«¿Y eso qué podrá ser?», pensó Choromatsu.
Al día siguiente, más o menos a la 1:00 pm. cuando iban saliendo de la clase de ecología y la mayoría de muchachos se dirigían a la sesión diaria de fisioterapia, Aoi se acercó unos momentos a Choromatsu y Kichiro con ánimo.
—Choromatsu-kun, ayer vi a tu hermano. Me asombra que realmente es idéntico a ti. ¡Todo todito! —exclamó la joven.
—¡Son gemelos, Atsuko-chan! —le espetó Kichiro riendo.
Kichiro a pesar de haber sido reñido por la muchacha jamás concordó en llamarle por su nombre principal. No era su estilo, sin embargo seguían siendo igual de cercanos.
—¡Lo sé! Pero bien uno podría tener la piel más tostada o ser más delgado o tener el pelo diferente o… —De repente se acordó de otra cosa y habló interrumpiéndose a sí misma—. ¡Ah! Kichiro-kun me contó sobre lo de tu cumpleaños… Oí un poco porque estuve en el salón de profesores.
—¿Y… bien? Él a mí no me ha dicho nada —dijo Choromatsu.
—Queremos celebrarlo aquí. En secreto, claro.
Los ojos de Choromatsu se abrieron de par en par.
—¿No te parece bien? Atsuko-chan puede salir y comprar lo que haga falta. Pastel, velas, soda… Para ella las puertas de la institución siempre están abiertas, literalmente.
—Pero…
—Si lo que te preocupa es tu hermano, no te preocupes. Podemos solicitarle que venga en esos últimos días y no será raro. Solo desaparecerá de tus padres, pero, creo que pueden entenderlo si dice que irá a con sus amigos de la escuela.
Choromatsu sonrió.
—¡Qué ast-astuto eres! —Tosió un poco.
—¡Ja, ja, ja! Como siempre.
Los tres rieron.
—¿Y cuándo es tu cumpleaños? —preguntó la muchacha.
—El veinticuatro de mayo —respondió Choromatsu.
Ella se quedó con la boca abierta.
—¿Qué? ¡Igual que yo!
Instintivamente Aoi levantó su mano para que Choromatsu diera una palmada contra la de ella. Torpemente y con algo de lentitud lo hizo. Ambos sonrieron mientras mantuvieron sus dedos entrelazados.
—¿Qué está pasando aquí? —dijo Kichiro fingiendo recelo.
—¡Pasa que somos almas gemelas! Bueno, si las almas gemelas pueden ser tres —dijo ella recordando al hermano de su paciente-alumno.
—¿Qué dices? Choromatsu-kun y yo somos las almas gemelas. Somos casi como hermanos. Seguro lo conozco mejor —dijo presumiendo.
—¡Pero yo lo conocí pri…!
En ese momento fue interrumpida por un médico que la solicitaba en otro bloque. Ella se dio la vuelta, pero antes de desaparecer de la vista de los muchachos quizá el resto del día, Choromatsu le dijo lo más rápido que pudo:
—¡Aoi-chan! Con res-respecto a… lo de… antes, de que puedes conseguir lo que haga falta… Necesito pedirte un favor.
—Claro, ¿qué es? —dijo acercándose a él.
—Pues, verás…
2:30 pm.
Era hora de realizar alguna de las actividades extracurriculares. Choromatsu había estado ayudando a los participantes de las obras de teatro y recitales. Debido a que todos allí eran minusválidos era una tarea de sumo esfuerzo puesto que absolutamente todo lo hacían ellos mismos. Le había llamado la atención, sin embargo, era estresante puesto que uno de los profesores del lugar era últimamente más estricto de lo que solía ser.
—¡Vamos, muchachos! —decía dando rápidos aplausos para captar la atención de todo el mundo—. ¡Muévanse más rápido! En el mundo de afuera nadie va a esperarlos, tienen que aprender a cumplir con los tiempos, vamos.
Era así usualmente, no obstante, como si hubiese optado de repente una nueva filosofía, comenzaba a apresurarlos más en todo y a ser más estricto con las reglas. Si no cumplían, se les negaban el acceso a la biblioteca por determinados días, se les repartía menos comida a la hora del almuerzo, se les negaban una o dos horas de sueño o se les sumaban nuevas tareas, tanto escolares como domésticas.
Aquello llevó repitiéndose diariamente desde finales de marzo hasta casi la mitad de mayo.
Una tarde, Kichiro estalló.
—¡Ya basta de todo esto! —gritó, arrojando al suelo la pala con la que solía ayudar con las cosechas a los alrededores del patio trasero—. ¿De qué sirve de todos modos, Shimada-sensei? —le dijo al hombre.
El profesor le miraba con unos ojos penetrantes, en silencio. Kichiro siguió quejándose.
—A la larga, cuando salgamos de aquí y lleguemos a la ciudad, el mundo no se va a detener por nosotros como lo hacen todos aquí. Allá tendremos que arreglárnoslas solos. Nadie va a sentir lástima o compasión… ¡Ningún esfuerzo aquí va a rendir frutos allá en el mundo real! ¡Basta de esto! No importa cuánto esfuerzo pongamos en esto… Al fin y al cabo, estas tareas sencillas que tanto nos cuesta realizar día con día... ¡no significan nada! ¡No tendremos más derecho afuera solo porque nuestros cuerpos no funcionan bien!
De repente se detuvo. Sintió que podría echarse a llorar en cualquier momento, pero se mantuvo firme. El resto de muchachos y muchachas solo lo observaban con una mezcla de emociones entre admiración, tristeza y temor.
El mismo Choromatsu sintió desaliento por las palabras de su amigo, sin embargo, se convenció a sí mismo de que aquello era lo que él también pensaba con toda genuinidad en su interior. Suspiró con resignación.
Allí sobre la tierra húmeda donde instantes atrás todos realizaban sus tareas en el huerto del lugar, ahora estaban estáticos, llenos de tensión esperando la reprimenda que le vendría encima al joven. Sin embargo, obtuvieron la tranquila contestación del profesor. Una contestación que no esperaban.
—Exactamente por eso, muchacho.
Kichiro frunció el entrecejo y el hombre siguió hablando.
—Si de todas formas el mundo va a seguir su curso a su ritmo, ¿qué podrías esperar si al menos tú no te esfuerzas por ayudarte a ti mismo dando todo lo que tienes? No va a cambiar nada, ¿no? Solo seguiría igual, o en el peor de los casos, empeoraría.
El joven no dijo nada, solo se mantuvo de pie, al principio con la mirada fija para después desviarla y perderse en sus pensamientos. El profesor siguió guiando al resto de alumnos luego de decir: "Matsumoto-kun, puedes decidir cualquier cosa acerca de tu comportamiento, pero hay maneras de hacerlo. Nadie aquí va a reprimir esa personalidad tuya".
Más tarde mientras Aoi ayudaba a Choromatsu a hacer sus ejercicios de rehabilitación, quiso conversar un poco con el joven.
—Escuché lo que sucedió con Kichiro-kun —dijo ella—. Supongo que si fue capaz de eso debe de estar realmente enfadado de todo esto…
Choromatsu no dijo nada, esperando a que la muchacha continuara.
—¿Sabes, Choromatsu-kun? Siento pena por no poder hacer suficiente. Me gustaría ser más útil. Incluso si llegaran cien personas como yo a este lugar no seríamos capaces de hacer mucho.
Choromatsu estaba callado, sin embargo, luego de pensarlo un poco, abrió la boca para apenas susurrar algo.
—Kichiro-kun es… increíble. S-Siempre se vale por sí mismo y no… tiene miedo de nada. Sonríe to-todo el tiempo… —Tosió. De repente la tos no le permitió seguir hablando como corresponde.
—Tranquilízate, no hay por qué apresurarse. Tómate tu tiempo. Sí, así, con delicadeza.
Aoi ayudaba a Choromatsu a caminar entre las barras paralelas para mejorar la condición de sus piernas. Le costaba muchísimo trabajo; se agitaba y sudaba mucho, pero hacia lo mejor que podía. Luego de escuchar las palabras de su amigo hacia el profesor no sabía cómo sentirse. Quizá Kichiro solo había tenido un mal día y fueron palabras del momento, pero se sintió un poco desalentado.
Había varios muchachos realizando sus ejercicios de la misma manera, no obstante, para Choromatsu se estaba tornando cada vez más difícil. Aun así, no quería rendirse y limitarse a usar únicamente la silla de ruedas, pues le gustaba intentar de vez en cuando con ayuda de un bastón o apoyándose en las paredes caminar hacia cualquiera que fuese su destino.
«No hables si no lo necesitas, Choromatsu-kun. Podemos intentar más tarde la terapia lingüística, pero no en momentos como estos. Relájate y confía en mí», le decía Aoi mientras extendía sus manos para que él las tomara.
Luego de ese día, por la mañana, Kichiro se disculpó con su compañero de cuarto.
—Quizá me pasé… Estuve pensándolo un tiempo, Choromatsu-kun. Creo que después de todo el profesor solo quería ayudar. —Suspiró pesadamente y añadió—: A su manera.
Choromatsu concordó con ello luego de haberlo pensado bastante. Aun así, no podían dejar de lado que era cierto que los tratos del profesor eran muy duros. Más rudos de lo necesario.
—Oye, ¿sí te gustaría pasar tu cumpleaños aquí? Creo que nunca te pregunté sobre eso y hasta se lo dije a Atsuko-chan.
Kichiro hablaba mientras estaba acostado en su cama boca arriba con las manos detrás de la cabeza y una de sus piernas encima de la otra. Estaba más pensativo que de costumbre. No tenía las gafas puestas aquel día. Luego de unos meses el encierro en aquella institución se volvía aburrida y hostigosa, encimándole que no se tenía contacto con el exterior.
—Me encantaría…, Ki-Kichiro-kun.
—¿Sabes algo? Creo que últimamente estás batallando mucho para hablar. —Se sentó en la orilla de la cama casi de un salto que pegó—. ¿Te gustaría que te ayude a leer en voz alta cuando estamos solo nosotros dos? —dijo sonriendo.
Choromatsu asintió con calma y una sonrisa.
—¡Bien! Hagámoslo así. Mañana por la tarde podemos salir a pasear… Mi pierna está comenzando a entumirse otra vez.
Por las noches leían, y por las tardes paseaban con o sin silla de ruedas. Muchas veces era Aoi la que paseaba a Choromatsu en su silla para que tomase el sol, y otras era Kichiro o alguna de las otras enfermeras.
Aquello, aunque no ayudaba a reducir los daños por su condición, ayudaba a retrasarlo. Se sentía mejor con esa rutina.
El quince de mayo Choromatsu recibió una llamada de su hermano diciéndole que no podría verlo en la institución puesto que no se lo habían permitido, pero quizá él sí podría salir. A pesar de la petición, Matsuzo, el padre de los gemelos, no estuvo a favor.
«No va a pasar nada si no pasan este cumpleaños juntos, hijo. Es más importante que tu hermano se recupere lo más pronto posible de sus principales males. Estoy seguro de que ambos van a entenderlo. Son inteligentes y capaces», dijo el hombre con indulgencia.
Todomatsu sollozó un poco la misma noche que escuchó esas palabras. Ciertamente su padre tenía razón.
Las cosas no habían salido muy bien. De hecho, todo estaba empeorando. Era como si esa pequeña chispa que se había avivado hubiese existido solo para extinguirse algún día sin avisar.
Choromatsu se decía a sí mismo, así como su hermano, que aquel mayo sería distinto a los otros.
Esa misma noche, como si lo hiciera a escondidas, una silenciosa Aoi se aproximó a la habitación de los chicos y tocó tenuemente la puerta. Fue Kichiro quien la recibió.
—¡Atsuko-chan! Pasa.
—Cielos, muchachos, creí que estarían dormidos ya. Pero, conociéndote, Kichiro-kun, no obedecerías las reglas. Duerme, le va a hacer mal a tu corazón. Choromatsu-kun también necesita dormir así que ya apaga las luces.
—¿De qué hablas? —dijo risueño con su natural tono alto de voz—. ¿Quién iba a recibirte si estuviésemos durmiendo a pierna suelta?
—Shhh, baja la voz por favor. Los demás duermen. Además, se supone que no puedo estar aquí en la sección de alumnos, y mucho menos si son altas horas de la noche.
—Más que alumnos somos pacientes. ¿Qué pasa si nos ocurre algo a mitad de la noche?
—Bueno, bueno. Déjame pasar solo un minuto. Además —agregó fingiendo desinterés de manera graciosa—, no vine verte a ti.
A Choromatsu le causaba gracia ver a Aoi siendo juguetona, pues aunque era realmente divertida, su profesión y carácter le hacían aparentar ser muchísimo mayor, pese a su apariencia física.
—Ah, ¿no? —dijo haciéndose a un lado para que ella pasara.
Aoi entró a la habitación y habló con prisa.
—Choromatsu-kun, con respecto a lo del otro día, está hecho. Estuve preguntando a los vendedores de distintas tiendas y… esta es la mejor —dijo extendiéndole una bolsa con una caja en su interior.
Choromatsu la tomó y esbozó una sonrisa.
—M-Muchísimas gra…cias, Ao-Aoi-chan.
Ella sonrió y suspiró.
—Bueno, entonces… —Se levantó, lista para salir. Sin embargo, parecía estar inquieta sobre algo, así que se giró hacia ellos antes de desaparecer y añadió otra cosa al silencio—. Mañana quiero que estemos juntos temprano por la mañana, después de sus clases. Yo voy a… Bueno, no es nada. Hablamos mañana. Ya duérmanse, chicos. Hay que madrugar.
—¡No nos mandes, Atsu-chan! Solo eres cinco años mayor que nosotros. ¡Solo cinco! —La retó Kichiro.
Ella sonrió arrugando la nariz sin decir nada y cerró la puerta.
Luego de sus palabras se perdió en la oscuridad de los pasillos. Por aquellas horas de la noche únicamente podía escucharse la goma de los zapatos de la chica golpeando contra el frío suelo.
Una vez solos, Choromatsu reprendió a su amigo entre juegos.
—Kichiro-kun… ¿sa-sabes cuántas cosas p-puedes ha-hacer en cinco años? En ese tiempo… terminas la secundaria, y te sobran dos años pa-para ir a la preparatoria y usar tu co…nocimiento ahí.
—¡Mhm! Lo sé.
—Ella debe de s-saber un montón de cosas… que nosotros no.
—¡Estoy seguro de ello! —dijo restándole importancia.
La relación de ellos era tan buena que ya hasta estaba acostumbrado a recibir reprimendas de parte de Choromatsu y también a molestar a Aoi con cualquier cosa. Era parte de su personalidad. Y aunque era bastante rebelde, su condición lo limitaba a mostrar aún más rebeldía de la que podía. Los profesores pensaban que si ese chico no fuese cojo ni tuviera una extraña enfermedad del corazón, podría hacer muchísimo más alboroto del que ya armaba a veces. Pero eso sí; mantenía excelentes calificaciones, tales como las de su mejor amigo y compañero de cuarto.
—Por otro lado —dijo Kichiro—, ¿no te parece que Atsuko-chan lucía extraña? Sea lo que sea eso, ¿por qué no mejor te lo entregaba mañana? —dijo apuntado a la bolsa que momentos antes había sostenido Choromatsu en sus manos. Ahora estaba sobre la cabecera de la cama.
Choromatsu se encogió de hombros.
—Es difícil saberlo…
—Bueno, todas las chicas hacen siempre cosas que no entiendo. Que nos lo diga mañana. —Se enderezó para apagar las luces—. Ella tiene razón, debería dejarte dormir. Mañana tenemos clases y cientos de hojas de colores que transformar en animales de papel —dijo con pereza y de manera burlona—. Descansa, Choromatsu-kun.
El silencio y la oscuridad regían en la habitación, y quizá en cada rincón de la institución.
—Buenas noches, Kichiro-kun.
