Cuando la gravedad artificial estuvo asegurada respiró hondo y abrió la cabina de la nave. Se acomodó la falda y empezó a bajar. Había puesto un pie casi en el piso cuando recordó la planta y volvió por ella, estirándose para cogerla del piso de la cabina. Después bajó y se colgó el bolso de la espalda. Recién entonces se dio vuelta.
Spike estaba apoyado en la pared junto a la puerta de entrada, un cigarrillo en la mano, pantalones de ejercicio, una sudadera manchada. La miró y como siempre tenía esa mirada que era la nada misma. ¿Le molestaba verla? ¿Le era indiferente? Imposible saberlo, pero ella ya estaba molesta. Verlo la fastidiaba. Volvió a acomodarse la falda, se había rasgado en la pelea y apretando la maceta contra sí, como un escudo, se alejó de su nave y se acercó a él. Imposible esquivarlo.
.- Spiegel.
.- Valentine.
Terminaron de cruzar esas palabras y Jet apareció por un lateral, desde el taller. La miró de arriba abajo y Faye supuso lo que estaba viendo. Tenía un golpe feo en la cara, la falda rasgada, las rodillas golpeadas y sucias y una maldita planta en las manos.
.- No preguntes. – se limitó a decir – Y no te ilusiones tampoco.
Abrió la puerta y entró en la nave. Detrás de ella Spike y Jet intercambiaron una mirada. Cuando entraron después la encontraron sentada en el sofá individual. El bolso estaba a un lado, la planta sobre la mesita. Más que sentada, a decir verdad estaba despatarrada. Y fumando un cigarrillo. Spike se acostó en el sofá y Jet desapareció unos minutos. Faye mantuvo los ojos cerrados hasta que Jet volvió con el botiquín y se sentó en la mesita.
.- A ver, acércate un poco, ese golpe tiene mal aspecto.- le dijo.
Faye se inclinó hacia él y dejó que le hiciera las curaciones. Jet palpó el pómulo con cuidado, chasqueó la lengua y puso alcohol en un pedazo de algodón.
.- Con una puntería mejory te rompe el hueso. – murmuró.
.- Tuvo puntería, yo alcancé a correrme un poco. Después él no tuvo tantos reflejos. – le guiñó un ojo y al hacerlo no pudo evitar un gesto de dolor.- ¡Mierda!
.- Tienes moretones en las piernas y un tajo… - le tocó la rodilla pelada y empezó a desinfectar – Nada grave.
.- Bueno, adiós minifaldas por unos días… - Faye volvió a recostarse contra el sofá – ¿me convidas algún analgésico?
Jet asintió y desapareció en la cocina, supuso ella en busca de un vaso de agua para tragar el comprimido que no era nada pequeño y le había dejado en la mano.
.- ¿Tu nueva mascota? – le preguntó Spike, refiriéndose a la planta algo maltrecha por la carrera. Miró la planta y después a ella. Faye hizo una mueca sin sostenerle la mirada oscura.
.- Solo necesita agua para vivir, es una maravilla. – respondió con sorna.
.- No te veo cuidando una planta…
Ella se encogió de hombros y cerró los ojos ante el dolor del pómulo.
.- Soy una maldita caja de sorpresas…
Diez minutos después tenía una venda en la cara y el analgésico hacía su efecto. Estaba en su habitación, su antigua habitación. Jet le había llevado un juego de sábanas, una toalla y su salida de baño que había quedado en la nave porque no le entraba en el bolso al momento de irse. Un vaso de whisky con hielo, un lujo, descansaba en la mesa de luz.
Lanzó un suspiro y bebió un trago que le quemó la garganta. Si repasaba la primera hora en la nave no había estado tan mal. Su furia estaba controlada. Si a la distancia el sentimiento era más de tristeza, bastaba poner un pie en la Bebop para que ese sentimiento trocara en furia. En enojo. Spike la enojaba, era así de simple. La esperanza que había sentido cuando ese maldito regresó de la muerte se había esfumado cuatro o cinco meses más tarde de la muerte de Vicious y de Julia.
Y no era que Spike fuera otro tipo, más triste, más bajoneado. Estaba igual, como si eso no hubiera ocurrido. Y nadie puede pasar por ese drama sin sufrir, sin gritar, sin estallar. O por lo menos eso pensaba ella entonces y seguía pensándolo. ¿Estaba de duelo? ¿Qué tipo de duelo era ese? ¿Beber, fumar, comer, dormir y dormir y sí, cuando trabajaban juntos, gritarle? La tristeza era un sentimiento común, ella misma había estado la mar de triste en su infierno personal. Una situación así no puede dejarte igual, no debería al menos. Y él debía permitirse estar triste, Julia era el amor de su vida, la maldita mujer de sus sueños, su norte, su mundo…
Y al final algo emergió, pero nada bueno. Cuando empezaron a trabajar apareció un encono hacia ella que parecía empeorar cada vez que Faye tenía un gesto de amabilidad, un segundo o palabra de consideración. Su reacción era odiosa. No importaba si era indiferente o si le gritaba maldiciones así que al poco el sentimiento empezó a ser mutuo. La viudez y tres carajos. Nunca se habían llevado bien pero ese nuevo ritmo en la relación no era justo y ella no tenía por qué soportarlo.
Acabó el whisky. Un baño, pensó. El baño para ella era reparador y después de pelear y correr por su vida estaba sucia y necesitaba irse a dormir limpia. Cogió una muda de ropa interior y la toalla y enfiló al baño. Por suerte estaba vacío. Entrar allí fue un poco abrumador. Mierda, no dejaba de ser un baño, simple al máximo y nada lindo, pero en ese baño había recordado tantas cosas…
Dejó el agua correr y con cuidado y lentitud se sacó la ropa. Debería coser la falda si quería volver a usarla. No, debía volver a coserla porque casi no tenía ropa… Le ardieron las rodillas un poco pero se quedó media hora, exprimiendo el agua caliente hasta que empezó a salir fría e incluso un poco más. El espejó le devolvió la imagen de una chica un poco maltrecha pero entera.
.- Para variar, nos dejas sin agua caliente…
Apenas salió al pasillo lo vio. Spike estaba con su propia toalla, esperando su turno con los brazos cruzados y la mirada clavada en la pared contraria del corredor.
.- Estoy un poco hecha mierda así que no voy a excusarme contigo…
.- Nunca te hicieron falta las excusas para romper los huevos.
.- A ti tampoco.
¿De qué estaban hablando? Se ajustó la salida de baño y se pasó la mano por el pelo húmedo. No pensaba discutir.
.- Como sea, que la disfrutes.
Pasó a su lado sin mirarlo. Estaba tan cansada, cansada físicamente. Agotada. Solo quería dormir y dormir y dormir. Se zambulló en su cama, apagó la luz y se desvaneció. Y ese fue el primer día de su segunda vuelta en la Bebop.
Jet fumaba un cigarro en la sala de control. Había viajado a la colonia a buscar el repuesto que necesitaba y ojeado las noticias. Un incendio en un piso, sospechoso, seguro relacionado con Faye, pero no mucho más. Cuando regresó la chica seguía durmiendo. Spike hacía lo suyo en el sofá, así que él buscó la tranquilidad de la sala de control. Con esos dos juntos de nuevo el silencio era algo que tendría que atesorar.
Había escuchado la comunicación de Faye y se había sorprendido de haber encontrado a Spike mirando la radio, sin saber bien que hacer. Nunca había estado presente en las comunicaciones previas, aunque suponía Jet que sabía de ellas… Sin embargo, no le había preguntado absolutamente nada. Nada. Silencioso, se había limitado a encender un cigarrillo. Cuando la Redtail se acomodaba en la cubierta interior se había asomado y visto de pie a Spike observando esa nave aterrizar, a Faye saltar ajustándose la falda y desaparecer luego en busca de la planta.
Una planta. ¿Quién hubiera pensado que esa chica iba a parecer con una planta, abrazada a ella como si fuera un oso de peluche? Había sido una imagen rara, casi tierna, verla allí, golpeada, sucia, con la falda rota y abrazada a una simple planta de cuatro hojas grandes y verdes. Como una niña a la que devuelven al orfanato.
Después Spike se había limitado a ser testigo de las curaciones, nada más. El muchacho se había quedado callado. Qué tipo. La nave había pasado de ser un cascabel con dos chicas y un perro a ser un mausoleo. Tiempo antes el silencio no le molestaba pero ahora podía aceptar sin problemas que añoraba algo de ruido. Solo era la tele, la tijera de poda y su música de vez en cuando.
Sabía que Spike a veces se quedaba levantado toda la noche o desaparecía en tierra firme dos o tres días para después regresar como si nada. Nunca más de tres noches, eso sí. No había ningún acuerdo pero esa parecía ser una regla. Otra regla era no hablar de lo que había sucedido. Solo dos veces habían tenido una charla al respecto, la primera vez cuando regresó tras matar a Vicious, herido, y la segunda tras la partida de Faye cuando Jet le echó en cara que ella se había ido por su culpa. Entonces se había mostrado sardónico, algo duro. Le había dicho que Faye no era tan importante, que para él era ruidosa y molesta y que se dejara de joder porque seguro era todo show y pronto estaría de vuelta.
Pero Faye no había vuelto y nunca más se había hablado del tema. Cuando se comunicaba con ella no se lo decía. Era un tema que no compartían más. Ahora bien, a pesar del tiempo transcurrido Jet no veía que el pasado hubiera quedado enterrado. Se supone que las heridas se cierran, se curan, uno se levanta y sigue andando. Y Spike andaba, sí, pero perdido. Peor que antes. Antes esperaba, buscaba, añoraba. Ahora comía, bebía, fumaba, cazaba y vaya a saber qué más pasaba por su cabeza.
Por eso había decidido salir a buscar a Faye. En sus tiempos de policía les obligaban a tomar cursos de algo llamado psicología. Se decía que había sido una ciencia muy popular en el siglo XX pero si bien se había transformado en otra cosa, creía que ahora le decían neuropsicología o algo así, los fundamentos eran parecidos. Él había asistido a las clases con escepticismo pero habían resultado ser interesantes. Y sí, a veces pensaba que a Spike le estaba haciendo falta ese tipo de ayuda. Obviamente no iba a decir ni A y tampoco era algo que anduviera pensando todo el tiempo pero evidentemente si dependía de él solo o iba a tardar mucho o nunca iba a resolverse. Por lo menos cuando Faye andaba alrededor Spike parecía estar vivo. Gritaba, se enfurecía con ella y en cada misión corría adrenalina, sangre y furia. Vivía. Ahora ni eso, así que cuando le llegó el dato de ese botín tan jugoso se levantó un día pensando que no era tan mala idea traer a la chica de regreso. Traer a todos de regreso, para no levantar sospechas. La pregunta era si Faye podría insuflarle vida a ese chico. ¿Era justo pedírselo? No, para nada. La chica había sufrido bastante ya.
Jet no era tonto, algún sentimiento debía tener por Spike y por eso había querido detenerlo aquella vez y por eso lo había curado y recibido y al fin de cuentas, seguro también por eso se había marchado. Spike la había prácticamente echado. En fin, habría que ver y esperar.
