El Híper rayo salió del centro pokemon haciendo un gran espectáculo de luces rojas. La gente lo miraba atónita mientras desaparecía y apartaba las nubes de su camino dejando un gran espacio vacío en el azul del cielo.
Un hombre observó escéptico el poder de aquel ataque, aunque preocupado por dentro. Dentro de unos minutos tendría que entrar en ese lugar y eso no era muy alentador. Solo su experiencia le mantenía los pies en la tierra.
La vida le había enseñado que no había nada que no se pudiera manejar con el pensamiento correcto.
Morty miró con una sonrisa triste a Jenny, aunque con un dejo de felicidad. Así se expresaba él, parecía que nunca podía mostrar su verdadera cara. Era un fantasma tanto dentro, como fuera de su gimnasio. Un pokemon comenzó a emerger de su sombra lentamente con una sonrisa macabra mientras sacaba una lengua extremadamente larga. Su color violeta era despectivo de los pokemon de su tipo.
El pokemon comenzó a volar dando vueltas de arriba hacia abajo sobre sí mismo como en una especie de juego extraño.
-Vamos gengar, no tenemos tiempo de jugar ahora.- Miraba el centro concentrado mientras regañaba a la criatura.
La oficial y el entrenador cruzaron miradas por un segundo.
- Jenny, no hagas nada estúpido.
El gengar frotó sus manos y volvió a entrar en la sombra de su amo. Es lo último que pudo verse de ellos antes de que desaparecieran en una niebla violeta.
-No sé qué haría si no te tuviera Morty...- dijo por lo bajo la oficial.
-Siempre voy a estar a tu lado Jenny, no te preocupes, no voy a tardar mucho- le susurró un poco de la niebla que se había acercado a su oído. Luego desapareció por completo en el aire.
En el extremo de la multitud una chica ocultaba su cabeza con la capucha blanca de su campera. Unos extraños anteojos de sol le cubrían el rostro por lo que era irreconocible. A su lado un pequeño abra dormía sentado sin preocupaciones.
Se acercó a uno de los espectadores lentamente con las manos en los bolsillos mientras se ajustaba los lentes con el dedo índice apretando el centro del armazón. Su criatura no se movió.
-Nene, ¿Se sabe alguna novedad en todo esto?- preguntó acomodándose la capucha con una mano.
-¡Morty acaba de entrar para patearles el culo a todos esos tipos!- contestó el chico emocionado.
-"Morty, esto se va a poner feo, pero era de esperarse"- pensó Sara.
-Morty es mi líder favorito ¿sabés?, su gengar es invencible. En todo el tiempo que lleva de líder de gimnasio jamás le ganaron. Además es súper inteligente, la policía siempre lo llama cuando hay problemas. ¿Sabes por qué?, ¡por qué es el mejor entrenador del puto mundo! ¡Ese es el porqué! Nadie puede hacerle frente, siempre que…
El chico no paraba de dialogar. Disfrutaba mucho hablar de su héroe, por lo que podía estar horas contando historias de lo magnifico que era.
La ciudad le tenía mucho aprecio al líder. Sus servicios con la policía lo habían hecho el héroe de los jóvenes. Todos querían ser como él o al menos parecérsele.
Los líderes de gimnasio son los combatientes de elite de la región, la mayoría son entrenadores que ponen fin a su viaje por el mundo, porque entienden que tienen que pasar su conocimiento a generaciones venideras. Aunque otros solo buscan fama y reconocimiento sin trabajar por ello. Estos últimos siempre son gente que no dura ni dos semanas en el puesto. Aunque son hábiles, la vida de un líder no es fácil. Además de mantener un cierto nivel de habilidad, están obligados a trabajar como un grupo de elite que se encarga de problemas demasiado peligrosos e importantes que muy pocos pueden llevar a cabo.
Muchas veces esto los lleva a viajes peligrosos para calmar manadas de pokemon salvajes o apoyo para conflictos civiles y militares. Esto no es obligatorio para ninguno, pero ayuda a mantener la licencia del gimnasio que puede llegar a perderse si no se cumplen ciertos requisitos.
Aunque una vez hecho cierta cantidad de servicios, un líder puede decidir atender exclusivamente su gimnasio y rechazar cualquier otro pedido.
Morty ya había cumplido con esto hace mucho y aun así con sus cuarenta años, continuaba ayudando a la policía y la liga en todo lo que podía. Esto le había atribuido el respeto y la admiración de todo Ecruteak.
La chica miró una vez más el centro pokemon tratando de descifrar lo que pasaba dentro. Aunque sin éxito. Se dirigió un vez más el pequeño que seguía dando su discurso.
-¿Y aparte de eso?- Volvió a acomodarse los anteojos. Se le caían por tener la cabeza gacha.
-¿Vos donde vivís?, ¡¿no viste ese rayo gigantesco que salió del centro hace unos minutos?!- contestó con emoción el chico- cualquiera que haya tocado eso seguro esta en pedazos ahora.
-Por lo visto ya empezaron, no les costaba nada pasar sigilosamente…- susurró.
-¿A quiénes?- preguntó el chico.
-A nadie, gracias por todo lindo- le dijo con una sonrisa que hizo sonrojar al pequeño.
La chica señalo a un lado y el chico giró inmediatamente para ver lo que pasaba. No había nada en ese lugar por lo que volvió hacia la joven, pero ni ella ni su pokemon se encontraban en ese lugar.
Satoshi se encontraba frente al que parecía ser el líder del golpe. Apretaba fuertemente su puño intentando controlar la ira que sentía hacia ellos. Si lograba completar el desafío, quizás podía liberar a todos. Igualmente sabía que las posibilidades de que aquel hombre cumpliera su palabra era una en un millón. Pero valía el intento, por Dios lo valía, eso es lo que pensaba.
-¿De qué trata entonces?- preguntó Satoshi.
-Es muy simple- le contestó mientras le arrojaba uno de los aros de acero que tenía en las manos –El objetivo es simple, golpear al oponente tres veces con el disco antes que el otro- le explicaba mientras pasaba el aro de una mano hacia la otra.
Satoshi miró con detenimiento el aro. No era demasiado grande, ni demasiado pequeño, media casi lo mismo que su ante brazo. Estaba hecho de una especie de cristal que él nunca había visto antes, podía verse a través de el con una gran claridad, esto le hizo cuestionarse la resistencia de aquella extraña arma. Casi como si pudiese leerle la mente, Reno apretó fuertemente la agarradera del centro del disco y una decena de púas salieron alrededor de toda la circunferencia del objeto. Con un movimiento estilizado lanzó el aro hacia una de las mesas que estaba cerca. El disco rápidamente llegó a su objetivo y como si fuese un trozo de papel la cortó en dos mitades y trazando una elipsis volvió a la mano de Reno inmediatamente contrayendo sus púas.
Satoshi miró con terror como ese vidrio que parecía tan frágil había partido aquel mueble en dos y no dudó ni por un segundo que si eso llegase a tocarlo, tendrían que juntar los pedazos su cuerpo por el suelo.
Los rehenes se petrificaron en un instante por la limpieza del corte que había realizado el arma. Muchos agradecían no haberse tenido que enfrentar a ese tipo y ahora observaban callados y aterrorizados sabiendo que Satoshi podría morir en el momento que esa cosa lo tocara.
-Esto es un chakram. Un arma muy antigua, pero poderosa como podes ver. No te preocupes, los primeros dos golpes no van a activar las púas, pero creeme que si te golpea igual te va a doler bastante. A la tercera vez que te golpee las púas van a salir y eso es un game over obviamente- explicaba mientras el chico tragaba saliva deseando profundamente estar en cualquier otro lado.
-Mira pibe, te doy un chance de que te retires. No es necesario que te sacrifiques por estos inútiles. Miralos, están cagados hasta las patas- dijo señalando a los entrenadores que temblaban y se escondían unos detrás de otros.
Kato, uno de los pocos que no estaba poseído por el miedo, se acercó hasta Satoshi y puso una mano en su hombro pidiéndole que aceptara la oferta de retirarse. El chico la rechazó nuevamente.
-Nadie se acerca para ayudarte chico, todos esperan que alguien como vos los salve. No hacen nada por sí mismos. ¿De verdad vas a arriesgarte por esta gente?, no seas iluso, no vale la pena ayudar a cobardes como estos- dijo mientras se rascaba la cabeza despreocupadamente. Su flequillo azul se despeino con esto.
-Yo soy como ellos también. Dependo de los demás para defenderme, no lo malentiendas, pero si no hago algo ¿Quién más va a hacerlo? Aunque sea débil, tengo que hacer todo lo que este a mi alcance para frenar a basuras como vos- le contestó seriamente señalándolo con el dedo.
-Si es lo que querés, no te voy a detener. Un hombre elige su propio destino. Pero no te digas que no te avise- le dijo riéndose felizmente.
Solo cinco personas de traje habían quedado en la habitación. De los cuales uno era Reno el líder, Ralph el pelado que había mandado a volar Satoshi, la chica de pelo verde que reía sarcásticamente a cada comentario que soltaba Reno y los otros dos que parecían agentes de clase baja. Los demás habían ido a revisar los alrededores por órdenes del líder.
-No tenés que hacer esto Satoshi, esperemos a la policía. Seguramente ellos ya están por entrar ¿no?, no debe faltar mucho para que entren- dijo atropelladamente por los nervios.
-Kato, no creo que la policía pueda hacer algo antes de que nos maten a todos. Y si esta puede ser una salida yo… no voy a desperdiciarla. ¡No voy a ser un inútil nunca más!- le contestó enérgicamente.
Kato vio que no había manera que pudiese convencer a su amigo por lo que se limitó a responder:
-Pateale el culo entonces.
-Dalo por hecho- le contestó mientras ambos chocaban sus puños en un saludo.
-Mitsuki, cuánto tiempo nos vas a hacer esperar. Podes armar el campo querida- le dijo a la chica que dejo de reírse al recibir la orden.
La mujer lanzó una pokebola al aire liberando una pequeña jirafa de dos colores. Su cola tenía una pequeña segunda cabeza que lanzó varios mordiscos intimidantes al aire y su cabeza en lugar de orejas dos antenas blancas ocupaban su lugar. Era un girafarig.
El hypno que antes había defendido a los rhydon se acerco hasta la pequeña jirafa. Ambos cerraron los ojos, las antenas del cuadrúpedo brillaron con un color arcoíris y el otro se concentró en su péndulo fuertemente. De pronto cientos de pequeñas paredes trasparentes comenzaron a aparecer alrededor de Reno y Satoshi. Cada una se iba acoplando a la otra a medida que aparecían. En unos segundos habían encerrados a ambos en una habitación de lo que parecía ser puro vidrio.
Kato fue empujado varios metros por las paredes de cristal que lo alejaron de Satoshi. Comenzó a golpear el vidrio tratando de llamar la atención de Satoshi, un ruido seco se escuchaba con cada golpe, este giró para verlo y se dio cuenta de la distancia que los separaba.
-Satoshi, están usando el ataque reflejo para encerrarte. Un pokemon bien entrenado solo puede crear una pequeña pared, pero estos parecen que pueden crear todas las que quieran sin ningún problema. Están a otro nivel- le gritó Kato desde el otro lado de la celda.
Satoshi tragó saliva, no había vuelta atrás. Volvió a mirar el chakram en su mano esperando averiguar algo que no supiese. Algo que lo ayudara en lo que venía, aunque solo pudo ver un gran aro de vidrio que no podía imaginar cómo tenía tanto poder destructivo.
-Podes usar cualquier cosa que te parezca útil, incluso tus pokemon. No creo que tenga que mencionarte esto último. Aunque, si decidís hacerlo, no te garantizo que no salgan lastimados. Esta en vos elegir eso.
-Podés guardarte los consejos- le contestó con la cara más seria que pudo poner.
Como quieras pibe, comencemos con esto.
El hombre se inclinó y se puso en una especia de pose de batalla. Saltó hacia un lado y le lanzó el disco directamente. Satoshi veía como el chakram se acercaba rápidamente y en un reflejo se tiró al piso segundos antes de que lo golpeara. Cuando volvió a mirar, el chakram ya estaba nuevamente en la mano de Reno. ¿Cómo podía ser?
Todo tenía que ver con las paredes hechas del ataque reflejo dedujo rápidamente ya que por algo había armado ese escenario y no creía que fuese porque se viera bien o para proteger a los demás de los posibles golpes.
El disco volvió a aparecer frente al chico y este tuvo que improvisar una rodada hacia un costado evitando el golpe. Nuevamente miró y el aro ya estaba nuevamente en manos de Reno.
-Vamos no es divertido si no atacas también- le gritó Reno desde el otro extremo de la habitación.
-"La mejor manera de ver que pasa es lanzarlo yo también"- pensó mientras se paraba y arrojaba el disco contra Reno con todas sus fuerzas.
Un paso a un costado fue lo único que necesito para no recibir el ataque de Satoshi. El arma rebotó en la pared que tenía detrás y esta se ilumino de un color blanco por un segundo e inmediatamente se dirigió hasta el chico que se agachó por puro reflejo intentando evadir su propio disco, pero este se limitó a golpear suavemente el reflejo detrás de él y caer inerte al suelo.
-Se supone que lo tenés que agarrar pibe- le dijo Reno lanzando de nuevo.
Satoshi no tenía tiempo de esquivar el disco casi estaba encima suyo por lo que tomó el del suelo y lo arrojó como pudo. Ambos chocaron en el aire y un sonido chirriante se escuchó dentro del salón. Ambos fueron directamente hacia las manos de sus propietarios y esta vez Satoshi atrapó el de él.
-¡Bien ahí Satoshi!, pudiste contrarrestarlo- le gritó Kato desde el otro lado del vidrio.
-Gracias, pero fue por muy poco. Parece que los reflejos permiten que el disco rebote y vuelva a tu mano o algo así. Es muy ingenioso- le contestó.
-Muy bien pibe. Yo lo llamo "Death Reflect". Ahora viene la parte difícil, preparate- le dijo con una sonrisa. Parecía ser que de alguna manera estaba disfrutando de la experiencia.
-¡¿Esta era la parte fácil?!- gritó preocupado.
Ambos lanzaron al mismo tiempo, los discos se cruzaron en el camino, pero no se tocaron. A Reno no lo costó trabajo esquivar, bastó con un simple paso a un costado, Satoshi en cambio apenas se las arregló para tirarse de cabeza hacia el suelo. Reno corrió hasta el aro que volvía y lo atrapó antes de que el chico pudiese levantarse, saltó y con gran fuerza lo volvió a lanzar. Satoshi ahora no tenía su disco para defenderse, todavía no había regresado, por lo que tuvo que rodar de nuevo para intentar evadir. Lo logró justo a tiempo antes de que el chakram golpeara en el suelo y dejara un gran agujero. Sabía que no iba a poder esquivar por siempre, a duras penas podía hacerse a un lado y parecía ser que a Reno no le costaba trabajo esquivar sus ataques. Tenía que pensar en algo.
No tenía otra opción más que cambiar de estrategia. Buscó en su cinturón, sacó la pokebola de Bayleef y la lanzó. El pokemon ni siquiera tuvo que desperezarse porque y bien se materializó, planto sus cuatro patas enfrente de reno y le lanzó una mirada de ira, estaba preparada para la batalla.
-¡Bey, bey!- gritó la criatura.
-Bayleef tenemos que derrotar a este tipo con esto- le dijo levantando el chakram del piso- esa cosa de cristal parece débil, pero puede hacer un daño aterrador. Tené cuidado, es muy ágil, no pude ni tocarlo todavía.
-¡Bey!- asintió el pokemon con determinación.
-Buena decisión al liberar a tu pokemon, pero nunca quites los ojos de tu objetivo- dijo Reno con las manos vacías.
Satoshi comenzó a buscar frenéticamente con la mirada por toda la habitación, pero no lo vio hasta que fue demasiado tarde.
El chakram de Reno había rebotado en una de las paredes y se dirigía a la espalda de Satoshi. Mientras liberaba a su pokemon se había distraído por un segundo y el hombre había aprovechado la oportunidad. El disco golpeo la espalda del chico, o al menos es lo que parecía. Las lianas del pokemon habían salido intuitivamente armando un pequeño resorte vegetal que cubría el punto ciego del chico. El chakram comenzó a cortar las lianas del pokemon planta y bayleef no tardo en sentir el dolor soltando un pequeño sollozo, ya que esos látigos eran una parte de ella.
-¡Bayleef, no es necesario que lo detengas, solo desvíalo! ¡Te estás lastimando!-le gritó a su pokemon que ahora cerraba los ojos en un intento de resistir el dolor.
Bayleef hizo caso y con un latigazo golpeó el arma haciendo que se alejara a la pared más cercana mientras rebotaba en varios reflejos produciendo un sonido chirriante para después volver a las manos de su dueño.
-Uff, estuvo cerca, si no hubiese sido por vos bayleef…- la miró preocupado.
-Bien hecho kid, enhorabuena por haberlo evadido- lo alentó burlonamente.
-Bey, bey- sonrió el pokemon al recibir los halagos de su entrenador con una mueca de dolor en la cara.
-Y felicidades para tu pokemon también, es un gran Bayleef- dijo aplaudiendo cortadamente.
El pecho del chico se lleno de ira. Reno los subestimaba sin lugar a dudas y solo jugaba con él por alguna razón. ¿Por qué no lo mataba de una vez?, ¿qué es lo que estaba esperando? Con su agilidad podría haber acabado con todo en cuestión de segundos, pero había armado todo este escenario ¿para qué? Es cierto que parecía disfrutar esta batalla, aunque Satoshi apenas podía responder a los ataques, por lo que la parte de ser un "reto", estaba descartado. Pero, ¡¿Qué era lo que estaba pensando?! ya había obtenido tres medallas, había derrotado a un ejército de arañas asesinas, cruzado cuevas más oscuras que el infierno mismo, se recordó. Si pensaba que esto le iba a ser fácil a ese tipo derrotarlo, estaba equivocado.
Busco nuevamente en su cinturón y liberó todo pokemon que pudo encontrar. Las pokebolas volaron en el aire abriéndose y liberando a sus huéspedes. Hoothoot volvió a aparecer agitándose un poco para sacarse el sueño de encima, era un pokemon nocturno después de todo. A lado del pájaro un pequeño can oscuro aullaba intimidadoramente. Una vez que terminó su grito de guerra bajo la mirada, inclinó sus patas delanteras y comenzó a gruñir a Reno mientras escupía unas pequeñas llamas de su nariz. Sobre una gran roca redonda cubierta de pequeños picos se posaban dos pidgeys que graznaban constantemente. Era un sonido completamente irritante, tanto era así que de la roca surgieron dos pequeños brazos que trataron atrapar a las aves que emprendieron vuelo y comenzaron a picotear al graveler que ahora había dejado su cara al descubierto y se paraba sobre dos patas que parecían muy endebles.
La sala se había llenado con el equipo de Satoshi, un ejército listo para acatar cualquier orden que el chico impartiera.
-Lindo team kid, veamos qué es lo que saben hacer- lo desafío Reno.
-Callate, ya estás muerto- le respondió- Gente, tenemos que derrotarlo ya no importa cómo. Sé que va en contra de las reglas atacar personas y que les dije que jamás lo haríamos, pero este tipo…, este tipo…-balbuceó- este tipo se lo merece. Si ganamos vamos a poder ayudar a toda esta gente- dijo señalando a todos los entrenadores- ellos cuentan con nosotros y yo cuento con ustedes. ¿Entendido?- todos los pokemon asintieron.
-Bueno, terminemos con esto- habló Reno mientras estiraba una mano al aire.
El disco que Satoshi tenía en la mano comenzó a ejercer fuerza para escaparse como si estuviese vivo. El chico lo sostenía con todas sus fuerzas, pero el aro hacia cada vez más y más fuerza para escaparse. Finalmente Satoshi no pudo hacer más que soltarlo y verlo volar hasta la mano de su oponente que lo tomó con una sonrisa.
-¡Tramposo! Dijiste que cada uno iba a usar un disco- le reprochó.
-Eso era antes de que sacaras tu pequeño ejército personal. ¿Qué oportunidades creés que tenga si no tengo mis dos armas?- se burló Reno- además, demostraste ser mucho mejor de lo que pensaba, creí que serian uno o dos golpes y todo habría terminado, pero no fue así.
-"Qué está diciendo, si tuve ojete nada más. Bueno, me sacó el chakram, pero por lo menos…, por los menos…, no puedo pensar un lado bueno para esto. Si con uno era letal con dos va a ser súper letal o algo así. Tengo que dejar de pensar estas cosas…"
-Pidgeys tornado y vos graveler lanza rocas al tornado. Si ese hijo de su madre lo toca quiero que quede destrozado. Ustedes bayleef, houndour usen hojas navajas y ascuas para llevarlo hasta el tornado. ¡Ahora ataquen!- les ordenó a sus pokemon.
Los pajaritos comenzaron a volar trazando un circulo uno detrás del otro a una velocidad infernar. Un viento fuerte se levantó por el rápido vuelo de las aves, Satoshi tuvo que sostenerse la gorra con una mano y taparse la cara con la otra ya que el aire le daba directamente en los ojos y le obstruía la visión. Unos segundos después un pequeño tornado se había creado frente a ellos que succionaba todo lo que tenía cerca. Los pidgey tuvieron que resguardarse detrás del pesado graveler para no ser absorbidos. Bayleef y houndour se mantenían en pie, aunque este último al ser mucho más liviano le costaba horrores resistirse al feroz viento.
Rápidamente el gran pokemon de roca chocó sus puños y comenzó a golpear el suelo sacando grandes pedruscos para luego arrojarlos a la masa de aire. Se había vuelto toda una fuerza destructiva de temer aquella cosa.
Reno observó como el ataque se dirigía hacia él, no podía notarse preocupación alguna en su mirada, es más, seguía sonriendo aún más que antes.
-¡Defendete de eso pelotudo!- le gritó Satoshi que ahora se aferraba a bayleef para no salir volando.
-Me la estas poniendo difícil kid, la verdad que sí- dijo mientras se agachaba un poco y preparaba cada disco.
El tornado se acercaba imponentemente hacia Reno que hizo el ademan para lanzar ambas armas.
-¡Ahora ascuas y hojas navaja! ¡No lo dejen que ataque!- les ordenó a sus pokemon.
Bayleef agitó la gran hoja de su cabeza y decenas de misiles vegetales fueron disparados hacia Reno, mientras que Houndour abrió su boca y comenzó a escupir pequeñas bolas de fuego.
Debido a los ataques de los pokemon Reno no pudo lanzar sus armas y se vio obligado a esquivar con un salto de mariposa ambos ataques. Su cuerpo voló por el aire y las hojas y el fuego cruzaron por debajo y encima de él. Su agilidad asustaba, pero Satoshi ya tenía considerado esto. Volvió a ponerse en posición de ataque, pero nuevamente se vio obligado a esquivar los ataques de los pokemon hierba y fuego. El tornado viajaba lento, pero seguro y en el momento que impactara el chico sabia que ningún humano podría quedaría en pie ante tal ataque.
-Interesante estrategia, hacerme esquivar para que no pueda evadir el tornado de rocas. Muy ingenioso. Aunque lamento decirte que vas a perder igual.
Reno rebosaba de confianza aunque esquivar cada ataque le pedía una gran cantidad de esfuerzo y poco a poco lo iban arrinconando contra una de las esquinas de la prisión de cristal.
-"Ya casi te tengo. Solo un poco más, solo un poco más…- pensaba desesperadamente Satoshi. Si esto no funcionaba la iba a tener difícil porque su lista de ideas no era mucho más grande.
Reno volvió a esquivar una y otra vez sin dificultad, aunque varias hojas habían impactado en su ropa causando varios cortes por los cuales había perdido media corbata.
-"Solo un poquito más…"- su corazón latía intensamente por la adrenalina.
Solo bastaron dos ataques más para encerrarlo por completo. Había chocado contra una pared y ya no tenía ningún lugar a donde huir.
-"Estas acabado"- pensó con una sonrisa victoriosa.
Los dos poderosos ataques de fuego y hierba se dirigían a un indefenso Reno que ahora se había quedado sin espacio para evadir. Justo cuando iban a impactar, éste saltó esquivando las hojas.
-"No importa, ahora no tiene forma de evadir las ascuas…"
Satoshi había cantado victoria demasiado rápido. Mientras estaba en el aire Reno giró su cuerpo horizontalmente y pateo una de las paredes impulsándose lo suficiente para evadir las bolas de fuego.
-"Mierda, es un maldito mono el hijo de puta"- maldijo para sus adentros
Entonces el hombre vio su oportunidad y lanzó ambos discos hacia Satoshi que había abandonado el escudo de roca que hacia su graveler.
-¡Al fin lo que estaba esperando! ¡Bayleef reflejo!- le gritó con todas sus fuerzas a su pokemon.
La criatura cerró sus ojos fuertemente y los abrió mostrando un resplandor azul. Una pequeña pared transparente, igual a las que los encerraban, apareció enfrente de los chakram de Reno que apenas se habían alejado de él. Ambos rebotaron en el reflejo del dinosaurio verde y volvieron inmediatamente hacia su dueño que ahora estaba completamente indefenso a solo unos centímetros del piso. Como Satoshi lo esperaba, impactaron de lleno seguido del gran tornado de rocas que lo succiono por completo. La victoria estaba decantada.
-¡Muy bien Satoshi, lo lograste, le ganaste a ese tipo!- gritó intensamente Kato mientras golpeaba con ambas manos el cristal causando un sonido ahogado.
El chico victorioso cayó al piso de golpe, de verdad lo había logrado. Ahora contemplaba el tornado que contenía al que antes había sido su oponente. Apenas podía verse dentro por la cantidad te pedruscos y tierra que daban vueltas sin cesar.
-Bien hecho equipo, sin ustedes no hubiese sido posible.
Ambos pidgey graznaron felizmente, graveler golpeo sus puños y flexiono ambos brazos mostrando lo que parecían ser músculos, Bayleef, como su pokemon más antiguo, se acercó y acurrucó junto a su entrenador. Houndour era un pokemon muy orgulloso por lo que giró la cabeza en señal de rechazo, pensando que él no podía ser derrotado, por lo que los halagos estaban de más.
-Bueno, ya terminó todo. Ahora déjenme salir- les dijo a Mitsuki y Ralph.
-¿Estás seguro que terminó?, por qué no miras otra vez- le contestó Mitsuki que ahora estaba sentada en el escritorio que otrora había ocupado Reno.
-Ya lo derroté, ninguna persona puede salir de pie de...
Satoshi dejó de hablar cuando el tornado empezó a ser devorado poco a poco por un tipo de material cristalino y transparente. Desde el piso, el hielo comenzó a subir hasta la punta del ataque hasta que se transformó al tornado por completo en una hermosa escultura cristalina y azulada. De pronto el hielo comenzó a quebrajarse.
Primero era una pequeña grieta que comenzó a ascender y después decenas de grietas se abrían paso por todo el cono de hielo, hasta que este estalló por completo y miles de pequeños granizos fueron expulsados por toda la habitación. Las piedras golpeaban en todas las paredes rebotando por todos lados y chocando con los pokemon de Satoshi, pero eran demasiado pequeñas para causar un daño significante. Igualmente todos menos Bayleef se encontraban detrás del gran pokemon de roca por lo que no sintieron el impacto.
Ahora un Reno todo desarreglado se sacudía la ropa con ambas manos sacándose la tierra de encima. Apenas
parecía afectado por el gran ataque que había preparado Satoshi, aunque sus manos sangraban un poco por alguna razón. Ahora tenía los goggles puestos que seguramente los había usado para poder ver dentro de la tormenta de arena.
El chico estaba boquiabierto en el suelo sin poder creer como semejante ataque no lo había dañado. Había sido su mejor estrategia hasta le fecha y no provocó casi ningún rasguño. ¿De qué mierda estaba hecho ese tipo? No pudo evitar pensar. Ya no tenía más trucos, su ataque más poderoso había fallado.
-¡¿Cómo puede ser?! ¡Ese tipo es un monstruo!- gritó Kato.
-Uff, eso estuvo cerca. Te digo que pensé que no la contaba- dijo Reno mientras terminaba de acomodarse el maltrecho traje.
Su pelo color azul, ahora todo desordenado, le cubría la cara. Con su mano lo tiró hacia atrás como pudo y trato de peinarlo un poco con ambas, pero era completamente inútil, eso no era un pelo, era un desastre.
Entonces vio su corbata cortada y no pudo evitar lamentarse.
-Esta era mi única corbata y mi favorita. Bueno ahora que lo pienso, cómo puedo elegir una favorita si solo tengo una…, pero bueno vos entendés el punto- comentó mientras levantaba el pedazo que le habían cortado y se la guardaba en un bolsillo.
Satoshi tragó saliva y se puso de pie sin saber que hacer ahora que no tenía ningún plan de respaldo.
-¿Cómo es que no te golpearon mis ataques? ¿Acaso falle o algo? Y ¿Cómo congelaste el tornado sin un pokemon?- preguntó seriamente el chico.
-Wow, wow, wow. Son demasiadas preguntas para alguien tan pequeño- rio- Pero bueno, déjame decirte que me sorprendiste con ese movimiento. Un ataque con doble distracción y una carta bajo la manga. Me saco el sombrero ante vos Satoshi ¿Lo dije bien?, bueno lo haría… si tuviera uno.
-Contestá mi pregunta- le repitió el chico.
-Está bien, no te enojes- rió Reno- Mirá realmente no pude esquivar nada me tomaste muy por sorpresa. Tuve que sacrificar mis manos para atrapar ambos chakrams antes de que me golpearan- le dijo mientras le mostraba como ambas palmas estaban completamente desgarradas- Por eso no me golpearon, si no seguramente ahora estaría en el piso pidiendo auxilio o algo por el estilo.
Satoshi estaba completamente sorprendido. El reflejo de bayleef se había materializado apenas milésimas de segundo después de que él había lanzado los discos por lo que atraparlos a esa distancia… requería una velocidad de reacción sobrehumana, pero él lo había hecho sin problemas. Definitivamente estaba en otra liga. No quería imaginarse que clase de poder tendría uno de sus pokemon, si ya él solo, era así de fuerte.
-Eso no responde a lo del tornado- le contestó Satoshi con la mejor cara de póker que pudo poner.
-A eso iba, que impaciente… Fue todo gracias a estas bellezas- respondió alzando con una mueca de dolor ambos chakrams.
-Si son solo armas. ¿Cómo crearon hielo?- le preguntó intrigado.
-Ah, pero son armas muy especiales. Solo hay nueve más como estas en todo el mundo, aunque ninguna otra que sea un chakram. Se les llama armas del génesis.
-¿Armas del génesis?- repitió intrigado.
-Exacto. Las armas del génesis son legendarias o algo así, se dice que fueron un regalo de los creadores Caos y Order hacia los humanos para terminar la guerra en contra de los pokemon que hubo hace mil años. Pero en realidad yo no creo un comino en esas cosas de dioses, aunque admito que controlar un elemento no es algo normal- rió por lo bajo.
Entonces la mente de Satoshi viajo al pasado. Viajo a aquel bosque en el que había estado a punto de morir hacia solo unas semanas.
-¿De dónde sacaste esas cosas?- le preguntó Satoshi a Ryuji que intentaba leer un libro titulado "comportamiento habituales de los arácnidos".
-Interesante, muy interesante- dijo Ryuji para sí mismo.
-Hey, te estoy hablando- le reprochó Satoshi.
-Disculpá, estaba enfrascado en este libro. ¿Sabía que esta es la época de apareamiento de los ariados?, yo también me enojaría si estuviera haciendo mis cosas y un par de chicos me interrumpieran.
-Si… lo que sea…- le contestó arrastrando las palabras- Entonces las espadas esas…- dijo haciendo un ademan para que prosiguiera.
-Se las saqué a mi viejo del almacén. Hace algunos años un hombre algo viejo pasó por el negocio que quería cambiarlas por algo de comida. Cuando mi viejo las vio, le parecio extraño que alguien quisiera venderlas, estaban en un excelente estado y valían mucho más que unos cuantos sacos de arroz. Pero el hombre se limitó a decir que le traían malos recuerdos y quería deshacerse ellas. Le advirtió que nunca las acercara al fuego si no quería causar un incendio. De más está decir que mi viejo jamás entendió que quizo decir con eso, por lo que obviamente un día las metió en la chimenea de casa para ver qué pasaba. Y bueno… lo demás es historia. Por alguna razón el metal absorbe el fuego y lo controla de alguna manera, pero sinceramente no sé muy bien cómo funciona.
-Pero vos le ordenaste a Flame que lanzara un fuego fatuo para encenderlas ¿No es así?- le preguntó mientras observaba a Flame pelear por una manzana con Bayleef.
-Si… bueno…, en realidad no estaba seguro que funcionase- dijo rascándose la cabeza nerviosamente.
-Ósea, que estemos vivos ahora es cuestión de suerte… genial…- suspiró Satoshi.
-"Esas armas deben ser las mismas que tiene Saito…"- razonó.
-Bueno si no tenés más preguntas, creo que es momento de terminar con esto- dijo mientras metía la mano dentro de su saco y sacaba dos pokebolas. Extendió la mano y las soltó al suelo liberando su contenido. La típica luz blanca fue despedida por ambas esferas materializando a dos pokemon. Uno era un gran pato azul, bípedo que poseía una pequeña gema roja en la frente que resplandecía fuertemente. En sus patas y manos tenía tres dedos unidos por una membrana que lo ayudaba a nadar más rápidamente.
El otro era un gigantesco oso blanco de casi tres metros que lanzaba un viento helado con cada respiración. De sus fauces salían varios picos de hielo que parecían dientes enormes. Era tan grande que su cabeza tocaba el techo de la habitación de cristal.
Satoshi no dudó en sacar su pokedex y apuntar a ambos pokemon para saber a lo que se estaba enfrentado. Sus miedos se habían hecho realidad esos pokemon se veían terriblemente poderosos.
"Golduck, Pokemon pato. Forma evolucionada de Psyduck. Golduck es experto en usar sus membranosas manos y pies, eso le convierte en el Pokémon nadador más rápido de todos. Sus grandes poderes psíquicos lo convierten en un pokemon de cuidado."
"Beartic, pokemon oso ártico. El aliento helado de Beartic puede crear colmillos y garras de hielo que usa para cazar a sus presas. Son grandes nadadores por lo que se alimentan mayormente de pokemon acuáticos. Extremadamente peligroso. Vive en las zonas heladas del norte de Unova."
-Te quiero presentar a Donald y Teddy. ¿Son lindos no?- comentó mientras beartic lanzaba un rugido que hubiese intimidado al más valiente charizard. Por su lado golduck permanecía callado.
Ambos chakram comenzaron a crecer exponencialmente con cada giro, hasta que midieron casi un metro de diámetro. Las púas dieron acto de aparición cuando tomaron el máximo tamaño posible.
-Vamos, equipo nosotros podemos contra esas cosas, sea lo que sea que nos tiren- les dijo lo más confiado que pudo a sus pokemon. Pero la mano de la pokedex le temblaba y no podía dejar de mirar los datos que ahora mostraba:
Golduck Nivel 100
Beartic Nivel 100
El miedo le recorría la espalda a Satoshi, un miedo que jamás había sentido antes. Eran los pokemon más poderosos que había visto en su vida, nada se comparaba al poder de esas cosas.
Reno levantó un chakram hacia sus pokemon que ahora se reflejaban en el hielo de dentro y el otro hacia Satoshi y su equipo. El hombre asintió y golduck tomó una gran cantidad de aire, así también como beartic. Golduck abrió la boca y disparo un gran láser azul y blanco que congeló todo el piso por el que pasaba. Beartic en cambio lanzó de sus fauces una cantidad exagerada de granizo, nieve y hielo que destruyó por completo varios reflejos que tenía cerca. Pero los devastadores ataques no estaban dirigidos hacia sus oponentes, si no que fueron disparados hacia el gran chakram que ahora parecía un espejo mediano en las manos de Reno. El espejo de cristal comenzó a brillar con un fuerte blanco y literalmente se tragó ambos ataques. Entonces el otro chakram comenzó a brillar también con el mismo color blanco intenso cada vez más y más.
-¡Sea lo que sea hay que defendernos!, ¡bayleef pantalla de luz!, ¡Graveler riso defensa! ¡Los demás, escóndanse detrás de Graveler y Bayleef!, ¡Avancemos ahora, antes que disparen esa cosa!- les gritó a sus pokemon que obedecieron inmediatamente.
Todos corrieron hacia Reno con una mínima esperanza de poder detener el ataque antes de que saliera.
-Ex frost- susurró Reno.
El chakram brilló intensamente cada vez más hasta que luz fue tan poderosa que el arma expulsó el ataque. Un láser azul de proporciones descomunales fue disparado, alrededor de veinte veces más grande que el rayo de hielo anterior que había realizado el golduck junto con el la tormenta de nieve que ahora llevaba cientos de picos helados listo para atravesar a cualquier cosa. Por ultimo pilares y pilares de hielo comenzaron a crecer de la nada en el suelo, creando un camino que se dirigía hacia Satoshi. El ataque cubría absolutamente toda la habitación por lo que no había posibilidad de escapar.
Satoshi avanzaba gritando junto con sus pokemon mientras la pantalla de luz que había creado bayleef era destrozada en pedazos.
Al ver esto el graveler del chico dio media vuelta y abrazo a Satoshi cubriéndolo con su cuerpo. Ambos pidgey volaron hasta donde estaba la roca y cubrieron los espacios que sus brazos no alcanzaban a tapar. Houndour abrió la boca y lanzó su mejor ataque de ascuas hacia graveler que comenzó a calentarse intensamente hasta que tomó un tono rojizo. Bayleef sabía que también tenía que proteger a su entrenador y junto todas sus fuerzas restantes para crear no una, ni dos, si no cinco pantallas de luz que crearon una gran pared amarilla enfrente de la roca.
Ninguno iba a dejar que le pasara algo a Satoshi incluso si tenían que perder sus vidas para protegerlo.
El ex frost pulverizó por completo cada reflejo de la sala de cristal, los cuales desaparecieron al instante noqueando a los dos pokemon psíquicos que mantenían el ataque, chocó con la defensa de bayleef y ahí se detuvo por unos segundos. La fuerza de voluntad que realizaba el pokemon vegetal para mantener la pared era indescriptible, pocos pokemon en la historia habrían podido contener tal ataque aunque sea unos segundos, pero bayleef sabia que en el momento en que su defensa flaqueara seria el final de todo. Poco a poco las paredes de luz fueron agrietándose y con cada segundo que pasaba el hielo ganaba más terreno.
-¡Déjenme, tengo que ir a ayudarla!- gritaba desesperadamente Satoshi tratando de liberarse del fuerte agarre de su graveler. El pokemon roca no lo soltaba, tenía que protegerlo a toda costa.
Finalmente el pokemon no pudo resistir más y el ex frost destruyó en pedazos las paredes de luz y avanzó hasta consumir por completo la figura de bayleef, houndour y el escudo de pokemon que protegían a Satoshi. Siguió su camino hasta destrozar por completo la última pared de reflejos que quedaba en pie. Kato corrió desesperadamente hacia un lado esquivando el ataque por muy poco. Ahora se dirigía a los entrenadores que estaban inmóviles del miedo en un extremo de la habitación.
De pronto una niebla violeta se interpuso en el camino de sus víctimas. Morty salió de dentro de ella con su pokemon fantasma gengar. Rápidamente lanzó una pokebola que liberó a una especie de dama con un gran vestido blanco y cabello corto y verde.
-¡Gardevoir, Gengar, black hole ahora!- les ordenó a sus pokemon.
Ambos monstruos y entrenador juntaron sus manos para luego enfrentarlas a las del otro, dejando un gran espacio en el que comenzó a surgir un pequeño vórtice negro. La pequeña anomalía comenzó a crecer hasta medir unos escasos cincuenta centímetros. Ahora solo ese pequeño vórtice se interponía entre el ataque de hielo y los entrenadores.
Cuando el ex frost chocó con el black hole en miniatura comenzó a ser absorbido rápidamente como si fuese un montón de tierra siendo aspirada, aunque de una manera más peculiar. Aunque el pequeño vórtice apenas tenía una decima parte del tamaño del ataque, de alguna manera lograba que todo el hielo convergiera en él y fuese succionado. Unos segundos más tarde el ex frost fue consumido por completo, el vórtice había desaparecido y tanto pokemon como entrenador respiraban agitados por el gran esfuerzo que les había tomado mantener el ataque.
-Uff, cuantos años pasaron desde la última vez que tuve que usar eso… no recordaba la energía que precisaba- dijo Morty tomando aire –Siempre es un gusto verte Reno- comentó sarcásticamente.
-Igualmente Morty. Ya me preguntaba por qué todavía no habías aparecido, ¿no estás demasiado viejo ya para encargarte de estas cosas?- se burló.
-Dicen que los cuarenta son los nuevos veinte, así que todavía me queda tiempo para limpiar las sabandijas como vos. Me entere lo de tu abuelo, una lástima realmente- dijo con aires de superioridad.
-No te atrevas a mencionar su nombre- le advirtió.
-Pryce se avergonzaría de vos en estos momentos- le reprochó.
Morty caminó hasta donde se encontraba un gran bloque de hielo y le pidió a su gengar que lo derritiera. El pokemon encendió su puño en llamas y golpeo el hielo derritiéndolo en segundos. Dentro estaban un graveler completamente congelado y dos pidgeys inertes, cubiertos de nieve y aferrados fuertemente a un chico completamente pálido y casi inconsciente.
-Ayuda a bayleef y los demás, por favor, te lo suplico…- susurró antes de perder el conocimiento.
-Dalo por hecho- le respondió Morty aunque ya no pudiese escucharlo.
Bayleef yacía en el piso completamente inconsciente a solo unos metros. Su piel había perdido su característico verde y lo había cambiado por un azul pálido. Le costaba trabajo respirar, pero seguía viva.
Ryuji se escabullía por los pasillos del centro mientras sostenía el bokken de su cinturón con una mano y haciendo el mínimo ruido posible para pasar desapercibido. No quería perder el tiempo en batallas inútiles. Era una carrera contra el reloj ya que no sabía hasta cuando tiempo los de traje iban a mantener una actitud tan controlada ya que estaban hablando de personas que hacían estallar un casa por el solo hecho de atrapar un pokemon.
Sacó el pokegear de su bolsillo para ver una vez el mapa del lugar. Apenas podía guiarse con lo que veía al andar, todos los pasillos lucían igual y no podía encontrar ningún cosa que le hiciera distinguir si estaba en la dirección correcta ya que los carteles holográficos que daban indicaciones estaban apagados por lo que era muy fácil perderse.
Usando una función del pokegear activo el pequeño audífono que le había entregado Sara antes de salir, esperando hablar con Saito y preguntarle cómo se encontraba. Habían pasado varios minutos desde que se habían separado y estaba preocupado por la seguridad de su amigo.
Intentó llamar una vez, escuchó un sonido y espero pacientemente, pero Saito no respondió. Lo intentó una, dos, tres veces y no recibía respuesta. Finalmente se dio por vencido deduciendo que el dispositivo funcionaba mal o algo por el estilo, para su sorpresa la voz de Saito finalmente pudo escucharse.
-¿Hola?, probando, probando… yo sabía que esta mierda no iba a funcionara. Cuando me encuentre con Sara otra vez le voy a…
- Funciona vos sos el boludo que no lo sabes usar- lo interrumpió Ryuji.
-¿Ryuji sos vos?- preguntó Saito sorprendido.
-¿Quién mas puede ser?, ¿pudiste terminar con los tipos esos?- le preguntó.
-Me costó un poco, pero sí. ¿A que no sabés?, ¡Encontré Sharp y a Spike! Bueno… como ellos me encontraron. Igual, eso es bueno, ahora tengo refuerzos al menos. Pudiste encontrar el almacén.
-Todavía no, pero estoy muy cerca. Según el mapa está a solo unos metros- le contestó mientras guardaba el pokegear y seguía corriendo.
Dobló una esquina y vio a lo lejos como dos hombres de traje custodiaban una puerta. Sabía que ese era el lugar.
-Lo encontré, aunque está custodiada por dos tipos- le dijo a Saito.
-¿Podés con eso?- le preguntó preocupado.
-No es problema.
Ryuji sacó de dentro de su mochila una pequeña bola violeta y la lanzó hacia los hombres. Ambos miraron con intriga mientras la bola rodaba lentamente y chocaba sus pies. De pronto el objeto comenzó a expulsar una cantidad de humo exuberante ocultando toda la sala y haciendo toser a ambas personas. Ryuji aprovechó la oportunidad y corrió hasta la nube de humo violeta y golpeó a ambos en la nuca con su bokken dejándolos inconscientes sin problemas.
La puerta automática y entro en la sala donde todos los pokemon estaban almacenados.
-Tengo una noticia buena y otra mala- le contó a Saito a través del audífono.
-Las buenas primero- le respondió el chico.
-Las buenas son que logre entrar al almacén de los pokemon sin que me descubrieran
-Eso es genial Ryuji, ¿Cuáles son las malas?
-Las malas son que no hay ninguna pokebola acá- dijo inspeccionando las estanterías vacías.
