Chapter 4: De obligaciones y rebeldías.
Serena buscó a tientas la llave en los bolsillos de su pantalón, mientras que con la otra mano hacía una suerte de malabares para no dejar caer las compras de la semana. Se había mudado allí hacía poco más de un año, luego de haberse inscrito en secreto en la Universidad de Temple, en el departamento de Artes. Suspiró, pensando en que su propia voluntad le había conseguido tal oportunidad: contra viento, marea y la opinión unificada de todos aquellos que la rodeaban, Serena Tsukino había logrado mejorar sus calificaciones durante sus dos últimos años de secundaria alta. Lo había logrado, por y para ella y, junto a ese logro, había sobrevenido la posibilidad de ingresar a una buena universidad.
Ella también anhelaba un sueño. Con los años, su destino sellado le supo amargo y vacío, casarse y formar una familia comenzó a oírse plano a medida que iba creciendo. Ese tonto sueño adolescente, de niña embelesada por un joven mayor que había sido acrecentado con el conocimiento de los hechos futuros, le resultaba aburrido a sus oídos de joven. Ella también merecía desafíos, todas, de hecho. Ingresar a la Universidad de Tokio para Amy, ser cantante para Mina, cocinar para Lita…
Finalmente logró colocar la llave en la cerradura y entrar a su pequeño hogar, nada muy elegante o lujoso, pero moderno y lo suficientemente amplio para vivir cómodamente y, lo más importante, cercano a la universidad. Aún conservaba esa maña de levantarse sobre la hora y arreglarse apresurada, así que conseguir ese alquiler a tres cuadras del campus fue todo un triunfo. Dejó el manojo en una pequeña repisa anclada a la pared del genkan* y se sacó sus sandalias reemplazándolas por sus uwabakis*.
Se encaminó hacia la pequeña cocina para ordenar los víveres y pensó que decidirse por Artes había sido una verdadera odisea, más aún considerando la falta de consejo de sus amigas y su familia: sospechó que las primeras no lo comprenderían, siempre atándola a ese lugar de niña inmadura y llorona, y, en cuanto a su familia, no quería ser objeto de lástima si las cosas no llegasen a ir como ella esperaba. Luna, por otro lado, había empezado a insistir más en sus deberes con el Milenio de Plata, haciendo que Serena se volviese reacia a charlar con ella.
Cansada y luego de revisar su reloj pulsera, decidió que aún tenía disponibles unas horas antes de comenzar a estudiar para su exámen de Historia del Arte, tirándose pesadamente al sillón de su living-comedor. Al principio fue duro, pero hoy tenía pleno convencimiento de haber tomado la decisión correcta, sus clases la emocionaban y le iba bien en casi todas. Era una carrera con muchas aristas que le había permitido hasta conseguir un trabajo en una galería de arte cercana y bastante reconocida en la zona. Había sido muy difícil sostenerse económicamente los primeros meses con sus ahorros y un poco de ayuda de Ikuko, quien irradiaba felicidad cada vez que escuchaba hablar a su niña de su futuro profesional. Ella y Kenji habían sido los primeros en enterarse de que había logrado ingresar en la universidad y se sorprendieron aún más cuando ella les comunicó que se mudaría de la casa. A pesar de estar un poco angustiados, sus padres les brindaron todo su apoyo y se aseguraron a base de amenazas de que Serena recurriría a ellos en cualquier tipo de adversidad, ya sea económica o anímica. También le recalcaron hasta el cansansio que sería bienvenida en caso de querer volver. Ella solo les pidió que cuidaran a Luna, diciéndoles que sería demasiada carga llevarla al departamento que planeaba alquilar, pero la realidad era que, por primera vez en la vida, Serena quería estar sola y, sobre todo, no escuchar ni reclamos ni consejos sobre su futuro como gobernante. Luego abrazó a sus padres, con los ojos húmedos y la nariz moquienta y los invitó a ver el lugar que la inmobiliaria le había conseguido.
Unos días después, cuando Luna vio a los hombres levantar muebles y llevarlos escaleras abajo, no comprendió qué estaba pasando. Había increpado a Serena en un momento oportuno, y luego de ponerse a corriente de la situación no pudo más que ofenderse. Nada de esto estaba en los planes originales y ninguna de las guardianas había sido notificada por la rubia de su decisión. Serena solo ignoró los comentarios de la gata antes de entrar en una discusión y atravesó la puerta de su habitación vacía con una mochila cargada en sus hombros, dejándola con la palabra en le boca. Estaba ocupada revisando cada rincón, por si se olvidaba algo y, más que eso, estaba demasiado feliz como para que alguien se lo arrebatara.
Tanto Serena como un camión de mudanzas abandonaron la calle de la casa de su infancia. Sabía que no era nada de otro mundo y que los visitaría seguido, pero la perspectiva de hacer algo enteramente por sí misma le hizo temblar de emoción. Desde el balcón, Luna vió alejarse el auto de Kenji, indicando el camino a los de la empresa de transporte. Volteó a ver con frustración la foto enmarcada que Serena había dejado allí deliberadamente. La imagen de esa familia se le antojó distante, pero su deber era asegurarse de que sucediera.
Serena regresó de sus cavilaciones del pasado cuando sonó su celular. Distraídamente y sin dejar de mirar el sutil giro del ventilador de techo, tomó el aparato del bolsillo de su saco para llevarlo a la altura de sus ojos. Ahogó un gemido de angustia. Quería a sus amigas, era imposible negarlo, pero mataría porque la dejaran en paz. Desde que Luna les había dicho que estaba estudiando artes y se había mudado todas se habían transformado en una suerte de casamenteras, preocupadas por el futuro de la Tierra, por su relación con Darien y por sus papeles como guardianas. Habían organizado rápidamente una intervención sorpresa y, un día, al salir del campus, había sido prácticamente raptada en el auto de Haruka y Michiru, para ser llevada al templo de Rei, sin muchas explicaciones de por medio. Pacientemente había escuchado sus reclamos sobre no estar esforzándose en su relación con Darien y estar desviándose hacia cosas de menor importancia, sobre retrasar la llegada del Milenio de Plata y de la Pequeña Dama. Por media hora solo escuchó sin emitir sonido ni dejar entrever las emociones que la embargaban, para nada positivas. Algunas de sus amigas casi no habían intervenido y se las veía apenadas, como si en algún lugar de sus corazones la comprendieran. Lita, fiel al apoyo que siempre le había dado y Mina, tan apegada al amor y a los sueños de las personas, solo asentían cuando había una pregunta generalizada que buscaba apoyo. Cuando finalmente le habían concedido un espacio para hablar, anunció que no se casaría con Darien cuando éste volviese de los Estados Unidos, no hasta terminar la carrera, tener un trabajo con su título bajo el brazo y lograr estabilidad, cosa que, en principio, al menos le tomaría cinco años, si le iba bien en todas sus materias. Rei había puesto el grito en el cielo y, Serena estaba segura, que de no ser porque estaban todas reunidas, la sacerdotisa le hubiese golpeado en el rostro.
Desde ese momento tenso en la casa de Rei, los mensajes y llamados se habían acrecentado con insospechada rapidez. No eran cosas muy obvias, pero ella comprendía el trasfondo: "cambia de decisión Serena, Darien volverá pronto de los Estados Unidos" para las más drásticas como Rei o Michiru o "consigue ese título cuánto antes, Serena" para Amy o Haruka. Sorprendentemente Setsuna había decidido llamarse a silencio, pues las puertas del tiempo eran misteriosas y prefería no intervenir. Lita y Mina eran mucho más amigables en sus charlas, le preguntaban sobre sus clases, sus profesores y sus compañeros. Solo ellas dos sabían exactamente la dirección y el número de su departamento, cada tanto venían a visitarla. Lita cocinaba algún postre delicioso que había aprendido en la academia y ella y Mina miraban con baba cayendo de sus bocas, algo que con el tiempo no había cambiado.
La relación con sus otras amigas se había enfriado, pero al menos había logrado que respetaran sus decisiones. Luna era un caso aparte, cada vez que visitaba sus padres se encargaba de recordarle lo "irresponsable y egoísta" de su actuar y, también, que la vuelta de Darien al país se encontraba pisando la esquina.
Suspiró con pesar mientras se acomodaba en el sillón y contestaba vagamente un mensaje de Amy, quien le recordaba que debía aprobar con buenas notas sus exámenes, como si ella no lo supiera. Pensó en Darien y en lo difícil que le resultaría decirle que no a su inminente propuesta de matrimonio, cuando volviese a suelo japonés dentro de cinco meses. Antes de subirse al avión para ir a estudiar a América, luego de mucho tiempo de pelear con la burocracia y conseguir que le otorgaran otra plaza, él se había arrodillado en el medio del aeropuerto y ella lo detuvo en un impulso irrefrenable que no supo identificar. Con las delicadas manos sobre sus hombros lo instó a levantarse y, ante la mirada de confusión, solo pudo decir lo primero que se le ocurrió:
—Deseo que me lo preguntes cuando vuelvas y hayas cumplido tu sueño.
La verdad era que Serena no deseaba que se lo preguntara en ese momento ni en ningún otro. Darien solo había sonreído un poco apenado ante la mirada de las personas a su alrededor, para luego abrazarla mientras depositaba un suave beso en su frente y encaminarse hacia el dispositivo de seguridad del aeropuerto, mirando hacia atrás cada tanto.
La despedida no había contado con lágrimas que empañaran los ojos de la Princesa de la Luna, ni sollozos, ni miradas desesperadas.
Sonó el timbre y Serena se levantó confundida, encaminándose a la puerta; no esperaba a nadie y le afligía pensar en la posibilidad de que alguna de las chicas hubiese encontrado su departamento. Por la mirilla vio a su vecina del primer piso, una morena muy agradable llamada Nano, que también asistía a la Universidad de Temple pero en el departamento de Comunicación. Abrió la puerta más animada, con una sonrisa.
—¡Sere! Siento molestarte, recogí el correo y pensé en acercarte esto —acto seguido, le extendió una carta con sellos internacionales y la rubia palideció. No había contestado las últimas cartas que envío Darien, en las que contaba sobre sus clases y todo lo que estaba conociendo y aprendiendo. —¿Sere? ¿Todo bien?
La rubia dio un respingo, se había quedado como tildada.
—Ah, sí, sí, t- todo bien, Nano. ¡Muchas gracias! —tomó la carta y ambas se despidieron con una pequeña referencia.
Serena sospechaba que era una cobarde, pero que lo ignoraba muy bien. Dejó la carta en la misma estantería de las llaves y decidió que era hora de estudiar para su exámen. Varias horas después y antes de alistarse para ir a trabajar, decidió leerla.
Su corazón casi se desboca.
Un mes.
Darien volvería en un mes.
N/A:
*Gekan: área de entrada tradicionales japonesas para una casa o un departamento como una combinación de un porche y un tapete de bienvenida. La función primaria del genkan es para quitarse los zapatos antes de entrar a la parte principal de la casa.
*Uwabaki: tipo de calzado japonés hecho para ser usado en ambientes interiores de casas, escuelas y algunos edificios públicos, donde está prohibido el uso de zapatos que hayan pisado la calle.
¡Hola! ¿Cómo están? Gracias a todos por leer la historia y muchísimas gracias a las que la han comentado 3 La verdad es que me animan muchísimo sus comentarios para seguir escribiendo. En este capítulo vemos a Serena por primera vez, más crecida y centrada, pero sobre todo, decidida.
Espero que les haya gustado y, si llegaron, hasta acá, dejen un review!
Saludos a todos 3
