Chapter 4: Kakyuu


—¡Lleva tres días durmiendo!

Healer estaba desesperada. Caminaba de un lado a otro de la habitación sin detenerse ni un segundo, como si caminando encontrase alguna mágica solución al problema de su compañera. Desde el borde de su cama, sentada con elegancia y rectitud características, Maker la miraba con calma y un poco de condescendencia, dejándola descargar todas sus frustraciones en un monólogo interminable y, sinceramente, aburrido.

—¡Tres! ¿Quién duerme tres días seguidos? Va, va a… ¡morir de inacción o algo así! —concluyó la menor, llevándose una mano a la boca.

—Lo dudo—le contestó Maker, lacónica, como siempre. Alguien debía mantener la calma por ambas, hasta que llegase Kakyuu y, con su habitual aura pacífica, bajara los nervios de Sailor Healer, que empezaban a hacer estragos. —Y te recuerdo que la semana pasada dormiste dos días seguidos, sin despertarte ni para comer o ir al baño, lo que me parece sumamente insalubre.

Healer tuvo la decencia de sonrojarse, aunque solo un poco. Con una mezcla de molestia y pena, solo atinó a mirar mal a la muchacha sobre la cama.

—¡Eso fue distinto! Yo no me ando desmayando por el castillo después de perder el control de mi cuerpo.

Antes de que Maker pudiera responderle, probablemente un buen argumento, tres suaves golpes sonaron y luego la puerta se abrió con un breve chirrido. La Princesa ingresó con su parsimonia característica y, mientras sus súbditas y amigas se inclinaban a manera de saludo, les dedicó una sonrisa cálida.

—Siento interrumpir su conversación.

—Aunque era más bien un monólogo —agregó Maker, ganándose una mirada asesina de la peliplateada. Luego sonrió. —No es ninguna interrupción, Princesa. La estábamos esperando. ¿Cómo se encuentra Seiya?

Kakyuu miró a ambas chicas y, con un gesto de su mano, las invitó a tomar asiento a la pequeña mesita en uno de los rincones de la habitación. Healer, que había parado de actuar como desquiciada con la entrada de su princesa, acató rápidamente, aún con la preocupación bañando su rostro. Aunque se pasaba mucho tiempo ignorando a las otras sailors y comportándose indiferente, debía admitir que sentía debilidad por ambas. Si bien no lo dejaba ver, las quería como a hermanas, como a su única familia. Eran sus hermanas. Maker, con mucha más tranquilidad pero con la misma preocupación, se acercó a la mesa y tomó asiento frente a Kakyuu.

—En algún momento de la noche Seiya se fue. Ahora la que descansa en Fighter, la hemos trasladado a su habitación para que cuando despierte se sienta más cómoda y en un contexto amigable. La vigila una de las mucamas más confiables —explicó, sin dejar de advertir el alivio que atravesaba por las expresiones de sus muchachas.

—¡Genial! —aplaudió Healer, como una niña pequeña en un parque de diversiones, mientras Maker recomponía un gesto serio, imaginando que habría más por decir. La expresión de su princesa no era de júbilo, precisamente.

—Sin embargo…—Kakyuu se interrumpió a sí misma, dudando en comentar las inquietudes de la doctora, a las que consideraba bastante coherentes. No quería arruinar la felicidad de la menor por algo que tenía tantas posibilidades de pasar como de no hacerlo.

—Sin embargo, podría ser que esto vuelva a suceder. ¿Es eso lo que iba a decir, su majestad? —terminó por ella Maker, para el horror de su compañera.

La princesa suspiró antes de asentir con la cabeza. El panorama no era bueno según las conjeturas que le había transmitido Alba, aunque ella misma esperaba estar equivocada al respecto.

—Según la doctora Alba podría seguir sucediendo. Deben entender que no existen antecedentes de algo similar en la historia de nuestro reino ni de las sailors. Con ello quiero decir que no hay demasiadas bases científicas para afirmar la teoría de Alba y son solo especulaciones basadas en la charla que tuvieron, pero es posible que... —tomó aire antes de decirlo, haciendo crecer las expectativas de sus guerreras —Es posible que Seiya empiece a funcionar como un ente separado a Fighter.

—¡¿Cómo?! —gritó Healer fuera de sí, levantándose con violencia y tirando su silla en el proceso. Eso era imposible, ella sabía cómo funcionaba, también tenía un alterego: Yaten Kou no existía, Yaten Kou era ella. Lo mismo sucedía con Taiki y de igual manera debía pasar con Seiya.

Mientras la peliplateada retomaba su caminata eterna y angustiosa por la habitación, un pesado silencio se formó entre las tres, encerrándolas a cada una en sus propias cavilaciones durante largos minutos. El silencio se vio interrumpido por unos tímidos golpes que se hicieron escuchar y por la puerta apareció una mucama que reverenció a la princesa y a las guerreras.

—Su majestad, la señorita Fighter ha despertado.


Otra vez con demora, pero este es el cuarto capítulo. Estoy muy pero muy feliz con todo el apoyo que me dan, con los reviews, los favoritos, los follows, ¡todo! De verdad, muchísimas gracias. Gracias Lizzy Kou, no puedo contestarte por privado así que te agradezco acá, al igual que a Ro.

No son malas noticias, pero no voy a comprometerme a lo de actualizar una vez por semana, porque son falsas esperanzas. ¡Soy terrible y angustiosamente inconstante! De igual manera, no se preocupen, que la historia sigue y no pienso dejarla. Solo... tengan paciencia. Intentaré no dejar pasar más de dos semanas entre capítulo y capítulo.

De nuevo, gracias. ¡Nos leemos!