Antes que nada perdón por la eterna demora.
Para quienes ya venían leyendo esta historia, hay pequeñas modificaciones en los capítulos anteriores. No modifican para nada la historia, pero sí están revisadas ciertas cuestiones cronológicas y temporales que me venían haciendo ruido. En fin, ¡disfruten la lectura!
Chapter 4: Charla entre sueños
Fighter abrió los ojos repentinamente, al mismo tiempo en que se llevó las manos al pecho, palpando repetidamente la zona. Inspiró hondamente y largó un carcajada casi desquiciada, como si fuera una despedida de su propia frustración. La risa se apagó paulatinamente y, luego de un suspiro hondo, su rostro quedó adornado por una sonrisa triunfante.
—Bien. Tengo tetas.
—Y son muy bonitas, claro.
Fighter se asustó y giró con violencia su cabeza, un sonoro crack escuchándose en sus vértebras. Eso le pasaría factura a su cuello mañana. Volvió a girar en otra dirección pero no vio a nadie. De hecho, no vio nada, absolutamente nada. Estaba rodeada de una inmensa cantidad de nada. Cuando se percató de que ni siquiera había un piso en el cual pararse y que, de hecho, estaba flotando en un gran infinito de blanco, perdió el equilibrio y su cuerpo empezó a moverse en formas extrañas, como si no existiera gravedad alguna a la que aferrarse. Soltó un pequeño y poco digno gritito, muy agudo para su gusto, e intentó recuperar la verticalidad de su propio cuerpo, sin resultados positivos.
Una carcajada estruendosa se escuchó prácticamente en su oreja, pero a la vez resonando por todo el lugar. Los sonidos eran demasiado fuertes. De pronto, un piso empezó a aparecer y a extenderse por lo que parecían ser kilómetros y con él, reapareció la tan anhelada gravedad. Era pasto, tan verde y bien cuidado que parecía una alfombra. El olor a tierra mojada le caló los pulmones a medida que seguían apareciendo árboles, flores, el canto de unos pájaros y un cielo azul despejado, sospechosamente parecido a los ojos de Sailor Moon. Pocos metros más allá de donde se encontraba ahora parada y bien aferrada a la tierra, una mesa de jardín con una sombrilla en el medio y dos sillas rodeándola fue lo último en aparecer.
—¿Estás más a gusto ahora? —escuchó la voz, que ahora reconocía como familiar, a sus espaldas.
Fighter se giró con temor y lo que vio la dejó pasmada.
Seiya Kou estaba frente a ella. Con el habitual traje rojo, el pelo largo, los ojos azul oscuro casi gris y la típica sonrisa que ella había sabido utilizar para hacer caer a las fans y a los periodistas. Y molestar a Serena, claro. Pero era imposible, simplemente no podía estar sucediendo. No podía haber una Fighter y un Seiya al mismo tiempo.
—Estoy soñando —susurró, más para sí misma.
—Bueno, podría decirse eso, aunque no es del todo acertado. Ven, ven, vayamos a sentarnos y te lo explicaré mejor. —la total impunidad con la que Seiya la agarró de los hombros y la empujó hasta la mesa la dejó sin palabras. Estaba boqueando como un pez al que recién sacaron del agua. Sintió como las fuertes manos la tomaban por los hombros, obligándola a sentarse y, luego, el joven hizo lo mismo frente a ella, colocando un codo sobre la madera y dejando su cara reposar sobre su mano, con un gesto divertido. —No vas a decirme nada, ¿uh? Bien. Podemos mirarnos un rato.
Fighter por fin salió de su estupor y frunció el ceño con tanto esmero que podría jurar que ahora tenía una sola ceja.
—¿Qué mierda pasa? —exigió, con la voz ronca.
—Ah, estamos de malas —rió Seiya aunque a su acompañante no le dio un mínimo de gracia, después tomó aire y empezó a hablar —Bueno... ¿por dónde empezar? ¡Ah, qué descortés! ¡Bienvenida a tu mente! —dijo, extendiendo los brazos como señalando todo a su alrededor y con una gran sonrisa, en una perfecta imitación de un presentador de los programas a los que tanto habían asistido junto a Yaten y Taiki. Luego se encogió de hombros y agregó. —Aunque esta es mi parte dentro de tu mente, en realidad.
—¿Cómo que "tu" parte? Mi mente es mía. Tú no existes, Seiya.
—Ouch, eso fue duro —fingió secarse una lágrima mientras con la otra mano se agarraba el pecho en gesto de profundo dolor.
—No es gracioso.
—¿Sabes que no es gracioso? —inquirió Seiya, más rápido y brusco de lo que hubiese deseado. —Estar encerrado casi año en un pedazo oscuro de tu mente, sin nada para hacer, ni para leer, ni para ver, ni un poquito de cielo. Solo oscuridad. Gracias por eso. Muy amable de tu parte.
Por unos segundos Fighter se olvidó de su enojo y se sintió mal consigo misma, o con Seiya, o como sea. Ella no sabía que le había hecho eso a su alter-ego masculino, de hecho, ¡ni siquiera sabía que estaba ahí! Por el Cosmos, todo era demasiado confuso para su comprensión. No era su culpa, Seiya no debería existir, ¿cómo era posible que fueran dos entidades separadas? ¿Cuándo había sucedido eso? ¿Por qué?
—¿Cómo podría haber sabido eso? ¡Ni siquiera estoy segura de que esto sea real! Yo soy yo y también soy Seiya. ¿Quién demonios eres tú?
Seiya la miró directo a los ojos con seriedad y la joven tragó duro, intimidada. Se había olvidado que podía hacer eso con la mirada. El chico rió suavemente antes de estirarse sobre la mesa y palmearle la cabeza.
—Qué terca. Soy Seiya Kou y tampoco sé cómo pasó esto, aunque tengo una teoría que te contaré solo si te portas bien y dejas de interrumpirme. ¿De acuerdo? —la sailor abrió la boca con un gesto indignado pero antes de poder emitir algún sonido, él le puso los dedos sobre los labios —Ah, ah, ah. Nada de interrumpir, ¿sí? No me obligues a aparecerte una mordaza en la boca. Bien, como dije: ¡bienvenida a mis dominios dentro de tu mente! Aquí vivo y reino yo ahora que dejaste de sobrecargarte con trabajo en un intento idiota de olvidarte de Serena Tsukino y de mí.
—¡Yo no inten- mhmhmhn!—ahora con una mordaza en la boca, la guerrera le dedicó la peor de las miradas.
—Te lo advertí —Seiya tiró un mechón de su pelo hacia atrás mientras sonreía divertido. —Como decía, cuando bajaste las barreras pude salir de ese rincón horrible al que habías relegado. ¿Sabes? Realmente no estoy haciendo nada en particular para joderte la existencia, solo me paso el día por aquí y por allá pensando en Serena y como no eres para nada indiferente a ella, parece que estoy tomando fuerzas y cada vez este lugar se hace más amplio —al ver cómo Fighter negaba con vehemencia compuso una mirada pícara y una sonrisa ladina. —Vamos, puedes mentirles a todos los que te rodean, pero no a mí. Amas a la Diosa de la Luna, solo que de una forma distinta a la que lo hago yo. No deja de ser amor. Cuando le pedimos que nos dejara reemplazar al idiota de su novio aún no éramos entes disociados. Tampoco cuando intentamos besarla. Querías eso. Ambos lo queríamos.
La sailor tuvo que aceptarlo. Era cierto, aunque todos los días intentara convencerse de lo contrario. El contacto que había tenido con la chica durante su estancia en la tierra no fue tanto en su forma femenina, pero su corazón había sido alcanzado por la inocencia de su alma y lo genuino de su esencia. La pureza era un rasgo que no se encontraba con demasiada frecuencia en las personas y que nunca la había tocado con tanta vehemencia. Verla llorar por ese sujeto fue un puñal que se le clavaba en el pecho. Pero aún así no estaba del todo segura que podía llamarse amor a lo que sentía.
Al verla más tranquila y pensativa, Seiya hizo desaparecer el pedazo de tela dentro de la boca de su interlocutora y la miró con atención. Él tampoco entendía del todo qué estaba sucediendo, solo sabía que un día, rodeado de una triste oscuridad asfixiante, empezó a ver una grieta de luz que se acentuó con el tiempo y con cada pensamiento que le dedicaba a la rubia, hasta que de pronto, todo lo negro se había ido y solo quedaban él y una inmensidad blanca sobre la cual podía dibujar de todo, salvo a personas para hablar. Salvo a Serena.
El silenció los atrapó a ambos durante largos segundos. Finalmente Fighter lo miró, decida.
—No estoy enamorada de Sailor Moon.
—No, si hablamos de amor romántico, no. Ya lo sé. Eso es lo que siento yo —replicó Seiya, haciéndose para atrás en su silla —Y su nombre es Serena, ¿sabes? —agregó, enfurruñado.
—Como sea. No estoy enamorada de Serena y tú no existes —Seiya, cansado de su necedad, solo atinó a sonreírle mientras se señalaba a sí mismo. Fighter frunció el entrecejo. —Y llegado el caso en que existieses y esto no fuese una ridícula pesadilla, este es mi cuerpo, Seiya. Mío, no tuyo. Mi mente, mi cuerpo. No puedes obligarme día tras día a despertar con una… con una... erección.
Seiya rompió a carcajadas estruendosas mientras que la sailor era atacada por un rojo furioso en sus mejillas. Hacia el final de su discurso la decisión y la fuerza se habían ido como por un soplido, la vergüenza apoderándose de ella.
—¡Deja de reírte! ¡Es tu culpa!
—Oh, querida Fighter —empezó, mientras se quitaba una lágrima y ahogaba su propia risa —Yo no estoy haciendo esto a propósito. Todas las veces en que has despertado en tu versión masculina, o sea, yo, fue tu mente la que siguió a cargo.
Fighter volvió a ponerse roja, solo que esta vez la ira buyó a través de su cara.
—¡Eso es mentira! Sabes muy bien que no es cierto. Yo no tengo esos pensamientos lujuriosos acerca de la chiquilla. ¡Así que ya deja de mentir!
—¡No estoy mintiendo! En ningún momento tomé control de tu cuerpo. Créeme, si pudiera hacerlo estaría viajado ahora mismo a la Tierra.
—Ni se te ocu-
—¡No me interrumpas! Estoy tratando de darle sentido a algo de todo esto —su contraparte se cruzó de brazos, indignada por ser callada de manera tan irreverente —Mira, para mí también es confuso. Te puedo asegurar que no hago esto a propósito. Lo que ves en esos momentos, mientras estás en mi cuerpo, sí son imágenes mías. Proyecciones mías de recuerdos antiguos, esperanzas, fantasías. Son mías. Las mantengo con fuerza para que hagan mella en tí. El deseo que impide que vuelvas a tu cuerpo también es mío. Pero nunca tomé tu mente.
La sailor suspiró derrotada y se perdió en sus pensamientos. Sabía que era cierto. Solo estaba intentando echar culpas y liberarse de las propias. Era extraño, una mezcla caótica. No eran pensamientos ni sentimientos suyos, pero a la vez se proyectaban en su mente. De alguna manera también le pertenecían.
—Así que ya deja de usarme de excusa para alivianar el que te masturbes pensando en Serena. Aunque técnicamente es mi pene, así que no vale co...—su palabrería fue interrumpida por un puño en su rostro.
—¡Maldito degenerado!
—Hey, eso hubiera dolido de estar en la realidad. ¿Qué no piensas en la integridad de mi bello rostro? —dramatizó Seiya, llevándose una mano al corazón.
—Basta de tonterías. ¿Qué vamos a hacer? Esto no puede seguir así. No vas a adueñarte de mi voluntad —cuestionó la joven guerrera, seria. Todavía no sabía si era presa de un delirio cósmico extraño o no, pero algo le decía que el joven frente a ella era tan real como las estrellas.
—No lo sé. Solo sé que no volveré a dejar que me encierres en ese lugar oscuro mientras haya esperanzas. Y sé que las hay, porque sino ni siquiera estaría aquí en primer lugar —ahora fue su turno para mirarla a los ojos con determinación —Amor fraternal o lo que sea, pero también lo sientes. Lo sé.
—Ya nos rechazó, Seiya. Te rechazó. —Había un atisbo de profunda tristeza en su mirada. En la de ambos, en realidad. Serena Tsukino era una herida abierta.
—Lo sé. Pero quiero verla. Quiero verla como Seiya, no como lo que sea que fuéramos antes. Aunque sea una última vez, pero necesito verla a los ojos y abrazarla, aunque segundos después anuncie que no me ama.
La joven fue alcanzada por su discurso como si de un flechazo al pecho se tratase. De alguna manera, el dolor de Seiya al decir eso también se replicó en ella. No podía adivinar si se trataba de un reflejo por ser, hasta hace no mucho, la misma entidad o porque ella se sentía de igual manera ante la profundidad de los ojos cielo de Sailor Moon. Miró a su alter-ego y la empatía se adueñó de sus decisiones.
—Está bien. Puedo hacer eso. Puedo cederte el control.
—¡¿De verdad?! ¡¿Lo dices en serio?! —Seiya parecía un cachorro recién adoptado o un niño recibiendo regalos por la navidad. Su mirada se había iluminado de golpe.
—Sí. Pero si ya no hay esperanzas, si no existes para ella… Si no existimos para ella, será un adiós. Debes prometerme que te irás, que no volverás a pensar en ella. Harás el esfuerzo hasta que vuelvas a ese espacio negro, hasta que desaparezcas. Si no existe una chance, me dejarás continuar con vida, Seiya. Para siempre.
El joven frente a ella se puso pálido, ese había sido el más cruel de los ultimátums. Le producía un pavor casi animal el solo pensar en quedar confinado a la oscuridad para siempre, a ese lugar donde no existían ni el azul ni el dorado y en el que pasaría la eternidad solo o, quizás, viviría en soledad hasta desaparecer. Le agrada ver el mundo a través de los ojos de Fighter aunque no fuese él quien gozara del placer de estar inmerso en él. Aún así, ver a su princesa, a Healer, a Maker, al sol, la lunas y las estrellas a través de la mente de su alter-ego… era preciado para él. Aunque no la tuviese a ella. Se preguntó a sí mismo si era capaz de sacrificar su pequeña, extravagante e incoherente existencia por alguien que amaba a otro hombre, que tenía en futuro diseñado por el universo o lo que fuera. Cerrando los ojos, tomó todo el aire que cupiese en sus pulmones y dejó salir un profundo suspiro. Luego, la miró directo a los ojos.
—Serena vale el intento —dijo, con suma decisión.
—¿Lo prometes, entonces? ¿Recuerdas, acaso, la situación de tu querida bombón? —inquirió la sailor, mientras encarnaba una ceja.
—Sí, lo sé. No tengo todas las de ganar, pero creo que sabes que siempre me gustó apostar todas mis cartas. Y dejaré todo lo que tenga —anunció, decido.
—No sé por qué hacés esto, Seiya. Siempre fuiste, fui o fuimos, a esta altura ya no comprendo… confiado y altanero, mas no estúpido —ella sabía tan bien como Seiya que la Princesa de la Luna tenía un destino sellado, una hija futura, amigas que la presionaban y unas carceleras particularmente malhumoradas. Sailor Moon no había sido capaz de sobrellevar la situación años antes y, estaba casi cien por ciento convencida de que tampoco lo lograría ahora. Era una situación ganar-ganar: podría verla una vez más (se preguntaba si admitir para sí misma que lo deseaba era también admitírselo al joven que vivía en su cabeza) y Seiya, al final del viaje, estaría en proceso de desaparición. Era la perfecta solución a sus problemas, le había costado aceptarlo, pero sabía que era imposible que la chiquilla de la Luna los pusiera por encima de su amor destinado y sus obligaciones futurísticas. Ganar-ganar, se repitió.
—¿Qué puedo decir? Quizás no me conoces del todo —contestó, con una risa suave. Luego se aclaró la garganta en un intento profesional y le extendió la mano por sobre la mesa. —Bien, entonces. ¿Tenemos un trato?
—Trato —sentenció, estrechando su mano.
—Bien, mi querida Fighter. Ahora despierta.
Y con un simple chasquido de su dedo, la sailor abrió los ojos, esta vez, en la realidad.
Sé que soy de lo peor, pero dije que no la iba a dejar sin terminar y no lo pienso hacer. Me trabé mucho con este capítulo después de perder lo que tenía escrito y también con ciertas cuestiones que me empezaron a hacer ruido.
Gracias a todos por sus comentarios. En el próximo capítulo vamos a ver a Serena y su vida en la Tierra. Ya lo tengo escrito así que supongo que lo estaré subiendo pronto.
¡Saludos!
