Capítulo 1.- Acto X (1)
"¿Aether?"
"¡...!" Aether abrió los ojos. Parecía como si hubiera despertado de un sueño largo. "¿...Sí?"
"¿Pasa algo? Te le quedaste viendo al cielo por mucho tiempo."
"Yo..." Aether sentía como si se le hubiera vertido un balde de agua fría en la cabeza. Estaba desorientado y sentía que estaba olvidando algo importante. "Creo que no es nada..." Su mirada bajó del cielo hacia sus pies. Sus piernas se sentían débiles, temblorosas. Antes de caer al suelo, decidió sentarse.
Miró alrededor. Se encontraba en una montaña de tamaño colosal. Estaba formada de solo roca, sin rastro alguno de vida vegetal. Alrededor de la montaña había únicamente una niebla espesa que impedía ver cualquier cosa más allá de la montaña. En el cielo solo había estrellas y una gran nube estelar de color violeta.
Era un paisaje nada nuevo para Aether, lo había visto cientos de veces mientras viajaba entre estrellas. Sin embargo, por alguna razón esta vez se sentía... diferente. Era familiar, pero a la vez extranjero. Como si fuera la primera vez viendo algo tan...
Aether se sintió abrumado. Bajó la mirada al suelo una vez más. Su cabeza comenzaba a doler.
"¿Estás seguro que estás bien, hermano?" Una vez más, fue llamado.
"Sí, yo... Espera, ¿Lumine? ¿Eres tú?" Aether pausó sus pensamientos un momento y se giró en dirección a la voz. Pertenecía a una chica casi idéntica a él, con cabello dorado, un vestido blanco y una flor en su cabello. Sus ojos...
El rostro de la chica estaba borroso, no podía distinguir sus rasgos faciales.
"¿De qué hablas, Aether? Por supuesto que soy yo." Lumine dijo con una voz alegre. Toda su imagen comenzó a difuminarse. Era como si una brisa de viento fuera a hacerla desaparecer en la nada.
"¡E, espera! ¡Lumine! ¡Espera!" Aether gritó, desesperado y confundido. Su hermana estaba junto a él al fin, y ahora se estaba desvaneciendo de nuevo.
"Sí, Aether. Te esperaré... El tiempo que sea necesario..." La voz de Lumine era distante.
Todo se volvió oscuro. La montaña se derrumbó, las estrellas se oscurecieron. Lumine desapareció y Aether cayó.
Aether no emitió sonido alguno al levantarse. Fue al lavabo con el que contaba su habitación y se lavó la cara para quitarse el sueño de encima y recuperar la compostura. A pesar de eso, sus ojos, abiertos de par en par, no ocultaban su profunda tristeza y conmoción ante el sueño... No, la pesadilla que acababa de tener.
Esto no pasó desapercibido por su acompañante, quien visiblemente estaba preocupada por él.
"...¿Tuviste otra pesadilla?" Preguntó Paimon cuidadosamente. No era la primera vez que ocurría, y el hada temía que no fuera la última.
"Solo... Es un poco frustrante no encontrar pista alguna." Aether dijo, no respondiendo directamente la pregunta.
"Paimon..." El hada se detuvo un momento para pensar en sus siguientes palabras. "...Puede no entender el dolor que es estar separado de tu ser querido, pero para Paimon, ¡Aether es alguien querido ahora!" Intentó consolarlo. "Así que... Sé que me sentiría terrible si me separaran de ti a la fuerza, así que quiero ayudarte a encontrar a tu hermana." Terminó de decir. "Por eso, por favor no pierdas ante tu tristeza. A tu hermana no le gustaría eso... ¿Cierto?"
"...Sí. Supongo que tienes razón." Aether logró formar una pequeña sonrisa, aliviando ligeramente a su compañera. "Por cierto, ¿Qué hora es?" Volvió a la recámara y miró por la ventana. El Sol ya se había puesto. Eran más de las 6:00 pm, al menos.
"9:50 pm." Avisó su compañera, mirando un reloj que la habitación contenía.
"¿Tan tarde?" Aether se sorprendió. "Vayamos abajo para cenar antes de que sea aún más tarde. Tenemos que estar listos para la medianoche."
"¿Cena? ¡Genial!" Exclamó el hada, ignorante de la segunda parte de la oración de su compañero.
...
Al bajar las escaleras, lo primero en recibir a Aether fue el olor a alcohol. Alcohol que Charles, el barista de la taberna se negaba a dejarle beber debido a su apariencia joven. Si tan solo el pobre hombre supiera los años acumulados en su espalda…
Pero no es algo que se le pueda decir a cualquiera.
El ambiente del bar era agradable, y un poco ruidoso, por decirlo amablemente. Era fácil escuchar las conversaciones de la gente afectada por el alcohol gracias a su gran volumen, aunque no era como si tuvieran algo importante que decir. Sólo la historia usual de algún aventurero famoso últimamente o sobre algún monstruo merodeando los alrededores de Mondstadt.
Fue difícil recordar los detalles, pero Aether recordaba el sentimiento festivo del lugar en alguno de sus otros viajes alrededor de las estrellas que visitó. Las personas llenas de espíritu cantando, bailando, comiendo, bebiendo… Pasaba muy buenos tiempos junto a su hermana…
'Pensamientos positivos Aether, pensamientos positivos.'
Una vez sentado en su mesa junto a Paimon, Aether ordenó un plato de carne y un jugo. No estaba realmente pensando en la comida, y solo buscaba llenarse con algo para matar el tiempo.
Preguntándose como empezar una conversación con el bardo que actualmente se encontraba a pocas mesas de él, ahogándose en alcohol, Aether pensó en formas de preguntar por su hermana mientras disimuladamente daba indicios de pensar acerca de la verdadera identidad del chico.
"Tú. Si no estoy equivocado, eres amigo de Myson, ¿Cierto?" Escuchó una voz a su izquierda.
Volteando su cabeza para ver a la persona, Aether se encontró con un hombre familiar de cabello rojizo, un tono más oscuro que el de su compañero forastero.
Aether asintió. "¿Por qué la pregunta?"
"Solo quería asegurarme. Así no tendré que pedirte retirarte cuando llegue el momento de cerrar." Diluc entregó la comida que pidió y le asintió antes de retirarse de nuevo a la barra.
'Es cierto… Me pregunto qué es lo que discutirán.' Aether no pudo evitar preguntarse cómo demonios había logrado Myson robar el tesoro sagrado de la Catedral al mismo tiempo que ocultó su identidad. Tampoco entendía de qué les serviría en… lo que sea que estuvieran planeando.
Tendría que estar relacionado al asunto de Stormterror. De eso podía estar seguro.
El tiempo pasó, y antes de que se diera cuenta la mesa estaba llena con platos vacíos, cortesía del apetito de su acompañante flotante. El reloj de pared con el que contaba la taberna marcó las 12:00 y las personas que aún estaban en las mesas del bar comenzaron a subir a sus habitaciones o abandonar el establecimiento.
Alguien entró por la puerta principal de la taberna, y Aether no pudo evitar que sus ojos se agrandaran por unos momentos al ver quién entraba por ella.
"Espero no haber llegado tarde." Habló la recién llegada voz.
Jean estaba asombrada, por decir lo mínimo.
Ah. Aunque, no la malentiendan. Si bien no creía ser aún una experta en los asuntos con respecto a ser la Gran Maestra, más aún siendo solo interina, no era todos los días que alguien tenía las suficientes agallas para robar la Lira Sagrada, teniendo en cuenta la impresionante cantidad de caballeros posicionados en el sótano de la catedral para protegerla. Y, sinceramente, ella no creía que hubiera alguien realmente preparado en el momento para responder a tal acción.
Al menos no alguien que no estuviera en la escena del crimen. Los caballeros sí que se movilizaron inmediatamente. Fue una estrategia astuta robar a Der Himmel en medio de la noche. Y aunque uno de los criminales estaba completamente cubierto, otro pudo ser distinguido cómo un bardo, lo que de cierto modo reduciría el rango de búsqueda por un buen número.
Jean no pudo evitar suspirar con exasperación ante el pensamiento. Un bardo, ¿Robando la Lira Sagrada?
Debería haber sido alguien muy ambicioso. Y un loco.
Alguien muy loco.
Jean miró de nuevo la carta en sus manos mientras se dirigía hacia la taberna Obsequio de Angel, lugar donde Diluc le pidió reunirse en la medianoche para tratar un asunto de suma urgencia.
Ella supuso que, debido a su sincronización con el reciente robo, tendría que estar relacionado a este.
Jean pensaba que era una pena el hecho de que Diluc, aún siendo tan diligente a la hora de resolver los problemas en Mondstadt, era reacio… 'No, no tiene caso suavizar la expresión' …repudiaba a los Caballeros de Favonius.
Aunque realmente no podía culparlo, y nunca se atrevería. Ella misma pensaba que lo ocurrido después del incidente con Ursa fue… Realmente terrible.
Dejando de lado esos pensamientos, Jean llegó a la entrada de la taberna y se adentró en ella.
"Espero no haber llegado tarde." Jean sonrió suavemente al mirar a Diluc en el mostrador, una hoja de papel y una pluma frente a el. "Señor Diluc."
"Descuida." Diluc dijo, cerrando los ojos un momento antes de unir su mirada a la de ella. "Nuestro gran protagonista aún está por llegar." Dijo, su tono con un toque de sarcasmo y humor seco.
Eso fue un poco confuso para Jean, pero no le tomó importancia y en su lugar miró alrededor de la taberna, encontrándose con alguien a quien no esperaba ver en ese lugar y momento.
"¿Aether?" Preguntó.
"Maestra Jean, que… sorpresa verla aquí." Dijo Aether, con una sonrisa cortés.
"Lo mismo podría decir yo… Disculpa la franqueza, pero ¿Estás aquí porque estás relacionado con la discusión acerca de la Lira Sagrada?"
"Podría decirse… en realidad, solo estoy como un espectador. No ví realmente nada de lo sucedido, pero estaré feliz de ayudar, jaja" Aether se rascó la mejilla, mirando hacia un lado incómodamente.
Jean no esperaba realmente esa respuesta. Ciertamente, cualquier ayuda era apreciada, ella supuso. Aunque, ¿No era la búsqueda de su familiar un asunto más urgente para Aether que un robo cualquiera en su actual lugar de hospedaje?
Obviamente, Jean no pensaba en el robo de Der Himmel como un asunto cualquiera, pero no le extrañaría si eso fuera lo que el chico rubio pensaba.
Ella solo podía hacer suposiciones respecto a la verdadera razón por la cual Aether estaba involucrándose voluntariamente en esto.
"Sí, tu ayuda en este problema es más que apreciada. Te lo agradezco, cómo Gran Maestra, y como ciudadana de Mondstadt." Jean no olvidó agradecer la ayuda voluntaria al chico y le sonrió.
"¡Ah, no sabía que un café pudiera oler tan bien! Paimon no puede esperar a… ¿Eh? ¡Es la Maestra Jean!" Paimon, quién había regresado de quién sabe dónde con un café en sus manos, se sorprendió al ver la inesperada llegada de Jean. Ella, sin embargo y a diferencia de Aether, no dudó un segundo en hacer ver su sorpresa.
Jean solo sonrió de nuevo. "Por favor no te preocupes por mí, Paimon. Disfruta de tu café." Le dijo amablemente a la pequeña compañera de Aether.
Paimon se mostró insegura por un momento… Solo por un momento, antes de sonreír y asentir con la cabeza, yendo a su asiento en la mesa que compartía con Aether para tomar su café. De alguna manera, ella no se sentó, si no que solo flotó sobre la silla.
Sin mirar a nadie más dentro del establecimiento, Jean decidió acercarse a la puerta principal y reclinarse en la pared levemente, cerrando sus ojos mientras esperaba a este 'gran protagonista' que Diluc mencionó.
No tuvo que esperar mucho.
Ir de compras por ropa es divertido. Al menos cuando no solo vas a sentarte en un rincón a esperar a alguien más.
Después del desperdicio de dinero que fue la ropa casual azul que compré hace nada y usé menos de cinco veces, decidí comprar más.
Oh, aunque no fue solo por mí que decidí venir aquí. Necesitaba un conjunto, o mejor dicho un par, para Sonya.
Claramente no podía permitir que entrara a la ciudad con su uniforme Fatui.
Así que, luego de una no tan exhaustiva búsqueda, encontré un atuendo que lucía popular entre las mujeres de la ciudad. Era una blusa blanca con las mangas de un color morado, y una falda del mismo color. Además de eso, lo que parecía ser un corset de color marrón y un par de zapatos morados. Si, había mucho morado en su atuendo, pero pensaba que se veía bien. Y era un color con el cual ya estaría familiarizada.
También compré un conjunto que, aunque se veía endemoniadamente incómodo, la sastre me aseguró que es muy cómodo y fácil de poner y quitar. Consistía en un vestido blanco hasta las rodillas y con mangas cortas, además de lo que parecía ser una chaqueta pequeña de color verde oscuro, llegando poco más debajo del pecho y de manga larga. También incluía un par de guantes de cuero del mismo tono de verde y botas color marrón. Parecía ser que, de algún modo, este traje era apto para aventurarse en la naturaleza. Debe ser una muy buena tela.
También compré un par de medias y eso, aunque le dejaré a ella la ropa interior.
Como sea, me fui por las ramas.
En cuanto a mí, compré lo que podría llamar 'Conjunto de Mondstadt promedio: Rojo', y 'Conjunto de Mondstadt promedio: Negro'.
No tengo un buen sentido para la moda, así que me dejé llevar por la opinión del sastre. Me fue bien, podría decir.
No podría decir lo mismo de mi cantidad de dinero actual.
Cómo aún me quedaba un poco de tiempo antes de la reunión tan esperada, salí de la ciudad de nuevo sin tanta prisa y me encontré con Sonya de nuevo cerca del Bosque Susurrante.
"Hey, ¿No ocurrió nada en lo que me fui?" Saludé y pregunté. Ahora que la adrenalina de la batalla se había disuelto por completo, me era difícil entender mi tren de pensamiento de las pasadas horas. ¿Fue la mejor decisión 'aliarme' con un Fatui? No sé si siquiera podría llamar a esto una alianza, inclusive una solo de nombre. Siento que podría ser apuñalado por la espalda en cualquier momento.
Bueno, yo me metí en esto, así que bien podría mantener mi palabra dentro de lo posible.
Le entregué la bolsa con los conjuntos de ropa y ella respondió mientras se sentaba en una roca e inspeccionaba su contenido. "Tuve que esconderme solo una vez. Una niña pasó por aquí." Respondió mientras acaba la ropa común de Mondstadt. "¿Morado?" Me miró.
"¿Supongo? Ya lo estabas llevando así que… supuse que vendría bien." Respondí con algo de inseguridad, con una mano en la parte posterior de mi cuello.
"…No me disgusta." Fue lo único que dijo antes de poner la bolsa en el suelo. "¿Te importaría?" Me dijo, sosteniendo la ropa frente a mí.
Comprendí que se cambiaría la ropa y me giré, dándole la espalda. Fue un poco sorprendente que se cambiara en mitad del bosque, pero se lo atribuí a una cosa de Fatuis y lo ignoré.
Aún así, me quedé en guardia en caso de que alguien más apareciera de la nada.
Después de un par de minutos, Sonya me llamó y me dio la vuelta, viéndola en su nueva vestimenta de Mondstadt. Casi parecía una local, siendo lo único que la delataba sus rasgos faciales diferentes.
"Te queda bien." Le hice un ligero cumplido. De algún modo, la incomodidad de la situación me parecía sofocante. Me pregunto si solo soy yo.
"Mm." Sonya dio un breve asentimiento y tomó su uniforme Fatui. "¿Qué hago con esto?"
"Uhh, ¿Quieres conservarlo?"
"No lo creo. No hay motivo para hacerlo."
"De acuerdo, entonces dejémoslo aquí, debajo de esa piedra o algo."
Luego de volver a la ciudad, le indiqué a Sonya el camino hacia la taberna Cola de Gato, dónde me estaba hospedando actualmente. Le di la mayor parte de mis ya decrecientes Moras y le dije que cenara y durmiera, para repasar nuestro plan de acción mañana por la mañana. A este ritmo, llegaría temprano a Obsequio de Angel para cenar algo yo mismo antes de la reunión con Diluc.
"¿No deberíamos tener una coartada por si me preguntan por ti o viceversa?" Me preguntó ella.
Me quedé en blanco por un momento. Lo que dijo tenía sentido. Habría al menos una persona, seguramente Margaret, lo suficientemente perceptiva como para notarlo si es que Sonya y yo actuábamos mínimamente cómo conocidos, y las preguntas no tardarían en llegar.
"Si, pensemos en algo."
...
"Bien, ahora sí." Miré la puerta de la taberna. La pequeña charla estratégica que tuve con Sonya duró más de lo esperado. Siempre que parecía que habíamos terminado, un nuevo escenario salía de sus labios, y como consecuencia, teníamos que idear una rama a nuestra coartada. Al menos ahora tendremos todo cubierto.
Me pregunto si aprendió esta clase de cosas durante su tiempo como Fatui. Ciertamente es conveniente ahora mismo.
Abrí la puerta de la taberna sin aviso alguno, y dentro me encontré a Diluc en el mostrador, con una cara de pocos amigos y escribiendo algo en una hoja de papel. Nuestras miradas se encontraron cuando escuchó la campana de la puerta.
"Son las 12:07." Se limitó a decir, con una ceja levantada.
"Mis disculpas. Tuve que tomar un pequeño desvío fuera de la ciudad. ¿Ya comenzaron?" Miré alrededor de la taberna, mirando a Aether y Paimon en una de las mesas, a Venti en el piso de arriba, mirando hacia mi dirección, y justo a mi izquierda, a unos pocos pasos se encontraba…
"¿Maestra Jean?" No me esperaba verla aquí. De hecho, es una de las últimas personas que esperaría ver aquí.
Espera.
¿Voy a ser arrestado?
"¿Eres tú, Myson?" Jean también parecía estar sorprendida por mi aparición. Oh, entonces parece que no era una trampa para arrestarme.
"Primero que nada." Se aclaró la garganta Diluc. "Avisé a más de una persona." Nos dijo. "Y en segundo lugar, ella viene como Jean, no como la 'Gran Maestra intendente'." Recalcó.
Me giré hacia Jean una vez más. No sabía realmente como tomarme esas palabras, pero supongo que la intención de Diluc es calmarme. "No es algo que se vea todos los días. Ni siquiera para un Caballero Honorario como tú." Dijo él, con un leve tono sarcástico.
Bueno, casi es su intención calmarme.
Jean parecía estar sumida en sus pensamientos por unos momentos, pero pareció haber llegado a una conclusión y habló. "Escuché sobre el robo de la Lira Sagrada, pero… me es difícil pensar que fuiste tú quien estuvo involucrado en ello…"
"Ahaha… ¿Fui tan obvio?" Le pregunté con vergüenza, dándole a entender que su suposición había sido correcta.
"Tus expresiones fueron una buena pista, pero más que nada, fue el combinarlo con el bardo que está allá arriba lo que me confirmó la situación." Jean señaló brevemente con la mirada a Venti, quién chilló de la sorpresa antes de esconderse más atrás en el segundo piso… Ah, no. Está bajando. "Aunque, si eso es cierto… Eso solo me hacer confundir al intentar pensar en una razón por la cual harías algo así…"
Su tono no parecía acusativo. Me sentí aliviado, pero no pude evitar sentir un ligero temor y admiración ante las capacidades deductivas de la mujer frente a mí.
"Eso es algo que yo puedo explicar." Dijo Venti tranquilamente, sosteniendo un arpa en sus manos y comenzando a tocar una canción.
Bueno, luego de su actuación…
"Entonces, el sonido de la Lira Sagrada puede purificar a Stormterror y devolverlo a la normalidad… ¿Cierto?" Jean parecía estar procesando la información sutilmente encriptada dentro de la canción del bardo.
"¡Correcto! Myson aquí estará al frente de todo este asunto de Stormterror." Venti puso un brazo alrededor de mi cuello, haciéndome tener que agacharme para que no pareciera que el colgaba de mí. "Una labor digna del nuevo recluta de los Caballeros de Favonius, si me lo preguntan." Asintió para sí mismo.
"Umm, Paimon piensa que eso no quita el hecho de que rompen la ley." Comentó Paimon, aportando a la conversación por primera vez.
"¡Tonterías! ¿Qué labor más noble que ayudar a una nación en peligro, aún a costa de ser visto como un criminal? ¡Es incluso romántico! Podría hacerte una canción ahora mismo."
"Si, si. Entendimos tu punto. Bájateme de encima." Quité los brazos de Venti, quién parecía intentar subirse a mi espalda de lo firme que me sostenía, de mis hombros.
"Entiendo que una explicación tan absurda sea difícil de creer." Habló Diluc a Jean. "Si es necesario, dame un poco de tiempo para reunir suficientes pruebas y-"
"Te creo." Jean lo interrumpió.
"… ¿Qué?" Diluc dijo. No sabía si estaba sorprendido por ser interrumpido, o porque Jean nos haya creído.
"No se me ocurre ninguna razón por la que Dvalin, que fue uno de los Cuatro Vientos, nos haya traicionado." Comenzó a decir Jean. "Pero… ser envenenado en batalla y luego corrompido por los Magos del Abismo… No lo culpo." Jean rió un poco, pero no había humor en su expresión. "Aunque, como la Gran Maestra Intendente, no podría decir tal cosa públicamente. Es… complicado hallar una solución pacífica a este problema debido a la presión diplomática de los Fatui."
Antes de que Jean siguiera hablando, decidí preguntar. "¿No sería entonces una opción viable el actuar fuera del ojo de los Fatui? Seguramente será posible para personas como ustedes, ¿No?"
Diluc intervino. "Me temo que las cosas no son tan fáciles." Luego de eso, hace una seña hacia una ventana en el segundo piso, otra hacia la puerta detrás del mostrador, y una final a la puerta delantera. "El simple hecho de tener una conversación privada requiere más que solo apartarse a un lugar callado."
Durante los primeros momentos no comprendí a lo que se refería, pero luego de ver una sombra moverse a través de la ventana, en silencio y solo por un instante, me quedó claro lo que quería decir.
Estábamos rodeados de gente que se aseguraba de que nuestra conversación no fuera espiada.
Por un momento, me pareció excesivo. Después de ese momento, ese sentimiento cambió a una ligera preocupación. Esta ciudad… ¿Quizá no sea tan segura como creí?
"Esa es una de las razones por las que no me agradan los Caballeros de Favonius… Pero lo que me sorprende es que confíes en un forastero tan fácilmente." Diluc levantó una ceja hacia Jean.
Jean sonrió irónicamente ante su comentario. "Pero incluso mi superior, que es tan cuidadoso con los detalles está dispuesto a creerle, ¿No es cierto, Señor Diluc?"
Diluc suspiró, y su semblante pareció caer mínimamente. "Ya te he dicho que no me llames superior… Olvídalo. No siempre tenemos la oportunidad de trabajar juntos."
Luego de eso, tanto Diluc como Jean se mantuvieron en silencio durante unos segundos. Segundos en los que crucé miradas con los otros espectadores en la conversación. Aether se veía levemente curioso, pero desinteresado por el silencio. Paimon, por su lado, parecía estar dándolo todo por mantener su boca cerrada. Venti solo miró hacia otro lado.
"…Um-" Estaba a punto de buscar un tema de conversación para cambiar el incómodo momento, pero fui interrumpido por un sonido fuerte detrás de mí.
Me giré hacia la pared, a tiempo para esquivar un montón de trozos de cristal que caían desde la ventana. Un objeto había impactado desde afuera y estaba en el piso.
Ignorando las voces detrás de mí, caminé hacia el objeto, que se veía como un cilindro rojizo, y extendí la mano para tomarlo.
Parecía ser… Oh. Oh.
Lancé la granada en mi mano de vuelta hacia afuera por la misma ventana por la que entró. "¡Al suelo!" Exclamé y me agaché en el sitio, con apenas la suficiente concentración como para mirar hacia los demás.
Diluc estaba muy cerca, y parecía haber corrido hacia mí hasta hace un segundo, pero se arrodilló en el suelo ante mi orden. Jean, Paimon y Venti parecieron no reaccionar tan rápido, ya que me miraban con una confusión evidente, pero Aether al parecer interpretó la situación inmediatamente, ya que aprovechó la corta distancia de todos y usó sus brazos para arrastrarlos hacia el suelo junto con él.
Medio segundo después, todo se fue al infierno.
¡Explosión!
Un chirrido que retumbó en mi torso y oídos resonó por todo el lugar. Objetos siendo lanzados por los aires e impactando con la pared exterior de la taberna fueron escuchados, y una nube de polvo entró por la ventana y los bordes de la puerta.
"Tch. ¿Qué clase de táctica estúpida están intentando…?" Diluc habló en voz baja, su voz parecida a un gruñido.
Tomé la espada en mi cintura y la blandí en mis manos con cautela. Estábamos bajo ataque y los culpables estaban más que claros.
Dándole una mirada a Diluc, vi su mirada fija en la ventana, una espada roja de gran tamaño en sus manos. Fijé mi propio objetivo en la puerta de la taberna, dándole la espalda a él.
Di en el clavo, al parecer, pues la puerta fue abierta con una patada.
Tres personas con rostros cubiertos entraron con espadas en mano. Una de ellas tenía en su costado algo brillante, pero cubierto con tela negra.
Sin embargo, no fue difícil identificarlo como una Visión.
No es que haya visto muchas, claro, pero era difícil no distinguir ese brillo turquesa después de verlo antes.
"Hagamos esto rápido, ¿Les parece? Entréguennos la Lira Sagrada. Por todos los medios, resístanse." Habló con una voz grave uno de los atacantes, quien tenía la visión. Dio una sonrisa inquietante y levantó su mano derecha, que sostenía una daga.
Nadie pareció apreciar demasiado la petición, y pronto una decena de armas desenvainadas se hizo presente dentro de la taberna.
"Intrusos. En nombre de los Caballeros de Favonius, ¡Serán aprehendidos ahora mismo!" Jean comandó con una voz autoritaria, y su presencia fue lo suficientemente notable como para que la situación pasara de 'emboscada' a 'batalla'.
Espero que mi falta de Visión no sea un problema.
