PARTE 9 Tú eres la que Vive en mi

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Honoka se miró al espejo una vez más. Recordaba sus propias palabras, que no debía colarse en el paseo de Nagisa con Hasekura, pero por alguna razón que no podía identificar estaba inquieta desde que Nagisa fue a verla antes de ir a su "cita" para dejarle a Mepple y que éste pasara el rato con Mipple mientras iba en su paseo. Nagisa no estaba precisamente nerviosa, sólo un poco incómoda, o al menos eso fue lo que Honoka leyó en su gesto, así que decidió hacer todo lo que no debía hacer:

Seguirla.

Mepple y Mipple poco y nada hicieron para detenerla, al contrario, la ayudaron a elegir un disfraz adecuado para no resaltar mucho y poder vigilar a Nagisa. Ellos también sentían un algo que no podían explicar pero que no los tenía totalmente tranquilos. Además, podrían pasar un rato en el parque de todos modos, Honoka los regañaba mucho menos a comparación de Nagisa y no les reprochaba que se coquetearan constantemente.

"¿Y bien? ¿Qué tal me veo?" Preguntó Honoka mientras les mostraba su ropa a los pequeños, incluso dio una vuelta con los brazos extendidos.

"¡Pareces otra persona-mepo!" Exclamó Mepple con asombro. "Casi no te reconozco-mepo".

"Te ves como un chico guapo-mipo", comentó Mipple con tono divertido. En ese momento tanto ella como Mepple concentraron su energía y pudieron abandonar su forma de teléfono de juguete para poder adoptar su forma normal. Seguían pareciendo un par de peluches pero al menos podían moverse por cuenta propia. Todo gracias a la Piedra Prisma que las chicas recuperaron del gigantón.

"La ropa de tu papá te queda muy bien-mepo".

Honoka rió un poco. Ciertamente, los pantalones de juventud de su padre le sentaron bien, bastó con ajustarlos con un cinturón, agregar una camisa, una chaqueta de piel y una gorra bastante genial gracias a sus aires vintage que complementó bien el conjunto. Su cabello estaba recogido debajo de la gorra. Que la cereza sobre el pastel fuera el par de repuesto de sus gafas de lectura, aderezaba mucho su encanto natural. Era una suerte que guardaran un montón de cosas viejas en la bodega de la casa. Tomó una mochila y dejó que Mepple y Mipple se metieran en ésta, podrían hacerse pasar por peluches si era el caso. Además cargaba con un termo con té y unas galletas de arroz para ella misma.

"Sólo nos aseguraremos que Nagisa esté bien", dijo Honoka más para sí misma que para sus amiguitos. Ahora sí se sentía como una delincuente haciendo actividades ilegales como seguir a alguien sin su consentimiento ni conocimiento.

"Además no quieres dejarla sola-mipo", comentó la princesa con una sonrisa linda.

"Haces demasiado por esa cabeza hueca-mepo", se quejó Mepple pero de inmediato sonrió y bromeó. "No deberías quererla tanto, la vas a malacostumbrar-mepo".

Honoka se echó a reír y se colgó la mochila al hombro de muy varonil manera.

"No puedo evitarlo", respondió la chica sin pena alguna. "¿Entonces pueden ocultar mi presencia? Últimamente tanto Nagisa como yo podemos percibirnos mutuamente cuando estamos cerca. Según lo que he calculado, podemos sentirnos dentro de un rango de medio kilómetro y ubicarnos la una a la otra", un dato bastante exacto, esa era la distancia entre la estación de tren y la entrada de la escuela, esa fue su manera de medirlo.

"Sí-mipo, no es complicado, ahora mismo incluso podemos ocultar nuestra propia presencia temporalmente-mipo, por si necesitamos escondernos de los enviados de la Oscuridad-mipo".

"Me alegra escuchar eso, entonces se los encargo mucho, por favor. No quiero molestar a Nagisa en su paseo", pidió Honoka con una sonrisa. "¿Nos vamos?"

"¡Sí-mepo!"

"¡Sí-mipo!"

Y los tres salieron de la casa de los Yukishiro ante la divertida mirada de la abuela, que sólo les deseó suerte y que la pasaran bien.

Por su lado, Nagisa y Hasekura entraron al parque de diversiones más popular de la ciudad, "Angel Land", justamente a las once con treinta de la mañana. Tenían todo ese día para pasarla bien y al menos Nagisa estaba mentalizada para pasarla bien. De hecho todo estuvo bien hasta que los futbolistas mencionaron la palabra "cita". Lo que Nagisa entendía por cita era algo especial y más romántico incluso, de hecho parecía serlo porque estaban ellos dos solos, en pareja. Con la única persona con la que Nagisa se sentía cómoda usando la palabra "pareja" era con Honoka, después de todo ella era su pareja de combate, amiga y compañera de clases.

Compartían un lazo incluso más profundo que eso, uno que le gustaba y que pese a lo apresurado que podría parecer, le era cómodo. Le gustaba mucho.

Ojalá estuvieras aquí, Honoka, fue el sincero pensamiento de Nagisa. Mismo del que salió cuando Hasekura le tocó brevemente el hombro, haciendo que se sobresaltara.

"¿A cuál quieres subir primero?" Preguntó el sonriente Hasekura.

"Oh, bueno", Nagisa miró a su alrededor y señaló el juego de las tazas giratorias, "¡vamos a ese primero!"

"¡Genial, vamos!"

Y ambos corrieron a la atracción elegida. Justo en ese momento Nagisa sintió que esa tonta idea de la cita que no era cita al fin dejaba su cabeza en paz. ¡Había ido ahí para divertirse con un amigo y así lo haría!

Y de hecho así estaba siendo. Hasekura y Nagisa, siendo deportistas llenos de energía y de vigor, se subieron a todos los juegos mecánicos más extremos y vertiginosos que se les cruzaron. En más de una ocasión, Nagisa se preguntaba si a Honoka le gustaban los juegos mecánicos como esos. Es decir, su amiga propuso la idea de visitar el parque juntas después, lamentaba que no fuera ese mismo día. Sería mucho más divertido.

Luego de hora y media estaban listos para mostrar su valía en los juegos de destreza. Nagisa se sentía con confianza, su puntería era buena. Hasekura también así que su paso por los stands de juegos de destreza se transformó en un duelo de habilidades en toda regla. Hicieron una parada en un stand de tiros de dardos, los mejores premios se ganaban reventando cierta cantidad de globos de determinados colores. Más que por su orgullo como atleta consumada, Nagisa en serio quería ganar uno de los premios de ese stand:

Había un peluche muy, muy lindo con forma de instrumento de laboratorio que moría por regalarle a Honoka. No era demasiado grande y se vería genial en su cama, ya podía imaginarlo entre las almohadas y ahora tenía la imperiosa necesidad de ganarlo para su amiga. Deseaba ese peluche para Honoka.

"¿Necesitas ayuda?" Preguntó Hasekura al ver que Nagisa había fallado su primer intento. Por su lado, él tenía un peluche sencillo que ganó con cuatro tiros bastante buenos.

"No, gracias, esto es algo personal. Ese peluche en especial lo quiero para una amiga", informó Nagisa mientras señalaba el premio. Enseguida se palmeó la cara para concentrarse mejor, no pensaba fallar. No tenía permitido fallar.

"Para Yukishiro-san, ¿verdad?" Preguntó un sonriente Hasekura.

Nagisa se sonrojó al quedar en evidencia, tampoco que pensara negar que el peluche era para ella, pero… ¿En verdad era tan obvia?

"Sí, es para ella", murmuró, apenada.

"Entonces concéntrate, Misumi-san, eres bastante fuerte y habilidosa", dijo el chico con alegría, animándola a su manera. "¡Puedes hacerlo!"

"¡Sí, lo haré!"

Y Nagisa lo intentó de nuevo. Cuatro globos negros, tres blancos y dos rojos, esos eran los que necesitaba reventar para ganar el anhelado premio. Tomó aire, cerró los ojos y lo primero que le llegó a la cabeza fue el gesto sonriente de Honoka al recibir el peluche, ¡sería el primero en su dormitorio! Quería quedarse con semejante honor. Pensar en ello la emocionó mucho. Abrió los ojos, sonrió y comenzó a lanzar los dardos uno tras otro con la misma seguridad que la llenaba cuando jugaba lacrosse.

Y lo logró.

Hasekura celebró de manera escandalosa y Nagisa abrazó el premio con emoción apenas lo recibió, con tanta alegría que incluso besó la carita del peluche en su arranque de felicidad.

"¡Lo hice!"

"¡Buen trabajo, Misumi-san!"

"¿Vamos a comer algo? Comienzo a sentir hambre".

"Por aquel lado vi que vendían hot-dogs que se veían deliciosos, ¿vamos?"

"¡Vamos!"

Y fueron.

Por su lado, Honoka sentía alivio al confirmar que todo iba muy bien con el paseo de Nagisa. Veía a su amiga de buen humor, además, lo que presenció en los stands de destreza la dejó con el rostro sonrojado. ¿Nagisa en serio ganó ese peluche para ella? Su amiga no tenía ninguna necesidad de ser tan genial. Se regañó a sí misma por arruinarse la sorpresa pero trataría de fingir al menos. Su alegría sería genuina, eso sí.

Miró a Mepple y a Mipple, que comían dentro de su burbuja compartida. Ellos no podían comer comida humana, o al menos aún no según dijeron. Su forma normal tampoco la podían conservar mucho tiempo porque se requería bastante energía. Y pese a que Nagisa la estaba pasando bien y Hasekura se portaba como un buen chico, Honoka aún no podía sacudirse esa extraña sensación del pecho. No sabía qué era pero no estaba tranquila, así que siguió a Nagisa y a Hasekura manteniendo la misma prudente distancia.

Los vio comprar su comida y de ahí ir a descansar a un sitio un poco más tranquilo y privado del parque. Fueron a una zona de largos bancos que en ese momento estaba vacío. Terminaron su comida en silencio y ambos estaban listos para seguir, o al menos eso pensó Nagisa. Hasekura simplemente miró el cielo con una sonrisa.

"Me estoy divirtiendo mucho, Misumi-san", dijo Hasekura para enseguida mirarle.

"Yo también, muchas gracias por invitarme, Hasekura-kun", respondió Nagisa con una sonrisa enorme. "Me alegra mucho que seamos amigos".

"Oh, sobre eso", el chico se puso repentinamente serio, se puso de pie y encaró a Nagisa, sorprendiéndola un poco. "Verás, Misumi-san, hay algo que deseo de ti", dijo con un tono de voz profundo e incluso se acercó un paso más a ella.

Nagisa, por instinto, se levantó de la banca y retrocedió dos pasos. Se puso muy nerviosa, ¿acaso pensaba pedirle de nuevo que salieran o algo? ¿Intentaría otra cosa? ¿Trataría de besarla o algo? Había algo realmente extraño en el basquetbolista que la tenía intranquila.

"Hasekura-kun, ¿qué pasa?" Tragó saliva y ella misma se envalentonó para pararse con firmeza y encararlo. "Lo siento mucho, ya te dije que no puedo salir contigo como novios".

"Oh, no busco eso, Mi-su-mi-san", la sonrisa del chico se deformó de manera extraña, se tronó los nudillos. "Lástima que no lo traes contigo ahora mismo, pero si me deshago de ti de una buena vez, ir por tu compañera será más fácil… Je, je, je…"

La voz distorsionada del chico en esas últimas palabras encendieron todas las alarmas de Nagisa. Y fue justo en ese momento cuando sintió una oleada de energía oscura que enrareció el ambiente a su alrededor, como si fuera de noche, como cuando atacaban en la escuela, ¡pero no estaban en la escuela! ¿No se supone que los enemigos no podían estar lejos del Portal Oscuro en la escuela?

Fue en ese momento que el cuerpo de Hasekura comenzó a deformarse hasta convertirse propiamente en quien era en realidad: Poisony.

"Te tengo, niña".

Nagisa, por mero instinto, escondió el peluche en su espalda mientras retrocedía dos pasos más. Maldijo para sus adentros.

"¡¿Qué hiciste con Hasekura-kun?!" Preguntó, apurada por el chico.

"Oh, ese niño", la villana puso un gesto aburrido. "Nada, no me interesa, lo que me interesaba era acercarme a ti… ¡Y al fin te tengo, Guerrera de la Luz!" Sin más dilación se lanzó al ataque. Y como ya se lo esperaba, la chica la evadió con una agilidad bastante natural. Aunque le gustaba quitarle méritos a sus compañeros caídos por pura diversión, reconocía que la habilidad de las guerreras legendarias incluso cuando no estaban transformadas era de cuidado.

Siguió atacando hasta eventualmente acorralar a la chica contra un faro, estuvo a punto de clavar sus garras en el pecho de la humana, pero en lugar de eso, su mano acabó en el duro metal del faro junto con trozos de tela y algo de sangre. El faro cayó. Una veloz sombra se había llevado a su presa.

Honoka llegó justo a tiempo, corrió como nunca antes había corrido para empujar a Nagisa y alejarla del peligro. Quedó herida en el brazo pero nada que fuera grave, además se iba a curar apenas se transformaran. Sus gafas y gorra cayeron en el camino. Acabó en el suelo encima de Nagisa, el peluche quedó tirado a metro y medio de ellas.

"¡Nagisa! ¿Estás bien?" Preguntó Honoka, apurada.

Nagisa abrió los ojos y de nuevo se vio acorralada debajo del cuerpo de Honoka. Cara a cara con la guapa Yukishiro Honoka, ésta vez sus narices casi se tocaban por lo cerca que estaban. ¿Acaso se iba a convertir en costumbre? Pero no tuvo tiempo de sonrojarse, notó el brazo herido de su compañera y eso la preocupó mucho.

"¡Honoka, estás sangrando!" Gritó con horror, pero el siempre calmado gesto de Honoka la tranquilizó de alguna manera. Su amiga tenía esa magia.

"Me curaré apenas nos transformemos", dijo Honoka con una sonrisa y miró su mochila. No sentía dolor alguno gracias a la adrenalina. "¡Mepple, Mipple!"

Y el pequeño par de seres de Luz salieron de la mochila a toda prisa, tomaron su forma de teléfonos y terminaron en las manos de sus compañeras humanas. Nagisa y Honoka se miraron entre sí, asintieron con firmeza y bastó tomarse las manos para disparar su cegadora transformación.

Poisony tuvo que cubrirse los ojos. Esas dos eran muy brillantes al simple contacto físico, verlas directamente era complicado cuando se tocaban. No recordaba que Pissard o Gekidrago mencionaran algo al respecto, lo que quería decir que el poder de Luz de esas dos chicas estaba aumentando de manera peligrosa. Le echaba la culpa a que tenían en su poder más Piedras Prisma. Gruñó con desagrado, ¡se supone que tener a una de esas chicas a solas era su mejor plan! ¿En qué momento apareció la otra?

Ese ya no era un escenario favorable para ella. Lo último que debía hacer era enfrentarlas cara a cara, de hacerlo gastaría su energía y además estaba lejos del Portal Oscuro. Un suicidio seguro. No pensaba cometer el mismo error que sus compañeros caídos. Gruñó por lo bajo, eran ellas las que estaban a medio segundo de lanzarse al ataque.

"¡Sal de las sombras, Zakenna!" Gritó Poisony y, en cuestión de dos segundos, un zakenna enorme y furioso apareció y se lanzó contra las guerreras de la Luz. Eso fue suficiente distracción para que Poisony pudiera escapar de una pieza. No, ella no sería tan tonta como ese par de idiotas. El honor de una batalla frente a frente no era propio de un guerrero oscuro que debía asegurar su propia existencia y la de su Rey.

Black y White notaron cuando Poisony escapó, pero no podían hacer nada más que pelear con el inmenso zakenna de largos brazos que les dejó de regalo. La batalla fue breve en realidad, el par de guerreras de la Luz tenía una sincronía cada vez más instintiva y su poder era más grande. Ambas eran conscientes de su mejoría gracias a la rápida derrota de ese zakenna. Ni siquiera necesitaron su Marble Screw, lo acabaron a golpes. Sus puños y piernas estaban cargados de luz.

"Desapareció", murmuró Black con un alivio no del todo cómodo. Se miró las manos, el brillo luminoso en éstas finalmente desapareció.

"¡Qué alivio-mepo!" El Héroe estaba feliz de que Nagisa estuviera a salvo. Por supuesto, lo expresaría a su manera. "Tener citas con chicos es peligroso para ti, Nagisa", dijo, burlón.

"¡No era una cita!" Refunfuñó Nagisa.

Mientras ese par peleaba, Mipple estaba concentrada en lo mismo que Honoka, la manera en que las piernas de ésta estaban cargadas de Luz hasta hacía un momento antes de apagarse. Era como cuando peleaba por su cuenta, pero ahora la Luz era más intensa. Por supuesto, Honoka sabía que sólo podía alcanzar ese poder transformándose con Nagisa. La idea de tomarle la mano siempre era linda.

"No sé qué tan bueno sea que ésta nueva enemiga haya escapado-mipo", murmuró Mipple.

"Eso quiere decir que se preparará mejor para el siguiente ataque, debemos tener cuidado", murmuró Honoka, para enseguida sonreír mientras tomaba la mano de Nagisa. "Me alegra que estés bien".

Nagisa se sonrojó levemente, al menos hasta que ordenó sus ideas y se dio cuenta de dos cosas. "¡Ah, cierto!" Volvió a su forma civil al mismo tiempo que Honoka. Enseguida miró a ésta. "Dijiste que no vendrías", reprochó Nagisa con un gesto de niña pequeña. "Me alegra que me salvaras pero, ¿qué haces aquí?"

"Desde que te despediste por la mañana, tuve un mal presentimiento que no me dejaba en paz", explicó Honoka, estrechando dulcemente la mano de su compañera. "Decidí seguirte y por eso me disfracé", le dejó ver bien la ropa que llevaba puesta.

"Si pensabas seguirme, al menos te hubieras presentado", murmuró con infantil enfado. "hubiera sido más divertido", agregó. Eso claramente era un reclamo.

"Oh".

Honoka se sonrojó ligeramente. Se soltaron las manos y ambas aprovecharon para recoger las cosas que se les cayeron. Nagisa rápidamente levantó el peluche y lo sacudió. Suspiró de alivio al confirmar que estaba entero y sin daño alguno.

"Lo siento, no quería entrometerme en tu paseo y por eso no me acerqué. Y como estaba preocupada por ti, te seguí. Me alegra haberlo hecho. No te pasó nada malo", respondió Honoka, le miró con una sonrisa suave apenas Nagisa se giró hacia ella con el peluche en manos. "¿Puedo compensarte de alguna manera?"

Nagisa asintió, pero primero le extendió el peluche. "Ten, lo gané para ti", se llevó la mano libre a la nuca, ahora sonaba apenada. "Sé que no eres mucho de muñecos o cosas así en tu cuarto, pero cuando lo vi, sólo pude pensar en ti", dijo, más roja de lo que debería. ¡Ni siquiera sabía por qué sentía tanta vergüenza! ¡Sólo le estaba dando un obsequio a una amiga! "Hubiera sido genial que vieras ganarlo".

"Te vi", respondió Honoka con una sonrisa pequeña y dulce mientras admiraba el regalo. No miraba a su compañera y sabía que ésta tampoco la miraba. Simplemente lo sabía.

"Pero no de cerca".

"Lamento eso".

"¿Vamos a casa? Podemos venir después… Juntas".

"Me agrada el plan".

"Pero antes quiero una crepa… Como compensación".

"Hecho".

Se miraron entre sí, seguían rojas. Cada una estaba apenada a su modo, Nagisa se ahogaba en sus nervios mientras Honoka no podía dejar de sonreír. Pero lo que Honoka hizo mientras contemplaba su regalo casi fulminó a Nagisa.

"Gracias, Nagisa, me encanta. Definitivamente se ha ganado un lugar en mi cama", dijo Honoka de manera alegre y le dio un beso al peluche.

Un beso en el mismo sitio donde Nagisa besó el peluche cuando lo ganó. Ambas lo notaron.

"¡Eeek! ¡Debo ir al baño, enseguida te alcanzo!" Gritó Nagisa y echó a correr.

Honoka asintió pero no supo si Nagisa la escuchó, estaba ocupada ahogándose en su propia vergüenza. Era completamente consciente de lo que acababa de hacer.

¡Un beso indirecto, no puedo creerlo! Gritaron ambas en sus cabezas.

==o==

Si había algo que tranquilizaba y a la vez no, era que su nueva enemiga se tomaría tiempo para reponer fuerzas, lo que las dejaba con algunos días libres para sí mismas. Su enemiga se había alejado bastante de la escuela por un par de horas y fue completamente capaz de tomar la apariencia de uno de sus compañeros para engañarlas. Debían estar atentas, no había manera de percibirla antes, no como a los dos anteriores. Estar juntas todo el tiempo posible era una idea que definitivamente no le desagradaba a ninguna de las dos.

Y precisamente ambas estaban juntas camino a su salón de clases cuando Hasekura las alcanzó. Lucía apenado. Lo que relajó a las chicas fueron las palabras del basquetbolista.

"¡Misumi-san, lo siento mucho, me lastimé un tobillo y no pude ir contigo ayer! ¡Lo lamento mucho!" Se disculpó mientras se inclinaba ante ella repetidas veces. "Y no tenía manera de avisarte, en verdad lo siento", y no pensaba agregar que además había extraviado el pase del parque de diversiones.

Nagisa y Honoka sintieron alivio de saber que al menos a él no le había pasado nada malo. Nagisa de inmediato se acercó al chico.

"¿No te lastimaste mucho?" Ella más que nadie sabía lo problemática que podía ser una lesión en un tobillo.

"Me ayudó mucho descansar el día de ayer, sólo debo tomarlo con calma en estos días", respondió Hasekura. "Lamento mucho no haber llegado".

"No te preocupes, Honoka me acompañó, no estuve sola", respondió Nagisa para tranquilizar al chico. "¿Te parece si lo dejamos para después? Descansa ese tobillo, no queremos que te lesiones, aún estamos en temporada de juegos".

"¡De acuerdo!" Sonrió el chico, enseguida se despidió de ambas con una rápida inclinación, "gracias por eso, Yukishiro-san. ¡Nos vemos luego, Misumi-san!" Y fue directo a su salón.

Nagisa y Honoka suspiraron de alivio. Al menos a Hasekura no le había pasado nada malo. Lo único malo ahí era que su enemiga podría ser literalmente cualquiera de los estudiantes a su alrededor, incluso un profesor. Se miraron entre sí.

"Tendremos que estar atentas", dijo Honoka mientras también se dirigía al salón junto con Nagisa. "Pero estaremos bien mientras nos mantengamos juntas".

Nagisa rió un poco, nerviosa. "Ya estamos bastante juntas si me lo preguntas", murmuró. Se tomó un momento para saludar al resto del grupo junto con Honoka. Ya en sus asientos, podían seguir platicando. "Saber que nos vigilan me pone nerviosa".

"Te acostumbrarás", comentó Honoka con tono jocoso.

"A veces me sorprende lo tranquila que estás con ésta situación", musitó Nagisa mientras veía la linda sonrisa de su compañera, parecía entretenida. "Oh, cierto, que llevas haciendo esto desde que entraste a la escuela, ya debes estar acostumbrada".

"Quizá no debería acostumbrarme, pero si me la paso pensando en que tengo a mis enemigos respirándome en el hombro y vigilándome todo el día, no podría disfrutar mis días de escuela", dijo Honoka mientras recargaba su mentón en su mano y su codo en el pupitre. "Tal vez no te tranquilicen mis palabras, pero lo mejor es que aprendas a ignorarlo un poco".

Nagisa no pudo contener su risa. "Tienes razón. De acuerdo, me quedo con eso", y no pudo agregar más, Shiho y Rina entraron saludando a todos antes de reunirse con ellas. No le sorprendió que le pidieran ayuda a Honoka para revisar la tarea que debían entregar en la primera clase.

Honoka, desde luego, no se negó.

==o==

Si tenía que ser completamente sincero, Kiriya había cometido un pequeño error de cálculo al integrarse al equipo de fútbol y no al club de Ciencias. Pensó que así atraparía la atención de ambas guerreras de la Luz, pero no fue así. Ahora estaba atrapado con los futbolistas y había ocasiones donde sólo podía divisar a Misumi Nagisa en la reja viendo los entrenamientos, pero no a él. No era tonto, sabía que a quien la chica veía era al Capitán Fujimura. Misumi Nagisa tampoco se quedaba tanto tiempo, se iba apenas Yukishiro Honoka se reunía con ella para irse juntas a casa.

Y a quien no sabía cómo acercarse era a Honoka. Ser agradable no funcionó, Yukishiro Honoka no era una persona muy sociable y era difícil de impresionar, la chica de hecho tenía una muy mala reputación en la escuela. Los chicos del equipo la mencionaron una sola vez como la amiga de la infancia del Capitán, alguien muy bonita con quien no querían tener nada qué ver. Sólo Fujimura y Kimata eran amistosos con ella. ¿Cómo podría acercarse a Yukishiro Honoka? No quería fallar y gastar energía como le pasó a su hermana hacía algunos días. Poisony seguía recuperando energías luego de su primer acercamiento fallido.

Poca y nada atención ponía al entrenamiento. Era fácil hacer todo eso con ayuda de sus poderes oscuros, las actividades humanas eran una verdadera pérdida de tiempo. Debió enrolarse en el Club de Ciencias, ya era un poco tarde para pedir el cambio. Al menos tenía la simpatía de Misumi Nagisa, quizá no sería mala idea seguir sus acercamientos con ella hasta tener una buena oportunidad de atacar a cualquiera de las dos.

No sabía por qué seguía empecinado con la idea de volver a intentarlo con Yukishiro Honoka. Algo ahí le molestaba. ¿Su propio orgullo? Posiblemente.

El entrenamiento de fútbol terminó y los chicos comenzaron a felicitarse entre sí, se sonreían y animaban a grandes voces. Él mismo recibió algunos bruscos cariños de parte del Capitán.

"Buen trabajo, Kiriya-kun, mejoraremos las estrategias en equipo, sigues jugando mucho en solitario", comentó Fujimura al chico.

Por dentro, Kiriya se molestó, por fuera simplemente sonrió de manera linda. "Lamento eso, capitán, me cuesta un poco acoplarme a los demás".

"Aprenderás poco a poco. Ahora vamos a cambiarnos, anda", dijo el capitán y animó al resto a guardar los balones y terminar por ese día.

Mientras se retiraban, Kiriya notó que Misumi Nagisa estaba pegada al enrejado viendo el entrenamiento, bastante alejada del grupo más grande de chicas que se la pasaban gritando durante todo el entrenamiento. Eran molestas a decir verdad. ¡Pero era su gran oportunidad! Dibujó una sonrisa dulce en sus labios y miró a Fujimura.

"Enseguida los alcanzo, Capitán, debo hacer algo".

"De acuerdo, pero no tardes. Sudaste mucho y te puedes resfriar si te quedas con el uniforme empapado", advirtió Fujimura seriamente y lo dejó ir apenas el chico asintió.

Mientras tanto, Nagisa estaba lista para irse, Honoka no tardaría en salir del laboratorio. Ver el entrenamiento de los chicos era relajante de alguna manera, le ayudaba a aclarar sus pensamientos y lo que Nagisa pensaba en esos momentos era que el cumpleaños de Honoka estaba a la vuelta de la esquina. Quería regalarle algo genial pero le quedaba poco dinero de su mesada adelantada de los siguientes dos meses. El reglamento de la escuela indicaba que los estudiantes tenían prohibido trabajar, así que conseguir un trabajo de medio tiempo en algún momento del siguiente par de años estaba fuera de discusión.

"Podrías darle algo hecho a mano, no tienes dinero extra-mepo", propuso Mepple con una sonrisa grande. "Los regalos así valen más-mepo".

"Estaba pensando en darle un pañuelo bordado, pero no se me da muy bien bordar", pensó un poco, "muy pronto va a hacer mucho calor como para tejer una bufanda", un regalo totalmente fuera de temporada… Se lo podría dar en Navidad. Pensó un poco más. "Quizá una pulsera como la que me dio, ¿qué opinas?"

"Mipple me dijo que Honoka aprendió a hacer tu pulsera en una revista, ¡podrás hacerlo-mepo!" Exclamó el pequeño héroe. Estaba por agregar algo más, pero escuchó unos pasos acercarse y de inmediato se escondió en el bolsillo de Nagisa.

Nagisa rápidamente reconoció a Kiriya. Le sonrió en automático al lindo chico.

"Buen trabajo, Kiriya-kun, lo hiciste genial", le felicitó Nagisa de buena gana.

"Estoy entrenando mucho para que el Capitán me elija para la alineación principal", respondió Kiriya con un muy bien fingido entusiasmo. "Los demás son jugadores muy buenos, espero alcanzar su nivel pronto".

"Lo lograrás, sólo recuerda divertirte y jugar en equipo, he notado que te mueves mucho por tu cuenta", comentó Nagisa. "Recuerda que por eso son un equipo y jugar con los demás es más divertido que jugar sólo, ¿no lo crees?"

"¡Entendido, senpai!" Por dentro, por supuesto, sólo pensaba en lo tontos y débiles que eran los humanos. Se necesitaba el trabajo de muchos para avanzar. ¡Vaya tontería! Igualmente mantuvo su sonrisa y la conversación. "Veo que estás sola".

"Oh, estoy esperando por Honoka", respondió Nagisa con una sonrisa automática. "Será mejor que vaya a encontrarla o no va a verme aquí".

"¿No sabe que vienes a ver los entrenamientos?" Preguntó Kiriya con fingida confusión.

Nagisa respingó y se llevó una mano a la nuca. Se puso roja. "Cada una tiene sus actividades, ¿sabes?" Respondió, apenada. Su crush con Fujimura era algo que Nagisa se guardaba en su corazón y que disfrutaba plenamente por su cuenta. Además, no tenía nada de malo estar un rato sola, ¿verdad?

"Oh, siento mucho si dije algo que no debí, Misumi-senpai", se disculpó Kiriya de inmediato. Quizá podría atacar desde ese frente. "Es sólo que es normal verlas juntas todo el tiempo, eso dicen mis compañeros de clase y también los chicos del equipo", mentiras, simples y llanas mentiras. Normalmente nadie mencionaba a Honoka salvo cuando se metía en un nuevo problema y era llamada a la oficina del director. Mientras que Nagisa ya había perdido su estatus de la chica nueva y ahora Kiriya era la celebridad del momento.

Nagisa, por supuesto, no estaba al tanto de eso.

"Estamos juntas porque somos amigas, es todo", explicó Nagisa de inmediato. ¿De verdad hablaban tanto de ellas? ¿En serio llamaban tanto la atención? Quizá sí, después de todo, Honoka era la delincuente de la escuela. Era normal que los demás se fijaran cuando la peligrosa buscapleitos local estaba en compañía de alguien.

"Son muy buenas amigas, sí", asintió Kiriya con vergüenza fingida. Notó roja a Nagisa. No era tonto, bien sabía que Misumi Nagisa estaba ahí para ver al Capitán Fujimura. No era la única, por cierto. Decidió dar un último golpe, tratando de no sonar malintencionado. "Es sólo que he estado escuchando algunos rumores…"

"¿Rumores?" Nagisa tragó saliva.

"Sí, he escuchado a los otros decir que ustedes dos salen juntas… Ya sabes, senpai, juntas… Como pareja".

A Nagisa se le subieron todos los colores al rostro.

"¡No puedo creer que digan eso!" Se llevó las manos a la cabeza para alborotarse el cabello. "Honoka y yo sólo somos amigas", y quizá mucho más. Una pareja de combate definitivamente sí, buenas amigas también, pero una pareja romántica… ¡Imposible!

"Oh, bueno, es que suelen andar de la mano y siempre se van juntas de la escuela…"

"¡Comprendo, comprendo! Nuestro comportamiento se malinterpreta", Nagisa tuvo que tomar aire. "No hagas caso de los rumores, ¿de acuerdo?"

"Entendido", respondió, inocente. "Debo ir a cambiarme la ropa. ¡Hasta mañana, Misumi-senpai!" Y se fue corriendo, sonriente y satisfecho consigo mismo. Si podía debilitar su lazo, sería más fácil para su hermana atacar apenas se recuperar, ¡o incluso él mismo y llevarse la gloria de la victoria! No dejó de sonreír con malicia pura.

==o==

Honoka miró a Nagisa con extrañeza mientras caminaban en dirección a la estación de tren. Lucía rara, además había rechazado su mano cuando se la ofreció. Su amiga lucía nerviosa.

"Nagisa, si pasa algo, sabes que puedes decirme", dijo Honoka apenas subieron al tren y se acomodaron al fondo del vagón donde gozaban de relativa privacidad.

"Honoka… Yo", por supuesto, si se portaba así sin aviso, era normal que su compañera se preocupara. "Verás…"

"Se enteró que los demás dicen que ustedes son novias porque siempre andan juntas y de la mano-mepo", dijo Mepple con volumen de voz suficiente, harto de ver a Nagisa acobardarse cuando era tan simple decirle todo a Honoka.

"¡Oye, tonto! ¡No te entrometas!" Nagisa intentó reñirle, notó que los otros pasajeros le miraron cuando gritó y se disculpó rápidamente antes de volver su atención a Honoka, pero no la miró, se quedó con el rostro bajo. "Sí, es eso… Lo siento, debí decirte antes", suspiró. "¡En serio planeaba decírtelo! Sólo no quería ser brusca como éste tonto y esperar un mejor momento".

"Comprendo", dijo Honoka con una sonrisa suave. "Si te incomoda que vayamos de la mano, entonces podemos dejar de hacerlo", aunque sinceramente sería una pena si fuera así, a ella le gustaba ir de la mano con Nagisa.

"Digo… Ah… Normalmente no me importan los rumores, pero… La verdad prefiero a los chicos", dijo, rendida. Le gustaba UN chico en especial pero no había necesidad de entrar en detalles. "Y ya sé que tú no quieres salir con uno, pero qué tal si llega alguien que llame tu atención y no se acerca porque cree que estamos juntas".

Honoka casi rió. Casi. Fue su turno de bajar el rostro, se lamió los labios, de repente los sintió secos. "¿Te es molesta la idea de que crean que te gustan las chicas?" Preguntó de repente, en voz baja y sin levantar del todo el rostro.

"Un poco, sí…" ¿Qué tal si un rumor así llegaba a oídos de Fujimura Shougo? Así nunca tendría una oportunidad con él, si es que la fortuna le sonreía, claro. "¿Y a ti?" Preguntó enseguida, notando el cambio de humor de su compañera.

Fue el turno de Honoka de sonrojarse. Miró a un lado, incapaz de encarar a Nagisa. Ya que se estaban sincerando un poco más, quizá era hora de decirle eso otro que solía guardar para sí misma. "¿Está bien si hablamos en otro lado?" Pidió luego de tomar un hondo respiro. "Un vagón de tren no es sitio para decir intimidades".

Y Nagisa finalmente lo comprendió, pero la revelación le llegó como un golpe en la cabeza.

"Oh… Entiendo, de acuerdo. Vamos a tu casa, ¿sí?" Propuso rápidamente, incómoda por haber puesto a Honoka en aprietos. Ahora lo entendía todo.

No estoy interesada en salir con chicos…

Esas siempre fueron las palabras de Honoka. Ahora Nagisa podía completar la oración.

Ya en casa de los Yukishiro, Nagisa y Honoka fueron al cuarto de ésta última luego de un breve saludo a la abuela y llevarse té y galletas. Pero el té y las galletas se quedaron sin tocar mientras las chicas estaban sentadas en la pequeña mesa, una frente a la otra. Honoka finalmente miró a su compañera.

"Los chicos no me interesan", dijo Honoka, repitiendo lo que siempre le decía a Nagisa cada que tomaban esos temas sobre asuntos amorosos.

"Ahora… Ahora lo entiendo", Nagisa suspiró. "Tú prefieres a las chicas, ¿verdad?" Y su mirada se suavizó al ver que Honoka asentía ligeramente. "Espero no haber dicho algo estúpido hace rato. Si fue así, lo siento", se disculpó de inmediato.

"No es necesario que te disculpes, en serio", Honoka pudo sonreír aunque fuera de manera suave. Haber confesado ese secreto a Nagisa fue increíblemente liberador. "¿Tú no estás incómoda conmigo?" Preguntó, ruborizada al saber que a Nagisa le cayó mal la idea de que creyeran que también le gustaban las chicas. Comprendía su postura, en serio lo hacía.

Y Nagisa sintió como si su corazón saltara, ver a Honoka con las mejillas así de rojas la desarmó por completo. No era normal verla tan indefensa. Le sonrió como pudo.

"Somos compañeras, nunca me sentiría incómoda a tu lado", dijo mientras se rascaba la nuca. "Que me confiaras esto quiere decir mucho para mí, en serio", le sonrió al fin y le ofreció su mano. "Lamento lo de hace rato. Podemos ir de la mano si quieres".

"O podemos no hacerlo si lo prefieres", respondió Honoka para sorpresa de Nagisa. "Es a mí a la que no le gustaría alejar a algún chico al que le gustes".

Nagisa puso un gesto de niña regañada, incluso miró a un lado mientras inflaba sus mejillas. "Pero a mí me gusta ir de la mano contigo, hace rato tuve que contenerme mucho…"

Honoka se echó a reír. "Nagisa, si alguna vez algún chico te gusta, dime y haré lo que esté a mi alcance para apoyarte y ayudarte, ¿de acuerdo?" Propuso enseguida. Esa era su única opción a decir verdad. A Nagisa no le gustaban las chicas, no había más por discutir.

Por alguna razón que ni la misma Nagisa comprendía, lo que escuchó no le emocionó como se supone debía hacerlo. Sin embargo, le sonrió a Honoka y asintió.

"Y si a ti te gusta alguna chica… Ah… No sé cómo podría serte de ayuda, pero definitivamente estaré para ti para lo que necesites", dijo Nagisa con firmeza.

"Muchas gracias, Nagisa".

"Gracias a ti, Honoka".

Se sonrieron la una a la otra y el ambiente se aligeró cuando Honoka dijo una de sus mejores ocurrencias hasta el momento.

"Aunque yo no creo poder conseguir novia sino hasta la universidad, no con la fama que tengo en Verone ahora mismo", se encogió de hombros, "a nadie parece gustarle el tipo delincuente", dijo con la mejor de sus sonrisas. "Tus novelas ligeras mienten".

Nagisa no pudo evitarlo, se echó a reír sin poder contenerse, incluso se sujetó la barriga con ambas manos.

"Es que… ¡Ja, ja, ja! Honoka, intimidas mucho, ¡ja, ja, ja!"

"Supongo que ya no puedo hacer nada al respecto", dijo con tono jocoso. "Tú aún tienes oportunidad, así que terminemos nuestras peleas y sigamos nuestra vida normal, ¿sí?"

"Es el plan", respondió una recuperada Nagisa. Tomó aire de manera profunda y finalmente tomó una de las galletas. Ya se estaba tardando en comer. Miró a Honoka luego de darle una mordida a su galleta de arroz. "Oye, Honoka, ¿puedo hacerte una pregunta tonta?"

"Sí, pregunta lo que quieras", respondió Honoka mientras hacía lo propio dando un sorbo a su taza de té.

"Tú… Bueno… Ah… Sólo por suponer, ya sabes… Nada en serio, sólo un escenario imaginario", balbuceó Nagisa, incapaz de hacer la pregunta directamente. Tomó aire y bajó la mirada mientras jugaba con la galleta en sus manos. "¿Saldrías conmigo?" Preguntó, tímida, antes de ser atacada por los nervios. "¡Sólo por preguntar! ¡Yo prefiero a los chicos, lo sabes! ¡Sólo sentí curiosidad por saberlo, es todo!"

Honoka rió suavemente y señaló el pequeño desastre que Nagisa había hecho con su galleta, de la que sólo quedaron migajas en la mesa y parte de su uniforme.

"L-lo siento", se disculpó una avergonzada Nagisa.

"No te preocupes", respondió Honoka con dulzura y la ayudó a limpiar el pequeño desastre. Se dio un momento para llevarse las migajas al jardín y esparcirlas por el césped para que las aves pudieran comerlas. Miró a Nagisa por encima de su hombro, sonriente. "Y respecto a tu pregunta… Sí, saldría contigo".

El corazón de Nagisa saltó por una desconocida emoción.

CONTINUARÁ…