A:
Zryvanierkic: tiene razón las mascotas son como angelitos en nuestras vidas.
Taurus95: My lady le dejo un pañuelo.
New comencement: Tomando en consideración sus palabras he decidido continuar este fic. Así pues disfrute de los capítulos venideros.
Tokiyasyo: Mil gracias por leer y aún más por dedicarme unas cuantas palabras.
Hana-Kitzu: My lady, la adoro. Cada que veo su nombre sé que hay alguien que de verdad aprecia mi trabajo del otro lado de la pantalla.
LD89: Espero de corazón que los subsecuentes tengan esa misma emotividad.
: Cualquier cosa que ponga en el comentario por mi estará bien. Lo que cuenta es saber que estoy logrando llegar a tocar sus emociones.
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Capítulo 4 ¿Amistad? o algo más…
Hoy es domingo y Yuuri está despierto. Lo sé. Sin embargo parece reticente a moverse un solo centímetro. Es una actitud un tanto extraña. Por lo regular yo no tengo ningún reparo en levantarme y salir de la alcoba en cuanto despierto, pero Yuuri sigue ahí, inmóvil, temiendo despertar a Viktor.
Aunque comprendo en cierta medida su temor.
Después de que Viktor supo de sus salidas clandestinas, de alguna manera su sistema se activó en modo alerta, así que ahora basta un leve movimiento en el colchón para que inconscientemente mi amigo se lance a abrazar el cuerpo a su lado con fuerza descomunal y si no lo encuentra despierta inmediatamente.
Pero hoy no creo que eso suceda, ayer se han acostado algo tarde después de un agotar día de entrenamiento que dejo completamente fuera de combate a Vitya. Baste con decir que no tuvo ni la fuerza para jugar entre las sabanas con Yuuri a la hora de dormir.
"No va a despertar" le aseguro a Yuuri entre gruñidos al tiempo en que tomo la manga de su piyama y tiro de ella para que se levante. Tengo ganas de salir, la mañana está fresca, el sol brilla y el barullo de las actividades enciende mi curiosidad.
―No, Makkachi ―sanciona Yuuri en un susurro débil que me hace gracia, tira de su manga para esconderla de mí, una reacción que solo logra que yo jale con mayor ahínco la prenda, esto me está divirtiendo. ¿A ver quién gana?
Por más que lo intenta Yuuri no logra controlar el tirón que doy pues he atrancado mi cuerpo con las patas y utilizado todas mis fuerzas halo hacía atrás. Cae de la cama con un golpe sordo que espero no le haya dolido.
Cuando veo que se sienta en la alfombra sin problemas y busca sus anteojos estirando la mano al buró, entonces doy varios brincos a su alrededor completamente satisfecho del resultado y de que no se haya lastimado.
Yuuri se incorpora con calma un tanto indignado, sin lograr evitar que una sonrisa divertida se dibuje en sus labios después de un rato de hacerse el difícil.
―Bien, ya estoy levantado, ¿Ahora qué? ―me pregunta mientras acaricia mis orejas.
"Adoro a este chico", me digo antes de salir de la habitación con él pisándome los talones. Llego a la puerta principal y rasco la madera.
―¡Oh! ―exclama y sin pensarlo toma del perchero su abrigo y gorro para salir a la calle conmigo a un lado.
Ya fuera, miro en ambas direcciones de la acera, no se hacía adonde quiero ir. Marcho en el mismo lugar entusiasmado y para cuando he decidido el rumbo no vemos frenados por…
―¡Oi, cerdo! ―gritan a un costado de nosotros y mi ánimo aumenta al ver que se trata del Yuri rubio. Mi paseo matutino está mejorando a cada segundo.
Ladro y salto, aunque sin ser tan efusivo como para saltarle encima, no… eso solo lo hago con nuestro Yuuri, y aunque el rubio huela a gato me agrada. Su actitud hacía Viktor puede que no sea la mejor, pero sé que se preocupa de él, que al igual que Yuuri y yo puede darle una amistad incondicional.
Mientras ellos hablan, yo me dedico a observar a las miles de personas que deambulan por las calles. Algunas solas y otras en pareja. Y no puedo evitar preguntarme… ¿En base a qué exactamente los humanos eligen pareja?
Yo me guio por mi olfato. Yuuri huele delicioso y aunque todos… incluyéndome lo consideramos pareja de Vitya, nunca los he visto demostrar un gesto más profundo, uno que denote deseo… ammmm pues… como lo llamarían ellos… reproductivo.
Veo el amor en sus ojos, un amor profundo y abnegado, además de percibir la almizclada esencia de Viktor que busca incitar a Yuuri a una situación más fecunda, pero este último… como que no parece muy cooperativo.
¡Claro! cabe destacar que llevo mucho, pero mucho de convivir con Vitya y reconozco casi todos sus estados de ánimo gracias al cambio de su aroma.
Así por ejemplo cuando está feliz, no feliz de colmillos para afuera… no, sino una felicidad real y desbordante, Vitya huele un poco más dulce. Cuando esta triste su aroma es más como a café recién hecho, y cuando tiene deseos de retozar con Yuuri se vuelve frutal. Es un mero ejemplo, no es que mi amigo sea uno de eso frascos con perfume que cambia de aroma, aunque…. ¡Ah! Ya me enrede. Ni siquiera sé porque termine pensando en un perfume.
Con una sacudida general de mi cuerpo me deshago de las ideas todas hechas nudos.
―¡Oh! Makkachi… ―se acuclilla Yuuri tras mi gesto, me rasca las orejas como disculpa por haberse olvidado de mí, o al menos eso me parece. ―Debes estar aburriéndote ―me dice, luego eleva su mirada al rubio. ―Vamos a dar una vuelta. ¿Nos acompañas? ―ofrece con voz dulce y el otro muchacho asiente tímidamente, tiene las mejillas sonrojadas y por estar perdido en mis pensamientos no he logrado escuchar la conversación.
Mientras caminamos tranquilamente, ellos más que yo, porque apenas llegar al parque quiero, insisto en que Yuuri suelte mi correa para poder mojarme en la fuente e intentar atrapar una de esas ratas voladoras.
Hoy si cazare una y se la llevare a Vitya, he visto que como aves, un poco más grandes que estas, pero… creo que una servirá al menos para el desayuno.
Al fin siento la libertad y corro como si mi vida dependiera de ello. Me lanzo contra las aves y todas vuelan.
Gruño un bajito, estoy algo molesto. Doy varios brincos y ya sin pensarlo me meto al agua de la fuente para bajar mi frustración. Avanzo dificultosamente, disfrutando en gran medida la frescura y resistencia que el agua opone en mi avance.
―¡Hey! pero que hermoso perro ―dicen en ruso. Me detengo y levanto la cabeza pues he sentido que la voz vino de mi espalda. Y así es. Hay un hombre rubio de ojos azules que me observa con emoción. ―Ven amigo, acercarte. ―Hace un ruido bastante común con la boca que sé es una invitación, sin embargo, a Vitya no le gusta que sea amigable con todo el mundo, por eso me aproximo un poco, cuando estoy a escasos centímetros y él sonríe yo haga mi jugada.
Me sacudo con fuerza salpicándolo tanto como puedo. Salgo del agua y me apresuro a regresar con Yuuri mientras él intenta limpiar el agua de su rostro.
―¡Ey, espera! ―pide, pero no pienso hacerle caso.
―Makkachi ― Yuuri está llamándome, seguramente se asustó de no verme cerca. ―¡Makkachi! ― exclama un poco sorprendido al verme regresar goteando agua. Con apuro se acuclilla, se quita la bufanda para comenzar a restregarla por mi pelaje y secarlo lo más posible. Aun hace frio y teme que me resfrié. ―Fue mi culpa, no debí descuidarte ―murmura preocupado exprimiendo con fuerza la prenda y volver a repetir el proceso.
―это ваша собака? (¿Ese perro es tuyo?) ―pregunta el hombre de antes señalándome.
Yuuri no necesita saber ruso para comprender entre líneas que es lo que quiere saber el desconocido. Me abraza protectoramente y asiente suavecito dejando que sus cabellos negros acaricien su mejilla.
El nombre rubio sonríe, sé que está mirando a Yuuri cuando pregunta.
―как ваше имя красоты? (¿cómo te llamas belleza? )
Yuuri ladea la cabeza. Esta vez no ha logrado descifrar absolutamente ninguna palabra de la oración.
―Disculpe, pero no hablo ruso ―aclara en su perfecto inglés y el varón rubio aumenta su sonrisa
―Ya decía que debías ser un turista ―comenta también en inglés y con aire coqueto. ―Quieres que te de un tour por la ciudad. Sera un placer para mi pasear con tan agradable compañía.
A Yuuri se le han coloreado las mejillas. Niega fervorosamente. Coloca la correa en mi collar y tiria amablemente, lo suficiente para que sepa que debemos irnos, y cuanto antes mejor.
―Gracias por la oferta, pero no soy turista y me están esperando.
―¿Entonces vives cerca? ―arremete el tipo apresurándose a caminar al lado de Yuuri. ―Si piensas quedarte un tiempo sería bueno que aprendieras ruso y…
―Ya estoy tomando clases. Gracias. ―taja Yuuri apretando la correa entre sus manos.
―No es igual aprender con un instructor que con un nativo. ―insiste y yo estoy comenzando a molestarme pues veo la incomodidad ir ganando terreno en los gestos de Yuuri. ―Además… avanzarías mucho con la pronunciación si tú y yo… bueno, si ayudo a tus labios a practicar…
Mientras suelta aquella propuesta sus dedos rozan descaradamente la tela de la chaqueta de Yuuri, y… hasta ahí llego este tipo.
Con todo el dominio del que cuento gruño fuerte y procuro morder esa misma mano descarada levemente. No lo suficiente para abrirle la piel, pero si para meterle un susto.
El hombre grita, más como una reacción que por el dolor y Yuuri tira de mí para estrecharme en su regazo. No me ha regañado. Pero cuando el sujeto intenta llegar a mí con una mirada de odio él se pone en pie y no se lo permite. Interpone su cuerpo entre el tipo y yo y sus gestos se endurecen.
―Makkachin es un perro muy sensible. No le agradan las personas insistentes. Además de tener un dueño muy celoso y consentidor que se molestara muchísimo como se entere de este altercado. ―Es una amenaza y no creo que Yuuri esté hablando de mí. ―Le repito, agradezco sus intenciones, pero no estoy interesado. Ahora si me disculpa.
Se da la vuelta y sin mirar atrás salimos del parque. Ahora que lo pienso ni siquiera note cuando se ha marchado el Yuri rubio.
Mientras caminamos a paso un poco más calmado ladeo mi cabeza sin poder evitar preguntarme ¿Estaba hablando de mi o de él? Vitya tiene un carácter simple de comprender, pero Yuuri… Yuuri parece el mar en calma que guarda en su profundidad corrientes peligrosas.
Al llegar a casa retira la correa para inmediatamente atraerme en un abrazo amoroso.
―Makkachi, ―murmura y yo espero paciente. ―Sé que no eres Vicchan, que no importa cuánto te consienta, no estoy enmendando ninguna de mis culpas para con él… fue mi mejor amigo de la infancia y… en momentos como hoy no puedo evitar pensar que te pareces tanto a él. ―Sus dedos se aferran a mí y le correspondo lamiendo su mejilla y alguna que otra vez sus labios. ―Cuando era niño muchas de mis lágrimas terminaron en su suave pelaje, me dormía aferrado a él evitando soñar con lo solitaria que era mi vida. Vicchan me protegía contra los abusivos. De hecho, él hizo exactamente lo que tú acabas de hacer hace un rato. En un arrebato de cariño mordió a uno de mis compañeros de primaria que me había empujado al suelo. Los padres del niño exigieron a mis padres que sacrificaran a Vicchan. Y yo… yo no podría vivir si alejaban de mi único amigo. Tome un par de cosas para mí y para Vicchan y salimos de casa esa tarde, no pensaba volver jamás.
―¡Yuuri! ―llama Viktor. Yuuri se levanta para atenderlo dejándome a mí con ganas de escuchar lo demás de la historia.
Viktor apenas verlo aparecer frente a él se lanza a abrazarlo efusivamente. Yuuri le corresponde con timidez antes de separarse suavemente. Una nueva duda nace en mi ¿Cómo habrá sido Vicchan? ¿Qué clase de carácter habrá tenido? Si estuviera vivo… ¿Él sería mi pareja? ¿Nos complementarios tanto como lo hace Viktor con Yuuri? ¿Nosotros deberíamos poner el ejemplo y enseñarles como tener crías? ¿Yuuri consentiría que yo, siendo mayor a Vicchan fuera su pareja?
Con forme las dudas me asaltan he terminado entrando a la recamara donde veo la cartera de Yuuri, usando mis colmillos, no con poca dificultad la abro, y está, el dulce rostro de un pequeño caniche alegre me mira desde la imagen. Su pelaje es más oscuro que él mío, y por supuesto sus ojos tienen un brillo de fuerza y determinación que contrastan en demasía con la bondad y fragilidad de Yuuri.
Cuando llegue a Hasetsu su aroma estaba tan impregnado en Yuuri que mi propio instinto me obligo a lazármele encima buscando la procedencia de aquella esencia que parecía llamarme.
Me dolió saber que yo no tuve tanta suerte como Vitya y que posiblemente mi pareja ideal hace mucho que se había marchado de este mundo. Por eso, cada que tenía la oportunidad terminaba frente al altar de Vicchan, contemplándolo en esa foto en donde posaba junto a un Yuuri tan pequeño que me cuesta creer sea el mismo que hoy se pasea por el departamento.
Aun si disfruto estando junto a ellos. Y estoy seguro que adonde quiera que este Vicchan y yo algún día nos encontremos y esperaremos pacientes a que Vitya y Yuuri nos den alcance después de una grandiosa vida, no puedo evitar sentirme un poco solo.
―Makkachi. ¿Por qué lloras? ―me pregunta Yuuri entrando al cuarto, seguramente mis gimoteos debieron llamar su atención.
Sus precios ojos miel me observan un tanto sombrados de lo que hay entre mis patas.
―Makkachi… acaso tu…
―Yuuri! ¿Dónde estás? Mira… encontré mi viejo álbum familiar y… ―Vitya guarda silencio mientras nos observa inquisidor. ―¿Me perdí de algo?
―No ―contesta Yuuri acariciando mi nuca con cariño. ―Por qué no vamos al sillón y me cuentas sobre ese álbum. Es más, podemos hacer palomitas. ―dice con entusiasmo Yuuri y Viktor sale entusiasmado rumbo a la cocina muy dispuesto a cumplir lo pedido.
Una vez solos Yuuri me regala un beso y con una voz por demás confidencial me dice ―Sé que se hubieran llevado de maravilla, él era tan maravilloso como tú. Ya mañana terminare de contarte como se resolvió nuestra pequeña huida. Por ahora… ―y saca la foto de su cartera para dejarla con cuidado sobre mi canasta de mimbre. ―Puedes quedarte con esto.
Yo ladro feliz agradeciéndole el obsequio ocupando mi cama y recostando mi cabeza junto a la imagen. Lo veo irse apresuradamente al escuchar como Viktor comienza a gritar desde la sala.
Sí, yo también creo que nos hubiéramos llevado de maravilla, ¿verdad Vicchan? Tanto que este departamento ya estaría lleno de cachorros.
Un momento…
Elevo la cabeza y miro de mala gana la puerta, justo por donde se ha ido Yuuri. Después de todo lo ocurrido y no he logrado tomar una postura clara de la relación de esos dos. Meneo la cola y dejo por la paz al muchacho. Yuuri algún día sedera a los encantos de Vitya, dejaran los juegos y pasaran a algo más serio.
¿Fin?
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N. A.
Sueñe con tierras lejanas y un mundo lleno de magia, con criaturas fantásticas y un amor trascendental.
Atte: Ciel Phantomhive.
