Sé que ya había puesto fin a este fic, pero no pude contenerme (T_T) vi un comic en donde Viktor les pide que escojan su traje para el programa corto, ya saben Eros y Ágape y como estos dos terminan jugando, incluyendo a Makkachin. Así que la idea afloro y bueno este es el resultado.
No me maten… por piedad, juro que ahora en las vacaciones de verano me pondré a terminar toda historia inconclusa.
Atte: Ciel Phantomhive.
.
.
.
.
Capítulo 9 Yuuri y Yuri
Es viernes por la mañana y Yuuri está tarareando en la cocina, en su actitud asoma la felicidad que siente y que deja ver al mundo en el brillo de sus hermosos ojos marrones rojizos. Y quizás para muchos esa actitud sea incomprensible debido a que Viktor estará fuera todo el fin de semana.
Creo que incluso si Vitya pudiera observarlo en este momento elevaría una de sus cejas platinadas un poco ofendido de que su ausencia pareciera no afectarle a Yuuri. Pero no es el caso y lo sé muy bien. La razón de su euforia se debe a que Yuri rubio pasara esos días con él.
La mayoría de las personas cuando ve a los tres juntos se pregunta ¿Por qué Yuuri soporta tanto abuso? Parece no importarle la actitud agresiva del ruso rubio contra él.
Solo Yuuri sabe la verdad, bueno, él y yo.
Son cerca de las dos de la tarde cuando escucho el timbre de la puerta, levanto la cabeza para ver como Yuuri abre e invita a pasar a Yuri rubio junto a…
―Lev… ―saludo sin ganas al gato himalayo que se roza contra las piernas de su dueño en un intento de ignorarme, no así con Yuuri a quien lo deja cargarle y hasta le regala una caricia y ronroneo.
Una vez lo colocan en el suelo me saluda ―Makkachin ― dice pasando de mi para tomar un lugar en sofá con la intensión de no dejarme subir sin importar que. Su actitud territorial me molesta y a pesar de tener el movimiento elegante de su especie, él parece carecer de la chispa de Laika que la convierte en una obra de arte viviente. En una deliciosa vista a contemplar cada que se desliza cual brisa marina.
Yuuri suelta una risita suave y Yuri rubio le imita, hablan sin parar durante la comida que por cierto es Katsudon. La sobremesa también dura un buen rato entre comentarios agradables.
Un rato más tarde Yuuri pasa corriendo junto a mí con un álbum de fotos en la mano, brinca el sofá para poner el mueble de por medio e incomodando a Lev. Yuri rubio le sigue de cerca intentando arrebatárselo de las manos. No está molesto, sus cejas siempre fruncidas en este momento se encuentran arqueadas mostrando su felicidad.
―No me retes Katsudon, entrégame ese álbum ―amenaza con la respiración agitada.
Yuuri tiene las pupilas dilatadas, cero rastros de cansancio. ¡Oh! Es obvio quien lleva las de ganar.
―Atrápame ―desafía Yuuri riendo mientras corre al dormitorio a esconderse evadiendo en el camino miles de obstáculos y colocando algunos para evitar que Yuri rubio lo alcance.
Yuri rubio se lanza en su persecución y en la seguridad de esas cuatro paredes resuena su dulce risa de adolecente. En este momento es el niño que niega ser con esa fachada de hombre duro que todos catalogan de rebelde. Es un joven disfrutando de la tarde de viernes sin tarea en la casa de un amigo.
Lev mece la cola ignorándolos por completo, odia la actitud infantil de Yuri rubio que solo muestra cuando de verdad se siente en confianza como ahora. Ignora a los jugueteos de los Yuri's e intenta retomar su siesta.
Yuuri es una persona bondadosa que sabe darse a querer y a pesar de las rencillas que pudieran haber tenido al principio, Yuri rubio ha sabido encontrar en Yuuri a un amigo fiable y cariñoso. Alguien que no lo juzgara y en quien pude apoyarse. Es como alguna vez lo oí decir, a escondidas claro está, mientras lo observaba sonreír al lado de su abuelo, que si hubiera tenido un hermano este sería como Yuuri.
Sé que Yuri rubio no tuvo suerte en esta vida, que sus padres lo dejaron, no por gusto, estando muy pequeño. Que su abuelo lo crio y debido a su recio carácter y dedicación al patinaje se vio sin verdaderas amistades, a la par de muchas rivalidades.
Yuri rubio creció dolorosamente, ídem a Yuuri, la diferencia es que el pelinegro tuvo a su familia apoyándolo todo el tiempo. Ambos han sabido leer en el alma del otro las tristes heridas que dejo su soledad y es por eso que quizás han decidido darse una oportunidad de acercarse mutuamente.
Una almohada sale volando y golpea a Lev con fuerza haciendo que se erice y gruña en respuesta. Otra más sale disparada y me golpean a mí en la cara. Uno tras otros los proyectiles cobran víctimas inocentes.
Lev se esconde tras el sofá remilgando y yo… yo tomo una de las almohadas que tiene Yuri rubio para intentar quitársela, dejando en claro a quién pertenece mi fidelidad y apoyo.
―Traidor… ―grita tirando del arma suave.
Yuuri ríe, se lanza sobre el rubio en un abrazo de oso que lo derriba sobre la alfombra y sin proponérmelo y arrastrado por su aura traviesa me veo lamiendo las mejillas de ambos.
Terminado su pequeño juego es hora de cenar, piden pizza a domicilio y se sientan a ver una película de terror, un gusto del que Yuuri debe abstenerse porque a Viktor le da un infarto con ese tipo de género.
Poco a poco la comida chatarra se va amontonando, bolsas de palomitas, refrescos y frituras. Cuando dije película no esperaba que estos dos pensaran en una maratón de ocho horas continuas.
La mañana del sábado los encuentra a ambos desparramados sobre los sillones. No me gusta molestar, pero son cerca de las once y ya tengo hambre, además de que necesito salir a… "pasear".
Beso a Yuuri para despertarlo amablemente, tal y como he visto hacer a Vitya. Yuuri gruñe un poco y murmura el nombre de mi amigo.
―Así nunca lo vas a despertar ―dice Lev desde la parte alta del sofá. ―Mira, así se hace… ―afirma antes de lanzarse sobre la cara de Yuri rubio.
Yuri rubio se levanta de un salto y cae del sofá en un golpe sordo que despierta a Yuuri. Lev ríe contento de su hazaña y para mi completo asombro Yuri en lugar de enojarse lo toma de las patas delanteras para abrazarlo con fuerza y cariño.
Yuuri sonríe con ternura ante la escena, se pone en pie y sus dedos rozan casi imperceptiblemente la cabeza rubia en una caricia etérea.
―¿Dentro o fuera? ―pregunta Yuuri y Yuri rubio le sonríe con alevosía.
―Dentro Katsudon, quiero un buen desayuno al estilo japonés.
Yuuri ríe quedito, al parecer esperaba poder saltarse el deber de cocinar esa mañana.
Mientras el desayuno está listo Yuri rubio se ofrece a sacarme de paseo, no es una caminata larga ni el recorrido a trote que normalmente hago en compañía de Yuuri y Vitya, pero es agradable. Varios conocidos me saludan al pasar y preguntan por mis dueños.
¡Oh! Mis dueños… ellos ya dan por hecho que Yuuri es y será de ahora en adelante parte de la vida de Viktor. Es bonito como esa palabra toma significado, mis dueños. Para mi ellos son mis amigos… mi familia. Haría cualquier cosa por velos sonreír.
―¡Ey! Plisetsky ―gritan a nuestra espalda y veo a un muchacho de su edad de Yuri rubio acercarse con gesto déspota.
Inmediatamente le gruño para que mantenga su distancia. Ni Vitya ni Yuuri estarán felices si saben que deje desprotegido a este chico.
―¿Que… ahora te van los perros? ―se burla mientras intenta arrebatarle la correa.
―Aléjate de mí Aleksey, la última vez terminaste con algo más que un labio roto, ¿lo recuerdas?…
―Y tú por poco y en la correccional… ―Yuri rubio aprieta los labios. ―Si no mal recuerdo fue por el metiche idiota de Nikiforov que te salvaste de perder tu oportunidad de participar en ese concurso de maricas.
No lo soporto más, ladro pelando los dientes y mi pelaje se eriza, como puede alguien menospreciar algo tan bello como es la interpretación sobre hielo. Este chico debe ser ciego o unr un imbécil y mira que no van los insultos, pero es que se merece eso y mucho más.
―No podía esperar menos ti Plisetsky, esconderte tras un sarnoso perro… ―insulta y da un prudencial paso atrás.
Puedo ver la ira ir subiendo a niveles insospechados en el rostro de Yuri rubio, se muerde el labio y sé que va golpear al joven frente a él.
Yuri levanta la pierna y asesta una potente patada que seguro mandara a este fanfarrón directo al hospital e internamente me alegro de eso.
Lo que nunca esperamos ver es a cierto pelinegro bien conocido por nosotros interponerse y recibir el golpe de lleno.
Yuri rubio pasa del enojo a la más pura preocupación y el otro muchacho lo mira asombrado sin entender la razón de aquella acción. Nosotros tampoco lo entendemos.
―Golpear a la gente no es una buena forma de arreglar las diferencias ―murmura Yuuri sentándose dificultosamente y mirando con odio al muchacho que insulto a Yuri rubio. ―Así como tampoco es de "hombres" andar por ahí provocando a la gente.
El otro muchacho lo mira y es en ese momento en que lo reconoce.
―Tu eres Katsuki Yuuri, el maldito japonés que…
Yuuri afila la mirada antes de soltar ―Te recomiendo que midas tus palabras porque de lo contrario te juro que te arrepentirás del día en que te cruzaste en mi camino.
El chico tiembla en su lugar, la mirada siempre dulce y amable de Yuuri ha desaparecido dejando en su lugar una amenaza de muerte que a cualquiera le pondría los pelos de punta. Una mirada muy lejana a la de eros que tanto ama Vitya, y aún más distante de su ágape. Estoy presenciando una mirada nueva que revela su sentido protector. Una que hasta hora quizás ni él sabía tenia.
―No quiero volver a verte remotamente cerca de Yuri. ¿Entendiste? ―dice poniéndose de pie y encarando al pobre muchacho que asiente con la cabeza. ―Ahora lárgate antes de que decida regresarte cada insulto de una manera menos suave.
El joven sale despavorido como si lo fuera correteando el mismo diablo.
Yuuri permanece un rato ahí parado mirando el suelo, luego de eso se gira hacia Yuri rubio y lo abraza con fuerza. No dicen nada y los tres regresamos al departamento en silencio.
Apenas cerrar la puerta Yuuri vuelve a abrazar a Yuri rubio y pregunta.
―¿Desde cuándo?
Yuri rubio frunce el entrecejo y responde. ―Si me invitas un trago te lo cuento todo…
Yuuri lo duda, Yuri rubio aun es menor de edad, sin embargo suelta un suspiro y asiente. Yuri rubio sonríe tristemente antes de agradecer su comprensión.
La botella esta sobre la mesa y ellos frente a frente. Yuri rubio comienza a relatar como los insultos comenzaron desde el mismo instante en que sus padres fallecieron, como era tachado de huérfano y marica por practicar patinaje y ballet. Desde entonces a tenido que soportar a personas como ese joven.
También le cuenta la alegría que sintió al conocer a Viktor, aunque esto nunca lo admitiría frente a su compatriota, la admiración que siente por él y cariño que le tiene a Yakov por impulsarlo y soportar sus desplantes.
Como con el tiempo se fue dando cuenta de que a pesar de su barrera nunca estuvo del todo solo. Y termina hasta confesando lo afortunado que es de tener a Beka, apodo cariñoso de Otabek, y a él.
Yuuri se sonroja ante este último comentario. De antemano sabe que está mal dejarlo beber, pero comprende que a veces es necesario un pequeño empujón para dejar salir todo ese veneno que nos corroe por dentro, sin ir más lejos Yuuri le revela que él mismo se embriago en Detroit cuando apenas tenía 16 y que fue Phichit quien escucho atento toda su amarga historia.
―Pero ya no debes preocuparte Katsudon ―afirma tambaleante Yuri rubio. ―Yo voy a protegerte.
Yuuri ríe, esa risa fácil avivada por el alcohol o al menos eso creo, porque mucho después noto que su rostro no muestra signo alguno de borrachera.
Son cerca de las siete, afuera ya está oscuro y Yuri rubio a encontrado algo por demás interesante.
―¡Ey! Katsudon… nunca me dijiste si el anciano te mostro su colección de medallas ―menciona y se mese un poco de lado a lado.
Yuuri entrecierra los ojos, está planeando una travesura. Sus labios se curvean un poco y se muerde el labio inferior de forma deliciosa antes de decir.
―Te las enseño si modelas los trajes que uso Viktor en la liga Junior.
―No me involucres a mí en tus tontas fantasías y fetiches… pervertido ―se niega Yuri rubio dejándose caer en el piso.
―No es una fantasía… simplemente es que eran tan liiiindoooos… él jamás volverá a lucirlos y a mi… a mí no me quedan ―lloriquea un poco se tapa la cabeza y en cuatro patas se acerca al adolescente.
Yuri rubio le acaricia la cabeza como lo haría con su gato. Ok, tal vez si están algo bebidos.
―Está bien… está bien… no llores ―hipa y el rubor en sus mejillas aumenta. ―Lo cerdos valientes no lloran. Vamos pues… donde están
Yuuri corre a la habitación y saca todos los trajes diamantinos. Las lentejuelas inundan la cama y yo me aproximo con curiosidad.
―Primero este… primero este ―solicita elevando uno de color azul marino y blanco.
―Ese no me gusta… voy a parecer un guacamayo… ―se niega rotundamente mientras su vista cae sobre otro traje. ―Este no se ve tan pequeño, pruébatelo.
Yuuri frunce el ceño y niega. ―Lo he intentado, no me quedan de… ―y guarda silencio, sus manos cubren su rostro que se ha puesto más rojo que una granada.
Yuri rubio hipa, saborea su boca seca e insiste. ―¿De dónde? Yo no veo que hayas recuperado tocino… ―y vuelve a hipar.
Yuuri se niega a verlo a la cara y menea la cabeza negando, no quiere contestar.
―Me vas a decir de donde, porque es una compensación a toda la maldita confesión que te hice hace rato ―exige Yuri rubio.
―De las caderas… ―grita Yuuri. ―No me queda de las caderas y del... ―y su mano instintivamente sujeta uno de sus glúteos.
Yuri rubio dibuja una "o" con los labios, sus ojos verdes van directo al trasero de Yuuri, igual que los míos, y luego se suelta a reír a carcajadas. Se sujeta el estómago y se dobla de la risa, se deja caer el suelo y su dedo apunta descaradamente a esa parte de la anatomía de Yuuri.
―Había oído hablar sobre eso… ―ríe entrecortadamente. ―que se les hanchan cuando tienen mucho sex… pero nunca pensé que… ―y se atraganta con su saliva. Tose e intenta recuperar el aire.
Yuri rubio se muerde el labio intentando controlar el ataque de risa, creo que hasta se le bajo la borrachera. Estoy listo para consolar a Yuuri quien sigue muerto de la vergüenza, cuando un aroma capta mi atención, meneo la cola y salgo del cuarto.
¡Oh! Estaba tan entretenido mirando a Yuuri y Yuri rubio que no me di cuenta cuando Viktor entro a la casa. Con un dedo sobre sus labios mi amigo me pide que guarde silencio. Está escondido detrás de la pared y escucha la conversación de los dos Yuri con atención.
―Makkachin… ―llama Yuuri y yo no sé si regresar con ellos. Viktor me empuja suavemente dándome permiso, lamo su mano y vuelvo con ellos.
―Vamos a jugar, tu serás Viktor el gran juez que… ―informa Yuuri mientras coloca una corona de rosas azules sobre mi cabeza. Me besa y se abraza a mí y por primera vez agradezco a Dios ser el perro de Viktor. Yuuri es tan dulce.
―Eso es injusto, sabes que te prefiere a ti, voy a perder… ―se queja Yuri rubio.
―Bueno, si Lev se dejara poner un disfraz tendrías alguna oportunidad, pero…
―Yo no tengo la culpa de que mi gato tenga dignidad.
Ese último comentario me dolió y solo por eso beso la mejilla de Yuuri proclamándolo vencedor de cualquier cosa que piensen hacer.
―Ves, ya desde ahorita muestra su favoritismo, juez corrupto ―se indigna.
Se prueban casi todos los trajes entre risas, Yuri rubio no pierde oportunidad de incomodar a Yuuri señalando su bien dotado derrière. Al final terminan durmiéndose sobre la ropa sin la menor culpa. Hasta roncan. ¡Ay! Estos niños. Lev se acerca y se acurruca junto a su dueño y yo estoy por hacer lo mismo cuando recuerdo la presencia de mi amigo.
Salgo de la habitación en busca de Vitya pero no lo encuentro.
Lunes por la mañana Yuri rubio ayuda en el aseo de la casa y después de un buen desayuno se despide alegando que no desea verlos derramar miel cuando llegue Viktor a esos de las tres.
No pasa mucho tiempo, a las doce Viktor hace acto de presencia como si nada. Yuuri le recibe contándole que estuvo muy aburrido sin él y lo mucho que le ha extrañado.
Viktor sonríe, tanto él como yo, ammm… más yo que él, sabemos que el fin de semana no tuvo nada de aburrido para Yuuri. Se encamina a la habitación a dejar su equipaje, yo le sigo pues al igual que Yuuri me ha hecho falta.
Apenas estar solo en el cuarto Viktor suelta un suspiro. Sonríe y mira sus trajes, todos acomodados en prefecto orden. Acaricia la tela de uno y su felicidad amplia la curvatura de sus labios.
―¿Quién diría que esos dos se divierten a mi costa? ―pregunta y luego me mira. ―No vayas a contarles que llegue desde ayer. Hay cosas que solo deben quedar entre dos, ¿de acuerdo amigo?
Yo ladro, por supuesto. Yuri rubio debe mantener su fachada de chico rudo.
―Viktoorrr…. Quieres un aperitivo antes de la comida.
Vitya se muerde el labio corre a la salida y cierra la puerta. Me ha dejado encerrado. Estoy por empezar a reclamar que abra cuando lo escucho decir.
―Por supuesto, tengo hambre de Katsudon...
―Viktor… espera, en la cocina no… Viktor, VIIIIKKTOOOOORRRRRRRR…
Mejor espero aquí me digo antes de subirme a la cama e intentar dormir.
Fin.
.
.
N.A.
Si tienen alguna idea o sugerencia es bien recibida. Saben que me encanta saber de ustedes.
Atte: Ciel Phantomhive.
