Capítulo 9
Nunca había entendido cómo en las películas los amantes se dormían inmediatamente después de tener sexo. Eso no pasaba, mucho menos cuando uno se acostaba con alguien por primera vez. El cuerpo y la mente quedan muy despiertos.
Cuando terminaron Spike quedó arriba suyo, con el rostro enterrado en su cuello, el torso a un lado y una pierna cruzada sobre las suyas. Ella, despacio, apoyó su mano derecha sobre el hombro de él y se quedó mirando el techo un rato, mientras su corazón volvía a la normalidad, dejando que el placer encontrara su comodidad.
Vaya, por fin, pensó. Tanto tiempo deseándolo, tanto tiempo soñándolo y por fin, de la nada, una noche cualquiera ambos terminaban en una cama. Qué locura. Qué locura todo, ser casi violada por dos hermanos gemelos psicóticos, coincidir con Spike en el mismo bar, en el mismo hotel, en el mismo piso... y que él la salvara.
Cerró los ojos, no quería pensar en el tipo del bar y su hermano. Qué imprudencia la suya, bajar tanto la guardia, no estar más atenta.
Sin darse cuenta su mano había empezado a acariciar lentamente la espalda de Spike. La yema de sus dedos hacía círculos, iba y venía. Sintió su aliento tibio en la clavícula y en un momento la suavidad de sus pestañas. Las luces de colores, reflejo de la calle, bailaban en el techo. ¿Y ahora?
Spike estaba cómodo, cansado y en paz. La cama era suave, Faye era suave, sus caricias en la espalda, de la que parecía no darse cuenta, lo sumían en un estado de semi inconsciencia. Por fin había pasado lo que debería haber pasado tanto tiempo antes. Si ella no tuviera esa bocaza enorme seguro la hubiera llevado a su cama antes, pero después la convivencia había puesto un freno a cualquier intento que fuera para ese lado. Incluso Jet le había echado un par de miradas de advertencia, mudas, a interpretar, cuando él había irado demasiado el traste de Faye o sus atuendos tan apretados.
Y al final, aquí estaban, en un hotel en Alba. Lo que está destinado a suceder, sucede, tarde o temprano. Y había sido exquisito. El destino juega sus caratas de manera misteriosa, reflexionó. Recordó cómo la había encontrado y el cuchillo que había resbalado del bolso de los tipos cuando huían. Se había asustado. Si las cosas no se hubieran dado de ese modo Faye estaría contando otro cuento. No podía ser tan tonta y correr tantos riesgos...
Tal vez se durmió, arrullado por los dedos, pero cuando despertó todavía era de noche. Estaba pegado a la espalda de Faye y la abrazaba por la cintura. Sentía su cabello, el olor del champú, y la curvatura de los senos sobre su antebrazo. Movió una mano y encontró la cicatriz con forma de siete que le había hecho aquel loco. Ella dio un respingo.
.- Te persiguen los locos con navajas... - le susurró en la oreja, acariciándola. Ella apoyó su propia mano sobre la suya y no dijo nada. Él la dio vuelta, dejándola sobre su espalda, la cicatriz a la vista, y descendió para besarla. Ella hundió las manos en su pelo verde.
-. Si vas a besarme así todas las cicatrices que tengo entonces voy a empezar a auto mutilarme... -le dijo, en un susurro. Él rió mientras ocupaba su boca en algo más placentero para ella. Ya estaba despierto por completo, buscándola de nuevo. Ella era simplemente deliciosa.
Spike estaba dormido. Podía escuchar su respiración acompasada y sentir el aliento tibio que le rosaba el brazo. Se movió un poco y lo observó, sus formas distinguibles en la penumbra.
Qué hombre había resultado ser. ¿Quién hubiera dicho que fuera a ser tan silencioso y tan dulce? Era suave y fuerte al mismo tiempo, intenso e insistente cuando se trataba del placer ajeno, paciente cuando se trataba del suyo. Si ella se consideraba a sí misma una puta caja de sorpresas Spike no se quedaba atrás.
De haberlo sabido... el chico ágil, callado, amargo, de corazón roto, era un amante maravilloso. Cuanto tiempo habían perdido discutiendo, por Dios. Cuanto tiempo habían perdido bebiendo juntos y nada más. Si solo pudiera volver el tiempo atrás... ¿para qué? En ese entonces discutían y bebían porque Julia existía, porque él quería volver con y encontrarla, porque él nunca la miraba a ella, a Faye, como una mujer.
Era doloroso. Siempre era doloroso, siempre sería doloroso. ¿A donde había ido su determinación esa noche? ¿Por qué al final le había pedido que la besara? ¿Por qué no se había quedado callada? ¿Por qué no había esperado, simplemente esperado a que él viniera por ella? Porque tal vez no lo hacía, esa era la respuesta.
La chica y el chico sin pasado yacían allí, en esa cama. ¿Pero habían quemado naves ya? Faye creía que ella sí pero las últimas horas le decían lo contrario. ¿Spike lo había hecho? No, no, él no. El dedo frío de la angustia empezó a meterse en su pecho.
¿Por qué pensaba así? Porque no podía pensar de otra manera, porque no había un futuro con él, no lo habría nunca y era hora de que lo asumiera. OK, se habían acostado y había sido genial. Si Spike despertara ahora volverían a hacerlo, murmurándose palabras dulces, deslizándose en un terreno que no era solo físico. Allí había habido algo más, estaba segura. ¿Pero bastaba?
No. Ella necesitaba otra cosa. Ella había decidido que quería otra cosa porque se lo merecía. Y Spike no podía dárselo y ella no podía pedírselo. ¿Quién era para hacerlo? ¿Una compañera de trabajo, una vecina, ahora una amante de una noche? Cuando salieran del hotel, de ese momento cápsula, las cosas se pondrían todavía más raras y el dolor sería más grande.
¿Desayunar juntos, ir de la mano, intercambiar abrazos? Nada de eso ocurriría. Tal vez fuera un tipo romántico, de rosas rojas y noches de insomnio, pero no por ella. Estaba al borde del llanto. Mierda. No había puesto un pie fuera del hotel y ya dolía. No podría verle al día siguiente, ver como volvía a mirarla con frialdad o peor, como solo compartían las noches.
Entonces, lentamente, salió de la cama. Él no se movió. Juntó su ropa con rapidez, contempló su cuerpo parcialmente tapado por las sábanas y dejó el hotel. Casi amanecía pero aún estaba oscuro. Detuvo un taxi y lo llevó a donde tenía estacionada la Redtail. Tenía tiempo de volver a la Bebop, cargar sus cosas y marcharse.
Volvería al espacio, a escapar de sus acreedores y de Spike. Era su decisión. No se puede evitar el dolor pero sí el sufrimiento. En eso se distinguía del amante que había dejado atrás. Ella no asumiría el rol de viuda de nadie.
