Capitulo 4: mar y desierto

Hakon

En heladas tierras al sur de Dragonia a vitaban los hombres de mar conocidos mundialmente como "vikingos", estos estaban encargados de salvaguardar la única salida a mar. Los ojos azules de los nórdicos vigilaban los mares, navegando sobre sus barcos en forma de dragón llamados drakkars eran uno con el océano como los que los tripulaban.

Mas allá de la costa sur de Dragonia avía una gran isla donde los nórdicos vivían entre la nieve. En una gran aldea amurallada con anchos troncos y picas, una gran casa de piedra y madera se alzaba en medio del pueblo a donde se formaba una larga fila de ponies y demaces.

El gran salón era custodiado por varios nórdicos, siervos, ponies y lobos todos armados con escudos en sus espaldas y una espada corta en la cintura. Ellos vigilaban y daban orden a la larga fila que era atendida por un grueso siervo caribú quien vestía una armadura de cota de malla, yelmo que permitía la salida de su cornamenta, barias pieles sobre sus hombros y una espada corta en su espalda.

Los ojos azules del animal eran serios sin ninguna expresión viendo al pony delante suyo parado junto a un guardia –y es por eso que los peses no pican- dice el ciervo sabiamente.

-aun no entiendo mi konung-

-debes… poner…. carnada-

-hoooooooo, creo… que ya entiendo…. Konung- se inclina y sale del salón dejando pasar al siguiente en la fila para ver al señor vikingo.

El caribú se talla los ojos con un casco fastidiado –lo que daría ahora por terminar pronto, AL DIABLO que se encargue mi hermano- se pone de pie y se baja del trono caminando a una puerta a un lado de este, se voltea a la fila levantando un casco –espéreme un momento que su caso será atendido- dicho esto entra por la puerta.

El siguiente de la fila era un lobo negro con una tubería de cobre atorada en el cuello –pero no puedo respirar konung-

El siervo caminaba dentro de su hogar buscando algo –Harek, Harek- repetía buscando en todas partes antes de abrir una puerta –¿Harek estás aquí?- dentro de la habitación había un montón de ropa sucia en el suelo junto con botellas de vino e hidromiel, todo esto delante de una maquina de video juegos encendida con las palabras "game over" parpadeando –por Odín- se levanta en dos patas transformándose en un grueso humano de cabello largo tan rubio como su barba -¡despierta ebrio asqueroso!- da una patada a la ropa en el piso a lo que de debajo de esta se sienta rápidamente un humano pelirrojo.

-da… ¿Qué, que pasa?- dice confundido el pelirrojo carente de barba y de ojos azules –hola hermano ¿Qué pasa?- dice muy alegre el pelirrojo.

-Harek, necesito que te encargues de los súbditos mientras patrullo por el mar-

Tallándose los ojos y bostezando Harek ve al rubio -¿seguro que no es solo porque no quieres seguir aburriéndote con ellos?- toma una botella y bebe de ella.

El rubio mira de lado a lado –ah…. No, ¡re… recuerda que a ti te toca desde las tres de la tarde!-

-¿y qué hora es?-

-las cinco, ¿hasta qué hora te quedaste jugando?- mira a la máquina de videojuegos de las mismas que hay en ponyville.

-ah….- Mira un reloj en su muñeca –termine ase cinco minutos-

El rubio se lo queda mirando unos segundos antes de golpearse el yelmo con la palma –por todos los dioses, te juro Harek que si no le hubiera prometido a madre cuando murió que sería bueno contigo, ¡hace mucho que te abría usado de carnada para pescar tiburones!-

El pelirrojo se pone de pie muy sonriente con una botella en la mano –pues que alegría que lo prometiste hermano- camina pasando a su lado saliendo por la puerta –cuídame esto- le golpea el pecho con la botella para este tomarla aguantando la ira –ve si quieres, yo me quedare cuidando tu pueblo-

Justo antes de que el pelirrojo abriera la puerta para el salón del trono el rubio le habla aun mirando la habitación de su hermano –Harek-

-¿Qué pasa Hakon?- contesta aun muy sonriente.

-…. Estas desnudo-

El pelirrojo se ve a si mismo dándose cuenta que no traía absolutamente nada –a… claro, ¿aquí es el armario no?-

-¡ese es el salón del…!- ve como el pelirrojo entra al salón del trono y se escucha el grito de horror de barias mujeres y los de asco de muchos hombres –piensa en mamá, piensa en mamá, piensa en mamá- se escucha una bofetada justo antes de que el pelirrojo volviera a cruzar la puerta.

-una mujer grito cerca de mí, tuve que abofetearla-

-…. ¡Piensa en mamá, piensa en mamá, piensa en mamá, piensa en mamá!-


Said ibn Hammād ibn al-Abbās ibn Fadlān ibn Rāšid ibn Ayyūb

(Said)

En el desierto de suave arena que se hallaba en el noreste de Dragonia, esta era iluminada por el intenso sol que lanzaba su gran calor sobre las amarillas arenas inhabitables para la mayoría, pero no para quienes vivían ahí desde antes de la extinción de la raza conocida como los humanos. Los cuales se extinguieron hace mas de mil años, pero aun así dos ejércitos aravicos estaban compuestos por quienes asemejaban sus formas mientras eran vigilados por unos ojos negros desde la retaguardia de cuyo ejercito estaba compuesto por "humanos", en vez de "humanos" nos venas negras que les cubría todo su existir.

Ambos ejércitos estaban vestidos con túnicas, turbantes y cotas de malla que tenían del estomago al pecho una placa de bronce. Armados con cimitarras, lanzas, arcos, martillos de guerra y hachas. Diferenciados por los colores de las túnicas, en el lado no plagado eran rojas, amarillas naranjas con lunares morados mientras que en el ejército plagado usaban túnicas grises casi tan oscuras como las venas que recorrían sus pieles.

Los ojos de quien miraba eran del sultán Said quien estaba sobre su caballo de color negro, vestido con una pechera de escamas de bronce, hombreras del mismo metal, un turbante blanco del cual salía malla de anillas metálicas que le llegaba al cuello y una gran capa dorada que cubría a su caballo.

El maduro sultán lucia una barba negra y un cabello ondulado que salía de su turbante y se movían con el viento. A los lados del sultán estaban caballeros del islam con estandartes de diversos colores y palabras sagradas en su lengua. Cada uno armado con lanzas, escudos con una medialuna en ellos y una cimitarra en la cintura.

-mi sultán, no debería arriesgarse así- dice uno de sus caballeros a un lado suyo –debería haberse quedado en la fortaleza-

-si alá, el bondadoso, el misericordioso quiere que yo muera en este lugar que no sea de otra forma que no sea servirle y junto a mis hombres- respondió serio viendo a su ejército disparando las flechas.

Los lanceros en primera fila de ambos ejércitos levantaron sus pequeños escudos dorados de forma circular, las flechas cayeron matando a muchos en ambos ejércitos e hiriendo a muchos más. En cuanto dejaron de caer las flechas ambos ejércitos se abalanzaron sobre el otro gritando con furia y moviendo la gran cantidad de estandartes que portaban.

-ya es hora- dijo el sultán antes de mover la mano izquierda apuntando a este mismo lado, en esa señal los caballeros se separaron un gran grupo a la izquierda y otro a la derecha mientras cabalgaban a ambos flancos del ejercito.

Ambos ejércitos chocaron en un grito de furia y un rio de sangre mientras los colores de ambos ejércitos se mesclaban en una gran franja de muerte que se dibujaba en donde chocaron las fuerzas.

Los plagados eran claramente superiores en número, pero cuando los caballeros chocaron contra los flancos a los plagados les dieron algo de esperanza y motivaron a las tropas.

El sultán quien se hallaba solo en la duna daba una pequeña sonrisa de satisfacción, pero esta se borro al ver como desde las montañas se veían bolas de fuego que volaban hasta caer sobre su ejército –en nombre de alá ¿Qué es eso?- de alforjas que tenía el caballo saco un periscopio que uso para ver de dónde venía el ataque -¡catapultas!- soltó el telescopio y desenfundo la cimitarra y golpeo las costillas del caballo con los talones a lo que este se paro en dos patas dando un gran relincho.

El caballo cayó sobre las cuatro patas galopando al ejército que era rápidamente destruido. El sultán se puso las riendas en la boca para poder tomar un cuerno que le colgaba de la cintura.

Con ambas manos ocupadas y aun con la rienda en su boca puso el cuerno en sus labios y con mucha dificultad pudo soplarlo mientras dirigía al caballo. Al escuchar el cuerno los musulmanes sabían que significaba la retirada -¡CORRAN MALDITA SEA!- grita el sultán galopando a ellos.

Los mamelucos vieron a su señor cabalgando a ellos y entre ellos mientras les ordenaba que se fueran, estos no lo pensaron dos veces antes de convertirse en los grifos, ponies y diversos seres que eran, girarse y correr por sus vidas mientras el honorable señor cabalgaba entre las filas abriéndose paso contra los plagados.

Una bola de fuego callo a metros de Said asustando a su caballo quien cayó a un lado derribando al jinete. Rápidamente Said se levanto y corrió a la primera fila con la cimitarra en la derecha mientras que con la izquierda tomaba del cuello a sus hombres y los jalaba atrás mientras el se abría paso adelante -¡retirada, corran a la fortaleza!- gritaba el sultán con firmeza mientras las bolas de fuego aun caían.

Finalmente logro estar tan cerca de la matanza que olía la sangre, tomo la malla de anillas que salía del turbante de uno de sus hombres y lo jalo atrás para tomar su lugar -¡todos retrocedan!- grita justo antes cortar la garganta de un plagado.

Detrás suyo el soldado lo miro asustado –pero sultán-

Este se volteo con furia -¡AHORAAAAAAAA!- volvió a ver al enemigo para detener el corte de una cimitarra y cortar el estomago de quien la portaba, avanzo entre los plagados cortando a una gran velocidad a todo plagado que tuviera cerca mientras movía la cimitarra con una sola mano. El soldado asintió y corrió huyendo de la batalla convirtiéndose en un grifo y despegando.

El sultán seguía avanzando entre los plagados moviéndose a una increíble velocidad mientras los plagados a su alrededor no sabían porque pero si se acercaban demasiado no podían siquiera bajar sus armas antes de morir.

Un aura transparente comenzó a rodear la cimitarra mientras su velocidad aumentaba constantemente hasta el punto que no podía verse y de la cintura para arriba del sultán parecía como si hubiera muchos de ellos al moverse tan rápido como las hélices de un helicóptero.

Los plagados que se acercaban terminaban saltando en el aire hechos pedazos como si se hubieran caído dentro de una trituradora de leña, lo que ahora no era ni la mitad de letal de lo que era el musulmán en este momento.

Al ver esto todos se alejaron de la muerte segura que era aquel hombre con la cimitarra. Este se detuvo en guardia respirando agitado y sudando hasta formarse un charco en la arena debajo suyo, vio en todas partes a los plagados que se alejaban aun mas de él, pero llamo su atención el cuerpo de un plagado que sostenía un arco y tenía un carcaj en la cintura –alá es el único dios- dice sonriente antes de enfundar la cimitarra y correr al cuerpo, salto para caer al piso girando sobre el cuerpo tomando el arco y el carcaj.

En ese momento un dragón negro callo delante suyo arrojándole arena a la cara, el sultán sacudió la cabeza mientras ponía la flecha en las cuerdas del arco y apunto al dragón. La vestía respiro a fondo pero en solo tres segundos las flechas salieron del arco como balas de una ametralladora dejando el casco del dragón lleno de estas incrustando más de una en su cerebro cayendo muerto de inmediato.

Said sonrió soltando el arco y el carcaj al este ya no quedarle una sola flecha, de improviso callo otro dragón negro del lado contrario del primero. El sultán desenfundo la cimitarra, pero callo otro dragón entre el muerto y el, otro a su derecha y otro a su izquierda, otro, otro y otro rodeando completamente al último árabe que se quedo en el campo de batalla.

Said veía a todos lados a los dragones que se le acercaban lentamente, dejo de voltearse a todos lados antes de ver la cimitarra en su mano –"entrega"…. Eres de mis ancestros- frunce el seño con decisión –¡y de mis descendientes!- esta brilla con la misma aura pero de una manera muchísimo mas intensa y de un solo movimiento súper rápido el árabe la arroja en dirección de donde corrió el ejercito.

El arma volaba a una gran velocidad varios kilómetros antes de desacelerar y comenzar a caer, pero justo antes de que se perdiera en el mar de arena es atrapada en el aire por el mismo grifo que el sultán saco de la primera línea. Grifo que por su gran vista de águila pudo ver a su señor toda la batalla.

Se le quedo mirando unos segundos antes de voltearse e irse con el arma en sus patas.

El grifo era vigilado desde las montañas en donde estaban las catapultas, un humano oculto entre las sombras era quien lo veía. De repente una bola heno en las catapultas es encendida iluminándolo y mostrando su rostro que era el de un joven blanco de cabello largo negro, una barba de candado y ojos intensamente rojos.

-¡PEDRO!- grito guerrero salvaje despertando en su tienda.


William

El joven lobo blanco se puso de pie sobre el saco de dormir mientras sudaba a mares.

-¿Pedro?- pregunto Shadow despertándose del lado contrario de la tienda mirando su reloj.

-Juan, Diego- rasca su mentón con una pata -¿tomas, mateo, Santiago?-

-(bostezo) ¿no es muy temprano para nombrar a los apóstoles?-

-trato de recordar uno en característico pero no sé porque- camina a una mesa que estaba en la carpa, se transforma en humano y toma una jarra de greda y vertió agua en una fuente del mismo material.

-son las dos de la mañana, deberías dormir- dice aun con sueño el unicornio negro –mañana llegaremos al castillo escoses y luego será un largo viaje al feudo real (bostezo) deberías descansar-

-lo sé mi amigo- sumerge la cara en la fuente para sacudirla debajo del agua, de golpe la saca tirando sus mojados cabellos negros hacia atrás –pero hay algo que me intriga- se voltea a Shadow -¿tu porque crees que…?-

-¡William, ¿cómo te hiciste esa cicatriz?!- grita sorprendido e impactado ya que en el tiempo que lo conoce, nunca, nunca lo había visto con algo así. Tal vez porque nunca se había convertido en humano desde que llego a Dragonia.

-¿Cuál cicatriz?- pregunta nervioso viéndose los brazos que estaban cubiertos por un camisón blanco que usaba todo soldado templario no noble al dormir -ni siquiera se me ve alguna- se arremanga las mangas buscándose alguna –no tengo nada-

-¿es broma no?, te estoy viendo una cicatriz- se toca la cara con un casco –justo aquí-

Gs toma un cuchillo de la mesa para reflejarse en el –yo no tengo ninguna… ¡OH DIABLOS!- grita viendo que en su rostro cruzaba una cicatriz desde debajo del ojo izquierdo hasta debajo de la mejilla derecha. Esta mostraba ser grande pero no muy profunda como hecha con un hacha corta y alrededor del corte la carne estaba negra congelada como si hubiera sufrido de hipotermia al ser cortado.