Los ariados se acercaban poco a poco y las siluetas podían distinguirse claramente gracias a la escasa luz que escurría a través de los arboles de aquel claro, dejando ver la piel escarlata y las extremidades recubiertas de un extraño diseño a rayas. Las diminutas patas producían un pequeño susurro con cada movimiento, un sonido que podria erizar la piel de cualquier persona.
Mientras los jóvenes trataban de fraguar un plan de escape, la distancia que los separaba de los arácnidos se reducía. Las ideas eran muchas, pero muy pocas terminaban con un final feliz para el inconsciente Satoshi.
La mente de Saito armaba el escenario de combate como estaba acostumbrado.
Cuando estaba en la secundaria le gustaba medir su fuerza con los matones de su escuela e incluso de otras de la ciudad. Ya demasiadas veces se había encontrado superado en cantidad, pero eso nunca lo había hecho huir de una pelea, es más, le provocaba mayor satisfacción luchar en desventaja. Con la ayuda de Sharp y Spike podría derribar a varios de los ariados y mientras no los rodeasen no había razón para evadir la lucha. ¡Uno a uno puedo ganarles sin ningún problema! pensaba.
Ryuji por su parte no tenía la intención de combatir, la incertidumbre de la cantidad de enemigos le hacían imposible pensar en una confrontación en la que resultasen victoriosos. Entonces recordó la bomba de humo que había utilizado aquella vez contra los misteriosos hombres, si había funcionado contra ellos ¿Por qué no funcionaria contra los Ariados?, después de todo había sido hecha para escapar de pokémon no de personas.
Sin consultarlo con su compañero revolvió en su mochila, encontró la pequeña esfera violeta y la arrojó al suelo. El claro rápidamente se encontró cubierto por un denso humo violeta que obstruía la vista de cualquiera. El pelirrojo tomó el brazo de su amigo y lo arrastró hasta donde yacía un Satoshi inmóvil al que ordenó levantar en brazos.
Corrían lo más veloz que les permitían sus cansadas piernas ignorando las ansias de luchar de un ajetreado Sharp y tratando de atravesar el extenso claro que los rodeaba. Sus respiraciones se agitaron rápidamente ya que no habían podido descansar desde la última vez que llevaron al chico en sus hombros.
Finalmente llegaron al extremo opuesto del claro unos segundos antes de que el humo se dispersara por completo, un alivio le recorrió el pecho Ryuji. Ahora que estaban lejos de aquellos Pokémons podrían escapar sin problemas si entraban en la arboleda y se perdían en ella.
Saito sintió un tirón en su brazo sano. La fuerza del jalón le hizo frenarse en seco, soltar a su amigo y lo obligó a voltear su cabeza para ver que lo provocaba. Ahí estaba, la misma cuerda blanca que los había metido en esa situación, la misma que le provocó las heridas a Satoshi, la misma maldita cuerda se encontraba pegada al antebrazo de Saito y justo del otro extremo se encontraba un ariados que tiraba con fuerza.
El insecto retrocedía lentamente una pata trasera a la vez y con cada paso arrastraba al joven unos centímetros hacia atrás. Saito tiró con fuerza con el brazo capturado en un intento de hacer perder el equilibrio a la horrenda criatura, pero fue inútil ya que no logró moverla en lo absoluto, era más fuerte de lo que su pequeña estatura aparentaba. Deseaba con todo su cuerpo poder mover su otro brazo, con el podría buscar en su bolsillo el arma y cortar la telaraña en un abrir y cerrar de ojos. Luego recordó haberla perdido en el bosque en aquel intento de liberar a su amigo.
Ryuji empuño el bokken en sus manos y corrió directo en ayuda de su compañero. En el transcurso de la carrera giro el anillo de madera que poseía el arma y esta expulso un gran trozo de madera que viajo a una velocidad alarmante directamente hacia la araña. Otra cuerda de seda salió disparada hacia el proyectil interceptándolo en pleno vuelo.
Ahora que ya no poseía su capa protectora, Ryuji blandía en sus manos una hermosa katana que resplandecía con la luz de sol y dejaba ver su imponente filo capaz de cortar aquella tela sin ninguna dificultad. Ya no podían escapar su única alternativa era enfrentarse a esas cosas y salir victoriosos, tenían que hacerlo. Lanzó su ataque sin detener la marcha y hubiera tenido éxito si otro Ariados no hubiese atrapado sus piernas con tela para luego tirarlo al suelo con un tirón.
Sus esperanzas desaparecían o eso creía hasta que recordó a Sharp al cual había perdido de vista y olvidado por completo en el furor del escape.
Como si hubiera podido leer los pensamientos de su "amo" Sharp ya había visto luchar a Saito con aquel Ariados y se apresuró a ayudarle. Este dio un gran salto y con una garra en alto se preparó para dar el zarpaso de su vida. Grande fue su sorpresa cuando un haz de luz concentrada de color violeta salio de entre la arboleda e impactó en su pecho impulsándolo varios metros en el aire para luego caer de espaldas al suelo. Inmediatamente el gato se levantó y sin mucha dificultad arremetió contra la telaraña nuevamente, pero el mismo rayo de luz volvió a salir de entre la arboleda y le hizo morder del polvo nuevamente.
-¡Bayleef, hojas navaja!- se escuchó en aquel claro.
Los proyectiles vegetales cortaron las ataduras de Saito y Ryuji liberándolos del oscuro destino que les esperaba.
Un maltrecho Satoshi que se sostenía un costado con la mano izquierda se encontraba a un lado de aquel dinosaurio muy herido aún por la batalla anterior. Una sonrisa de orgullo y malicia ocupaba su rostro.
-Me las veía negras ya Ryuji.- dijo mirando a su compañero que yacía en el suelo- ¡Ya era hora de que te despertaras pendejo, casi no la contamos por salvarte el culo a vos! –le gritó a Satoshi.
-Disculpa es que tengo el sueño pesado- rió mientras ordenaba a su Pokémon otro ataque.
-Ahora se hace el copado, dejate de joder…
-Así y todo no salvó le tendrías que dar las gracias- dijo humildemente Ryuji mientras se ponía de pie y sacaba una esfera de su cinturón. La lanzó al aire y con un brillo blanco se revelo a un enojado Flame que comenzó a escupir llamas al cielo sin cuidado.
-Mi turno- dijo Saito mientras liberaba de su pokebola a Spike.
Así lucha comenzó. Flame escupía fuego a diestra y siniestra a cuanto Ariados se le interpusiera los cuales ardían en llamas y rápidamente corrían al bosque intentando apagar las llamas logrando solamente avivarlas y así caer desmayados al suelo. Spike cortaba a los pokemon con sus garras con una velocidad y destreza impresionantes. Con su agilidad daba saltos mortales y se balanceaba en el suelo con sus cuchillas esquivando hábilmente los lazos de telaraña. Por su lado Sharp se había levantado dificultosamente, debido a las heridas causadas por aquel rayo, y lanzaba un viento helado de su boca que congelaba a los arácnidos en segundos.
Mientras tanto Ryuji corría a toda velocidad hacia su mochila en busca de un arma para el indefenso Saito. Al llegar, revolvió hasta el fondo de su equipaje y encontró lo que buscaba: un estuche de madera con varios decorados a mano color negro. No era demasiado grande, por lo que no dudo en arrojarlo hacia su amigo.
El estuche giraba sobre si mismo mientras volaba sobre el caos que el fuego, las hojas y el hielo estaban provocando en la batalla que se estaba desatando y algunos ataques amenazaron muy de cerca la existencia de este. Antes de tocar el piso fue interceptado por un Saito que se desplazaba en al aire gracias a un Ariados que le había servido de escalón, cayendo al piso con un pequeño roll hacia delante que le permitió amortiguar considerablemente la caída. Saito levantó el brazo hacia Ryuji en señal de que había recibido el objeto, cosa que éste no pudo notar con claridad por la batalla que libraban los pokemon.
Con una rodilla en el suelo y la otra de soporte abrió el estuche. Dentro se encontraba lo que necesitaba un arma. Dos pequeños cuchillos de no mas de veinticinco centímetros decoraban en interior de la caja, unos pequeños dibujos de Arcanines danzantes rodeados de llamas giraban en espiral alrededor del mango color escarlata y anaranjado aunque en momentos desaparecian para luego retomar el decorado un tiempo después. Podia notarse la antigüedad de aquellas armas debido a lo descolorido aunque bien conservadas ilustraciones.
Saito, sin prestar atención a aquellas detalladas ilustraciones, desenvaino los tanto y se dirigió al Ariados mas cercano. Con un rapido movimiento cortó una de las patas de la criatura fácilmente, pero esta se seguia moviendo sin dificultad. Entonces intentó arremter contra el cuerpo y cuando lanzó un corte este choco contra el exosqueleto de la arraña y con un sonido agudo su ataque fue repelido. Con la esperanza de que el angulo del corte lo ayudara a penetrar la gruesa armadura cambio el modo de sostener las pequeñas katanas, las soltó y antes de que comenzaran a descender al suelo las volvió a tomar, pero esta vez con el metal apuntado hacia su cuerpo. Con una posición firme de sus piernas comenzó nuevamente el ataque, ahora eran zarpazos rápidos que de a poco comenzaron a quebrar la gruesa capa que protegía al arácnido, y con un ultimo corte mas fuerte que los normales logró su cometido. El gran abdomen se habia quebrado como cristal y un liquido viscoso y verde comenzó a salir de este, inmediatamente el Ariados quedó inerte con la mirada perdida en el cielo.
Aunque habia podido derrotar a aquel pokemon no creía poder volver hacerlo sin una distracción muy grande, al fin y al cabo habia estado casi un minuto golpeando la dura coraza y solamente pudolograrlo gracias a que el insecto se econtraba tirandode una telaraña que había atrapado por momentos a Spike.
La lucha seguía tan intensa como antes y aunque los esfuerzos de los pokemon eran enormes poco a poco sus fuerzasdisminuian. Los Ariados no disminuían en numero, pero los cuerpos que se encontraban en el suelo aumentaban cada minuto.
-¡son demasiados! – grito frenéticamente Saito mientras cortaba las patas de un pokemon – ¡no creo que aguantemos mucho mas!
-Ya deben quedar pocos- dijo Satoshi mientras ordenaba unas drenadoras que aferraron con sus lianas a dos arañas para luego ordenar otro ataque.
Bayleef lanzaba una sarta de hojas navajas agitando su cabeza fuertemente. Una tras otra los grupos de cuchillos vegetales salian disparados, pero eran poco efectivos contra auquella dura coraza, solo después de varias rondas algún que otro insecto quedaba derrotado por el daño acumulado y la energía del ya cansado dinosaurio se agotaba. Poco tiempo después de una ultima ronda de hojas que lanzó con mas fuerza de lo normal con la esperanza de que esto ayudara a salvar la vida de su amo cayó rendido por el cansancio.
Satoshi saco la pokebola de su pokemon y lo guardo en ella gracias al rayo escarlata no sin antes decirle a su amigo que lo había hecho lo mejor que pudo y que estaba orgulloso de él.
Ahora sin su sauropodo el chico se encontraba indefenso frente a un ataque inminente, y aunque tenía otros pokemon se encontraban demasiado heridos en comparación. Quizá podría liberar a ….. pero no podía dejar de pensar en como su lucha en la ruta lo había dejado mal herido y pedirle que luchara en esas condiciones haría peligrar su vida y Satoshi quería demasiado a sus pokemon para hacer tal cosa.
Él no sabia luchar como Saito y Ryuji ya que nunca había sido un chico violento, aunque nunca dudaba en usar su propia fuerza para defender lo que mas apreciaba: su familia y sus amigos.
Sin mas opciones se lanzó a la batalla con lo único que tenía su valor y sus puños.
Envistio a un ariados que se encontraba escupiendo una especie de liquido violeta a Flame esto hizo que el ataque perdiera la dirección y chocara con el tronco de un árbol el cual comenzó a derretirse poco a poco.
El insecto lo miro fijamente y Satoshi hizo lo mismo, se encontraba petrificado. Sacudio su cabeza fuertemente tratando de salir del trance y sin dudarlo golpeo con un puñetazo la cara del pokemon el cual apenas se vio afectado y se preparo para al ataque. La araña se abalanzo sobre Satoshi, éste no pudo soportar el peso y cayo al suelo con el insecto encima. Las mandíbulas se abrían y cerraban con un sonido tronante a medida que se hacercaban a el rostro del chico, la saliva goteaba de estas y un hedor putrfacto invadía la nariz del joven que le hacia revolver el estomago. De pronto el Ariados retiro su cabeza unos cuantos centímetros tomando impulso para clavar sus mandíbulas en el cuello del chico y cuando estaba a punto de alcanzarlo Satoshi le detuvo la cabeza con sus manos. La fuerza del Aracnido era demasiado para los débiles brazos del chico y poco a poco iba perdiendo terreno, un poco de saliva mancho su pecho provocándole una escalofrio en la eba spalda porque sabia que en pocos segundos ese frio recorrería su cuerpo y cuando eso pasara todo habría terminado. No tenia las fuerzas para pedir ayuda a uno de sus compañeros, pero su boca se encontraba firmemente cerrada debido a la fuerza que estaba haciendo para no caer en aquellas mandíbulas.
Un calor comenzó a recorrer su frente que luego se desplazo hacia su oreja y finalmente se detuvo. Entonces vio como la fuerza del insecto se reducia hasta casi ser nula y un liquido verde caia de su cabeza, Saito estaba sobre la espalda de aquel con ambos Tantos clavados en la cabeza de la bestia y luego de verificar que estaba muerta con unos cuantos giros de los cuchillos en la carne del ariados saltó a un lado y ayudó a Satoshi a salir de debajo del cuerpo inerte.
-¡que mierda estas haciendo! ¡Sino sabes pelear solo escondete! Si te moris aca esta pelea no tiene sentido no seas idiota- le reprocho sin mirarlo ya que se encontraba observando en el campo de batalla en busca de su próximo blanco.
-pero yo… no quiero ser un inutíl, yo quiero…- dijo dudosos mirando el suelo
-Ya nos ayudaste ahora anda y escondete, Ryuji y yo nos encargamos no puedo matar tranquilo a estas cosas si te tengo que andar salvándote cada cinco minutos ¿entendes?- Satoshi asintió.
Minutos después Spike y Flame se encontraban sumamente agotados y ya no podían esquivar los golpes como antes. No paso mucho tiempo antes de que el puercoespín fuera presa de unos de los extraños rayos que provenían del bosque y mordiera el polvo.
Flame ya no tenía fuerzas para lanzar mas llamas por lo que combatía a garras y dientes a lo que se le acercaba.
El numero de Ariados ya no aumentaba sino que se reducia, parecía que al pequeño ejercito ya no le quedaban soldados y aunque todavía quedaban unos cuantos Saito y Ryuji sabian que solo cuestión de tiempo para qué el cansancio cobrara su cuota y ambos fueran derrotados.
Los dos jóvenes ahora se encontraban espalda con espalda combatiendo para así reducir los futuros ataques estaban muy cansados, "si solo hubiese una forma de cortar ese cuerpo tan duro mas fácil" y entonces lo recordó.
-¡Flame!, ¡usa fuego fatuo en Saito!- gritó con todas su fuerzas.
A Flame solo lo mantenía en pie su brazo derecho que tenia apoyado en el suelo, su respiración era muy agitada y la llama de su cola muy pequeña. Con lo ultimo de sus fuerzas se puso de pie, llenó sus pulmones de aire y con un soplido exhaló una pequeña bola de fuego magenta que voló hacia Saito. La llama no se movia regularmente sino que danzaba sobre un escenario invisible que parecía extenderse hasta donde el desaliñado joven se encontraba, dejando en su camino un pequeño rastro de fuego que se extinguía antes de tocar el suelo.
Saito miraba como aquella llama se acercaba mas y mas a él con cada movimiento y unos centímetros antes de que esta lo alcanzara dio un pequeño saltó hacia un costado evitando el impacto.
-¡¿Me queres matar pelotudo?!- le gritó
-No te muevas que flame ya no tiene fuerzas para otro
-como queres que no me mueva, una bola fuego se me acerca para incendiarme y me decís que deje que me que…- el fuego fatuo había impactado en el chico pero sin hacerle ningún rasguño.
Entonces miro como éste no había desaparecido sino que ahora bailaba alrededor del filo de sus armas trazando una espiral que recorría todo desde la base del metal hasta la punta y al llegar a esta volvia a bajar y recorrer el mismo camino. La bola se dividió en tres mas que giraban mas intenso que la primera y como si tuviera vida propia una de ellas salió de su ruta y se deslizó hacia el arma gemela que Saito tenia en su otra mano repitiendo la misma danza que ya había interpretado. De pronto el color plateado de la hoja comenzó a ser absorbido por una gama de colores rojizos. En un momento era de un fuerte naranja parecido a la luz de la tarde que no podía apreciarse gracias a la arboleda que los rodeaba, y en otros un rojo intenso hacia su aparición como si la ira escondida del arma despertara.
Saito miró la magnifica hoja de la espada con curiosidad, pero no tuvo tiempo de inspeccionarla en detalle ya que un ariados viendo el descuido del chico se encontraba en el aire tratando de aplastarlo con su cuerpo. Saito sin tener tiempo de esquivar al gran insecto lanzó una de sus llameantes armas hacia éste esperando alguna herida superficial que desviara el trajecto del ataque. Para su sorpresa cuando el tanto tocó la dura armadura que protegía al ariados no quedó inserta en la piel de esta sino que fue atravesada como la más fina capa de algodón saliendo así por la espalda de la araña.
Saito no podía creer como aquella coraza que le había costado tanto trabajo romper fuera cortada como si nada con una de aquellas nueva arma que ahora residía en su mano derecha.
El Ariados cayó a los pies del chico inmóvil y sin vida mientras su cuerpo derramaba la misma Sustancia verdosa que Saito había visto antes.
Mientras Ryuji combatía contra uno de los diez insectos restantes Saito despachaba dos Ariados con solo unos cuantos cortes y para cuando el pelirrojo pudo acabar con su oponente ningún Pokemon quedaba en pie.
Ambos se miraron con una sonrisa en sus rostros y mientras de sus ropas y cabellos caian restos de la sangre de los insectos los jóvenes se dejaron caer al suelo exhaustos.
Cuando se aseguro que no corria peligro Satoshi salio de su escondite exclamando cosas como: ¿¡desde cuando pelean así!? o "¿¡como hicieron eso!?". Él jamas habia visto a dos personas moverse o luchar como ellos lo habian hecho sino era una película de acción o algo que habían pasado por TV por lo que estaba realmente asombrado.
Ninguno de los cansados guerreros contestó realmente sus preguntas sino que se limitaban a decir "si" o "no" y después de varios intentos desistió tristemente.
Saito no dejaba de pensar en aquellas extrañas armas que le habia salvado la vida, pero sabia que Ryuji le contestaria con algun discurso largo ahcerca del origen de estas y simplemente estaba demasiado cansado para escucharlo y por ahora solo queria disfrutar de esta pequeña victoria.
Despúes de descansar un poco volvieron a retomar la marcha sin que antes Satoshi revisara si algún Ariados habia quedado con vida con la esperanza de capturarlo, pero su busqueda fue inútil ya que Saito se habia encargado de que ninguno sobreviviera al filo de su arma.
Las estrellas marcaron el final de aquel laberinto de arboles y mientras la luna iluminaba aquella colina donde los 3 jovenes se encontraban un espectaculo de luces y sonidos podia divisarce a unos cuanos kilómetros. Habian llegado.
