Chapter 3: Hipótesis
—¿Comiste algo en particular?
Seiya, ya vestido apropiadamente, resopló ante la pregunta, en su opinión, ridícula; y negó con la cabeza hastiado. Frente a él y separados por un escritorio, la médica personal de Kakyuu, Alba, no despegaba sus ojos del parte médico entre sus manos, mientras asentía cada una de las respuestas del muchacho y las anotaba con una tranquilidad que solo estaba logrando desesperarlo. Llevaba más de cuarenta minutos sentado en el medio de la pequeña sala y su ansiedad empezaba a hacer estragos, contribuyendo con su mal humor.
Ciertamente, no estaba dentro de sus planes que todo Kinmoku resultara enterándose de su situación particular actual. Lo había manejado bien durante unos cuantos meses y habría deseado que continuara de esa manera, en la oscuridad de su habitación y en la intimidad de su desgracia. La mujer frente a él lo escrutaba con la mirada de vez en cuando y carente de todo disimulo, asombrada por su apariencia. El Seiya actual, que le devolvía una mirada entre aburrida y exasperada, era el mismo de hace algún tiempo atrás, pero en sus facciones se notaba el crecimiento de manera clara. Resultaba lógico que había madurado a la par de Fighter. Mientras que a su versión femenina se le habían asentado aún más cada uno de sus rasgos femeninos, el muchacho ahora presentaba en su bello rostro facciones mucho más definidas, hombros más anchos y músculos voluminosos. Un pequeño rastro de barba sin afeitar adornaba su fuerte mandíbula y estaba un par de centímetros más alto. La cintura seguía siendo pequeña y las piernas largas y torneadas. Atrás había quedado la imagen del adolescente para dar paso a la de un joven adulto. "Uno muy atractivo", se permitió agregar Alba en su mente.
—¿Tienes alguna idea de cuál pueda ser el disparador de estos cambios involuntarios? —entonó curiosa mirándolo, esta vez, directo a los ojos.
Seiya tragó grueso y le fue totalmente imposible evitar el notorio sonrojo que le atravesó las mejillas con violencia, cosa que lo delató de inmediato ante la atenta mirada médica. Se atragantó con su propia saliva, nervioso, y desvió la mirada avergonzado hacia un costado, encontrando a la pared blanca sumamente interesante en esos momentos. Finalmente, luego de recomponerse, negó a penas con la cabeza, cohibido. Alba, observadora y en exceso entrenada en las mentiras de los (malos) pacientes, depositó el archivo hacia un costado al mismo tiempo en que dejaba escapar un suspiro y se inclinó hacia adelante, con las cejas fruncidas.
—¿Fighter?
—Seiya. —corrigió, automáticamente.
—Bien. Seiya. —concedió, comprensiva. La situación era delicada. —¿Estás seguro que me dices la verdad?
Seiya buscó otro punto en el techo para fijar la mirada y la visión del joven avergonzado le resultó tierna a la doctora. Claramente Seiya no quería decir la verdad, era vergonzoso. Y si sus hermanas se enterasen… ¡por el cosmos! Serían capaces de viajar a la tierra y estirar los sedosos cabellos de Serena hasta dejarla calva. Alba soltó otro suspiro ruidoso, como haciéndole entender que no estaba siendo un paciente colaborativo, y decidió poner mano dura.
—Escucha, Figt-… Seiya, si no me dices todo lo que sabes acerca de este… fenómeno, difícilmente pueda ayudarte. —explicó, despacio, como si fuera un niño pequeño, mientras movía las manos para acentuar su argumento. Ante la actitud reacia, bufó enojada. La paciencia no era precisamente una virtud de la que podía jactarse, pero debía esforzarse por el bien de su paciente y por el agradecimiento que le debía a Kakyuu. —Mira, si lo que te preocupa es que se lo pueda decir a alguien, debes entender que estoy bajo secreto profesional.
—¿Secreto profesional? ¿Quiere decir que jamás, nunca, se lo dirá a nadie?
—No si así lo deseas —respondió, divertida. Era como tratar con un crío.
—¿Lo promete? ¿Ni aunque la amenazaran con, no sé, hacerle comer algo horrible? ¿Tirarla a una jaula con animales hambrientos? ¿Poner sus pies en un pozo replet-
—No, no lo diría. Es una promesa —interrumpió, con una risita ante los planteos ridículos.
El chico asintió y tras un momento de deliberación interna, mientras jugaba nervioso con sus dedos recreando desordenados circulitos, Seiya se decidió a contestar. Sus mejillas se colorearon furiosamente mientras se revolvía un par de veces en la silla, incómodo con la situación.
—Está bien. ¡Pero recuerde que lo prometió! —amenazó el joven con una cara graciosa que hizo que se le escape otra risita a Alba. —Es algo… —pasó sus manos por el cabello, desordenándolo. —vergonzoso. En los últimos tiempos estuve teniendo sueños… húmedos, que ocasionan que me despierte con este cuerpo. Las primeras veces, volvía de manera automática a mi verdadero cuerpo y ahora…
—¿Y en estos sueños, aparecías con tu forma femenina? —indagó.
—No. —afirmó avergonzado. Como Fighter, quien realmente era, confesar esa información la hacía sentir realmente como una degenerada. Una vil pervertida. Era demasiado consciente de su condición de mujer pero pareciera que de alguna manera anhelaba su lado masculino. La situación le resultaba del todo confusa. —Aparezco como Seiya —confesó con pesar.
Alba suspiró. Jamás había imaginado encontrarse en semejante situación cuando decidió estudiar medicina. Miró al atractivo muchachito con algo parecido a la pena. Podía decir, con total seguridad, que su cabeza estaba hecha un lío: se le veía en el rostro. Estaba convencida que este era un caso más para la psicología que para su área de trabajo. Tenía una leve teoría al respecto que difícilmente le agradara a su paciente y carecía de todo fundamento científico, pero decidió por comentarla de igual manera.
—Mira. No te voy a decir esto como médica, porque lo que te pasa actualmente escapa por mucho a mis conocimientos y a mi formación académica. Te lo voy a decir como si fuera tu amiga, una amiga que tiene una intuición al respecto y que puede brindarte una teoría. —El joven se inclinó para escuchar con más atención lo que Alba tuviera para decirle. —Se supone que Seiya y Fighter son la misma persona, pero que no puedas volver a tu cuerpo original por voluntad propia me hace pensar que, en algún recóndito lugar de tu mente, Seiya Kou existe como una entidad propia.
El silencio se adueñó del lugar por unos cruciales segundos. El tic tac del reloj de la pared blanca dramatizaba a la pequeña sala. Por el rostro de Seiya, pasaron mil y un expresiones, sorpresa, disgusto, miedo, tensión, furia, incomprensión, todas con una rapidez extraordinaria, como si no pudiese reaccionar concretamente.
Hasta que lo hizo.
—¡Pero eso es imposible! ¡Yo soy Seiya y Fighter! —exasperado, se levantó y comenzó a caminar por círculos dentro del recinto, hablando consigo mismo más que otra cosa —Jamás tuve pensamientos disociados al transformarme, mis voluntades siempre fueron las mismas estando en una forma o en la otra. Es cierto que tengo actitudes diferentes como Seiya y que en esa forma me divierte actuar presumidamente, pero... ies mi mente la que toma decisiones, la única que existe, la de Fighter, solo que en un cuerpo masculino! ¡Soy Fighter!
Alba torció sus labios enigmáticamente.
—Entonces, ¿por qué es que si solo tú, Sailor Fighter, tomas las decisiones, no puedes volver a tu cuerpo?
La miró con una mezcla de irritación y desesperación. Estaba enojada con Alba, aunque supiese que la joven doctora no tenía nada que ver con su problema, su sugerencia era ridícula y solamente le estaba dando más caos a su perturbada mente. Pero, a pesar del enojo, no tenía respuestas para ofrecerle, desconocía porqué su cuerpo había dejado de acatar sus órdenes.
—¡Yo… ! Y–... no lo sé. —finalmente, se rindió ante la furia y una sensación de desolación se hizo lugar en su pecho y su mente. —Yo no lo sé —repitió en voz baja.
—Lo que yo creo, es que ahora Fighter maneja el cuerpo al que Seiya no le deja volver. —expuso Alba, un poco mareada por la situación pero tratando de ordenar sus ideas y poder transmitirlas—. Y si me dices que esta situación se ha ido agravando con el tiempo, según lo que me has contado, temo augurar puede que en el futuro él haga más que eso.
Frente a ella, su paciente fue recorrida por un escalofrío y su rostro se tornó aún más pálido de lo que ya estaba. Tembló antes de hablar.
—¿A qué te refieres?
—No quiero asustarte ni angustiarte, recuerda que estas son solo suposiciones mías y que es un caso nunca antes visto. Pero quizá Seiya tenga la fuerza de hacer desaparecer a Fighter. Ahora es tu mente, Fighter, la que controla el cuerpo de Seiya... pero , ¿y si luego es la mente de Seiya la que toma el control? ¿De todo?
Luego de eso, solo se escuchó el característico ruido de un cuerpo cayendo pesadamente al suelo. Seiya, Fighter o quien quiera que sea, se había desmayado frente a ella. Suspiró. No iba a ser fácil levantar semejante cuerpo hasta ponerlo en la camilla.
Todo sea por el reino.
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