Bon jour! Estoy de vacaciones pero hace taaaanto calor que si no es por la mañana no puedo escribir, no me concentro, jaja. Mi deseo es que les guste. Gracias.
* capitulo 8
Atravesaron las Puertas sin problema y pronto Faye dejó Europa tras seis largos meses de cierta tranquilidad y aire fresco en su vida. Siempre recordaría su estancia en la colonia como un período de relativa normalidad en su vida. Un tiempo de noches en paz, de reflexión, sin adrenalina y sin llanto.
Lo del llanto era importante pues ella sí había llorado mucho con el regreso de todos sus recuerdos y la partida de Spike. Su regreso, tan prometedor, no le había traído más que dolor y rechazo. Sola, ese era su destino, ese era su camino.
Los seis meses en Europa le habían servido para construir un caparazón y los días a bordo le habían servido para ponerlo a prueba. ¿Cuál era el balance ahora, con la Tierra a sus pies? Positivo. En su interior siempre había albergado una duda, pequeña pero duda al fin, de que el trato con Spike podría derrumbar todo. Sin embargo, el enojo había resultado ser una gran defensa.
La vida era tan grande para perderla en lamentos y en viajes al pasado. Sí, la chica sin memoria había estado obsesionada con su pasado como el chico con el corazón roto con el suyo. Eso habían tenido en común, por eso se atraían y repelían todo el tiempo. Pero eso había cambiado cuando ambos se habían enfrentado al pasado, cada uno con su propia forma de lidiar con él...
Faye había llorado, había derrapado, había implosionado. Pero había empezado a salir adelante y en cierta forma se había reinventado. Spike... ¿qué había pasado con él? Bastaba compartir 48 horas con el tipo para darse cuenta de que seguía con el corazón roto. Su pasado había cimentado en él. ¡¿Pero por qué diantres lo estaba analizando?! No iba a desperdiciar un segundo más de su preciada vida en pensar en él tarado de pelo verde, que llorara todo lo que quisiera, que volviera a suicidarse por su novia muerta. Sacudió la cabeza en un gesto físico para sacárselo de la mente. No eran senderos por los que le convenía transitar...
La verdad es que moría de ganas de ir a un bar, de salir a divertirse. Solo pensaba en ir a beber y tal vez darse una vuelta por el hipódromo. así que apenas la nave estuvo en órbita oficial planeó la excursión. Necesitaba urgentemente dejar la nave así que la colonia artificial más cercana no podía ser mejor, un satélite enorme llamado Alba que ya conocía. Había una zona conocida como Blue Moon con bares geniales. Unas horas allí antes de ver a Ed no le vendrían anda mal así que se visitó, maquilló un poco, le avisó a Jet y mientras Spike hacía sus ejercicios regulares trepó a su nave y voló.
Blue Moon era un sector pequeño de la colonia con un puñado de bares de todo tipo y color. Había bares de streep tease, irish pubs, discotecas y clubes de jazz. Primero se metió en una disco, un par de horas, bailó como loca hasta que se cansó. Después eligió ir a un club de jazz así que eligió uno al azar y se sentó en el extremo de la barra, cerca del escenario donde un trío de músicos interpretaban en penumbras y se relajó. Había poca gente, dos o tres mesas y una pareja en la barra. Un whisky con hielo, un cigarrillo y la paz absoluta. ¡Comenzaba el happy pour!
Spike había estacionado la Swordfish II lejos de la zona de bares porque le gustaba caminar. No estaba seguro de poder regresar caminando derecho al estacionamiento, planeaba beber mucho, pero al menos llegaría más despejado que si estacionaba cerca. Además, pensaba beber y ligar alguna chica así que tampoco estaba entre sus planes volver rápido. Ahora que lo pensaba hacía rato que no se planteaba en serio salir de un bar con una chica colgada del brazo. Sí, seguro sería más fácil ir con una prostituta pero él simplemente no era el tipo. ¿Pagar por sexo? No, no, si tenía las herramientas para hacerlo gratis.
La noche artificial de Alba incluía estrellas y el holograma lejano pero de buena calidad de la Luna. Otras imágenes generadas por ordenador componían un paisaje terrestre como el que nunca había visto, aunque seguro a Faye le resultaría familiar. No, no, nada de Faye esta noche, se recordó ingresando ya en el área de bares y dando un vistazo alrededor. Era necesario dejar de pensar en ella, dejar que cayera al fondo de su mente, sacarla de sus pesadillas y de su insomnio. Si Faye seguía queriendo algo de él no pensaba dárselo. No podía, no quería. No era justo que ella le pidiera algo, no era justo que él tuviera algo para darle...
Se detuvo en una esquina. ¿Bares de streep tease? Genial para ver, más no para conseguir una chica. ¿Un irish pub? Sí, tal vez... las chicas iban en grupo pero bebían mucho también. ¿Tenía ganas de acostarse con una borrachina divertida? Sonrío, no era mala idea, además sería más fácil.
¿Un club de jazz? Más tranquilo, aunque seguro menos chicas. Bueno, tal vez no, tal vez alguna chica más interesante que una desnudista y una borracha. Podía empezar por ahí, relajar, beber algo y ver. Arrojó el cigarrillo al piso, lo aplastó con el zapato y entró al barcito que había divisado en la esquina.
Dentro era pura penumbra, humo de cigarrillo y música suave que provenía del escenario en el fondo donde un trío tocaba bajo el haz mortecino de una luz amarillenta. Era un bar estrecho con una barra a la derecha y una hilera de mesitas a la izquierda. Detrás de la barra había un espejo enorme y manchado repleto de estantes con botellas de todos los tamaños y colores. Se sentó en el extremo más lejano de la barra con respecto al escenario, en un cono de sombras, y enseguida el barman se acercó. Segundos después tenía un vaso de whisky y un cenicero. Apoyó la cabeza en una mano y se relajó.
No sabía mucho de jazz pero convivir años con Jet le había acostumbrado el oído. Los músicos interpretaban una melodía suave, casi adormecedora. Recorrió el bar mirando a los clientes y vio un par de mujeres en una mesa. Una de ellas era morena, la otra rubia, y ambas lo habían mirado desde que se había sentado en el taburete. ¡Bingo! Pensó, ahora solo tenía que observarlas mejor y decidirse por una. Después había unos tipos sentados cerca del escenario y un par de parejas, una de ellas en la barra, en la otra punta. El hombre estaba de espaldas y solo veía la mano de la mujer, cómo uno de sus dedos daba la vuelta al borde del vaso de whisky... una y otra vez. Observarla era hipnótico.
Y entonces escuchó una risa. Su risa. Se quedó helado. Después se inclinó un poco sobre su lado izquierdo y buscó el reflejo de la mujer en el espejo. Pelo púrpura, ojos brillantes, piel blanca, sonrisa en labios carmín. Faye.
En segundos descubrió que ya había bebido dos o tres vasos de whisky y por la forma en que se posicionaba sobre el taburete no tenía ninguna intención de hacer desaparecer al tipo que tenía adelante. De hecho, parecía estar gustándole...
De golpe Faye miró el espejo, retocándose los labios. Y entonces lo vio. Sus miradas se cruzaron en el reflejo de ese espejo enrome y manchado, entre las sombras y los brillos coloridos de las botellas de alcohol.
La sonrisa de Faye se congeló un segundo, luego esbozó una más grande, besó su índice y le mandó un beso. Spike sonrió. ¿Tenían que encontrarse en el mismo puto bar? Estuvo a punto de levantarse e irse pero en realidad no había razón. No quería darle el gusto a Faye así que se quedó, bebió el whisky y pidió otro. El destino era un maldito traidor y le daba todas las cartas buenas a la ludópata que estaba en la barra.
Debería haber supuesto que ella estaría allí. No había visto la Redtail en el hangar así que dos más dos, cuatro. O estaba bebiendo o estaba apostando. ¿Y quién dice que no hubiera hecho las dos cosas? Maldita noche... Las dos mujeres lo estaban mirando así que levantó el vaso y les sonrió. Era cuestión de tiempo para salir con alguna y ya estaba apurado. Algo le decía que si se quedaba mucho más tiempo terminaría bebiendo y no cogiendo.
Faye iba por el cuarto whisky. No era que los estuviera pagando ella así que no iba a jugar a la abstemia cuando los tragos los pagaba otro. Y ese otro no era un viejo horrible sino un tipo muy atractivo, moreno y alto de sonrisa torcida y sexy llamado... llamado... bueno, algo que empezaba con ¿P? Mejor decirle bebé, se recordó, mientras se retocaba en el espejo el borde de sus labios.
Y entonces lo vio. ¿Un fantasma? No, Spike Spiegel, flesh and bones. Sentado cuan largo era en la esquina de la barra con un vaso de whisky y un cigarrillo. Como lo había imaginado tantas veces, en tantos bares a los que había ido sola el tiempo que estuvieron separados. ¿Cuánto tiempo hacía que estaba allí?
Ah, el alcohol, no recordaba ni siquiera cuanto tiempo hacía que ella estaba allí... El pensamiento la hizo sonreír. El alcohol la ponía bien arriba, en ese mundo donde nada importa, donde crees estar diciendo maravillas cuando dices puras estupideces...
A ella el alcohol también la ponía caliente y estaba pensando seriamente en irse a un hotel con... ¿P?, pero no se había decidido todavía. Le observaba los brazos, ella adoraba los brazos de los hombres, tan fuertes, tan gruesos. Le observaba el cuello, ideal para morder, o la espalda, ancha. Tendió la mano y le revolvió el pelo , le tocó el hombro y bajó después al pecho. No sabía que estaba diciendo P, pero sonrió.
Y entonces., mientras aún dudaba, lo vio a Spike a través del espejo y se decidió. Se iba a ir a un hotel con ese tipo. Lo necesitaba. El universo había mostrado sus cartas en ese preciso instante y a ella le habían tocado las mejores.
En algún momento su compañero fue al baño y la barra quedó vacía entre ella y su compañero de nave. Spike ya no estaba solo, una mujer rubia estaba con él. A pesar del alcohol el corazón le saltó en el pecho. Julia. No, qué boba. No era Julia, ni siquiera era parecida... tan solo era rubia.
Spike tenía una mano apoyada en su cintura y la mujer reía a carcajadas. ¿A carcajadas? ¿Qué podía estar diciendo ese tipo de gracioso si era una tumba? Le indicó al barman que le sirviera otro whisky. Esta vez le puso más hielo. Encendió un cigarrillo y se acomodó la ropa. Había elegido la faldita negra, cosida a nuevo, unas botas cortas del mismo color y un top con cierre delantero. Se miró el escote, frunció el ceño y se bajó el cierre un poco más. Las chicas se asomaron. Sonrió.
Spike no era bueno contando chistes pero la chica que tenía de la cadera había decidido reírse de todas sus estupideces. Bien por ella. De golpe el fondo de su campo visual se vació y vio a Faye sola en la barra, encendiendo un cigarrillo, alzando la mano pidiendo otro trago. Era una mujer hermosa sentada en un taburete con la misma faldita negra con la que llegara a la Bebop, esa que se le había subido revelando sus piernas mientras se estiraba a buscar la maldita planta. Mientras la rubia le apoyaba la mano en la pierna, ayy esos toques tan sugerentes, vio que Faye se cruzaba de piernas y se bajaba apenas el cierre del top. Sonrió. Ahora la chica estaba jugando en serio. Parecía que los dos anotarían esa noche. Lo único que faltaba es que se encontraran en el mismo hotel, pensó. Ah, no, no...
Así que antes de pensarlo mucho se inclinó sobre la rubia y le susurró al oído la invitación. Dos minutos después pagaba los tragos y Faye, desde su lugar en la barra lo observaba salir del bar acompañado. Había perdido un poco del humor y las ganas, no estaba entre sus planes encontrarla esa noche, pero iba a cumplir con su cometido. A man has needs.
Faye bebió de golpe el contenido del vaso y el whisky le quemó la garganta. Mejor, los ojos le ardieron y le echó la culpa al alcohol. ¡Qué tipo! ¡Así, iba a tirarse a esa tipa así como así! ¿Entonces el muerto de Spiegel tenía algo entre las piernas, al fin y al cabo. Ja, si seguía acostándose con rubias no iba a olvidarse nunca de su novia muerta. Estúpido .
Si bien lo había visto tontear infinidad de veces con chicas de todo tipo jamás lo había visto irse con ninguna. No, no pensaba que fuera célibe pero o no había tenido la oportunidad de verlo o simplemente él lo hacía en privado. Hasta hoy. Puta madre.
Con la vista clavada en la puerta del bar, ya cerrada, sintió un hueco en el pecho. No era justo. Ella estaba haciendo todo, todo, para sentirse mejor, para ser adulta, para crecer, para dejar todo atrás. No era gratis, le costaba, pero lo estaba haciendo. ¡Idiota! Se lo merecía, ¿qué pensaba que iba a pasar? Idiota, idiota, idiota... Basta, se dijo, basta. Qué ese imbécil se acueste con quien quiera.
.- ¿Estás bien?
P apoyó la mano en su cintura. Tenía ojos oscuros. Y era hermoso.
.- Sí, muy bien pero puedo estar mucho mejor, ¿nos vamos? - apagó el cigarrillo y le sonrió, con esa sonrisa tan Valentine que podía poner cuando se sabía ganadora.
Y así salieron del bar. Faye toleraba muy bien el alcohol y todavía tenía lugar para dos o tres vasos más hasta vomitar o quedar palmada. Ahora disfrutaba de ese estado intermedio en el que pareces caminar entre las nubes y sientes todo el cuerpo calentito. P la tenía tomada de la cintura y la guiaba por las calles del distrito nocturno de Alba. Hablaba, pero Faye no sabía qué decía. En un momento se inclinó y la besó y a ella le gustó.
No habían caminado mucho cuando llegaron a un hotel, les dieron una llave y subieron en un pequeño elevador. El corredor estaba con las luces bajas y de los cuartos salían algunos sonidos, grititos y esas cosas. Divertido. Ella lanzó una carcajada y tropezó contra una puerta cerrada. P la sostuvo. Los hoteles siempre le daban gracia.
Una puerta se abrió, las luces ya estaban encendidas. Ella caminó hasta la cama y se dio vuelta hacia P, que cerraba la puerta, con una sonrisa, sacándose ya la chaqueta. Ahora si comenzaba la noche.
Y entonces vio a un hombre sentado junto a la ventana. La miró y era igual a P. Mir miró al hombre. La sonrisa se le fue borrando del rostro. Algo no estaba bien, ¿estaba tan borracha que veía doble?
.- Querida, te presento a mi hermano gemelo. Nos gusta compartir todo. Todo. -le dijo P, desde el corredor, bloqueando la puerta.
La sonrisa que tanto le había gustado en el bar se agudizó, convirtiendo en una sonrisa lobuna. Faye supo entonces que estaba en problemas.
OK, se estaba esforzando. No hacía ni diez minutos que estaban en la habitación después de un intercambio de besos muy apasionado en el corredor. La chica estaba en el baño haciendo esas cosas que las mujeres hacen cuando van a un hotel. No le pregunten, él no sabía.
Estaba en el borde de la ventana fumando un cigarrillo cuando sintió un golpe. Alguien en el corredor se había estrellado contra la puerta. Pensó que esa persona iba a entrar pero después de escuchar una carcajada femenina fue la puerta de la habitación de al lado la que se abrió y cerró.
Cosas de hotel, pensó. La carcajada de la mujer había sonado muy borracha. Frunció el ceño, no... ¿parecida a la de Faye? Imposible. Ya estaba imaginando cosas. Fuera Faye de su cabeza, por favor, no ahora, no esa noche. Pitó un par de veces, noche de sexo. Noche de sexo. Noche de sexo.
La rubia se llama Sandy, o decía llamarse Sandy, y cuando salió del baño enfiló directamente hacia él y lo besó. Tuvo que concentrarse pero una vez puesto el piloto automático las cosas empezaron a fluir. Enhorabuena...
.- Oye, soy una chica moderna, podrías haberme preguntado si me gustaban los tríos... - dijo Faye tratando de evaluar rápido la situación pero el whisky se lo estaba complicando - tal vez te sorprenda, jeje.
.- Pero la idea no es que te guste. -le respondió el hermano gemelo de P, desde la silla. Se levantó y antes de que ella pudiera moverse la agarró del brazo.
Una chica común no hubiera reaccionado y se hubiera dejado tapar la boca, pero Faye era todo menos común así que borracha y todo esquivó la garra del tipo, saltó a un costado y le dio una patada a la rodilla, desbalanceandolo. El hombre cayó con un sonido sordo contra la alfombra del piso, pero no le dio tiempo a ella para desenfundar su Glock del interior de la chaqueta porque P se le abalanzó con rapidez.
Le dio un manotazo y ella lo esquivó pero perdió el equilibrio y se estrelló contra la pared. Gritó de frustración. Estiró la mano, cogió el cuadro que tenía al lado y se lo arrojó a los hermanos.
.- ¡Hijos de puta! - exclamó.
El hermano de P esquivó el cuadro y en dos pasos lo tenía delante. Ella intentó escapar hacia la derecha y él le bloqueó el paso. Le asestó una cachetada tan fuerte que la estroló contra la pared. Su cabeza rebotó y ella ahogó un lamento. Sintió el labio partido.
P le pegó otra cachetada, que buenos tipos, nada de puñetazos... tuvo tiempo de pensar, antes de que los hermanos la hicieran prisionera, tomándola de los brazos. Solo le quedaron las piernas libres y pataleó como una fiera. Volvió a gritar pero el chillido fue ahogado por una mano enorme.
.- Quieta, perra. Quieta.
Ella sacudió la cabeza dos, tres veces, golpeando la pared, muerta de frustración. Dios, ¿así iba a terminar su noche? Miró el cielorraso de la habitación del hotel mientras la llevaban a la cama. No iba a darse por vencida...
Spike sintió la boca de Sandy en la oreja cuando la pared detrás de él retumbó con un fuerte golpe. Los de al lado estaban haciendo bastante lío y eso no lo estaba ayudando. Otro golpe y él, que estaba pegado a la pared aprisionado por Sandy escuchó un par de puteadas.
Sandy empezó a besarlo pero dos, tres golpes en la pared barata de la habitación del hotel le sacudieron la cabeza. No pudo evitarlo y rió. La situación era un poco divertida. Sandy se detuvo y lo miró.
.- Los de la habitación de al lado están rebotando ... -se excusó él
.- Bueno, podemos intentar hacer lo mismo...
Una luz se coló por la ventana y le dio de lleno a la chica revelando que tenía ojos verdes. No tan verdes como los de Faye pero verdes al fin, un tono artificial, de lenes de contacto. Faye... Otro golpe fuerte, un grito, el ruido de un mueble romperse. El grito era femenino.
.- ¿Qué mierda...?
"¡Suéltame, retorcido hijo de puta!", se escuchó bien claro a través de la pared. El hotel era una construcción prefabricada de lo más simple, tal vez no el mejor material para un hotel de parejas pero Alba no era una colonia de categoría. Se quedó helado. Esa voz...
Dejó de responder a los besos de Sandy y la chica se quejó.
.- Oye, aquí siempre es así, se escucha todo... - empezó ella.
Pero su mente ya estaba en otro lado. Esa voz... Agudizó el oído y sintió que en la habitación de al lado seguía el jaleo. ¿Podía ser? ¿Era? No, imposible... pero no podía seguir haciendo nada si no chequeaba. ¿Ir y chequear no sería la excusa para precisamente dejar de hacer lo que estaba haciendo?
Cogió su arma de la chaqueta, escuchó el grito de Sandy que no había visto hasta ese momento que él anduviera armado, y salió al corredor. Se acercó sigilosamente a la puerta de al lado y pegó la oreja. Dentro había movimientos, tensos y silenciosos pero aún así evidentes. Escuchó con atención y distinguió dos voces distintas de hombres. Contando el grito femenino no era difícil suponer qué estaba pensando.
Bueno, si era una fiesta privada y no querían invitarlo la noche habría terminado para él. Si era lo que en el fondo de su mente estaba tomando forma sin que él lo supiera todavía entonces...
Era bueno abriendo puertas a patadas pero no creía que fuera una buena idea así que se las ingenió un par de segundos con la vieja cerradura y despacio, la abrió. Por el rabillo del ojo vio a Sandy, mirándolo con espanto.
Entonces vio a Faye y se dio cuenta de que el universo seguía sonriéndole a la caza recompensa. Había un tipo sosteniendola a la cama, ajustándole las muñecas a los postes con gruesas sogas. Otro tipo trataba de atarle una pierna pero ella tenía todavía ambas libres y las sacudía con fuerza. Tenía la falda levantada, el pelo revuelto y el labio con sangre. Vio un arañazo en el rostro del tipo que trataba de atrapar sus piernas. Ella ya no gritaba porque una cinta gris le tapaba la boca.
Todo ocurrió rápido a partir de entonces. Uno de los tipos levantó la vista y lo vio, saltó de la cama y se abalanzó sobre él. Pelearon, perdió el arma y se metió en una pelea cuerpo a cuerpo que se complicó cuando se sumó el otro tipo, dejando a Faye sola en la cama.
Uno, dos, tres. Una patada, un puñetazo, un jarrón por el aire. Estuvieron así unos minutos, peleando en silencio hasta que un grito de Sandy en la puerta los detuvo. Entonces los dos hombres, que sorprendentemente eran idénticos, se miraron entre sí y salieron corriendo de la habitación llevándose consigo un bolso negro que estaba apoyado sobre la mesa. Del bolso cayó un cuchillo que nadie reclamó. Empujaron con fuerza a Sandy y desparecieron.
.- ¡Por Dios! ¿Estás bien? - le susurró ella desde el corredor, sin entrar al cuarto, sin querer meterse en ese lío.
Faye se retorcía en la cama, amarrada. Spike asintió.
.- Me alegro... ¿la conoces? - Faye tenía la mirada desencajada.
Él asintió.
.- Bueno, ehhh... me voy, entonces... - el corredor estaba silencioso y Sandy estaba muy nerviosa - No quiero saber nada con esto, nos vemos, ¿sí?
Sandy estaba apuradísima por desaparecer y no meterse en problemas. Cuando se fue Spike cerró la puerta y la trabó. Buscó el arma y la apoyó sobre la mesa, recogió la chaqueta de Faye y se acercó a la cama. De un tirón le despegó la cinta de la boca y fue entonces que vio una jeringa colgando todavía de su brazo izquierdo. Con cuidado, la retiró. Todavía estaba llena así que no había habido tiempo de inyectarle lo que fuera que fuese eso. ¿Un somnífero, tal vez?
.- No creo que fueran a querer dormirme, querían que gritara... - le dijo Faye, en un susurro agotado, leyéndole el pensamiento - ¿Me desatas?
Spike desenredó las sogas. Faye se frotó las muñecas coloradas y se bajó la falda. Estaba golpeada. Levantó la vista y vio que Spike la observaba en silencio. Se sentía mareada, algo, aunque fuera muy poco, le habían logrado inyectar. Él vio su mirada verde nublada.
.- Qué mala suerte... -dijo ella.
.- Pues no, no has tenido mala suerte. Yo estaba al lado. - Spike miró la habitación y después a ella, sin decir más.
.- ¿Volverán...?
.- No creo.
Faye sonrió un poco. Sentía el tranquilizante en su sangre, mezclándose con el whisky, dejándola como una muñeca de trapo. Se resbaló sobre la cama. Entonces Spike la acomodó sobre las sábanas y después se acostó a su lado.
.- Duerme un poco, Faye. Ya pasó. La habitación está paga así que nadie nos apura - acomodó la almohada y apoyó la cabeza allí. Así de extraña era esa noche pues terminaba con los dos compartiendo una cama.
.- Yo solo quería sexo... - susurró Faye, haciéndose un ovillo, dejándose llevar al sueño sin poder evitarlo.
.- Yo también.
Faye rió. Extendió la mano y la apoyó en su brazo. Él la miró de reojo.
.- Gracias, Spike. -le dijo, y cerró los ojos.
Al cabo de unos minutos estaba profundamente dormida y Spike fumaba en el silencio de la habitación, sintiendo su cuerpo caliente al lado. En verdad esa noche había sido rara, pensaba, con la vista clavada en el cielorraso de la habitación a donde el humo gris iba subiendo.
Si miraba hacia su derecha podía ver a Faye durmiendo, acurrucada sobre las sábanas, con las piernas encogidas y una mano bajo la barbilla. Su respiración era regular aunque no creía que fuera a dormir mucho porque el tranquilizante estaba todavía dentro de la jeringa. Pero estaba agotada mentalmente, eso sí.
Spike suspiró. Otra vez. ¿Por qué la vida insistía en ponerle delante a Faye cuando lo que quería era no estar con ella? "Por qué no dejas de pelearte con la vida, Spike, por qué no dejas que las cosas pasen? ", le había dicho una vez Jet, cuando Faye todavía estaba con ellos. "¿Por qué no dejas que las cosas pasen? ¿Qué temes, con qué te castigas?"
Habían pasado dos horas ya y mientras Faye dormía a su lado él escuchaba todos los sonidos del hotel y de la noche de Alba, fuera de la ventana. Bocinas, música, charlas, pasos. Gemidos, besos. Apagó la luz y la habitación quedó iluminada solo por las luces de la calle, en verde y azul.
En algún momento, tras el tercer cigarrillo o cuarto, sintió que Faye había despertado. La chica se puso boca arriba y contempló las luces haciendo sus juegos en el techo.
.- Gracias, Spike. - dijo.
.- Ya me agradeciste, Faye.
.- Sabes... si me hubieran preguntado tal vez hasta aceptaba...
Spike sonrió en la oscuridad.
.-¿ Al menos tuviste tiempo de...? - le preguntó Faye, recordando la chica rubia que había visto en la puerta.
Pasó un auto fuera y un par de luces rojas recorrieron el techo hasta perderse en la pared.
.- No. Imposible concentrarse con tanto jaleo al lado.
Faye lo miró de reojo. Spike tenía un brazo doblado bajo la cabeza, la camisa algo abierta y la corbata floja. Se había sacado los zapatos.
.- Lo lamento- le dijo - no tuvimos la diversión que salimos a buscar.
.- Por lo menos estás bien. Eso es lo que importa.
.- Sí.
Faye suspiró. El corazón le estaba latiendo con más fuerza. No estaban así, uno junto al otro y solos, desde aquella lejanísima vez en el sofá. La habitación estaba silenciosa, en penumbras, iluminada apenas por luces que iban y venían como si se tratara de las luces de una discoteca. A veces se escuchaban gemidos, pasos en el corredor, risitas nerviosas, una obscenidad cargada de deseo.
No era el mejor de los lugares para mantener promesas hechas a uno mismo. Eso pensaban los dos, acostados en la cama, mirando el techo. Faye empezó a sentir ese agujero de angustia en el pecho, ese agujero que iba excavándose cada vez que sus verdaderos sentimientos le ganaban la batalla a sus decisiones. Se llevó el puño allí y lo apretó. Tendría que recurrir a la fuerza de voluntad.
Voluntad... pensó Spike. Era una cuestión de voluntad. ¿Qué quería hacer? ¿Qué debía hacer? ¿Qué sentía hacer? Miró sus pies, a su derecha las largas piernas blancas de Faye. Vio que la chica se movía, inquieta. Sintió su mirada. Sin pensarlo se dio vuelta y sus miradas se encontraron en la oscuridad.
Faye clavó sus ojos en la mirada oscura de Spike. Con esa luz era imposible distinguir el ojo artificial del natural. Una luz peregrina viajó por la habitación y le sacó brillo a sus ojos verdes por un segundo. Tenía el corazón latiendo furioso, tan cerca estaban... Se moría por tocarlo y antes de que pudiera decidir conscientemente no hacerlo vio que su mano trepaba hasta su mejilla. Apenas una caricia, así de suave.
Spike cerró los ojos un segundo cuando sintió su mano. Quiso apartarse, casi lo hizo, pero la idea no llegó a su cuerpo. En cambio, dejó que su mano se acercara a ella, tocara su mejilla y fuera hasta la nuca, donde reposó, sintiendo el cabello y la calidez del cuerpo. ¿Qué quería hacer? ¿Qué cosa quería que pasara? Quería besarla.
.- Bésame. - escuchó decir a Faye, muy bajo.
Y entonces sí, dejó que las cosas pasaran y ellos volvieron a besarse como aquella vez en el sofá. Sintió como Faye lo recibía, abría la boca, lo invadía, lo tocaba, lo abrazaba. Su mano presionó la nuca, su lengua invadió su boca, se presionó contra el cuerpo de ella y la sintió de pies a cabeza. Con Faye no había que concentrarse, no había que esforzarse, no hacía falta. Ardía por ella.
Se besaron hasta quedar sin aliento, tomaron aire y continuaron. Spike le subió la falda, Faye le sacó la camisa de los pantalones. Spike le bajó el cierre del top, Faye le metió las manos por debajo del pantalón volviéndolo loco de placer. Faye le mordió el cuello y le abrió la camisa, haciendo volar la corbata.
Spike se colocó sobre ella tomándola de la cintura, hundiendo la cara entre sus pechos. Faye le recorrió la espalda con las manos y bajó, presionándolo contra ella. No podía ser mejor... ¿Estaba bien? ¿Tanto sufrimiento, tantas lágrimas, para terminar allí? ¿Dónde estaba su fuerza de voluntad? No seas tonta, se dijo...
Spike le sacó la falda, ella le bajó los pantalones. Qué piel hermosa, que piel tibia, cuánto tiempo sin sentirse tan deseada...
Faye le besó el pecho, sus piernas lo abrazaron. Después de todo, allí estaban, imposible detener lo que tarde o temprano iba a suceder. Tenía que suceder. Querían que sucediera. Tal vez eso fuera lo correcto. Querían que sucediera y entonces, simplemente, como si fuera lo más natural del mundo y hubieran nacido para hacer eso juntos, lo hicieron.
