Creo que este si es el capítulo final d esta historia. Y como broche de oro les dejo un apartado súper, mega especia. Espero que sea de su agrado y nos leemos en alguna otra historia.

.

.

.

Capítulo 8 Especial de:

Vicchan

Yuuri tomo su bolso, sus piernitas regordetas se tambalearon debido al peso y por un segundo, solo por un mini segundo lo vi considerar la posibilidad de dejarlo caer, de olvidarse de todo y simplemente salir corriendo a jugar al parque como un niño de diez años haría.

Está mirando a la nada. Sus delgados labios se aprietan en un rictus de seriedad impropio para su edad. Me pregunto ¿que estará pasando por su cabeza? En este momento sus ojos brillan como si por delante de ello miles de imágenes estuvieran pasando a una velocidad inverosímil.

Aprietos mis dientitos y con un poquito de remordimiento ladro para regresarlo a la realidad.

―Vicchan ―dice Yuuri en un tono de voz dulce.

Me sonríe, se acuclilla y acaricia mis orejitas. Doy una lamida feliz a su mejilla llenita. Él es tan lindo, el niño más hermoso de todo el mundo. Un chiquillo bondadoso de corazón blando. Sé que ambos somos aún muy jóvenes, que la vida es para nosotros una aventura que apenas comienza sin embargo, hay algo que tengo bien claro. Yuuri pertenece al hielo.

A pesar de lo que diga el tonto de Nishigori sé que algún día Yuuri lograra pararse en el mismo escenario que su ídolo. Que su esfuerzo se verá recompensado con aquella medalla que tanto ansia.

Hay veces, como hoy… cuando en lugar de alentarlo a ir a practicar me gustaría morder su pants y obligarlo a jugar conmigo. Quiero que se quede… quiero sentir sus suaves manitas acariciando mi pelaje y correr a su lado mientras recoge caracolas en la playa.

Quiero escucharlo gritar "Vicchan" con fuerza y que me regañe porque me he portado mal… pero sé que sería egoísta de mi parte interponerme en su sueño más preciado. Interponerme entre él y Viktor Nikiforov.

A mi puede llamarme Viktor, sin embargo, sé que cada que pronuncia ese nombre no es a mí a quien recuerda. No es por mí que ese nombre se deshace en su boca cual algodón de azúcar. No es por mí que tanto adora pronunciarlo en voz alta.

No me importa… no realmente, porque hasta que Yuuri logre llegar a Viktor, soy yo… Vicchan, quien tendrá su compañía y sus atenciones, aunque sean pocas.

―Eres un buen perro Vicchan ―me elogia Yuuri abrazándome fuerte contra su pecho, luego me deja en el recibidor y yo lo despido con un meneo de cola.

Soy un buen perro por él y para él. Porque no quiero que su madre lo regañe cuando vuelva recalcándole lo importante que es hacerse responsable de mí, o que Marí le llame la atención si llego a tocar cualquiera de sus pertenencias. Su padre se contentara en menear la cabeza ante cualquier destrozo y le pedirá a Yuuri que limpie mi desastre.

No, no quiero ver a Yuuri soltar un suspiro cansado mientras aguanta las regañinas o limpia el desorden.

Me hago bolita en una de las esquinas y ahí me quedo quietecito en espera de que él vuelva.

Fácilmente pasan al menos tres horas antes de que huela que está atravesando la puerta principal. Corro a su encuentro sin importarme nada. Yuuri siempre tiene una mirada amorosa y un cálido abrazo para mí.

―Yo también te extrañe ―me dice apretándome cual peluche en su regazo. Ladro feliz de tenerlo para mí solo.

Yuuri llega a su habitación aun con migo en brazos y me deposita con suma delicadeza sobre su cama, ira a darse un baño.

¿Cómo será Viktor? me pregunto al contemplar su rostro en la imagen de la pared.

Es decir… conozco su figura vista desde cualquier ángulo debido a los miles de poster que Yuuri atesora, así como en revistas y algunas fotografías más escondidas en lugares estratégicos de su cuarto. También he logrado apreciar su forma de patinaje cada vez que compite y Yuuri queda embobado contemplándolo deslizarse sobre el hielo.

Empero… necesariamente debe haber más.

En una entrevista Viktor muestra a su mascota y una parte de mí se emocionó. El ídolo de Yuuri tiene un caniche un poco mayor a mí.

―Su nombre es Makkachin ―me cuenta mi niño al tiempo en que junta nuestras narices en un beso esquimal que derrite mi corazón perruno.

No puedo evitar mirar la pantalla con detenimiento pues me ha cautivado su silueta. Mientras entrevistan a Viktor mi congénere mira a la pantalla y veo varios flas de cámaras captando su imagen.

Es más grande que yo, su pelaje se nota sedoso y… cualquiera puede ver que es feliz.

―Si yo fuera tan bueno y famoso como Viktor… tú también saldrías en portadas de revistas y todos elogiarían lo hermoso que eres ―me dice Yuuri sin despegar la vista de la pantalla.

Ladro y lo beso, no necesito nada de eso pues lo tengo a él. Yo solo necesito a Yuuri para ser feliz. Aunque… quizás no estaría tan mal conocer a Makkachin.

¿Qué olor desprenderán sus rizos? ¿Si nos encontráramos de frente me regalaría una mirada? Viktor miraría con ojos diferentes a mi Yuuri.

Viktor algún día sabrá que Yuuri existe y espero que sea lo suficientemente listo para ver más allá de lo físico y terrenal y valore esa admiración ciega y desmedida que le profesa. Ese amor que aunque hoy es solo infantil con el tiempo crecerá hasta convertirse en algo divino.

Y mientras eso ocurre voy a cuidar de Yuuri. Seré su amigo y su protector, su confidente y su consejero. Voy a ser fuerte por los dos si es necesario, y por sobre todo… lo alentare para que escale hasta donde esta Viktor Nikiforov.

Sé que puede, sé que lo hará…

.

.

.

Yuuri es una persona fuerte y perseverante. Gracias a esos atributos ha logrado llegar a la universidad y ganar varios campeonatos estales y nacional. Ahora y con apoyo de todos en su familia está pensando en viajar a otro país para continuar sus estudios y su entrenamiento.

¿Que no ha sido fácil? eso seguro. El trayecto a estado lleno de lágrimas, miedo, desesperación y dolor, pero Yuuri lo ha logrado y estoy muy orgulloso de él y feliz de haber contribuido a verlo escalar tan alto.

Yuuri me mira, sus expresivos ojos color borgoña no saben mentir. Ambos sabemos que esa partida será un adiós doloroso entre él y yo, porque nunca hemos estado lejos el uno el otro.

―Prometo volver… ―jura en susurro lastimero contra mis orejas. Sus dedos se aferran a mi pelaje.

Yuuri ha crecido tanto, ya no es el mismo chiquillo rechoncho que protegía, el que hoy se va es un adolecente responsable y decidido a cumplir su meta. Y si su familia no opuso quejas tampoco lo hare yo.

A pesar de que me duela su lejanía voy a dejar que se vaya. Lo despediré con felicidad y esperare pacientemente a que vuelva a Hasetsu, a que nos volvamos a encontrar, para retornar a sus brazos.

Pasa el tiempo, Yuuri llama cada mes y yo soy feliz de escuchar su voz, pero aún más cuando Marí baja la bocina porque él pregunta por mí, porque no se ha olvidado de mí.

Ladro fuerte, "te quiero". El ríe suavecito. "se fuerte", "te estoy esperando" gruño y digo esperando que mis intenciones se vislumbren a través de mi ansiedad.

―Yo también te extraño amigo ―responde y es en ese momento en que añoro aún más su calor, sus caricias y su respiración acompasada de cuando dormía a mi lado. ―Se buen perro Vicchan ―pide y a pesar de que no entienda lo que digo, le respondo "por ti seré bueno, pero vuelve pronto"

Las llamadas nunca duran mucho, pero me consuela saber que estaba bien.

.

.

.

Últimamente me he sentido un poco decaído, mis piernas no se mueven tan rápido como deberían y mi vista está un tanto nublosa, empero cuando Yuuri llama muy entusiasmado para contarnos que ha logrado llegar al GPF y vera a Viktor Nikiforov las fuerzas regresan a mí por unos instantes. Me sorprende que de todas las cosas que pudo presumir, su rutina, su vestuario… hasta de su logro en sí mismo, a él solo le interesa el hecho de que pisara la misma pista que Viktor. El hecho de que lo vera de frente.

Pasan los días y comienzo a sentirme mucho peor. No quiero darle problemas a la familia de Yuuri ni que cuando él vuelva a llamar le dan malas noticias. Si no ha cambiado… sé que mi estado de salud puede repercutir en su desempeño.

Lo que menos deseo es ser una carga emocional para él, no me perdonaría el hecho de que por mi culpa Yuuri perdiera.

Hoy es la final de GPF y Yuuri ha logrado quedar entre los 6 mejores. Todos en Yutopia están emocionados. La trasmisión será algo tarde por eso sus padres le piden a Marí que la grabe en su computadora portátil para poder verla a otro día, además de quedar como recuerdo.

Yo quiero ver a Yuuri, pero no estoy muy seguro si acércame a ella para que me deje verlo.

Pasan las horas y pronto oscurece, todo el hotel esta en penumbras, los padres de Yuuri ya se han retirado a descansar y es ahora en que siento hambre.

No he comido nada desde el día de ayer debido a mi malestar y aunque la familia ha notado mi decaimiento han decidido que si no mejoro en unos días me llevaran con el veterinario.

Mi estómago ruge, me acerco a mi plato de comida solo para encontrarlo vacío. Tengo hambre.

Un dulce olor llega a mis narices y veo sobre la barra, casi como una invitación, un plato de manjus. Me relamo los labios y no dudo en tragarme dos de un solo bocado. Es extraño que la mamá de Yuuri los deje a mi alcance.

Lo que siento es la falta de aire y como mi cuerpo, de por si débil, caer sin mi consentimiento sobre el suelo.

―Ayuda… Yuuri… ―gimo intentando con mis patitas delanteras sacarme aquello que se ha atorado en mi garganta. ―Yuuri… ―lloriqueo.

No duele, al menos no cuando todo se vuelve oscuro y después los miles de recuerdos se desprenden de mi memoria cual pétalos de una flor seca que arranca el viento.

―Vicchan… ―escucho su voz… no sé si es él o solo mi deseo de sentirlos cerca.

¡Ah! Yuuri... lamento no estar a tu lado cuando llames para anunciarnos que ganaste… o al menos haber podido verte una vez más. Y como si Dios quisiera concederme un último instante de felicidad puedo ver un lugar extraño atestado de personas.

Reconozco la pista de hielo y giro en todas direcciones buscando a Yuuri. Lo veo en una esquina…

No es el cuadro que espere encontrarme.

Todo Yuuri tiembla como gelatina, sus ojos brillan conteniendo el llanto y su boca dibuja una mueca amarga. ¿Por qué? ¿En donde esta ese niño que deslumbra sobre el hielo? ¿A dónde ha ido tanta felicidad?

―Vicchan… ―lo escucho susurrar mi nombre antes de entrar a la pista.

¡Oh! Yuuri, no quiero dejarte así, no de esta manera.

Quiero que seas feliz, quiero verte feliz…

Lamento no poder ayudarte, no poder consolarte tras cada caída, tras este cruel fracaso del cual al escucharte llamarme sé que soy en parte responsable.

Pero a donde voy estoy seguro Él me escuchara y voy a rogarle por un milagro, un milagro para mi Yuuri.

.

.

.

Lo veo abrir la ventana, luce desanimado y espero que él regalo que le hemos preparado sea de su grado. Sale con pala en mano listo para cumplir con la petición de su madre de retirar la nieve de la entrada solo para ser derribado al suelo.

―¿Vicchan? ―dice Yuuri con nostalgia y incredulidad. ―No. Es mucho más grande. ¿Eh? ¿No me digas que es…? No. no es posible ―murmura solo cavilando la posibilidad de que sea la mascota de cierto hombre. Una probabilidad en un millón.

―¿No es igualito a Vicchan? ―pregunta su padre a su espalda, luego le informa. ― Llego con un huésped extranjero bastante apuesto. Está en las aguas termales ahora. ―Yuuri sale disparado bajo la azorada mirada de su padre. ― ¿Qué pasa?

Lo veo correr como nunca antes, derriba todo a su paso sin importarle nada hasta que lo tiene de frente.

―Viktor, ¿Qué haces aquí? ―pregunta sin creer que es al real y no solo una alucinación a quien tiene enfrente.

―Yuuri, a partir de ahora seré tu entrenador. Y haré que ganes el Grand Prix Final ―asegura Viktor guiñándole un ojo.

Un gesto que manda la cordura de Yuuri de paseo. Su rostro es increíble. Es ahora que compruebo que mi petición, mi deseo para mi lindo humano ha sido el correcto. Viktor le dará lo que yo hubiera deseado.

¡Ah! Como desearía poder vivir esta nueva etapa de su vida a su lado. Verlo sonreír diariamente. Verlo por primera vez conforme con lo que tiene y disfrutando de solo hecho de respirar.

Mientras me alejo de Hasetsu rumbo a un lugar mejor puedo escuchar a Yuuri decir mi nombre mientras acaricia al otro caniche. Me alegro de vivir en su memoria, pero aún más en su corazón. Yuuri, algún día volveremos a vernos.

Hasta entonces… vive feliz.

Fin.

Mil gracias por su apoyo y sus comentarios. Por su tiempo y sus palabras.

Quedo de ustedes.

Atte: Ciel Phantomhive.