La secretaria de Levi no estaba preparada para lo que veía. Esa misma mujer a quien de tanto ignorar y lanzarle miradas de advertencia, había aprendido a no hacerse la simpática en su presencia y a no descuidar sus tareas durante su ausencia. Ahora no sólo le estaba viendo llegar con una hora de retraso, sino que también le saludó con una inusual alegría que trasmitía cada paso de su confiado andar. Lo siguió con la mirada hasta el despacho dándose prisa para entregar los reportes. Pero se sintió intrusa viéndolo acomodado con los pies sobre el escritorio y una sonrisa boba que le rejuvenecía el rostro.

Ajeno al escrutinio de su empleada, Levi giró hacia los ventanales, perdiéndose entre los altos edificios de la ciudad. No tenía intenciones de encender el equipo, revisar los avances en las obras ni fijar presupuestos. Los terrenos disponibles y su plusvalía podían esperar, no le importaba por ahora ese tema.

Hangi había invadido cada uno de sus pensamientos y para donde mirase, no hacía más que verla a Ella. Sin duda que la vida a veces, puede sorprendernos. Sonrió al recordar las palabras de Kenny, que lo había fustigado a varillazos para quitarle cualquier sentimentalismo que lo volviera débil.

A los treinta y nueve tenía su vida resuelta. Se quedaría soltero, como había declarado en frente de su mejor amigo, para que le dejara de inventar citas. Sólo tendría que soportar dos ocasiones al año las cenas familiares con su sobrina y el mocoso al que ahora llamaba marido, junto a uno o dos chiquillos que iban a procrear. Imaginó la bonita figura de Mikasa, presentándole un primer hijo llamado Levi.

Miró la hora en su reloj pulsera, aflojándose la corbata. Encendió el teléfono móvil que tardó en notificarle la tanda de mensajes habituales. Entonces marcó, acompañado por el singular aleteo de las emocionadas mariposas.

La llamada sonó seis veces y cuando iba a cortar, escuchó la transparente voz de Hangi que se disculpaba con alguien. Y cuando ella le habló, todo volvió a tener sentido.

-¡Hola Levi! Acabo de usar tu llamada como excusa para abandonar una tediosa reunión. Me salvaste.

-Tienes suerte. Yo me reúno en media hora con el equipo de arquitectos. Tenemos planos para revisar y siempre surgen problemas. Sobre todo, si el edificio tiene más de ocho siglos.

-¿Hablas de ese terreno abandonado en Escocia?

-Sí, el monasterio de Ripoll.

-Debe ser muy interesante entrar a esos claustros. Imagínate esos fantasmas a quienes vas a perturbar, los cementerios llenos de monjas, sin mencionar a esos pobres bebés abortados.

- ¿Te gustaría conocerlo? – dijo entusiasmado – pero el seguro de vida no cubre exorcismos. Irías bajo tu propio riesgo.

-Me encantaría ir contigo – la voz dulce de Hangi le arrullaba el corazón.

-Será pronto, si sale todo bien. El vaticano no atraviesa por su mejor momento y está muy dispuesto a deshacerse de las propiedades abandonadas.

-Entonces es una promesa. Gracias Levi, lo agendaré.

-Oye, Hangi. ¿Tienes algo que hacer esta tarde?

Visitaron una galería de arte por idea de Hangi, que era asidua a museos y cuanto lugar clasificara como Cultura. Al día siguiente, Levi estaba invitado a una charla de urbanistas y aunque pensaba ir solo, Hangi insistió en acompañarlo y salió más que entusiasmada hablando de frisos, pináculos y trifolios.

-Creí que te aburrirías – le dijo él cruzando la calle. Ella sólo sonrió. – Pero, ¿cómo sabes tanto de construcciones antiguas?, nunca lo dijiste.

-Mi padre… - dijo con la vista al cielo – era Oftalmólogo. Pero amaba las construcciones antiguas. Dedicaba cada rato libre a sus catedrales a escala. Tenía de diferentes tamaños, incluso una en la que yo cabía sentada, aunque algo rígida.

-¿Tú le ayudabas?

-Me parecía aburrido. Pero cuando leí Los Pilares de la Tierra, entendí toda su fascinación. Aunque era tarde para decírselo.

-¿Por qué un constructor dedicaría su vida a corregir la visión?

-Por mi abuelo. Quedó ciego a una edad temprana por ser mal diagnosticado y mi padre se puso la capa de superhéroe y tomó una posta que no le correspondía.

-¿Entonces no existe el riesgo de que vayas a perder la vista?

-Papá tenía excelente vista, calculaba los ángulos sin instrumentos y jamás se equivocaba en las escalas. Nunca lo vi usar lentes y eso que tenía una bodega llena.

-¿Crees que habría tenido un punto a mi favor? – preguntó él, sacándola de su ensoñación.

-Sin duda. ¿Y qué hay de tu familia?

-Mi tío no se lo habría perdido por nada. Le gustaba hablar del cuerpo de las mujeres, con la evidente intención de molestar, celebrando con grandes carcajadas sus ocurrencias.

Entre tazas de té, intentaban dilatar el tiempo juntos. La boca no les paraba mientras abrían sus secretos al otro entre risas estridentes de Hangi y muevas contenidas de Levi. Pero estaban empatados cuando comenzaban los besos, aunque por intensidad esta vez ganaba él. Todo esto les hacía dormir poco más de cuatro horas, constituyéndose en un misterio la renovación de sus energías, lo que les provocaba una sonrisa cómplice.

Para compaginar actividades, lanzaban una moneda al aire y que la suerte decidiera. Sin proponérselo, se habían vuelto tema de conversación entre los conocidos. Mientras Hangi eludía con una habilidad insospechada a una resentida Ilse, Levi hacía frente a la apabullante inquisición, liderada por su amigo y socio, secundado por una preocupada sobrina que temía ver caer a su querido tío en las garras de una arpía.

Durante la semana de la Construcción, Levi se paseaba orgulloso de la mano de la esbelta Hangi. No la perdía de vista ni para responder a los reporteros, que pedían más detalles acerca de sus negocios con la Santa Sede. Precisamente fue durante este descuido que una fotografía de ambos apareció en la página social de un periódico de gran circulación.

Decidido a no ofrecer explicaciones de ningún tipo, Ackerman dejó el teléfono sin sonido hasta apagarse.

-¡!Es un cínico! - bramó Mikasa con rabia arrojando el periódico que fue a estrellarse contra la cara de su atractivo esposo - Perdona amor, no fue mi intención… – corrió presurosa a repartir besos cortos en el masculino mentón.

-Quizás estás sobre reaccionando. Es sólo una foto, ahí no dice que sean pareja.

-Me dio cientos de charlas sobre las ventajas del desapego, que el amor te hace débil decía, que las relaciones tarde o temprano se acaban, que buscara ser autosuficiente… y en cuanto doy vuelta a la esquina, ¡Zas! que se enreda con alguien.

-Tal vez encontró la horma de su zapato – aventuró, pero ella lo miró furiosa – es una posibilidad…

-Tendría que ser una androide… – con su mano bajo la barbilla, era ajena a la admiración que su semblante enojado provocaba en ese hombre – Eren… y si es una escort?

Pero tanto Mikasa como Eren, el flamante amigo inversionista y hasta Ilse, no debieron esperar mucho más. Porque la reciente pareja decidió ir a cenar al mismo lugar donde se habían conocido, y aunque Mikasa llegó escéptica a la cita, el socio ya se había convencido de apoyar esa relación porque Levi había hecho frente de manera estoica a sus dardos más venenosos. Así que decidió que este asunto del amor no tenía necesariamente que regirse por tiempos, patrones, plazos ni las aburridas leyes establecidas, al menos no en este caso.

-Así que fue una cita rápida, ¿no? - decía Mikasa con la vista clavada en los ojos grisazulados, ignorando el suave apretón de su marido en la mano izquierda.

-Fue "La" cita – dijo Hangi – Yo estaba acostada en casa y al día siguiente pensaba dormir hasta mediodía, pero sonó mi teléfono y salí.

-El destino es quien baraja las cartas, pero nosotros jugamos – dijo Erwin con una leve sonrisa en sus ojos - cuando conociste a Eren, ¿pensaste que ibas a terminar casada con él?

-No, pero…

-Ahí lo tienes. Tú querías que él fuera tu pareja y actuaste conforme a ese deseo. ¿O me equivoco?

-Sí, pero…

-No te atrevas a negarlo mocosa. Todo ese tiempo que esperaste para que te dejara de ver como amiga. Porque si lo has olvidado, yo no.

-Es cierto – sonrió Eren abochornado - pensaba en la tremenda bronca que armaría Mikasa si me declaraba - ambos se miraron a los ojos y la chica dejó de ponerse a la defensiva.

Cuando salieron a la calle se despidieron entre abrazos y la promesa de cenar otra vez. El joven matrimonio regresó a casa en un flamante Camaro, mientras Levi caminaba acurrucado al cuerpo de Hangi las cuatro cuadras que los separaban del departamento.

-Me quedó una pregunta – dijo Hangi – ¿por qué les ayudaste en su relación, si no querías a Eren? – escuchó el molesto sonido de desaprobación, pero se aferró con fuerza a su brazo esperando la respuesta.

-Apenas perdió a sus padres se aferró a él con una obstinación feroz. No creí correcto oponerme a una relación que ella idealizaba. Les hice ver algunas cosas y tal vez sin proponérmelo, les di ese empujón del que me acusan.

-Pero eso no explica el temor que todavía se ve en los ojos de Eren.

-Una vez lo golpeé, pero fue porque se lo merecía y hasta él lo reconoce. Hasta ahora no me ha defraudado, que es más de lo que puedo decir acerca de Mikasa.

Había tanta armonía en su relación que no era fácil presagiar que algo podía salir mal. Ya Ilse se había encargado de filtrar pequeñas historias del temperamento Ackerman. Pero Hangi no daba crédito y prefería formarse su propia opinión.

Habían viajado al condado de Glasgow, hacia el noreste de Escocia para conocer el monasterio abandonado. Pero las cosas no habían salido bien. Presionada por dejar todos sus proyectos al día, había descuidado el viaje, dejando todo para último minuto y corriendo de un lado al otro sin llegar a encontrar nada. El avión se atrasó varias horas por asuntos del clima y estuvieron cerca de perder la reserva del hotel. Así que Levi permanecía mudo y de brazos cruzados, mientras Hangi hacía inútiles esfuerzos por recuperarlo.

Pero una vez registrados, se encerró en el baño y media hora más tarde salió listo para meterse a la cama. Seguía enojado y se volteó en la enorme cama ignorándola. Pero Hangi no iba a dejar que él pusiera la música en esa fiesta, así que se quitó la ropa con gran alboroto y se dio una ducha rápida, tomó un bolso que había acomodado minutos antes sobre una mesita y mirándole desde ese ángulo dijo - Descansa Levi, espero que por la mañana vuelvas a ser tú. – sin esperar respuesta caminó remarcando sus pisadas hasta la puerta y contó. Cuando iba en diez, abrió la puerta y la firme voz masculina la detuvo.

- ¿A dónde crees que vas? – caminó hasta quedar en frente.

-Al aeropuerto. Ahí olvidé a Levi.

-Son las tres de la madrugada. Mañana hay que estar a las diez con el señor Campbell.

-No me voy a meter a la cama contigo. Te has comportado como un verdadero idiota. Se supone que este es nuestro primer viaje juntos y ….

-Lo lamento. Lo lamento mucho.

- ¿Qué dijiste?

-Dije que soy todo lo que estás pensando. Pero por favor, ven a la cama. Prometo que sólo vamos a dormir – le quitó el bolso y con cuidado le retiró los lentes.

-Pero mañana hablaremos y me vas a escuchar… – dijo Hangi quitándose la ropa. Se acostó sin pijama, durmiéndose al instante. Pero cuando Levi se metió bajo las sábanas, supo que tenía un enorme problema que le impediría conciliar el sueño.

Decidí añadir unas páginas a la historia de Hangi y Levi.

Gracias por leer.