Disclaimer: Lamentablemente no soy la dueña de los personajes que utilizaré. Es un universo alternativo con el fin de entretenerlos.
Dedicado a Maricruz-Dragneel.
I feel you slipping away
so far away
Why can't you stay?
Slipping away
Cirque Du Soleil
CAPÍTULO VI
Alineamientos.
- Naminé...
Un par de brazos lo envolvían con toda su fuerza. Tratando de transmitir desesperadamente su calidez. El olor a jazmines impregnaba sus sentidos y su dolor pasaba lentamente a otro plano; donde los años se tornaban en segundos. Las palabras eran innecesarias y las acciones más que suficientes. Percibía los latidos de su corazón, su respiración, identificó sus pestañas delgadas y largas, aquél lunar secreto debajo de su oído, el agradable olor de su cabello. Todo estaba ahí. No era un sueño. ¿Cuántos años transcurrieron para ese momento?
La princesa se apartó un poco para encararlo de frente. Más no podía mirarla. ¿Cómo podría hacerlo? Sobretodo en un escenario completamente distinto al imaginado. El baile Real lucía más apropiado en su mente. En cambio estaba en el suelo, sin fuerzas, con una herida abierta y oliendo a sudor combinado con agua salada. ¿Y si la Orden alcanzó a seguirlo?
- Lo siento, te estoy poniendo en peligro…- exclamó Roxas, interrumpiendo el silencio.
Acto seguido, en un arranque de adrenalina, trató de ponerse de pie. No sería de nuevo una amenaza para la princesa. No obstante sintió sus brazos rodeando su cuello y lo atrajo levemente hacia ella. Esa vez sus rostros estaban más cercanos que nunca. Obligándole a contemplar uno de sus elementos favoritos en el mundo: su sonrisa. Su rostro denotaba preocupación pero su tierna mirada lo tranquilizó. Como si se tratara de un extraño hechizo. La tenue luz de las luciérnagas le ayudaban a contemplar mejor la tan cambiada apariencia de la princesa. No pudo controlar el notable rubor en sus mejillas. El cosquilleo en la boca de su estómago ni el nerviosismo espontáneo generado por su acción. Sobretodo trataba de no mirar aquellos labios. Estaba paralizado, absorto en su ser. Se limitó a permanecer en silencio, lidiando con algunos sentimientos encontrados. La agonía de no saber de ella combinado con el anhelo de estar a su lado. Su desesperación creciente por contar otro año de no compartir algunas palabras. Por tanto tiempo imaginó ese momento sin embargo no encontraba algo en concreto por decirle. La alegría de verla era más de lo que podía expresar.
Sin embargo su mente le advertía del peligro que podrían correr. Si los encontraban juntos habría consecuencias más severas. Roxas apartó con cuidado sus brazos, evitando su mirada. Se odiaba por hacerlo pero no existía otro camino. Necesitaba juntar sus energías restantes para ir al escondite sin desfallecer en el intento. De pronto, sintió cómo una pequeña y delicada mano se posó sobre la suya. Acariciándola dulcemente.
- Tranquilo… - susurró Naminé sin apartar su atención - Descansa un poco antes de partir.
- La Orden podría estar cerca, ¿qué tal si…?
- Ellos aún no conocen este sitio, además sabremos cuando lleguen porque mi padre hará sonar todas las campanas para… bueno.. buscarte…
- Cierto...
Un silencio incómodo reinó entre ambos.
- Sabes que jamás te haría daño, ¿cierto? – susurró el rubio.
- ¡Lo sé! - exclamó la princesa rápidamente - Sólo temo que tus heridas empeoren así que por favor, no te muevas Roxas...
Nuevamente quedó paralizado al descubrir que amaba la forma que pronunciaba su nombre. Un acto que la princesa aprovechó. Se levantó sin perderlo de vista y se sentó al lado contrario. Señaló con un ademán sobre el sitio de su herida. Él se limitó en asentir; a merced de sus movimientos. Sin vacilar, Naminé extendió sus brazos sobre su costado y cerró los ojos. Lentamente, varias de las luciérnagas se agruparon sobre sus manos, provocando que emitieran una luz verdosa. Por primera vez, Roxas se sintió melancólico por contemplar nuevamente la magia de la princesa. No sabía bien cómo funcionaba pero le gustaba verla tan concentrada. Interrumpió sus pensamientos al notar cómo la luz se intensificaba y descendía sobre su herida. Un dolor agudo lo invadió provocando que cerrara sus ojos de golpe. Mordió levemente su labio. No quería preocuparla de más.
Varios círculos de luz rodearon la zona afectada. Girando rápidamente y provocando que varios mechones volaran. Naminé susurró unas palabras y descendió un haz fuerte de luz hasta la herida. Había terminado.
- ¿Cómo te sientes?- inquirió la princesa
Roxas abrió los ojos lentamente. Aún estaba cegado por el destello. Parpadeó varias veces mientras llevaba una mano a su herida. Para su sorpresa, estaba bien. Como si nada hubiera ocurrido. Se levantó con entusiasmo, dando algunos pasos sin sentir dolor.
- ¡Mejor! - exclamó con entusiasmo - ¿Cómo lo hiciste?
- He estudiado mucho en tu ausencia... - respondió mientras se acomodaba su cabello.
- Woo, gracias Naminé. ¡Eres la mejor! - pronunció sin pensarlo.
Rápidamente el rubio comprendió cómo habló con ella. Tan informalmente. ¿Aún era correcto hablarle así? No obstante, la princesa se limitó en sonreír.
¿Cuánto tiempo tenían para hablar libremente? Miles de preguntas circulaban por su cabeza, tantas cosas qué decirle. Los mundos que visitó en su travesía. Siquiera recordaba el "Plan". Sólo estaban ahí. Alegrándose como un niño. Incluso por descubrir un nuevo vestido en la princesa. Usaba una prenda larga de color blanco con detalles dorados que combinaban con las paredes blancas del sitio. Una habitación ubicada en una vieja mansión en la profundidad del bosque.
El rubio se sentó nuevamente a su lado. El sonido del viento los obligó a dar otro paso.
- Ho-Hola- dijeron al unísono.
No pudieron evitar reírse. Amaba escuchar nuevamente su risa. Como si los años jamás hubieran transcurrido. Sin pensarlo, Roxas colocó una de sus manos sobre la mejilla de la princesa y la acarició levemente. Naminé se tensó por un momento ya que no esperaba su acción. El rubio siempre fue muy directo. Era su opuesto. No obstante, no pudo evitar sonreír y mirarle fijamente con todo el aprecio que sentía por él. Después de todo, su relación siempre fue así. Ambos tenían la costumbre de mostrarse como eran. Sin pretensiones o engaños.
De pronto, notó un cambio de gesto en el chico. Parecía estar sorprendido pero comprendió que se trataba de algo más.
- Lo-lo siento, creo que manche tu rostro - exclamó el rubio bastante apenado mientras retiraba su mano - ¿Tienes agua?
La princesa colocó su mano sobre su mejilla e identificó que se trataba de lodo.
- Bobo - respondió - ¿Crees que eso me importa? Antes manchabas mis vestidos después de tus entrenamientos.
- ¡Oh, es cierto!.
Ambos se rieron hasta que lentamente el silencio se hizo nuevamente presente. Desconocían por cuanto tiempo siguieron contemplando los cambios del uno al otro. Así como algunas dudas surgían en el tintero. ¿Con cuál tema iniciar después de tantos años?, ¿podrían conversar de la misma forma como en el pasado?.
- Me gustó tu color de cabello - interrumpió Naminé- Te queda bien el castaño…
- ¡Oh! ¿Lo dices por el torneo?
- Sí - respondió la princesa con una sonrisa - Aunque me gusta más tu color original.
- Gracias, también me gustó el vestido que usaste en el baile - exclamó con cierto nerviosismo en su voz- Sino te molesta que te lo diga.
La princesa desvió su mirada y colocó una mano en sus labios. Un símbolo de su característica timidez.
- ¿En serio crees que me veía bien?
- ¡Claro! Aunque no creo ser el único en pensarlo- respondió mientras se llevaba una mano sobre su nuca. Era un tic nervioso que aparecía cuando era exageradamente honesto.
- Gracias, Roxas, es muy lindo de tu parte.
- ¿Puedo preguntarte algo?
Aquella frase era una de sus menos preferidas ya que abarcaba demasiado suspenso. No obstante se limitó en asentir, preparado para lo que fuera a decirle.
- ¿Por qué fuiste al baile?
- Por ti… - respondió Roxas arrepintiéndose de inmediato por pronunciar esas palabras tan vergonzosas - Digo por.. porque… me pareció una buena oportunidad para visitar de nuevo el castillo, hace mucho que no lo hago.
- ¿Ver de nuevo el castillo…?
- ¡Si! Quería explorarlo para analizar el terreno.
¿Qué estaba diciendo? Odiaba sentirse así de nervioso frente a ella. A pesar de ello, Naminé continuó fijando su atención en el bosque. Un movimiento que imitó el rubio. Era un escenario tranquilo y una vista nostálgica. Aquél bosque ocultaba muchas de sus reuniones.
- Sé que Axel te dijo sobre el plan y que aceptaste - interrumpió Roxas - Después de lo que ocurrió… ¿aún deseas hacerlo?
- ¡Claro! Ayudaré en todo lo que pueda. He sido muy paciente pero el plan está teniendo resultado, ¿verdad? - respondió con cierta preocupación.
- Eso dependerá de cómo regrese la Orden.
- ¿Cómo regrese…? - replanteó su frase Naminé, entendiendo lo ocurrido - ¿hiciste algo peligroso de nuevo?
Roxas asintió con su cabeza. Estaba seguro que lo regañaría si conociera sus acciones arriesgadas.
- Bueno… - exclamó con cierta angustia - lo importante es que estás a salvo. De hecho sané gran parte de tu herida pero debes ir con un doctor para que evalúe si estás mejor, ¿entendido?
- Si, no te preocupes lo haré… - respondió mientras sacudía parte de su túnica. Hasta ese momento se percató lo sucia que estaba.
- ¿Me prometes que irás a tratarte? - preguntó con cierto desafío en su voz.
- ¡Oh, si, te lo prometo! - respondió Roxas con cierto miedo. Era extraño verla de esa forma.
- No me mentirás como antes, ¿verdad?
- ¡Jamás!
Respondió con bastante decisión, con tanta que quizás fue innecesariamente desbordada. Incluso hizo un leve eco entre las paredes. No pudieron evitar cubrir su labios con sus manos como un reflejo de algún juego de niños. Ahogando sus risas. Lentamente sentía mayor confianza para decirle algo importante.
- Oye…- dijeron nuevamente al unísono.
Roxas se limitó a hacer un ademán con su cabeza, indicándole que hablara primero.
- ¿Seguimos… siendo los de antes, verdad Roxas?
- ¿Los de antes?
- Am.. amigos, ¿mejores amigos? - dijo algo sonrojada.
- Hey, claro que lo somos, ¿por qué necesitas confirmarlo?
- P-por nada, sólo que han pasado tantas cosas que, bueno, sólo quería confirmarlo - respondió en apenas un susurro. Sujetando sus manos nerviosas - ¿No tuviste esos pensamientos?, ¿si aún seguimos siendo amigos?
- No - respondió rápidamente y sin titubear.
Naminé se rió para sí misma
- ¿Qué?, ¿dije algo extraño? - preguntó Roxas extrañado.
- Nunca cambies, Roxas.
- ¿Gracias? - respondió sin comprender sus palabras más entendía que era bueno. Después de todo, lucía más animada - En serio, gracias.
- ¿Por qué?, ¿por decirte que no cambies?
- Si y porque me siento muy cómodo estando contigo.
La princesa no pudo evitar sonrojarse. Parecía que todos sus sentimientos volaron hacia su cabeza. Tuvo la necesidad de desviar lo más posible su rostro de él. No quería mostrarle su rostro vergonzoso. ¿Qué podía hacer? Se sentía muy feliz.
- ¿Lo dices en serio? - exclamó Naminé muy nerviosa.
- Si, siempre fue así.
- ¿Puedo saber el motivo?
Porque era su persona favorita. Su recuerdo y momento favorito. El pensamiento que no se apartaba de su mente y le brindaba la fuerza necesaria para no tocar fondo. Más no tenía el valor ni quería que fuera el momento para confesarle todo eso. Debía pensar en otro motivo...
- Por… ¡tus dibujos! Si, tus dibujos son únicos! - exclamó Roxas inseguro de su respuesta.
- ¿Sólo porque dibujo? No te creo, Roxas - indagó la princesa.
Olvidaba que podía detectar sus mentiras.
- Si tengo varios motivos… - respondió con nerviosismo - Por ahora sólo te diré que con nadie puedo ser así.
¿Roxas quería que su corazón explotara, cierto? No cabía duda de ello. Cada una de sus palabras era más directa que nunca. Ya no era el chico tímido que practicaba a escondidas. En ese momento sentía la necesidad de corresponderle y mostrarle que también había cambiado. Quizás no era el momento indicado pero se sentía capaz de decirle aquellas palabras que siempre evocaban su recuerdo.
Sin embargo no podía expresarlo. Aunque abriera su boca y tratara, las palabras no salían por los nervios.
- Siento…
Las palabras de Roxas interrumpió su duelo interno y fueron un detonante para encararlo. Debido a cómo las pronunció. Un tono frío y amargo. Pudo confirmarlo al contemplar su rostro; lucía angustiado.
- Lamento mi ausencia- prosiguió el rubio- -No poder… - le costaba tanto decirlo, eran muchos sentimientos reprimidos.
- ¿Estar ahí?
Roxas no se atrevía a tocarla o mirarle. Era más doloroso que cualquier circunstancia vivida.
- Perdóname…
Su disculpa parecía resonar por el bosque y guiadas por la brisa nocturna.
- Sé que no logramos hablar pero créeme, en verdad quería hacerlo… - continuó Roxas, buscando nuevamente su mirada.
- ¿Por eso entraste al torneo? - exclamó Naminé- ¿para hablar conmigo?
- Realmente fue para lograr entrar al castillo pero si, también quería verte.
- Comprendo - susurró la princesa, ocultando su rostro entre los mechones de su cabello. Su aura había cambiado - Entonces por mi culpa estuviste en riesgo de….
No pudo articular la última palabra ya que se ahogó en sus pensamientos. Roxas dirigió su atención hacia ella. Desesperado al notar cómo su voz se entrecortaba lentamente.
- No, no fue tu culpa, lo decidí por mí mismo - respondió bastante preocupado- También necesitaba saber de ti o dirigirte la palabra…
- ¿Crees que tampoco quise salir de aquí e ir a buscarte? - lo interrumpió sin vacilar, con cierto tono enojado.
Sus miradas nuevamente se encontraron, lucía frustrada. Sus hombros estaban tensos. Sus ademanes generalmente tranquilos se cambiaron por movimientos bruscos. Jamás la había visto así
- ¡Pensé que estabas muerto!. Desde el día que desapareciste y comenzaron a decirte "el ladrón del viento". Supe de ti meses después, Roxas. ¡Meses! No tienes idea de cuanto… cuanto… - no pudo evitar sollozar.
Roxas sujetó sus manos con delicadeza. Limitándose a escucharla. Sus lágrimas caían sin parar por sus mejillas.
- Vas… por todo el mundo, de reino en reino, conociendo todas las criaturas y lugares peligrosos que sólo he visto en libros. Y… día con día, me preocupo por ti. Si algo te comió, te hechizó, ¿tienes una cama para dormir?, ¿sientes frío?, ¿has comido?, ¿sigues vivo?. Ha sido lo más difícil - sollozó levemente antes de proseguir - Vivir con todas estas dudas. Por eso te pido que aunque quieras verme, no lo hagas… no quiero verte así de nuevo… por mi culpa…
La princesa se interrumpió ya que un hilo de voz salió de sus labios, obstruyendo sus palabras por el sentimiento. Ocultó levemente su rostro entre su cabello cenizo, encogida de hombros completamente tensa, tratando de contener su dolor. Odiándose por mostrar esa faceta, especialmente a él que ya sufrió bastante.
Roxas comprendía sus sentimientos. Aunque jamás podría estar en su lugar, también se preocupaba todos los días por ella. Verla de esa forma, era otro evento doloroso que jamás había experimentado. Se odio más al reconocer su sufrimiento.
- Por eso me disculpo - susurró Roxas.
- No, no es algo que elegiste… - dijo secándose sus lágrimas- Por eso es muy injusto, todo esto es injusto para ti…
Acarició nuevamente sus manos, tratando de calmarla con cada movimiento. Un gesto que lo ayudaba para no realizar una acción imprudente. Como ir de inmediato al castillo, enfrentarse con el Rey y poner fin a todo. También sujetar su mano y escapar lejos. ¿Cuantas veces no quiso hacer eso? Más debían hacer lo correcto, de lo contrario el problema aumentaría. Eran las palabras que siempre se repetía.
- Gracias por pensar en mi… Lo valoro más de lo que imaginas - comentó Roxas en un tono tranquilizador - Me gusta que me digas lo que sientes.
Roxas se limitó a observarla, sin saber realmente qué hacer. Naminé se limpió sus lágrimas mientras trataba de tranquilizarse.
- Quizás no podemos hacer mucho por ahora - prosiguió el rubio - Más sé que cambiaremos todo esto juntos.
- Si - respondió con mayor ánimo - Me esforzaré mucho. Sólo prométeme que no volverás a exponerte así.
- ¿Dos promesas en un día? Te volviste muy caprichosa, Naminé.
- ¿Eh? - respondió sorprendida- ¿En serio?
- Sólo bromeo, tranquila.
Ambos rieron nuevamente. Una acción que tranquilizó al rubio.
- ¿Te sientes mejor? - exclamó aún preocupado.
La princesa asintió con la cabeza.
- Perdóname por llorar...
- No me pidas perdón, está bien. Me duele verte así pero ¿te ayudó a sentirte mejor?
- Si, perdón, siempre quise decirte esto pero no quería hacerlo porque…
- Cual sea la razón, te escucharé siempre que pueda hacerlo, Naminé - respondió bastante confiado.
Ése era el joven con quien sentía cómo su corazón salía de su pecho cada vez que lo veía. La amable mirada y sus palabras agradables.
- También conmigo… - respondió algo nerviosa - … puedes contarme lo que sea, Roxas. Siempre te escucharé.
- Gracias Naminé.
La brisa nocturna sopló levemente. Parecía intentar brindarles un momento pacífico.
- ¿Hay algo más que quieras decirme? - preguntó el joven, atento a sus sentimientos.
- Demasiado - exclamó la princesa sonriendo - Me encantaría contarte muchas cosas pero creo que es todo por ahora.
Roxas se limitó a sonreír, sujetando con cierta fuerza su mano.
- Perdón por decirlo pero creo que es hora de irme - exclamó con cierto esfuerzo ya que trataba de ocultar lo difícil que era expresarlo - Por tu bienestar...
¿Por qué?, ¿no había forma de hacer ese momento eterno?. No querían hacerlo… No había necesidad alguna de palabras. Querían seguir juntos. Quizás escapar. Roxas realmente deseaba "secuestrarla" y ocultarse en el reino más lejano. Sobretodo decirle lo que realmente sentía por ella. Más no quería que esa fuera la ocasión, aún no era el momento para hacerlo.
Con cierta dificultad, retiró su mano de la suya y se puso de pie. La princesa imitó sus movimientos, entrelazando sus manos sin darse cuenta. Realmente no quería verlo partir. Quizás por eso se apretaba tan fuerte las manos. Para no cometer alguna tontería. Debían ser fuertes.
Roxas cubrió su cabeza con la capa, dándole aún la espalda y encarando el bosque.
-Cuando derrote al Rey - exclamó Roxas - cumpliré mi promesa y te diré…
De pronto sus palabras fueron interrumpidas ya que la princesa lo rodeó con sus brazos. No pudo evitarlo más. Debía sentir nuevamente su esencia y su calidez. Se avergonzaba de tener tales sentimientos egoístas.
- Te esperaré y apoyaré siempre… - susurro Naminé con una sonrisa – Por siempre, Roxas…
Por primera vez, Roxas quería seguir su instinto sin importarle las consecuencias. Rodearla también entre sus brazos y al fin probar aquellos labios que tanto anhelaba besar. Aquél acto provocó que todos sus sentimientos hacia ella se unieran y quisieran corresponderle al instante. Más quería cumplirse esa promesa: hasta derrotar al Rey, le diría lo que sentía y le pediría formalmente ser más que amigos. Sabía que Axel lo regañaría por ser tan testarudo en un momento como ese pero no quería romperse la única promesa que juró cumplir al finalizar su entrenamiento. No quería arrepentirse por tomarlo tan a la ligera y sobretodo descartar uno de los principales motivos que le daban fuerza para seguir adelante.
Roxas se limitó a dar media vuelta para encararla. Maldecía cómo la luz de la luna iluminaba su hermoso y sonriente rostro. Le hacía más difícil cumplir su juramento. Por ello siguió concentrándose en sus acciones. Elevó sus manos a la altura de su cuello y se quitó su collar, un emblema con forma de "X" que siempre lo acompañaba. Extendió su mano, dándole a entender sus intenciones.
- Pero Roxas, sé lo importante que es para ti - respondió muy sorprendida.
- Por eso quiero que lo tengas. Oh, sólo trata de ponerle alguno de tus hechizos para que Zexion no lo perciba.
- Si, no te preocupes, fui quien te dio la idea para despistarlo. ¿Recuerdas?
- Claro que sí, fue muy útil. Ahora…
Avanzó hasta colocarse detrás de ella. La princesa comprendió su intención por lo que sujetó su cabello y lo alzó un poco descubriendo su nuca. Roxas trató de hacerlo lo más rápido que pudo ya que aquella imagen le provocaba querer seguir sus instintos. Necesitaba controlarse. Una vez se aseguró que el collar estaba en su lugar, la princesa volvió a encararlo.
- Perdón por no darte algo también…- exclamó arrepentida la princesa - En este momento no tengo algo de valor como tu y…
- No te preocupes, la próxima vez que nos veamos si quieres puedes hacerlo…
- ¡Lo haré! - respondió con decisión - Y también prométeme que te cuidarás.
- De acuerdo...
- ¿Tampoco volverás a exponerte como hoy?
- Tendré más cuidado.
- Roxas, debes prometérmelo.
- Está bien, está bien - respondió sonriendo - Lo prometo, Naminé.
Ambos sonrieron. No querían apartar su atención del otro. No podía resistir ese impulso de romper la distancia y encontrar sus labios. Pero debían ser fuertes.
- ¿Cómo volverás al Castillo? - preguntó preocupado Roxas.
- Por el pasillo secreto, aún está en uso.
- ¿Segura? Podría intentar acompañarte…
- ¡No! Eso te pondría en peligro, no te preocupes, iré rápido - exclamó la princesa - Nos… veremos pronto, ¿verdad?
- ¡Claro! Lucharé porque así sea.
- Sin ponerte en peligro de nuevo, ¿entendido?
Roxas asintió con la cabeza mientras caminaba hacia la ventana. Debía irse o sabía que jamás lo haría. La brisa nocturna parecía brindarle paciencia y valor para el futuro. Echó un último vistazo hacia ella quien sujetaba entre sus manos el collar. Un acto que le enterneció.
- ¿No quieres bajar mejor por las escaleras de la mansión? - preguntó preocupada la princesa.
- No te preocupes, es más rápido así. Además me siento mejor gracias a tu magia.
- Nos vemos pronto, Roxas.
- Así será, Naminé…
Ante sus últimas palabras, saltó por la ventana, saltando entre unas columnas hasta llegar al suelo. Miró por última vez hacia la ventana, donde la princesa lo despedía con un gesto de su mano. Le devolvió la acción mientras retrocedía levemente hasta perderse en lo profundo del bosque.
La princesa contempló cómo desaparecía entre los árboles, dejándola con una sensación desagradable. Un vacío que sólo desaparecía al estar a su lado.
¿Por qué no podían estar juntos...?
oxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxo
No podia creer lo que había sucedido. ¿Cómo tuvo el valor para entregarle su collar o decirle tantas cosas vergonzosas? Quizás se dejó llevar por el momento más no se arrepentía. A pesar del cansancio notable de su cuerpo, se sentía bien. Como hacía mucho no ocurría.
Roxas caminó con prudencia por las calles de Twilight Town. Las campanas ordenando su búsqueda aún no habían sonado. Quizás la Orden seguía en problemas dónde los dejó y no temía reconocer que se alegraría si fuera el caso.
Comenzó su ascenso por las escaleras de la Torre del Reloj, sintiendo cómo palpitaban sus piernas, sus pies, su cuerpo entero rogándole por un descanso. Más todo parecía estar en otro plano al pasar mentalmente el encuentro con la princesa. No quería olvidar ningún detalle.
Perdió la noción del tiempo entre sus recuerdos, arrepentimientos y las palabras que quería decirle en su reencuentro. Debía asegurarse de no hacerla nuevamente llorar como esa noche. Se odiaría más si volviera a ocurrir por su causa.
- ¡Roxas! Eres tú - exclamó una voz familiar.
El rubio alzó la vista para encontrarse con Olette a pocos metros. Contempló cómo una figura alta se asomó detrás de ella.
- Maldita sea amigo, ¿por qué demonios tardaste tanto? - preguntó Axel.
Roxas caminó como pudo el resto de las escaleras, encontrándose con ellos.
- Perdón, volví tan rápido como pude… - dijo con la voz entrecortada ya que trataba de recuperar el aliento.
- ¿Qué tan rápido, amigo?, creí que algo malo te había…. - interrumpió sus palabras al mirarlo - Hey, te ves terrible. Anda, entra a descansar, sólo por hoy te salvaste de tu castigo.
Roxas sonrió ante sus palabras mientras se recargaba en la pared. Comenzaba a sentirse mareado por el agotamiento y los sucesos del día.
- Anda, ve a recostarte - exclamó la chica.
- ¿Necesitas ayuda, viejo? - preguntó su amigo.
- No, sólo necesito acostarme…
Apenas pudo terminar la frase cuando sintió cómo sus piernas perdían sus fuerzas. Axel lo sujetó con fuerza de la cintura, impidiendo que cayera.
- Tranquilo, te tengo - exclamó preocupado - ¿Ves? Eso te pasa por echarme al mar abierto sin advertirme antes.
Roxas comenzó a reírse entre dientes mientras dejaba que lo guiara hacia la cama. Desconoció en qué momento su cuerpo ya estaba sobre ella más lo agradeció. No pudo evitar cerrar momentáneamente sus ojos. La cabeza comenzó a darle vueltas.
- ¿Estás bien, Roxas? - preguntó Olette.
- Si, sólo necesito descansar.
- La viste, ¿cierto? - exclamó Axel en un tono… ¿travieso?
Roxas no pudo evitar sonrojarse y sonreír ampliamente. Aún con un gran malestar, abrió los ojos y dirigió su atención hacia él.
- Accedió en ayudarnos - dijo con orgullo.
Axel sonrió un poco mientras se sentaba a su lado.
- Es bueno oírlo. Perdón si te lo pregunto ahora pero… ¿en qué diablos pensaste?, ¿cómo te descubrieron?- exclamó algo irritado.
- Lo siento, fue mi culpa…
- No es sólo tu culpa, ¡te habrían hecho añicos!
- Pero no lo hicieron - exclamo apoyando su espalda en la pared, sintiéndose aún mareado.
- Roxas, no puedes depender siempre de tu estúpida suerte para escapar de esta forma.
- Axel, tranquilo… ¿te sientes mal, verdad?
- Un poco pero creo que durmiendo se me pasará.
Axel lanzó un reproche al aire y se tranquilizó. Moviendo sus brazos mientras trataba de calmarse.
- Aunque siento que te expusiste estúpidamente, estás enfermo, ¿lo sabías? Eliminaste a Luxord y la Orden está en caos. No tienen idea de cómo proceder. Lo malo es que la seguridad aumentará por todo el reino y quizás me sea más difícil verte.
- Lo siento Axel, ¿de hecho no te estás metiendo en problemas lejos de la Orden?
- No, me pidieron ser guardia en una zona cercana de aquí. Claro, tuve cuidado que nadie me viera al llegar aquí.
- Gracias, Axel. Por todo lo que has hecho.
- No es nada, viejo pero te juro que te mataré si vuelves a lanzarme al mar como hoy. ¿Lo captas?
Roxas no pudo evitar reírse y sentir al instante una punzada de dolor en su cabeza.
- ¿Nam te curó la herida? - preguntó el pelirrojo.
Roxas afirmó con la cabeza y ruborizado al recordar el momento.
- Ooooh, veo que fue más que tu herida física, ¡también la del corazón!
- Cállate.
- Es suficiente, será mejor dejarlo descansar, Axel - ordenó Olette.
- Está bien, está bien. Cielos Olette, ¿desde cuándo puedes ordenar? Antes no te atrevías a hablarme.
- Cuando pasas mucho tiempo con Hayner, algunas cosas se te pegan - dijo la chica sonriendo.
- Olette, ¿crees que el médico pueda revisarme? - preguntó el rubio.
- En unas horas amanecerá así que creo que sí. Iré por él en un rato, ¿está bien? - exclamó decidida.
- Bien, tendré que irme ya. La Orden debe estar merodeando por la zona - exclamó Axel - Recupérate pronto, amigo. Verás que pronto contemplaremos otro atardecer amigo, ¡todos juntos! Como en los viejos tiempo, ¿lo captas?
Se limitó a reírse. Cumpliría su promesa.
- Cuídate, Axel.
- Lo mismo va para ti, viejo. Más vale que duermas unos días.
No pudo más y cerró los ojos. Dejando que su cuerpo reposará por completo. El sonido iba disipándose lentamente y sentía cómo el sueño lo invadía. Mientras recordaba la hermosa sonrisa que pudo contemplar por más de una ocasión en esa noche.
oxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxo
En una habitación amplia y antigua de numerosas ventanas se llevaba a cabo una reunión. Algunos miembros de la Orden contemplaban muy tensos a su Líder. Estaban alrededor de una mesa redonda luciendo bastante cansados pero ante todo, frustrados. Más uno de ellos estaba pasando por el momento más tenso de su vida.
- ¿Es toda la información que tienes, Demyx? - exclamó uno de ellos.
- Si, si, lo juro. Es todo lo que sé - respondió bastante nervioso- Me sorprendí igual que ustedes por las acciones de ese traidor.
- ¿Crees que vamos a creerte tan fácil? Sabemos que eres amigo de Axel, ¿cómo te sientes por saber que mataste indirectamente a Luxord? - exclamó Larxene.
- Silencio - ordenó una voz profunda.
La rubia se limitó a maldecir en el aire, sentándose nuevamente en su lugar ante la acción del Rey. Su Líder se levantó de su lugar con una expresión serena.
- ¿Se acabaron los juegos? - preguntó Xigbar.
- Así es. Me temo que hemos subestimado la red de inteligencia y las habilidades del traidor. Por ello he decidido que es tiempo de llamarlo.
Algunos miembros se cuestionaron de quién se trataba sin atreverse a pronunciarlo. Sea quien fuera, la serenidad del Rey era misteriosa y sabían que ocultaba un cierto grado de peligro.
- ¿Te refieres a él? - lo cuestionó Saïx - ¿Quien no tiene control sobre la oscuridad en su corazón ni le teme a la Keyblade?
- Así es, pasa por favor.
El sonido de algunos pasos firmes hizo eco en la habitación. Un joven cubierto por una capa larga se colocó frente a ellos.
- Preséntate ante la Orden, mi más fiel y estimado nuevo integrante.
- Como ordene - exclamó en un tono travieso. Como si no le importara el rango de su propio jefe.
Descubrió su rostro. Una mueca ambigua y sonrisa impetuosa formaron sus labios. Al instante, algunos de los miembros exclamaron algunas palabras de asombro. Sin creer lo que veían.
- Gusto en conocerlos, soy Vanitas.
"Las grandes batallas están en nuestro interior"
Ha llegado el final de este capítulo. Dejen su review.
Notas de SoritaK
Este es el capítulo que marca el fin de la primera temporada. Me encantó narrar el reencuentro de Roxas y Naminé.
Lamento una inmensidad mi eterno retraso. Sé que han transcurrido muchos años y me alegra volver a este medio. ¿Motivo de mi ausencia? cambió completo de vida y mi independización en una nueva ciudad. Han sido unos años muy interesantes ya que he aprendido mucho de mí misma y entre esas noches de reflexión, me di cuenta que escribir es una actividad que no quiero abandonar. Así me desvele por continuar día a día con mis historias pero quiero concluirlas.
¿Adelantos de lo que viene? Bien, les daré sólo una pequeña información. En la siguiente temporada explicaré con más detalle el pasado de todos.
De todo corazón, gracias por continuar mis escritos. Si eres una de las almas que esperaba por este fic, debo decirte que planeo terminarlo.
Opiniones, críticas, recomendaciones, felicitaciones, comentarios, todo lo que quieran, las esperaré con mucho gusto.
¡Y a todos los lectores anónimos! ¡Qué viva Kingdom Hearts!
Búscame en facebook y wattpad como: SoritaK
Nada es lo que parece
Feelin' You
