Disclaimer: Lamentablemente no soy la dueña de los personajes que utilizaré, sólo la trama fue creada por mí. Este fic no es una continuación de la saga de juegos de Kingdom Hearts, tan sólo es una nueva, con el fin de entretenerlos. Espero que lo disfruten.
Dedicado a mis lectores, gracias por creer en mis historias.
What day is it? And in what month?
This clock never seemed so alive
I can't keep up and I can't back down
I've been losing so much time
You and me
Lifehouse
Primera temporada
El plan
CAPÍTULO IV
Un baile inesperado
"A pesar de conocer el riesgo, no temeré y tendré el coraje de luchar contra todo"
-¿Estás perdida?-preguntó un hombre alto y fuerte. Su rostro estaba cubierto por una capucha. Llevaba puesta una camisa y pantalón azul marino, a sus costados estaban guardadas dos espadas y sus manos las tenía cubiertas por vendas, las cuales protegían sus heridas.
El hombre estaba frente a una niña de mirada desesperada. Ella le asintió con los ojos llorosos. No necesitaba más. El hombre sujetó su pequeña mano con la suya. La niña temblaba. Al notar su contacto, parecía haberse tranquilizado.
-Busquemos a tus padres -expresó el hombre.
Se abrieron camino entre la gente. Algunas incluso agachaban su cabeza en señal de respeto y él tan sólo sonreía por debajo. La noche anterior no había dormido del todo bien debido a la fiesta de bienvenida de su viejo alumno. El regreso de Roxas… definitivamente un acontecimiento que marcaba el inicio de una nueva era.
En su camino, logró distinguir a varios miembros de Freedom entre el público, todos escondían sus rostros debajo de las capas que les había regalado. Al parecer estaban igual de impacientes que él por descubrir las nuevas habilidades del ladrón del viento. De pronto, el grito de alguien hizo reacción en él, haciendo que por inercia buscara el origen del sonido. Una mujer corría hacia ellos y en cuanto estuvo cerca de ambos, se agachó y abrazó a la niña. El hombre soltó su mano y observó la escena.
-Por favor, no vuelvas a apartarte de nosotros cariño -susurró la madre de la niña.
La niña dejó que su madre la siguiera abrazando, dejando escapar sus lágrimas. Dirigió su mirada hacia el rostro del hombre, quería agradecerle. Aunque en realidad, no podía siquiera distinguir su rostro. Tan sólo veía parte de su barbilla y sus labios. El hombre notó la curiosidad de la niña, así que descubrió su rostro ligeramente. La niña se asombró al descubrir la cicatriz en forma de X que el hombre tenía en la mejilla izquierda, reconociendo de quién se trataba. Zack se llevó un dedo a sus labios y le volvió a sonreír.
-No digas mi nombre -le pidió con dulzura.- Sabes lo que podría ocurrirme.
-No, señor.-dijo la niña.
-Gracias hermosa.
Le revolvió ligeramente el cabello con su mano y desapareció entre la gente. Logró colocarse en un lugar donde veía claramente el escenario y se cruzó de brazos, aguardando el momento. De pronto, a su lado, apareció otra persona encapuchada.
-¿Siendo bueno de nuevo?
-Es por el pueblo, Hayner -exclamó Zack.- ¿Ya va a salir él?
-Sí, es el siguiente-indicó Hayner.
Ese día se llevaría a cabo la segunda fase del concurso. Cada concursante demostraría sus habilidades al público. Era de vital importancia saber llamar la atención para lograr ganar. Ese era el secreto y su viejo alumno lo sabía muy bien. El conductor apareció en el escenario, haciendo que el público aplaudiera emocionado.
- El siguiente concursante nos ha pedido que cada miembro de la Realeza y la Orden se colocará un sombrero en sus cabezas -señaló hacia las carpas. Cada uno señaló a su forma el objeto colocado sobre sus cabezas.- Además ha pedido que a su señal, ellos eleven el sombrero lo más alto que puedan. ¿Para qué será? Entonces descubrámoslo. Con ustedes: Ventus.
Apareció en el escenario, saludando con la mano al público y con una sonrisa en su rostro. Era increíble que aún tuviera esa energía después de sólo dormir dos horas. La gente lo recibió con una gran ovación. Varias chicas sacaron varios pergaminos con letreros que decían: "Te amamos Ventus" Roxas traía puesta una capa color marrón y en sus manos sostenía un banco de madera. Estaba listo para comenzar. Las personas hicieron silencio al unísono.
Dejó el banco en mitad del escenario. La gente lo miraba con curiosidad e incluso Zack quería saber lo que tramaba. Con agilidad y sin ser notado, Roxas sacó una daga pequeña de sus ropas y cortó el banco por la mitad. Un grito de asombro recorrió el lugar. Sin ser avisados, elevó con su pierna izquierda una mitad del banco mientras que la otra mitad la había pateado hacia la orilla del escenario. De pronto lo que había sido el resto del banco, ahora se dividía en muchas partes delante de todos. Exclamaciones de sorpresa resonaron por todo el público. Nadie había notado cuándo había cortado la madera. Sujetó un trozo al azar y lo mostró al público, mientras dejaba que los demás cayeran al suelo. Con una postura inquebrantable, colocó el trozo de madera en el suelo y se subió a él, mostrando un equilibrio único.
El público estaba asombrado por su rapidez. Sin embargo, sus exclamaciones parecían no ser escuchadas por él ya que estaba totalmente concentrado. De pronto, sacó cuatro dagas de la nada y se las mostró al público. Las colocó entre los dedos de su mano izquierda y con su otra mano se quitó su capa, elevándola lo más alto que pudo. Dirigió su atención hacia la capa y lanzó las cuatro dagas hacia ella. Las cuchillas rasgaron la tela y cayeron al suelo con rapidez, clavándose en él y haciendo un sonido notorio. Ventus capturó la capa en el aire, desplegándola para mostrarla a la audiencia. En toda la capa había creado un dibujo de un pequeño sol, el símbolo de "Twilight Town".
La gente estaba más que asombrada, comenzaron a aplaudir fuertemente. Incluso Zack se había impresionado. Su puntería, su postura, todo lo que le enseñó lo había perfeccionado.
-¿Viste eso?-exclamó Hayner estupefacto.- ¿Dónde aprendió a hacer todo eso?
-Es lo que pienso preguntarle en cuanto tenga oportunidad.
Roxas bajó del trozo de madera y saltó con agilidad hacia un faro que se encontraba cercano a las carpas. Sin perder el equilibrio y con un perfecto porte, les pidió con una señal a los miembros reales que alzaran los sombreros al aire. Cada uno elevó el sombrero a la vez. Disponía de poco tiempo… Ventus saltó del faro e hizo un salto mortal hacia atrás, dominando la gravedad cómo si se tratara de algo que pudiera controlar a su antojo. Aterrizó en el suelo, sin despegar su vista de las carpas. Contempló que los miembros de la realeza capturaron el sombrero en el aire y lo miraron con asombro, notando algo que los impactó. En cada sombrero había una marca en forma de "V" El príncipe Sora fue el primero en mostrarles a todos lo que Ventus había hecho con los sombreros. Los demás miembros reales lo imitaron.
-¡El ganador de la segunda fase es Ventus!-exclamó el conductor igual de asombrado.
El público comenzó a saltar y a gritar para demostrar su gran respeto hacia el joven. Ventus hizo una reverencia hacia los miembros reales.
-Gracias por haber participado en mí performance.-agradeció Ven.
-Un placer.-respondió el Rey.
-¡Tienes que enseñarme a hacer eso!-exclamó el príncipe Sora.
-Príncipe Sora, por favor, tranquilícese -repuso Riku.
Ventus hacia caso omiso de la discusión que comenzaba entre el príncipe y su guardián. Tan sólo contemplaba la sonrisa tímida de la princesa. El conductor sujetó uno de sus brazos y lo alzó al aire. Ventus dirigió su mirada hacia el público con una sonrisa en su rostro, mientras la ovación del público hacia estruendo en el escenario. En ese momento, la princesa Naminé guardó entre sus ropas el sombrero… teniendo un extraño pero familiar sentimiento con ello.
-¡Los esperamos a todos en el baile!-exclamó el conductor.
El Gran Castillo era el hogar de una importante fiesta. En todos sus rincones, hermosas decoraciones traían vida aquél lugar frío. Lo único que les brindaba calor a los invitados eran las antorchas que alumbraban el camino hacia el lugar donde se llevaría a cabo la reunión. La gente vestía de la manera más elegante posible. Todas tenían algo en común: era un antifaz que ocultaba sus rostros. Reían y platicaban animadamente sobre el espectáculo que habían presenciado aquella tarde. Sin duda, Ventus era el favorito para ser el campeón de ese año.
La gente pasaba de largo, sin percatarse de la presencia de una persona. Un joven de cabello castaño, ojos color miel y de piel blanca se acomodaba su antifaz en un espejo. Vestía con un elegante traje. Al final de ese pasillo, se encontraba el salón principal, aquél mismo lugar en que había sido olvidado su verdadero nombre y surgido su actual identidad. El ladrón del viento terminó de acomodarse el antifaz y se preparó para ingresar, recordando lo ocurrido…
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-Por favor -suplicaba Roxas- Déjame ir.
Roxas se encontraba sentado en la orilla de la cama. Varios baldes llenos de agua se encontraban a su alrededor. Cada uno poseía en su interior un líquido de diferente color. El ladrón del viento tan sólo llevaba puesto un pantalón negro, mostrando los músculos de su dorso desnudo que se habían fortalecido en esos tres años. Hacía frío en la habitación pero eso no lo había detenido. Su cabello estaba teñido de color castaño y sus ojos ahora eran color miel. Sin explicación alguna, el cabello de Roxas era más largo y lo tenía amarrado con un listón blanco.
En cuanto había logrado esquivar a la gente que deseaba felicitarlo, descubrió un cartel que había llamado su atención. Se trataba de una invitación para asistir al primer Baile Real del Reino. Se trataba de un evento abierto al público y su principal atractivo consistía en ser un baile enmascarado. Era perfecto. Podía asistir sin ningún problema. Sin embargo, debía tomar las precauciones necesarias así que había decidido cambiar su aspecto una vez más. No había querido ir al escondite de Freedom porque sabía que ellos lo iban a deternerlo por el peligro. Todo había marchado bien… Sólo que la presencia de Olette no estuvo en sus planes. La joven estaba frente a él, ocultando sus manos detrás de su espalda.
-No me obligues a tener que pasar a través de ti-le advirtió Roxas, mostrando un semblante seguro.
-¿Quién dijo que venía a impedírtelo?-preguntó Olette con una sonrisa en su rostro.
Roxas quedó atónito ante su respuesta. La joven descubrió lo que escondía detrás de su espalda: se trataba de un elegante traje.
-¿Pensabas ir con esas ropas al baile?-inquirió Olette.- He venido a ayudarte.
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Tras esfuerzo y varios piquetes de aguja propiciados por Olette, Roxas se encontraba con el disfraz perfecto en la entrada del salón principal. Se trataba de una amplia estancia circular, más espaciosa que cualquier otro lugar que había conocido. Tenía una serie de elegantes ventanas en forma de arco de las que colgaban cortinas de seda color bronce. Una gran alfombra azul oscuro tapizaba el salón. El mobiliario consistía en mesas, sillas y carpas donde la gente ingresaba para descansar. A mitad del lugar, una gran escalera en forma de caracol hacía juego con el inmenso candelabro que alumbraba el salón.
Roxas ingresó al salón. La orquesta comenzó a tocar una melodía alegre. La gente bailaba con un sencillo vals en el centro. El ladrón del viento se sirvió una copa de vino y se recargó en una columna. Algunas jóvenes lo miraban con deleite e identificó en ellas aquella mirada de anhelo que le exigían que las invitara a bailar. Él las ignoraba- o al menos eso quería aparentar- ya que era peligroso tener alguna clase de contacto con los demás. Temía en revelar su identidad por un descuido. De pronto, la gente dejó de bailar y centró su atención hacia la escalera principal. Roxas imitó sus movimientos, quedando extenuado al identificar a las personas que bajaban, sobretodo a una de ellas.
Era Naminé.
Bajaba con gracia y delicadeza las escaleras. El antifaz hacía juego con sus hermosos ojos azules. Su cabello dorado lo llevaba amarrado con un adorno en forma de cisne. Su sonrisa alumbraba el lugar. Llevaba puesto un vestido hermoso de gala, era largo y en la cabeza traía una corona. Roxas había estado a punto de derramar su copa al notar lo hermosa que estaba. Una belleza que parecía quitarle la respiración…
De pronto, la imagen perfecta que había formado se desvaneció.
El príncipe Sora sujetaba su mano con esa sonrisa radiante. La persona con la que Naminé se casaría… Un fuerte sonido despertó sus sentidos. Sin haberlo notado, había tirado la copa de vino, haciéndose pedazos en el suelo. Se alejó de ahí para evitar miradas y se mezcló entre las personas que miraban estupefactas a los miembros de la Realeza. Roxas se colocó detrás de una señora con un peinado enorme.
-Sean bienvenidos a nuestro primer Baile Real.-declaró el Rey.- Y ahora, iniciemos con el espectáculo.
Roxas no podía apartar sus ojos de Naminé, seguía cada uno de sus movimientos. La princesa tan sólo le sonreía a todos. Aunque él sabía que esa clase de fiestas le disgustaban a ella. Sólo lo hacía para complacer a su padre.
El príncipe Sora se alejó de ella para bailar con las damas del Reino. Suponía que ella también debía hacer lo mismo. La princesa quedó de pie y sola entre la gente. Los hombres se acercaron hacia ella, listos para invitarla a bailar. A pesar que parecía ser personas amables, sabía que sólo era un instrumento para presumir y nada más.
De pronto, sintió la presencia de alguien. Frente a ella había aparecido de la nada un joven de cabello castaño. Le tendió la mano con una confianza inquebrantable y permaneció en silencio. A pesar de no apreciar por completo su rostro… sabía que sus ojos mostraban un semblante tranquilo, una quietud que la llamaba…
En ese mismo momento otra pieza inició. Una melodía lenta y melancólica. La princesa parecía indecisa y tenía toda la razón, tan sólo veía en él a un perfecto extraño. Si tan sólo pudiera decirle su verdadera identidad… En cambio, en ese momento, sólo podía limitarse a ofrecerle su mano junto con su invitación. Ella le sonrió tímidamente y sujetó su mano con delicadeza, sin apartar ningún instante su atención hacia él.
Roxas colocó su mano en la cintura de la princesa y eliminó la distancia que los mantenía separados. Entrelazó sus dedos con su otra mano, haciendo que el contacto fuera más cercano. Una cercanía que jamás imaginó tener. Nuevamente estaba ahí la extraña sensación que nacía en su estómago. Sin embargo, omitió todos sus pesares y perderse en los ojos de su ser más importante. Roxas comenzó a dirigir al ritmo de la pieza. Procuró que sus movimientos no fueran bruscos ya que temía por la princesa. Hacía tiempo que no iba a esa clase de eventos. Las mejillas de la princesa se enrojecieron ligeramente. Su sonrisa tímidasabía que se convertiría más tarde en su recuerdo favorito. El sonido de las personas alrededor desapareció, sólo la música existía para ambos… Bailaban lentamente tratando de descubrir a través de sus miradas el secreto dentro de sus seres.
¿Quién eres?
Era la pregunta que la mirada de Naminé expresaba. Anhelaba responder a sus preguntas. Deseaba más que cualquier otra cosa decirle quién era él. Apartar a todas las personas, continuar sujetando su mano y llevarla a un lugar donde podría sonreír con naturalidad. Tal y cómo lo hizo cuando eran niños. La melodía de la música fue extinguiéndose lentamente y ambos volvieron a la realidad. Poco a poco despertaron de lo que había parecido ser un sueño. Sabiendo que muy pronto el momento llegaría a su final. Roxas acercó su rostro hacia ella. La princesa tan sólo notaba cómo el extraño se acercaba peligrosamente, sin embargo, por alguna razón, no deseaba detenerlo. El ladrón del viento acercó sus labios hacia el oído de la princesa.
-I'm just wanna tell you how much I am feelin' you…-susurró Roxas.
¡Esa voz! Las pupilas de Naminé se dilataron ante la sorpresa y de inmediato deseó encontrarse con los ojos de aquél joven una vez más. ¿Podría ser…?, ¿sería él…? De pronto, una mano sujetó su hombro y la sacudió ligeramente. Sin saber lo que hacía, giró su rostro hacia la persona que la llamaba y logró contemplar una sonrisa irradiante. Se trataba de Sora. Su realidad. Giró su rostro para buscar al joven pero no estaba ahí… tal y cómo se lo suponía. El momento casi mágico se había ido. Escuchaba algunas palabras que provenían de Sora pero no comprendía su significado. Quería saberlo, tenía que saber si ese joven era… De pronto, logró identificar al joven mezclándose rápidamente entre la gente.
-Princesa. ¿Está bien?-preguntó Sora preocupado.
- Estoy bien, príncipe -mintió Naminé tratando de ocultar su desesperación.- Sólo quiero salir a los jardines a tomar aire fresco.
- Adelante, no hay problema.
Y así, la princesa atravesó el mar de personas y fue tras la pista del joven. El guardián del príncipe planeó seguirla, sin embargo, el castaño lo detuvo extendiéndole una mano a la altura de su pecho, impidiéndole el paso.
-Deja que vaya -ordenó el príncipe.
-Sora. ¿Estás seguro?-preguntó Riku.
-Completamente.
Naminé no se comportaba de esa forma. De hecho, esa había sido la primera vez que notaba un cambio en la actitud tranquila de la princesa. Angustia y anhelo. Sentimientos que conocía a la perfección. Por ello, permitió que se fuera, después de todo, estaba dentro de su propio Castillo y dudaba que algo malo pudiera ocurrirle…
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¡Qué tonto había sido! Se había prometido no hacer alguna clase de contacto con ella. ¡Y fue lo primero que hizo! ¡Además le había hablado!, ¿por qué hizo semejante cosa?
El ruido del agua al caer era lo único que lograba tranquilizarlo en aquél momento. Se encontraba en el jardín Real. Un enorme sitio repleto de flores. Una fuente grande con decoraciones en forma de coronas estaba en el centro. Tras aquél encuentro tan cercano corrió hacia ese lugar. El único jardín que extrañaba del Gran Castillo. Por inercia, se había puesto la capa y lavado un poco el rostro en la fuente. Parte del color original de su cabello estaba visualizándose. Debía regresar de inmediato al escondite con los demás o sino perdería su cordura y volvería con la princesa. Incluso creando una situación perfecta para atraparlo.
Se sentó en la orilla de la fuente y colocó sus manos en su cabeza. Había sido un tonto. Aún así...
¿Por qué sentía su respiración tan agitada?
¿Por qué seguía pensando en ella?
¿Por qué?
Una vez más la melodía de aquella canción hacía eco en su mente. Sin pensarlo, sin importarle nada, comenzó a entonarla en voz baja. Con el deseo de que alguna vez aquella canción fuera escuchada por completo por la princesa… En ese preciso momento, la princesa Naminé se las ingeniaba en salir del salón principal. Varios hombres borrachos se atravesaron en su camino pero no la detuvo para continuar. Su deseo era incluso más grande que sus temores.
You walk into a room
All eyes are on you
Everyone wants to know your name
De pronto, agudizó sus sentidos… tratando de identificar de dónde provenía aquella melodía. Sin duda se trataba de una voz conocida. Parecía querer guiarla hacia lo que deseaba…
Siguió la voz y al poco tiempo descubrió que provenía del jardín. El único lugar del Gran Castillo que le gustaba visitar. Al llegar al final del pasillo descubrió a un hombre encapuchado que estaba sentado en la fuente, cantando con melancolía. Sin duda alguna, ese joven era con el que había bailado momentos atrás. De pronto, el joven dejó de cantar. La princesa se escondió detrás de una columna para evitar ser vista y logró seguir sus movimientos a través de los huecos que la estructura tenía. La persona se levantó.
El joven miraba hacia el cielo nocturno sin percatarse de la presencia de la princesa. Sabiendo que ya era hora de volver a casa…
De la nada, una flecha atravesó el jardín e impactó contra el hombro izquierdo del joven. Al instante emitió un grito de dolor, al momento que el crujir de sus huesos y el sonido de su sangre que brotaba por la herida. El impacto había sido tan fuerte que provocó que su capa se cayera, descubriendo su cabello dorado y dejando su verdadera identidad al descubierto. El joven cayó al suelo…
-¡Roxas!-gritó horrorizada Naminé, saliendo de su escondite.
"En verdad que ser grande no consiste en alterarse con un gran motivo, sino en luchar por una simple paja, si el honor está en juego"
Hamlet
Ha llegado el final de este capítulo.
Notas de SoritaK
Creo que la escena del Baile Real fue lo primero que se me ocurrió de este fic y es una de las escenas que más anhelaba escribir. Me encantó la escena del baile, sobretodo los sentimientos que ambos tenían en su interior. Imagínense el haber encontrado al amor de su vida y no poder estar con él. Son sentimientos terribles.
Dejé este capítulo con demasiado suspenso ya que el siguiente capítulo estará... digamos que lleno de acción. La trama está tomando fuerza y conforme los capítulos vayan saliendo, descubrirán el pasado de cada uno de los personajes. Tan sólo pido paciencia. De todo corazón, gracias por seguir a mí lado. Opiniones, críticas, recomendaciones, felicitaciones, comentarios, todo lo que quieran, las esperaré con mucho gus
¡Y a todos los lectores anónimos! ¡Qué viva Kingdom Hearts!
Nada es lo que parece
Feelin' You
