Disclaimer
Personajes de Rumiko Takahashi.
Una pequeña luz
Vaya que tenían hambre. Con todos los apuros y contratiempos no habían comido decentemente desde el día que dejaron esa cabaña, el día que comenzó su perdición. Akane corrigió a Mousse: su perdición empezó un poco antes cuando él se la llevó pensando que era Shampoo. Cierto. De lo que sí estaban seguros era que, una vez hubieron entrado a esa cabaña, todo se volvió algo así como mágico, surrealista. Por decir lo menos. A partir de ahí, era como si se hubiesen perdido en el tiempo y espacio. Ya no sabían hacia dónde iban y cuánto tiempo habían estado fuera. Para ellos, no habían pasado más que unos cuantos días. Sí, no más que eso.
– Mousse, si sólo uno de nosotros pudiese salir de aquí ¿Te irías sin mí? – preguntó Akane recordando a su vez lo que le había dicho el viejo.
A Mousse nunca se la había pasado tal idea por la cabeza. Había prometido que saldrían juntos y en el peor de los escenarios posibles, se quedaban juntos ahí. Pero Mousse no dudo:
– No, no me iría sin ti. Primero porque estoy seguro que saldremos de ésta y segundo, porque si no fuese así, no podría separarte de los que quieres.
– Pero ¿no será que te quieres quedar por lo placentero que es este lugar?
Nuevamente no hubo duda en la respuesta del muchacho.
– No. Yo no podría dejarte aquí cuando hemos pasado lo que hemos pasado por mi estupidez. Tú tienes una familia que te quiere; yo…no tengo a nadie.
Akane le hizo ver que aquéllo no era cierto. Ella estaba segura de que Shampoo lo esperaba. Ojalá fuese así, pero sabía que no. Shampoo no lo quería, a lo más lo extrañaba para que la ayudara en su famoso restaurante del gato. Akane se sintió conmovida. Mousse era tan lindo ¿Cómo podía ser posible que nadie lo quisiera? Si ella no tuviera a Ranma… Pero ¿qué diablos estaba pensando? De sólo acariciar esa oportunidad se ruborizó. Mousse se dio cuenta.
– ¿Qué pasa Akane? ¿Tú también sientes lástima por mí?
Claro que no, claro que no.
– No seas tonto, somos amigos.
El anciano escuchaba escondido detrás de unos arbustos, sin hacer el menor ruido. El diálogo de los muchachos lo había conmovido. Eran buenos, tenían lindos sentimientos. Se apoyaban, se querían. Se había decidido a ayudarlos. Hasta donde pudiera. Claro.
– Sabes Mousse: el sujeto ese que te lanzó lejos, me dijo que la salida estaba en una puerta en donde sonaba un arpa ¿Has escuchado un sonido similar?
La verdad era que no. Él había estado junto Akane todo el tiempo excepto ese momento en el que aquel infame lo lanzó al estanque de los cisnes. Y ahí él no hizo mucho: de pronto se durmió y cuando despertó, ya estaba en los brazos de Akane. La misma Akane no sabía si confiar en ese hombre. Actuaba de manera extraña y presentía que no les decía toda la verdad. Los hizo creer que la cabaña donde pasaron la primera noche no existía y, posteriormente, y de la nada, intentó separarlos. ¿Por qué?
– Honestamente, no lo sé Akane. No entiendo en qué le puede afectar el que estemos juntos, buscando una salida. Es lógico – Mousse se detuvo un momento y reflexionó: – Quizás no lo es tanto considerando que todos en este lugar dicen estar felices y no querer marcharse. Tal vez rompemos sus esquemas. No sé.
– Tampoco sé si confiar tanto en el anciano – remató Akane –. No creo que nos mienta pero, estoy segura de que no nos dice todo lo que sabe. Pero no sé qué es lo que sabe: la salida, la cura para la maldición de los estanques. No lo sé.
Volvían a tener las dudas del principio. No habían avanzado nada. Cuando creían que ya estaban cerca de encontrar algo, nuevamente se confundían. Ahora, podía ser que el sujeto antipático les había dicho la verdad y esa puerta era la salida. Pero tenían que encontrarla y, antes de eso, la cura para la maldición. Estaban igual que al principio.
v. v. v. v. v
Ninguno de los muchachos pronunció palabra durante el viaje de regreso. Todas sufrían, aunque en distintos niveles. La tristeza de Ranma y Ryoga estaba centrada en la desaparición de Akane; la de Shampoo y Ukyo en el hecho de que Ranma quería sinceramente a Akane. En su corazón no había espacio para ellas. Con el dolor de su alma, Ukyo lo aceptaba. No podría interponerse entre Ranma y la mujer que amaba. Suspiró tristemente mientras pensaba en ello. Sin saber por qué, Ryoga se acercó a ella. Estaba sufriendo, como él, como todos. Y ella sí que estaba en su misma situación: perdiendo a la persona que querían. Bueno, un poco distinto porque Ranma seguía ahí y Akane… Ni siquiera sabía si volvería a verla algún día.
– Ranma estará cerca tuyo, Ukyo. Yo no estaría tan triste – le dijo Ryoga en voz baja para que Ranma no los oyera –. Era cierto, no se había ido pero con Akane lejos, la situación era aun peor: no podía luchar contra ella mientras estaba cerca de Ranma, menos podría luchar con su recuerdo. El recuerdo de Akane ¿podría sacárselo a Ranma del corazón?
– Nadie se ha muerto de amor – dijo Ukyo mientras intentaba contener las lágrimas.
Shampoo, por otro lado, no iba tan mal. Estaba algo preocupada por Mousse pero, con Akane fuera, sus posibilidades de conquistar a Ranma eran grandes. Le daría un tiempo para sobreponerse y se lanzaría al ataque. Sabía que no le era indiferente, sólo sería paciente y esperaría su momento. Ese habría de llegar.
– Muchachos, muchas gracias por acompañarme. Sé que fue una difícil tarea … – a Ranma se le quebró la voz.
– Ranma Saotome, yo no vine por acompañarte a ti. Vine porque quería encontrar a Akane, tanto como tú – respondió Ryoga, visiblemente afectado.
– Todos veníamos por lo mismo. Teníamos la esperanza de encontrar a Akane y no pudimos – dijo Ukyo también entristecida.
Habían fallado. Y este fracaso era el peor que podían haber experimentado porque habían perdido a una persona amada para uno, querida por otro y apreciada por la última. Con Shampoo, nunca se sabía pero fue ella misma la que terminó el diálogo.
– No estábamos aquí sólo por Akane, sino también por Mousse. Él también nos hará falta – dijo la muchacha sin poder dar crédito a sus propias palabras.
El resto del camino siguieron en silencio. Para Ranma, no habían palabras que pudiesen describir lo que en ese momento sentía.
v. v. v. v. v
Akane y Mousse seguían sentados sobre la hierba, comiendo y reflexionando cuando la humanidad de alguien muy deseado se hizo presente. Era el tipo que los había engañado anteriormente y que, por su cara, parecía no tener el menor remordimiento de nada. Se pusieron de pie de un salto y salieron tras de él. Trató de ignorarlos pero ese par de mocosos eran tan molestos que era imposible no tomarlos en cuenta. Ojalá el pato se hubiera muerto y la otra hubiese salido ya de ahí. Pero no, ahí estaban, de nuevo, siguiéndolo.
– Oiga usted, espere. Nos debe una explicación – le gritó Akane con todas sus fuerzas pero el muy cretino ni se inmutó. Mousse también le gritó y el tipo, repentinamente, trató de lanzarle un balde con agua que, afortunadamente, pudo esquivar.
– No crea que soy tan estúpido para caer dos veces en su misma trampa – dijo Mousse seguro. Pero ese hombre era más astuto y persistente de lo que creían. Sin saber de dónde, sacó un segundo balde pero esta vez Akane lo detuvo, pateándolo antes de que tuviese tiempo de lanzarlo.
– Vaya, parece que te subestime jovencita. Eres muy fuerte – dijo riéndose. Akane no se confiaba de él. No entendía bien qué pretendía hacer con ellos pero seguro que no era nada bueno.
No se equivocaba. El hombre insistía en querer convertir a Mousse en pato aunque esta vez los dos chicos ya sabían de sus intenciones y no se dejarían amedrentar. Esta vez sí que no. Sin embargo, el tipo era extraordinariamente fuerte. Nuevamente se lanzó contra Mousse y logró golpearlo. Cuando se aprestaba a liquidarlo, Akane intervino, pateándolo con todas sus fuerzas primero e interponiéndose entre él y Mousse después.
– Usted es el colmo. No sé qué tiene en contra de nosotros. Pero una cosa le voy a decir: ¡No permitiré que le vuelva a hacer daño a mi amigo! ¡No lo permitiré!
El hombre frenó su ataque. ¿Cómo ella podía ser amiga de ese mequetrefe? Mousse le aclaró que sí, que eran los mejores amigos y estaban dispuestos a todo por defenderse mutuamente. Además, ya no querían permanecer más tiempo ahí: querían reencontrarse con sus novios y familias. La expresión del rostro de ese extraño hombre cambió. Sintió un peso en la conciencia. Su actuar había retrasado a los jóvenes. No era justo.
– Pero ¿por qué no me dijeron eso antes?
Mousse y Akane se miraron impresionados. ¡Pero si él nunca les dio tiempo de explicar nada!
– Bien, perdónenme por confundirlos. Señorita, lo que dije anteriormente no era verdad. Era, podríamos decir, una broma. La salida definitiva de este jardín es a través de la puerta en donde escuchen el sonido dulce de una flauta.
¿Una flauta? ¿Ahora era una flauta? No sabían si creerle pero sus palabras parecían, esta vez, sinceras, convincentes. Sin embargo, los dos jóvenes no dejaron pasar la oportunidad de preguntar por los estanques.
– Eso yo no lo sé. Ya les presté demasiada ayuda. Podrían, al menos, agradecerlo – y se fue dejando a Mousse y a Akane más confundidos que nunca ¿Por qué mintió la primera vez con respecto a la salida? ¿Y por qué debían creerle ahora? Lamentablemente, no tenían otra salida. De lo que los dos muchachos no lograban percatarse era que el plazo que ellos mismos se habían puesto para salir de ese lugar estaba a punto de expirar. Pero el deseo de encontrar la cura para la maldición era tan grande, que decidieron darse un día más, y luego otro y otro. Finalmente, estaban cayendo en el espiral hechizante del jardín.
v. v. v. v. v
La familia Tendo esperaba con ansias el regreso de Ranma y, por supuesto, el de Akane. Cuando se dieron cuenta de que el muchacho volvía solo, reinó el desconsuelo en esa casa. Ranma parecía haber sido abatido por un rayo.
– No encontré a Akane – fue todo lo que dijo sin detenerse ni un momento a explicar nada. Ya no quería saber nada del mundo.
Gracias a todos por leer, comentar y favoritear. Se aprecia mucho.
