¡Hola a todo el mundo!
Antes de nada, gracias por los comentarios. No he podido actualizar antes, porque la página no me lo permitía.
Gabu: :D De momento no tengo intención de abandonaros. Me encanta escribir sobre Brittana, aunque cada vez hay menos gente a la que le guste leer a esta pareja. Gracias por pasarte, como siempre.
Andrusol: Verás que ha encontrado Santana en este cap. ;). Poco a poco se irá resolviendo todo. Gracias por pasarte XO.
Roci: Gracias por pasarte y por comentar. Espero verte por aquí de nuevo :).
Por petición de algunas personas, ampliaré un poco las escenas Faberry y los momentos Rachel-Brittany y Santana-Quinn en los próximos caps ;).
Sin más, os dejo con el capítulo.
...
- Dios mío...
Santana se acercó despacio mientras miraba un pequeño cachorro que estaba tan asustado que apenas se podía mover. Tenía algunas heridas, aparentemente superficiales pero no lo iba a abandonar a su suerte. Se puso en cuclillas y fue avanzando poco a poco hacia él, pero el perro cuanto más se acercaba, más nervioso se ponía.
- No te voy a hacer nada, tranquilo. Sólo te quiero ayudar.
Debido a los lamentos del animal, el portero abrió la puerta de su casa en busca del origen del ruido. Al ver a Santana junto a un pequeño perro se acercó rápidamente.
- ¿Señorita López? -preguntó el hombre extrañado- ¿Qué pasa?
- Estaba mirando mi correo cuando he escuchado un ruido. Al darme la vuelta he visto al cachorro totalmente asustado en la esquina.
- Tenemos que llamar a la perrera para que se lo lleven. Vaya usted a dormir, yo me encargo de todo y...
- No -interrumpió Santana- lo que necesita este animal es un veterinario. A la perrera la podemos llamar después.
- De acuerdo, no se preocupe. Voy llamar alguno de urgencia para que vaya a su casa.
El hombre se metió de nuevo a su casa para llamar. Santana intentó acercarte un poco más al perro que comenzó a gruñirla casi al instante.
Tras un rato intentando acercarse al perro sin éxito, llegaron a la conclusión que la mejor manera que tenían de subirlo era por medio de una manta. Lo cogieron como pudieron con ella y al llegar al piso de Santana, lo dejaron en un rincón del salón.
La latina puso un pequeño cuenco de agua junto a él por si quería beber, pero el animal estaba tan asustado que apenas se movía de las mantas. El portero se despidió de la latina para ir a su casa, no sin antes ofrecer su ayuda en caso de que la necesitase.
Media hora después alguien llamó a la puerta. Santana fue a abrir, encontrándose con un hombre de unos 40 años, canoso que portaba una pequeña bolsa de mano.
- Buenas noches, soy Albert Taylor -comentó el hombre un poco impresionado al reconocerla- creo que han llamado por un veterinario.
- Si, adelante -dijo la latina sin hacer mucho caso a nada más que al perro, que parecía que se iba a levantar al escuchar a otra persona cerca- hace una hora o así, encontré en mi portal un pequeño cachorro que estaba malherido. No sé si tendrá dueño o algo similar, pero no podía dejarlo allí.
- Hizo bien -asintió Albert mientras pasaba al salón- lo primero que vamos a hacer es intentar ver y curar las heridas que tenga y después a comprobar si tiene el microchip obligatorio para identificar a su dueño.
Santana simplemente asintió viendo como el veterinario sacaba de su pequeña bolsa un par de guantes y un fonendoscopio que se colgó al cuello rápidamente. Con mucho cuidado pero decidido, cogió al perro con una mano para observarle.
- Por las heridas, diría que lo han abandonado y ha tenido alguna pelea con algún perro callejero de la zona -comentó sacando algunas cosas más de la bolsa- es aún muy cachorro pero si no me equivoco, se trata de una cría de alaskan malamute blanco, bastante rara. Tendrá más o menos dos meses.
- ¿Alaskan malamute?- preguntó extrañada Santana.
- Es una raza de tiro, proveniente originariamente de América del norte, de la tribu inuit. Muy similar al Husky Siveriano pero un poco más grande.
- Oh... -susurró la chica mirando al perro como gemía mientras el veterinario seguía curando sus heridas- ¿Cómo ha podido llegar hasta aquí?
Albert antes de contestar pasó un pequeño aparato por el cuello del animal. Lo miró por unos instantes y dejó al perro de nuevo entre las mullidas mantas que la latina le había preparado.
- No tiene microchip, este perro seguramente lo han traído hasta aquí para venderlo a gente de competición canina. Los Alaskan no los venden en una tienda de animales común. Seguramente tendrá algún tipo de defecto con el lo descalificarían de cualquier competición y lo han abandonado a su suerte. En esta época del año, pasa mucho con los perros de este estilo.
Santana se agachó junto al animal mirando como dormía ahora plácidamente sin hacer nada.
- ¿Qué va a pasar con él?
- Voy a llamar a algunos colegas para comprobar que si ha habido más casos por la zona y si se confirma que lo han abandonado, irá a la perrera municipal a la espera de que alguien lo adopte.
- Puede quedarse esta noche aquí... -comentó la latina al ver como el hombre iba a llevárselo- creo que necesita estar tranquilo algunas horas más.
Albert se limitó a sonreír mientras recogía todas sus cosas. Santana le extendió un cheque y el veterinario cogió su abrigo de nuevo y se dirigió a la puerta.
- Está bien. Mañana antes de la hora de comer, me pasaré por aquí para comentarle todo lo que me entere.
- Muchas gracias.
- A usted.
Santana tras cerrar la puerta, se dirigió a la habitación a por una manta y su pijama. No quería dejarlo solo y tampoco mover mucho al animal, así que esta noche dormiría en el sofá con él.
Aun era bastante temprano, pero el sonido de su móvil la había despertado. Al abrir sus ojos no sabía muy bien porqué estaba durmiendo en el sofá, pero a los pocos segundos recordó al pequeño animal que estaba aun acurrucado en las mantas.
Santana se levantó con cuidado y se dirigió a la cocina. No sabía qué darle de comer, obviamente no tenía comida para perro y tampoco quería salir a la calle hasta que el veterinario viniera de nuevo. Abrió la alacena en busca de algo para darle, viendo un paquete de arroz. Cogió una olla y coció un poco mientras se preparaba un café.
Cuando aparentemente estaba lo suficientemente blando como para hacer una especie de papilla de arroz, puso un poco en un bol y se acercó al cachorro.
- No creo que sea el mejor alimento, pero esto es mejor que nada... -murmuró para sí misma la latina.
Se sentó junto al cachorro, el cual al sentir movimiento cerca de él, se levantó rápidamente atento a todo lo que hacía. Al mirarla, Santana pudo ver los enormes ojos azules que tenía.
- Tranquilo, no te voy a hacer nada. Solo es comida.
Viendo que no se iba a acercar, se puso un poco de arroz en un dedo y lo extendió por el suelo, cerca del animal. El perro aunque un poco reticente, se terminó acercando y lamiendo toda la comida. Tras acabar todo lo que tenía en el suelo, miró a la latina en busca de más. Santana dejó el cuenco junto al perro viendo como lo devoraba prácticamente sin respirar.
- A saber cuántos días llevas sin comer...
El perro cuando terminó de comer, se acercó poco a poco a la chica. Santana se atrevió a acariciarle e inmediatamente, el animal comenzó a lamerle la mano.
La chica comenzó a reírse y a acariciarle con más ganas. Aunque aún se veía un poco nervioso, sabía que si había aceptado la comida, había dado un gran paso con él.
- Quédate tranquilo -dijo la latina poniéndole sobre sus piernas con cuidado para no tocar ningún punto que le pudiera doler- tienes que descansar.
El perro obedeció al instante a la morena haciendo que esta sonriera. En ese mismo instante, el sonido del móvil la sacó por completo de su burbuja.
- ¿Santana López? Soy Albert.
- Si, dígame.
- Como la avisé, me pasaré por allí más tarde. Simplemente era para comunicarla que mis sospechas eran ciertas, esta noche han abandonado a una camada entera de perros de raza de competición por la zona.
- Entonces...
- Iré a buscarlo dentro de unas horas para llevarlo a la perrera.
Santana miró por un instante al perro que ahora se había levantado y estaba olisqueando todas las cosas. Parecía que se encontraba a gusto a su alrededor.
- Oh... Ok, Hasta luego.
- Adiós.
La latina se llevó el aparato al bolsillo y se quedó observando al perro como iba de un lado para otro por el departamento. De nuevo, su móvil volvió a sonar.
- ¿S?
- ¿Q? -preguntó extrañada la chica al ver la hora que era- ¿Ha pasado algo?
- No, simplemente quería invitarte a desayunar. Mis chicas están juntas haciendo algo que no me quieren decir y yo estoy muy solita... -dijo con tono de niña pequeña la rubia.
- Por mucho que hagas el tonto, no puedo salir de casa -rió la latina- al menos no ahora.
- ¿Porqué? -preguntó esta vez preocupada- ¿ha pasado algo?
- Ven a casa con un buen vaso de café y te cuento.
Tras unos minutos, llamaron al apartamento de la latina. El perro miró a la chica y rápidamente se fue a las mantas.
- No te muevas de ahí enano. Voy a abrir la puerta.
Santana abrió la puerta, descubriendo a Quinn que llevaba una bandeja con dos vasos de café y una bolsa de lo que parecía la bollería de su barrio. La morena cogió todas las cosas, llevándolas a la mesa de la cocina, mientras que la otra iba detrás quitándose el abrigo.
- Entonces, ¿por qué he tenido que traerte un café a tu propia casa como si fueras mi mujer? -preguntó en broma Quinn
Antes de que Santana contestase, el cachorro apareció por la puerta de la cocina mirando a la rubia con sus grandes ojos azules. Quinn miraba alternativamente a Santana y al animal.
- Es por esto por lo que no podía salir. Anoche cuando llegué de vuestra casa, me encontré con él que estaba herido y hambriento en mi rellano. Lo subí a casa y llamé al veterinario para que lo ayudara.
La fotógrafa se agachó mirando al cachorro con la mano extendida y este observó a la latina buscando su confirmación. Santana se agachó junto a Quinn llamándole. El animal se acercó rápidamente y comenzó a menear la cola, olisqueando a la rubia.
Cuando ya llevaban un rato así, Quinn lo cogió en brazos. Lo acarició lentamente mientras el perro intentaba lamerle la cara.
- Oh, por dios... es como un peluche -rió mientras el perro seguía revolviendo entre sus brazos- ¿qué va a pasar con él?
- En teoría dentro de unas horas vendrá el veterinario para llevárselo a la perrera.
Quinn observó como miraba su amiga al animal y la idea vino a su mente.
- ¿Y porque no te lo quedas tú? -preguntó dejando al animal en brazos de Santana.
- Me gustaría, pero ya sabes que no tengo tiempo... -murmuró acariciando la cabeza del animal que seguía intentando llegar a Quinn.
- Sabes que solamente tienes que estar en la discográfica por las mañanas, el resto de día estás porque quieres. ¿Qué mejor excusa para que te relajes y no seas tan adicta al trabajo? -preguntó riéndose.
- Ya, pero luego están los viajes y...
- No haces tantos viajes y si tienes que irte, nosotras podemos llevarle a casa.
Dejó al perro en el suelo y este automáticamente se sentó a sus pies. La latina sonrió ligeramente acariciándole el lomo mientras Quinn los miraba con una sonrisa.
Albert entró en la casa de Santana unas horas después. La latina había estado pensando muy detenidamente desde que Quinn se había ido de su casa sobre qué hacer con el perro. Era una gran responsabilidad y la decisión no podía ser tomada a la ligera.
- Bueno -comenzó el hombre examinando al perro- está mejor y veo que está más animado.
- Si, ha estado casi todo el tiempo jugando y oliendo todo lo que encontraba por aquí.
- Está bien. He traído una jaula para llevarlo y...
- ¿Me lo podría quedar yo? -preguntó la latina interrumpiendo al hombre, sorprendiéndose hasta a sí misma- he estado pensándolo y creo que se podría quedar conmigo.
- ¿Está usted segura? -preguntó el hombre acariciando la cabeza del animal.
Santana se agachó y acto seguido el pequeño cachorro salió corriendo de los brazos del veterinario hacia la chica, intentando subirse a su regazo. La latina lo cogió en brazos y se sentó con él en el sillón. El hombre al ver la escena sonrió.
- Veo que es él el que ha escogido -rió- tiene que pasar cuanto antes por la clínica para el chip y ponerle las vacunas.
- Esta tarde a primera hora nos pasaremos.
Albert se despidió de la chica y salió por la puerta.
Santana se volvió a acercar al perro y con una sonrisa, lo cogió en brazos y se hizo una foto con él. Se la mandó a todos sus amigos cercanos, incluida a Brittany, con el título "Mirar quien es el nuevo componente de la familia. Es una sorpresa, no se lo digáis a los niños."
Brittany estaba preparando la cesta de la colada en la cocina. Miraba lo que estaba haciendo pero su cabeza estaba en otra parte. Unos minutos antes la había llamado Quinn para que se pasara por su casa que tenía que pedirla un favor. No sabía que es lo que podía querer de ella.
A la vez, Kurt estaba preparando café para ambos. Solían desayunar muchos días juntos antes de que pasara todo el asunto con Santana. Cada vez lo hacían menos y el chico la había llamado para verse. No se quería distanciar más de ella.
El cómodo silencio entre ambos, lo rompió el móvil de la chica. Brittany dejó una camiseta a medio doblar y desbloqueó su móvil viendo el mensaje de Santana.
No pudo más que sonreír ante la fotografía de Santana con el cachorro. Kurt, sonrió tristemente al ver la cara de la chica.
- ¿Santana?
- Si, por lo visto tiene un nuevo acompañante.
Kurt puso cara de extrañeza mientras la bailarina le pasaba el teléfono. El moreno ante la imagen no pudo más que reírse.
- No sabía que a Santana la gustasen los perros.
Brittany se encogió de hombros sin decir nada más. Cogió el móvil de las manos de su amigo y lo dejó encima de la mesa de nuevo.
- ¿Qué tal todo? -preguntó Kurt mirando a la mesa de manera distraída.
- Todo bien, no te preocupes.
Tras despedirse de su amigo, cogió su bolso y acudió a la cita con Quinn. Tras una conversación sin importancia sobre el tiempo mientras que la fotógrafa preparaba algo para picar, ambas se sentaron en el salón para hablar.
- ¿Ha pasado algo?
- No tranquila, no es nada serio -tranquilizó Quinn a la otra chica al notar el tono de preocupación en su voz- Sabes que el cumpleaños de Rach es la semana que viene ¿verdad?
- Si algo me comentó Santana.
- En realidad vamos a celebrarlo los adultos el próximo fin de semana pero sus padres y yo queríamos dar una sorpresa a Rachel y a Santana. No saben que vienen dentro de dos horas y vamos a hacer una comida/merienda en casa.
- Oh... -susurró Brittany extrañada sin saber muy bien que pintaba ella en todo este asunto.
Quinn rió ante la cara de confusión de la chica.
- Te lo digo porque sé que a Rachel y a Beth les haría ilusión que también estuvierais Nico y tú. Sé que es un poco precipitado pedirte esto con tan poco tiempo pero lo hemos planificado todo hoy.
- Pero es algo familiar... sé que Santana y supongo que Rachel llevan bastante sin ver a sus padres y...
- Irán Blaine y Kurt. A ellos les encanta conocer a la gente que nos rodea y creo que ya te podemos considerar de nuestro entorno ¿no?
Quinn sonrió recibiendo el mismo gesto por parte de la otra rubia.
- Claro. Subiremos a la hora que queráis.
Brittany llevaba un corto y blanco, sin mangas y un pequeño cinturón negro. En sus pies, unos tacones negros y su pelo totalmente liso caía por sus hombros. Nico iba con una camisa de manga corta blanca con una pajarita roja (cortesía de su tío Kurt). Antes si quiera de tocar el timbre, una excitada Rachel la abría la puerta dándola un gran abrazo.
- ¡Me acabo de enterar de lo de la fiesta! -gritó excesivamente fuerte la pequeña morena al oído de la otra- ¡Han venido ya mis padres! Mira, te los voy a presentar.
Brittany miró totalmente sorprendida a Rachel. Ahora ya sabía de quién había heredado ese carácter tan nervioso Beth. Quinn la miró riéndose mientras la tendía un vaso de coca cola y al niño que iba detrás de su madre cogido de la mano, un zumo.
- Papis, esta es Brittany Pierce. Es la profesora de baile de Beth y nuestra amiga.
Brittany sintió una pequeña calidez interior por el calificativo de amiga por parte de Rachel. Miró a los hombres que estaban frente a ella. Uno, era un auténtico calco de Rachel: pelo moreno, ojos grandes y oscuros, el mismo tono de piel... el otro en cambio, era más bajito, castaño, y más moreno de piel.
Este último, se acercó rápidamente a ella con una sonrisa dándola la mano.
- Hola, yo soy Henry. Y este de aquí es Howard mi marido. Hemos oído hablar mucho de ti -comentó recibiendo un codazo de parte del otro.
- Hola Brittany -tendió la mano el otro con una pequeña sonrisa muy similar a la de Santana- encantado.
Tras unos minutos de conversación, Brittany dejó solos a los hombres con los niños ya que Nico estaba cómodo con ellos y se dirigió a la cocina donde estaba Quinn terminando de hacer el café.
- Oh, hola Brittany -dijo Quinn al darse cuenta de la presencia de la chica- ¿todo bien?
- Si -dijo con una pequeña sonrisa- son bastante simpáticos tus suegros.
Quinn se rió mientras servía un poco de café en cada taza.
- Si, bastante.
- Pero, ¿no íbamos a ser más gente?
- Si, pero al final Santana se ha retrasado por ir al veterinario y Blaine se ha comprometido a traerla en su coche. Aun no sabe nada de lo de sus padres.
En ese momento, Nico y Beth entran en la cocina y se sientan en las sillas que estaban al lado de la rubia. Quinn se acercó a ellos, tendiéndoles un pedazo de bollo recién hecho.
- ¿Y la tía Sanny? -preguntó la niña mientras daba un mordisco a lo que le acababa de dar su madre- Me dijo que iba a venir toda la semana y...
- Vendrá más tarde, pero con alguien más.
- ¿Quién viene? -preguntó Beth mientras miraba a su madre y a la rubia alternativamente.
- Ya lo veréis. Venga, iros al salón y decirle a los abuelos que os pongan una película.
Mientras estaban tomando café en el salón y los niños estaban entretenidos dibujando y comiéndose un pequeño bocadillo que les había preparado Quinn, tocaron al timbre. Rachel miró con una sonrisa a su mujer, la cual, tras darla un beso en la mejilla se levantó.
- Vamos chicos -dijo refiriéndose a los dos niños- vamos a abrir la puerta.
Los niños se levantaron corriendo detrás de la chica. Al abrir, se encontraron a Santana, Kurt y Blaine, pero lo que más les llamó la atención era un pequeño perro que se escondía detrás de la chica.
- ¡Mamá! -gritó la niña mientras que Nico seguía con la boca abierta- ¡La tía tiene un perrito!
El cachorro se quedó parado detrás de Santana que lo mantenía bien sujeto por la correa. Mientras que Nico se mantuvo quieto simplemente observándolo, Quinn tuvo que coger en brazos a la niña que estaba intentando tocarlo a toda costa.
- Cariño, es un bebé. Tienes que esperar a que se tranquilice.
Todos pasaron al salón y miraron con una gran sonrisa al cachorro que permanecía detrás de las piernas de la latina. Santana no se dio cuenta de la presencia de sus padres hasta que ellos mismos se levantaron del sofá con una sonrisa.
- ¡Papis! -sonrió y fue a abrazar a ambos sin soltar al perro- ¿Qué hacéis aquí?
- Hola cariño -dijo Henry dándola dos besos haciendo que la chica se sentara en el sofá y el perro automáticamente se sentara detrás de sus piernas- decidimos adelantar el viaje para daros una sorpresa. Quinn pensó que era buena idea organizar algo para hoy. Has tardado mucho.
- Lo siento, fui a llevar a Siku al veterinario -comentó la latina con una gran sonrisa- Creo que aun no conocéis a Kurt.
Los padres de las chicas se acercaron a saludar a Blaine y al mismo tiempo a presentarse a Kurt. Blaine se había convertido en parte de la familia y ambos lo trataban como un hijo. Mientras los presentaba, Nico se acercó a la latina que lo miró sonriente.
- ¿Es tuyo?
Santana siguió la dirección de la mirada del niño y vio que estaba centrado en el perro.
- Si, hoy he adoptado a Siku.
- ¿Siku? -preguntó extrañado Nico que se sentó al lado de la morena, gesto que no pasó desapercibido para su madre que los observaba sin decir nada.
- Siku -dijo la latina con una sonrisa señalando al perro- significa hielo en el país de dónde es. Al ser tan blanco, creo que le va bien ¿no?
Nico asintió mirando al perro mientras que este, miraba relamiéndose la comida que llevaba el niño en la mano.
El rubio siguió la mirada del perro y partió un pedazo pequeño, dándoselo al animal. Siku miró a Santana que acarició su cabeza y salió de debajo de las piernas de su dueña hacia Nico. Olisqueó su mano y comenzó a comer lo que le tendía, haciendo que el niño comenzara a reírse por las cosquillas.
- ¡Para Siku! -rió el niño que intentaba apartarse del perro mientras este intentaba soltarse del amarre de la latina para acercarse a Nico y jugar con él.
- Siku, eso no se hace... -regañó la morena haciendo que el cachorro parara y bajara las orejas mirándolo triste.
Beth se sentó esta vez más tranquila al lado de Nico con un pedazo de pan para que se lo comiera el cachorro. Santana sin perder de vista al perro y a los niños saludó con un gesto a Brittany, ya que todos los demás estaban metidos en la conversación con los padres.
- ¿Todo bien?
Santana se volvió a poner ambas manos sobre la cara mientras Henry volvía a enseñar una de las fotos del álbum de Rachel a Kurt, Brittany y Nico. En esta ocasión era de los segundos carnavales que pasaba en la casa de los Berry y estaba sentada al lado de Rachel, ambas vestidas de pollo amarillo con pico y peluca a lo afro amarilla.
- Papá -gimió lastimera al latina mientras veía como todo el mundo se reía de ambas- deja de enseñar esas fotos por favor...
- ¿No les has enseñado cuando se disfrazaron de diosas del rock? -preguntó Quinn mientras volvía de la cocina junto a Howard.
Santana abrió mucho los ojos mirando a su cuñada mientras que esta no hacía más que reírse.
- Te voy a matar Fabrey... -gruñó por lo bajo mientras su amiga reía más fuerte- estás muy muy muerta.
- Si salimos muy bien San -rió Rachel mientras iba al armario a por otro álbum.
- Dejar de avergonzarla -defendió Howard a la chica mientras se sentaba a su lado, acariciando a Siku que estaba tranquilamente tumbado a su lado en unas mantas preparadas por Rachel.
- Vale, vale... -gruñó su marido al ver la cara de este- ¿os apetece ver una película?
- Es muy simpática.
Santana se dio la vuelta encontrándose con su padre Howard que entraba a la cocina con varios vasos en la mano. Los dejó en el fregadero y se sentó en la mesa viendo como su hija preparaba unos sandwichs.
- ¿Qué haces aquí? -preguntó esquivando el comentario del hombre que sabía a quién se refería- estoy terminando. Deberías estar con los demás.
- Bueno, he venido un rato a hablar con mi hija, ¿no puedo? -preguntó con una leve sonrisa mientras alzaba la ceja, al igual que lo hacía Santana en muchas ocasiones- ¿va todo bien?
- Claro, ya te encargas de saberlo llamándome todos los días para comprobarlo -rió la chica mientras cortaba otro sandwich.
- ¿Nada nuevo que contarme?
Santana lo miró interrogante. El hombre hizo que soltara el cuchillo en la mesa y se sentara frente a él.
- ¿Nada nuevo que contarme? -preguntó de nuevo señalando con la cabeza al pasillo, viendo como aparecía Nico y Beth corriendo detrás de Siku, que estaba encantado de haber encontrado a dos personas con las que jugar.
- No tengo nada nuevo que contarte papá -esquivó la pregunta de nuevo Santana intentando levantarse, pero su padre volvió a sentarla- es una amiga y ese es su hijo... bueno su sobrino... da igual, es una larga historia.
- ¿Sólo eso? -preguntó incrédulo el hombre mientras obligaba a su hija a mirarle- cualquier persona puede ver la mirada que utilizas para ver a esa chica. Al igual que con Nico. No es una simple amistad.
- No digas tonterías.
- No son tonterías cariño. ¿Vas a hablar claro de una vez conmigo?
Santana suspiró y se quedó callada por unos instantes intentando organizar su pensamiento.
- Nunca había sentido lo que siento por ella papá. Ni siquiera por Julie, es... algo completamente diferente.
- Simplemente estás enamorada -comentó Howard con una sonrisa- ¿has hablado con ella?
- No, yo... bueno, sé que no la intereso en ese sentido.
- Cariño, tu no sabes qué siente ella -comentó acariciando la cara de su hija con su mano- siempre estás poniendo muros alrededor de tu corazón que a veces es muy difícil llegar a él. Tanto que incluso te ciegas de tal manera que no ves que ella siente lo mismo por ti.
Santana no pudo aguantar más y abrazó a su padre, enterrando su cara en su hombro.
Ya se estaba haciendo bastante tarde y sobretodo para los niños que tenían colegio el día siguiente, por lo que Brittany decidió que era hora de irse a casa. Se dio cuenta de cómo se había quedado Nico dormido con la cabeza sobre el regazo de Santana mientras que Beth estaba apoyada en su hombro y el pequeño Siku hecho un pequeño ovillo a sus pies. La latina sin casi poder moverse hablaba animadamente con Kurt y Blaine que también estaban apunto de irse.
Brittany con mucho cuidado se acercó a la chica y cogió a su hijo en brazos. Este automáticamente se agarró al cuello de su madre. Quinn al verlas, por su parte hizo lo mismo con Beth. Santana se levantó con cuidado de no pisar a Siku que estaba totalmente dormido y fue a ayudar a Brittany a recoger sus cosas.
- ¿Seguro que no necesitas que te ayude con algo? -preguntó Santana mientras Brittany intentaba con un solo brazo sujetar al niño y coger el bolso.
- Vivo en el mismo bloque Santana, no hace falta, de verdad -contestó con una leve sonrisa mientras abría la puerta- dile a Quinn que gracias por la invitación... en realidad gracias a todos por esta noche.
- Se lo diré de tu parte, no te preocupes -comentó Santana mirando a sus pies.
- ¿Te pasa algo? -preguntó realmente preocupada la rubia.
- No - cortó la latina quizás un poco más brusca de lo que esperaba- llevo mucho tiempo sin ver a mis padres y quizás sea por eso.
- Oh... Bueno... Buenas noches.
- Buenas noches Brittany.
Brittany abrió como pudo la puerta de su casa. Sostuvo a Nico totalmente con uno de sus brazos mientras con la otra mano iba encendiendo todas las luces de la casa. Al llegar al salón, soltó el bolso en el suelo y las llaves en la mesa. Abrazó a Nico mientras lo llevaba a las habitación.
- Mamá... -gimió somnoliento el niño abrazándose fuertemente al cuello de su madre.
- Lo siento cielo -murmuró Brittany mientras acariciaba suavemente su espalda- ya falta poco para ir a la cama.
Entró al a habitación y dejó al niño en la cama. Nico se sentó y comenzó a ponerse el pijama. Brittany le acarició el pelo con una sonrisa.
- ¿Lo has pasado bien?
- Si -bostezó cansando el niño- ¿podemos ir mañana a ver a Siku y a Tana?
Brittany se quedó parada sin saber que decir mientras el niño se quedaba casi dormido en ese instante. Lo metió entre las sábanas y salió despacio de la habitación, cerrando la puerta tras de si. Sin soltar su mano del pomo, apoyó la cabeza en la puerta suspirando.
Fue a su habitación entornando su puerta por si Nico necesitaba algo. Comenzó a desnudarse sin dejar de pensar en Santana. Llevaba mucho tiempo sin cumplir con su trabajo, pero engañando a la latina y no podía seguir así. Frank tenía razón, tenía que pensar el modo de salir de todo esto rápido.
Y esto es todo por hoy. Ya sabéis, animaros a comentar y a sugerir cualquier cosa.
Hasta la semana que viene ;).
...Mune9117...
