Asesino

by Zoren97

—Kenny, ¿cómo te sientes?

Una luz tenue inundaba tus pupilas, estas empezaban a acostumbrarse. Volteaste hacia aquella voz y miraste a un Tweek preocupado muy cerca de ti.

Hiciste un esfuerzo por levantarte de donde fuera que estuvieses, palpaste con las manos y cuando tu visión mejoró notaste el entorno.

Estabas en lo que parecía la habitación de tu amigo, viste por la ventana para darte cuenta de que estaba oscuro afuera y lo único que iluminaba el interior era una lámpara; que daba un ambiente de calidez al cuarto. Te apoyaste en tus codos para quedar sentado, pues yacías acostado en la cama de Tweek Tweak, quien se alejaba para darte espacio pues parecías un poco mareado. Al parecer llevabas un tiempo dormido y él había cuidado de ti.

Saboreaste la sangre en tu labio y renegaste internamente. Lo recordaste. La terrible paliza ese mismo día y como tu cuerpo quedo inconsciente en la nieve cuando Tucker acabó. No fue difícil darse cuenta de que ese rubio de cabellos despeinados te llevo hasta su hogar para protegerte. Te sentiste débil y lleno de ira al momento. Lo tomaste de su camisa de cuadros y lo empujaste para que se alejara y te diera paso de levantarte. Querías salir de ahí, buscar a Tucker y hacerlo pedazos.

Tweek se quedó de pie y en silencio viéndote mientras jugueteaba con sus manos, los nervios se lo comían vivo. Miraste en sus ojos el querer ayudarte, pero tu tenías tu orgullo; y lo lamentaste bastante al ponerte de pie y dar dos pasos solo para caer arrodillado. Carajo… pensaste.

-X-X-X-X-X-

Tus pasos eran firmes, decididos y fuertes. Caminabas hacia el salón de Tweek. Abriste la puerta y no te importó chocarla contra la pared, es más, liberaba tu enojo y eso te gustaba. Los alumnos de ese grado, que eran menores que tu, solo se te quedaron viendo asustados. No entraste, solo te quedaste recargado en el marco esperando a que el otro guardara sus cosas, tomara su mochila, se la pusiera al hombro y corriera hacia ti.

—¿A-A dónde vamos?

—Cierra la boca y camina más rápido.

Obedeciste sintiéndote un poco mal para tus adentros. Lo único que recordabas de ayer antes de que Kenny se marchara de tu casa fue que te dijo que darían una vuelta por la ciudad por un asuntito que él tenía que arreglar. Lo que no entendías era… ¿Por qué quería que fueras con él?

La primera parada fue en el salón de los chicos, de nuevo estaban reunidos en la esquina del salón y parecían aburridos y distraídos. Kenny se encaminó hacia ellos contigo detrás.

—Bola de pendejos— Empezó con odio. —Ojala Craig les parta el culo a todos ustedes hoy.

—Cállate, maricón, que te gustó como te la metió ayer. Ya nos enteramos. —Carcajeó el gordo sin sentir ni un poco de vergüenza, los moretones de Kenny se notaban aunque tuviera la capucha puesta y una bufanda alrededor del cuello, cubriendo su boca. Kenny no respondió al insulto, sentía más coraje que ganas de pelear porque los que se llaman sus "amigos" lo habían abandonado ayer, incluso cuando él les advirtió del problema en el que se habían metido, no habían hecho nada para ayudar, y la mala suerte tuvo que caer en él cuándo Craig se le atravesó por los pasillos. Kenneth terminó pagando por los platos rotos.

—Jódanse.

Les paró el dedo y salió de ahí aún más molesto, tú te les quedaste viendo sorprendido pero reaccionaste y seguiste a Kenny fuera del salón.

—Chicos, ¿no creen que debimos hacer algo? Kenny se miraba muy molesto.

—No tengo idea, Kyle, pero Craig le pegó una paliza ayer y eso no le hizo mucha gracia.

—Lo sé, Stan. Lo más seguro es que vendrá por alguien más. Carajo, me caga cuando pasan estas cosas. Siempre es lo mismo. Te metes con él y te tiene que dar la tremenda golpiza de tu vida solo por eso.

—Ya sabes que ese pendejo tiene problemas mentales. Por eso es que no nos metemos con él, bueno, tu si— El pelirrojo solo apretó los dientes y miró a un lado, solo porque era su mejor amigo no lo insultaría. —Por cierto, ¿por qué demonios te metiste con él? De todas formas a nadie le importa el nuevo.

—No lo sé… Era diferente. Pude verlo en los ojos de Craig. En serio quería matarlo.

—Él quiere matar a todos, Kyle.

—Ya lo sé, Stan.

Te quedaste pensativo viendo a tu mejor amigo, el gordo ya se había ido desde hace rato, casi cuando Kenny salió del salón. Te levantaste del asiento, necesitabas despejar la mente. En serio empezabas a preocuparte. Aun había mucho receso por delante, quizá también irías a la cafetería por algo de comer y de inmediato al salón; ya no querías correr más riesgos.

—Iré al baño.

—Ten cuidado.

Saliste caminando con pereza, tu mente rodaba alrededor del asunto de Stan y Wendy. ¿Por qué carajos tenían que tener una relación tan complicada? Desde hace días Stan le rogaba regresar, y de hecho ayer fue a tu casa a pedirte un consejo sobre que decirle a su chica, pues en realidad le preocupaba el no poder regresar con su amada. Simplemente te hiciste poner de mal humor por tus pensamientos y recuerdos del ayer. Seguiste pensando en eso hasta llegar al baño, ni te habías dado cuenta hasta que miraste la puerta.

Entraste.

De inmediato la puerta, que debería cerrar con suavidad, cerró de golpe, haciéndote estremecer y voltear con el corazón en la boca. Era él. Te sentiste fastidiado porque aquel imbécil pensaba que era su tonto jueguito de sentirse el cazador y andarlos buscando uno a uno como si fueran sus presas. Fue más tu ira lo que pudo contigo que la razón. Empeoraste las cosas.

—Craig Tucker, la puta nenita que no soporta ni una mierda. Alguien dice o hace algo que no te gusta y vas como pendejo a partirle la madre. Que poca mentalidad tienes para llevar los problemas, putita.

Frunció el ceño con la mirada clavada en ti y te agarró del cuello, estampándote contra la pared de los baños sin dar aviso y sin piedad, soltando toda la ira sin haberlo pensado. Fue tan de improvisto que te sentiste mareado cuando tu cabeza se estrelló contra el mármol. Sentiste que estabas perdiendo el control de la situación como una flecha en picada.

—La última vez que alguien se metió conmigo, ¿recuerdas lo que le pasó, Kyle Broflovski? Te puedo recordar su nombre ahora mismo— Apretó aún más el agarre en tu cuello, sentiste que el aire se te acababa, pero justo antes de eso te soltó y caíste de rodillas, tocándote la piel adolorida y tosiendo, tratando de recuperar el aliento.

—Maldito psicópata… Al carajo tú y tus malditos problemas mentales…— Te pusiste de pie apoyándote en los lavabos, Craig te miraba indiferente desde arriba. Te intimidó su altura, no lo pudiste ocultar y se dio cuenta sonriendo. —¿De qué te ríes, zoquete? ¿Vas a patearme el culo como a Kenny? Adelante. Eso solo será una prueba de que eres DÉBIL.

—Puede que tengas razón, —Te sorprendió la respuesta, y aún más, aquella sonrisa siniestra no se borraba de su rostro. —pero tengo algo que tu valoras más que tu linda cara.

Abriste los ojos de par en par… Lo peor venía. El miedo te consumió y te nubló la vista, incapaz de medir tus acciones.

—Pendejo, ¿vas a quedarte ahí parado? ¡Pelea!— Gritaste y te le fuiste encima, soltando puñetazos que él esquivó y fácilmente te derribó pateándote en el estómago. El tiempo y las peleas lo habían hecho hábil y fuerte. Si bien, Craig había aprendido por las malas a defenderse y poder ser cruel.

—No voy a tocar a Stan, maldito joto— Estabas más preocupado por Stan que enojado por sus palabras. Tenías que ser precavido, aparte de ser un maldito abusivo era muy inteligente, demasiado. —¿Sabes que es peor que ver como tu mejor amigo se desvela por una chica hueca como Wendy Testaburger? Saber que el matón de la escuela la violó y no poder hacer nada al respecto. Eso hará que se suicide de una maldita vez si es que no lo ha pensado antes.

—¡No te atreverías!— Gritaste como último recurso y rápidamente lo tomaste del brazo, tratando de que no saliera e hiciera una locura. Notaste que se molestó y te apartó de golpe, odiaba que lo pusieran a prueba, que lo desafiaran. Y tu lo sabías muy bien.

—¿Ah, no?— Sonrió engreído y puso la mano en la perilla, lo que hizo que entraras en pánico. Empezaba a jugar con tu mente. Él era totalmente capaz de violarla si quería, de hacerle un daño tremendo a su cuerpo femenino llevándose a Stan entre las patas; pues estaba muy enamorado de ella y el no poder hacer nada cuando las cosas pasaran, y el enterarse, y el cómo iba a sentirse ella al respecto… era una situación delicada que nadie sabía llevar. Bajaste la cabeza derrotado. Habías fallado. Se acercó a tu oído con una sonrisa y susurró con desprecio. —Aquí el único débil para llevar a cabo las cosas eres tú, Kyle. Crees que puedes controlar la situación pero en realidad terminas empeorándolo todo. Aunque gracias a ti ya tengo una pequeña vagina que romper; no eres del todo inservible.

Escuchaste la perilla girar y supiste que no tenías opción, debías suplicar.

Lo tomaste de los hombros y lo pusiste contra la pared con todas las fuerzas que tenías. Tuviste que ponerte de puntitas para poder tomar su rostro entre tus manos y besar sus labios fríos contra los tuyos suaves y dulces. Se resistió, pero aun mantenías tu fuerza para que no lograra salir. Cerraste los ojos con fuerza, no querías hacerlo pero no se te ocurría algo mejor. No sabías si iba a dar resultado o te iba a apartar, golpear hasta dejarte inmóvil en el suelo y largarse en busca de Wendy, no sabías que iba a pasar, tenías que arriesgarte. Todo fuera por el bienestar de tu mejor amigo, persona de la cual habías caído totalmente enamorado desde hace unos años atrás; un amor prohibido y no correspondido que mantenías bien oculto, siendo egoísta, siendo auto-destructivo solo por aprovecharte del titulo "Mejor amigo" y ganar los privilegios de estar cerca de él, de hablarle, de mencionar su nombre, de tocarle, de poder convivir, y tu idea de solucionar todo te daba asco, pero ya no tenías nada más. Lo sabías, y lo pensabas mientras seguías besando los labios de Craig.

Te tomó de la chaqueta y sabías que te iba a apartar, por lo que te aferraste más a sus hombros y rostro y tuviste que dar un paso más en la situación, abriendo tu boca para meter tu lengua dentro de la suya. No se sentía bien lo que hacías, simplemente no querías. Imaginaste que tocar ese cabello negro y lacio entre tus dedos, su rostro, su cuello, su piel… eran de Stan, para que fuera más satisfactorio, aunque el parecido entre los dos chicos ayudaba bastante.

El beso no duró mucho tiempo, rechazaba tus labios, tus manos, tus caricias, tu lengua, terminando por explotar y empujarte para que te quitaras de encima. Te miró con odio mientras se limpiaba la boca con la manga de la sudadera y murmuró un imbécil con un leve sonrojo, saliendo del lugar sin decir nada más.

¿Habías jugado mal tus cartas...?

—Ey, hola— Habló tranquilo con la charola vacía en las manos, tu aun lo seguías detrás. —¿Qué tal el negocio, chef?

—¡Kenneth! ¿Cuánto tiempo? Mis niños ya crecieron, ya casi no visitan al viejo, todos excepto tú, Kenneth— La sonrisa en el rostro de aquel señor te dio tranquilidad y confianza, ¿quién era él?

—Lo sé, chef. Los chicos han cambiado. Mira. —Se bajó la bufanda para enseñar su boca y cuello; labios rotos y moretones en la frágil piel de la parte del cuello. Craig había sido brutal. —Parece que estoy solo, bueno, ni tanto. —Hizo una seña con la cabeza, aquel señor de mirada agradable te echo un vistazo y te saludó. Le devolviste el gesto, inocente a lo que en realidad pasaba en ese momento.

—Tranquilo, viejo. Todo se regresa en esta vida. Tú has sido un buen niño, ¿o no?— Compartieron risas, te sentías ajeno a la conversación y por alguna extraña razón también con el ambiente. —¿Lo mismo de siempre?— Kenneth asintió en silencio, pero habló para decir "esta vez sírveme dos".

Aquel hombre le puso dos pequeños jugos en la charola y una bolsa de papel; había algo dentro pero no sabías que era. Después de despedirse caminaron hacia la salida. Kenneth tomó la pequeña bolsa y la metió en su suéter con disimulo, te ofreció uno de los dos jugos y el otro se lo quedo él.

—Hay que largarnos de aquí.

Y dicho y hecho, ya se encontraban afuera de la escuela de South Park bajando los escalones de la entrada. Estabas que te mataban los nervios de que alguien los viera y los regañara, no entendías como es que él estaba tan tranquilo bebiendo de aquel pequeño jugo, llevándote hacia quien sabe dónde, como si ya hubiera hecho esto tantas veces que ya ni le preocupaba o ya le había tomado el truco. De nuevo tu mente voló y caíste en la misma conclusión que antes: Kenny es una persona siniestra y misteriosa.

—¿Vas a tomarte ese?— Preguntó, sacándote de aquellos perturbadores pensamientos.

Reaccionaste y volteaste a donde apuntaba. Aquel pequeño juguito de uva que tenías entre las manos con popote incluido. Parecía que le gustaban, así que se lo cediste. Los pensamientos raros que tenías sobre él empezaban a desaparecer.

¿Cómo una persona tan siniestra puede adorar el jugo de uva? Estoy loco, tratabas de borrar, más bien de aclararte a ti mismo sobre aquel rubio despreocupado. Tu forma de pensar regresaría a ser la misma cuando llegaron al destino al que tu amigo te llevaba.