Sara se encontraba apoyada en la mesa de la sala escondiendo su cabeza entre los brazos, deseando que todo fuese diferente, que las cosas de alguna manera cambiaran. Pero todo no cambia con solo desearlo y era algo que estaba aprendiendo en ese momento.
-Vinyl…- susurró
De pronto el espacio al lado de ella comenzó a distorsionarse por alguna razón, algo borroso podía verse dentro, una figura incompleta que intentaba volver a tomar la forma que antes le pertenecía. Sara estaba muy angustiada como para notarlo, por lo que no prestó atención cuando el pokemon se materializó por completo. Era una pequeña criatura de apenas noventa centímetros de alto, una coraza marrón cubría su cuerpo como una armadura. Sus ojos estaban completamente cerrados.
El pokemon se dirigió a la cocina y dejó las dos bolsas con compras que tenía en las manos. No tardo mucho en acercarse a Sara y darle un pequeño toque con la mano para avisarle que había completado la tarea.
-Ahora no Trick, estoy de malas- dijo sin levantar la cabeza.
"No necesito leerte la mente para darme cuenta de eso"
-Entonces dejame tranquila.
"Por lo que siento dejaste solos a tus amigos, no creo que haya sido una decisión sensata"
-¿Y vos que sabes que es sensato y que no?, ¡Sos un pokemon y yo soy tu ama, no olvides eso!- le gritó frenética para después volver a esconder su cabeza.
"Lo sé, pero hay veces que los amos no pueden ver la verdad que esta frente a sus ojos y nuestra tarea es hacérselos ver, si no, no seriamos buenos compañeros"
-No entendés, ese día, lo que le paso a Vinyl, fue por culpa mía. Me prometí a mí misma que no iba a dejar que eso pasara de nuevo. No podría soportar que el pasado vuelva a atormentarme otra vez. No puedo.
"Quizás, la respuesta no solo sea resistir si no, aceptar. Antes de que nos encontráramos yo estaba perdido, la locura recorría mi mente, pero usted, ama, me hizo ver que siempre hay otro camino, que uno puede evolucionar, hasta una criatura como yo tiene un lugar en el mundo"
-Duele mucho Trick, no sabes cuánto. Yo no puedo ayudar a nadie ya, soy una inútil- dijo levantando la cabeza para mirarlo, tenía los ojos humedecidos, pero el pokemon estaba del otro lado de la habitación recostado en un sillón sin prestarle atención o al menos eso parecía.
"Y siempre va a hacerlo, pero Vinyl nunca hubiese querido verte así. Dándole la espalda a la gente que te necesita no vas a hacer desaparecer el dolor. Vos no sos una inútil, solo te pasaron cosas malas"
-Eso no importa ya, si voy puede que pase lo mismo.
"Solo tenemos una oportunidad para demostrar que de verdad valemos algo, que no solo somos un cascaron vacío y esta es la tuya. ¿Qué otra cosa puede importar más que esto?"
-No me importa lo que pienses. Todo quedo en el pasado ya, yo perdí mi oportunidad hace mucho aquel día.
"Esta es tu vida ahora Sara, no va a esperar que te levantes"
El pokemon terminó de pensar y levitó hasta el aparador de la habitación. Un cajón se abrió por arte de magia. Tomó el contenido y le dejó al lado de Sara.
Uno anteojos de luna llena, bastante amplios y de vidrios color violeta eléctrico ahora se encontraban sobre la mesa.
"Vinyl lo hubiera querido así"
La manivela giró haciendo un ruido chirriante por el óxido que la recubría. No había sido usada en años, por lo que a Saito le costó un poco abrir la entrada.
Subieron por la escalera uno por uno hasta entrar a lo que parecía ser un jardín gigantesco al aire libre, pero dentro del centro pokemon. Por lo que estaba conectado con unas puertas de vidrio al resto. Seguramente, los entrenadores disfrutaban ver como los pokemon jugaban a través de los cristales del otro lado. En el medio del lugar se encontraba una fuente de tres niveles y en la cima de ella una estatua de un magikarp que parecía estar saltando del mar, escupía un chorro de agua que mojaba los alrededores de la fuente. Estaba conectada por varios canales a dos lagunas que ocupaban gran parte del lugar. El suelo no era artificial si no que estaba recubierto de verde. Era un pequeño paraíso para que los pokemon de los entrenadores se relajaran del viaje.
Pero las risas y jugueteos de las criaturas no inundaban el ambiente. Apenas unos pequeños poliwag que se escondían dentro de la fuente y algunos rattatas detrás de una roca eran los únicos habitantes de ese magnífico lugar.
-¿Estamos dentro del centro?- preguntó Saito mientras se acomodaba las espadas al cinturón.
-Creo que sí, parece ser una especie de área recreativa o algo por el estilo- contestó Ryuji haciendo uso de su habitual sentido común.
-¿Por dónde empezamos?- preguntó el chico.
-¿Qué les parece si empiezan por nosotros?-dijo una voz desconocida.
Dos tipos de traje se levantaron de detrás de la fuente, estaban esperando que alguien cruzara por ese lugar al parecer.
-Bueno, olvidate del elemento sorpresa- dijo Saito sarcásticamente.
-Son dos, uno para cada uno- señaló el pelirrojo.
-No, vos tenés otra tarea, ya lo acordamos- contestó cortante.
-Saito, no podés encargarte de los dos, no son como los otros que nos veníamos enfrentando antes- le dijo preocupado.
-Tengo mis dos brazos ahora, es diferente- Ryuji lo miró aun más preocupado que antes- No me hagas repetírtelo ¡Andá!- le ordenó.
Ryuji sabía que Saito tenía razón y no tenían tiempo ahora que habían sido descubiertos. Tenía que llegar al almacén de pokemon y rápido.
Corrió entre los hombres que al instante de verlo pasar, lanzaron cada uno un puñetazo.
-¡Adonde creés que vas!- dijeron en medio del golpe
El chico siguió corriendo como si nada pasando entre medio de ellos. La razón de porque los golpes no habían dado era que Saito se había interpuesto en el camino de ellos bloqueando cada puñetazo con una wakisashi diferente, las espadas aun estaban envainadas. Ahora estaba parado en el medio de ambos.
-¿Qué hacen?, su oponente soy yo- dijo con una sonrisa maliciosa.
Saito se alejó de un salto hacia atrás para esquivar un nuevo puñetazo de uno de ellos.
Uno estaba pasado de peso. Tenía una pequeña barba candado y el pelo rapado. El otro en cambio era flaco de cabello castaño y anteojos de sol. Notablemente más alto que su compañero.
-Bueno Max, parece que tenemos un pendejo bien creído acá- dijo el gordo con una sonrisa macabra.
-Veo que si, Roland, ¿pibe no es muy tarde ya para que andes solo?, si llegas a última hora a casa se te va a enfriar el nesquik- le comentó burlonamente, dirigió la mirada a su compañero- ¿Qué hacemos con el otro?
-Dejalo, seguramente otro unidad lo despacha primero- dijo encogiéndose de hombros.
Saito desenvainó las armas una por una. Las vainas hicieron un pequeño sonido al chocar contra el pasto.
-¿Les parece si los elimino rápido?, no tengo tiempo que perder con basuras como ustedes- dijo con las espadas en mano.
-¡A quién le dijiste basura pendejo de mierda!- ladró el obeso mientras buscaba algo en un bolsillo.
Su compañero lo detuvo en el acto señalando a Saito despectivamente.
-Miralo bien, es al que estamos buscando. No podemos matarlo, el jefe lo quiere vivo- le comentó por lo bajo.
El hombre refunfuño.
-Lo que el jefe no sepa no va a hacerle daño, además solo somos un grupo de reconocimiento ¿no?- contestó mientras se ponía una manopla en cada mano.
El hombre corrió hasta Saito y aprovechando la velocidad de la carrera lanzó un puñetazo. Saito se limitó a mover la cabeza a un lado y le golpeo la suya con el mango de su arma. El hombre cayó de rodillas agarrándose con ambas manos donde le habían dado el golpe.
-Ya me enfrenté a un tipo de traje que peleaba de la misma manera y dejame decirte que no sos ni la mitad de bueno que él- alegó mientras la daba una patada en la cara y ponía al hombre de espaldas en el suelo.
-Así que vos fuiste el que mató a cuarenta y cuatro- comentó desde el suelo.
Se paró de inmediato, un pequeño hilo de sangre le salía de la boca, que no tardo en limpiarse con la manga del saco.
-¿Qué se siente tener esa sangre en tus manos?- dijo mientras arremetía nuevamente.
Lanzó otro golpe hacia el rostro de Saito, pero este lo bloqueo con una espada. Un sonido metálico se escuchó cuando la manopla chocó contra el acero de la espada. Empezó a dar un puñetazo tras otro, pero todos eran esquivados o terminaban en el mismo sonido.
-¿Qué se siente saber que una persona murió por tu culpa?
Saito comenzó a tener dificultades esquivando, los golpes le pasaban cada vez más cerca.
-Yo no sé de lo que estás hablando- contestó dudoso.
El hombre sonrió por dentro. Vio un espacio abierto y logró conectar un golpe.
Saito retrocedió apretándose el estomago. El puñetazo le había sacado el aire por completo y no podía respirar bien. Las manos con las que sujetaba las armas le temblaban, pero no era por el dolor. Los recuerdos le invadieron la mente sin permiso y salvajemente. De pronto solo podía ver la cara de aquel hombre cuya vida había arrebatado. Nunca antes le había afectado más allá de ese día. Pero era porque lo había enterrado en sus recuerdos más profundos o eso había creído.
De pronto sintió como un dolor indescriptible volvía a surgirle, pero esta vez venía de su mejilla izquierda. Saito rodó por el piso debido a la fuerza del golpe, soltando las espadas que se clavaron en el suelo cuando cayeron.
-Tenés suerte que haya sido mi pie y no la manopla si no ahora estarías muerto.
No podía moverse, el pánico lo había invadido por completo, era cierto, el no tenía ningún derecho de quitarle la vida a aquel hombre, pero igual lo había hecho. No era diferente a ninguno de ellos.
El chico sintió como Roland lo levantaba por la remera y lo ponía frente a él. Le dio un rodillazo en el estomago que de por sí ya le dolía. Entonces todo se volvió blanco.
Saito ya no estaba en ese jardín de hace unos segundos, ahora se encontraba en un espacio vacío sin fin, apenas un fulgor blanco que salía de la nada iluminaba el lugar donde estaba parado. El suelo era trasparente por completo y parecía tener un pequeña capa de agua, porque cada paso que daba dejaba ondas como las que hace una pequeña piedra al caer a un lago.
El ya había estado en ese lugar, aunque era un poco diferente a como lo recordaba.
Una pequeña bola de luz levitaba frente a él. Parecía que trataba de tomar una forma, pero no lo lograba.
-¿Por qué dejas que te hagan daño Saito?- preguntó la luz con una voz cálida que hacia ecos en el lugar.
-No lo sé, quizás quiero redimirme- contestó sin dudar.
Era una sensación extraña, sentía que conocía a esa criatura desde siempre. No tenía miedo, no sentía dudas y no necesitaba mentir. Se sentía, desnudo, pero a la vez en confianza, como si pudiera contarle cualquier cosa. Por alguna razón cuestionar la existencia de ese lugar no era posible, solo tenía que existir y nada más.
-Redimirte ¿Por qué?- dijo la luz intentando tomar una nueva forma inútilmente.
-Por lo que hice, le quité la vida a un hombre sin razón.
-Pero sí, tenías a una razón, querías proteger a los que querías. ¿O me equivoco?
-No, pero… tendría que haber pensado otra forma, no sé, otro modo de haber resuelto las cosas- se lamentó bajando la cabeza.
-Mi pequeño Saito… la vida de una sola persona es tan efímera, delicada y aún así te preocupas por quitar una. Es cierto que arrebatar una esencia no es la mejor forma. Pero nada se pierde todo se transforma y ahora esa vida es una nueva.
-No entiendo lo querés decirme. Le robé todo a ese tipo, no soy diferente a ellos.
-Claro que lo eres pequeño. Tu fuerza es para ayudar a tus seres queridos, ahora sientes remordimiento y tu alma sufre, solo eso, ya te hace diferente. Quizás tu le robaste la esencia a esa persona, pero si no lo hubieses hecho, el hubiese tomado la tuya y la de quien aprecias. Ese fue tu pensamiento en ese momento.
Saito no podía hablar, esa luz lo conocía a la perfección, parecía como si fuese parte de él.
-Saito, quitar una vida no es puro, pero si la gente que te importa depende de eso, quizás y solo quizás merezca la pena el que una vida se pierda, si crees que no fue lo correcto y quieres redimirte ayuda a todos los que te necesitan ahora. Siempre sentirás ese dolor, pero ese es el peso que deben llevar personas como tú. Personas que defienden a sus seres amados. Solamente morir no ayudaría en nada y ciclo no terminaría correctamente.
Tenía razón, quitar una vida era incorrecto, pero no podía permitir que alguien que quería muriera por un capricho de un desconocido. De ahora en adelante buscaría otra salida y su fuera necesario hacerlo otra vez no miraría atrás. Ese sería el peso que tendría que cargar.
-¿Quién sos?- no pudo evitar preguntarle igual que aquella vez.
-Un amigo.
-Creo que lo maté Max, mirá no se mueve- dijo cacheteándole la cara al chico.
-Bueno, vos solo vas a tener que vértelas con Reno, a mi no me cuentes- dijo Max sentándose en el suelo.
Entonces el joven abrió los ojos con una sonrisa y se encontró con el rostro de aquel que lo había golpeado tan salvajemente antes. El hombre lo soltó por el miedo que le había causado esa mirada y retrocedió unos pasos.
-¡Roland, está vivo! ¡Tenemos suerte!- dijo alegre -¿Qué te pasa? ¿Por qué lo soltás?
-No lo sé, solo sentí que... nada olvidate- contestó nervioso después de mirar por un segundo a el joven.
Saito corrió hasta una de sus espadas y la sacó de la tierra. Como un demonio arremetió contra Roland que lo único que pudo hacer fue defenderse el rostro debido a la velocidad del ataque. Ambas manoplas cayeron hechas cientos de pedazos al suelo.
-¡Vamos Roland, es solo un chico, termina con él!- le gritó su compañero.
-Tenés razón, no sé que me paso- dijo retomando la compostura.
Un nuevo puñetazo se dirigió hacia Saito, este lo esquivo sin dificultad y se colocó en la espalda del hombre a una velocidad tan asombrosa que Roland lo perdió de vista.
Saito no tenía dudas, no tenía miedo, su mente era libre al fin. Sus pensamientos estaban concentrados en una cosa y solo una cosa: salvar a Satoshi.
La espada se movió tan rápido que nadie pudo ver cuantos cortes le había realizado al hombre. ¿Cincuenta? ¿Cien?, nadie lo sabía.
La sangre estalló de golpe en cada corte y el hombre cayó al suelo inerte.
-¡¿Qué me hiciste bastardo, no me puedo mover?!- dijo Roland que estaba tirado en el suelo.
-Nada en especial, solo corte los tendones de tus piernas y brazos para que no pudieras moverte. Vas a vivir, pero dudo que puedas volver a caminar, si no es con un bastón- dijo el chico mientras sacudía la espada para limpiarle la sangre.
-¡Pendejo asqueroso! ¡Como te atreves a hacerme esto!- gritó tratando de levantarse inútilmente.
-Callate si no querés que te corte la lengua también- le contestó mientras se dirigía hacia su otra espada y la levantaba del suelo.
Saito se limpio un poco la sangre de la cara que le brotaba por unos cortes que le habían hecho los golpes del matón.
-Vos sos el siguiente- dijo con una mirada sin emoción hacia Max.
El flaco dio un paso hacia atrás, luego otro, y otro más, hasta que pasó su mano por el cinturón y el alma le volvió al cuerpo. ¿De qué tenía miedo? ¿De un chico con cuchillos?, Roland siempre había sido un estúpido que se dejaba llevar, pensaba tratando de convencerse. Eso era, se había dejado llevar por la emoción y se descuido, pero eso no iba a pasarle a él.
Buscó en el cinturón una vez más y lanzó dos pokebolas al aire que liberaron dos bestias temibles. Las dos median más de dos metros y estaban completamente cubiertas de acero. Se paraban en dos patas y tenían dos cuernos que le salían de unos pequeños agujeros en la cabeza.
Rugieron ferozmente mientras plantaban sus ojos en la presa que tenían frente a ellos.
-Aggron ¡maten a ese chico!, ¡No me importa cómo, solo mátenlo!- gritó desesperado.
Ambos abrieron la boca y una pequeña bola amarilla comenzó a materializase dentro.
-Estoy muerto…- dijo por lo bajo.
De las bolas, dos grandes láseres amarillos y anaranjados salieron disparados hacia Saito. En el camino ambos se juntaron formando uno solo, aumentando el doble su tamaño y cambiando su color a un rojo escarlata. A medida que avanzaba el ataque, y aunque no lo tocasen, el suelo se partía en pedazos. La fuerza de aquel rayo era descomunal.
El rayo tardo exactamente cincuenta milésimas de segundo en llegar hasta el chico. Cincuenta milésimas fue el tiempo que tuvo para pensar en cómo esquivar el ataque. Dicen que cuando uno está a punto de morir el tiempo se detiene y le da a la persona tiempo de pensar. Pero en realidad no lo hace, solo pasa más lento y aunque Saito tuvo ese instante y visualizó como esquivar, el que lo traicionó fue su cuerpo, que no logró responder a tiempo.
Gracias a esto tuvo tiempo de ver como una sombra corría a una velocidad normal al lado del laser que se movía lentamente solo frente a sus ojos. A que rapidez corría Sharp hasta este día no sabría decirte, pero lo que si te puedo decir es como se trepo por una de las bestias, como sus garras comenzaron a brillar con un azul intenso y golpearon ambas mandíbulas desviando el laser hasta la estratosfera donde se disipó por completo.
Saito nunca estuvo más contento de ver a ese pokemon en su vida. Pero no tuvo tiempo de seguir observando cómo las mandíbulas de los pokemon se congelaban por que ahora las garras de Spike brillaban de un rojo intenso y golpeaban a ambos pokemon, dejando dos grandes haz de luz roja en el aire que ahora formaban una equis.
Las grandes corazas de los pokemon habían sido perforadas como si de papel se tratase y de las heridas comenzó a brotar el liquido escarlata.
-¡¿Quién carajo sos?!- le gritó frenético.
Max se había tropezado en un intento de retroceder inconscientemente por el miedo.
-Solo un chico al que ustedes le sacaron todo y quiere recuperarlo- dijo mientras se acercaba a los Aggron que derramaban demasiada sangre.
Saco un pequeño espray de su bolsillo y se los aplicó para que las heridas dejaran de sangrar.
-¿Por qué los curas?, son tus enemigos- le preguntó el hombre.
-Porque un amigo me dijo una vez que los pokemon no tienen la culpa de lo que gente haga con ellos- contestó seriamente.
Spike y Sharp lo miraron y asintieron al mismo tiempo.
-Esto no termina acá, nosotros solo somos agentes menores, si te enfrentas a los agentes mayores o a nuestro jefe Reno. ¡Vas a morir, te lo aseguro! O peor aún, escuché que quieren experimentar con vos y hacerte todo clase de pruebas, mataría por ver eso- rio tan desesperadamente que parecía que estuviese loco.
-Que lo intenten- dijo mientras le daba un golpe en la cabeza y lo dejaba inconsciente.
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