Editado: 14/11/2017
Disclaimer: Lamentablemente, no soy la dueña de los personajes que utilizaré, sólo la trama fue creada por mí. Este fic no es una continuación de la saga de juegos de Kingdom Hearts, tan sólo es una nueva, con el fin de entretenerlos. Espero que lo disfruten.
Dedicado a todas las hermosas personas que leen mis fics, un millón de gracias. .
If you feel so empty
So used up, so let down
You're not the only one
So get up
Riot
Three Grace Days
CAPÍTULO II
La documentación
"No moriré porque aún tengo algo importante por hacer"
-¡Soy el ladrón del viento!-gritó un niño.
El pequeño se encontraba en un terreno baldío, usaba una toalla en su espalda y corría con su hermana sin preocupaciones.
-Hijo, te he dicho que no pueden jugar a eso-exclamó su madre con nerviosismo.
-¿Por qué mamá?-inquirió el niño.-El ladrón del viento es una buena perso…
-Guarda silencio -replicó la señora- Querido, sabes que podrían castigarnos. Te lo pido.
El niño dejó la toalla en el suelo, como señal de resignación. Sujetó de la mano a su hermana y siguió a su madre. Esas personas no se imaginarían que el verdadero ladrón del viento lo había visto todo. Con la mirada perdida y un rostro tormentoso. Jamás creyó que su misma existencia le trajera tantas desgracias a su pueblo. Él no había elegido esa vida...
Le resultó sencillo esquivar la documentación en la entrada de Twilight Town. En cuanto bajó de la carroza, se escabulló entre la gente, mezclándose con ellas para entrar sin problemas a la ciudad. Su rostro seguía cubierto bajo la capa que había conseguido. En su espalda cargaba un saco con las cosas necesarias para sobrevivir. El ladrón del viento detuvo sus pasos y miró al suelo. En sus pies se encontraba la tapa de una cloaca. Se aseguró de estar solo. Al confirmarlo, con una fuerte patada quitó la tapa e ingresó en ella. El olor a putrefacción y azufre se apoderaron de sus sentidos. Se encontraba en las alcantarillas de la ciudad, una ruta que solía usar para atravesar los pueblos que visitaba. Caminó entre el corto pasillo que lo dividía de las aguas negras. Tratando de mantener la cordura y no detenerse por el olor. Tras varios minutos, logró toparse con un callejón sin salida. Dejó su equipaje en el suelo y se preparó mentalmente para su siguiente movimiento. Aunque era usual en sus travesías por las ciudades, jamás se acostumbraba a ese "paso". Sin vacilar más, saltó hacia las aguas negras. Se acercó a la pared y comenzó a explorarla con sus manos. De pronto, encontró lo que estaba buscando. Dos orificios pequeños que estaban al nivel de su pecho. El ladrón del viento colocó una mano en cada uno. Alrededor de él comenzó a soplar un fuerte viento que movía sus mechones sin cesar. Dominó aquella brisa y la dirigió a sus manos para transferirlas a los orificios. Un leve crujir resonó del otro lado del muro. Esa era la señal. Roxas retrocedió esperando pacientemente.
Tras unos momentos, la pared se deslizó hacia la izquierda al tiempo que se escuchaba el sonido de unas cadenas y mostró una entrada. El ladrón del viento ingresó a ella mientras que la pared volvía a su lugar. Oscuridad. Era lo único que veía. Ya estaba acostumbrado a ella. Subió por unas interminables escaleras en forma de caracol. En menos de lo que imaginó, logró divisar una luz en la lejanía, se apresuró en llegar. Una vez más estaba ahí… después de tanto tiempo. Aquél lugar era muy espacioso, estaba sucio y polvoriento, sin embargo tenía la luz perfecta. Se encaminó hacia varias cajas, las hizo a un lado y reconoció la pequeña habitación oculta. Ese lugar había sido su hogar por un tiempo, su primer escondite. Se trataba de un espacio pequeño, tenía una cama hecha de paja al lado de la pared, una lámpara de aceite vieja y un espejo al otro extremo con viejos recortes. Lo que siempre amo de ese lugar era la pequeña grieta del lado del espejo que mostraba la vista más hermosa de todo Twilight Town. Se encontraba en la cima del reloj principal de dicha ciudad. Dejó sus cosas en la cama, descubriendo su "verdadera" maleta sobre ella. Era un saco grande de color negro.
- Axel lo logró - se dijo sonriendo levemente - Cumplió su misión.
Se sentó en su cama y vacio el contenido del saco. Ahí estaban sus cosas más preciadas. Tenía un cambio de ropa, varios collares de diferentes diseños, un emblema en forma de X, unos guantes y una caja pequeña. Algo llamó su atención. Debajo de su ropa había un pergamino envuelto en un listón rojo. Lo retiró abrió con impaciencia. La hoja contenía varios inscritos, tenía el sello real y poseía su nuevo nombre.
-No fue fácil pero lo hemos conseguido -exclamó con seguridad, recordando la noche anterior…
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Roxas corría entre las casas de la ciudad de Traverse Town, sabiendo que no había tiempo que perder. Tras haberse separado de Axel, se transportó a ese lugar. Gotas de lluvia golpeaban contra su cuerpo a gran velocidad. Más perfecto no podía ser… Escaló la azotea de una gran mansión blanca y entró por una ventana con gran agilidad. Aquella mansión fue abandonada tiempo atrás pero podría serle útil la ropa de sus antiguos dueños. Rápidamente se cambió de ropa. Temblaba de frío más debía apresurarse. Con rapidez se vistió con un pantalón castaño, camisa beige de mangas largas y un saco verde. Se dirigió hacia su capa y extrajo un frasco cuyo contenido era cristalino. Lo abrió y lo vació en todo su cabello. Eran químicos, no le afectarían en su salud, sólo los necesitaba para despistar a cierto miembro de la Orden XIII. Zexion poseía la habilidad para identificar por su esencia a cualquier persona. Era el miembro al que más temía, sin embargo, confiaba en que su plan funcionaría. Sacó el mapa que le había regalado Axel y lo estudió con detenimiento.
La lluvia se intensificó y su tiempo se agotaba. Dejó el mapa una vez más en su capa. Guardó su viejo cambio y lo dejó en la cama. Se miró al espejo empolvado para acomodarse la boina negra. Oculto su cabello en ella y se dedicó una mirada. ¿Y si fallaba…? No debía de pensar en ello. Estaba seguro, lo lograría, todo dependía de él. Se dirigió hacia la ventana y saltó por ella, aterrizando en las calles nuevamente. Corría a gran velocidad en aquél lugar desértico. Se detuvo en un callejón, alzó una mano e hizo aparecer un portal oscuro. Esperó pacientemente por su apertura e Ingresó en él, listo para iniciar con la misión.
Roxas cayó en tierra firme del otro lado del portal. En ese lugar no llovía y frente a sus ojos los rayos de luna iluminaban el Gran Castillo. El hogar del Rey y su Orden. Se dirigió hacia la Torre Este donde pretendía entrar. Había elegido aquella torre porque sus cuidadores eran Larxene y Luxord. Dos miembros que no estaban debido a su antiguo "plan". Roxas saltó hacia la copa de un árbol y observó con detenimiento la entrada. Había en total cuatro guardias y un comandante en la puerta. Para su fortuna, reconoció al superior de los soldados, sería de gran ayuda… Bajó del árbol y corrió hacia la entrada con seguridad. Los soldados notaron su presencia y uno de ellos se acercó hacia él.
-¿En qué te puedo ayudar, ciudadano?
- Mes de transport.. -exclamó Roxas con urgencia. (Mi transporte)
El soldado se dirigió hacia sus compañeros, diciendo que no conocía el idioma. Roxas gritó lo mismo una y otra vez. Deseaba hacer salir al comandante con sus gritos.
-¿Qué escándalo es este?-exclamó una voz conocida.
El comandante se dirigió hacia ellos. Llevaba puesto el mismo uniforme que los soldados, lo único que lo distinguía era el color de su emblema junto con el casco que traía por obligación.
-Oui, oui, je sais. Que se passe avec votre transport?-contestó el comandante en un perfecto francés. (Sí, sí lo sé. ¿Qué ocurre con tú transporte?)
- Mon transport est resté coincé dans un arbre. Aide-moi, s'il vous plaît.- contestó Roxas. (Mi transporte está atascado en un árbol. Ayúdame, por favor)
-¿Qué dice, mi lord?-preguntó un soldado.
-Ayudaré a este aldeano a mover su transporte.-dijo el comandante.
-Señor, debemos esperar a la Orden…
-He dicho:-replicó el comandante de mala gana.-Voy a ayudarlo. No todo debe ser como ellos dicen.
Perfecto. Todo estaba saliendo muy bien. El comandante le indicó con una señal que lo guiará. Roxas lo llevó a la profundidad del bosque, fingiendo caminar torpemente. Varios minutos después, se detuvieron.
- Où est-il?-preguntó el comandante. (¿Dónde es?)
En un rápido movimiento, Roxas giró con rapidez y saltó encima de él, dándole un golpe con su mano en su nuca que lo dejó inconsciente en un segundo. El comandante cayó al suelo. Lamentaba recurrir a ese método más contaba con su extraña bondad para proseguir. De inmediato comenzó a quitarse parte de su ropa y la intercambió por otras del comandante. Tenía como máximo una hora para volver con él antes que despertara. Al finalizar, le quitó el casco y miró su rostro.
-Fue bueno haber sido amigos, Seifer.-exclamó Roxas al mirar a su viejo amigo dormido.
Arrastró al comandante hasta la orilla de un árbol y lo dejó ahí, asegurándose que estaba realmente dormido. Roxas se puso el casco y volvió a la entrada. Los soldados de inmediato notaron su ó de imitar el andar de su antiguo amigo.
-¿Lo ven?-exclamó Roxas fingiendo la voz de Seifer.- Pude ayudar al aldeano sin problemas y sin la Orden. ¿Qué hacen ahí parados? Sigan con su trabajo.
Los soldados volvieron a sus lugares sin sospechar nada en él. Se dirigió hacia la entrada y sin problemas logró ingresar. Una vez dentro examinó el lugar. Se encontraba en un enorme patio donde a sus alrededores se erguían las paredes que sostenían toda la zona Este. Se apresuró en buscarlo… tenía que estar cerca de ahí. Caminó por las orillas y lo encontró. En el suelo había una alcantarilla que conducía a las cañerías.
La mayoría del agua del Gran Castillo se encontraba en esa zona, yéndose lentamente al canal externo. Era el único lugar donde eso ocurría así que lo aprovechó. Se colocó encima de la alcantarilla, cruzó sus manos detrás de él y espero… Nuevamente una brisa recorría su cuerpo, haciendo levitar sus ropas. Concentró el aire en sus manos y lo dirigió hacia la alcantarilla. Se retiró rápidamente, identificando la escalera que lo guiaría a la cima de la Torre Este. De pronto, un fuerte sonido resonó en el lugar. En mitad del patio salió volando hacia la cima de la Torre la tapa de la cloaca. Agua negra llenó con rapidez el lugar. Los soldados estaban sorprendidos e indecisos.
- ¿Qué demonios pasa hoy?, ¿can a quedarse mirando?-gritó Roxas hacia los soldados- Comiencen a limpiar, subiré por la maldita tapadera. ¿Entendieron?
De inmediato se pusieron a trabajar y él corrió hacia las escaleras, subiendo y llegando a la cima en menos tiempo de lo que imaginó. En la cima había una pequeña habitación circular con varias mesas y armamento. Un soldado se levantó al verlo llegar.
-¿No escuchaste mis órdenes soldado?-gritó Roxas.-Baja y ayuda a los demás.
El soldado bajó de inmediato muy angustiado. Una vez se aseguró que nadie lo veía, se dirigió hacia la ventana. Identificó una piedra que tenía varias grietas, la sujetó y la sacó del lugar. En su lugar había un agujero espacioso que mostraba un bulto negro. Roxas extrajo su contenido. Cuando lo tuvo en sus manos, supo lo que era. Una nueva capa de la Orden XIII. Tendría que agradecerle a Axel ese gran favor. Siendo su tercer cambio, se quitó la ropa y se la puso. Escondió las ropas del comandante en el interior del agujero y colocó la piedra en su lugar. Aquella capa le quedaba a la perfección. Había olvidado lo cómodo que era usarlas.
El ladrón del viento salió por la puerta trasera y ante él se materializó el largo pasillo que había visto en el mapa. Sin perder el tiempo, corrió a gran velocidad por él. Sus pensamientos junto con sus pasos se detuvieron al mirar la inmensa Torre Central del Gran Castillo. Ahí… en alguna habitación, se encontraba "ella". Tan cerca pero a la vez tan lejos de la princesa…Un ligero rubor apareció en sus mejillas, haciéndolo volver a la realidad. Meneó su cabeza y volvió a concentrarse en su misión.
Se dirigió a la orilla del pasillo y confiando en sus instintos se dejó caer. El viento soplaba con fuerza en todo su cuerpo. Aterrizó perfectamente en un balcón y de inmediato ingresó. El lugar donde se encontraba eran varios pasillos que conducían a la sala de documentación, el destino a donde deseaba llegar. Con mucho cuidado, continuó con su camino. Las luces de las antorchas eran la única señal de vida. Bajó unas escaleras en forma de caracol con rapidez, llegando a un nuevo piso. Escuchó pasos aproximándose. Necesitaba esconderse de prisa. Miró alrededor y descubrió una estatua cercana a él. Corrió agilmente y se agachó detrás de ella. Su respiración entrecortada se hizo inminente. Aún le faltaba la mitad del camino. Debía ser más fuerte.
La luz de la antorcha aproximándose era notoria. Roxas aguardó a que se fuera. Sin embargo, no espero encontrarse con algo que lo podía delatar. El sonido de chillidos agudos hizo eco, llamando la atención del soldado. El rubio buscó desesperado el origen de ese sonido y lo encontró. A sus pies, dos ratas se peleaban con veracidad, provocando aquellos ruidos. El ladrón del viento se estremeció. ¿Sería descubierto por dos ratas?, 'qué clase de broma era esa? Metió una mano dentro de su capa y localizó una bolsa pequeña, la extrajo y sujetó una rata. El animal se retorcía en su mano, abrió la bolsa y la metió en ella, guardándola con cuidado en sus ropas. Resultaba desagradable sentir el movimiento del animal pero no le quedaba otra opción ya que tenía planeado usarla más tarde. Sujetó la otra rata y la arrojó con cuidado hacia el soldado. El guardia se asustó al notar una sombra voladora y se distrajo notablemente. Roxas aprovechó el momento, se bajó de la estatua y corrió por el pasillo sin ser notado.
En mitad del corredor, alzó la mirada y contempló un hueco que se formaba en la pared. El sistema de ventilación. El ladrón del viento saltó hacia el asta de una bandera y se sujetó a ella. Tomó impulso y entró al sistema de ventilación. Era un espacio estrecho pero no lo suficiente como para andar a través de él. En cuclillas y despacio, comenzó a andar. Si sus cálculos no le fallaban, sólo debía contar otras cuatro entradas y llegaría a su destino. Había estudiado su localización por el mapa, pero nunca había entrado a la sala de documentación ya que sólo podían entrar a ella Zexion y Xaldin. Al contar el conducto número cinco, miró a través de él con el fin de analizar la situación. La sala de documentación estaba dividida en dos zonas. La zona de Zexion sólo contaba con un escritorio mientras que la de Xaldin tenía varios archiveros y muebles. Logró localizarlos a ambos. Zexion estaba sentado en una silla leyendo un libro mientras que Xaldin divagaba por el lugar.
-Xaldin, siento una esencia extraña.-exclamó de la nada Zexion.-No puedo identificar quién es.
No se asombrabra que Zexion hubiera captado parte de su ser. Era el mejor buscador de todo el Reino.
- ¿Por qué no sales de la habitación y lo averiguas?-sugirió Xaldin.
Debía proseguir. Una vez que analizó todo, sacó de su capa un frasco cuyo contenido era colocó un poco en su mano y buscó un orificio en el suelo. Logró localizarlo y vació el polvo en él. Del otro lado se encontraba un horno que mantenía la habitación caliente. Se alejó lo más rápido que pudo de ahí y localizó otro orificio, repitiendo los mismos pasos. Esta vez, tendría que localizar la salida y debía darse prisa. Logró vislumbrar un hueco no muy lejano. Se dirigió hacia ahí y aguardó que funcionara su plan.
-De acuerdo-respondió Zexion cerrando su libro.-Después de todo, no hay nada que hacer por aquí.
Se escuchó el sonido de una puerta al cerrarse. Su plan estaba marchando a la perfección. Ahora su última fase iniciaría. Confiando plenamente en su plan, salió del sistema de ventilación con mucho cuidado, asegurándose de no ser visto. Era la parte más crítica de su idea. Ellos estaban a muy pocos metros. Si algo salía mal, sería capturado de inmediato. En cuclillas y lentamente se colocó detrás de una mesa y se agachó sin despegar un momento su atención de ellos. Sin embargo, algo había alterado al miembro de la Orden. Sin querer, Roxas había recorrido la silla con su pie.
- ¿Quién esta ahí? - exclamó Zexion.
La sombra de Xaldin se acercaba hacia él con sigilo. Tenía que pensar en algo… y por fortuna ya contaba con una idea. Abrió su capa y extrajo la bolsa que contenía la rata, vació su contenido y la dejó libre. El animal de inmediato corrió despavorido por el pasillo. El miembro de la Orden se despreocupó, sentándose en la silla de Zexion. Eso había estado muy cerca.
De pronto, los hornos comenzaron a lanzar un humo espeso color negro, cubriendo todo el lugar en un instante. Esa era la señal.
- ¿Qué es esto? - exclamó Zexion mientras tocía constantemente.
Roxas se levantó rápidamente y se dirigió hacia el archivero. Podía ver perfectamente a través de ese humo. Era un químico que aprendió a usarlo en sus viajes. Abrió el cajón que le indicó Axel y sacó un pergamino con las indicaciones de registro. El documento que estaba buscando. Lo guardó dentro de su capa con cuidado y cerró el archivero. Antes de irse, dio un último vistazo a la escena que había causado. El lugar era un completo caos, Xaldin gritaba varias maldiciones al momento de buscar la puerta para salir. Con tanto alboroto, Roxas aprovechó para volver al sistema de ventilación, andando lo más rápido que pudo por él y salir al otro extremo. Con gran velocidad, corrió por el pasillo y saltó por la ventana más cercana.
Aterrizó perfectamente y, sin perder el tiempo, corrió por el bosque. Su cuerpo le pedía a gritos descansar, no obstante trató de consolarlo mentalmente. Sólo faltaba un poco para permanecer tranquilos en un sitio. De inmediato encontró a Seifer dormido, con la misma postura en que lo había dejado. Lo cargó en su espalda con cuidado y con la ayuda del viento saltó por los árboles para llegar a la Torre Este. En un instante, llegó a la habitación circular y dejó al comandante sentado en una silla con una botella de vino en sus manos. Se dirigió a la ventana y extrajo la piedra nuevamente. Sacó la ropa oculta de ahí y comenzó a devolver la vestimenta a su dueño. En pocos momentos, Roxas volvía a traer el cambio que había robado en Traverse Town y se puso la capa de la Orden encima. Con rapidez metió el documento robado dentro del hueco y colocó la piedra en su lugar. De pronto escuchó que alguien se aproximaba así que saltó por la ventana sin pensarlo dos veces. Caía, por la fuerza de la gravedad, a toda velocidad hacia el suelo. Su cuerpo pedía más que nunca un descanso. Más sólo faltaba un último movimiento. Con las pocas fuerzas que le quedaban alzó su mano, abriendo un portal a unos metros lejos e ingresó directamente, completando con su misión.
Tras haberse reunido con Riku, el miembro número VIII de la Orden subía las escaleras de la Torre Central del Gran Castillo. Roxas había causado un caos total en poco tiempo del imaginado. Llevaba el documento en sus manos, el mismo que había conseguido robar su amigo. Ahora sólo debía aprovechar la confusión para ir a visitar a cierta joven rubia. Se detuvo en frente de la habitación de la princesa. Dos guardias lo miraron confundidos.
-Elijo este día del año para hablar con la princesa, soy Axel, miembro número VIII de la Orden XIII.
El Rey le había impuesto la orden de sólo ver a la princesa una vez al año. Ese día había llegado. Los guardias lo dejaron pasar sin vacilar, registrando su visita en un libro. Una vez dentro, Axel recordó el hermoso cuarto de la joven. Su cuarto era tan diferente a los que había visto. Todo era de color blanco. Las paredes, la cama, las cortinas, los muebles, incluso el suelo. Incluso había una jaula elegante que resguardaba varias aves dormidas. Un hermoso balcón se encontraba al fondo, mostrando la inmensa luna. La habitación estaba oscura a pesar de su pureza.
-Nam, no te puedo ver.-exclamó Axel.
De pronto, una figura femenina se levantó de la cama. Bajo el reflejo de la luna se materializó el hermoso rostro de la princesa. Su piel era blanca como la nieve, sus ojos azulados eran el reflejo del mar y de esperanzas anheladas. Su cabello era dorado, casi como los rayos del sol, lo tenía largo y estaba amarrado por un listón blanco. Era tan delicada que sentías que si la tocabas, podrías infectarla con la maldad de tú interior. Vestía con un sencillo vestido blanco. La joven sonrió al verlo y se dirigió hacia él para abrazarlo con sus delicados brazos.
-Axel.-pronunció su nombre con dulzura.-No puedo creer que seas tú.
-Cuánto tiempo, Nam.-contestó el dueño del fuego devolviendo el abrazo.-Traigo buenas noticias. Él lo consiguió.
-¿Lo…lo logró?-preguntó Naminé en un tono de sorpresa y emoción.
-Todo el caos que hay afuera, es por su culpa.-exclamó Axel mientras se reía.
El rostro de la princesa mostró un ligero rubor debajo de sus ojos. Un delicado color rojo que relucía sus hermosos ojos azules.
-En ese caso, entrégame el documento, no hay tiempo que perder.-ordenó Naminé muy contenta.
-Sí, mi lady.-pronunció Axel al momento de darle el documento.
Naminé sujetó el pergamino y se dirigió hacia su escritorio. Alzó su pluma en el aire y comenzó a llenar el documento. Tras un tiempo, guardó la pluma y colocó el sello real en el pergamino. Enrolló el papel y se lo entregó de nuevo.
-Dile… que se cuide.-pronunció en un breve susurro la princesa.
Axel tan sólo sonrió.
- ¿Sólo eso?
La princesa se limitó a mirarlo bastante ruborizada. Colocó su mano en la cabeza de la joven y acarició su cabello con cuidado. Tras esto, se dirigió a la puerta y salió de la habitación. Los guardias se inclinaron en forma de respeto al verlo salir. Axel extendió una de sus manos con cuidado, haciendo que el fuego se materializará en el libro de registros, quemando sus hojas. Los soldados se asustaron al notar aquel repentino movimiento.
-Lo siento, creo que me emocioné demasiado al ver a la princesa.-exclamó Axel.-Yo que ustedes apagaba el fuego. ¿O acaso quieren quemar el castillo?
Uno de los soldados corrió en búsqueda de agua. Axel se alejó del lugar bastante animado. Ahora debía de ir por el equipaje de Roxas en Traverse Town y dejarle el documento en su viejo escondite. Estaba seguro que lo lograrían…
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Roxas contemplaba la hermosa vista, repasando en su memoria los movimientos que hizo la noche anterior. De pronto, una conocida sensación se apoderó de sus sentidos. Un portal estaba materializándose en algún lugar cercano a él. Se levantó de inmediato y se preparó para encarar a la persona que se acercaba. Aunque lo reconoció al instante. Se trataba de Axel.
-Hermano, no me lo creo.-exclamó el pelirrojo con felicidad.-Lo has conseguido.
El joven de las llamas le lanzó un pergamino. Roxas lo capturó en el aire con facilidad.
-Ya sabes lo que es.-le indicó Axel.-Tú plan salió a la perfección, saliste inadvertido. Ahora será mejor que me vaya o las cosas irán mal si notan mí ausencia.
Axel alzó una mano, abriendo un portal frente a él.
-Por cierto… ella te dice que te cuides.-citó Axel mientras desaparecía por el portal.
Roxas lo miró partir. Aquellas palabras lo habían puesto de muy buen humor. No sabía de ella desde hace tanto tiempo… Sentía que nuevamente establecía contacto con la princesa. Abrió el pergamino con una gran sonrisa en su rostro. Una sonrisa que no se había dado cuenta que poseía y leyó su contenido.
"Estimado concursante:
Has recibido la cordial invitación para poder participar en nuestro concurso internacional de Struggle. Solicitamos de tú presencia el día de mañana."
Roxas miró nuevamente hacia la ciudad de Traverse Town. Un nuevo mirar tenía sus ojos.
-Ganaré… lo prometo.
"¿De qué te sirve el filo de tu espada si no sabes utilizarlo?
Sólo úsalo para lograr lo que realmente quieres… es todo lo que necesitas"
Ha llegado el final de este capítulo. Las cosas se vuelven cada vez más interesantes. ¿Qué es el Torneo Struggle? ¿Por qué Roxas fue por el documento? ¿Qué desea lograr con todo eso? ¿Por qué es el ladrón del viento? Descúbrelo en el próximo capítulo. Dejen review :D
Notas de SoritaK
Este capítulo me costó trabajo ya que tuve que aprender mucho sobre los castillos, la forma en que la gente vivía en aquélla época y saber expresar lo que quería escribir. Tuve que rehacer el capítulo muchas veces porque quería que quedara lo más claro posible. Espero haber escrito las cosas bien en francés, si tuve errores, les agradecería que me los hicieran ver.
De todo corazón espero que sigan el fic a mi lado, sus opiniones, críticas, recomendaciones, felicitaciones, todo lo que quieran, las esperaré con ansias porque me ayuda más de lo que se imaginan. Gracias a todos, por ustedes, me he transformado en la escritora que soy ahora y sé que puedo mejorar.
Agradecimientos especiales
Hikari-Light-XIII: Tus palabras son la principal razón del porqué me esfuerzo tanto. Siempre haces que me ponga roja y salté por toda la casa de felicidad. Si tengo a una lectora como tú, entonces mi esfuerzo realmente vale la pena. Te lo agradezco de todo corazón y espero que podamos conocernos. ¿De dónde sacó tanta imaginación? (leyendo los reviews que me has mandado) De las experiencias que vivo día con día, el mejor libro es tú propia vida. Lo único que hago es sentarme en la computadora y escribir palabra por palabra y todo va saliendo solo. Si me ocupas en lo que sea, sabes que tienes a una gran amiga que daría lo que sea para que estés bien. Espero y podamos conocernos mejor.
Satsuki Yuna: Aunque no nos hemos hablado desde hace tiempo y ya no frecuentamos como antes siempre es bueno verte, es increíble hablar contigo y sabes muy bien que uno de mis sueños es ir algún día a España e invadir tu casa. Sé que se puede lograr porque puedo hacerlo.
Hikari Strife10: Mi fan number one! xD No tienes idea de qué feliz me puse cuando leí tu review. Hacia muchísimo que no sabía sobre ti. Muchas gracias por tu comentario. ¿Crees que volví pisando fuerte? (risas) Eres muy simpática. Tu opinión me es muy importante y ahora sé que este fic tiene un buen futuro.
¡Y a todos los lectores anónimos! ¡Qué viva Kingdom Hearts!
Nada es lo que parece
Feelin' You
