II
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Era bastante graciosa la forma en la que un príncipe, acostumbrado a controlar todo a su alrededor, perdiera el temple por una chica estúpidamente inocente y desesperadamente correcta…
Una chica que era como una perfecta y luminiscente estrella.
Verla blandir la espada en sus manos no solo le estaba quemando las neuronas, también lo estaba excitando.
Lo estaba excitando mucho.
Los gráciles movimientos de esa niña le estaban provocando un problema apremiante en sus pantalones.
Probablemente tenía que ver con el hecho de que había pasado tiempo desde la última vez que una mujer calentó su cama, aunque era anormal la emoción primitiva que esa pequeña mocosa despertaba en él, veía totalmente perdido los movimientos de sus piernas, las cuales deseaba que estuvieran enredadas en su cintura. Tratando de olvidarse de ello quiso enfocar su vista en otra cosa, lamentablemente lo único que capto su atención fue su bamboleante pecho, que saltaba deliciosamente ante sus movimientos. Pensó distraídamente que ni la mejor de sus amantes le había provocado una reacción tan visceral por hacer prácticamente nada. Era claro que esa niña no estaba haciendo nada excitante pero, sin embargo, deseó comérsela en ese mismo instante.
Que extraño
Él nunca había sido reconocido por ser alguien paciente, iba y tomaba lo que quería, en el momento que lo quería; así era su personalidad y esa era la razón por la que había conquistado tantos reinos. Pero en ese momento estaba parado como un idiota, observando a la chica, embelesado y sin saber qué hacer. Observo cuidadosamente como es que el vestido descendía un poco más en su escote, los movimientos de ella eran salvajes y el enorme vestido no podía soportar la violenta agilidad de su portadora, a él llegó la impresión de que si ella continuaba de esa forma, en un rato más podría ver la plenitud de sus pechos… lo que no ayudó en nada a su excitación.
A la izquierda, luego a la derecha, por arriba y abajo para terminar en una voltereta y atacar por su espalda; parecía que la chica estaba rodeada de enemigos imaginarios y les estaba dando pelea a todos.
Dejando de actuar como un idiota sin neuronas comenzó a avanzar hacia ella, sabía que no podía hacer nada, ella aún no era su prometida, era una niña virgen de la aristocracia, pero tener claro lo incorrecto de su acción no logró menguar sus pasos. La pequeña estaba tan concentrada en su batalla imaginaria que no llegó a notar el depredador acercamiento de él.
Craso error fierecilla, siempre debes estar alerta a nuevos enemigos.
Una vez estuvo lo suficientemente cerca de ella, jaló la muñeca donde ella portaba su espada y se la arrebató de un tirón, un movimiento por demás básico en la lucha cuerpo a cuerpo pero que para ella no era conocido, puesto que la expresión conmocionada de su rostro era muy obvia y eso le encantó, le emocionó la idea de que él fuera quien sacara tan emotivas reacciones en ella, después de todo, la castaña se la había pasado con un rostro inexpresivo durante toda la velada, exceptuando ese pequeño lapsus cuando le dio la impresión de estar leyendo sus intenciones. Antes de que la de los ojos miel pudiese hacer algo; usó su otra mano para rodear su nuca, acercar su rostro al propio y robarle un beso de sus labios color cereza; con una de sus manos sosteniendo su nuca y la otra aferrada a su muñeca diestra, la chica no tuvo escapatoria.
Sabia en una parte de su subconsciente que la castaña, que era un intento de pelirroja, debía de tener nula experiencia con los hombres pero eso no le impidió apoderarse de su boca con un beso demandante y, hasta cierto punto, lo excitaba aún más el conocimiento de que era el primero que osaba estar tan cerca de ella y probar por primera vez el sabor de sus labios. Al inicio ella se mantuvo estoica y congelada ante su intrusiva caricia, pero conforme pasaba el tiempo ella comenzó a responder con torpes movimientos de sus labios y lengua, como si tratase de imitar lo que él le estaba haciendo; el azabache tomó esa acción como una aceptación de lo que estaba haciendo y una invitación a hacer más. Sin perder tiempo, soltó su muñeca y uso esa mano para arrancarle el flojo y feo vestido, la mano que sostenía su nuca descendió a la altura de sus omoplatos y pegó el cuerpo de la chica al suyo; la sintió temblar en medio de su acción pero no supo discernir si ella tembló por el beso que él se negaba a deshacer, por encontrarse desnuda de la cintura hacia arriba en frente de un hombre, por la forma agresiva en la que la aferró a él o por la brisa fresca de la noche, fuese lo que fuese, su trémulo actuar no hizo más que agradarle al de ojos plata.
Cuando sintió la falta de oxígeno y el escozor de sus labios no tuvo otra opción más que deshacer la caricia, pero antes de que el intento de pelirroja pudiese reaccionar la tumbo en el suelo y se posiciono sobre ella. En su cabeza no dejaban de sonar todas las alarmas de lo incorrecto de su actuar, ella era una niña virgen de buena familia y su prospecto a futura esposa, si avanzaba más, podría no lograr comprometerla con él; pero para ese punto era incapaz de detenerse. Los gemidos que salían de la femenina boca no hacían más que motivar su invasivo toque y luego, en medio de la noche, la embriagante y dulce voz de ella se escuchó: ─ ¡Kazuto-sama hazme tuya!
Y cuando escuchó la ferviente declaración de ella, dada en un necesitado grito, supo lo que estaba sucediendo.
Este es otro maldito sueño
…
Se levantó con rudeza de su cama, tomando su cabeza en señal de furia.
Todo su cuerpo le dolía y sus músculos se contraían como si estuviera expuesto a una actividad física extenuante. Muchas gotas de sudor recorrían su rígida piel.
Duele
Estaba seguro de que si en ese momento se enfrentara a un ejército de enemigos los derrotaría, no solo los derrotaría, sino que convertiría la lucha en una total masacre. Contó hasta diez para luego voltear a ver a su cama que se encontraba desecha, pero totalmente vacía. La realidad lo chocó de frente y lo molestó como si hubiera sido la primera vez.
Duele demasiado
El príncipe heredero al trono no podía dejar de cuestionarse como había llegado a tan patético estado; teniendo continuos sueños eróticos con su casi prometida. No podía dejar de soñar con ella desde la cena a la que había asistido en la mansión Yuuki, ya habían pasado tres meses y sus sueños simplemente no mermaban. Tres dolorosos meses, en los que no dejaba de pensar en esa noche, en ese jardín y en esa niña, mientras su trastornada mente no dejaba de crear escenarios en donde se saciaba de aquella niña; provocando que a diario despertara frustrado en ese triste y patético estado.
La realidad de las cosas fue que dejó de pensar en el tiempo mientras veía su sonrisa y trataba de menguar su excitación, era obvio que la chica amaba practicar su esgrima, se le veía tan feliz, tan apasionada y él, inconscientemente se la imagino sonriendo con la misma felicidad por y para él, eso le asustó y como el cobarde que nunca había sido hasta el momento, huyó… lejos de esa niña, lejos de su estrella. Pero esa huida le había salido cara, no dejaba de pensar en ella día y noche, se estaba obsesionado con la hija del duque Yuuki y no podía detenerse, tampoco estaba seguro de querer hacerlo.
Para colmo de sus males el duque Yuuki había resultado un hueso duro de roer, estaba claro el amor y devoción que le tenía a su hija así que velaba demasiando por su bienestar y no estaba seguro de entregársela. Supo porque Asuna había hecho de su vida lo que quiso, porque se le permitía su comportamiento a pesar de ser llamada excéntrica y a pesar del descontento de la duquesa, su padre la amaba demasiado y la tenía completamente mimada, haciendo su voluntad, algo inédito para una mujer que pertenece a la aristocracia. Su única aliada en esa mansión era la manipulable duquesa y ni ella estaba siendo tan efectiva contra el mimador padre. Pero, por fin, después de tres meses continuos de tortura tenía campo abierto para cortejar a la pequeña dama guerrera; ese día, por la tarde daría el tiro de gracia para comprometerla con él y luego, sería su escolta en un tonto baile de etiqueta. Estaba decidido a seducirla y a imponer su compromiso ante la sociedad, por las buenas o por las malas; quería evitar un escándalo pero si no le quedaba otra opción tendría que verse en la necesidad de hacer uno lo suficientemente desagradable como para obligarla a casarse con él. Por su futuro reinado y porque no iba a aceptar a otra reina que no fuera ella. Casándose con ella sometería a esos alzados aristócratas que se querían levantar por encima de él antes de que lo hicieran y el punto más importante…
La deseaba tanto que dolía, necesitaba que esa niña le perteneciera a él y solamente a él.
Había instalado a un espía en la casa Yuuki; un criado que le daba reportes diarios de los movimientos que se hacían en esa mansión, enfocados en su futura reina. Descubrió que la pequeña era toda una genio, no solamente la duquesa estaba detrás de su fortuna, si no también ella, tenía una enorme capacidad de dirección puesto que manejaba a los criados con mano de hierro y por sobre todas las cosas era una mujer inteligente. Arte, historia, guerra, comercio, relaciones exteriores, el orgullo como un noble para proteger al pueblo, así como la dignidad; todos los ámbitos que normalmente se le enseñaban a los hombres y a las mujeres se le habían mantenido ignorantes, ella los manejaba, todo a causa de su interés y su mimador padre.
Sin siquiera saberlo, Shouzou Yuuki había criado a una reina.
Un requisito importante para la realeza era carecer de estupidez, especialmente la reina, ella tenía que parecer tan estúpida como cualquier otra noble pero no tener ni un gramo de ello, por eso mismo cualquier compromiso era pactado desde edades muy tempranas, para educar correctamente a quienes se asociaran a la realeza; pero sus padres habían muerto antes de que eso sucediera y ninguna de las personas que quedaron a su cargo se atrevió a comprometerlo. Sabía que la niña era una boba en cuanto a las relaciones interpersonales, tanto como él antes de educarse, pero eso era algo fácilmente arreglable. El azabache mismo había tardado menos de un año en tener a la aristocracia comiendo de su mano.
Cuando sintió el sol darle de lleno en la cara supo que había pasado horas cavilando sobre su futura reina, al punto en que ya había amanecido y él tenía cosas que hacer, llevar a cuestas un reino no era nada fácil.
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─ Su alteza le ha llegado esta correspondencia ─ al levantar la vista hacia el montón de papeles que se le ofrecían en una pulcra bandeja dio un asentimiento de cabeza para después tomarlos, observo con fastidio que la mayoría de las cartas eran invitaciones de familias nobles, probablemente para que fuera a tomar el té con ellos o algo parecido; desechó con fastidio cada una de las cartas una por una, hasta que se topó con una que tenía el sello de la familia Yuuki.
Al girar la carta entre sus manos percibió un olor dulzón desprenderse de ella, olor dulzón de un perfume femenino, cuando fijó su vista en el remitente vio el nombre de Asuna Yuuki grabado en él. La carta parecía hecha para un amante, algo totalmente impropio e increíblemente falso que viniera de la señorita, que los últimos tres meses parecía indiferente a sus avances. Al abrirla y leer con atención el contenido, captó inmediatamente que estaba sucediendo, la duquesa Yuuki fue quien se la mandó, en nombre de su hija.
Hizo añicos la carta y luego se levantó de su mesa para dirigirse a la chimenea de su estudio y lanzarla al fuego, si la duquesa Yuuki quería agradarlo solo estaba logrando molestarlo. La carta solo decía tontas frases anhelantes sobre esperarlo aquella noche, pero él no era ningún idiota, sabía que Asuna sentía molestia por tener que ir al baile con él, molestia que en secreto le encantaba. El intento de pelirroja estaba siendo totalmente fría y altiva con él, buscando esconder su personalidad pero cada vez le estaba resultando más difícil hacerlo, lo notaba por los relámpagos de ira que se podían observar en sus ojos cada vez que mencionó el baile las pocas veces que se encontraron. Todo el mundo la veía como una niña sosa y desgravada, él mismo la vio al inicio así, pero ella ocultaba su personalidad de fuego, misma personalidad que vio aquella noche sin estrellas y que volvió a ver cuando ella no podía contener su ira de forma absoluta.
Tenía que sacar a relucir esa personalidad, sino nunca iba a llegar a ella.
Volteo a ver a su silencioso criado que se mantenía a una distancia prudente de él por si le daba alguna orden ─ Prepara todo para la visita del Duque Yuuki, lo recibiré en el salón de artes y cuando él esté aquí, llamenme inmediatamente.
Cuando el criado dio la típica reverencia protocolaria, el príncipe se dirigió hacia su escritorio para continuar con su trabajo. Había que terminar todo antes de ir a ver a su futura prometida.
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Según la práctica habitual, cuando una pareja asistía a un evento juntos, el hombre en cuestión iba en su carruaje a la casa de la señorita a la que escoltaría acompañado por un asistente, sería recibido con cortesía y luego sería invitado al salón principal de la casa a esperar a que la joven dama estuviese preparada. El príncipe no era una excepción a este comportamiento protocolar entre los nobles, así que se encontraba en el salón principal de la familia Yuuki esperando a que su niña bajara.
Cuando ella por fin descendió desde su habitación al salón principal de la casa, embelesó aún más al príncipe. El hermoso cabello castaño rojizo brillaba bajo la luz que entraba por la ventana, y los ojos color ámbar dolorosamente mostraban su brillo. Estaba claramente en desacuerdo e infeliz por asistir al baile con él y probablemente su padre ya le había informado de su compromiso recién pactado. Su piel blanca era animada por un par de labios de tono coral que, contrariamente a su sentimiento, formaba suavemente un arco. Desbordante de encanto, como si una diosa perfecta hubiera descendido, su apariencia sólo podría ser descrita como divina.
Abrumado por tanta belleza, el asistente del príncipe parpadeó y se olvidó de moverse, pero al instante se acordó de su propio trabajo y logró evitar ser considerado sospechoso por su maestro. En cambio, el príncipe en cuestión se encontraba molesto y desconcertado, esperaba ver un vestido horrendo y una apariencia sosa. No a la belleza finamente maquillada frente a él, quién portaba un vestido de tela tejida con hilos de tonos plata y azul, que parecía desprender un brillo peculiar. Cuando se ve, se vería como un vestido azul, pero al mismo tiempo daría la impresión de ser un tono plateado con un claro y prominente escote.
Dedujo que esa era otra de las artimañas de la duquesa.
Un sentimiento de malestar lo invadió al ver que incluso su asistente estaba embelesado por su pareja. No quería que nadie más se embelesara por ella.
─ Asuna, usted se ve encantadora esta noche. ─ Él, sin ninguna diferencia de lo habitual, mostró una suave y falsa sonrisa al acercarse a ella, ocultando los turbios pensamientos de su mente.
Los ojos de ella volvieron a relampaguear de furia y molestia con toques de indignación, como los relámpagos que se ven antes de que inicie una tormenta. Para prevenir el hacer un alboroto, Asuna evitó su mirada, y luego hizo una reverencia.
─ Es un gran honor recibir su elogio, Alteza
La mano del príncipe azabache estaba tendida frente a los ojos de la hija del duque, y ella con una mezcla de tristeza y furia tomó esa mano.
Aquel que sonrió mientras contemplaba a su prometida, que brillaba como la Diosa de la luna, no fue notado por ella en absoluto.
Dentro del carruaje real se encontraban el príncipe real y su asistente así como la hija del conde Yuuki y una doncella rubia de cabellos cortos, que pertenecía a la hija Yuuki. El interior del carruaje del palacio real era más ancho que el carro normal, e incluso si cuatro personas viajaban en él, no sería agobiante en absoluto.
Kazuto, el príncipe, por alguna razón hizo sentar a Asuna a su lado. A pesar de que la etiqueta marcara que se debían sentar uno frente al otro, lo que hizo sorprender a la doncella y al asistente, pero no hubo ningún signo que provocara preocupación en la mente de la chica noble. La doncella que quería sentarse al lado de Asuna, le criticó — 'vulgar'.
Asuna se rehusó a verle a los ojos y a tener cualquier tipo conversación, cambió su atención por el paisaje de la ciudad que se veía desde la pequeña ventana.
— ¿Qué hiciste hoy, Asuna?
— Nada especial
Cuando ella respondió de manera cortante, se escuchó una risa irónica. — Entonces, ¿te gustaron las flores que envié el otro día?
Cuando un destello de sorpresa se marcó en los ojos ámbares, el príncipe supo que ella había obviado totalmente su presente. Aunque ella trató de responderle con indiferencia.
Eres tan expresiva, no sirves para engañar a otros.
—Sí
— ¿En serio?
─ Si… ─ De repente ella sintió su respiración cerca de su oído. Cuando trató de alejarse sorprendida, su brazo rodeó su cintura y la acercó más. Los ojos de Asuna se abrieron y miraron a Kazuto. La doncella y el asistente, también parecían sorprendidos.
─ ¿Su Alteza…?
Él sonrió encantadoramente, y susurró suavemente en su oído. ─ ¿Recuerdas, qué tipo de flores eran?
─… ─ los labios brillantes de Asuna, incapaces de responder, estaban ligeramente abiertos.
Moviendo su mirada a esos labios, murmuró. ─ Lo sabía, no debería haber enviado flores… ─ debería haberme hecho notar con otra cosa, quizás un regalo más costoso y pomposo.
─… ─ Aunque ella trató de mantenerse estoica era obvia la acusación en su mirada. Los labios parecidos a un pétalo fueron presionados fuertemente. Sus ojos parecían gritar "Incluso si te arrepientes de enviar el presente, expresarlo de esa manera es cruel".
─ La próxima vez te enviare algo diferente, algo más caro.
─ ¿Piensa su alteza, que siempre y cuando sea costoso, será de mi agrado?
Por la manera de hablar de Kazuto, parecía que Asuna era una tonta que juzgaba el valor de una cosa por su precio. La estaba enfureciendo, lo sabía. Quería provocarla y que sacara a relucir su verdadera personalidad.
El dejó escapar nuevamente una pequeña risa y sonrió para ella. Las mejillas de Asuna se pusieron rojas y luego apartó su mirada. Su nuca blanca y suave, fue expuesta frente a los ojos de Kazuto. Su castaño cabello fue rozado suavemente. Sintiendo la sensación de un dedo tocando su nuca, Asuna se dio la vuelta y en el momento siguiente su cuerpo se congeló con un sobresalto.
—Eres una chica tan mala… Para molestarme así.
El príncipe, mientras le susurraba con una voz suave, le dio un beso en la nuca a la de ojos color miel y; su cuerpo se puso rígido al sentir este tipo de sensación por primera vez.
—Yo… ¿Alteza? Ah…
Intentó apartarle, pero sin importarle, enterró la cara en la nuca de la más joven. Al ser vigilado por los asistentes que no pudieron reaccionar a la repentina situación, besó a la chica en la parte de atrás de su oreja, su nuca, su cuello y su clavícula, uno por uno, y finalmente a Asuna, quien era incapaz de reaccionar, le dio un beso en su pecho. El príncipe mirando a su pareja que se puso roja y repetidamente abría y cerraba la boca, él sonrió hechiceramente.
—Si sigues siendo tan linda, tarde o temprano, te voy a comer ¿Lo sabes?
—…s-sí… ─ Ella no entendía qué quería decir con comérsela, pero presionada por el aura oscura que emitía mientras esperaba, la de ojos color miel no pudo hacer otra cosa que asentir a cambio.
Después de angustiarla lo suficiente Kazuto decidió tomar una distancia prudente de ella, ya había sido castigo suficiente por ponerse un vestido tan hermoso y atrevido, quería que volviera a su sosa apariencia para que nadie más la notara, pero ese era un deseo imposible a esas alturas. Le daría un descanso todo lo que quedaba del trayecto hacia el baile y luego en plena fiesta la atacaría de nuevo. Ella no era indiferente a su contacto y cada vez se contenía menos, si todo marchaba bien, en menos de un año la estaría desposando.
…
Al llegar al salón de baile; Asuna y Kazuto rápidamente fueron la comidilla del lugar, todos miraban en su dirección y susurraban a sus espaldas. El príncipe quien siempre había asistido solo a esa clase de eventos ahora llevaba una acompañante, eso hizo que los rumores del príncipe cortejando a la hija de la casa Yuuki cobraran más fuerza y parecieran más creíbles. Hasta ese momento era inimaginable para las demás nobles que el príncipe real se decantara por alguien tan inepta, pero ahora todo el mundo estaba dudando y lanzándole miradas de muerte a la joven Yuuki.
Por su parte el príncipe Kazuto se estaba inquietando; convencer al duque Shouzou tomó más de lo esperado y no quería que sus enemigos crearan algún tipo de contramedida a su elección matrimonial, no desde que por fin ese día habían pactado oficialmente su compromiso, en los próximos días Shouzou Yuuki sería nombrado su primer ministro y su pequeña hija se mudaría al castillo a recibir el entrenamiento propio de la futura reina. Esa era la única razón por la que estaba en ese tonto baile de baja categoría, para anunciar su compromiso esa misma noche y que la noticia se regara como pólvora en la comunidad aristocrática. Por la mirada indignada y llena de molestia que le dedicó la pequeña Asuna, esa noche cuando fue a recogerla, ella ya estaba puesta al tanto de lo que había sucedido y le odiaba por ello. No le importaba, por lo menos ella no estaba sintiendo indiferencia hacia su persona.
Una vez que inició el baile; Asuna y Kazuto comenzaron a bailar la primera pieza. Como era el protocolo entre las parejas que se escoltan a los encuentros. Aunque Kazuto destacó en sus habilidades como bailarín, Asuna no se quedó atrás, realmente ocultaba su verdadera cara a las demás nobles, quienes no dejaban de ver a la chica con verdadero odio. Solo había una señorita con un largo cabello rubio que veía toda la escena con absoluta diversión, que no se molestaba en ocultar, al fin y al cabo, todo el mundo estaba demasiado concentrado en la pareja como para fijarse en ella.
Una vez la primera pieza terminó, todos los bailarines reverenciaban a su pareja y se estaban separando para tomar otra, cuando Asuna Yuuki quiso separase del príncipe real su cintura fue sostenida con firmeza y su mano fue fuertemente tomada, al ver la mirada de terror mezclada con sorpresa de ella, el príncipe quiso reír pero decidió hablarle y distraerla mientras comenzaban a bailar la segunda pieza: ─ ¿Qué sucede, Asuna?
─ ¿Su alteza que acaso no tiene que ir a bailar con todas las señoritas que le pidieron un baile mientras entrabamos? Eran demasiadas… ─ en ciertas ocasiones el príncipe azabache se preguntaba si su prometida no era una mujer celosa, siempre que estaban juntos mencionaba a otras mujeres como forma de reclamo, pero desecho esa idea inmediatamente, ella solo sentía desinterés y un poco de odio por su persona, en ese momento.
─ Primero quisiera bailar dos piezas con mi prometida… ─ la mirada de ella solo se puso aún más estupefacta ─ Supongo que tu padre ya te ha informado que estamos comprometidos; así que no le veo problema con anunciarlo esta misma noche.
─ Pero su alteza, el compromiso es tan reciente ─ ella comenzó a bailar con él sin darse cuenta de lo que hacía o las miradas escandalizadas que le dedicaban todos en aquella sala ─ Padre dijo que sería anunciado en un futuro, no hoy mismo.
─ Está bien mi querida prometida; puedes comenzar a llamarme por mi nombre ─ él le dio un giro llamativo a ella en medio de la pieza para después aferrarla aún más a su cuerpo, cuando volvió a hablar una nota de diversión se colaba por su voz ─ ciertamente el duque Yuuki y yo pactamos que lo mejor era anunciarlo en el futuro, pero creo que lo más conveniente es hacerlo esta noche.
Cuando ella iba a replicar nuevamente comenzó a darle volteretas por todo el salón para no dejarla hablar con libertad y ella ya no pudo hacerlo hasta que terminó la canción. Aunque apenas terminó la melodía ella se apuró rápidamente a tomar una pequeña distancia de él para que no la obligara a bailar una tercera pieza.
─ Voy a tomar un poco de aire en el jardín su alteza. ─ Tan dignamente como pudo la joven dama le dio la espalda y se apuró hacia uno de los balcones que daban al jardín exterior.
Cuando él estuvo a punto de seguirla fue interrumpido por una risita sarcástica. Era una risa adulta, propia de una dama egoísta. ─ Buenas noches su serenísima Alteza.
─ Alicia; parece que tú nunca estas lejos ─ viéndole de forma irónica ante su claro insulto, trató de despacharla para dejarla atrás e ir tras de su prometida ─ Como puedes ver estoy ocupado…
─ ¿Acaso no me va a sacar a bailar su Alteza? ─ ella levantó la voz cuando hizo esa pregunta con la intensión de que las personas a su alrededor la escucharan claramente ─ Yo he esperado con ansias eso desde que llegue aquí, como usted lo había prometido.
El de mirada plata observó que no tenía escapatoria, no sin verse grosero frente a los demás nobles. Tomando la enguantada mano de la rubia se dirigió al centro de la pista de baile con ella a su lado. Una vez que la música los envolvió, todas les demás personas en el salón los siguieron con la mirada, pero a diferencia de con Asuna, las chicas miraban a Alice con envidia sin odio alguno, como si la respetaran. El príncipe aprovecho el ruido para reclamarle en voz baja lo que lo había estado molestando, a lo que las personas alrededor catalogaron como el susurro entre dos amantes.
─ ¿Por qué me detuviste si sabias que iba por Asuna? ─ la rubia solo le dedico una insinuante y ligera sonrisa, que provoco el sonrojo de un caballero que estaba bailando próximo a ellos. Era una reacción que habitualmente ella conseguía de los hombres y le divertía hacerlo.
Maldita
Cuando se alejaron nuevamente del resto de las parejas ella se dignó a contestarle ─ No es bueno agobiar tanto a una mujer, su serenísima Alteza. Si se presiona demasiado puede que explote.
─ ¿Y si yo quiero que explote? ─ Su indignación era palpable en su tono, a él no le gustaba que truncaran sus planes ─ No eres nadie para impedírmelo.
─ Tan rudo como siempre su serenísima Alteza ─ después de mofarse de él fue tomada de su mano izquierda y girada por todo el salón, la mezcla de la enorme falda de su vestido dorado con su cabello dio una embelesante imagen que impresionó a todos excepto al príncipe con el que bailaba ─ Debe de ver tiempo y lugar; piénselo bien su serenísima Alteza ¿Usted realmente quiere que ella explote aquí mismo?
Sabía a lo que su amiga se refería y sabía porque se lo estaba diciendo. Ella había estado experimentando de primera mano, lo que Asuna estaba haciendo con su temple, lo loco que lo estaba volviendo y lo mucho que se estaba esforzando por obtenerla. Se había convertido en el juguete divertido de Alice, lo sabía; pero también sabía que en el fondo ella quería ayudarlo. Una vez que la pieza terminó, ella le dio la protocolar reverencia y una discreta advertencia salió de sus labios antes de abandonarlo ─ Baila con otras mujeres, socializa, dale tiempo de enfriarse y cuando haya pasado el tiempo, ve por ella y ataca de nuevo. Me encargaré de que su compromiso sea la primicia de mañana.
Antes de que pudiese replicarle, le sucedió lo mismo que le sucedía en todos los bailes, alguna mujer noble se le presentó en frente con su hija a su lado y por cortesía él tuvo que invitarla a bailar.
Después de bailar varias canciones, Kazuto cansado impecablemente rechazó de forma cortes a su siguiente compañera y se dirigió hacia la dirección de un caballero noble, quien tenía una buena fama de comerciante para entablar una relación con él.
…
Cuando estaba desesperándose; porque Asuna no regresaba al salón de baile y los nobles ya lo tenían harto, Alice llegó oportunamente quejándose de cansancio y sentirse mal, pidiendo ser escoltada hacia el jardín como forma de disfrutar de la brisa nocturna y despejarse. Tomó la oportunidad que ella le dio y ambos se dirigieron al exterior en busca de Asuna. Llegaron cerca de un prominente jardín de rosas cuando una voz masculina se alzó en medio de la silenciosa noche.
—Ciertamente. Esa tela es la que manejamos, es el último producto ¿no? Es un honor que sea utilizado por Asuna-sama. Pero, por supuesto, en frente de tal belleza cualquier vestido sólo palidece en comparación.
Cuando ambos dirigieron su vista hacia donde se escuchaba la voz, observaron a Asuna sentada en un banco de color blanco y a un sujeto de pie cerca de ella, hablándole demasiando cerca para la comodidad del azabache, además de que le había hablado por su nombre, una total osadía que alguien le hablara por su nombre a la prometida del futuro rey del país, incluso aunque fuera un compromiso reciente y no todos estuvieran enterados de ello.
—No existe tal cosa… ─ era la tímida voz de Asuna que contestaba los elogios y cuando se acercaron pudieron ver como ella, al no saber cómo responder de la manera correcta, apartó los ojos que mostraban abiertamente desconcierto.
—Sólo estaba diciendo la verdad. Incluso justo ahora, viéndote contemplando el jardín desde esta terraza, mientras te iluminaba la luz de la luna, usted parecía la Diosa de la Luna. ─ la sangre del azabache ardía cada vez más, su deseo de muerte y destrucción comenzaba a ser notorio, tanto que su acompañante se apresuró a interrumpir a la pareja. Una osadía más y eliminaría al imbécil que rondaba a su prometida.
—Diosa… ─ A esa exagerada alabanza, Asuna sólo podía devolver una reacción inocente. Cuando ella ruborizadamente alzó la vista, él sujeto despreocupadamente peinó el cabello de Asuna.
Ese cabello que ni siquiera yo he acariciado con libertad; puedes darte por muerto.
—Realmente eres una dama adorable… ─ Cuando Asuna lo miró a él, que había susurrado esas pocas palabras, el sujeto gentilmente le sonrió y se marchó.
Antes de que él pudiera escapar, el azabache le dio una mirada a su acompañante ─ Nombre, casa e intereses en Asuna.
Con esa única frase Alice se apuró a seguir al imbécil que se había acercado a su prometida mientras él la encaraba con una dura y fría mirada. Si no hubiera visto sus ojos probablemente hubiera reaccionado de forma violenta, pero al ver una cruda emoción invadir sus ojos ambarinos, recuperó su temple habitual. Esa mirada estaba tan cargada de…
Desagrado
Su prometida había sentido desagrado al contacto de ese imbécil; al contrario que con él, que su contacto solo la avergonzaba y desconcertaba, eso fue como un triunfo para él y olvidó reclamarle por su descuidado actuar. ─ Hora de irnos, Asuna.
Por respuesta ella solo se levantó del banco donde se encontraba sentada y se apuró a seguirlo, sin siquiera haber notado la presencia de Alice en el lugar, o si lo hizo, no lo mencionó durante todo el trayecto de regreso a la mansión Yuuki. Trayecto que fue hecho en completo silencio, tanto Asuna como él mismo estaban inmersos en sus propios pensamientos y sus criados no se atrevieron a romperlo.
Cuando llegaron Asuna, se apuró a bajarse rápidamente del carruaje seguida de su doncella, quien solo le dedico una mirada a él antes de seguir a su maestra. Él bajó con la misma prontitud del carruaje para poder darle alcance y despedirla en la puerta de su mansión.
─ En los próximos días se preparará todo para que te mudes al castillo y tu entrenamiento de reina inicie. Hasta entonces mi querida prometida ─ antes de irse, aun levemente molesto por lo que el otro hombre hizo, tomó la mano de Asuna y besó su dorso a modo de despedida, para asegurarse de que su último contacto con un hombre haya sido el suyo. Antes de que pudiese arrepentirse de dejarla, dio media vuelta y se apuró a ingresar al carruaje. Tenía que preparar su venganza contra el imbécil que se había acercado a su prometida, una vez que Alice consiguiera la información que le había pedido.
Notas de Autora:
Pueden pensar que en este capítulo no he avanzado casi nada y Kazuto&Asuna siguen en las mismas pero en realidad si pasaron un par de cosas, no tantas como quería plasmar pero el capítulo ya se estaba haciendo muy largo y decidí cortarla aquí. Creo que esto se volverá de 4 partes o la tercera podría ser kilométrica. Espero acabar esta historia antes de que acabe el año.
Nos vemos
~Shine.
