¡Hola de nuevo!
Muchas gracias por todos los comentarios :), sois geniales. Os dejo por aquí el segundo capítulo. Espero que os guste.
Ninguno de los personajes de este capitulo me pertenece.
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Capítulo II. El pequeño Charlie
- Si, Fabrey -suspiró Santana- cuando termine de sacar mis cosas de la maleta, comenzaré a arreglarme, no seáis pesadas. Me habéis llamado como unas diez veces desde que me dejasteis en el hotel. No entiendo porqué tenéis tanta prisa, si sólo son las –cambió de mano su móvil y miró su reloj- cuatro y cuarto. Queda aún mucho tiempo.
- Santana te conozco. Siempre acabábamos llegando tarde por tu culpa...
- No seas mentirosa. Además ahora tu estrellita de Broadway tarda más o menos lo mismo que yo, cosa que no entiendo, porque parece que no se arregla absolutamente nada.
La latina escuchó resoplar al otro lado del aparato y automáticamente sonrió. La encantaba meterse con Rachel, solamente por ver cómo reaccionaban ambas. Pero la realidad era muy distinta: Santana sabía que nunca iba a tener tiempo suficiente para agradecerle a la morena todos estos años de silencio y de apoyo incondicional.
Ni a ella, ni a Quinn.
Después de unos minutos más al teléfono, Santana colgó y comenzó a deshacer la maleta a sabiendas que no se quedaría mucho tiempo por Lima, como mucho una semana y después volvería a Nueva York. Se había tomado estas pequeñas vacaciones pero tenía bastante trabajo pendiente y no lo podía obviar así cómo así.
Comenzó a escoger lo que se pondría esa noche: un vestido negro escotado por delante, con unos zapatos de tacón a juego y un bolso de mano plateado que se había comprado unos días atrás en una calle cercana a su trabajo. También había decidido su peinado: totalmente suelto y ondulado sobre un hombro.
Dejó todo sobre la cama y suspiró con una pequeña sonrisa. Cogió una toalla de ducha que había sobre su cama y se metió al baño.
Santana observó su reloj de muñeca, que marcaba las siete menos diez. Hacia un rato que había acabado de arreglarse y decidió bajar a la entrada del hotel, para llegar puntual a la cita con Quinn.
Cerró la puerta de la habitación tras de sí y subió al ascensor, saludando a todos los que iban entrando en cada piso. Al llegar a la planta baja, se dirigió directamente a la zona donde la dejó el día anterior su amiga. No pasó mucho tiempo cuando apareció con el coche.
- Me tienes impresionada, ¿desde cuándo respetas la puntualidad? –preguntó Quinn desde el coche mientras veía como su amiga se subía al asiento del copiloto.
- ¡Cállate y conduce! -interrumpió Santana mientras la otra se reía.
Quinn obedeció y salió del parking del hotel. La latina se acomodó en su asiento mientras la otra la miraba cada vez que podía.
- Cuéntame ¿cómo te va en el trabajo, Señorita Abogada López? -bromeó la rubia mientras esperaban en un semáforo- Me dice alguien hace seis años que tú, Snix López, serías abogada y me hubiera dando un infarto.
- Ni yo misma lo hubiera creído –rió Santana- Pero la verdad, me encanta mi trabajo. ¿Y vosotras? ¿Vas a renovar contrato con la empresa de tus prácticas o vas a intentar montar algo por tu parte?
- De momento prefiero seguir en la empresa hasta coger un poco más de práctica. Además, intentarlo por mi cuenta sobretodo al empezar, requiere de mucho tiempo, cosa que ahora no tengo. Y sobre Rachel, ya sabes, estuvo de gira con el musical de "My Fair Lady" durante unos meses, pero con el tema del bebé -comentó con una sonrisa iluminándose totalmente su cara- ha decidido tomarse todo con un poco más de calma. Cosa que agradezco.
- Si me dicen a mi -dijo Santana imitando casi perfectamente el tono de voz de su amiga- que tú Quinn Fabrey, iba a tener un bebé con su novia Rachel Berry... me hubiera dado un infarto.
Quinn rió por la burla prestando más atención a la carretera.
La conversación continuó hasta que llegaron al hogar de sus amigas. Bajo el punto de vista de Santana, la zona aparentemente era bastante tranquila, apenas se oía un ruido y no había visto a muchos coches pasar. La casa de ladrillo blanco, era clásica y sencilla de dos pisos, con un jardín bastante grande lleno de árboles.
Al caminar por el pequeño sendero del jardín que había frente a la puerta principal pudo observar un detalle que la hizo sonreír. Junto al número 28, había una estrella dorada. A pesar del paso de los años, Rachel, siempre seguiría siendo Berry.
Santana esperaba pacientemente en la puerta principal a que Quinn, que se había quedado atrás cerrando el coche, abriera con las llaves. Pero para su sorpresa, llamó al timbre insistentemente.
- Qué haces, ¿No tienes llaves?
- Si, pero esto va a ser mucho más divertido –sonrió con malicia- Con un poco de suerte, Rachel estará ocupada terminando de prepararse y abrirá otra persona. Y desde aquí, veré la cara de impresión después de tantos años.
A pesar del deseo de Quinn y para buena suerte de Santana, abrió Rachel.
- ¡Hola! –saludó la más bajita colocándose un pendiente- llegáis justo a tiempo, ya están todos listos y a mí me queda solo un poco.
Rachel volvió a desaparecer por los pasillos de aquella casa, mientras que Quinn y Santana se dirigían al interior.
- ¿Un poco? –susurró Santana- Si trata de mejorar físicamente, creo que hoy no saldremos a ningún sitio.
- Deja de decir tonterías -la regañó Quinn mientras la empujaba ligeramente- Pasa con cuidado por esa puerta, están en el salón.
Siguiendo las instrucciones, intentó entrar con cuidado pero el sonido de las bisagras hizo que los presentes, Puck, Blaine y Kurt miraran hacia ella. Los chicos se quedaron bloqueados y solamente abrían y cerraban la boca.
Santana rió por lo cómico de la situación y movió la mano en señal de saludo.
- ¿Santana, eres tú? – preguntó Noah levantándose y mirándola de cerca con los ojos muy abiertos mientras la morena afirmaba con la cabeza- ¡La hija pródiga ha vuelto! –Gritó dándola un abrazo y elevándola en el aire- ¿Qué tal está mi pequeña?
- Genial, tan buena como siempre ya lo sabes –dijo guiñándole un ojo- y vosotros, ¿qué tal estáis?
Mientras Santana se ponía al día con los chicos, saludándolos y recibiendo abrazos por parte de todos, Quinn discretamente fue hacia las habitaciones en busca de Rachel.
Quinn abrió lentamente la puerta de su habitación. Vio a Rachel frente al espejo y encima de su cama, casi todos sus vestidos prácticamente tirados. Antes de que pudiera decir nada, Rachel se giró hacia ella con una expresión triste.
- Dentro de poco, no me podré poner ninguno de ellos -murmuró Rachel tristemente mientras señalaba la ropa- estaré enorme...
La rubia sonrió, acercándose y abrazándola por detrás a la altura del vientre. Besó su cuello descubierto mientras la obligaba cariñosamente a observar el reflejo de ambas en el espejo del probador.
- Estás estupenda cariño, y lo estarás dentro de un mes, de seis y de un año –Rachel sonrió por la respuesta y puso sus manos sobre las de su novia- Para mí eres perfecta, te pongas lo que te pongas. Embarazada o no.
La morena se dio la vuelta entre los brazos de la otra y la besó lentamente, disfrutando de la suavidad de sus labios. Cuando se separaron por necesidad de aire, se miraron a los ojos y ambas sonrieron.
Salieron al pasillo en la misma posición que habían estado antes, una abrazada a la otra, observando a sus amigos mientras hablaban en el salón.
- ¿Habrá sido buena idea haberla hecho venir? –Cuestionó Quinn mientras acariciaba con su nariz la mejilla de su chica- por mucho que trate de convencernos y de convencerse a ella misma, la conozco lo suficiente como para saber aun no ha superado lo de Britt. Hoy, seguramente se verán. No quiero que ninguna de las dos sufra más de lo que lo han hecho.
- Alguna vez se tendrían que volver a ver Quinn, es inevitable. O en la fiesta de Charlie o en cualquier otra ocasión si quieren seguir manteniendo el contacto con todos nosotros –suspiró Rachel- tendremos que esperar hasta que se vean para ver cómo reacciona cada una.
- Chicos –dijo Rachel entrando al salón de la mano de Quinn- ya he terminado. Nos podemos ir cuando queráis.
- ¡Por fin! –exclamó Kurt alzando las manos al cielo- no puedo creer que...
- Hay un pequeño problema -interrumpió Puck el discurso sobre la puntualidad que estaba comenzando el otro- Somos seis personas, no cabemos en un solo coche. ¿Qué hacemos?
- Si no os importa, iros vosotros cuatro juntos en el coche de Blaine. Y yo, iré con Santana en el nuestro –comentó la rubia mirando al resto- tengo que hablar con ella.
Noah puso los ojos en blanco y asintió con la cabeza.
- Mujeres.
Todos salieron de la casa con un abrigo en la mano, a pesar de no hacer mucho frío en ese momento, las noches lo estaban siendo bastante y no sabían a la hora que iban a volver. Se subieron a sus respectivos coches y pusieron rumbo a la fiesta.
En el coche de la rubia, todo iba en silencio. Ninguna de las dos decía nada, únicamente, Santana miraba a Quinn a la espera de los asuntos que tenía que comentar con ella con tanta urgencia como para separarla del resto del grupo. Tras unos pocos minutos de espera, la morena rompió el silencio.
- Quinn, deja de dar vueltas al tema que tengas en la cabeza y dilo de una vez –susurró- me estas poniendo nerviosa.
- ¿Siempre tienes que ser tan directa? No es nada realmente importante.. sabes que en la reunión, va a estar todo el Glee Club –esperó a que la latina asintiera- Completo –seguía afirmando esperando que le siguiera explicando, la rubia suspiró- Brittany, Santana... me refiero a ella. Lo más probable, es que también esté allí.
La morena enmudeció de golpe y sintió un pinchazo en el pecho. Dejó de mirar a su amiga y de repente la guantera del coche, cobró un mayor interés visual que cualquier otra cosa. No podía evitarlo. Cada vez que escuchaba el nombre de la rubia, pasaba lo mismo. Sabía incluso antes de venir que estaría también en la fiesta, pero esperaba que por algún tipo de milagro, no se viesen.
Quinn la miraba de reojo preocupada.
- ¿Estás bien? -dijo acariciando la pierna de la morena con la mano sin apartar la vista de la carretera- No tienes por qué ir si no te apetece. ¿Quieres volver al hotel?
- Tranquila. Está todo superado, no pasa nada –comentó Santana con una de sus mejores sonrisas- Además, quiero ver a Tina, a Mike y a los demás después de tanto tiempo.
Dejaron el coche en un parking público cercano a la sala de la fiesta. Quinn y Santana se reunieron a unos pocos metros con los que estaban en el otro coche y los seis, se dirigieron a la puerta del local.
- Vamos a cubrir un poco a Santana, que no se la vea -susurró Puck antes de entrar.
El encargado que estaba en la puerta principal, los acompañó hasta el apartado donde ponía en la puerta "Fiesta de Charlie". Entraron muy despacio llamando la atención de Mike y Tina, que salieron a recibirles uno a uno. La pareja de nuevo recibió la enhorabuena por parte de todos por el niño, hasta llegar al último, Noah.
- Ha venido alguien más a felicitaros por Charlie.
Se apartó ligeramente y vieron a Santana más sonriente que nunca. Por unos instantes ambos se quedaron paralizados alternando miradas con la chica y entre ellos. Mike fue el primero, cogiéndola por la cintura y subiéndola para dar vueltas con ella mientras se reían.
- No sé qué pasa pero tengo un efecto demoledor estos días. Quinn, Puck, Mike… todo el mundo quiere tocarme –bromeó la latina mientras Tina la golpeaba ligeramente.
Cuando Mike la bajó al suelo, una voz muy conocida, que no había escuchado en mucho tiempo, sonó a su espalda.
- ¿Santana? ¿Eres tú?
Hubo un gran silencio en el grupo. Nunca se comentó nada sobre el tema, pero por todo lo que había pasado, se sabía que si Santana se fue de Lima, fue principalmente por Brittany. Todo el mundo recordaba cómo se le rompió el corazón a la latina ese día y cómo todo cambió desde entonces hasta su partida.
Santana se dio la vuelta y la vio. Había pasado tanto tiempo... pero era inconfundible: su larga melena rubia, su cuerpo totalmente estilizado, sus ojos azules. Había algo que sí había cambiando, su mirada no era la misma... su luz habitual había desaparecido.
Pero poco importaba a la latina cómo estuviera en ese momento o que la pasase. Además, no quería hacer o decir nada fuera de lugar y estropear la fiesta de Charlie. Simplemente se acercó y la tendió la mano.
- Me alegro de verte, Brittany –contestó fríamente la morena.
Brittany la estrechó la mano visiblemente triste. Santana sintió como una corriente pasó por todo su ser al contacto, esa electricidad que surgía cada vez que tocaba la piel de la chica. Su cuerpo aún se acordaba de ella.
Decidió ignorarlo e ir a hablar con Mercedes y Tina, era la mejor opción. Su objetivo era alejarse de la rubia para evitar conversaciones indeseadas.
Cuanto más lejos mejor.
Al cabo de un buen rato, Mike se acercó a Santana con Charlie en brazos con una gran sonrisa. Quería que la chica lo cogiera para hacerles una foto juntos como había hecho con el resto de sus amigos.
Santana al principio no estaba muy convencida, llevaba años sin coger a un niño en brazos, pero después, no había quien se lo quitase. Involuntariamente, mientras jugueteaba con él, dirigió su vista a Brittany que no dejaba de mirarla desde que había llegado.
En algún lugar de su mente, reprodujo todo lo que estaba pasando a su alrededor de manera distinta: Brittany y ella, con un niño moreno de ojos azules, en brazos mientras que...
Rápidamente sacudió su cabeza. ¿Cómo podía estar haciéndose eso a ella misma imaginando esa escena? Inmediatamente apartó la mirada, intentando concentrarse de nuevo en el niño que tenía en sus brazos.
Necesitaba la mente fría hasta su vuelta a Nueva York y todo volvería a la normalidad.
Después de varias horas de baile, canciones y risas, Santana necesitaba tomar un poco el aire y descansar un rato. Ya no estaba acostumbrada a salir hasta tarde y bailar tanto tiempo, su carrera la había absorbido mucho su vida personal y aunque salía, ya no era como antes.
Salió al jardín trasero del local abanicándose con la mano. El sitio era precioso, estaba repleto de árboles y flores, además había una gran fuente circular y un pequeño pórtico lleno de enredaderas por todas sus columnas en un lateral.
Caminó un poco hasta llegar a un pequeño lago y se apoyó en la barandilla aspirando el aire fresco que casi había perdido en Nueva York. Tras unos segundos de tranquilidad, sintió unas pisadas a su espalda. No necesitó girarse para ver quién era, su cuerpo se lo decía.
- Lo siento San –susurró Brittany acercándose y poniéndose en la misma postura que ella.
Santana la miró a los ojos intentando por todos los medios mantener la compostura y después, volvió su vista al frente.
- No me llames San ¿vale? Perdiste ese derecho hace mucho tiempo -siseó la latina- No quiero hablar contigo. No es el momento.
- Escúchame Santana -sollozó Brittany mientras la miraba- siento haber sido tan tonta. Todo tiene una explicación, de verdad. Siento haberme dejado engañar por terceras personas cuando estaba claro que me amabas y no haberte escuchado a ti, que eras mi novia. Y sobre todo, siento no haberte parado cuando me dijiste que te irías.
La abogada agarró con fuerza la barandilla hasta que sus nudillos estaban totalmente blancos y cerró los ojos. No quería llorar, no delante de ella. Había pasado mucho tiempo desde lo ocurrido y ya había derramado suficientes lágrimas.
Pero no pudo evitar que su mente reprodujera escenas sueltas de los últimos días con ella.
Una y otra vez se veía humillada...
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Creo que me ha quedado demasiado largo. Bueno, se acepta todo tipo de comentarios ;). Intentaré actualizar mañana o pasado mañana. Tengo casi listo el tercer capítulo.
...Mune9117...
