Daré las indicaciones de siempre.

Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

"Pensamientos".

Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

OC's.

Género: Romance | Drama.

Clasificación: T | M.

Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.

Nota de Autor:

Hola.

Por aquí de nuevo, la verdad es que no tengo mucho que decir más que he tenido algunos problemas para escribir y por ende para actualizar. Varias me pidieron una escena así, no sé que tan hot o guarra puede ser (lo intenté lo juro), quería que Minato fuera un poco "hot", aunque creo que no me salió bien... En fin, espero que les guste, en todo caso ya saben como hacerme llegar sus dudas. Abajo en la cajita de comentarios.

Agradezco mucho sus reviews, favorite y follows, además de su apoyo con este problema del dizque plagio que he hecho... También les invito a que se pasen por mi dual con NoOnis, se llama: Konoha High School of Terror, está muy bueno, no se arrepentirán de leerlo. Ahora me despido, les mando un abrazo de oso y un beso. Hasta la próxima.


Capítulo VII.

.

‹‹Cuanto mayor es el placer sexual del hombre, mayor es la felicidad de la mujer››.

Platón.

.

Más que atracción.


Minato se consideraba un hombre feliz, pleno y amable. A pesar de haber tenido una infructuosa relación con Kushina, la madre biológica de su hijo. De las penurias que tuvo que pasar en su vida como padre soltero, sin más ayuda que la de Jiraiya y alguna que otra alma caritativa que le brindaba consejos para criar a su retoño. Él no se veía a sí mismo como una mala persona, menos como un hombre inmoral. De hecho, sus parejas sexuales siempre fueron discretas y las contaba con los dedos de una sola mano. Todo para no darle un mal ejemplo a Naruto. Y porque como todo ser humano, tenía necesidades fisiológicas que requería satisfacer. Tampoco era un santo.

Minato desconocía las palabras posesión y lujuria desenfrenada, hasta que conoció a Sakura aquella noche en la que se permitió abandonarse al desenfrenado deseo, que no sabía que poseía pero que ahora lo dominaba casi por completo. No imaginó que una mujer fuese capaz de despertar en él un apetito sexual descomedido con una sonrisa, una mirada o un simple movimiento de caderas mientras caminaba acomodando un montón de carpetas en los archivadores. Sus ojos azules recorrieron la delicada silueta de la joven de cabellos rosados lascivamente, mientras se desplazaba de un archivador a otro. Minato le había dicho que la esperaría hasta que terminara de ordenar aquellos expedientes.

El hombre supo en ese momento que había cometido un gran error, que debió pasar de largo, pero al ver las luces encendidas en el lugar sintió curiosidad. Como si una fuerza extraña clamara su nombre y lo arrastrara voluntariamente hacia las puertas del infierno. Porque así era precisamente como se sentía cada vez que veía a Sakura. Contemplarla en las labores más sencillas de la oficina echaba a volar su imaginación. Fantaseaba con tomarla entre sus brazos y hacerle el amor sobre el escritorio de su oficina, el sofá o una silla.

"¡Joder! No te vayas por ahí Minato…", advirtió una voz en su interior.

El rubio se tragó una maldición y un gruñido, al sentir los pantalones apretarle en la entrepierna, sus orbes se nublaron de pasión. No podía pensar en eso, él le prometió que dejarían todo eso atrás, que olvidarían lo sucedido y seguirían con su vida. La realidad era que Minato no quería ignorar lo ocurrido entre ellos en aquella fiesta. Sobre todo si tenía su presencia revoloteando todos los días por las oficinas, con su perfume aletargándole los sentidos… Era un hombre noble, pero tampoco estaba hecho de piedra. Debía estar enfermo, porque su deseo por esa mujer era inhumano, nocivo, insano e indecente. Quería poseerla de formas que…

"Mierda".

Su excitación crecía con sus pensamientos y su mirada se tornaba cada vez más obscena… La observó de nuevo, Sakura parecía tan ajena a sus intenciones que, por un momento, por un insignificante instante, su dulce inocencia le sublevó las aspiraciones.

"¿Por qué no?", instó una impúdica voz en su interior.

Bastaba con que se pusiera de pie, diera un par de pasos, la tomara por la cintura y enterrara su rostro en la mata de cabellos rosas. ¡Basta! Si seguía por ese camino terminaría por ceder a sus impulsos y él le ofreció un convenio.

¡Debía respetarlo con un demonio!

.

.

.

Sakura miraba los nombres de las carpetas como si se tratara de un acertijo, no conseguía relacionar los apelativos con los archivadores y eso le estaba llevando bastante tiempo. Cuanto más tardara, más tiempo pasaría en esa habitación con Minato. Percibía su intensa mirada azul aunque estuviera de espalda, traspasándole la ropa y quemándole la piel.

"Lo que te gustaría arder, ¿verdad?", pinchó esa voz irónica en su mente.

Sakura agitó la cabeza espantada por ese pensamiento, se suponía que no debería seguir pensando cosas indecentes, menos si el objeto de su razonamiento se encontraba en el mismo lugar que ella y, peor aún, si se trataba del padre de uno de sus mejores amigos. Negó de nuevo, estaba nerviosa, necesitaba un respiro para estabilizar sus pensamientos. Posó las carpetas encima del mueble negro que tenía enfrente, cerró los ojos y respiró profundamente. Le impresionaba las sensaciones que Minato le provocaba con su presencia, con la sola evocación de su imagen, con el sonido de su voz…, con ese olor masculino y viril que desprendía cuando lo tenía cerca… Dios la ayudara, sus piernas flaqueaban nada más imaginarlo acariciándola como aquella noche.

Ensimismada, no se percató que Minato se acercaba. Una embriagadora fragancia a cerezos inundó las fosas nasales de él y, esperando más aún la tomó por la cintura.

— Sakura… — lo escuchó susurrar.

El cálido y suave cuerpo femenino osciló entre sus brazos, se estremeció gustosa. Dejó caer la cabeza hacia atrás apoyándola contra su pecho, Minato la estrechó contra su cuerpo excitado y ardiente.

— Esto no debería pasar — murmuró ansiosa, cuando él comenzó a desabrocharle la chaqueta botón por botón.

El aliento masculino soplaba caliente su mejilla izquierda, jadeó entusiasmada cuando le apretó suavemente un seno. Minato esbozó una sonrisa ladina y bisbiseó a su oído con voz ronca y lenta.

— No debería, pero lo deseas — dijo acariciando a lo largo de sus costados, hasta llegar al borde de su falda.

El rubio enterró la nariz en el cabello de ella y aspiró su olor. Aquel aroma era fresco y dulce. Inocente. Mientras que Sakura se mantenía alejada, él había tratado de conservar a raya su deseo sin tener éxito. Su miembro se agitó dentro de sus pantalones y la estrujó para que pudiera sentirlo, ella jadeó frotándose, afectada por la prominencia de su ardor.

Su atracción por Sakura era demasiado grande, demasiado fuerte… Había intentado disuadir ese pensamiento enfermizo que traspasaba la moral por todos los medios posibles.

"Sabes que la deseas… Puedes poseerla de nuevo si quieres".

Minato se había negado rotundamente a esa idea, a esa voz enardecedora dentro de su cabeza. A ese pensamiento perverso que ahora le hacía perder la cordura… Pero se conocía lo suficiente como para saber que no se quedaría sosegado ante su presencia, él era consciente que tarde o temprano cedería a sus impulsos, y que posiblemente después se arrepentiría.

"Tal vez no…", se dijo a sí mismo, dándose valor para continuar con lo que su cuerpo le pedía a gritos.

No quería dar tiempo a protestas, así que manteniendo esa posición descendió su cabeza, Sakura ladeó un poco la suya para que pudiera besarla. Tenía los labios carnosos y húmedos por los nervios, vibraba como una hoja de papel. Ella abrió la boca permitiéndole entrar y acariciar su lengua de forma exquisita, Sakura correspondió jugando ávidamente con la de él. Minato le tocó los senos, pequeños y firmes, palpó sus pezones erectos por encima de la blusa.

Sakura gimió; Minato dejó de pensar de forma racional y se nubló por las tinieblas íntimas del deseo y la lujuria. Reconoció que la postura de Sakura solamente lo alentó de forma malvada, de sus ansias por complacerla y hacerla temblar.

— Ven conmigo — murmuró Minato.

Sakura se sintió desilusionada por un momento cuando él se alejó rompiendo el beso, sus manos todavía acariciaban sus senos y su falda continuaba enrollada arriba de su cintura. No se había percatado de lo fuerte que era su deseo por el padre de su mejor amigo hasta que éste la tocó, ahora temía que se arrepintiera y la humillara. Toda duda quedó enmudecida al verlo esbozar una sonrisa ladina, que solo sirvió para humedecerla más. Quería sentirlo de nuevo enterrándose profundamente dentro de ella… ¡Cómo lo deseaba!

Por su parte, Minato estaba seguro que si bajaba su cremallera en ese instante la mataría de un susto. Estaba tan excitado que le costaba controlarse, tocarla delicadamente sin saltar sobre ella y hacerle el amor salvajemente contra la pared. La guió hasta el escritorio y la despojó de sus bragas, bajó la vista y contempló una fina línea perfectamente depilada que lo guiaba hacia aquella flor apetitosa. Frotó suavemente, Sakura gimió y se estremeció llena de sofoco. Cerró los ojos, se sujetó de los brazos de Minato y dejó caer su cabeza, descansando la frente sobre el fuerte pecho masculino.

— ¿Te gusta? — escuchó un susurro sensual cerca de su oído derecho, mientras la acariciaba íntimamente.

Ella no pudo articular palabra, simplemente le dio una afirmación con la cabeza sin levantarla de su lugar. Minato sonrió, era tan inocente, tan inexperta… ¡Dios! No soportaría por mucho tiempo más, Sakura vibraba de ansiedad e impaciencia.

— No tiembles, pequeña — el mote era bonito, era afectuoso y suyo —. Date la vuelta y mira hacia la pared — pidió, Sakura estaba ardiendo en deseo por ser poseída —. Apoya las manos sobre el escritorio.

Ella respiró profundamente e hizo lo que le dijo.

— Separa las piernas… — Minato le besó la nuca y se colocó detrás de ella —. Inclínate.

En ese momento, el rubio daba gracias sinceras que no viera las condiciones en las que se encontraba, tenía un empalme que aseguraba le causaría muchos temores. Liberó su erección y finalmente la tomó de las caderas para penetrarla, resbaló dentro de ella con la deliciosa sensación de que se abría paso para llegar al paraíso. Le acarició las caderas, tenía la piel suave y la espalda recta, sintió una enorme descarga de placer abriéndose paso entre ambos.

Metió las manos entre los muslos y separó los delicados labios con las manos. ¡Carajo! Iba a morir de placer con esa mujer, hacía mucho tiempo que no le hacía el amor a una fémina de esa manera. La penetró despacio, su pelvis le rozó las nalgas y Sakura gimió descaradamente, cerrando los ojos sujetándose con fuerza al escritorio. También lo disfrutaba, porque jadeaba de placer. Minato tiró de ella hasta hacerla llegar a su pecho y se acercó a su oído para susurrarle unas palabras.

— Eso es, pequeña, abandónate y disfrútalo… Vente para mí.

Sakura lloriqueó sonoramente, sin importarle si todavía había alguien rondando las oficinas. En ese momento todo dejó de tener significado para ella. Minato apretó sus pechos y comenzó a moverse lentamente dentro de ella. Estaba tan excitada que acompañaba sus embestidas y gemía con cada arremetida. El rubio estaba igual de abstraído, se hallaba tan excitado y ansioso para prestar atención a lo que le rodeaba. Llevaba demasiado tiempo aplacando su intención por poseerla de nuevo. Sencillamente se abandonó al sentimiento de lujuriosa posesión que tenía sobre Sakura, alejado de la realidad, con el sexo empapado que deslizaba la capa superior de su miembro hacia atrás. En ese momento no le importaba en absoluto las consecuencias. El cosquilleo en su cuerpo desgraciadamente anunció que estaba pronto a terminarse. Un terrible calambre de placer se apoderó de ambos, les hizo perder la consciencia de lo que pasaba durante segundos intensos.

Sakura cayó casi inconsciente sobre el escritorio, él la sostuvo suavemente entre sus brazos para que no se lastimara, prolongando la estadía y la calidez que lo envolvía en su interior. Unos minutos más no le harían daño a nadie.

.

.

.

Sakura quería que la tierra la tragara en ese preciso instante. O mejor aún, que algún ser infernal hiciera acto de presencia y la desapareciera. En cualquier caso, decidió no mirar a Minato mientras se ponía las bragas y arreglaba su falda. Su vergüenza era tan grande, que su cuerpo temblaba lleno de estupor. No solo por la pasión que habían compartido, sino porque se vio avasallada por la intensa emoción de ser poseída por él. ¡Era el padre de su mejor amigo, por el amor de Dios! ¿Cómo podía desearlo tanto, con tanta intensidad?

El ruido de sus pasos la tensó, sus hombros oscilaron y sus ojos se nublaron. ¿Por qué sentía tantas ganas de llorar?

"A lo mejor porque sabes que ahora viene el rechazo", recordó cruelmente esa voz interior.

Sakura se tragó un sollozo, lo cierto era que para el padre de su mejor amigo esta era otra aventura más. O por lo menos trataba de convencerse que era así, para que la despedida doliera menos.

— ¿Sakura? — llamó él con su voz agradable.

Ella no se sintió capaz de elevar la mirada, simplemente arregló su falda y abotonó su chaqueta con dedos temblorosos. No quería verlo, se sentía culpable y torpe… El corazón le latía con fuerza, quería salir, correr, huir… Pero se quedó ahí, sin saber qué hacer ni que decir.

Minato se acercó a ella y la tomó de la barbilla para que lo viera, en el instante que los ojos verdes se encontraron con los suyos enrojeció. Sakura era tan dulce e inocente, que le provocaba estrecharla entre sus brazos y perderse en su aroma eternamente. Acababa de romper su palabra, de mancillar su pacto y hacerle el amor contra un escritorio. Las cosas cambian drásticamente. Ahora ya no podían ignorarlas, esta vez Minato no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad. Aunque le pareciera una idea descabellada, tomando en cuenta que ella era una niña y él… Bueno, un hombre maduro.

Dios lo ayudara, pero no quería que esa relación se acabara, por muy insano o enfermizo que pareciera.

— Yo… — titubeó la peli-rosa.

Minato suspiró, tenían que hablar, sin embargo, no lo haría en ese momento.

— Ve por tus cosas, te llevaré a tu casa — dijo, contempló sus ojos verdes perder su brillo, estaba decepcionada. Entonces sonrió, cogió su cara con ambas manos y le dio un dulce beso en los labios, ella correspondió instintivamente —. Hablaremos de esto más tarde — prometió.

Sakura asintió ruborizada, se separó de él un poco reacia y se dirigió por sus cosas.

En definitiva tenían muchas cosas que aclarar.