Jet Black estaba sentado junto a la ventana y a través del vidrio decorado con algunas figuras chinas veía la calle. Ya era de noche, en Europa a esa altura del año oscurecía temprano y el control del clima anunciaba vientos fríos. Le gustaba Europa, pequeño, tranquilo, agradable, sin tantos vicios como otras colonias. Entendía porque Faye estaba allí hacía tantos meses. No es que seis fueran una eternidad pero para esa chica quedarse quieta era casi imposible.
Ojeó la calle y la divisó en el semáforo, esperando para cruzar. Delgada, alta, seria. Llevaba el cabello un poco más largo pero fuera de eso estaba igual que la última vez que la había visto en persona, poco más de nueve meses atrás. Era llamativa, los tipos se daban vuelta a mirarla como siempre, pero como siempre ninguno entraba en su radar.
.- No te ha crecido un solo pelo, Jet- le dijo sentándose enfrente en un movimiento de piernas y brazos tan delicado y femenino como seguro. Se abrió la chaqueta y sacó un atado de cigarrillos. Jet fumaba un habano y como ya había pedido un par de cervezas la mesera las trajo volando.
.- Hola, Faye. Tanto tiempo – le entregó un vaso y alzó el propio -¿Por qué te gustaría brindar?
La chica frunció el ceño e hizo una mueca, pensando.
.- Por los amigos. –se decidió por fin, y antes de que Jet pudiera sorprenderse chocó su chop contra el suyo y después bebió – Y dime – dijo luego - ¿Conseguiste ese repuesto imposible o quieres que te ayude con eso? Mañana puedo acompañarte…
Encendió un cigarrillo y le dio una profunda pitada. Jet estaba allí porque algunas cosas eran más baratas en Europa.
.- Estoy en eso, creo que para mañana temprano me lo consiguen. –Bebió medio vaso - ¿Cómo estás?
Dos años atrás que Jet Black le hiciera una pregunta así de directa la hubiera dejado muda. Bueno, hubiera sido imposible directamente porque ni Jet ni ella ni nadie, tal vez Ed a su manera sí, le hacían preguntas personales a sus compañeros de nave. La poca vinculación sentimental, sino nula, era el denominador común en la tripulación de la Bebop. Pero claro, el tiempo pasa y las cosas cambian.
.- Muy bien. ¿Viste que aquí se respira otro aire? –miró alrededor, esbozó una media sonrisa y contempló la calle – Sea como sea el día la gente, cuando cae la noche sale, disfruta, socializa, se divierte… que se yo, es otro mundo. Por eso me he quedado tanto tiempo…
.- ¿Con tanta tranquilad hay botines?
.- Bueno, en los dos primeros meses cacé dos tipos atraídos precisamente por este mini paraíso, pero después ya no… en ese sentido no puedes vivir de esa noble actividad aquí. Jejeje.
.- ¿Entonces?
.- Tengo un trabajo de medio día en un bar, simple, cero conflicto. Con lo de los botines y la paga semanal me alcanza. Eso sí, extraño salir de compras horrores, ¡no sabes cuánto! Apenas me queda para los cigarrillos y el alcohol.
Ambos rieron. Entre cerveza y cerveza ordenaron la comida y fueron poniéndose al día con trivialidades. Por momentos no charlaban, por momentos comían. A veces comentaban algo de la tele que estaba encendida. Después llegaron las galletas de la fortuna y a Jet no se le escapó que ella no abría la suya.
.- ¿No quieres saber que te depara la suerte?- le preguntó.
.- Digamos que después de morir reventada en el espacio y quedar congelada cinco décadas lo que diga una galleta me tiene sin cuidado – le tendió la suya a Jet – Además, creo que entonces salí del mapa astral porque cuando todavía las leía me salían puros disparates.
Jet la cogió y después de leerla arqueó una ceja.
.- ¿Pretendes tentarme? – Faye hizo fondo blanco con lo que quedaba de cerveza – Dispara vaquero, como si me importara.
.- Bueno, dice "Estoy fuera con linternas, buscándome a mí mismo". Si me preguntan nada mal… -Jet esbozó media sonrisa y se comió las dos partes de la galleta juntas.
Faye apagó el cigarrillo en el cenicero y no contestó.
.- Oye, quería comentarte algo… empezó Jet.
.- Ya me olía yo algo… -alzó el índice derecho – ni se te ocurra ir por ese lado…
Jet se reclinó contra el asiento y volvió a encender el cigarro que había quedado olvidado en el cenicero.
.- Hay un botín en la Tierra. De los buenos, que bah, tremendamente bueno…
.- ¿La Tierra? No he visto nada en …
.- No va a anunciarse por un tiempo. – la cortó- He conseguido la información un poco antes para contar con ventaja. Son 100 millones de woolongs.
.- ¿¡Qué?! – la cabeza de Faye comenzó a hacer números a la velocidad del rayo.
.- ¿Te sumas?
.- Es una broma…
.- No, le pregunté a Ed ya que está en la Tierra y está adentro. La recompensa es buena y tu parte sería interesante. En este caso en particular es imposible actuar solo. O sola…
Silencio.
.- Jet, no hay ninguna razón para que yo trabaje con uste… contigo.- terminó- Empezó y suspiró- No, no hay forma. Gracias de todas maneras…
.- Le estás diciendo adiós a una buena cantidad de millones, Faye. Podrías cancelar aunque sea algunas de tus deudas y te estarían buscando menos tipos…
.- No eres bueno para endulzar la píldora.
.- No hace falta, Faye. ¡100 millones!
Y volver a la Bebop, y volver a convivir y volver a toda esa historia que pensaba terminada. El pecho se le hundió como si le hubieran golpeado pero intentó disimularlo.
.- No, que me persigan cien o cincuenta es lo mismo. – respondió mirando fijamente el cenicero.
.- Si tú lo dices.
Reinó el silencio unos largos segundos.
.- Me sorprende el ofrecimiento, en serio… ¿estás autorizado para hacerlo? – no quiso sonar amarga ni curiosa pero quería saber, necesitaba saber. Jet la miró y se encogió de hombros.
.- Cuando actuábamos juntos las cosas salían bien y no veo la razón para que eso haya cambiado.
.- Ve al médico, la edad ya te está afectando la vista, Jet. Pero no vamos a discutir ahora sobre qué cambió, cuándo o dónde o porqué. Discusión obsoleta. Me parece bien que Ed te ayude, le va a encantar, pero yo paso. ¿Acaso no me ves divina? Bueno, Europa me sienta bien, muy bien, tengo trabajo, duermo en paz y hasta tengo algo parecido a un novio así que aunque sean 50 millones las razones para irme no lo haría. Una chica como yo avanza, sino no sobrevive.
Jet asintió.
.- Está bien Faye, a mí solo me parecía interesante hacerte la oferta. Antes de sumar a otro socio me parecía justo ofrecértelo a ti pero realmente me alegro de que te vaya tan bien. Te veo bien, es cierto, pero me gustaría verte más tranquila, no corriendo de aquí hacia allá. Tampoco vas a desperdiciar la oportunidad por lo que sea que tengas con Spike – hizo un gesto con la mano – Córtala con eso de no nombrarlo, es infantil. No lo entiendo, es necio. Y tú eres necia también.
.- Yo no tengo nada con Spike ni contra Spike, nada personal al menos – mentira fragante para ambos- Pero tu estuviste allí, Jet, era imposible trabajar con él. En algunas colonias lo podría denunciar por maltrato laboral, sabes… ¿Volver a eso? No.
.- Exageras.
.- Le tuve toda la paciencia del mundo y no resultó. Le gustaba maltratarme…
.- Tú no eres precisamente muy suave… - la interrumpió – Ojo, reconozco que se pasaba de la raya algunas veces…
.- A lo último era siempre y no era solo lo que me decía sino como despreciaba todo lo que yo hacía, como si… como si jamás pudiera estar a la altura de… que se yo… -le dio una pitada al cigarrillo – No me digas que ha cambiado porque no lo creo.
.- No debe ser fácil para él…
.- ¿Qué no debe ser fácil? ¿Qué se hayan muerto todos los de su pasado? ¿Haber perdido al amor de su vida, la señora perfección? ¿El haber matado a un ex amigo devenido en hijo de puta sádico? ¡Bienvenido a mi mundo! ¿O crees que mi vida ha sido fácil? Prueba congelarte medio siglo y despertarte en un mundo que está de cabeza sin memoria, sin familia, sin dinero y con un mar de deudas. Ahora prueba eso pero no con 38 años sino con 23. ¡Fácil una mierda pero aquí estoy! No busques en mí comprensión, no en mí, Jet, no tengo más.
Jet calló.
.- Tienes razón, pero cada persona es diferente. Yo no se con qué está enojado Spike pero yendo a lo práctico – la miró directo - este es un excelente botín y no se repetirá. Tómalo o déjalo, pero me encantaría que te sumaras con todo y a pesar de todo. Pero en fin…. ya no importa, no sirvo para convencer a la gente…
Faye le tomó la mano por sobre la mesa y se la apretó un poco. Le sonrió y lo sorprendió.
.- Digamos que tus virtudes son otras.
La noche estaba fresca y ventosa y las calles empezaban rápidamente a vaciarse. Ellos se detuvieron en la esquina esperando que el semáforo cambiara para que Faye pudiera cruzar. Jet tenía su Hammerhead estacionado cerca y ella solo debía cruzar el parque para llegar a su departamento. La Bebop se había quedado orbitando la colonia.
.- Hasta la próxima, Jet. ¡Cuídate!
Con esas palabras Faye se despidió y se perdió rápidamente entre la gente que cruzaba. Caminaba un poco más rápido de lo común pero sentía una urgente necesidad de alejarse. Verse con Jet siempre le dejaba un sabor amargo y pensaba que no tenía que volver a hacerlo pero pasaban los meses y cuando surgía la posibilidad no le decía que no. ¿Qué esperaba? Nada, pero suponía que no podía cortar todo y simplemente desaparecer. Ya no tenía que ver con Jet, no era tonta, pero podía pensar y actuar distinto, era algo que había aprendido. Mientras conversaba con su ex compañero siempre había algo que no se decía, alguien estaba presente sin estarlo, e ingenuamente una parte de ella pensaba que verse con Jet era una forma de seguir sabiendo, seguir estando al tanto… Tenía la esperanza de que un día hasta eso se terminaría, como cuando uno no quiere saber más de un ex novio, cuando se alcanza la voluntad de decir no con más firmeza que nunca.
Pero, ¿volver a cazar juntos? ¡Ni loca! Sí, sí, la idea era atractiva,Ed y Jet, toda la logística de un equipo… como antes. Pero, también como antes, estaría Spike. No, en el campo estaban en general ellos dos solos y no era una experiencia que quería volver a repetir. Durante el primer año tras su regreso habían hecho dos cazas y los resultados no habían sido buenos. Ella no había podido operar bien, él tampoco, cada uno con sus razones a cuestas. Un desastre. Todavía tenía una cicatriz en la cadera que se lo recordaba. Tras eso ella había hecho un bolso con sus pocas cosas, cobrado su parte de la recompensa, charlado con Jet y salido como alma que lleva el diablo para no volver. Jamás, se había prometido, y pensaba cumplirlo.
Faye estaba bien entrenada y su cabeza podía estar divagando un poco pero tenía buenos presentimientos y reflejos. Cuando llegó a su edificio notó la puerta de entrada abierta, apenas, con el pestillo apoyado contra el marco. Miró de reojo la calle y distinguió un auto estacionado en la esquina. Entró. La escalera que subía al cuarto piso, donde estaba su departamento, estaba oscura y silenciosa.
Se sacó los zapatos y los dejó a los pies de la escalera que daba a la parte trasera, fuera de la vista. Le sacó el seguro a la Glock y le colocó el silenciador. Empezó a subir lento pero seguro. No había razón para esperar mucho pues si sus sospechas eran ciertas, tiempo era lo que le iba a faltar.
Y así fue, desde la escalera vio el pasillo vacío. De un lado y del otro, pero había una sombra tras una columna. Estiró la mano y encendió la luz. La sombra se sorprendió y movió, salió de su escondite y ella disparó una única y certera vez.
Se acercó rápidamente a su puerta, justo cuando esta se abría. Volvió a disparar. Cayó otro. Entró al piso, alguien salió de su dormitorito. Disparó de nuevo pero no acertó. El tipo le golpeó el brazo y el arma cayó al piso. Voló un puñetazo y aunque ella corrió la cabeza lo más rápido que pudo parte del golpe le dio y la arrojó al piso. El tipo trató de darle una patada pero ella rodó, la cabeza la sentía como un globo pero se esforzó por no flaquear. Movió las piernas, logró hacerlo caer y saltó encima esquivando un nuevo puñetazo. Apretó la cadera alrededor de las piernas del asesino, manoteó una lámpara y se la estrelló contra la cara. Desesperada, buscó su arma y la distinguió junto al sillón.
Se decidió. Saltó sobre el arma y tuvo apenas tiempo de darse vuelta y disparar, sin apuntar mucho. El tipo cayó al piso, herido. Ella se incorporó y lo remató sin pensarlo dos veces. Silencio. Ningún movimiento. Se levantó y revisó el baño. Nadie ahí, tampoco en el dormitorio. OK. Solo tres tipos. Revisó a los dos hombres y vio que no tenían identificación pero la pulsera en sus muñecas hablaba de un casino. Salió al corredor y con esfuerzo arrastró al otro sujeto al interior del departamento.
Metió el dinero y su ropa en el bolso de siempre. Sacó de un cajón un explosivo casero, simple, de bajo impacto pero muy eficiente. El departamento se prendería fuego sin mayores complicaciones al edificio y los bomberos podrían apagarlo pronto, sino lo hacía antes el propio sistema del piso aunque los cuerpos quedarían escondidos en los escombros por unas buenas horas, cubriendo su escape.
Estaba por salir pero regresó, cogió la planta que estaba en la ventana y entonces sí desapareció. Era oficial, sus vacaciones en Europa habían terminado. 3,2 , 1. Hubo una explosión que acabó con su vida en Europa.
Salió por la parte trasera del edificio, por la ventana de un piso desocupado en realidad, corrió por la calle y escabulléndose por callejones laterales, siguiendo de memoria la ruta de escape que había trazado a los pocos días de llegar, meses atrás, terminó en la zona de hangares donde había escondido la Redtail. Otra vez corría. Su vida entera una puta carrera. Se apretó contra una esquina, en la oscuridad, y oteó el lugar para ver si tenía visitas. Había logrado que no quedara registro del alquiler del hangar pero convenía ser prudente. No había nada sospechoso.
Una vez dentro de su nave encendió los controles y se recostó, tratando de bajar las revoluciones en las que estaba inmerso su cuerpo. Contó hasta 10. Hasta 20. De nuevo hasta 10. Se miró las manos, no le temblaban. Bien. Bajó la vista y le dio un vistazo a la planta entre sus piernas. Dios, ¿qué hacemos ahora?, pensó. Debía abandonar la colonia, pasar por las Puertas y huir a otro destino. Se mordió el labio, no iba a ser fácil. ¿Cómo pasar por las Puertas con gente que estaba buscándola? Empezó a ponerse nerviosa y una idea absurda y peligrosa empezó a tomar forma en su cabeza.
¡Mierda! ¿Era posible tanta mala suerte? Sí, absolutamente. Los ojos le ardían. ¿Acaso no estaba pensando hoy, más temprano, que la vida era una porquería? Bueno, no lo tengas muy presente porque la muy puta se apura y te da muestras de eso, pensó con furia. Golpeó el puño contra el tablero una vez, dos veces. Opciones, opciones…. No tenía muchas. Movió lentamente la nave hasta cielo abierto. Alzó la vista a las estrellas que apenas se veían por las luces de la colonia. Allí estaba la ruta de escape. Pasó las manos por el rostro y sintió que el pómulo izquierdo estaba un poco hinchado. Iría a la Bebop, por lo menos para escapar de Europa. Tenía que ser práctica, tenía que tener la mente despejada. Jet estaba allí de manera prodigiosa así que debía aprovechar la buena carta que le había tocado. No podía ser tonta, tan tonta, no podía darle la espalda a su sentido de supervivencia. ¡Y a la mierda con los muertos!
Aceleró y pronto se perdió entre las estrellas. Buscó una órbita segura, ubicó a la Bebop en el radar y abrió la comunicación por el canal privado.
.- Aquí Redtail, ¿me copias Bebop? Solicito permiso para atracar. – su voz sonó mucho más clara y dura de lo que se sentía interiormente. Espero diez segundos, quince, y estaba por repetir cuando la voz de Jet se hizo escuchar en la cabina.
.- Aquí Bebop. Tienes permiso. Ya conoces el camino. – tan propio de Jet, ni siquiera preguntó cómo había cambiado de parecer apenas tres horas después de verse en el restaurante. Tiempo después divisó la vieja nave, ingresó las coordenadas para el acercamiento y el atraco y después simplemente se quedó mirando lo que tiempo atrás había sido su hogar. Cómo se acercaba, cómo tantas veces lo había hecho antes, cómo se abría y la recibía. ¿La vuelta al hogar?, pensó, mientras se le apretaba el pecho y su nave se terminaba de acomodar junto a otra dos que le resultaban dolorosamente familiares.
Entonces lo vio.
