¡Hola a todos!
Siento el retraso. Tengo bastantes problemas con el PC, lo malo de depender de un netbook, por lo menos en mi caso :S. Hoy no puedo comentar uno por uno los comentarios ya que estoy en casa de una amiga robando su PC :P, pero muchas gracias a cada uno de vosotros por comentar. Ya os comentaré en el siguiente con más calma :D.
No me entretengo más.
Glee no me pertenece, pero la historia si ;P.
Había llegado de nuevo el sábado tras una larga semana de trabajo. El sol, había acompañado todos los días, por lo que los chicos del Glee Club decidieron celebrar una barbacoa el fin de semana. Como siempre pasaba, Rachel se ofreció como anfitriona antes de que ninguno lo hiciera. A la morena la encantaba tener a todos reunidos en casa y ser la organizadora del evento.
- Por cosas como esa podrías denunciarla por acoso.
Santana asintió ante las palabras de Quinn, mientras bebía de su botellín de cerveza. Puck, estaba junto a ellas, escuchando atentamente la conversación. Los tres estaban sentados en las escaleras del jardín un poco apartados del grupo para poder hablar con más tranquilidad.
El chico, había contado a todos la conversación que tuvo con Alexia y de todo lo que se había enterado.
- De verdad, no aguanto más a Ania. Llevo intentando evitarla desde el domingo, pero siempre hace todo lo posible para que nos encontremos. Está loca… -murmuró Santana dando otro sorbo a su bebida- lo único que quiero es que Brittany no se preocupe por esto.
- ¿No se lo has contado? –preguntó de mala manera Quinn
- Tranquila Q, no voy a cometer el mismo error dos veces. Se lo he contado y a pesar de estar... cabreada, me agradeció que no hiciera como la última vez. Además decir este tipo de cosas tienen sus ventajas. Después de nuestra conversación, se dedico… -continuo con una sonrisa de medio lado- digamos que a "marcar su territorio".
- Agg López. No nos hacen falta tantos datos –gruñó Quinn dando un sorbo a su vaso.
- La verdad es que si… -rió Puck agitando las cejas de manera pícara- de modo que ¿marcando su territorio?
- ¡Puck! –gritó Quinn dándole en el hombro- cállate.
- Si. Te explico, fue una locura. Lo bueno de tener una prometida con tanta flexibilidad es que…
- ¡OH, POR DIOS! –gritó Quinn ganándose las risas de los otros dos- ¡SOIS TAL PARA CUAL… EN SERIO, YA ENTIENDO POR QUÉ OS LLEVÁIS TAN BIEN!
- Era broma Fabrey… por nada del mundo le contaría a este salido lo que hago en la cama con Brittany… -comentó Santana ganándose un puchero del chico.
- Retomando el tema -gruñó la rubia mientras se pasaba su mano por su pelo- Ante todo tienes que estar tranquila. Por Brittany no te preocupes, la has dejado todo lo que está pasado. Si ves que va a peor, no sigas aguantando, díselo a Kurt. Él puede poner soluciones.
- Será lo mejor.
- Lo que yo no puedo llegar a entender es ¿porqué la sigues aguantando? -preguntó Puck ganándose la mirada confusa de sus amigas- Me explico. Los máximos accionistas del teatro son tus mejores amigos. Habla con ellos y que la echen.
- Simplemente la he querido dar tiempo para que se calmase. Esta oportunidad es muy buena: empezar una escuela de teatro con grandes profesionales, desde abajo -suspiró la chica- además, es su palabra contra la mía.
- Pe... pero es Kurt y Blaine... y... nosotros... todos lo hemos visto que...
- Como tú muy bien has dicho ellos y vosotros sois mis amigos, creo que no contáis como coartada imparcial. Despedirla sin una causa justificada podría perjudicar a la reputación tanto del teatro, como de Kurt y Blaine.
Finn se acercó a ellos, interrumpiendo el momento, con el pequeño Ian subido a sus hombros. Al niño le encantaba ver a su tío Finn: era el único que podía subirle tan alto.
- ¿Y esas caras? ¿Qué os pasa? –al recibir una sonrisa forzada por parte de todos continuó- Vamos a comer, Sam ha conseguido hacer todo en la parrilla sin quemarse… hay que aprovechar.
La comida ya había acabado, todos se habían ido y la tarde se acercaba. Rachel y Quinn se encontraban en la piscina mientras que Ian estaba echándose la siesta en su habitación, había acabado muy cansado ya que su tíos Finn y Sam no habían parado de jugar con él. Quinn siempre decía que era tan dormilón como ella.
La rubia paró de nadar y se apoyó con sus brazos en el borde mientras mantenía su cara mirando hacia arriba. La encantaban este tipo de días en los que podía descansar y disfrutar tranquilamente de su familia.
Rachel con una pequeña sonrisa, se acercó nadando hasta estar enfrente de ella. Ambas hacían pie por lo que Rachel la rodeó con sus brazos y la besó suavemente. Quinn la miró intensamente mientras la otra pegaba su cuerpo totalmente al suyo y comenzaba a besar su cuello.
- Rach… estamos a plena luz del día, nos pueden ver los vecinos…
- Es imposible, tenemos setos altos. Además, me da igual…
Quinn la miró con una sonrisa mientras cogía su cara con ambas manos. Besó sus labios con todo el amor que pudo mientras que Rachel la abrazaba fuertemente por la cintura. Al chocar sus caderas ambas gimieron levemente.
Un pequeño ruido dentro de la casa las sacó de su pequeño mundo.
- Tenemos que ir dentro, creo que Ian se ha despertado. Esta noche... podemos... ya sabes... volver aquí a continuar dónde lo hemos dejado... ¿te parece? -preguntó Quinn con una sonrisa mientras salía de la piscina y después ayudaba a su mujer.
Rachel asintió mientras cogía su toalla con una sonrisa y ponía rumbo a la casa.
- No entiendo porque tenemos que ordenar el garaje el fin de semana –gruñó Santana mientras cogía un cubo con los objetos de limpieza- lo odio.
- San…
- Podríamos estar haciendo… ya sabes, cosas más interesantes –murmuró mientras subía y bajaba las cejas de manera sugerente.
- Santana no gruñas… dijimos que lo haríamos este fin de semana. Necesitamos limpiar todo para poder ir guardando las cosas de Sarah que no vamos a necesitar de momento. Después no vamos a tener tiempo: la boda, la luna de miel…
Santana sonrió al nombrar todos esos eventos que ya estaban tan cercanos, mientras seguía a su chica en dirección al garaje. Sobre la boda, todo estaba cerrado, Kurt había hecho un gran trabajo con todos los ajustes y problemas que iban saliendo.
La luna de miel, en cambio, era el regalo que tenían Puck y Finn para ellas. No sabían dónde iban a ir, pero se fiaban de los chicos.
- Dios, estoy deseando que llegue la boda y pasar dos semanas perdida contigo…
- Yo también. Aunque echaré de menos a la niña.
La latina besó su sien con una sonrisa. Brittany, tras esto, encendió las luces mientras que dejaba todo en el suelo junto a la puerta.
- No creía que había tantas cosas aquí… -suspiró la morena mientras observaba la gran cantidad de cajas y trastos delante de su coche.
- El garaje es lo suficientemente grande para dos coches. Y nos hemos dedicado a meter todas las cosas aquí apiladas. Si tirásemos lo que no queremos y ordenaramos lo demás tendíamos sitio para más cosas. Ahora somos una más en casa y ella también necesitará dejar sus cosas en algún sitio.
- Contra antes empecemos antes terminaremos…
Santana empezó por una estantería que estaba situada en un extremo mientras que Brittany comenzó a abrir cajas que estaban apiladas en el otro extremo.
Al cabo de una hora, la bailarina llamó la atención de su prometida para que se acercara. La otra se acercó a ella secándose el sudor, recibiendo una caja de zapatos vieja, llena de polvo.
- No recordaba tenerla aquí… -sonrió Brittany- al hacer la mudanza no la vi y creía que me la había dejado en casa de mis padres o en mi antigua casa.
- ¿Qué es esto?
- Ábrelo y lo verás.
Santana con mucho cuidado quitó el polvo de la parte superior con la mano, observando la letra infantil de la rubia con lápices de colores. Después, la abrió observando una gran cantidad de fotos viejas. Santana con una sonrisa sacó unas cuantas, sentándose en el capó del coche.
La primera era de una Brittany de unos ocho años con un pequeño tutú, sentada detrás del telón del un teatro.
- Dios me acuerdo del día que te hicieron esta foto…
- Flashback -
Brittany estaba bastante nerviosa. Llevaba unos meses en las clases de danza para mayores y era hora de demostrar todo lo que había aprendido. O eso la habían dicho su profesora cuando la habían adelantado a una clase superior. Según la explicó su madre, tenía un nivel que no era comparable a las otras niñas de su edad.
Para esta ocasión tan especial, había invitado a sus dos mejores amigas: Santana y Quinn. La verdad es que tenía mucho miedo de hacerlo mal: ¡La iba a ver todo el mundo, incluido ellas! ¿Y si se equivocaba y no querían ser más sus amigas? ¿Y si sentían vergüenza de ella al verla? ¿Y si...
- Vamos cariño, es hora de irnos. Si no llegaremos tarde.
Su madre interrumpió su monólogo interno, apareciendo por la puerta con una sonrisa mientras portaba en sus manos la cámara de fotos y la cámara de vídeo. Iba tan arreglada como cuando iban los domingos a la Iglesia. Segundos después, apareció su padre con una sonrisa mientras se acercaba rápidamente a la rubia para subirla a sus hombros.
- ¡Papá! –gritó riéndose- ¡Bájame! Me voy a caer…
El hombre con una sonrisa la dejó en el suelo empujando a su mujer y a su hija hacia la salida.
- Vamos, vamos o llegaremos tarde.
Mientras, en la casa de Santana, pasaba algo similar. La pequeña morena estaba muy nerviosa desde que Brittany la había invitado. ¡Por fin iba a verla bailar!. La había visto hacerlo en muchos sitios: el recreo, el parque... bailaba a todas horas. Pero nunca encima de un escenario delante de mucha más gente.
Se levantó corriendo del sofá hacia la habitación de sus padres. No entendía cómo podían tardar tanto si ella ya estaba lista desde hacía horas...
- Llegaremos tarde.
Gloria levantó la cabeza y vio a la pequeña Santana con los brazos cruzados mirándola desde la puerta, con una mueca de enfado que la provocó un ataque de risa.
- ¡No te rías! No vamos a llegar a tiempo y se va a enfadar conmigo.
- Niña, tranquilízate. Llegaremos a tiempo, estamos cerca.
En ese momento apareció Manuel, con la corbata a medio anudar, con cara de frustración. Exactamente la misma que tenía Santana hace unos segundos.
- No entiendo como no puedo anudarme esta corbata. Siempre me da problemas y el nudo no me queda bien...
Su mujer se acercó con una sonrisa, negando con la cabeza. Con una gran facilidad y destreza, en pocos segundos, realizó el nudo. Después lo besó en la comisura de la boca.
- Arggg… -gritó Santana mientras se tapaba los ojos con ambas manos- parar...
Ambos rieron y salieron por la puerta todos rumbo al coche. El trayecto fue en total silencio, solo se oía el pie de Santana rebotando en el suelo del coche.
Al llegar y acercarse a la entrada, vio a Quinn con sus padres esperando en la puerta. Rápidamente la latina se acercó a ellos llevándose a la otra niña al interior del teatro cogida del brazo.
- ¿Dónde…
- Vamos Q tenemos que sentarnos cerca…
- Niñas –susurró Gloria cogiendo a ambas por los hombros evitando que siguieran avanzando- tenemos nuestros asientos, no podemos sentarnos dónde queramos.
- Pero yo quiero sentarme allí… -murmuró Santana señalando la primera línea recibiendo también un puchero por parte de la otra niña.
- Esos asientos suelen ser para los familiares cercanos. No os preocupéis, nos vamos a sentar muy cerca.
Las niñas se sentaron dónde las dijeron sus padres estaba unas filas más atrás de lo que ellas querían. Quinn miró a Santana, que estaba sorbiéndose la nariz, intentando que no se notase que estaba llorando. La pequeña rubia la tocó en el hombro mientras con la otra mano, señalaba el escenario.
- Aquí es mejor San. Si nos sentamos en primera línea seguro que Britt se pone nerviosa y se equivoca.
Santana se limpió los ojos con la manga rápidamente y asintió. Quinn se sacó una bolsa de caramelos del bolsillo y se lo ofreció a la latina.
- ¿Quieres? -preguntó mientras la miraba con una sonrisa traviesa- mis padres me dijeron que hoy no podía comer más dulces... pero es que ¡están tan buenos!
Ambas se entretuvieron comiendo caramelos mientras el resto de gente se iba sentando. Gloria, sentada al lado de su hija, las miraba con una sonrisa. Las dos niñas eran como el perro y el gato, pero no podían estar la una sin la otra.
Santana la miró y sin decir nada la ofreció uno de café a su madre y otro de mora a su padre que sabía que eran sus preferidos.
- Gracias cielo.
En los vestuarios, Brittany se sentía aun más nerviosa que antes. Acababa de entrar su profesora para decir que era su turno y que tenía que salir ya con Tommy, el niño que era su pareja en clase. Era más alto que ella, moreno con el pelo ligeramente rizado. Ella pensaba que no estaba mal bailar con él, pero que estaba más a gusto cuando bailaba con Quinn o Santana. Era más divertido.
Santana la vio salir y se quedó embobada automáticamente. Mientras veía a la rubia moverse no hizo ningún movimiento. Gloria, observó la cara de su hija y sonrió.
- Baila muy bien…
Santana se llevó un dedo a la boca mandándola callar con cara de enfado, señalando el escenario... ¡Brittany aun no había acabado! . Gloria miró incrédula a su marido que había observado la interacción riéndose en silencio.
Cuando terminó el espectáculo, Santana cogió de la mano a su madre para ir a los vestuarios. Sabía que sino no la dejaría ir. Gloria que llevaba la cámara, al ver a Brittany sentada observando embobada a sus profesores, bailarines profesionales, la hizo una foto, para después darle una copia a su madre.
- Fin del flashback -
- Estaba muy nerviosa ese día- rió Brittany cogiendo la foto- recuerdo que ese día no dormí.
- Yo tampoco. Y la noche de después, estuve mala por culpa de Quinn y sus deliciosos caramelos –rió la latina mientras seguía mirando fotos- las dos tuvimos empacho. Mira esta otra foto.
- El campamento de verano de la Señora Willmore -rió la rubia al verla- ese año te picaron todos los mosquitos que había en el campo.
- Desde ese día, decidí que soy totalmente una chica de ciudad...
Ambas rieron y siguieron observando con una sonrisa todas las fotos de la rubia. En la gran mayoría salían siempre las tres: Santana, Brittany y Quinn.
- ¿Sabes? –comentó la latina con una expresión triste- Creía que no íbamos a tener apenas fotos nuestras de pequeñas para enseñarle a Sarah. Cuando me fui de mi casa casi no me pude llevar nada y prácticamente todas mis fotos se quedaron allí.
- Alma te dio unas pocas ¿no?
- Si, pero...
- Quinn tiene muchas cielo, le podemos pedir copias. Aunque… -susurró la rubia poniéndose a limpiar de nuevo, sacando más cosas de su caja sin mirar a su prometida- también puedes ir a casa de tus padres a por ellas. Seguro que aún las tienen, tu madre adoraba hacer y guardar fotos.
Santana dejó la caja de zapatos a un lado poniendo una expresión confusa.
- ¿Quieres que vaya a ver a mis padres?
- Yo no he dicho eso. Sólo… supongo que se han tomado muchas molestias hasta llegar a ti, para poder hablar contigo. Quizás por eso y por todos los momentos de cuando eras pequeña deberías de darles una oportunidad para que se explicasen. Como a mi, o a tu abuela.
- No es lo mismo –gruñó la latina- ni tú ni mi abuela me empujasteis a la calle y olvidasteis que erais mis padres.
- San, tú mejor que nadie sabes cómo se puede poner un López en un momento de enfado…
- No te entiendo Brittany –contestó enfadada- cuando vino mi madre tu no querías que volviera hablarla y ahora si, incluso los defiendes.
Santana volvió a la casa con la caja en las manos, dejándola en la mesa del salón. Después volvió al garaje y se puso a limpiar su zona sin decir nada más. Brittany suspiró y la abrazó por la espalda.
- Tus padres no son santo de mi devoción. De hecho, los… los odio por hacerte lo que te hicieron. Pero te quería decir que si tú estas dispuesta a perdonarlos, yo también.
Y con eso, besó la nuca de su chica y comenzó a sacar más cosas de las cajas.
Era de noche. Santana había cogido el coche para ir a recoger una vieja estantería de Blaine para meterla en el garaje y poder ordenar todo un poco mejor.
En ese instante se encontraba con un papel en las manos, parada al lado de una pequeña casa de una planta ajardinada, bastante bonita. En esa hoja se encontraba la dirección de sus padres apuntada a mano por su madre. Se lo había dado Brittany tras contarle que había aprovechado su ausencia para hablar con ella.
No sabía muy bien que hacía, pero tras la conversación de esa tarde con Brittany y ver las fotos, algo dentro de ella se había movido. No sabía si era un sentimiento bueno o malo, simplemente estaba conduciendo y había acabado allí. De momento, no quería plantearse nada más.
Se fijó que aún estaban las luces encendidas. Seguramente su padre estaría viendo el reportaje de los partidos de béisbol como hacía todas las noches desde que tenía memoria.
¡Qué obsesión tenía por ese deporte!
Desde pequeña, Manuel había intentado convertirla también en una aficionada, fallando claramente. Pero a pesar de ello, a la chica la encantaba pasar las mañanas del sábado con él en el sofá, mirando el periódico para ver las noticias y las noches, viendo la televisión.
Sin apenas darse cuenta, llevaba allí media hora observando las sombras reflejadas en las ventanas. Al ver que se apagaban las luces y comenzaba a haber movimiento, puso su coche en marcha y se dirigió de nuevo a su casa.
- ¡Ya estoy en casa! –gritó Santana mientras dejaba su bolso y la caja con los tablones de la estanterías en el suelo.
Kyra dio la bienvenida a su dueña como era costumbre y Santana la cogió entre sus brazos.
- ¿Dónde están las otras dos, bola de pelos?
Brittany salió de las habitaciones con Sarah envuelta en unas toallas.
- Siento haber tardado y haberme perdido tu baño señorita –dijo Santana mientras acariciaba el pelo de su hija fijándose ahora en los ojos preocupados de su novia- está muy caliente ¿no?
Santana acercó su mejilla a la frente su hija, mientras Brittany la enseñaba el termómetro, que marcaba una temperatura superior a la normal por unos grados.
- Brittany seguro que no es nada –dijo al ver la cara de preocupación de la otra- Para que te quedes más tranquila, vamos a ir a Urgencias, ¿te parece?
La rubia asintió mientras dejaba a la niña en brazos de la morena y se iba a vestir. En ese tiempo Brittany ya había vestido a la niña y había preparado la bolsa con sus cosas.
Estaban en la sala de espera del centro de salud. Al ser fin de semana apenas había sanitarios de guardia y tenían que esperar a que la otra persona que estaba dentro saliera. Santana observó la cara desencajada de su chica mientras tocaba la frente de Sarah constantemente.
- Cariño tranquila. La mandaran algo para que le baje la fiebre y nos iremos a casa.
La pequeña comenzó a sollozar asustando aun más a la rubia. Santana pasó su brazo por encima de los hombros y con su otra mano comenzó a acariciar el pelo de su hija.
- Sarah, estas asustando a mamá…
En ese instante, salió una enfermera de la sala de consultas con una carpeta, seguida de una mujer mayor que iba con un pañuelo en la boca y unos papeles en las manos. Ambas se levantaron con la niña.
- Podéis entrar si queréis. La Doctora López está esperándoos.
- ¿Ló… López? ¿Gloria López?
- Si. Hoy es la única médico de guardia.
Brittany fue a entrar pero Santana la cogió de la manga deteniéndola.
- No puedo creer que esté de guardia hoy precisamente. No creo que sea buena idea. Podemos coger el coche y en un momento, ir al Hospital directamente para poder…
- No Santana. Nos vamos a quedar porque tu hija esta enferma. Me da igual el médico que la atienda.
Ambas entraron y se encontraron con Gloria, vestida con su bata mientras se colgaba el fonendoscopio al cuello.
- Hola… eh no sabía que eráis vosotras, no me han pasado la ficha… ¿Qué os pasa?
Santana permaneció callada y de pie mientras que Brittany, tomó asiento y comenzó a hablar.
- Es la niña… ha estado todo el día bien y de repente, ha comenzado a subirle la fiebre. La tenía bastante alta y…
- Tranquila Brittany –comentó la mujer al ver la conversación acelerada de la chica, tendiendo los brazos para coger a la niña- es normal en los niños tener alguna vez fiebre. A Santana le pasaba mucho…
La mujer desvió su mirada a su hija mientras cogía a la pequeña, observando como su hija apretaba fuertemente la mandíbula.
- Aun así vamos a revisarla por si acaso.
Gloria suspiró y se llevó a la pequeña a la camilla tumbándola. La pequeña comenzó a llorar más fuerte, extrañando los brazos de sus madres.
- Será mejor que os acerquéis así la niña no se notará extraña.
Ambas chicas se acercaron. Brittany la cogió de la mano mientras que Santana comenzó a acariciarle el pelo. Gloria sonrió levemente mientras escuchaba con el fonendoscopio el tórax de su nieta y hacía algunas comprobaciones más.
- Sarah está bien. Parece que se está acatarrando, pero no es nada de lo que preocuparse. Intentar que no tenga cambios bruscos de temperatura y por vuestro bienestar, procurar airear siempre su habitación cuando ella no esté. Os recomendaría que no se juntara con otros niños al menos de momento.
- Avisaremos a Quinn y a Rachel que no podemos quedar con ellas mañana… -murmuró Brittany a Santana mientras esta asentía.
- ¿Tienen un hijo? -preguntó sin pensar Gloria mirando a la pareja.
Santana no estaba muy comunicativa, pero Brittany nunca le había gustado no hablar a la gente que la preguntaba.
- Si, un niño. Ian.
Gloria asintió mientras cogía a la pequeña de nuevo entre sus brazos. Brittany pudo ver cómo la mujer se emocionaba por momentos: sus ojos comenzaban a humedecerse y la respiración se volvía irregular. Sabía que Gloria se estaba despidiendo de la niña con el sentimiento de no saber si la volvería a tener otra vez entre sus brazos.
- Creo que es mejor que nos vayamos –comentó la morena evitando mirar a su madre.
- Ehh si claro –contestó Gloria saliendo de su ensoñación, dejando a la pequeña en brazos de Brittany- os daré la receta de unas pastillas para evitar la fiebre. Darle una cuando lleguéis a casa y ninguno más hasta después de doce horas.
Brittany salió por la puerta mientras Santana se quedó algo atrasada.
- Gracias… por atendernos.
- Es mi trabajo –sonrió ligeramente Gloria.
Y esto es todo por ahora. Espero que os haya gustado, se acepta cualquier tipo de comentario/sugerencia mienntras sean constructivos, como siempre.
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