible, aunque sabían que aquella tela endeble en realidad no era protección contra los poderosos aguijones, las pequeñas viviendas les proporcionaban un lugar seguro donde guardar los comestibles y cosas de valor de los Rattatas que seguramente intentarían robarles.

Satoshi logró armar su iglú individual sin ningún problema, las clases de supervivencia que exigía la licencia oficial de entrenador lo habían preparado bien para vivir a la intemperie, en cambio Saito luchaba con el armazón de la carpa canadiense que al final Ryuji tuvo que enseñarle a armar.

Una vez que pudieron confeccionar el campamento prendieron una pequeña fogata con un mechero que Satoshi tenía guardado entre sus cosas.

Sentados al calor de la hoguera abrieron unas latas de arvejas y arroz frío para cenar, no tenían un gran sabor, pero con el poco dinero que tenían era lo único que se podían permitir, si querían poder mantenerse a flote por un tiempo.

— ¿Para qué van a Ecruteak ustedes?— preguntó Satoshi que jugaba con una rama que encendía con las llamas de la fogata.

—Vamos a ver a una amiga— contestó Saito mientras devoraba un poco de arroz — ¿y vos?

— ¿Qué no es obvio? Voy a retar al líder del Gimnasio y ganar una medalla para competir en la liga Pokémon. ¡Voy a ser el mejor!— dijo mientras alzaba sus puños y dirigía su mirada hacia el estrellado cielo— aunque todavía me falta algo de practica— reflexionó mientras se frotaba la mano en la nuca y recordaba la derrota por parte de Saito.

—Es un camino difícil, pero si seguís adelante seguro que lo lográs — lo animó Ryuji con una sonrisa.

—Dejá de decir pelotudeces Ryuji, ni siquiera me pudo ganar a mi y le decís que puede ganar la liga, dejate de joder— dijo Saito irritando a Satoshi.

—Menos tacto tenés Saito…—. El joven no respondió, ya que su boca estaba llena de arroz que bajaba con una botella de agua.

—Igual tuviste suerte trolo, mis otros Pokémon estaban debilitados porque tuve que luchar con otros entrenadores. La historia hubiera sido diferente si hubiera tenido a Crock. — exclamó efusivamente.

—No sé, no sé. Vos perdiste, yo gané fin de la historia.

— ¿Cómo haces para viajar con él?— preguntó Satoshi.

—Después de un tiempo te acostumbrás— suspiró el pelirrojo. – ¿Hace cuánto entrenas Pokémon?— preguntó.

—Hace unos meses nada más, ya tengo tres medallas mirá—. Satoshi sacó un pequeño estuche plateado de su bolsillo, al abrirlo mostró los magníficos distintivos de los lideres de las ciudades que había visitado— igual, no fue fácil, perdí muchas veces antes de poder tener cada una— agregó.

Saito interesado en el tema de las medallas quiso preguntarle a Satoshi cual era la forma de conseguir la licencia de entrenador, pero no pudo, se sentía egoísta al pensar en eso sabiendo la situación en la que se encontraba.

Después de un tiempo cada uno entró en sus respectivas carpas para pasar la noche, no sin antes apagar el fuego con un poco de arena.

Saito durmió poco esa noche. Soñó con Reiko encerrada en una habitación, golpeando la puerta de la celda y pidiendo a gritos que la sacaran de ese lugar, sin obtener ninguna respuesta. No podía evitar preguntarse si esa era la verdadera situación de su hermana. Los iba a asesinar, no importaba si suplicasen o se revolcaran de dolor, ninguno iba a escapar de su destino, estos fueron los últimos pensamientos de Saito antes de caer profundamente dormido.

A la mañana siguiente Saito y Satoshi se levantaron sin muchas ganas para ver a un Ryuji que ordenaba a una lagartija roja que lanzara diferentes formas de fuego. Los adormilados jóvenes contemplaban como el Charmeleon podía controlar las llamas que exhalaba a su voluntad, un gran chorro de flamas eran disparadas hacía el aire y éstas caían formando una perfecta espiral, era muy divertido ver aquel espectáculo.

— ¿A qué hora te levantaste Ryuji?— preguntó Saito mientras se limpiaba la baba del sueño con la mano.

— Hace un rato nada más, quería practicar un poco con Flame antes de seguir— comentó él pelirrojo.

— ¿Y, que onda?

— Nada, es un buen Pokémon, aunque todavía no confía mucho.

— Char, char— afirmó la criatura bajando la cabeza.

— ¿Y Sharp?— preguntó Saito.

— Está durmiendo en la rama de ese árbol— dijo señalando con un dedo.

— Bueno, no sé ustedes pero yo me voy a lavar los dientes— interrumpió Satoshi que se dirigió en dirección al iglú para buscar el cepillo.

— Saito, te quiero pedir un favor— preguntó, él joven asintió mientras soltaba un bostezo — desde que Sharp usó viento hielo la otra vez, me quedó la duda ¿Qué nivel será?, ese ataque se aprende con mucha experiencia.

— Nunca me lo pregunté, pero con el Dexter se puede averiguar ¿no?— contestó dudoso.

— Exactamente, solo apuntale y te tiene que decir.

Saito sacó el pequeño aparato de su bolsillo y apuntó en dirección a la rama en donde descansaba Sharp, el Dexter habló como siempre:

No tengo datos, no todos los Pokémon han sido identificados.

Ambos se miraron perplejos, ya que el Dexter, aunque era viejo estaba actualizado.