Los tres jóvenes se encontraban encimados tratando de observar la pantalla del aparato que sostenía Saito en su mano derecha, un signo de interrogación ilustraba el desgastado vidrio.
—Les pasa por usar esa cosa vieja y no la nueva versión— alardeó Satoshi mientras hurgaba en su bolsillo dejando ver un dispositivo que tenia cierta similitud con el Dexter. La tapa que protegía los botones y la pantalla se abría por lo largo y no a lo ancho como lo hacía su antecesor, esto causaba que la cubierta girara sobre un eje y quedara detrás del aparato mostrando una mejor comodidad, pero con el problema de tener que sostenerlo con ambas manos para no obstruir la pantalla, notablemente más grande, con los dedos.
Cuando Satoshi apuntó en dirección al Pokémon que se encontraba durmiendo en aquella rama el dispositivo comenzó a hablar como era la costumbre, con una voz menos robótica y ligeramente diferente a la máquina de Saito.
—No hay datos, no todas los Pokémons han sido identificados— informó la pokedex mientras un signo de interrogación en tres dimensiones giraba sobre si mismo.
Volvió a intentar varias veces escanear a Sharp, pero todos los intentos fueron inútiles, siempre obtenía la misma repuesta.
— ¿Decías algo sobre que Dexter era viejo?— dijo Saito con una sonrisa provocando que Satoshi se sonrojara.
—Bueno, por lo menos la mía tiene una mejor animación, mirá como gira el signo… — dijo tratando de cubrir su error.
—De enserio esta bien hecho, Ryuji mira como gi…— exclamó, pero su amigo no lo escuchaba. Los ojos entrecerrados y la mano en su barbilla denotaban el trabajo mental que realizaba el pelirrojo.
—No te preocupes tanto Ryuji, ya vamos a saber de que se trata— explicó tratando de apaciguar las dudas de su amigo.
—No puedo evitarlo, en todos los años que trabaje que trabaje con mi viejo nunca me había pasado que no reconociera un Pokémon que con certeza esta en la base de datos. Además, tanto Dexter como la pokedex comparten el mismo modo de escaneo.
— ¿Mismo modo de escaneo?— preguntó Satoshi perplejo.
— Sí, es algo complicado, pero si querés trato de simplificarlo.
— Dale
—Cualquier pokedex o Dexter esta equipado con un sensor de movimiento muy avanzado, como sabrán, este tipo de sensores detectan el movimiento o el calor de los cuerpos que se exponen ante el láser y si hay una leve variación en la posición del cuerpo este lo escanea comparando peso, altura, edad, etc. con una base de datos predefinida, después de hacer las comparaciones adecuadas da su veredicto.
—Pero si solamente tiene que detectarlo el láser, Dexter o la pokedex tendrían que poder analizar a Sharp sin problemas— dedujó Saito.
—Si y no, los censores de movimiento tienen varia fallas: si en el camino el láser es obstruido por un objeto demasiado grande o si hay demasiados movimientos de otras cosas el censor se confunde y no puede realizar una lectura clara, para solucionar esto se le incluyó a los aparatos un escáner de esencia.
— ¿Algo así como un detector de olor?- preguntó Satoshi.
— No— contestó sonriendo— cada Pokémon tiene una esencia que los diferencia de sus congéneres que varía en tamaño y color según la especie, podría decirse que es más bien como un "aura" que despiden y que puede ser vista por este censor y, aunque no este en movimiento el Pokémon o la visión se encuentre obstruida esta puede ser vista. De esta manera la pokedex puede diferenciar entre lo que es un Pokémon y lo que no, ya que esta "aura" solo es poseída por los monstruos de bolsillo.
Este es el principal parámetro que toma en cuenta y si no puede detectar la esencia del Pokémon el resultado es la respuesta de "no se encuentra en la base de datos".
—En pocas palabras, Sharp es una cosa rara— dedujo Saito.
—Básicamente.
—Genial.
—Siento que me estoy perdiendo de algo— dijo Satoshi.
—No te preocupes con el tiempo te vas a enterar— contestó Saito.
La mañana transcurrió sin contratiempos, cada uno levantó su carpa y la guardó en unas pequeñas bolsas. Saito como de costumbre no pudo con el trabajo por lo tanto, Ryuji tuvo que hacerlo por él, pero no antes de guardar a Flame en su esfera. Una vez levantado aquel campamento retomaron la marcha.
Se encontraban caminando por un hermoso prado recubierto de un césped rebosante de vida, algunas flores crecían en pequeñas colinas que bailaban con el soplar del viento. El ambiente lograba poner a todos de muy buen humor, tanto era así que Saito escuchaba atentamente como Satoshi le repetía por décima vez como había logrado vencer a Whitney, entendió algo acerca de detener un giro con barro, pero dejo de prestar atención momentos después
— ¿Se siente bien no?— preguntó Ryuji.
—Si, es como si nada importara, como si no sé… solo lo disfruto—contestó Saito.
—Viste esas flores rojas con pétalos abultados que hay allá— dijo señalando hacia donde se encontraba la extraña planta.
—Si ¿qué tiene?
—Son Vileplum, un tipo de Pokémon hierba, despiden un aroma que afecta el humor de la gente, te hace sentir ¿Cómo podría decirlo? Feliz a la fuerza.
Me acuerdo que había un tiempo que a mi viejo le llegaba aroma de Vileplume en frascos, es como una especie de droga y la compraban muchos chicos, igualmente ahora no son muchos así que no hay de que preocuparse.
— ¿Preocuparse?— preguntó Satoshi.
—Crea adicción
Varios días pasaron.
Una bruma espesa había hecho su aparición hacía unos pocos días, esta invadía la entrada al parque nacional de tal manera que apenas podían verse algunos metros frente a ellos, era un blanco fantasma que envolvía a los árboles con un aura de misticismo.
Satoshi se encontraba temeroso de entrar a aquel bosque, algo le decía que no era seguro, pero Saito con un empujón le hizo adentrarse en la arboleda tratándolo de miedoso, mientras Ryuji y Sharp los seguían. Los tres jóvenes y el Pokémon caminaban a través de los árboles cuidando donde pisaban, ya que no podían observar lo que se encontraba por debajo de sus cinturas así como la silueta de Sharp que estaba casi oculta y solo podían distinguirse las plumas de su cabeza porque la niebla lo ocultaba casi por completo.
Mientras más se adentraban en aquel laberinto menos visibilidad obtenían y mas blanco se volvía el paisaje, pero no era por la niebla, las plantas y árboles se encontraban recubiertos por una sustancia blanquecina como si tuvieran un cobertor para polvo que los protegía. Saito se acercó a una pequeña flor para hacer una inspección más de cerca, cuando trato de quitar aquella sustancia de la planta la fuerza hizo que el cobertor blanco se rompiera quedándole un pequeño trozo en su mano. Saito la movió entre sus dedos y notó que era pegajosa y parecido a los algodones de azúcar que acostumbraba comprar. Era algo raro, se volteo hacia Ryuji y le mostró su hallazgo esperando que este supiese de que se trataba, pero este se encogió de brazos.
Sharp se encontraba alterado, giraba su cabeza de un lado a otro esperando ver algo que nunca aparecía, Saito sabia que algo raro le ocurría y entonces lo notó.
— ¿Escuchan eso?— preguntó.
El pelirrojo y el chico inclinaron la cabeza tratando de oír algún sonido extraño, pero nada.
—Yo no escuchó nada— dijo Ryuji.
—Yo tampoco— articuló Satoshi
—Exacto— ambos lo miraron con intriga por lo que el chico paso a explicarse— esto es un bosque inmenso, pero no se puede escuchar nada ni un pájaro ni tampoco un ruido de algún arbusto, no se puede escuchar nada, es muy raro.
—Es cierto, pero tampoco es imposible, quizá en este sector no hayan muchos Pokémon y por eso el silencio.- dijo Ryuji
—Capaz están durmiendo es muy tarde ya…
—Puede ser pero…— dudó, las explicaciones de sus amigos no lo calmaban – Mejor sigamos, no me gusta este lugar de mierda.
Ambos asintieron y continuaron caminando.
Un tiempo después pudieron escuchar algo arrastrarse entre los árboles seguido por un siseo. Saito y Sharp se pusieron en guardia, pero el sonido se alejó hasta hacerse inaudible.
—Ahí tenes tu sonido— alegó Satoshi, pero fue ignorado.
A lo lejos pudieron divisar una soga blanca inerte que colgaba de manera vertical, no podía verse de donde provenía ya que la niebla se los impedía. Todos se acercaron para ver de qué se trataba, la soga era del mismo material que cubría aquella flor que había visto Saito hacia solo unas horas.
—Capaz si subimos por esto a este árbol podamos ver adonde esta la salida— dijo Satoshi mientras se aferraba a la cuerda.
Era pegajosa lo que lo alteró e intentó soltarla, pero estaba pegado a ella, entonces intentó safarse aferrandose con la otra mano y tirando con la que estaba pegada en un principio lo que fue un error ya que ahora ambas manos se encontraban adheridas a la soga. Entonces sintió sus pies despegarse del suelo ¡la cuerda lo estaba tirando hacia arriba!
Sus compañeros lo veían ascender rápidamente: tres, cuatro, cinco metros había subido cuando Saito sacó su arma y sin dudarlo la arrojó hacia la soga tratando de cortarla para salvar a su amigo. La navaja voló como una bala y la rozó causando un pequeño corte, pero no lo suficiente para cortarla. Frustrado, ordenó a Sharp cortar la soga, que seguía elevándose con el chico a cuestas, la comadreja trepó el árbol clavando sus garras en el tronco. Sacaba una y la hundía unos centímetros mas arriba luego lo hacia con la otra y así escalo a una velocidad asombrosa hasta perderse en la niebla junto a Satoshi.
Ruidos de golpes provenían de las alturas, ruidos que Saito conocía bien, eran las garras de Sharp chocando contra algo o alguien. Parecía una batalla feroz, normalmente la comadreja acababa con sus oponentes con uno o dos golpes, pero esta vez era diferente tardaba mas tiempo del esperado.
Satoshi escuchaba como una batalla se desarrollaba a sus espaldas, no podía voltearse porque estaba suspendido en el aire, de pronto sintió como la cuerda que lo sujetaba se cortaba y caía hacia el suelo en picada.
Mientras descendía las ramas lo amortiguaban golpeándolo fuertemente en la espalda lo que le ocasionaba un intenso dolor que recorría toda su espina hasta la nuca, otras le ocasionaban varios cortes en las extremidades, después de caer varios metros finalmente una gran rama pudo detenerlo por completo poco antes de llegar al suelo, esta lo golpeó fuertemente en el estomago quedando éste colgado de ella en forma de U.
Sharp descendió con gracia corriendo sobre el tronco del árbol desafiando las leyes de la gravedad y aterrizando de pie haciendo una pose de victoria, le gustaba lucirse.
Ryuji ayudó a su amigo que colgaba de aquel árbol y no podía levantarse, lo bajó con cuidado y lo recostó en la base del árbol. De su boca corría un hilo de sangre que se perdía en la barbilla, parecía estar herido.
— ¿Estás bien?— preguntó Ryuji.
—No, creo que me rompí algo.
—Bienvenido al club— dijo Saito mientras levantaba su brazo enyesado.
— ¿Qué fue eso?— preguntó Satoshi mientras se enjuagaba la boca con un poco de agua de una botella que el pelirrojo le había dado.
—Obviamente una trampa— contestó Saito— la pregunta es ¿de quién?
Una pequeña rama cayo de aquel árbol a unos centímetros de donde descansaba Satoshi, Ryuji la tomó, era de color amarillento, unas pequeñas franjas negras como las de un tigre la recorrían y un liquido violeta se derramó en el césped cuando la dio vuelta para examinarla mejor, parecía hueca.
—Esto no es una rama, es una pata— afirmó —algo te estaba tirando hacia arriba, tuvimos suerte esta vez.
—Ni se te ocurra volver a tocar esas cosas— le reprochó Saito.
—No tengo la intención de hacerlo quédate tranquilo— suspiró.
Después de unos cuantos primeros auxilios de parte de Ryuji, notaron que Satoshi tenía unas cuantas costillas rotas y no podía caminar por lo que tuvieron que llevarlo a cuestas.
Habían pasado varias horas de caminata y a Saito le temblaban las piernas, el peso de Ryuji le estaba ganando. A lo lejos pudieron ver como un poco de luz salía detrás de los árboles.
— ¡Una salida!— exclamó Saito.
La entrada estaba bloqueada con aquellas sogas.
Desde la experiencia anterior habían estado esquivando aquellas cuerdas blancas tan problemáticas que a medida que se adentraban en aquel anormal bosque blanco aumentaban en cantidad, pero esta vez eran demasiadas para esquivarlas si querían llegar a aquella salida, así que Saito liberó a Spike de su prisión esférica y junto con Sharp comenzaron a cortarlas para abrirse paso.
Grande fue su sorpresa cuando al llegar a la luz se trataba solamente de un gran claro en el bosque. Una tarima de unos veinte metros de largo y seis de alto se erigía en el extremo norte de aquel, se encontraba cubierta de la misma sustancia que pintaba de blanco los árboles, enfrente de ella había varios troncos uno detrás del otro tirados en el piso mirando la tarima de manera horizontal.
—Parece… un escenario— dedujo Ryuji.
— ¿Un escenario? ¿Para qué mierda va a haber un escenario en el medio del bosque?
—Ni idea, es lo que me pareció.
Satoshi se encontraba dormido suspendido en el aire y con los brazos rodeando el cuello de sus amigos, estaba muy adolorido por la caída por lo que Ryuji le dio unos calmantes.
— ¿Cuánto va a estar así?— preguntó Saito.
—Unas horas más, le dolía mucho así que le di una dosis fuerte.
—Sabes de todo un poco vos— Ryuji lo miró intrigado.
—Pokémons, medicina, campamentos me siento medio inútil— dijo tristemente.
—No tenes porque sentirte así, cada uno cumple una parte importante en el grupo y que vos no sepas lo mismo que se yo no te hace mas inútil, hay cosas que yo no sé y vos si, nos complementamos .Como por ejemplo: yo nunca me hubiera imaginado que aquella cuerda era una trampa, pero vos te diste cuenta al toque, podríamos haber caído otra vez en una, pero gracias a vos no fue así.
—Que hijo de puta que sos, siempre sabes como hacerme sentir bien— dijo mientras le daba un pequeño golpe amistoso en la cabeza.
—Tengo mis momentos— sonrió Ryuji— descansemos un tiempo estoy cansado de cargarlo— dijo moviendo un hombro en un intento de señalar a Satoshi.
Limpiaron una parte de un tronco para poner un mantelito y comieron el arroz barato al que ya estaban acostumbrados.
Satoshi roncaba como un Snorlax.
Mientras comían escucharon un siseo en los árboles al que no prestaron atención, minutos después volvió a repetirse más fuerte y esta vez vieron varias sombras salir de entre los árboles.
Tenían varias patas muy delgadas que movían con rapidez, estas eran amarillentas y unas rayas negras las decoraban, sus cuerpos estaban armados por dos partes: la de adelante tenía la cabeza de aquel insecto con dos colmillos que chorreaban un líquido violeta y la de atrás era una especie de tubérculo hinchado.
—Arañas— susurró Saito.
Entonces notaron que alrededor de la tarima había varios capullos grandes que la rodeaban.
—Y estamos en su nido— exclamó Ryuji.
