Saito sentía el fuerte y a la vez delicado agarre de Sara, que lo detenía en su camino a la puerta de salida.

—"No puede dejar que esa gente muera por mi culpa. Una cosa es que se metan conmigo, pero esas personas no tienen nada que ver en esto"— pensó mientras la chica lo agarraba mas firmemente que antes.

Se dio vuelta y miró la cara de Sara que ahora era una mezcla de ira y su típica inexpresión.

—Mirá tampoco es que me importe tanto que mueras o lo que sea, pero si vas sin un plan o algo, no solo vas a hacer que te maten, sino que podes hacer que maten a alguien más. Deja de ser infantil y pensá bien en lo que vas a hacer.

—Vos no podés entender… porque nunca te preocupas por nadie— dijo todavía de espaldas.

— ¿Cómo que no?, me estoy preocupando de que no le mates a esa pobre gente

—Creo que tenés que hacerle caso Saito, tracemos una estrategia. No podemos ir cabeza a romper todo siempre.
Saito dio un tirón fuerte y se zafó del agarre de la chica. Esta se agarró la muñeca que le dolía por la fuerza que había usado Saito.
—¿Por qué no?, nos viene funcionando bien hasta ahora.

—Sí, bueno, también tuvimos mucha suerte…— le recordó Ryuji.

—Dejalo es demasiado inmaduro, mejor lo cagamos a trompadas y nos ahorramos la charla.

—Nunca pudiste ganarme en nada— le contestó Saito.

—Siempre tan engreído.

—Y vos siempre tan perra.

Ambos esbozaron una pequeña sonrisa sabiendo que la discusión había terminado.

Saito dejo las espadas que había levantado con su mano sana, se sentó en el sillón mas amplio, o más bien en la tierra con almohadones que Sara llamaba sillones y subió los pies en la mesita de café que tenía enfrente.

—Y bueno, ¿cuál es el plan?

Sara al escuchar esto, se recostó de lado en el sofá individual de al lado con sus pies colgado de uno de los brazos y su cabeza recostada en el otro.

—Podríamos usar el plano que tengo del centro para hacer una emboscada o algo— dijo mientras miraba al techo como si nada.

—¡¿Tenés un plano del centro?!— dijeron los dos al unísono.

—Sí, me contrataron para poner una red de cámaras en el C.P. el mes pasado— comentó como si nada.

—¿También tenés acceso a las cámaras?— preguntó Ryuji.

—Me tenés que estar jodiendo…

—¿Qué tiene de raro?, a veces trabajo en esas cosas, me pagaron bien y en efectivo. Ahora que lo pienso también podríamos usar las cámaras para ver como se mueven y el plano para saber en que parte están los tipos esos— dijo sarcásticamente –Pero si todavía querés ir a probar suerte no te lo voy a impedir Saitito— dijo con la sonrisa más sarcástica del universo.

Al chico se le subieron los humos por los cielos, Sara había estado planeando desde el principio molestarlo y lo único que había hecho desde que le contaron la situación había sido fastidiarlo solo por el hecho de que podía hacerlo.

—Por eso no quería venir…

—Bueno, bueno. Dejemos de pelear ¿por qué no traes el plano así podemos ver por donde entrar sin problemas?— trato de calmarlos Ryuji.

Sara los miró a ambos y comenzó a reírse a carcajadas, tanto que tuvo que pararse para recuperar el aire.

—Hace tanto que no me reía así, gracias por eso— dijo mientras se limpiaba una lagrima con la mano.

—Me alegro que nuestra ingenuidad te divierta— le dijo Saito.

—Vengan al "pensatorio", que allá tengo los planos.

Ambos siguieron a la chica a la habitación desordenada en la que ya habían estado antes. Todavía no podían creer como alguien podía vivir en un lugar así, apenas se podía caminar por los envoltorios de comida, papeles tirados y botellas de gaseosa. Era como cruzar la calle en un día nevado cuando la nieve te llega hasta las rodillas, pero con mugre. Mucha mugre.

—Siéntense por ahí, mientras veo donde mierda lo puse— dijo sin mirarlos y mientras arrojaba papeles y todo tipo de cosas al aire de los archiveros y el escritorio.

Saito y Ryuji se sentaron en dos de las sillas de la única mesa de la habitación y uno de cada lado la mesa. Apenas se podían ver la cara por la montaña de papeles y basura que había sobre la mesa.

—¿Vos decís que lo va a encontrar este año?

—¿Querés apostar?

—Diez pokés a que no encuentra nada— dijo Saito

—Yo le tengo fe— e inmediatamente pensó – "tampoco es que me quede otro lado para apostar…"

La pila de papeles había crecido exponencialmente detrás de Sara, pero después de un buen rato exclamó:

—¡Acá esta, sabia que no lo había tirado con la basura el otro día!

—Pagame— le dijo Ryuji a Saito sin esperar un segundo.

—Para un segundo, ¿me estas diciendo que vos sacas la basura e igual tenés este quilombo?— dijo ignorando a su amigo.

— Hacete el boludo nomas— prosiguió un Ryuji al que nadie escuchaba.

—Si, capaz una persona tan "especial" como vos no lo entiende, pero el caos ayuda en el proceso creativo— dijo con aires de grandeza.

—Si lo que digas…

Sara se acercó a la mesa y arrastro sus brazos sobre ella tirando toda la basura al piso y dejándola semi limpia. In mediatamente apoyo un pequeño cuadrado negro con una esfera trasparente en el medio.

—¿Vos decís que eso funciona?

—La ultima vez que lo probé lo hacia, esperemos que ahora también lo haga.

Sara se acercó un poco mas al cubo y apretó varias de la superficie donde no había nada, cuando presionaba con el dedo varios cuadraditos de colores se encendían y apagaban milésimas de segundo después.

—Y creo que ya con eso…— decía mientras seguía apretando los lados del cubo— está— término de decir.

Segundos después la esfera del medio del cubo se iluminó y lanzó un pequeño cono de luz verde eléctrico que se difumino y se transformo en un edificio verde y cuasi trasparente.

El holograma del centro pokémon giraba ante ellos lentamente, pero ninguno de ellos parecía sorprendido de que un edificio holográfico saliera de la nada. Para las personas de ese mundo esa clase de tecnología era cosa de todos los días.

—Voy a enlazar las cámaras al plano para tener una mejor perspectiva— dijo mientras colocaba un pequeño teclado al lado del cubo— Apretó una tecla y tres pantallas holográficas aparecieron alrededor de la chica, luego se sentó para estar más cómoda en la ultima silla que quedaba libre de la habitación, no sin antes sacarle la basura de encima con una sacudida.

Tecleaba a una velocidad espeluznante, era como si esos pequeños botones fueran una parte más de sus dedos. Al mismo tiempo movía cosas de las pantallas holográficas que su vez eran táctiles. Corría imágenes de cosas inentendibles para una persona normal de una pantalla a otra como si lo hubiese hecho toda su vida, y lo había hecho. Para ella usar una computadora era como respirar, algo completamente natural. Entonces en las pantallas aparecieron varias ventanas con diferentes ángulos de las diferentes cámaras. Cada una mostraba casi cada parte del centro en tiempo real.

Sara hizo un ademan y las pantallas giraron hacia los otro dos que pudieron ver con claridad como los hombres de traje negro se movían de un lado para otro en el centro.

—Deben ser como veinte, capaz más— dijo Ryuji al mirar los hombres de traje que recorrían los pasillos del centro.

—No todas las cámaras funcionan, parece que encontraron varias, las desactivaron, rompieron o algo— decía sin despegar la vista de la pantalla – pero creo que con esto nos podemos dar una idea de como se mueven y esas cosas. Vos Ryuji siempre fuiste el de los planes que decís que tenemos que hacer

—¿Podés poner algunas marcas en el mapa para darme una mejor idea?

Tecleo unos segundos más y en el mapa giratorio aparecieron varios puntos rojos que se movían lentamente.

—Antes de que sigamos con esto, no sé si lo notaron, pero esto es obviamente un trampa para ustedes. E igual así van a ir a que le metan tres balazos en la cabeza. Si me preguntan, no es algo muy inteligente que digamos. Tampoco es que me importe mucho, pero siempre los imagine muriendo de una manera más poética o algo así.

—Creo que Saito lo sabia desde el primer momento, no te preocupes por eso— dijo girando a ver su amigo.

—Mirá, no tengo muchas alternativas tampoco, además hay alguien ahí adentro que tenemos que ayudar a como de lugar.

Entonces Ryuji se dio cuenta de quien era del que estaba hablado, Satoshi. Como había podido olvidarlo, no era que lo conocieran de toda la vida, pero ya habían pasado por bastante mierda juntos como para no recordarlo. Ryuji se agarró fuertemente el pelo con una mano al punto de casi arrancárselos tratando de entender el porqué, ¿por qué era que lo había olvidado?, ¿acaso ya no lo importaba la gente de su alrededor?, ¿tan insensible se había vuelto?

—Si lo que sea— dijo Sara.

Saito miraba el mapa tratando de armar un plan o algo, pero le era inútil pensar, tenía muchas cosas en la cabeza dando vueltas para pensar en algo más que golpear cosas.

—Podemos hacer un agujero en alguna pared o algo por el estilo y entrar—

—¿Cómo querés hacer eso sin llamar la atención?— dijo Ryuji

— Si tuviéramos a Spike con nosotros podríamos hacer un agujero por debajo o algo por el estilo, pero esta en el centro…— se lamentó Saito.

—¿Quién es Spike?— preguntó la chica intrigada.

—Es el Sandslash de Saito— contestó Ryuji

—Cierto que ahora tenés Pokemon, no me acostumbro a la idea todavía. Te acordás que siempre decías, "los pokemon bichos inútiles para la gente que no puede protegerse por si misma"— se burlo imitando horriblemente la voz de Saito con una pose extraña. El chico la miró con una ira asesina y luego se dirigido a Ryuji

—Ryuji ¿vos que decís que hagamos?— le pregunto Saito preocupado al ver la actitud de su amigo.

El chico saliendo del transe comenzó a articular pensamientos. Miró el mapa una, y otra vez, comenzó a darle vuelta a la mesa con una mano en el mentón y la otra en el codo buscando un forma de entrar.

—Esto es lo que vamos a hacer— los dos miraron sorprendidos, ¿ya había ideado un plan en tan poco tiempo?, bueno no era la primera vez que lo hacia, en "rebelión" lo hacia a diario, pero nunca los dejaba de sorprender— Miren los patrones en los que patrullan y en donde esta la mayor parte de hombres, parece ser que protegen mas que nada esta sala de acá y esta otra— dijo mientras señalaba dos grandes zonas del mapa.

—¿Y porque decís que le dan mas bola a esos dos lugar?

—Rehenes— afirmó Saito.

—Exacto— dijo Ryuji

—Pero la otra que tiene que ver— pregunto Sara dejando el teclado a un lado.

—Es el almacén de pokémon— los dos lo vieron intrigado— Si no me equivoco es donde el centro guarda todos los de los entrenadores de la región, por lo que si alguien entrara y…

—Los liberara…

—Seria un caos y tendría su propio ejército para acabar con esos hijos de puta— dijo Saito.

—Exactamente, por eso lo tienen resguardado con tanta gente.

—Y como pensás entrar "ahí" cerebrito, somos solo tres y ellos son millones defendiendo esa puerta.

—Tendríamos que hacer una buena distracción y acá es donde entras vos Saito

—Aja, te voy siguiendo ¿Qué tenés en mente?

—Lo que mejor sabes hacer, mandarte de cabeza al quilombo y llamar lo mas que puedas su atención, yo te voy a ayudar por supuesto. Mientras tanto vos Sara te vas encargar de acabar con los pocos que queden en el almacén y liberar todo lo que haya. Con suerte y algunos pokémon como la gente vamos a poder terminar con esto rápido.

—Muy lindo, pero jamás les dije que los iba a acompañar por lo que a mi respecta todos los que están ahí adentro se pueden cagar muriendo.

Ryuji ni se inmutó ante la respuesta de Sara, no parecía sorprendido por alguna razón.

—Bueno entonces somos nosotros dos nomas Saito…

—Espera un cacho— le dijo a Ryuji sin quitar la vista de Sara— ¿De enserio te vas a quedar acá rascándote a dos manos mientras nosotros nos arriesgamos el cuello allá?

—¿Y por qué no?, mira fuera de joda, somos amigos y todo, pero yo me vine acá para escapar de toda esta mierda. No quiero meterme en más quilombos con organizaciones malignas y esas cosas.

Sara se paralizo por un segundo. Un recuerdo de una chica fluyo por su cabeza.

Sobre sus brazos estaba una joven con la cara machada de un oscuro color escarlata. Esta la miraba fijamente mientras lloraba unas cuantas lágrimas.

—Que te pasó no sos la misma de siempre

"Disculpa que no te pude llevar al concierto", estas palabras resonaron en la mente de Sara fuertemente. Palabras que no eran suyas, palabras que jamás olvidaría y quedarían marcadas en su memoria por lo que le quedara de vida.

—Yo…, yo… no sé de que estas hablando— balbuceó Sara.

Saito veía que de alguna manera esto le afectaba a Sara. Podía ser sensible de vez en cuando. Él sabía que nadie normalmente aceptaría una tarea como la que estaban a punto de emprender, pero Sara siempre fue dura. Ella nunca le daba la espalda a nada que supusiera un riesgo si era para ayudar a sus amigos.

Algo la había cambiado, el no sabia que y eso le preocupaba.

Aun así no podía obligar a nadie a seguirlo, era decisión de cada uno y aunque, sabía que sin Sara todo iba a ser el doble de difícil y complicado, no intento insistirle.

Los días de Rebellión habían quedado atrás.

Sara en un acto de evitar la mirada de Saito clavo la suya en las pantallas y no la despegó hasta que Ryuji comenzó a hacer las adaptaciones al plan sin la intervención de Sara.

Al comentar cada paso se notaba tristeza en la mirada de la chica, no quería abandonar a sus amigos, pero algo la detenía muy en el fondo.

El plan estaba hecho, Ryuji había encontrado un desagüe cercano por el que podían colarse en el centro sin ser vistos, aunque una vez adentro ser descubiertos era una tarea realmente sencilla si daban un paso en falso.

Saito se miraba el brazo enyesado mientras Ryuji preparaba el equipo que iban a necesitar dentro del centro. Sabía que estaba muy limitado con esa herida. Ya había pasado suficiente tiempo como para que se curase por lo que le pidió a su amigo que le diera una opinión. El chico sin dudarlo dio el visto bueno para que se sacara la prisión del brazo y como Saito no podía le pido que este lo hiciera por el.

Ryuji se acercó hasta el bokken que descansaba en la pared junto a los bolsos de viaje de ambos y lo tomo con una mano. Lo sostuvo a un costado como si la madera colgara de un cinturón invisible y agarró el mango como si intentara desenvainarlo. Entonces el yeso cayo en pedazos ante los ojos de Saito que apenas alcanzo a ver el movimiento.

Su destreza con la espada no había cambiado en nada aunque ya no tuviese que usarla a diario. Sara quedo sorprendida y aunque no lo admitió se podía ver claramente en su cara.

Saito se tocó el brazo ahora libre, lo giró, flexionó e hizo todo tipo de movimientos para comprobar su flexibilidad. Unos segundos después que estuvo convencido con el resultado fue a tomar sus armas y las blandió por primera vez con ambas manos. Su peso era extremadamente liviano, por lo que no le costaba en lo absoluto realizar todo tipo de cortes distintos en el aire. Los sables eran una misma arma separada en dos, una extensión de si misma.

Saito no había tenido tiempo reflexionar antes con tantos peligros encima, ¿de donde habían salido esas wakisashi?. Tenían una habilidad especial eso no estaba en duda, pero Ryuji jamás se había molestado en explicárselas, cosa que cuando tuviese la oportunidad no iba a dudar en preguntarle. Por ahora le bastaba con saber que eran unas magnificas armas.

Se sentía realmente bien de poder usar sus dos brazos después de tanto tiempo y no podía evitar pensar que quizás si hubiese tenido esa capacidad en el parque nacional no tendrían que haber sufrido tanto esa parte del viaje.

Ató ambas espadas con una cinta a su cintura y le dirigió la mirada a su amigo.

—¿Fueron seis cortes no?— le preguntó seriamente.

—Nueve en realidad, pero esta vez estuviste más cerca— rio el pelirrojo.

Con todos los arreglos hechos tomaron su bolsos sabiendo que podían llegar a volver como no y se dirigieron a la puerta de la casa. La razón por la que había ido a Ecruteak ahora tenía que esperar un poco hasta que pudieran resolver esto.

Sara estaba detrás de ellos cuando salieron al exterior. Los chicos se dieron vuelta para ver a Sara con los ojos vidriosos, esta rápidamente se paso la manga del buzo con para evitar que la vieran.

—Bueno deséanos suerte— le dijo Ryuji con una sonrisa.

—Yo… me hubiese gustado que las cosas fueran diferentes— dijo dudosa.

—Las cosas cambian no puede evitarse supongo. Desde que salí de Goldenrod que me estoy dando cuenta, pero no te preocupes les pateamos el culo y volvemos enseguida ¿ok?— entonces recordó que todavía no le había dado ni la esfera ni la tarjeta a Sara, por lo que busco en el bolsillo y le extendió las manos, ella hizo lo mismo y las recibió.

—Antes de que se vallan les quiero dar esto yo también— les dijo mientras sacaba algo de la pequeña cangurera que llevaba. Eran unos pequeños artefactos que Saito no conocía.

—Son para que se puedan mantener en contacto dentro del centro sin tener que sacar los Pokegear

Ambos se los pusieron en los oídos y los probaron para ver como funcionaban. Efectivamente eran muy útiles. Si llegaran a separarse tendrían una manera fácil de comunicación.

Ambos se dieron vuelta y se despidieron con una mirada de la chica que quedo detrás de ellos. Sara los continuo mirando mientras se alejaban lamentándose no poder ser la de antes, hasta que los perdió de vista mientras doblaban una esquina.