Disclaimer: personajes de JK Rowling. No gano nada haciendo esto más que divertirme y divertirlos.
El misterio de los elfos domésticos
Capítulo 3: Benjamín Walters.
Hermione Granger nunca se había llevado bien con la prensa, de hecho, se tenían una animadversión mutua. Así que estando en las instalaciones de El Profeta, esperando por la dichosa Sarah Gala, su paciencia estaba a prueba.
Por supuesto, ella sabía que toda esa tonta pantomima de que la «periodista» se encontraba ocupada era una farsa. La dichosa mujer debía estar en cualquier sitio de ese edificio esperando alterarla lo suficiente como para sacarla de sus casillas y así hacer más fácil confundirla con sus palabras para saber lo que realmente quería.
Para su desgracia, Hermione tenía la suficiente experiencia con la prensa en esos años como para anticipar los movimientos, y por eso mismo tenía el discurso programado con varios días de antelación. No aceptaría preguntas que escaparan de sus manos y sus respuestas. Y El Profeta debería aceptarlo porque de otra manera no tendrían ningún tipo de información.
Finalmente la puerta de la oficina, que estaba decorada con paredes, sillones y cojines ridículamente rosa, se abrió para dejarle el paso a una mujer de pelo negro y tez morena. La Ministra percibió en el momento que, contrario a lo que el lugar pudiese transmitir, Sarah era una persona perspicaz e inteligente, por lo que engañarla podría resultar una complicación. Sin embargo, no era lo mismo engañar que omitir información.
—Es un placer que haya accedido a reunirse conmigo, señora Weasley —dijo la periodista, mirándola directamente. Hermione compuso una sonrisa calculada en sus labios y le respondió.
—Granger-Weasley, si no le molesta. Cuando me casé solicité no perder mi apellido de soltera y mi esposo ha sido verdaderamente comprensivo a la hora de aceptarlo y apoyarme, me gustaría que también usted tuviese la misma atención. —Sarah asintió y se ubicó en uno de los sillones individuales, invitándola con un gesto de sus manos a que ella también se ubicara allí. Hermione accedió y se sentó en frente de la mujer.
—Quisiera felicitarla por su nuevo cargo —comenzó a decirle—, ya que no pude hacerlo anteriormente.
—Muchas gracias, aunque me gustaría pasar al verdadero tema que nos trae a esta reunión. Como podrá entender el tiempo en mi agenda no es demasiado, así que cuanto antes, mejor.
—Por supuesto. Hace unos días asistí a una escena de asesinato en un barrio muggle, pero sobre una familia de magos. Y me pareció muy sorprendente verla allí, así como a todo el cuartel de aurores. ¿Tiene idea sobre lo sucedido?
—Creo que lo resumió muy bien al decir que fue un asesinato.
—Por supuesto, pero, ¿por qué necesitar a todo el regimiento de aurores?
—El hecho ocurrió en una zona muggle, en la que viven algunos pocos magos sí, pero fue en un lugar riesgoso para nosotros. Y no queremos romper el Estatuto del Secreto. Además, los cadáveres fueron encontrados por los policías, que es el equivalente de los aurores, a los que tuvimos que desmemoriar. Fue una situación de emergencia por eso y nada más.
—Curiosamente he recibido información muy nueva sobre otro caso en el día de hoy, ¿qué puede decirme sobre eso?
—Que está usted mejor informada que yo.
Hermione estaba rígidamente sentada en el sillón, eligiendo cuidadosamente sus palabras y tratando de mantener la serenidad. El saber que la prensa ya tenía información sobre el nuevo caso, cuando ella apenas sabía lo que había pasado, era preocupante.
—Supongo que sabrá que planeo escribir un artículo sobre esto —dijo Sarah, ella asintió.
—Lo único que le pido es que tenga conciencia sobre lo que escribirá. No trate de generar pánico en la población mágica. Si se atreve, siquiera, me aseguraré de que este periódico, y usted en particular, no vuelvan a tener público.
La noche había llegado hacía un buen rato y él seguía encerrado en su oficina, revisando las declaraciones de los vecinos de la familia Johnson y tratando de encontrar algo en común con el nuevo muerto aparecido hoy, Elan McGregor.
Y no tenía absolutamente nada.
Se sacó las gafas para restregarse los ojos por unos momentos y entonces sintió como la chimenea se activaba y alguien entraba en el lugar. Por un instante tuvo el impulso de atacar con la varita sin ni siquiera ver de quién se trataba, pero después pudo identificar el perfume del shampoo que Ginny suele usar y eso lo hizo bajar la guardia.
Cuando alzó la mirada después de ponerse nuevamente los lentes se encontró con su esposa sosteniendo una pequeña canasta de la que salía un olor francamente delicioso, y con una sonrisa en sus labios.
—Sé que el trabajo te tiene absorbido, así que pensé en traerte algo de comida y recordarte que si no llegas a la media noche, te cerraré la red flú y además te revocaré el permiso de aparición en la casa. —Harry rio.
—Prometo estar allí para entonces —dijo.
—Bien, bien. Y dale un poco de alimento a Malfoy, que lo estoy viendo en la otra oficina y parece verdaderamente demacrado.
El hombre asintió con la cabeza y esbozó una sonrisa. Si había en ese lugar alguien que estuviera trabajando tanto como él mismo, era Draco Malfoy.
Ginny le dio un leve beso y se fue de la misma manera en la que llegó. Harry, tomando la canasta en sus manos, salió de su despacho y golpeó la ventana del que estaba enfrente. Cuando los ojos grises lo enfocaron sólo hizo un gesto hacia lo que tenía en las manos y entró.
—Mi esposa trajo suficiente comida como para dos, y de paso me ordenó que te alimentara. Creo que está preocupada de tener que adoptar a Scorpius o de que Albus nos mate si dejamos que su mejor amigo se quede sin ti. —La carcajada del rubio fue totalmente espontánea, mientras que le daba un mordisco al sándwich de pavo que Harry le había pasado.
—Seguramente a tu cuñado le encante la idea, pero dudo de que quiera tener que ver a mi hijo más seguido, y más cerca de su princesa.
—Buen punto. ¿Encontraste algo nuevo? —preguntó Potter.
Draco negó. Tenía varias carpetas con pergaminos desperdigados por el escritorio, un mapa con las rutas de los viajes diarios de todas las víctimas, con líneas de diferentes colores para diferenciar entre trabajo, casa, colegio y otras tareas. Incluso tenían un registro de los lugares a los que habían viajado todos mediante la red flú, y aún con todo eso no había ninguna conexión, ni nada que los pudiese relacionar a unos con otros. La situación es altamente frustrante.
—¿Y el segundo elfo? —volvió a preguntar, incluso aunque ya sabía la respuesta. Malfoy hizo una mueca.
—Incluso peor que el otro, ni siquiera es capaz de pronunciar palabra y lo único que hace es hamacarse de adelante hacia atrás en la cama. Blaise intentó entrar en su mente pero no pudo, y no es que tenga un bloqueo. Sencillamente su psique está fracturada, no tenemos manera de acceder a sus recuerdos porque prácticamente es un cascarón vacío. Tendríamos mejor suerte si le hubieran dado el beso del dementor.
—Maldición.
—Lo mejor será dejarlo por hoy. Además tenemos que encontrar nuevas formas de investigar o solicitar ayuda de alguien más —dijo Draco, desperezándose en el asiento, aunque tenía el ceño fruncido en desacuerdo con su propia propuesta.
—Hermione me pidió un par de días, creo que ha estado pensando en algo. Tienes razón, es mejor descansar por hoy —dijo Harry.
La mañana había encontrado a Hermione demasiado temprano para su gusto, pero dadas las circunstancias no le quedaba otra opción más que solicitar ayuda del mundo muggle y para eso estaba arreglándose.
Una vez que estuvo lista se apareció directamente en el vestíbulo del Ministerio y se encontró con Kingsley Shacklebolt, quien no sólo sería su guía en esos momentos sino que también ofrecería algo de seguridad en caso de que tuvieran algún problema.
El hombre le sonrió cuando estuvo a su altura, y ella correspondió el gesto.
—Pareces un hombre de negocios con ese traje —le dijo.
—Y tú pareces exactamente lo que tanto supiste ser, una experta en leyes. —Ambos rieron y comenzaron a caminar a la par, Kingsley aprovecho para preguntar— ¿Lista para tu primer reunión con las autoridades muggles?
—He enfrentado cosas peores —respondió Hermione—, así que sí.
—Bien, bien. Nos trasladaremos por red flú hasta la oficina del Primer Ministro muggle, nos está esperando.
Los dos ingresaron a la oficina de Hermione y tomaron los polvo flú en sus manos; después de asegurarse de decir correcta y claramente el lugar al que deseaban trasladarse, se vieron envueltos en las llamas verdosas y cuando salieron de la chimenea se encontraban en una oficina decorada elegantemente, con unos sillones de cuero negro y madera de caoba, en la que un hombre de pelo entrecano y traje formal estaba esperándolos.
El Primer Ministro no hizo ni gesto de nerviosismo al verlos salir del lugar en el que usualmente se quemaba madera, lo que le dijo a Hermione que se trataba de alguien muy disciplinado y con un carácter fuerte, seguramente con un pasado en la policía o tal vez el ejército.
—Bienvenidos, por favor, tomen asiento —les dijo, estrechando sus manos—. Tengo entendido que han venido a solicitar ayuda. —Hermione asintió.
—Gracias por su hospitalidad, señor. Efectivamente hemos venido en busca de ayuda —respondió—. Por desgracia nos hemos visto envueltos en unos asesinatos que están resultando difíciles de resolver, y dado que aparentemente han sido consumados con veneno, me gustaría poder contar con la ayuda de alguien especializado en homicidios que pueda utilizar sus contactos para realizar pruebas químicas en un laboratorio.
—Parece tener usted bastante conocimiento sobre mi mundo. Por otro lado, no entiendo qué dificultad pueden ofrecer nuestros venenos si ustedes tienen otro tipo de sustancias que son incluso más peligrosas.
—Mis padres son muggles, dentistas de profesión, así que estoy muy involucrada con su mundo, como dice, porque resulta que también lo considero el mío —respondió Hermione. Su interlocutor alzó las cejas, sorprendido—. Y necesitamos de su ayuda porque no nos concentramos en sustancias como el arsénico, o el plomo, o el monóxido de carbono, ni siquiera en el cianuro. Como bien dijo, tenemos otros venenos que nos son más comunes.
—Tengo entendido que tienen una ley sobre no mezclarse con gente sin magia, o mejor dicho, no mezclarnos a nosotros con ustedes —dijo el Ministro. Hermione entendía la reticencia a acceder y por eso se había preparado para ello, pero esta vez fue Kingsley quien respondió en su lugar.
—Sin embargo, anteriormente, hemos trabajado a la par. Tenemos excepciones y usted lo sabe, porque de lo contrario, no estaríamos hablando. —El otro hombre hizo un gesto afirmativo y se aclaró la garganta.
—Soy consciente de ello, por eso he pensado en su solicitud desde que recibí su mensaje, señora Ministra. Lo consideré muy seriamente y decidí ofrecerles a uno de los mejores detectives de la Policía Metropolitana de Londres. Estará bajo sus leyes y órdenes hasta que consideren que ya no necesitan de su ayuda, asimismo podrán tener a su disposición ayuda de nuestros laboratorios siempre que la pida él, porque la coartada es que trabaja en un caso especial. Por favor esperen un segundo.
Cuando el Primer Ministro salió de la oficina, Hermione se permitió respirar tranquila. Había conseguido aquello que fue a buscar y eso ya era mucho decir.
—Gracias por acompañarme, Kingsley, no estoy segura de haber podido mantenerme tan firme si no estuvieras a mi lado hoy.
En ese momento la puerta volvió a abrirse y el jerarca muggle ingresó al lugar seguido de otro hombre. Era una persona de una altura similar a la de Shacklebolt, pero de cabello rubio oscuro y ojos marrones con vetas verdes.
—Les presento al detective Benjamín Walters.
Hermione caminaba rápidamente por el Ministerio de Magia seguida de cerca por Benjamín, el hombre lejos de parecer sorprendido o curioso sobre tantas cosas nuevas para él, iba a un paso ligero y en un actitud sumamente profesional. Ella agradecía esa aparente calma, porque definitivamente iba a ser muy necesaria en el futuro.
Todavía le quedaba comunicarle su decisión a Harry, por lo que en cuanto hizo pasar a su despacho al detective, le pidió que esperara y salió nuevamente con rumbo al cuartel.
Allí estaban ya varios aurores y también le pareció ver a Zabini entrando en una de las salas acondicionados para los elfos, pero no quiso entretenerse en eso y solamente se dirigió hacia donde suponía estaba su amigo.
Golpeó la puerta de la oficina y cuando escuchó un «adelante» entró. Ella estaba parcialmente acostumbrada a ver a Harry Potter sumido en su trabajo, pero en esos momentos resultaba sorprendente. Se encontraba rodeado de aurores que detuvieron todos sus movimientos al verla, y ella los saludó a todos con un movimiento de cabeza antes de decir:
—Necesito reunirme contigo en mi despacho, justo ahora. ¿Podrías seguirme unos momentos?
—Por favor, que alguien vaya con esos elfos. Malfoy, que Blaise se asegure de volver a visitar el segundo, dile que de ser necesario lo lleve a su departamento y utilicen todo lo que esté a su alcance para sacar algo de su cabeza, por favor. Vuelvo en un momento.
—¿No crees que darle carta libre a los inefables puede no ser buena idea? —preguntó ella en cuanto se alejaron lo suficiente.
—En realidad, ya no hay nada que hacer con él. Su mente no tiene arreglo porque está fragmentada como la de los padres de Neville, para que te hagas una idea. Lo único que puede hacer es seguir vivo sin ni siquiera saberlo y dado que no tenemos muchas posibilidades de sonsacarle algo, lo mejor es dejar que los verdaderos expertos en el tema se encarguen. —Se encogió de hombros—. ¿De qué querías hablar?
—Lo verás ahora —dijo.
Ya casi estaban llegando a la oficina y una vez que alcanzaron la puerta Hermione la abrió e ingresó en el lugar, seguida por Harry.
Cuando estuvieron frente al otro hombre ella se aclaró la garganta y dijo:
—Te presento al detective Benjamín Walters. Él te ayudará con el nuevo caso.
Lamento tanto la demora en subir este nuevo capítulo. La vida muggle me consume y no me da tiempo libre en estos momentos, así que me disculpo. Volveré en tres días con el siguiente 'episodio' de esta historia.
Besos, Ceci.
