Espero sea de su agrado, daré lo de siempre. Dado que estaré ausente en estos días, dejo la actualización. Espero les guste.

Se aceptan críticas constructivas, más no insultos.

Y por favor, sean creativos en los comentarios.

Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

Pensamientos —

Advertencias:

OoC en los personajes.

OC's.

Situaciones sexuales implícitas-explícitas.

Lenguaje inapropiado o soez.

Género: Romance | Drama.

Clasificación: T | M.


Capítulo II

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‹‹ Persigue el amor y huirá, huye del amor y te perseguirá. ››

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John Gay.

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Huir.


Caminaron por el largo pasillo, cruzaron un par más hasta llegar a la puerta de una habitación. En todo ese corto trayecto ninguno dijo nada, solo iban tomados de las manos y Sakura sintió como pronto su corazón comenzó a latir acelerado, su respiración se descompasó y su cerebro empezó a trabajar.

¿Había hecho lo correcto?

Ambos se detuvieron, sus manos se separaron y ella quedó frente a la puerta de espaldas a él. Sentía su cuerpo cercano, su calor en la espalda le generó un escalofrío inédito.

— Si no estás segura aun estás a tiempo.

Cerró los ojos ante aquel tono suave y bajo, grave, que le provocó una oleada de excitación. No, no podía echarse para atrás, ella no era una cobarde. Además, era mayor y él un hombre atractivo, ¿qué tenía de malo ceder al deseo de vez en cuando?

— No.

Ella respondió, haciendo acopio de toda la seguridad que tenía en su interior, de todo el valor que demostraba en las adversidades más horrendas. Él no dijo nada, únicamente estiró su mano derecha para girar la perilla de la puerta e indicarle con la misma que entrara. Sakura lo hizo, con paso nervioso y dudoso lo hizo.

En cuanto entró, divisó una amplia y poco iluminada habitación, una lamparilla de noche estaba encendida y su luz no era muy fuerte. Solo la necesaria para hacer del ambiente un poco romántico. Fijó mucho orden y aseo, una cama doble y un librero, al cual se evocó fingiendo interés. Nomás leyó los títulos, cuando repentinamente lo sintió llegar por detrás. Puso las palmas a ambos lados de su espalda en el librero, enjaulándola.

Con asombro, Sakura se dio cuenta que al tenerlo cerca era incapaz de velar o ver otra cosa más que él. Olvidando su propia supervivencia, y el hecho de que posiblemente estaba cometiendo un error al dejarse llevar por la atracción fascinante que le provocaba ese hombre.

— Date vuelta.

Su voz sonó baja y gentil, aunque fuese una orden la que le daba. Aquel cuerpo vigoroso irradiaba pasión y avidez, estimulando un deseo salvaje en su interior. Un deseo salvaje por él. Una incontrolable reacción que terminó de avivarse por su colonia, su calor y su cercanía.

Le deseaba, y mucho. Apoyó la frente en el librero, necesitaba tomar aire, la situación se tornaba más seria y ella dio ese paso, no se echaría atrás. Solo necesitaba un poco de aire.

— Date la vuelta.

Le rozó detrás de la oreja con los labios. Enseguida colocó una mano abierta en su estómago, con los dedos separados, incitándole a que se apretara contra él. Se sobresaltó, estaba tan excitado como ella. Su miembro duro, se pegó contra su espalda.

— Date la vuelta y dime que me detenga.

Sakura se decepcionó ante lo que le dijo, pese a eso, la excitación no se fue y se giró entre sus brazos, con la espalda apoyada en el librero. El hombre se encontraba inclinado hacia ella, con su abundante cabello enmarcándole el rostro y el antebrazo apoyado para acercarse más a ella. La mano que antes puso en su estómago ahora se encontraba en su cadera, presionando, incitándola… Él la miraba fijamente y Sakura apenas tenía espacio para respirar.

— No.

Murmuró, con mediana voz ante sus ojos brillantes. Él le sonrió, genuino y sensual. Robándole el poco aliento que tenía.

— Bien. — dijo, con voz ronca.

Sakura jadeó suavemente y se lamió los labios secos. Ese hombre podía ser sensual con tan poco, incitador. Pero en ese momento lo único que escuchó fue un gemido anticipado, inclinó su cabeza y selló su boca con la de él. Sorprendida, sintió sus suaves labios, firmes y la delicadeza de la presión que ejerció. Un inevitable suspiro escapó de su boca, ahogado en el beso, dejando que él introdujera su lengua, saboreándose, lento, sin prisa. Su beso era seguro, diestro y con el punto justo de agresividad para excitarla más.

A lo lejos se escuchó el bolso caer, mientras que ella llevó sus manos hacia los cabellos rubios de él, enredando sus dedos. Tirando de sus suaves mechones, tirándole la boca hacia la suya, él ahondó el beso, acariciando su lengua con suaves deslizamientos.

La apartó del librero de un tirón, suave y firme. Con una mano le rodeó la nuca, mientras que con la otra la curva de su trasero y la levantó en el aire.

— Te deseo…

Musitó él, todo el cuerpo de Sakura se encontraba en contacto con el de él, consciente de cada duro músculo de su ser. Respondió a su beso, no tan torpe como esperaba pero tampoco como una experta en el tema. Solo se dejó guiar por él. Su piel estaba húmeda y sensible, sus pechos blandos y pesados. Y una parte muy escondida de su cuerpo reclamaba por atención. La peli-rosa, fue vagamente consciente de que se movían y de repente notó que caía de espaldas en la cama. Pronto su falda cedió a sus hábiles dedos, subiéndola hasta la cintura, su boca se tragó otro gemido y sus manos comenzaron a masajear sus pechos. Suaves y rítmicos apretones.

Pronto, sus pechos se vieron desnudos, él se había desecho de la parte de arriba con una facilidad extraordinaria al igual que su sostén.

— N-No… ¡Oh, Dios!

El hombre rodeó su erecto pezón con su boca, y aquella oleada de calor le produjo un velo de transpiración en la piel. Estaba nerviosa y avergonzada, sus mejillas sonrojadas lo traslucían. Pero aquel hormigueo en su cuerpo no se iba, en su parte sensible tampoco. Y poco le importó el hecho de que hubiera luces encendidas, cuando su finalidad primaria fue apagar las luces disponibles.

De inmediato se vio despojada también de la parte inferior de su vestido, junto a esta sus bragas. Una mano experta se coló entre sus piernas, para su sorpresa, las abrió sin pudor alguno, su cuerpo estaba tan excitado que olvidó el hecho que se sentía arrebatada, casi febril. Con la otra mano, seguía masajeándole los pechos. Y Sakura tuvo por primera vez el pensamiento de no haber tomado una decisión errónea.

Sus pezones se ponían insoportablemente duros y más sensibles.

— Estás muy húmeda. — comentó, con descaro, abriéndole con los dedos —. Eres hermosa, rosada, aterciopelada y suave…

Sin premura, introdujo un dedo cuidadosamente. Sakura se sintió vulnerable, con las piernas abiertas, con un hombre cuyas normas de mujeres eran claramente evidentes. Lo que delataba un íntimo conocimiento de las féminas. Tocándola en zonas sensibles, estimulándola sin reparo. Un hombre que se encontraba aun vestido y arrodillado entre sus piernas.

— Estás muy cómoda.

El rubio sacó su dedo y lo introdujo de nuevo con delicadeza. Sakura arqueó la espalda con ansia.

— Y muy ansiosa.

Clavó de nuevo el dedo en su interior, los músculos de su intimidad se contrajeron sin remedio entorno a él. Estaba tan húmeda, que al introducir un segundo dedo en su cavidad fue demasiado fácil. Lo que le dio un aviso, debía hacerlo ya o su propia excitación explotaría sin disfrutarla. Así que ante el gemido de protesta de Sakura, se levantó y quitó la ropa, no tan rápido como para parecer ansioso, pero tampoco lento como para que ella dejara de estar excitada.

— ¿Cuál es tu nombre? — preguntó él.

— Sakura… — gimió ella.

Las mejillas de la peli-rosa ardían, y sin querer echó un vistazo al grueso miembro que se alzaba ante ella. Pronto, él se encontraba sobre su cuerpo de nuevo, su erección le rozaba las piernas. En un instante, sintió como él situaba su prominente glande entre los pliegues húmedos de su hendidura. Debía reconocer que estaba nerviosa y temerosa, su miembro era prominente y ella… Una virgen.

— Despacio. — pidió ella, en un susurró suave.

Él la miró, con brillantes y tormentosos ojos azules. Comenzó la penetración, suave y torturante. Un movimiento fuerte de cadera y ella emitió un pequeño gemido, mutilado por una exclamación de él.

— Dios santo. — jadeó él —. Estás tan estrecha…

Sus palabras fueron entrecortadas, pero Sakura las captó. Y ella sintió un hilo de deliciosa agonía, lo absorbió un poco más y le dejó entrar más hondo. Dolía, sí, era evidente por el compungido gesto de su rostro. Sin embargo, la palma de su mano derecha presionó su vientre y descendió, le tocó su palpitante y sensible clítoris, con la yema de su pulgar, trazó suaves círculos paulatinos y expertos. Todo en su interior se contrajo succionándolo con más fuerza, permitiéndole entrar finalmente.

— ¡Carajo! — exclamó el rubio, entre dientes.

Lo que, singularmente, provocó mucha más excitación en Sakura. El sudor les empañaba la piel y él comenzó a moverse gentilmente en su interior, ella estaba tan húmeda, tan caliente… Que no le costaba nada deslizarse en su interior como seda, tan gentil y tan salvaje a la vez. Él no podía evitarlo, tenía un instinto primario, primigenio de poseerla. La peli-rosa dejó escapar un grito cuando tocó la raíz del miembro, entraba demasiado hondo y le lastimaba. No podía soportarlo, pero su cuerpo respondía a cada embestida con placer. No le importaba si era demasiado grande, solo quería sentirlo.

Se ondulaba, se contraía, vibraba, al borde del orgasmo.

La vergüenza se esfumó, el hecho de que no quería que la viera desnuda se apagó. Y también que en algún momento deseó perder su virginidad con alguien a quien cuyo nombre no quería evocar, se fue al olvido. Solo sentía aquel bombeo, fuerte, taladrándole hondo y vigorosamente. Placenteramente delicioso, él cambió el ángulo de la embestida e inmediatamente comenzó a rozar un punto dentro de su intimidad, un punto muy profundo.

Él la asió por las caderas marcando un ritmo frenético, mientras que su miembro largo y grueso se perdía en su interior en embestidas primarias.

— ¡Rayos! — musitó la Haruno, totalmente entregada al placer.

Seguido sintió una contracción en su intimidad, lo que le hizo comprender que pronto se correría, precisamente gracias a las arremetidas expertas dentro de ella. Pronto, unos espasmos llenos de éxtasis comenzaron a sacudir su cuerpo, haciéndola presa de su primer orgasmo. Eran oleadas y oleadas hasta convertirla en una convulsión total.

— ¡Mierda! — masculló, antes las embestidas que recibía producto de las diestras caderas.

Seguido, Sakura sintió como el miembro de su amante comenzaba a ponerse más voluminoso y rígido. Ella, aun en su frenesí de lujuria, lo contempló. Muy en el fondo de su orgullo, quería verle fuera de sí por ella. Sus ojos, apasionados por la necesidad, perdían el rumbo a la vez que iba disminuyendo el control de sí mismo. Su precioso rostro desencajado, por la brutal carrera del clímax.

¡Sakura!

Se corrió con un rugido animal de éxtasis salvaje. El hombre se estremeció por el orgasmo, y Sakura pronto sintió una calidez llenándole su interior. Sin embargo, la peli-rosa no perdió detalle de cómo sus rasgos se suavizaron, permitiéndole un momento de vulnerabilidad. Algo que, evidentemente, no le molestaba mostrar.

— Sakura.

Musitó de nuevo y la abrazó fuertemente, colocando un codo como apoyo en la cama para no aplastarla completamente con su peso. Luego recibió un apasionado y dulce beso que le robó el aliento, que vislumbró en suspiro profundo y ahogado por la boca del rubio.

Cuando se separaron, sus ojos aún estaban nublados y su rostro cansado. Prestamente, él salió de su interior, lo que le hizo soltar un pequeño quejido. Cerró los ojos y soltó el aire, dándose cuenta que estaba cansada.

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Pasaron un par de horas cuando ella despertó, al abrir los ojos se encontró a sí misma, desnuda entre las sábanas y acompañada de aquel guapo hombre. Éste la miraba, profundamente con oscilantes ojos azules y aquella sonrisa genuina.

Tenía el codo apoyado en la almohada y la cabeza descansada en la palma de su mano. Arrolladoramente sexy y seguro, le provocó un sonrojo inevitable. Al igual que se sintió admirada por él, generándole una femineidad que no creyó poseer jamás.

— ¿Cuál es su nombre? — preguntó Sakura, repentinamente, causándole asombro ante su respetuosa y educada articulación.

La chica, aun a pesar de lo que acababa de acontecer entre ellos, no le perdía el respeto. Para ella, él seguía siendo alguien mayor a quien le debía cortesía, sin importar nada más. Éste le sonrió, comprensivo y agradable, cálido como su mirada y su persona.

— Minato.

Su respuesta fue hecha en voz baja y susurrante, afrodisíaca. Él omitió su apellido, de la misma forma que lo hizo ella. Aunque su nombre le sonaba de algún lugar, sin embargo, no recordaba cual.

— ¿Cómo te sientes? — interrogó él, con un deje de preocupación en su voz que no pudo ocultar y no se alarmó por hacerlo tampoco.

— ¿Disculpe?

Sakura no comprendió a qué venía esa pregunta. Minato no tuvo que decir nada, solamente corrió un poco la sábana hasta un punto, uno que Sakura siguió con su mirada y le hizo abrir la boca de la impresión, el miedo y el nerviosismo.

Se quedó fija, mirando la pequeña mancha de sangre en las sábanas blancas. Un rubor le sobrevino a sus mejillas y tuvo que desviar la mirada, cuando él tapó la evidencia de su virginidad.

— ¿Y bien? — insistió.

— Estoy bien. — susurró, bajo y quedo.

Minato se sintió enternecido ante la imagen sonrojada de la inocente joven que acababa de convertir en mujer sin proponérselo. Con un movimiento ágil y suave, le levantó la barbilla para que lo mirara.

— Sé sincera, ¿te dolió?

Su pregunta fue llena de preocupación, con una disculpa anticipada en su iris azul. Lo que curiosamente le provocó un espasmo en el estómago.

— Un poco… — titubeó, con voz suave.

Avergonzada de haber descubierto su secreto. Tampoco es como que pudiera ocultárselo por mucho tiempo, era un hombre experimentado. Terminaría por notarlo en algún momento.

— Lo lamento. — le musitó, con voz de terciopelo él.

Minato se acercó lentamente a su rostro y le dio un pequeño beso, sedoso y dulce. Enternecido, tratando de eximir su dolor y la culpa. Un suspiro abandonó la garganta de Sakura y murió en los labios de él, enredados en su lengua de seda.

Prontamente, él ya se encontraba nuevamente sobre ella, un gemido escapó de sus labios al sentir su erección chocar contra sus piernas, presto de nuevo para la acción. La peli-rosa sintió un hormigueo en su intimidad, aunado al deseo de tenerlo nuevamente en su interior.

¡Dios! ¿Cómo un hombre podía provocarle un deseo irrefrenable luego de aquel dolor y molestia? No lo sabía, de lo único que estaba segura es que quería volver a tenerlo dentro suyo.

¡Minato! — gimió, sin aliento.

Los besos en su cuello fueron aliciente para su ya, creciente excitación. Lo escuchó reír, de una forma más mundana que vivaz. Se estremeció.

— Parece que estás lista de nuevo para mí, pequeño Cerezo. — ronroneó, comprobando su estado introduciendo un dedo.

Ella arqueó su espalda, comprendiendo que lo último que haría en las próximas horas, sería dormir.

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Unas horas más tarde, soltó un pequeño quejido, adolorida por la posición en la que se encontraba finalmente se despertó. Parpadeó un par de veces para aclimatarse a la claridad, de pronto sintió un terrible dolor en la cabeza y un poco de náuseas.

Jamás en mi vida vuelvo a beber tanto…

Se dijo mentalmente, llevándose las manos a la cabeza y sentándose de un tirón. Lo que le provocó un aguijonazo en la parte baja de su vientre, específicamente, en su intimidad. Llevó una mano hacia la zona, intentando inútilmente aliviar el dolor que ahí anidaba.

Un momento. ¿Dolor?

Abrió los ojos afligida, revisó a su alrededor, esa no era su habitación. Miró hacia abajo, ella estaba desnuda bajo las sábanas.

¿Entonces no era un sueño? ¡Mierda!

— Carajo. — masculló, intentando moverse.

Se sintió lánguida y gradual, estaba tan cansada que le provocaba volver a dormirse. Pero recordó…

… Giró rápidamente su cabeza hacia el lado izquierdo, esperando encontrarse a su pareja de momento. Sin embargo, no encontró a nadie. El lado estaba vacío. Repentinamente, escuchó el sonido de la regadera, nuevamente giró su rostro hacia el lugar donde suponía estaba el baño personal. Seguramente Minato acababa de meterse a duchar, lo que le hizo dar un respingo.

— ¡Mierda! — farfulló, adolorida al levantarse rauda.

Súbitamente tuvo un ataque de bochorno, dignidad y estupidez. ¿Cómo le sobrevenía el arrepentimiento en este preciso momento? No quería saberlo, analizarlo le llevaría tiempo y lo único que quería era encontrar sus prendas, para poder vestirse lo más rápido posible.

Le faltaba colocarse los zapatos cuando dejó de escuchar el sonido de la regadera, veloz, salió de la habitación con calzado en mano y prácticamente corrió por los pasillos de la mansión. Parecía que huir de aquel hombre que le dio la mejor noche que pudo tener, sin embargo, ahora ya era consciente de sus actos. Le parecía lo más correcto, huir como la cobarde que era en un momento importante.

Pero no podía verle a la cara sin tener una combustión espontánea. Y tampoco quería hacer el ridículo. Eso sin contar, que aún se encontraba en la casa de su mejor amigo y podía encontrárselo en cualquier momento. Soltó un suspiro y se detuvo al pie de las escaleras para poder colocarse los zapatos, se sintió más tranquila al estar más lejos. No obstante, se dio cuenta de algo…

— Demonios, mi bolso. — rezongó, molesta por no percatarse de ese pequeño detalle — ¿Cómo demonios me iré de aquí?

— ¿Sakura?

Atendió una voz femenina, apacible que ella reconoció perfectamente. De un brinco se dio la vuelta, y pudo vislumbrar la despampanante figura de Karin envuelta en un pijama rojizo con dibujos de osos. Muy poco común en la pelirroja prima de su amigo Naruto. La chica la observaba mientras se frotaba los ojos, con el ceño fruncido y disgustado por la luz de la mañana.

— Ahm… Hola, Karin. — respondió, amablemente la Haruno, esbozando una sonrisa nerviosa.

— ¿Qué haces aquí tan temprano? — interrogó, dejó de frotarse el rostro y la mueca de desconcierto. Para fijarse en el aspecto de la peli-rosa amiga de su primo, entonces notó que llevaba la misma ropa que la noche anterior — ¡Ah, no me digas qué…!

— Shhhh, Shhhh… — exclamó alarmada, agitando las manos pidiéndole que se calmara —. Por favor, Karin, baja la voz. — suplicó la Haruno, y ésta llevó las manos a la boca e hizo una señal afirmativa.

— ¿Pero qué, con quién? — preguntó, curiosa, interesada y emocionada.

A Sakura a veces se le hacía bipolar el comportamiento de la pelirroja, sin embargo, no parecía tener malas intenciones en sus preguntas. Solo curiosidad y emoción. Como el de una amiga a la que le cuentas confidencias. Soltó un suspiro, en ese momento no podía decirle nada, pues no fuese la de malas y aquel hombre rubio decidiera aparecerse.

— Ahora no te puedo explicar, Karin. — murmuró, un poco apresurada —. Pero necesito de tu ayuda, he perdido mi bolso y no tengo dinero para el taxi… ¿Podrías prestarme algo? ¡Te lo pagaré luego, te lo prometo! — imploró.

La Uzumaki asintió y le sonrió, sin malicia, solo con sinceridad.

— Está bien, espera aquí. Ya vuelvo. — le dijo, seguido de esto corrió por el pasillo hasta que se perdió en una de las tantas puertas.

La Haruno abrió los ojos impresionada de la actitud de la pelirroja, en realidad, nunca creyó que la prima de Naruto fuese tan accesible. A lo mejor estaba tan metida en su mundo, en sus sentimientos y sus celos que no notó que Karin no era el tipo de mujer que ella siempre había creído. Ahora, en ese preciso momento, se daba un palmo de nariz.

No pasaron cinco minutos cuando la pelirroja corría hacia ella con algo en su mano.

— Ten, aquí está. — le entregó unos billetes en la mano, mientras le regalaba una sonrisa verdadera —. Te llevaría yo pero… Mírame, no estoy presentable. — se disculpó, con un pequeño sonrojo.

— No te preocupes, te lo agradezco mucho. — urgió Sakura, con un gesto agradecido —. Nos vemos luego. — se despidió.

La pelirroja le sonrió y le vio bajar las escaleras hasta el vestíbulo, prácticamente corrió a la calle para tomar un taxi.

En el fondo de su mente, en un acto contradictorio, esperaba no volver a ver a Minato, pero en el fondo, también deseaba verlo. Sin embargo, algo le decía que no sería lo más grato del mundo…

Soltó un suspiro tomando un respiro hondo, y había algo más…

Tendría suerte si ese día no acababa muerta.


Notas:

Hitomi Hakera, lamento que no te guste el NaruSaku, es una pareja que me gusta leer pero pocas veces incursiono en ella. Esta pareja se me hizo crack pero muy buena para diversidad de situaciones, igual espero que te guste algo en algún momento. No te preocupes, comenta cuando puedas, a ver si te agrada la lectura.

Andy, wendo-chan. Gracias por leer, cuídense y feliz año.

Nos veremos en la próxima actualización.