La canción "Amame como yo" de Manolo Galvan, es una melodía ya bastante añeja, pero no sé porque tengo la idea de que a Yuuri le gusta ese tipo de música.

Espero que disfruten este capítulo tanto como yo escribiéndolo.

¡Ah! Y hago referencia al episodio 3 de la serie.

Atte: Ciel Phantomhive.

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Capítulo 5 Momentos Vergonzosos.

Yuuri salió corriendo a todo lo que daban sus piernas, una velocidad que apenas logre mantener, nunca igualar, porque corría varios pasos detrás de él a pesar de mi esfuerzo.

Bajamos las escaleras, pasamos el vestíbulo, salimos a la calle, el parque y continuamos avanzando hasta llegar al puente en donde, como déjà vu es cucho a Yuuri decir, ―No puedo creerlo… ―su voz suena agitada y aun así noto la angustia que siente mientras aprieta las manos en puños y aumenta la velocidad. Y me pregunto ¿Cómo puede hacer eso? Me esfuerzo por no quedarme muy atrás. ―Viktor debe estar riéndose ―grita Yuuri con fuerza y yo ladro para hacerme notar y luego aulló acompañándolo en su dolor.

¡Oh! Sí, es la misma escena de cuando a Yuuri se le ocurrió comparar a Eros con el Katsudon. Sip también ese día salió corriendo y gritando lo avergonzado que estaba de que Vitya supiera de su muy inmadura forma de pensar.

Hoy no ha sido tan diferente.

Eran cerca de las seis de la tarde, Yuuri preparaba una cena ligera para él y una un tanto más elaborada para Viktor mientras yo acercaba mi plato para que pudiera colocar la mitad de un sobre de carne asada, solo la mitad o terminare sin apetito y Vitya sabrá que me he adelantado con un aperitivo. Hasta ahí todo normal.

Yuuri tarea una canción, su voz es suave y melódica. De hecho me sorprende gratamente en el momento en que eleva la voz y a todo pulmón parece perderse en la canción. Con el cucharon en la mano en sustitución al micrófono, se deja llevar por el sentimiento que le inspira la letra.

Ámame como yo te estoy amando

Quiéreme siempre te estaré esperando

Húndete en mis brazos tan ardientes

Alégrate con mis mañanas alegres.

Solo trae puesta una camisa de Vikto, los calcetines hasta media pantorrilla y las pantuflas peludas con carita de tigre que Yuri rubio le regalo. Supongo que es normal que se quede tan liviano de ropa pues se ha dado una ducha rápida apenas llegar del entrenamiento y, para que mentir, la verdad luce increíble.

Su cabello negro se mece con cada movimiento sensual de su cadera mientras se desplaza por la cocina picando cada ingrediente o colocando algún ingrediente.

El ritmo le sale tan natural que sin pensarlo brinco y salto a su lado mientras acompaño la canción con mis aullidos.

A Yuuri no le molesta, al contrario, toma mis patitas delanteras, una en su mano derecha y la otra en su cintura. Ambos bailamos desacompasados pues la pieza romántica, pero que importa, este Yuuri alegre y desinhibido es genial.

Desde que te conocí, me duele tu sufrimiento

Tanto amor que yo te di, tanto amor que no tengo.

Escucha quiero decirte, algo que siento muy dentro

Tendrás que amarme con fuerza por todo lo que te quiero

El coro esta por repetirse. Yuuri me suelta, toma aire listo para cantar el coro con mayor entrega y es entonces cuando yo lo veo, pero al parecer Yuuri no lo nota porque canta…

Ámame como yo te estoy amando. Quiéreme siempre… ―y hasta ahí quedo su arranque de inspiración al ver como Viktor lo contemplaba con los ojos azules casi fuera de sus cuencas debido a la sorpresa.

Yuuri da un prudencial paso atrás, su pecho sube y baja tan agitado como su respiración. Está entrando en pánico.

Viktor parece notarlo y cuando está apunto de moverse del marco de la puerta Yuuri sale despavorido a la habitación en donde se encierra. Yo le sigo y alcanzo a entrar, lo veo ponerse lo primero que encuentra a su paso y luego, bajo la atónita mirada de Vitya, sale cual bólido del departamento.

Y es ahí en donde comenzamos este relato.

―Pero que vergüenza… ―grita Yuuri a todo pulmón sin dejar de correr.

Yo ladro. No creo que sea vergonzoso bailar, pero así es Yuuri. Todo nervios, todo pudor… todo ostra hermética.

Corre como si la vida se fuera en ello.

Aunque debo admitir que cada vez que pasa algo como esto Viktor lleva dibujada una sonrisa tonta durante días y Yuuri cada vez que se percata de ello agacha la cabeza ocultando el tono rojo que tiñe su rostro hasta las puntas de sus orejas.

Vitya evitara sacar el tema durante unos días pero a la larga…

―Yuuri ―llama Viktor con tono dulce. ―Puedes verme a la cara por favor. ―solicita y Yuuri menea la cabeza negando.

Están sentados uno frente al otro en la mesa, el desayuno parece ser en ese momento lo que menos importa al lado del suspiro que deja salir Viktor. Está cansado de la mirada evasiva de Yuuri.

―Yuuri, yo…

―Lo siento ―se disculpa Yuuri y Vitya no sabe ni porque. ―Supongo que a estas alturas ya debería estar acostumbrado a descubrir cosas tontas sobre mí, pero…

Viktor sonríe, sonríe con esa increíble sonrisa con forma de corazón y los ojos brillantes que solo Yuuri puede hacerle mostrar.

―¡Ha que llamas tontas, si eso ha sido hermoso!

Yuuri ahora si lo mira de frente.

―Tienes una voz tan bonita y bien afinada… ―acota Viktor deshaciendo el espacio que los separa y derritiéndose cual helado al abrazarse del cuerpo de Yuuri. ―Yo… a pesar de gozar un tono de voz que muchos califican como seductor, la verdad es que soy muy malo para cantar, desentono como no tienes idea e… ¡hiciste cantar a Makkachin! Eso fue grandioso.

Yuuri estalla a carcajadas, ―¿me estás diciendo que prefieres que haga dueto con Makkachin en una canción de amor en lugar de contigo? ― se abraza de Viktor y sin pensarlo le planta un casto beso en los labios.

Un beso que solo logra aumentar en varios grados la felicidad de Vitya.

―Bueno, podemos intentarlo, solo no te burles de mi cuando no me salga ni la primera estrofa.

Yuuri lo abraza con mayor fuerza. Y por su mirada sé que está pensado algo así como: ¿Viktor haciendo el ridículo? ¡Eso es imposible!

Una idea que se borrara de su cabeza en cuanto lo escuche cantar. Sería tan malo que propusiera un concurso. Doy varios saltos junto a ellos para atraer su atención.

―Creo que a Makkachin le ha gustado la idea. ―menciona Viktor con entusiasmo.

¡Claro que me ha gustado! Si gano quiero un filete y dormir con Yuuri en la cama por una semana. Ladro entusiasmado y pongo mis patitas sobre las piernas de Yuuri mientras lamo su mejilla.

―¡Ah! No, eso sí que no Makkachin. Yuuri no puede ser tu premio. Canino tramposo, como sabes que voy a perder por eso…

―Viktor, pero que dices, Makkachin solo…

―Yo lo conozco mejor y se lo que está pensando.

Una guerra de miradas inicia entre nosotros dos. Mis ojos negros sostienen el reto de las pupilas azules de mi mejor amigo hasta que los ojos de Viktor lagrimean y parpadea. Ha perdido.

Ladro por demás contento. Me lanzo a los brazos de Yuuri mientras lamo sus labios con ganas.

―Acepto mi derrota, Makkachin, cuida bien de él… ―acota lloroso y cabizbajo desde el sofá de la sala.

Yuuri ríe ante la escena. Yo ladeo la cabeza y ladro. Está bien, me conformare con el filete.

Con un tímido tirón en su manga le pido a Yuuri que vaya a consolar a ese hombre mocoso que sufre por una tontería. Mientras veo a Yuuri sentarse a su lado y abrazarlo me digo, con todo ese melodrama no entiendo como Yuuri aun piensa que su mentalidad es infantil. Porque si ese es el estándar entonces Viktor está en pañales.

¿Fin?

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N.A.

Casi pegue el grito en el cielo cuando vi la cantidad de comentarios para este fic. Me hizo inmensamente feliz saber que les ha gustado.

Y si les doy la razón. Como que llevaba una tendencia medio melancólica la cual quise redimir con este capítulo. Espero haberlo logrado.

Sobre si Viktor canta bien o no… bueno, siempre he dicho que no se puede ser genial en todo.

Sin más les envió saludos a todas y todos lo que han apoyado esta historia.

Atte: Ciel Phantomhive.