Editado: 27/11/2017
Disclaimer: Lamentablemente no soy la dueña de los personajes que utilizaré, sólo la trama fue creada por mí. Es un universo alternativo, una nueva historia, con el fin de entretenerlos. Espero que lo disfruten.
Dedicado a mis amigos de la preparatoria.
Sin importar cuántas veces,
definitivamente encontraré
tus ojos y el calor de tus manos.
Hakanaku mo towa no kanashi
UVERworld
Primera temporada
El Plan
CAPÍTULO V
La persecución
"Si quieres salir con vida, será mejor que tengas un plan preparado"
"¿Roxas?"
El joven con el que estuvo… ¿Había sido él?, ¿bailó con la persona con la que tanto soñaba?, ¿la misma en que amaba perderse en su recuerdo?
Mirarlo una vez más.
Aquél había sido el deseo de la princesa. Quizás, un deseo egoísta pero era igual de sincero que las lágrimas que derramaba. Creyó firmemente que el día de su reencuentro llegaría con facilidad. Confiaba en identificarle bajo cualquier apariencia, sin importar el tiempo que transcurriera. Sin embargo, cuán equivocada se sentía en aquél momento.
No pudo siquiera reconocerlo teniéndolo de frente, ni cuando habían bailado… Él arriesgó su vida por bailar con ella, por estar a su lado… y ahora, por su culpa estaba herido y quizás pasando por una batalla arriesgada. Y no sólo por ese detalle, también comprendía las consecuencias de sus acciones… ¿Acaso podía sentirse peor?
En el momento en que descubrieron la presencia del ladrón del viento, la habían apartado del jardín, alejándola de su ser querido… siendo llevada por la fuerza a ese sitio. Una vez más estando ahí, bajo ese cuarto de paredes blancas. Aquella habitación cuyo contenido se sabía a la perfección. Ocho mil azulejos, veintitrés cristales, treinta y seis flores, cinco sillas, dos aparadores y una mesa. Doce dibujos pegados en las paredes y sesenta tipos de crayolas y varios pinceles. Un lugar que sin duda le traía una sola sensación: soledad. El sitio donde había sido encerrada cada vez que su padre tenía oportunidad.
Sin embargo… también era el lugar donde había conocido a Roxas.
El recordarle ocasionó que un agujero en su interior naciera, brindándole un dolor que desgarraba su ser. Angustia, tensión, impulsividad, desesperación. Sentimientos que acechaban su ser, planes que emergían desesperadamente para brindarle la esperanza de escapar y estar al lado de Roxas. No obstante, conocía el resultado. Los sentimientos sólo eran eso: pasajeras. Jamás podría salir de ahí… sólo debía esperar que la información llegara por sí misma. Totalmente rendida ante sus propios deseos, se sentó en la silla y miró hacia la ventana. El reflejo de la luna se veía realmente hermoso. Una vista que le traía tranquilidad a su dolido corazón. Gentilmente, Naminé unió sus manos, mientras susurraba:
-"Por favor, cuida a Roxas"
Le rogó a la luna, confiando en que su mensaje sería escuchado. Si ella misma no podía mirarlo, entonces la luna lo haría en su lugar ya que debajo del cielo nocturno, también se encontraba Roxas en algún sitio. Su realidad, era aquella. Estar encerrada en su habitación… con su soledad y profunda tristeza, dejándola sufriendo en silencio…
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A nadie podía ver y nada podía escuchar. Tan sólo estaba inerte ante un escenario desconocido. Lo único que sabía realmente era que su cuerpo estaba tendido en el suelo. Notando la fría y dura tierra bajo su mejilla. El olor familiar de un jardín distante le impregnaba el olfato. Un murmullo de agua cayendo… Creía reconocer el lugar en donde se encontraba. Fueron cuestión de segundos antes de que una terrible sensación le invadiera por completo. Su cuerpo comenzó a tensarse al tiempo que descubrió la fuente principal del dolor. Se trataba de su hombro izquierdo. Era como si algo estuviese traspasando su piel. Jamás había experimentado esa agonía. Una desesperación que le impedía ver la causa de su tormento. Percibió cómo un cálido líquido recorría su dorso lentamente junto con un creciente dolor en su hombro, desplazándose por todo su pecho.
¿Qué había ocurrido?
Sus recuerdos, la cordura, el exterior, el sonido, todo parecía estar lejano. A excepción del rumor de un grito. Esa voz… la conocía. El grito cobró más fuerza, haciéndolo volver a la realidad a una velocidad inexplicable…
-¡Roxas!
Su nombre… Parecía un grito lleno de angustia y dolor. Pero… extrañamente familiar.
De pronto sus recuerdos volvieron. Con la misma rapidez en que la lluvía descendía del cielo para estrellarse contra el suelo. Su mente y su entero ser volvieron de la inconsciencia de sus pensamientos. Sin embargo, el recordar lo sucedido, le conllevó a despertar su instinto de escapar. A pesar de ello, su cuerpo estaba tan sumergido en el dolor. Aunque no podía darse el lujo de seguir en el suelo, esperando ser atacado nuevamente. Lo último que recordaba era que había contemplando la luna, decidiéndose en volver o no y que… una flecha le traspasó el hombro. En aquél momento logró comprender cómo fue que llegó al suelo. Sin embargo… aún habían dudas. ¿Quién lo había atacado? Una interrogativa que sería contestada más rápido de lo que imaginó.
-Te hemos atrapado, traidor-dijo una voz grave.
Esa voz, podía reconocerla perfectamente a pesar de su estado. La persona que marcó de por vida su apariencia, la misma que forjó su destino injustificado y el hombre que le arrebató todo… Su profundo odio hacia él logró despertarlo.
Abrió los ojos lentamente, lastimándose con el reflejo de las luces de alrededor. Lo primero que apreció fue un color carmesí que pintaba el suelo. El color de su sangre. Sin duda, estaba perdiendo demasiada pero ello no fue lo que le asustó, sino lo que percibió no muy lejos de él. Lo que había sido un jardín solitario y silencioso se convirtió en un centro de reunión. En la entrada del jardín se encontraban de pie varias personas, cuyos cuerpos estaban cubiertos por una capa negra. Personas que tenían su mirada fija en él. Era la Orden XIII.
-¿Cómo te descubrimos? Fuiste demasiado predecible…-respondió el dueño de la voz que odiaba tanto.
Dejando de lado su dolor y las palabras de aquél sujeto, trató de incorporar su cuerpo. Con inmenso esfuerzo, tratando de no mover la flecha que lo hería, logró voltear su cuerpo para encarar el cielo nocturno. Un dolor punzante apareció por todo su pecho, especialmente en su brazo izquierdo. Dirigió su mirada hacia el lugar exacto que le molestaba. Contemplando una escena que lo estremeció. Una larga flecha se entreveía a través de su piel. Sus ropas estaban completamente bañadas por su sangre.
- Eso realmente debe doler, pobre traidor - inquirió Larxene, burlándose notablemente de su situación.
- Seguramente se la quitará - exclamó uno de ellos.
- Es obvio que lo hará, tonto, ¿quién querría una flecha atravesada en tu cuerpo? - respondió otra voz que no podía reconocer.
Los murmullos continuaron más no les prestó atención. Debía deshacerse de ese martirio en cuanto antes. Se incorporó levemente, alcanzando con su otra mano el arma que lo continuaba atravesando. Suspiró, preparándose mentalmente para la acción que realizaría. Sin vacilar, retiró la flecha de su hombro. Su cuerpo se estremeció bruscamente al instante. Ahogó un profundo grito, aunque no pudo evitar gemir. Su respiración se volvió entrecortada. Sus ojos los sentía demasiado pesados, estando en un punto donde creyó que iba a volver a desfallecer. Cuando pareció que el sufrimiento iba a incrementar… éste disminuyó poco a poco. Sintiéndose de una u otra forma mejor. Al parecer la herida no fue lo suficientemente profunda.
Mientras relajaba su cuerpo, trató de repasar las palabras de aquél hombre. Sin embargo, no tenía las fuerzas para deducir o analizar en qué se había equivocado.
-Al principio creímos que no se trataba de ti, por tu apariencia… -exclamó una voz femenina con ironía.
-Pero al final, tu esencia te delató-declaró otra voz grave.
Maldita sea... Ciertamente, había descuidado sus acciones. Ya no había tiempo para arrepentirse de los sucesos pasados. Debía encarar la situación. Colocó una mano en el suelo, para así equilibrarse y tratar de levantarse. No obstante, se arqueó de dolor. El sudor y el temblar de su cuerpo eran notables. En verdad, sufría.
- ¡Puedes hacerlo, traidor! - gritó alguien.
Mordió sus labios, al tiempo en que se levantó lentamente, encarando a la Orden. Alzó su mirada, logrando apreciar el escenario del cual era partícipe. Frente a él se encontraban varios miembros del grupo privado del Rey. Cada uno estaba disperso en ciertos puntos, bloqueando las salidas posibles del sitio. Mostraban sus armas con determinación, denotando que no lo dejarían ir tan fácilmente. Logró identificarlos a todos. El silencioso Zexion estaba recargado en una columna cruzados de brazos. Un joven rubio, que sostenía lo que parecía ser un enorme instrumento musical, tenía la mirada fija en él. Se trataba de Demyx, aquél que podía controlar el agua a su antojo. Axel también estaba ahí. No se atrevió si quiera a mirarle, conocía que sus acciones fueron precipitadas y por último… el hombre a quien tanto odiaba. Saix. La mano derecha del Rey y uno de los miembros más fuertes. Cargaba con una especie de arco…
Hasta ese momento, se percató de la situación en la que se encontraba. Estaba rodedado, herido, contaba de pocas horas antes de terminar desangrado y no tenía muchas salidas para huir.
-¡Roxas!
Aquél grito… ¡Había sido el mismo que lo despertó! Rápidamente buscó con la mirada la dueña de la voz. Sin obtener resultados. De pronto, de la oscuridad emergieron dos miembros más de la Orden. Se trataban de Larxene -quien mostraba su usual sonrisa maligna- y el fornido Lexaeus. Roxas se alteró de inmediato, más no por el hecho de descubrirlos sino… por lo que ambos sujetaban. Los brazos de la princesa estaban apresados por las manos de ellos. Naminé luchaba desesperadamente por safarse, por correr a su lado y tratar de curar sus heridas. No obstante, Larxene inclinó su rostro hacia ella y con su otra mano, cubrió los labios de la princesa, ahogando sus palabras.
-¡Naminé!-profanaron los labios de Roxas de inmediato.
Un grito forzado que inundó el jardín. Tras pocos segundos, un hilo de sangre brotó de sus labios y recorrió su barbilla, hasta desaparecer en su cuello. El sabor amargo perduraba en su lengua.
-Llévenla a otro sitio-ordenó Saix- Nosotros nos encargaremos de él.
De pronto, un portal oscuro se materializó detrás de la princesa, siendo arrastrada por la fuerza hacia él. El cuerpo de Roxas no le respondía. Era como si estuviese paralizado por alguna clase de somnifero. Notando cómo la princesa se alejaba por cada paso que retrocedía. Naminé mordió la mano de Larxene –la cual produjo un leve grito- quien liberó sus labios de inmediato.
-¡Roxas, tienes que huir, huye a un lugar seguro!- gritó Naminé desesperada.
El ladrón del viento buscó de inmediato la mirada de la princesa. Descubriendo un par de ojos azules que reflejaban sus intenciones. Sus palabras eran sinceras. A pesar de estar en aquella situación, a pesar de ser consciente de cómo su cuerpo se debilitaba en cada segundo… se sintió feliz. La princesa se preocupó por él. Un simple hecho que quizás era producto de su imaginación. Sin embargo, lo hacía sentir bien.
Sin previo aviso, Larxene giró su cuerpo hacia la princesa. Liberó su brazo para darle un leve golpe en su mejilla, silenciándola de inmediato. Un movimiento que resonó por todo el jardín pero sobretodo, en los oídos del ladrón del viento. Algo que provocó que en su interior emergiera una profunda ira. Una fuerza sobrehumana que le brindó las suficientes energías para moverse.
Guiado por el impulso de su cuerpo, corrió hacia ellos. El sonido de las flechas al cortar el viento, le alertó de su peligro. Con agilidad, las esquivó, burlando a los demás miembros de la Orden también. Logrando estar a unos cuantos metros de ella. Naminé notó sus movimientos. Por lo que alzó su mano libre, implorándole que la llevara lejos de ahí y la liberara de aquella situación. Una petición que el ladrón del viento, estaba dispuesto a dar su vida, con tal de complacerla. Sus miradas se cruzaron, comunicándose la necesidad de ambos por estar juntos. Estiró su mano, tratando de alcanzar así la de la princesa…
Fuego
Fue la palabra que surgió en su mente. De inmediato, sintió la presencia de magia y el olor a humo aproximándose. Por instinto retrocedió, al tiempo en que se formaba un anillo de fuego a su alrededor. Separándolo de la princesa. El calor que el fuego emanaba eliminó la refrescante brisa que el jardín brindaba. Roxas entrecerró los ojos debido a la intensidad de las llamas. El pelirrojo se encontraba a unos cuantos pasos de él, dirigiéndole una mirada indiferente.
"No te acerques demasiado o terminarás muerto"
Pronunció su amigo en apenas un susurro, cersiorándose que Roxas pudiera leer sus labios. Sus esmeraldas le exigían precaución. Y conocía que estaba en lo cierto. Tenía que tranquilizarse y encontrar una manera de salir de ahí. Sin embargo, la princesa estaba en peligro y eso lo hacía perder su cordura.
-¡Alejen a la princesa de una buena vez, para terminar con este sujeto!-indagó Axel.
La mirada de Roxas se dilató. A pesar de que la intención del pelirrojo era noble, no pudo evitar molestarse. No quería que Naminé pagara el precio de sus acciones. Sin embargo, su deseo jamás sería complacido. La princesa fue arrastrada hacia el portal oscuro, gritando su nombre una y otra vez, mientras desaparecía en la oscuridad. Gritos que le hacían sentir peor que el dolor de su cuerpo. Roxas tan sólo notó cómo una vez más, le fue arrebatado algo tan importante en un instante. La única razón por la cual seguía luchando, desapareció. Completamente indagado, dirigió su mirada al suelo y buscaba en qué había fallado... Ciertamente, las intenciones de la Orden siempre habían sido separarlos. Como si el querer a alguien fuese prohibición.
-¿A dónde la han llevado?-exclamó Roxas enojado.
-¿Tenemos que responderte?-inquirió irónicamente Saix.
-Esta vez, no podrás escapar de nosotros-exclamó Larxene con un tono de voz travieso- La caballería viene en camino.
Estaba en serios problemas. El efecto de la adrenalina en su cuerpo terminaba. Podía sentirlo debido al cansancio de su cuerpo. Sino salía pronto de ahí, cabía la posibilidad de ser capturado. Algo sencillamente imposible. Aún… tenía cosas por hacer. Debido a las circunstancias, Roxas logró formular un plan en su mente. Sólo que el tiempo no era su aliado. Miró a su alrededor, logrando encontrar un pasillo libre. No lo conduciría a una salida pero era perfecto para lo que tenía en mente.
Y de pronto… todo quedó en silencio. Los miembros de la Orden comenzaron a caminar lentamente alrededor de él. Un movimiento que reconoció al instante. Estaban preparándose para emboscarlo. El ladrón del viento no perdía ninguno de sus movimientos ya que serían cruciales para su escape. No podía evitar sentirse nervioso. La oportunidad de salir era de un millón a una. Una vez más, debía de arriesgarse a darlo todo. Ganar o perder. Ser libre o ser capturado.
Las llamas se extinguieron y el olor a humo se impregnó en su olfato. Dejando en claro que el momento crucial había llegado. El latir de su corazón y su aliento al ser exhalado, eran los únicos elementos que traían vida al jardín. Sin previo aviso, una oleada de flechas nubló el cielo nocturno. Un ataque que sólo estaba dirigido hacia él. Roxas giró su cuerpo rápidamente y corrió lo más rápido que sus piernas le permitieron. Escuchando a su paso cómo las flechas impactaban contra el suelo bruscamente. Sin importar el peligro que se presentará, lograría salir de ahí. De pronto, su pierna derecha comenzó a dolerle, provocando que perdiera el equilibrio y cayera al suelo de forma inevitable. Inconscientemente, rodeó con una mano su pierna. No entendía la razón del dolor. Sólo conocía dos cosas. La primera que muy pronto su cuerpo perdería sus fuerzas y la segunda que si no se movía, sería atravesado por miles de flechas. Quizás alcanzaría la muerte en un instante. Al saber el peligro al que se exponía, giró su cuerpo rápidamente, levantándose con éxito. Siguió corriendo para dirigirse a la única salida. Un pasillo vacío que estaba frente a él. Miró hacia atrás, detectando la ubicación de cada miembro. La mayoría se encontraba lejano a él. Tenía la oportunidad perfecta para transportarse a otro ó su mano sana para materializar un portal oscuro ante sus ojos. Ingresó a él rápidamente, teniendo la esperanza que podría escapar del problema ocasionado.
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El ladrón del viento cayó en picada al agua. Sin imaginar que la caída sería tan brusca. Se golpeó violentamente con la superficie del mar, sumergiéndose por completo. Su fría sensación y la falta de oxígeno fueron sus primeros pensamientos. El sabor salado que las aguas brindaba le distrajo del inminente ardor que dominaba sus heridas. El leve movimiento que las olas producían relajó su cuerpo. Adormeciendo incluso su dolor. Sin moverse, sin intentar algo, abrió los ojos. El agua cristalina exponía ante sus ojos el claro de la luna, la cual iluminaba con intensidad el océano.
Roxas se teletransportó a ese sitio porque conocía ese lugar a la perfección. Se trataba de una playa de los mares del Caribe. El escenario indicado para su siguiente movimiento. Pues sabía que en cualquier momento la Orden aparecería. Tenía una ventaja en sus manos ya que era su terreno ahora…
El sonido de cuerpos cayendo al agua distrajo su atención. No muy lejos de él, seis personas emergieron a la superficie. Se trataba de la Orden. Debía actuar de prisa. Alzó su mano sana a la altura de sus ojos y se concentró por completo en ella. Al poco tiempo en su palma surgieron varias burbujas; las cuales explotaban con rapidez. Siempre le fue curioso cómo el viento tomaba forma en el agua. Dejando eso de lado, con un movimiento sutil, dominó aquellas burbujas para formar una burbuja grande alrededor de su cabeza. Creando una especie de casco. Aquél era su mayor secreto para nadar bajo el agua sin ningún problema. Una técnica que se forzó a crear en aquella noche tormentosa… Sin perder el tiempo, recuperó el oxígeno que le faltaba. Respirando profundamente el aire que la burbuja le brindaba.
-¡Se encuentra debajo de nosotros! Puedo sentirlo-exclamó Zexion.
Había escuchado aquél grito a la perfección. Se trataba de Zexion, la única persona que podía rastrearlo. Por él, debía pensar cuidadosamente sus movimientos ya que una jugada mal movida, podría convertirse en su final.
De pronto, vislumbró lo que parecían ser truenos a unos metros de él. Larxene comenzó con su trabajo, sin importarle la vida marina de aquél sitio. Sus pensamientos tuvieron que ser interrumpidos al notar dos cuerpos sumergiéndose. Dos miembros de la Orden comenzaron con su búsqueda. Nuevamente, varias burbujas nacieron alrededor de su mano. Con un rápido movimiento, volteó su cuerpo, encarando el fondo de aquél mar. Extendió su brazo hacia arriba y liberó la potente ráfaga de aire que su mano concentraba.
"El viento es un elemento. Puede ser el más ligero pero si conoces todas sus caras, puede convertirse en el principal de todos"
Fue la opinión que alguna vez le comentó su padre. Sabias palabras de las cuales había aprendido bastante. El agua se abría paso ante él. Tuvo que mantener su abdomen oprimido para lograr equilibrio en su cuerpo. Sintiéndose tan ligero como la brisa del viento. Continuó propulsándose hacia el fondo. Tenía que permanecer debajo de la Orden hasta el final.
Conforme más se adentraba a las profundidades del océano, el santuario acuático se manifestaba ante él. Un hermoso escenario nocturno. Las algas danzaban levemente, escondiendo tras ellas algunos peces. De vez en cuando, uno que otro pez nadaba alrededor de él. No obstante, mientras más profundo nadaba, más oscuro se tornaba el ambiente. La temperatura del agua descendía y la vida marina parecía desaparecer. Exponiéndole una zona desértica y llena de misterios ocultos.
Cuando creyó que le tomaría más tiempo, encontró la entrada que estaba buscando. Un túnel angosto se hacía notar a través de varias rocas ante él. Se apresuró para llegar y se adentró en él. La oscuridad hizo su presencia. Debía tener mucho cuidado de no rozar con las paredes del túnel o quedaría sepultado bajo sus desprendimientos. Tras un tiempo, logró mirar al fondo algo de iluminación. Había llegado. El túnel se iba expandiendo conforme más se adentraba. Logrando visualizar la superficie. Se propulsó hacia ella y emergió. La burbuja explotó al momento de hacer contacto con la brisa que aquél lugar propiciaba. No podía identificar lo que había a su alrededor debido a que su única iluminación era un débil brillo de la luna. Sin vacilar, con su mano sana comenzó a bracear hacia una dirección.
En poco tiempo, Roxas sintió la tierra firme bajo sus pies. Mientras comenzaba a jadear, se incorporó y comenzó a andar hacia al frente. El nivel del agua descendía y la tierra se volvía más dura conforme iba avanzando. De pronto, una antorcha se encendió. Frente a él, el objeto emanaba fuego, alumbrándole el camino. Sonrió complacido y orgulloso por haber tenido aquella idea. Había visitado ese lugar cientos de veces ya que fue su hogar en cierto tiempo. El sitio en donde estaba, era una antigua cueva submarina. Un inmenso escenario de calizas blancas de cuyas paredes varias gotas caían en picada hacia el océano.
Agitó su cabeza levemente para volver a concentrarse. Corrió hacia el frente y logró llegar a los pies de un cofre. Aquél objeto lucía muy antiguo. En el suelo, estaban regados muchos pedazos de papel y cadenas. Señales de su abrumado pasado. Se agachó por completo, recostándose en la tapa del cofre por breves segundos. Tras recuperar el aliento, abrió el cofre. Buscó desesperado el objeto que necesitaba. De pronto, un brillo familiar apareció en sus ojos. Lo había encontrado. Agarró el objeto y lo contempló. Era una bomba de mano. Un regalo de los piratas. Se guardó más bombas en los bolsillos. Preparado para iniciar con su plan.
Cerró el cofre y regresó lo más rápido que pudo al agua. Se adentró al mar nuevamente y se sumergió. Por instinto, volvió a crear una burbuja alrededor de su cabeza y liberó de su mano la ráfaga de viento que le ayudó a nadar. Aumentó la fuerza del viento, esquivando con gran agilidad las paredes del túnel. Logrando salir de la entrada de la cueva en poco tiempo. Se alejó levemente y lanzó las bombas hacia unas rocas. Los explosivos se encendieron por sí mismos en cuanto dejaron de tener contacto con su mano. Un invento realmente útil. Sin esperar más, Roxas volvió al túnel, recorriéndolo lo más rápido que pudo. Sólo que esa vez, rozó su cuerpo con las paredes ligeramente. Provocando que el túnel comenzara a desprenderse. Debía asegurarse que la Orden no encontrase ese sitio nunca. En pocos segundos, emergió a la superficie, llegando a la orilla de inmediato. Se levantó rápidamente y comenzó a correr al fondo de la cueva.
Tras varios segundos, distinguió un agujero. Una salida que había escavado en caso de emergencias. Se inclinó frente a ella y comenzó a gatear en su interior. El dolor se volvía más insoportable. Por ello deseaba encontrarse con la superficie lo más pronto posible. Distinguió el brillo de la luna, junto con varias palmeras que decoraban la playa. Salió sin problemas del agujero, levantándose para sentir la brisa nocturna que se hacía paso entre sus mojadas ropas. Ahora sólo debía aguardar y esperar que su plan funcionara.
-¡Ya no puedo más!-exclamó Larxene completamente enojada en la superficie del mar.
-Tendrás que hacerlo, hoy capturaremos a ese traidor-inquirio Zexión.-Fue muy listo de su parte por traernos aquí y más al nadar hasta el fondo de estas malditas aguas.
-¿Dónde están los demás?
-Lexaeus y Saix están buscándolo… Axel y Demyx están buscando en la costa.
-¡Pero ya me cansé de estar mojada!
Cómo deseaba que esos dos dejaran de hablar. Resultaba impresionante cómo las voces de ambos hacían eco entre las mismas olas. Saix braceaba lo más rápido que podía, tratando de alcanzar el paso de Lexaeus. De pronto, localizó la entrada de una cueva submarina. Un lugar perfecto para ocultarse.
-¡Ustedes dos, salgan inmediatamente del agua!-exclamó alterado Zexion- ¡El ladrón ya no está ahí y ha...!
Sin embargo, no tuvo tiempo si quiera de asustarse. Miles de rocas comenzaron a caer sobre ellos. Ambos se miraron, compartiendo el mismo pensamiento. Debían alejarse de ese lugar en cuanto antes o serían sepultados en vida. Rápidamente, comenzaron a nadar hacia la superficie, esquivando a su paso los pedazos de roca que la explosión había creado. Su compañero seguía a su lado. Había sido un movimiento demasiado inteligente para un aldeano como él.
De pronto, un extraño sonido los detuvo. Giraron su rostros hacia el lugar donde provenía y notaron cómo varias rocas enormes estaban a punto de caer sobre ellos. No lograrían escapar a tiempo. Saix tuvo una idea. Alzó su mano y creó un portal oscuro. Giró su rostro, asegurándose que su compañero imitase sus movimientos. Algo que así lo hizo. Sin pensarlo más, se adentró en él.
En un instante, Saix cayó nuevamente al mar, sintiendo el impacto sobre su espalda. Por instinto, nadó hasta la superficie y notó a Larxene y Zexion a su lado.
-¿Qué ocurrió?-exclamó impresionada Larxene.
-¿Dónde está Lexaeus?-preguntó Saix de inmediato.
Saix miró alrededor… sin identificarlo.
-¡Zexion...!-gritó Saix.
Aquél miembro podría identificarle. Seguramente se había retrasado en escapar Lexaeus. Sin embargo, el joven bajó su cabeza lentamente.
-Su escencia… desapareció.
El ladrón del viento era un asesino.
Roxas elevó su mirada nuevamente. Agudizando sus sentidos por completo. El sonoro ruido de una explosión hizo eco en sus oídos. Alzó una mano sin esperar más para escapar por el portal oscuro que acababa de materializar.
-¡Juro que lo voy a matar!-exclamó un pelirrojo furioso.
Axel y Demyx se encontraban en la costa. Varias palmeras se quemaron de instante al ser tocadas por el pelirrojo. Axel trataba de quitarse el agua, evaporándola con sus llamas. Las instrucciones de Roxas habían sido claras.
"En caso de que me descubran, voy a teletransportarlos a este lugar, pase lo que pase, no deben entrar al mar"
Sólo hasta aquél momento, comprendieron el motivo.
-Es un genio-exclamó el rubio.
-¡Es un idiota!-corrigió furioso Axel- ¡Conociendo que lo íbamos a seguir, se atrevió a mojarme! ¿Le costaba algo advertirnos?
Demyx no escuchaba los gritos que el pelirrojo exclamaba, tan sólo admiraba cómo el agua volvía a la normalidad. Escondiendo bajo sus olas, el escenario subterráneo que sólo el ladrón del viento… podía crear.
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Inmensos pinos y varios árboles lo rodeaban. Roxas caminaba jadeando en un bosque. Siendo la luz de la luna su única iluminación. Se encontraba en los bosques de la hermosas Twilight Town. Tosía sin cesar, tratando de recuperar oxígeno por cada paso que daba. Estaba completamente mojado y el peso de sus ropas le dificultaban caminar. Su cuerpo temblaba por el intenso frío. Siendo su sangre la que le brindaría calor.
Debía atender sus heridas y esconderse por esa noche. Sabía a cuál lugar acudir para dicho acto. Sin embargo, no quería ni imaginarse los rostros de los integrantes de Freedom al descubrirlo de aquella manera. Especialmente el de cierta joven castaña. No obstante, antes de encarar su incómodo futuro, deseaba asegurarse de algo primero.
A sus ojos, se manifestó una mansión abandonada. Era una vivienda suntuosa y de grandes proporciones que poseía un jardín propio realmente hermoso. Estaba algo descuidada. Se recostó sobre la reja y sujetó uno de sus barandales, apoyando parte de su peso en la pared. Respiraba con dificultad y el agotamiento era cada vez mayor. Aunque tenía aún las fuerzas necesarias para cumplir ese último deseo. Su única esperanza radicaba en que ella estuviera ahí. Tenía que adentrarse a la mansión en cuanto antes. Decidió no entrar por la entrada principal ya que había identificado algo. Alrededor estaba acechada por varias trampas de la Orden.
De pronto, algo lo alertó. Un inusual brillo sobrevoló a su lado. Giró su rostro de inmediato, listo para atacar si fuese necesario. Frente a sus ojos, un hermoso insecto parecía danzar en el aire, cautivándolo con su brillo. Una luciérnaga. En sus labios, surcó una leve sonrisa. Conocía perfectamente a esos insectos. Más y más luciérnagas aparecieron ante él. Como si éstas hubiesen leído su pensamiento, trazaron un camino con su brillo. Descubrió el lugar que deseaban mostrarle. Se trataba de un balcón del segundo piso. Saltó con dificultad a través de varias columnas destrozadas y aterrizó en el balcón.
Frente a sus ojos estaba la entrada a una habitación. Su interior casi no lo podía distinguir, tan sólo notó cómo una sombra se materializaba en la oscuridad… Sin embargo, no huyó, ni siquiera se movió. Pues confiaba en saber la identidad de esa persona. Sujetó la cortina con mucha dificultad ya que no podía equilibrarse más. Sentía cómo su cuerpo temblaba debido al frío y apenas podía mantenerse en pie…
Sin embargo, deseaba confirmar la identidad de la persona. Alzó su mirada y quitó la cortina que se había enrededado en su rostro. Al despejar la cortina, identificó los ojos que estaba buscando. El hermoso mirar de un rostro angelical que denotaba preocupación.
-¿Eres tú, Roxas?
-Naminé…
Apenas logró susurrar su nombre, mientras sentía que unos brazos delicados lo envolvían y lo hacían sentir bien… después de tanto tiempo.
"Quien vence a otros, es fuerte;
quien se vence a sí mismo,
es poderoso"
Sun Tzu
Ha llegado el final de este capítulo. ¿Por qué Roxas decidió ir a la Mansión? ¿Acaso estará tratando de encontrarse una vez más con la princesa? ¿Qué tan graves estarán sus heridas? ¿Por qué la Orden XIII desea capturar al ladrón del viento? ¿Roxas podrá ganar el torneo? Descúbrelo en el próximo capítulo. Dejen review :D
Notas de SoritaK
Nuevo capítulo, sigo intentando de ser constante con las actualizadas. Me siento la persona más afortunada del mundo por saber cuánto les agrada el fic. Uno como escritor, siempre está buscando nuevas formas de entretener al lector. Con cada historia que creamos, nos esforzamos el doble para traer algo innovador. Saber que todo eso está funcionando en este fic... realmente no encuentro las palabras adecuadas para agradecerles su apoyo y sus reviews -que son mi principal fuente de inspiración.
Dejando de lado mis sentimientos. El siguiente capítulo marcará el final de la primera temporada de Feelin' You. Estoy sorprendida, ya que creí que iban a ser más capítulos. Gracias por darle la oportunidad al fic de expandirse.
Al principio narré lo que ocurrió después de que Naminé fue transportada a la mansión. Espero haber dejado claro eso. La batalla en el lago nació cuando estaba visitando el acuario de Veracruz, un lugar hermoso que -en verdad- vale la pena visitar. Han salido más miembros de la Orden XIII y les aseguro que conforme vaya avanzando la historia, aparecerán más.
De todo corazón, gracias por seguir a mí lado. Opiniones, críticas, recomendaciones, felicitaciones, comentarios, todo lo que quieran, las esperaré con mucho gusto.
Agradecimiento especial
A Mariana, la persona que me ha enseñado mucho en tan sólo un año. Sé que tenemos el mismo tipo de personalidad y por eso, de vez en cuando, nos enfadamos a la vez. Sin embargo, gracias a tu constante apoyo y tus palabras de ánimo, tengo ahora el coraje de ir por mis sueños y terminarlos.
¡Y a todos los lectores anónimos! ¡Qué viva Kingdom Hearts!
Nada es lo que parece
Feelin' You
