Como una forma de darles las gracias a:
New comencement
Boa Katsuki
Pau-Neko
Zryvanierkic
Kagami Sora
Taurus95
Les presento un segundo capítulo, que espero sea de su agrado. De hecho pensé en subir este segundo episodio solo si llegaba a un total de 8 comentarios, pero la verdad me conmovió el hecho de que me regalaran sus lágrimas.
My ladys… un gusto escribir para ustedes. Les mando un beso casto.
Atte: Ciel Phantomhive
.
.
.
.
Capítulo 2 Secretos.
Igual a todas las mañanas desde que llego a Rusia Yuuri se levanta mucho antes que Viktor. Con cuidado de no despertarlo se pone la ropa deportiva y sigilosamente se prepara para salir a correr.
Como buen guardián y a petición de mi amigo de cuidarlo en todo momento, me ofrezco a acompañarlo. Él parece entender la razón de mi presencia a su lado, con una sonrisa toma la correa y la enrolla en su mano. No la enganchara al collar a menos que sea necesario. Siempre me da cierta libertad.
Bajamos a la avenida y trotamos a buen ritmo por la acera. Aun no asoma el sol, de hecho, apenas clarea lo suficiente para ver sin la necesidad de las lámparas. Yuuri tiene una excelente resistencia, y yo a pesar de mis años puedo aguantarle el paso.
Empieza correr después de cinco minutos, un par de calles a lo mucho y llegamos a nuestro destino. Un parque enorme en que damos dos vueltas completas a toda marcha y luego de regreso.
Cuando volvemos calma su respiración y toma una botella de agua. Acaricia mis orejas y yo muy satisfecho de haberlo cuidado como se debe me dirijo al sofá esperando a que, como es costumbre, Viktor salga de la recamara.
—¡Yuuri! —Exclama feliz antes de lanzarse a abrazar al pelinegro.
Yuuri alcanza a evadirlo por muy poco, le ordena entrar a cambiarse para que puedan salir a correr. Viktor lo hace y yo me quedo pensando si Viktor sabe que nosotros ya salimos.
Ellos salen a correr, yo me quedo porque no veo la necesidad de acompañarlos. Al volver toman un abundante desayuno, hasta podría decir que exagerado. Apenas terminar Viktor toma la correa y sé que es hora de ir a la pista de hielo.
Durante todo el entrenamiento Yuuri y Viktor se esfuerzan por realizar limpiamente cada salto y coreografía. Me encanta verlos moverse sobre la superficie blanca que parecer darles alas. Si yo fuera humano o cuanto menos un poco más joven intentaría deslizarme sobre el hielo.
Hacen un receso a eso de las tres para ir a comer.
Viktor ha elegido un restaurante con mesas al aire libre para que pueda acompañarlos sin problemas.
—Viktor. —Nombra Yuuri y noto de inmediato que titubea mucho, como queriendo decir algo que se caya en el último momento. Se estruja los dedos y pide: — Puedes ordenar también por mí, es que no entiendo ruso —yo lo observo, algo no está bien con él.
—Por supuesto… ordenare un enorme corte de carne que seguro te fascinara —se entusiasma mi amigo y pide demasiada comida sin remordimiento.
Una vez satisfechos todos, regresamos por dos horas más a la pista. Yakov nos espera impaciente, bueno… a Viktor.
—Puedes adelantarte Yuuri —ofrece Viktor y Yuuri acepta, por supuesto yo regreso con él al departamento en calidad de guarura.
Con forme avanzamos lo noto decaído. Sé que hay algo que lo preocupa, pero no logro saber que es. ¿Sera que estar con mi mejor amigo ya no lo hace feliz? No, eso no puede ser. Yuuri tiene un brillo especial en su mirada cada que sus ojos se posan en él.
Entonces ¿Qué es?
Al llegar al departamento entro tranquilamente siguiendo al pelinegro. Por un segundo Yuuri se queda parado en la entrada mirando el piso como si fuera lo más interesante del mundo.
Lo escucho dar un suspiro y no pierdo tiempo en acercarme para restregar mi cabeza con una de sus manos. Lo aliento a decirme que lo perturba.
—¡Oh! Makkachi —casi suspira y me regala una sonrisa. —Debo apurarme a preparar la cena.
Yuuri se pasea por la concina, lo veo cortar vegetales y poner cosas al fuego. No tengo ni la menor idea de que está preparando, pero siendo sinceros… no tiene un aroma muy apetitoso.
Con la preocupación aun latente me retiro al sofá y desde ahí lo miro maniobrar.
Horas más tarde escucho pasos y mi buen olfato me dice que Viktor ha vuelto. Me levanto de un salto y corro a recibirlo. Sé que adora ser el centro de atención, pero por sobre todo del cariño de sus seres especiales.
Yuuri parece también haberlo notado porque, casi de inmediato lo veo acercarse a la entrada.
—¡Yuuri, estoy en casa! — anuncia justo antes de sentir como Yuuri lo abraza y yo me lanzo a su regazo buscando no ser olvidado. Viktor sonríe.
—La cena esta… —intenta decir Yuuri, una frase que no termina porque Viktor exclama.
—Salgamos a cenar. He hecho reservaciones en un lugar que te va a encartar.
Yuuri al final acepta salir. Yo me quedo a cuidar la casa, pero al quedarme solo no puedo evitar pensar en la comida que no fue tocada y aún descansa caliente sobre la mesa.
¿Sera eso lo que le está molestando?
No sacare conclusiones apresuradas y esperare a notar alguna otra cosa. Me retiro a la recamara para hacerme bolita sobre la alfombra afelpada de la recamara a dormitar.
Regresan algo noche, y solo levanto la cabeza para cerciorarme que están bien, una vez que los observo cambiarse por ropa de cama, lavarse los dientes y entrar a la cama me quedo profundamente dormido. Después de todo, mañana como marca la rutina, saldré muy temprano con Yuuri.
Ha pasado cerca de un mes y casi podría decir que la usanza se ha convertido en costumbre. Yuuri sale temprano conmigo como su acompañante, regresamos y vuelve a salir con Viktor. Practican en la pista, quizás la única diferencia en mi día a día, es que en ocasiones Mila o Yurio me dan comida y me sacan de paseo porque Yuri y Viktor deben comer en la pista demasiado aprisa para que puedan adelantar en sus progarmas.
Por la tarde Yuuri y yo regresamos a casa, prepara la cena, una cena que no se toca porque Viktor insiste en salir, regresan, se duermen y el día vuelve a empezar.
Hoy hay algo diferente… Yuuri sale más temprano y no me permite acompañarlo. Eso me preocupa, aun así me tranquilizo pensando que será solo por esta vez.
Cuando regresa lo veo demasiado agotado, pero disimula muy bien cuando Viktor aparece por la puerta y le pregunta, si lleva mucho esperándolo para salir.
—Acabo de levantarme también —le responde con una sonrisa evitando con maestría que lo abrace.
Como no he salido me apunto para acompañarlos.
—¡Oh Makkachin!, es bueno verte de humor para salir a trotar. Hace mucho que no vienes con nosotros —exclama mi amigo.
Lo que ha dicho Viktor me desconcierta. Yo siempre salgo con Yuuri…
Y es cuando algo hace "clic" en mi cabeza. ¿Acaso él no sabe que Yuuri sale en las mañanas? Eso explicaría porque el pelinegro no deja que lo abrace, pues quiere evitar que note su ropa mojada por el sudor.
Durante lo que resta del día le doy vuelta a mi sospecha sin entender porque Yuuri le escondería algo como eso a Viktor.
La respuesta me llegaría por la tarde cuando Yuuri y yo regresamos a casa.
Apenas entrar noto su falta de alegría. Un humor que se ha vuelto cotidiano, y que yo había dado por sentado se debía a la ausencia de Viktor. Ya no estoy tan seguro.
Yuuri pasa de largo, ni siquiera me mira. Con la cabeza gacha entra al cuarto de aseo y…
Un ruido extraño inunda mis orejas. Con el corazón acelerado corro a ver si se encuentra bien.
Ladeo la cabeza, de rodillas frente al excusado Yuuri está llorando mientras parece meterse uno de los dedos hasta la garganta. El ruido raro vuelve a escucharse y veo una sustancia espesa de color desagradable surgir de su garganta y caer directamente en el inodoro.
Ladro para hacerme notar. Me acerco a él, muerdo su ropa y tiro de ella para alejarlo de ahí. No comprendo que pasa, pero se ve doloroso y asqueroso.
—No, Makkachi… —me pide con un tono de voz lastimero. Con la mano derecha se cubre la boca, sus lentes están mal acomodados y las lágrimas recorren sus mejillas. —Sal de aquí… —ordena y me empuja.
Vuelvo a ladrar, no voy a dejarlo ahí. Pero incluso antes de que pueda volver a insistir para que se aleje del excusado noto el movimiento que hace su estómago y como con rapidez se gira para dejar salir más de esa masa de agrio aroma.
Estoy muy preocupado.
Con un gimoteo lastimero le doy a entender mi miedo. Mi agonía de no saber que pasa y como ayudarlo.
Yuuri se limpia los restos de… lo que sea que salió de su boca con el antebrazo y luego se hecha hacia atrás recargándose contra la pared del baño.
—Te he asustado, lo siento mucho. —Se disculpa y yo llamo sus lágrimas. Esta temblando. —Es que… —y se suelta a llorar nuevamente. —¿Estoy haciendo mal? Sé que Viktor solo trata de consentirme, pero… toda esa comida me hace subir brutalmente de peso. Pensé que correr el doble o hasta… hoy el triple lograría mantenerme en línea, peor no fue así. He subido dos kilos y yo… yo estoy desesperado por mantenerme en forma. No quiero negarme a acompañar a Viktor cuando me pide ir a cenar o comer, a desayunar todos los días a su lado; pero nuestro sistema no trabaja igual y él parece no darse cuenta. Me da pena decírselo… pero por sobre todo, me aterra pensar que si vuelvo a ser un cerdito él ya no me quiera. Que crea que todo el tiempo y trabajo invertido en mí fue una pérdida de tiempo.
Lo miro con dolor y también con culpa. No me di cuenta del gran esfuerzo que ha estado haciendo.
Lo dejo llorar hasta que se calma, no importa si para entonces parezco esponja, sus lágrimas no me molestan y de hecho doy gracias de poder compartirlas.
Para cuando vuelve Viktor él ya está mejor y disimula muy bien su tristeza y yo… yo he tomado una decisión.
Como todos los días mi amigo se presenta en casa hablando entusiasmado del restaurante italiano que le han recomendado y al cual piensa irán a cenar hoy. Yuuri no dice nada y sonríe aceptando su invitación.
Veo como se comienza a arreglar y yo me resuelvo a actuar.
Tomo entre mis dientes su camisa en espera a que note mi acción, salgo a todo correr y me escondo en la cocina.
Al principio mi amigo parece un poco molesto, luego su semblante cambia a uno de asombro. Se me acerca y con delicadeza tira de la prenda que yo suelto sin resistirme, creo que ha entendido la razón de mi proceder.
—¿Por qué no me dijiste que ya habías preparado la cena? —Viktor y Yuuri solo se apena y baja la mirada. —Cenaremos en casa —afirma con una sonrisa confiada.
Al observar detenidamente el contenido de los platos, verduras y un poco de pescado al vapor, no hay que ser un genio, se ve la gran diferencia. Viktor seguramente quería pasta y carne. Demasiado abundante y difícil de digerir.
Al día siguiente me hago el dormido, Yuuri no insiste en que lo acompañe. Espero a escuchar la puerta cerrarse y no me tiento el corazón al saltarle encima a mi amigo.
Vamos que se nos va, ladro un tanto desesperado.
Viktor levanta medio torso y se restriega los ojos. Todavía está dormido, ladro nuevamente y ahora sí parece despertar por completo. Me mira con reproche solo un segundo antes de darse cuenta de la falta de Yuuri. Mira el reloj en el buro y al parecer la hora escrita en él le desagrada.
Me bajo de la cama y corro a rasguñar con mis patitas la puerta de entrada. Viktor parece entender, se viste a las carreas y ambos salimos.
A pesar de su entrenamiento diario llega casi jadeando al parque. Con malestar mira su reloj de pulsera y luego levanta la vista captando la figura de Yuuri que corre a toda marcha.
Espera a que termine para seguirlo a trote de vuelva a casa.
Yuuri entra al departamento, se limpia el sudor y toma su botella de agua. Mira la puerta de la recamara y espera a que esta se abra como todos los días sin notar que Viktor y yo lo estamos observando desde la entrada.
—Así que… ¿desde cuándo comenzaste a tener una doble rutina de entrenamiento? —Pregunta Viktor con tono alegre, sin embargo sus ojos desprenden reproche.
Sin pesarlo me coloco a un lado de Yuuri en forma protectora. Viktor es mi amigo, pero Yuuri no ha hecho nada malo además de complacerlo en todo lo que le pide.
—Yo…
—Mira Yuuri… —y por primera vez veo a mi amigo con una cara seria. Con su mano derecha peina sus cabellos hacia atrás dejando por escasos segundos todo su rostro despejado. Al regresar su mirada al frente parece haber recobrado la compostura. —No soy adivino. Sé que… muchas de mis experiencias no se comparan con las tuyas, que… vivimos de manera muy diferente, por eso, si tu no me dices que está pasando quizás cuando yo me dé cuenta sea demasiado tarde.
Yuuri tiembla, sus manos se aprietan en puños y ya no aguanta las lágrimas.
—Viktor… —murmura y siento un poco de coraje al ver como se desmorona tan fácilmente con tan solo unas palabras de mi amigo. —No se… —y no dice más.
Yuuri está asustado, necesita de un toque amable y pienso dárselo. Un empujoncito de valor.
Su mano al sentir mi pelaje y se aferra a él. Gimo un poco y él se arrodilla, se abraza a mí y luego desde esa posición mira a Viktor antes de confesar.
—Sé que no lo haces con malas intenciones, pero… no puedo seguir tu dieta. Yo… mi sistema no trabaja tan rápido y… he ganado dos kilos en este mes… —lo último lo murmura muy bajito, es casi un soplo de viento y ladea la mirada apenado. —Yo…
Viktor se cruza de brazos con un gesto de total reproche. Luego como se diera cuenta de que su actitud podría ser mal interpretada se acuclilla junto a nosotros, me acaricia los cachetes y con sin igual delicadeza me aparta para tomar las manos de Yuuri entre las suyas.
—Soy tu entrenador, debería haber recordado el dilema de tu peso, ese fue mi error y lo lamento. Pero también soy tu pareja y pensé que ahora teníamos la confianza suficiente para decir libremente lo que nos molesta. ¿Estoy equivocado?
—Viktor…
—Te repito, no soy adivino Yuuri, tampoco soy prefecto. Sabes, en el pasado he tenido novias, relaciones que nunca tome muy enserio y que, por lo tanto, nunca me importo profundizar conociendo a mi pareja. Pero tú eres diferente, quiero saber de ti, que puedas confiar lo suficiente en mi para llorar en mi hombro, para contarme tus penas, decepciones y angustias, así de esa forma cuando compartamos alegrías serán aún más especiales porque serán el fruto de nuestra fuerza combinada y del apoyo mutuo. ¿Qué dices? ¿Soy digno de tu confianza.?
Con un meneo de mi cola demuestro lo encantado que estoy de la madurez que está demostrando. Viktor como bien acaba de decir nunca tuvo la delicadeza de pensar en un futuro con ninguna de sus antiguas novias. Y de alguna manera eso me tranquilizaba, porque la mayoría de ellas estaba a su lado por la fama que representaba salir con el patinador pentacampeón, con la leyenda viviente y no porque solo fuera Viktor Nikiforov.
Yuuri es diferente, sé que cuando mi amigo deje el hielo y se dedique a flojear en casa, este muchacho tendrá la cordura de darle una buena patada y mandarlo a buscar en que desquitar su tiempo. Sé que le gritara cuando descuide su salud y lo atenderá afanosamente hasta que se recupere. Sé que estará a su lado hasta el último día de su vida y eso me tranquiliza porque estoy muy consiente de que yo no poder hacerlo.
Es bueno saber lo dejare en buenas manos, que a su lado hay alguien que lo ama tan incondicionalmente como lo hago yo. Que se preocupa por él y sabrá hacerlo feliz.
—Lo siento Viktor. Te prometo que no volveré a ocultarte cosas como estas.
Con cuidado de no estropear el momento lamo el rostro de Yuuri, no quiero que llore más. Él sonríe y me acaricia mientras murmura contra mi oído.
—Lo que paso en el baño el otro día… no se lo cuentes por favor. Te prometo que no volverlo a hacer.
Creo que se ha dado cuenta que fui yo quien lo ha delatado.
Yuuri se pone de pie y toma la mano que Viktor le ofrece. Hoy no abra un súper desayuno de tocino con huevo, panques con miel y mermelada y licuado de no qué. En lugar de eso una copa con fruta y cereal es puesta sobre la barra.
Soy feliz de ver a Yuuri comer sin culpa, solo espero que la dieta no sea también para mí. Yo si necesito mis croquetas rellenas.
¿Fin?
N. A.
Comunico que seguiré en la misma tónica de dejar abierto este fic para actualizaciones futuras a pesar de marcarse como concluido.
Atte: Ciel Phantomhive.
