Era un lunes por la mañana, 21 de mayo de 1984. Recién comenzaba a elevarse el sol y tenían dos horas seguidas de álgebra y trigonometría.

La preparatoria Akatsuka estaba algo silenciosa aquella mañana tan gélida.

—¡Ah, me aburro! —exclamó Jyushimatsu echándose hacia atrás, hundiéndose en el asiento.
—Igual yo… —dijo Ichimatsu tras soltar un largo bostezo y esconder la cabeza entre sus brazos apoyados sobre el pupitre.
—Rayos, por fin llego temprano y el profesor no aparece —se quejó Todomatsu.
—¡Mejor que no venga! —dijo Ichimatsu—. Si lo hace, tendremos dos horas de esa maldita materia llena de números que no sé cómo se llama.
—¡Quiero ir a casa! —gritó Jyushimatsu alzando ambos brazos al techo.

Había quizás solo media docena de alumnos además de ellos en el aula. Hace casi un año desde que Choromatsu había dejado la escuela los chicos habían estado en el mismo grupo luego de que hubiese nuevos cambios y constantes actualizaciones. Lo agradecían, era mejor así en lugar de estar separados.

No obstante, hubo varios problemas que afrontar. Primero: perdieron el salón del antiguo club. Segundo: tras intentar reclutar nuevos miembros para aquel grupo sin propósito, fallaron y por ende tuvieron que abandonar el lugar, pues las nuevas generaciones habían construido montones de grupos con propósitos interesantes y las aulas no sobraban precisamente. Tercero: la unión obligatoria a un club los había presionado a todos hasta tal punto del atosigamiento, aunque por buena fortuna, cada quien pudo unirse a sus antiguas ocupaciones pese a no tener muy buenas relaciones allí.

Ichimatsu continuó siendo parte de un pequeño y poco interesante (además de abrumador e incómodo) club de literatura, Jyushimatsu fue aceptado por un equipo de chicos que amaban el béisbol casi tanto como él, y Todomatsu consiguió luego de unas semanas encontrar un equipo de fotografía en donde podían desarrollar más aquel pasatiempo.

Una tarde mientras los tres comían dentro del salón de clases durante el receso, compartían en voz alta sus pensamientos.

—Hombre, estoy tan aburrido… —dijo Todomatsu justo como solía hacerlo Jyushimatsu—. Desde que los de tercero se fueron no ha habido emoción en los partidos.
—¿Partidos? —respondió Ichimatsu sin interés y con los ojos entrecerrados desviando la vista hasta algún punto más allá de la ventana—. ¿Siquiera hay todavía un equipo de básquetbol?
—Lo hay. Pero no practican mucho y los juegos no son interesantes. Son novatos como nosotros hace un año.
—¡Agh, vayamos a comprar algo de comer! Aún queda algo de tiempo. Tengo hambre —exclamó Jyushimatsu a la vez que se ponía de pie.
—¡Oh! Esperen, creo que olvidé algo. Tengo una tarea que entregar con retraso, pero es urgente —mintió Ichimatsu—. Todomatsu-kun, ¿te adelantas?
—¿Qué? No, te acompaño.
—¡Vamos tú y yo a comprar algo por mientras, Totty! —dijo Jyushimatsu.
En ese momento Ichimatsu abrió más sus ojos en reproche y le hizo un par de ademanes que no pudo entender bien. Jyushimatsu no supo lo que debía hacer exactamente, pero optó por usar su propio criterio. Se corrigió.
—No, pensándolo mejor… debería ir con Ichimatsu-kun. También tengo un asunto pendiente con ese profesor. Ya sabes, puntos extras y cosas inválidas, je, je.
—Uh, OK. Pero, esperen, debería acompañarlos y luego ir a…
—No. —Ichimatsu lo interrumpió con brusquedad sin poder evitarlo—. Es que, de otra manera vamos a perder tiempo. Adelántate, ¿sí?
Todomatsu se quedó estático por el repentino cambio de comportamiento.
—Tráenos algo rico. —Sonrió. Jyushimatsu le pasó un billete y unas cuantas monedas.
Resoplando y sin más opción Todomatsu se dirigió a la cafetería de la escuela.

Una vez que el joven se fue, Jyushimatsu salió del aula con Ichimatsu.

—¿Entonces vamos al salón de profesores?
—No, Jyushimatsu-kun. Eso era una finta. Quería hablarte de otra cosa.
—Ah, bueno. Entonces, ¿qué es?
—El cumpleaños de Todomatsu-kun es el jueves. Deberíamos hacer algo para celebrarlo. Aunque aparenta estar tranquilo y sonríe todo el tiempo creo que no es así como se siente de verdad.
—¿Mhm?
—Bueno, no creo que lo entiendas. Eres siempre tan energético como para notar estas cosas.
—¡Sí que lo entiendo! Totty está así porque no ha podido ver mucho a su hermano desde hace casi un año.
—Oh, entonces…
—Lo que me sorprende es notar que después de todo tienes tu corazoncito también, Ichimatsu-kun —le dijo juguetonamente, entornando los ojos con una sonrisa ancha.
—¡¿Qué significado eso?! Vamos, compórtate. —Ichimatsu se ruborizó—. Como sea, hagamos algo, ¿bien?
—¿En jueves?
—Bueno, ese día es su cumpleaños. El día veinticuatro.
—¡Mhm! Es complicado organizar una fiesta para un jueves. Y tenemos solo tres días hasta entonces. No había pensado en eso.
—Lo que sea, tenemos que organizarlo y pronto. Díselo a tu hermano también.
—¿Karamatsu nii-san? ¿Por qué?
—No sé. A él le va mucho este rollo.
—Bueno.
—Bien. Entonces, podríamos comprarle algún regalo luego de clases y…
—Espera, Ichimatsu-kun.
—¿Qué sucede?
—¿Acaso ese día no es también el cumpleaños de Choromatsu-kun?
—Naturalmente.
—¡¿Y qué vamos a hacer?! —Entró en pánico.
—Primero: ¡calma! No hay nada que podamos hacer respecto a eso. Ya escuchaste a Todomatsu-kun el otro día. No le permitieron pasar el día con su hermano por el reglamento de aquella institución. Además es entre semana. Se le va a complicar salir de la ciudad, sobre todo cuando ambos tienen horario de clases. No hay remedio.
—Pero…
—¿Tienes una idea? —Le miró fijamente.
—Eh, pu-pues, no. No, ninguna. Aun así, me sabe mal…
Ichimatsu suspiró.
—A mí también. Pero hay que hacer lo que se pueda. —Dijo la última frase tomando a su amigo de los hombros—. Finge que vas al equipo de béisbol, hoy no iré al mío. Y encontrémonos en la plaza luego de clases, ¿bien?
—Bien —repitió.

Ambos intercambiaron algunas ideas antes de que Todomatsu volviera con comida para todos. Ellos siguieron fingiendo que habían aclarado sus dudas respecto a sus calificaciones con el profesor.
Sin embargo, Todomatsu no era estúpido, sabía que se traían algo entre manos. Fingió que no le importaba y siguió actuando normal el resto del día.

—Oigan —les dijo Todomatsu—, ¿no les gustaría ver el partido hoy? Me aburro.

Ichimatsu y Jyushimatsu intercambiaron miradas con preocupación. No les quedó de otra que aceptar.
«Mañana —se dijeron ambos para sus adentros— llevaremos a cabo el plan».

Al día siguiente ni Ichimatsu ni Jyushimatsu asistieron a clases. Ejecutaron sin más remedio y con entusiasmo el Plan B.

[ …. ]

8:00 am.

Era un nuevo día para Choromatsu y compañía.
Luego de la primera clase mañanera ambos chicos recordaron las palabras de su amiga de múltiples funciones, como Kichiro se refería a Aoi en múltiples ocasiones triviales.
El apodo surgió luego de que ambos chicos concordaran en que su amiga desempeñaba la función de profesora, enfermera, terapeuta, y, exagerando un poco, hasta de psicóloga.

La muchacha los esperaba en el jardín mientras estaba leyendo un libro a un paciente de los bloques menores. Un muchachito de unos trece años.
Cuando la divisaron a la distancia solo esperaron. Ella se puso de pie, pareció decirle algo al chico, y luego de ello se movió hacia el encuentro de sus amigos.
Choromatsu no traía su silla de ruedas esa mañana, lo que le pareció bastante raro y le llamó la atención por ello, sin embargo, él insistía en que quería caminar junto a ellos. Aoi ofreciéndole su hombro para que se apoyara se aproximó a él y conversaron casualmente. Kichiro les seguía el paso a su propio ritmo.

—Atsuko-chan, ayer parecía que tenías prisa y teníamos curiosidad por el apuro para encontrarnos hoy…
—Oh, ¿sí? Lo siento. A veces actuó histérica. Lo siento. No era… nada. —Sonrió con dulzura, sin embargo, por mucho que lo intentara no podía ocultar la expresión de preocupación.
—Bien, si tú lo dices. —Se encogió de hombros.

Choromatsu no quería hablar mucho mientras caminaba puesto que se le dificultaba coordinarse adecuadamente si comenzaba a realizar otra actividad sobre la principal, pero aun así soltó algunas palabras de vez en cuando.
La institución no era colosal, pero también era cierto que no era pequeña. Caminaban alrededor de ella pasando por el patio principal y el patio trasero a través de los jardines, canchas y comedores externos.
A petición de Choromatsu, finalmente descansaron sobre el césped lleno de flores que estaba en el patio trasero, más próximo a las afueras de la institución donde se divisaba el sólido portón.

—Aoi-chan, p-por favor, dime lo que pasa. Luces preocupada… ¿A-Acaso mi condición ha empe…orado más ahora?
Kichiro guardó silencio y ella suspiró.
—Yo no me encargo de esa parte, Choromatsu-kun, Kichiro-kun. Lo que quería decirles es que… Bueno, es que me da vergüenza.
—¿Qué pasa?
—Por Dios, no se enojen. Pasa que encontré una oportunidad en Nagoya. Casi toda mi familia está ahí y es posible que me vaya mejor allá. Entonces… Tomé la decisión en base a eso.
—¿Te vas? —preguntó Choromatsu.
—Lo siento —dijo ella sin ver a ninguno a los ojos.
Por un momento guardaron silencio, cabizbajos, y luego Kichiro aligeró un poco el ambiente con su buena actitud.
—¡No hagas eso!
—¿Eh?
—No te disculpes. No somos tontos. Por supuesto que entendemos que tienes tu propia vida y tienes que aprovechar las oportunidades que aparecen por tu camino, ¿no es así, Choromatsu-kun? —dijo sonriente viéndolos a ambos.
—Claro —dijo Choromatsu, sonriendo también.

No podía evitar sentirse triste por el hecho de que se amiga se fuera, pero en cierta parte sentía una genuina alegría por ella. A donde sea que fuera, estaba feliz por quien sea que se convertiría en su paciente. Era una buena mujer.

—¿De verdad, muchachos? —Sus ojos se empañaron—. Cielos, no quiero dejarlos aquí y tampoco quería decírselos hasta después del jueves cuando hubiésemos hecho la fiesta de cumpleaños. No quería que nadie se preocupara por eso. No puedo evitar sentirme egoísta…
—Hey —dijo Kichiro llamando su atención—, ¿nos volveremos a ver, no? Tranquila. Siempre contaremos con la presencia del otro.

Aoi se aproximó a ellos y los abrazó con ganas. El lunes luego del 24 de mayo ella se iría a otra institución.

—Entonces pasémoslo lo mejor que podamos mientras tanto, juntos. Va a ser el mejor primer cumpleaños como amigos, ya verán. —Aoi sonrió.