III
La obsesión mezclada con la avaricia no es lo mismo que el amor; existe una diferencia tan marcada entre estos componentes, que quien sea incapaz de ver esta diferencia, es una persona verdaderamente estúpida…
Una persona estúpidamente enamorada.
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─ Su nombre completo es Fitzgerald Malt, es el hijo mayor del conde Malt, uno de los nobles más ricos y con gran influencia dentro de la aristocracia de Sommevesle y de los reinos aledaños ─ la rubia chica que presentaba su informe dio una pausa para observar a su interlocutor, quien solo se mantenía viéndola fijamente sin expresión, con su copa de vino a medio camino. Ella lo conocía lo suficiente como para saber que, cuando el príncipe heredero al trono estaba a punto de explotar él se mostraba exageradamente tranquilo e inexpresivo ─ su riqueza proviene de su compañía, industrias Malta; manejan todo tipo de telas exóticas y de primera categoría, joyas y perfumería, entre otras cosas. Para resumir; manejan todos los gustos de la nobleza y en lo que normalmente las personas ricas tiran su dinero.
La hija del conde Schuberg pudo apreciar como el gobernante de su reino se levantaba lentamente de la silla donde estaba sentado y rodeó su escritorio, que en ese momento se encontraba lleno de papeles, para después dirigirse a la chimenea y lanzar la copa de vino que apenas había probado. El violento sonido de la copa al quebrarse más el avivamiento de las llamas por el alcohol la sorprendió, mas no la asusto, ella no era una debilucha fácilmente impresionable.
─ El conde Malt es una de las sanguijuelas mejor pegadas al duque Yuuki, quien más cosecha beneficios y quién más quiere usarlo como monigote contra mí ─ dijo Kazuto con un tono mortal impregnado en su voz, dándole la espalda a la única persona que lo acompañaba en su estudio ─ Y ahora el malnacido tiene la mirada puesta en mi reina…
─ Tal vez a ese tal Fitzgerald le atrae Asuna-sama ─ después de externar su opinión la chica recibió una mirada de burla que parecía gritarle que no fuera estúpida.
─ Dime una cosa Alicia ─ ella le frunció el ceño en respuesta, sabía mejor que nadie que cuando la llamaba "Alicia" era porque lo había sacado de quicio; desde que ella llegó no había hecho el idiota, así que no entendía el origen de la molestia ─ ¿Por qué esa inmundicia se interesó en ella hasta ahora? Ese maldito conde ha estado tratando de cosechar beneficios del duque Yuuki desde hace años; si tuviese un interés directo en mi reina lo hubiese exteriorizado desde hace mucho.
─ Tal vez porque ella se veía como una mujer ese día en el baile, antes de ese día parecía un ratón amorfo.
─ Otra cosa que le tengo que agradecer a esa condenada duquesa Yuuki, pero no es eso querida; estás actuando como una tonta, dale un uso a esa cabeza tuya y pon a trabajar ese cerebro ─ la hija del conde Schuberg se vio tentada a contestarle con una de sus típicas respuestas cargadas de veneno. Ese era uno de los pocos días en el que ella no estaba haciendo burla de nada, actuando seriamente y, el imbécil real se descargaba en ella, pero se contuvo a si misma; era la primera vez que lo veía de esa forma, si ella no se equivocaba juraría que el pequeño mimando berrinchudo estaba enamorado. El amor era una cosa muy seria para ella; jamás haría uso de ello para sus burlas.
─ ¿Habrá escuchado del compromiso? ─ al ver como la oscura cabeza asentía sin siquiera girarse a darle una mirada, con ambas manos apoyadas en repisa encima de la chimenea, lo cuestionó ─ Pero ¿Cómo podría? Se supone que el duque Yuuki quería mantenerlo en secreto por el momento para dejar que su bebé se adaptara a la idea y yo me encargue de esparcir el chisme hasta el día siguiente; no hay pauta para que se diera por enterado.
─ Así como yo puse un espía en la mansión Yuuki me figuro que ese imbécil también lo puso, así fue como consiguió información tan "confidencial"; por eso mi apuro a que todo el mundo se enterara de forma oficial. Me molestan los contratiempos ─ por la forma en la que hablaba y lo blancos que se veían los dedos del príncipe, producto de estar apretando fuertemente la repisa de la chimenea, dedujo que tenía una sed de sangre inmensa.
A ella no le agradó su forma de ver las cosas, no podía dejar de preguntarse él porque era tan difícil para él admitir que otro hombre podría estar interesado en la chica Yuuki. A su parecer, siempre se había visto como una mocosa desgravada y en el último baile demostró que podría ser toda una mujer si quería. No le parecía tan extraño que la pequeña hija del duque captara la atención de otros hombres, pero al idiota frente a ella sí.
─ ¿Tan inaudito te parece que ella despierte la atención masculina? ─ ante su pregunta, el azabache se giró rápidamente hacia ella, dedicándole una mirada cargada de odio, a forma de contestación. A la rubia no le importó, estaba tan adaptada a esas miradas de muerte que simplemente ya no tenían ningún efecto en ella, pero al menos, le dejaba en claro lo que sucedía; no era que el grandísimo idiota real no creyera que la chica Yuuki podría despertar la atención masculina, era que él no quería creer en esa posibilidad.
¿Estás celoso, su estúpida y serenísima alteza?
─ Creo que ahora que ella va a venir a mi castillo será todo más fácil ─ la mirada pensativa del príncipe se perdió en los confines del jardín que se lograban ver por la ventana del estudio ─ no creo que nadie se atreva a hacer una jugada sobre mi reina una vez que inicie su entrenamiento. Aun así, le daré a ese estúpido heredero un escarmiento digno de su falta.
─ ¿Y cuál fue esa falta tan grande como para que tengas esa expresión asesina?
─ Ser intimo con la reina, claro está; le toco el cabello y la trató con familiaridad, sabes que si otra persona lo hubiese visto creería que era una reunión entre dos amantes.
─ Eso no es una falta que merezca que lo desaparezcas y ella aún no es la reina ─ la hija del conde sintió la necesidad hacerlo entrar en razón o podría meterse en un montón de problemas por actuar tan violentamente en contra de uno de sus mayores problemas dentro de la nobleza ─ a menos, que estés enamorado, entonces ese impetuoso actuar tendría sentido ¿Está enamorado Kazuto-sama?
La amiga del príncipe estaba llamándolo por su nombre, sin juegos ni burlas, para ella el amor era una cosa muy seria y definitiva, su propia experiencia la había marcado, por eso estaba dispuesta a apoyarlo si él admitía lo que ella llevaba un tiempo sospechando.
Lamentablemente, el azabache estaba tan distraído en su propia furia que no notó la seriedad de su amiga.
─ ¿Qué idioteces dices? ─ él le contestó ido, con su vista aún clavada en el jardín exterior, como si estuviese pensando en otras cosas ─ El amor es una tontería incómoda que se inventaron las personas poco racionales; ciertamente estoy obsesionado con ella y me es increíblemente conveniente por su casa, apellido y la forma en la que ha sido criada, pero nunca me he planteado una estupidez de ese grado. "Enamorarse" es para perdedores y yo, claramente, no lo soy.
Estúpido
─ Bien; eso es todo lo que tengo que decir su serenísima alteza. Me retiro del lugar ─ la rubia se retiró furiosa, antes de que su amigo pudiese decirle algo, sin dejarle entender a él la razón de su molestia.
No es como que el azabache estuviese interesado en eso, todo lo que ocupaba su mente era como destruir al imbécil del conde Malt y toda su familia; sino lo hacía, serian un estorbo en su futuro reinado. El príncipe razonó que lo mejor para él era distraerse un poco del trabajo y decidió avanzar hacia el jardín del palacio para caminar un poco; en teoría lo mejor era ignorar el intento de avance que tenía el hijo del conde sobre su reina, ella estaría llegando al castillo en las próximas horas y, una vez que estuviera dentro de este, le sería imposible a ese cualquier acercamiento sin que él o alguien del castillo estuviese siguiéndole los pasos.
El problema era que él no se sentía tan benevolente como para perdonar e ignorar, no después de que ese sujeto acariciara el suave cabello color miel de su reina, el único consuelo que portaba sobre eso es que ella había reaccionado con inmediato desagrado ante el toque, casi contrario a lo que sucedió cuando él la toco de forma intrusiva en el carruaje camino al baile, descubrió que como hombre no le era totalmente indiferente a la chica sino todo lo contrario, parecía que le deseaba, aunque eso solo lo llevaba a su segundo problema. Ella era estúpidamente inocente en temas de atracción hacia el sexo opuesto, él llego a darse cuenta cuando la tocó; Asuna le deseaba, de eso estaba seguro, esa relajación que notó ante su toque fue demasiando evidente, si le fuera desagradable ella se hubiera tensado en respuesta, pero ella estaba tan colmada de inocencia que no se daba cuenta, durante toda la noche pudo ver confusión mientras la tocaba y cuando le hizo una insinuación con connotaciones sexuales ella solo asintió mecánicamente, claramente sin entender ni un ápice de lo que él le había dicho; eso solo provocó que su excitación y obsesión empeorara
¿Qué tan linda e inocente podría ser su prometida?
Deseaba poseerla desde el instante en que pusiera un pie en el castillo, pero sabía lo imposible de ese deseo, porque desde el momento en que Asuna entrara al castillo nunca tendría un momento a solas, fue muy incisivo en mencionarles a sus maestros que la quería lista en menos de un año, él mismo sabía que los entrenamientos de reina llevaban mucho más tiempo, pero era una chica lista y creía en que un año era más que suficiente para ella. Probablemente su juicio se estuviese viendo alterado por lo mucho que la deseaba y necesitaba, hasta el punto del dolor, pero eso era algo que no podía cambiar y tampoco lo intentaría; especialmente desde que los sueños con ella no se habían visto mermados ni un poco, al menos mantenía el consuelo de que ahora la tendría a su disposición en el castillo, tendría más oportunidad de seducirla sin intervenciones de nadie y podría aplacar su deseo por ella, aunque las leyes fueran muy específicas sobre la castidad de la reina antes del matrimonio, en ningún lugar decía que estaba prohibido que ambos fueran íntimos, solo lo necesario para aplacar su obsesión.
Llegó hasta un enorme roble que se encontraba en el centro del jardín del palacio, toco la frondosa corteza mientras recordaba con melancolía que solía tomar largas siestas a la sombra de ese árbol, cuando su vida era más sencilla, cuando lo único de importancia era su formación militar y no tenía que hacerse cargo del reino, mucho menos existían chicas obcecando su mente.
Sacudió su cabeza en negación; él ahora era el gobernador regente, el futuro rey del nuevo imperio y esposo de Asuna Yuuki, la futura reina de su imperio. Pensar y añorar el pasado no resolvía nada, en lo único que se permitiría pensar sería en el presente y los planes futuros que concretaría una vez que fuera rey, porque cualquier idiota conquistaba reinos, pero pocos sabían verdaderamente gobernarlos, probaría a todo el mundo el calibre de rey que podría ser y acallaría a eso alzados aristócratas que solo lo saben llamar príncipe militar violento.
Antes de retirarse del lugar observó como uno de los sirvientes se apuraba a su encuentro, decidió que lo mejor era permanecer en su sitio y esperar a que el sirviente lo alcanzara.
─ Mi señor ─ el sirviente dio la reverencia protocolar ─ la señorita Yuuki Asuna-sama ha llegado al palacio
Sin que su dueño se diera cuenta, los ojos obsidiana comenzaron a emitir un ligero brillo ante la noticia recibida ─ ¿Dónde la están recibiendo?
─ En el salón principal del castillo, su Alteza.
─ Entonces vamos, voy a darle la bienvenida al castillo a mi prometida ─ él comenzó a caminar siendo seguido por su sirviente ─ adelántate un poco a mí, quiero ser anunciado antes de entrar a verla.
─ Por su voluntad, Alteza ─ fue lo último que dijo el sirviente antes de dar un paso tan apresurado que parecía que corría; el sonrío involuntariamente, le agradaba la buena servidumbre que daban en el castillo, estaba seguro de que él fue dotado con los mejores sirvientes del reino.
Al llegar al lugar, como había ordenado, entró al gran salón real después de que su sirviente lo presentara ante su prometida, se suponía que ella ya estaría preparada para recibirle y su presencia no le provocaría temor, pero cuando entró, con lo primero que se encontró fueron los asustados ojos color miel de su prometida.
¿Por qué me temes? No soy ningún desconocido para ti.
─ Asuna
─ Su alteza real ─ ella, como sus sirvientes, dio la inclinación protocolar.
─ Llámame por mi nombre, Asuna. Tu y yo ya somos prometidos, no veo porque no tengamos que hablarnos con familiaridad.
─ Como ordene, Kazuto-sama
El mencionado frunció el ceño en respuesta, no quería que ella lo llamara por su nombre porque fue una orden que él dio, quería que dijera su nombre por iniciativa propia; además la parsimonia de Asuna lo estaba alterando, que no se supone que ahora que iniciaba la cuenta regresiva para que se convirtiera en reina estaría más animada. En cambio, su prometida mantenía una posición sumisa, callada casi deprimida y eso le preocupó.
¿Por qué su futura reina estaría desanimada de verle?
─ Asuna ¿Sucede algo?
─ No sucede nada su alteza ─ como si su pregunta hubiese activado algo en ella, respingó al oírle y se apresuró a volver a hacer una reverencia ─. Estoy muy halagada por haber sido escogida como candidata a reina, haré todo mi esfuerzo para lograr dar la talla.
─ No eres una simple candidata a reina Asuna, ya está decidido que serás las reina ─ cuando dijo lo último un pequeño suspiro salió de los labios de su interlocutora, pero él trató de convencerse de que era solo su imaginación ─ ¿No has traído sirvientes contigo?
Como si su pregunta hubiese activado un segundo botón, la chica se vio aún más decaída luego de escucharle.
─ No su alte… Kazuto-sama ─ él quiso sonreír ante la forma casi enfurruñada en la que dijo su nombre, parecía que no estaba del todo contenta de estar ahí ─ la única sirviente que vendría conmigo sería mi dama de compañía, pero fue llamada por su casa para ser comprometida.
─ ¿Era parte de la nobleza? ─ eso lo sorprendió, no creía que con lo benevolente que era el duque Yuuki contratara a personas de parte de la nobleza. Para el azabache lo mejor era contratar plebeyos para los servicios, era mil veces mejor pagar a un plebeyo que realmente necesita el oro para subsistir, que pagar a alguien con apellido para que su estúpido estatus mejorara; bajo esa ideología, todos los sirvientes del castillo eran plebeyos, sabía que había nobles de alto rango puristas que incluso se molestaban ante la idea de ser servido por un plebeyo, esperaba que su prometida no perteneciera a ese grupo.
─ Si, era la tercera hija de un barón que estaba trabajando para mi padre ─ cuando la de ojos miel habló de su dama de compañía, una tristeza se instauro en su semblante, parecía que ella realmente apreciaba la compañía de su sirviente.
Verla de esa forma hizo que el único miembro de la realeza tuviera deseos de ir el mismo por la chica que la acompañaba y traerla de vuelta al castillo, para ver a su prometida sonreír. No supo de donde vino ese fuerte impulso, pero se negó a aceptarlo, eso iba contra sus principios de solo contratar plebeyos, pero entre más la veía triste más sentía que quería correr por esa chica que claramente poseía el afecto de su reina. Apretó fuertemente los puños como forma de contenerse y deseo que ella no tuviese problemas con ser servida por plebeyos.
─ Creo que podríamos organizar algunas visitas a su casa, una vez que ella se encuentre casada ─ el semblante de su reina cambio inmediatamente apenas lo escucho.
─ ¿Enserio? ─ ella se acercó inmediatamente hasta quedar frente a él y por primera vez le sonrío en el momento en que él asintió a su pregunta.
El príncipe volvió a congelarse ─ como la primera vez ─ al verla sonreír, no sabía que tenía su sonrisa que podría hechizarlo y por primera vez esa sonrisa estaba dirigida a su persona. Sus palmas comenzaron a hormiguear y la necesidad de tocarla se volvió imperiosa, antes de que pudiese pensar en los sirvientes que les rodeaban, levantó su mano derecha y acaricio suavemente la mejilla izquierda de su reina, ella por su parte no reaccionó de ninguna forma en específico ante el contacto.
Por primera vez, ambos sintieron como si esa cercanía fuera natural entre ellos.
Fueron interrumpidos por un disimulado carraspeo de parte de uno de los sirvientes que les rodeaban, lo que hizo que ambos se separaran inmediatamente, ese tipo de comportamiento y cercanía era considerado vulgar por el resto de las personas, incluso en una pareja comprometida.
─ Ya que no has traído sirvientes contigo, dispondré a quince sirvientas del castillo y cuatro mayordomos para que sean tus asistentes.
─ ¿Tantos? ─ la chica frunció su frente con extrañeza al escucharlo ─ En la casa de mi padre solamente disponía de dos damas de compañía y un asistente, e incluso mis damas se turnaban entre ellas, no las tenía a ambas a mi servicio todo el tiempo.
En ese momento fue el turno del príncipe de extrañarse, no podía creer que una hija de una casa ducal solamente dispusiera de tan pocos sirvientes, aun así, las cosas en su palacio eran distintas, su entrenamiento de reina requería mucha ayuda y lo más importante era que, ella tendría que acatar sus normas ─ De ahora en más vas a necesitar mucha más ayuda con tu entrenamiento de reina, es un numero justo de sirvientes.
─ Su alteza yo no necesito tanta servidumbre, no soy tan inútil.
─ Te he dicho que me llames por mi nombre y realmente sé lo que digo cuando dispongo esa cantidad de sirvientes, no se trata de si seas inútil o no.
─ No necesito tantos ─ dijo la chica de forma lenta y suave, como si le explicara a un niño una tontería mientras los ojos miel habían comenzado a llamear con una leve chispa de molestia.
Eso provocó que él también se molestara ─ Bien. Recibirás ayuda de cinco sirvientas y dos asistentes, no pienso permitir que tengas menos que eso.
Ella le dio una expresión tan satisfecha a lo que él dijo, que se le antojó golpear al primer imbécil que le pasara por enfrente o borrarle esa satisfacción a base de besos, tantos y tan intensos como para dejarla temblando, justo como lo hacía en sus fantasías.
Recordar sus fantasías y su insatisfacción lo molestó más.
─ Tengo trabajo que hacer mi prometida, solamente he venido a darte una corta bienvenida ─ dio un asentimiento a los sirvientes que les rodeaban ─ Ayuden a mi prometida a instalarse en el cuarto que se le preparó en la torre norte y preparen una reunión para que conozca a sus maestros, cuanto antes inicie su entrenamiento, mejor. Además, informen a la jefa de la servidumbre la cantidad de personas que pondrán bajo las órdenes directas de mi prometida.
Apenas terminó de impartir órdenes dio media vuelta y se dirigió a su estudio, sin siquiera despedirse directamente de su prometida, estaba molesto y perturbado, necesita recuperar el temple.
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Caminaba despacio por los alrededores, el príncipe necesitaba que se viera natural cuando coincidentemente se topara con su prometida y sus maestros. Habían pasado tres semanas desde que ella ingresara al castillo y comenzara su formación, desde entonces no se habían visto o mas bien, ella no lo había visto a él. Por su lado él si la había visto por casualidad mientras se dirigía a algún lugar, siendo una total coincidencia que ella estuviese justo por donde él tenía que pasar, había seguido su progreso de forma cercana gracias a uno de sus asistentes que todas las noches le enviaba un informe detallado de lo que había hecho en el día y el horario que mantendría para el día siguiente.
Lo tenía gratamente impresionado lo veloz que era Asuna para aprender, todos sus maestros estaban impresionados ante la mente ágil que ella poseía. También el hecho de que ella pidiese iniciar el entrenamiento el mismo día en el que ingresara al castillo, parecía que su prometida era una chica responsable que no quería perderse ni un solo día de verdadero trabajo. Por el contrario, ni una sola vez ella había pedido verle o saber de él y eso lo molestaba un poco, solamente una leve molestia, prácticamente sin importancia.
Sus ojos perla brillaron con placer cuando repentinamente su prometida se levanto con la gracia propia de ella de la mesa en la que se encontraba y se fue caminando como si nada, probablemente su maestra de etiqueta había dicho algo que no le había gustado. Resultó que su prometida no era solo una fierecilla en cuanto a su esgrima, sino en cuanto a todos los aspectos de su vida, a él le producía una gracia tremenda verla imponerse a sus maestros, aunque le molestara cuando no seguía sus órdenes, como sucedió con el caso de sus sirvientes, pero por ahora ignoraría ese detalle, cuando la sedujera estaba seguro de que la tendría comiendo de la palma de su mano.
Estaba tan concentrado viendo el lugar por donde su prometida se fue que, no notó a su sirviente llegar hasta que este no se inclinó ante él─ Mi señor, ya tenemos el desayuno servido en el jardín de rosas y la señorita Schuberg está esperándolo.
─ Entendido, ya voy para allá ─ antes de retirarse del corredor, dio una última mirada por la puerta donde su prometida se había retirado y sin darse cuenta, un suspiro escapó de sus labios.
Se encaminó con velocidad hacia el jardín de rosas; su amigo Eugeo en vida fue un amante de estas y cuando murió en batalla lo primero que hizo al llegar al castillo fue mandar a hacer un jardín de diferentes tipos de rosas, donde predominaban las azules, como el color de sus ojos. Por lo que sabía, Alice había hecho algo similar en la mansión Schuberg, solo que, a diferencia de él, ella misma cuidaba de todas las rosas con sus propias manos.
Al llegar a dicho lugar, no encontró a Alice sentada en la mesa con una expresión burlesca, como habitualmente lo recibía, sino que la encontró apartada del lugar frente a un rosal, inclinada y acariciando una rosa azul, no podía verla de frente, pero estaba seguro de que la tristeza y melancolía poblaban su mirada. El azabache estaba seguro de que no creía en el amor, era una cosa inexistente, aunque cuando veía a la víbora de su amiga actuar de esa forma solía dudar un poco.
─ ¿Qué sucede Alice? Si quieres llevarte esa flor tan solo arráncala.
─ No, odio ver a las rosas azules marchitarse y si la arranco para llevármela perderá su hermosura entre mis manos, secándose irremediablemente ─ ella dejó de estar inclinada y se dio media vuelta para encarar a su acompañante ─ Pero si agradecería hablar con tu jardinero, tiene muy bien cuidado este lugar y me gustaría recibir un par de consejos.
─ Dispondré para que tengas una entrevista con él en esta semana ─ ella solo asintió a su declaración y avanzó hacia la mesa, sentarse antes que su acompañante era una total grosería, pero como se encontraban entre ellos se permitía ese tipo de comportamiento.
Una vez que los sirvientes acomodaron todo frente a ellos el les dio la orden de que se retiraran y los dejaran solos.
─ Anoche baile con Fitzgerald Malt, un completo imbécil cabe decir, pero obtuve que aceptara ir a tomar el té a mi casa dentro de quince días así que siéntete libre de tener tu "charla de caballeros" con él.
─ ¿Por qué a mi querida Alicia, que defendía a capa y espada al idiota, ahora lo odia?
Ella solo vio la mesa plagada en postres mientras pensaba en como contestarle ─ No es para nada halagador bailar con alguien que no sabe respetar el espacio personal de una chica, casi me toca anoche y eso es inaceptable, además de que dice un montón de cursilerías para agradar a otros, al parecer, el sujeto no conoce el privilegio del silencio.
─ ¿Por qué no lo mataste? ─ el azabache comenzó a comer de forma distraída ─ sé muy bien que debajo de esa pomposa falda portas una espada, con tu habilidad no te costaría nada cortarle un par de cosas.
─ ¿Y robarle el privilegio de tal cosa a su serenísima alteza? ─ vio cada uno de los dulces con desagrado para después apartar su plato y solo servirse té ─ Padre no me hubiera perdonado si se me ocurría cortar a otro imbécil, la última vez le prometí que no lo haría de nuevo.
─ Así que has hecho pasar un tiempo difícil a Bercouli.
─ Nada fuera de lo normal, papá sabe bien que cada uno de los ataques que hice estaban justificados, además fue una cosa muy lamentable que se esperara hasta mi diecinueveavo cumpleaños para informarme que en la milicia no aceptan mujeres, para ese punto era una maestra de la espada.
─ Supongo que no podré desaparecer como quiera al tal Fitzgerald, mucho menos en la casa Schuberg, pero unas pocas palabras de advertencia no le vienen mal, en especial desde que se atrevió a ofender a mi querida amiga ─ el azabache desvió la conversación de un tema que por demás era escabros entre ellos, no entendía la obsesión de la rubia de volverse parte de la caballería real, pero no estaba dispuesto a cambiar las leyes en ese punto.
─ Por cierto, me lo he estado preguntando anteriormente solo que no lo había exteriorizado ¿Por qué diablos siempre comemos dulces? ─ vio la variedad de postres y pasteles que cubrían la mesa ─ con lo que a mí me desagradan.
─ Porque yo dije a los sirvientes que la señorita Schuberg adoraba los pasteles y quería que se sintiera cómoda cada vez que visitaba el castillo.
─ Eso es completamente falso.
─ Lo sé, pero no se ve bien que con lo intimidante que soy, pida comer dulces; por eso siempre aprovecho tu visita para comer lo que se me antoje.
─ Así que por eso siempre pides a los sirvientes que nos dejen solos y yo creía que era porque me revelabas secretos de estado ─ la rubia suspiró antes de darle un sorbo a su té.
─ Eso también, las cosas de las que hablamos no son del todo correctas o limpias, además de que eres mi espía dentro de la nobleza del país, no quiero que nadie mas se entere de lo que hablamos. En especial desde que me voy a divertir con el imbécil de Fitzgerald y encargarme de la casa Malt.
Ella le sonrío burlonamente ─ Lo haces sonar tan especial, si lo único que hago es traerte chismes y tu juegas con la nobleza en base a eso.
─ Dirigir un reino es como jugar un juego, si quieres pertenecer a la realeza tienes que saber jugar para ganar.
─ Lo haces sonar tan fácil y definitivo, no creo que dirigir un reino, no, mas bien un imperio como Sommevesle sea tan sencillo.
─ Claro que sí, es como un juego de ajedrez, solo que en lugar de piezas de ajedrez lo que existe son títulos y tronos, donde el que mas inteligencia posea es el que gana y el más débil muere. ─ la sonrisa oscura que se pintó en el rostro masculino hubiese aterrorizado a cualquiera, excepto a su acompañante ─ Por eso; cuando juegas el juego de tronos, tu ganas o mueres.
─ ¿Eso significa que matarás a Fitzgerald Malt? ─ la chica arqueo una de sus rubias cejas ante lo que dijo el gobernante del país, él nunca daba un ataque tan directo, solía irse por la tangente y esperar hasta tener acorralado a su enemigo antes de actuar. El príncipe estaba rompiendo el molde de su ataque en ese caso en especifico y ella estaba segura que eso era gracias a que la futura reina estaba en medio, pero el idiota era tan tonto que no se daba cuenta.
─ No lo sé, pero seguro desapareceré a la familia Malt del tablero.
─ ¿Por qué? Hay otras familias, también en contra tuya, que te conviene más eliminarlas que a la familia Malt.
─ Bueno, por algún lado debo de empezar.
─ Dime una cosa Kazuto-sama ¿Estas enamorado?
─ ¿A qué viene esa pregunta? ─ él volvió a reaccionar con molestia ante la pregunta dada por ella ─ Por supuesto que no.
─ Bien ─ la chica claramente se enojó por la contestación que él le dio, pero a él no le podía importar menos, su cabeza estaba enteramente ocupada en sus planes futuros con la casa Malt y en su digna reina.
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Estaba sudando mucho, sus músculos estaban increíblemente cansados, pero seguía agitando la espada como un poseso; sabía que el esfuerzo dado no era suficiente, necesitaba estar mas cansado o no podría ir a la cama. Su chaqueta y jubón yacían a su lado, tirados en el suelo y las mangas de su camisa se encontraban arremangadas hasta sus codos, a pesar de ser de noche el calor lo agobiaba de tanto entrenar, pero esa era la única medida que había encontrado para contrarrestar los sueños eróticos que tenia sobre su prometida; irse a la cama tan cansado como para soñar nada e incluso, a veces, ni eso funcionaba. Pero por lo menos la cuenta regresiva para casarse con ella ya estaba iniciada, una vez fueran marido y mujer podría tomar su delicado cuerpo a su antojo, otro aliciente era que en dos días se divertiría a lo grande con Fitzgerald Malt así que se mantenía motivado con ello.
Después de que practicó por lo menos un par de horas mas decidió regresar al castillo, estuvo practicando en el jardín mas cercano a la cocina del castillo, donde por lo general los sirvientes no se paseaban para que nadie lo cuestionara por su actuar. Por lo general todos sus sirvientes lo dejaban solo por las noches, aún no se acostumbraba del todo a estar rodeado de personas dispuestas a cumplirle todas sus necesidades, cuando se encontraba en los campos de batalla cada hombre se ocupaba de si mismo, no hacerlo era una debilidad y él, como su líder, era el primero en poner el ejemplo.
Tomó su jubón y chaqueta del piso emprendiendo camino hacia la cocina del castillo, necesitaba conseguir agua, esperaba que estuviera a la mano, porque se sentía demasiado cansado como para buscarla y demasiado sediento como para esperar a llegar a su habitación donde sabía que siempre estaba una jarra de agua esperándole. Cuando estaba acercándose a la entrada de la cocina pudo apreciar una luz encendida, no entendía el porque alguien seguía ahí, estaba seguro de que ya era muy tarde como para que algún sirviente aún estuviese trabajando. Pensó por un momento rodear y entrar por otro lugar al castillo para no tener que interactuar con otra persona, pero de todos modos avanzó, necesitaba familiarizarse con las personas bajo su yugo, se suponía que en menos de un año se convertiría en un rey.
Al entrar al lugar se dio cuenta de que no era un sirviente quien se encontraba dentro de la cocina, era su futura reina.
─ ¿Asuna que haces aquí? ─ al escuchar la pregunta la chica que se encontraba dándole la espalda saltó de la impresión y casi deja caer lo que sea que tenía en las manos.
─ Su alteza real, me ha dado un susto de muerte ─ ella se giró para encararlo mostrando una enorme charola de hornear completamente sola ─ sólo he estado practicando un poco mi repostería, el chef dijo que no había ningún problema si me quedaba un rato.
─ ¿Repostería? ¿Sabes cocinar? ─ ante el gesto afirmativo de ella él se extrañó, era algo inaudito ver a algún noble haciendo algo, la mayoría era una bola de inútiles que solo sabían despilfarrar el dinero que generaba su feudo y ordenar a sus sirvientes, especialmente las mujeres; era muy grato descubrir que su prometida no entraba en ese molde ─ ¿Y que es lo que has hecho?
La chica por respuesta señalo una considerable cantidad de frascos llenos de galletas de distintas formas y colores, se preguntó cuando tiempo le habrá llevado hacer todo eso ─ ¿Eso te tomó "un rato" hacerlo?
Al escucharlo un sonrojo se coló por sus delicadas mejillas ─ No, la verdad es que me emocioné un poco porque tenía mucho que no cocinaba.
─ Deberías de estar descansando ─ no supo porque, pero ante lo dicho la chica tomó una actitud muy digna.
─ Ya estaba a punto de retirarme, estaba terminado de limpiar lo que ensucié cuando fui interrumpida por su alteza ─ ella rápidamente acomodó la charola de hornear en una pila con otras y se apuró a retirarse del lugar ignorándolo olímpicamente.
─ Espera ─ ella se regreso un poco hacia él después de que escuchó su orden, pero con cierta reticencia ─ ¿Qué harás con todas las galletas?
─ El chef dispondrá de ellas como guste, mi objetivo era practicar, así que si me disculpa Kazuto-sama ─ ella se inclinó ante él y se retiró con velocidad antes de que la pudiese detener.
Cuando se vio a si mismo completamente solo en la habitación, se quedó viendo los grandes frascos de galletas y tomó dos antes de pensarlo, después de todo el adoraba los postres y no es como que tuviera en especial importancia las galletas en sus manos solo porque su prometida las había hecho; aún así tomo nota mental en su cabeza para que la próxima vez que la viera le preguntaría que sabía hacer y le pediría algo hecho especialmente para él.
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─ ¿Qué diablos está comiendo su serenísima alteza? ─ esa fue la primera pregunta que le lanzó la rubia al entrar a su estudio y la servidumbre los dejara solos.
─ Galletas… con chispas de chocolate ─ dijo el príncipe antes de seguirlas devorando, para él resultó toda una sorpresa conocer el delicioso sabor que poseían las galletas de su prometida.
La noche anterior cuando tomó dos frascos de galletas no tenía muchas esperanzas en ellas, pero una vez que se encontró en su habitación duchado y descansado le entró la tentación de probarlas antes de dormir, encontrándose gratamente sorprendido ante el sabor que tenían, estaban exquisitas y antes de que se diera cuenta, ya se había acabado un frasco entero.
─ Creí que no le gustaba pedirle dulces a la servidumbre, arruinaba su ego de macho ─ ella lo estaba picando para molestarlo, necesitaba descontrolarlo porque necesitaba una respuesta honesta de él a la pregunta que tanto la estaba carcomiendo, tenía a su favor que el idiota príncipe solía ser honesto cuando estaba enojado, al punto de no poder mantener la fría careta.
─ No tengo ego de macho y estas no las pedí a la servidumbre, las horneó Asuna
─ ¿Asuna-sama sabe hornear? ─ la chica abrió grandemente sus pupilas al punto de que daba la impresión de que sus ojos saldrían de sus cuencas, era realmente inaudito ver a alguien de la nobleza que supiera hacer alguna tarea del hogar.
─ Por supuesto mi prometida no es ninguna noble idiota y estorbosa ─ parecía tan satisfecho y soberbio cuando dijo aquello que a la rubia se le antojo sacar la espada que escondía en sus enaguas para atacarlo con ella.
En cambio, la de ojos azules vio una oportunidad para poder obtener lo que quería.
Se acercó tranquilamente hacia el príncipe, hasta llegar al borde del escritorio y tranquilamente extendió su mano para tomar una galleta del frasco, pero antes de que lograra su cometido el frasco fue rápidamente apartado de su alcance, siendo resguardado en el regazo del príncipe que le lanzó una mirada furiosa ante su osadía.
─ ¿Qué diablos haces Alicia?
─ Quiero una galleta para probar los dotes culinarios de la prometida real. No tiene nada de malo ─ trató de poner tanta inocencia en su tono como pudiera sin sonar sospechosa.
─ A ti no te gustan los dulces ni la repostería Alicia, aléjate de mis galletas.
─ No es que no me gusten su serenísima alteza, a veces quiero comer un poco y una galleta no me hará daño.
Él parecía realmente molesto ante su excusa ─ entonces pediré a la servidumbre que te traigan galletas horneadas por el chef.
─ Vamos ¿Qué tiene de malo que pruebe las de Asuna-sama? ─ ella se acercó mas a él ─ solo será una.
─ ¡Ya te dije que no! ─ el príncipe se paro a toda prisa de su lugar y puso una distancia considerable entre él y la hija de la casa Schuberg ─ estas son mías.
─ ¿Kazuto-sama usted está enamorado?
El azabache se sorprendió por la pregunta que la rubia le hizo, no entendía de que iba ella, pero por primera vez desde que su amiga le estuviera fastidiando con ella, se vio incapaz de contestar inmediatamente mostrando un momento de clara duda, que ambos notaron.
─ Ya te he contestado varias veces que no y lo seguiré diciendo. No estoy enamorado.
Antes de que ella le fastidiara más, salió de su estudio a toda prisa, huyendo de ella y de sus preguntas. Probablemente dando una imagen graciosa y poco digna al estar prácticamente corriendo con un frasco de galletas entre sus manos; el lugar mas cercano que vio para encerrarse fue la biblioteca, solo esperaba que esa molesta rubia no lo siguiera y se perdiera por ahí, para no tener que verla hasta el día siguiente cuando tuviera su encuentro con Fitzgerald Malt.
Al entrar al lugar una calma lo invadió, normalmente la biblioteca real solía encontrarse sola, durante su adolescencia era su lugar favorito para esconderse de sus obligaciones reales, por supuesto que dejó de serlo cuando se dedicó de lleno a la espada y a la milicia. Dejó el frasco de galletas en una repisa cercana a él y se dispuso a dar una vuelta entre los estantes del lugar, el olor a libro viejo siempre le pareció agradable. Paseó entre los enormes estantes acariciando las tapas de los libros, nunca fue un lector especialmente ávido, pero si era capaz de disfrutar una buena lectura, pensando que eso era lo que necesitaba caminó lentamente buscando algún genero de su agrado, normalmente lo que leía eran libros de la historia del país, como miembro de la realeza estaba obligado a saberse la historia de Sommevesle al derecho y al revés, aunque en ese momento lo último que quería era leer sobre historia.
Buscando entre los estantes algo de su agrado, llegó a encontrar algo de su agrado, o mas bien, alguien de su agrado. Su pequeña prometida estaba tirada en el suelo, en el fondo de un corredor de estantes; rodeada de libros que ella mantenía extendidos por todo el suelo, estaba tan concentrada en su lectura que no notó los pasos de él acercándose, pudo ver que la mayoría de los libros que mantenía en el suelo trataban sobre astronomía y la lectura de las estrellas; como le había dicho su espía de la casa Yuuki, Asuna adoraba aprender sobre astronomía, él se acercaba cada vez mas y ella seguía sin levantar la cabeza del libro, se preguntó cuando tendría que estar disfrutando su lectura para que no notará la presencia de otra persona junto con ella.
─ Maravilloso… ─ susurró la chica en medio de su lectura y, a pesar, de que él se encontraba prácticamente frente a ella, seguía sin notarlo. El príncipe también pensó que era maravillo lo fácil que Asuna se podía perder en una lectura al punto de no darse cuenta de lo indefensa que se encontraba y, por primera vez desde que se conocieron, estaban completamente solos.
Que maravillosa… oportunidad
─ ¿Qué es lo que mi prometida lee de forma tan acuciante? ─ al escuchar la pregunta del príncipe la chica se sobresaltó en ipso facto, dejando caer su libro en su regazo y apurándose a levantarse del cómodo suelo de donde se encontraba, pero al encontrarse de pie, maliciosos ojos perla chocaron con inocentes y asustados ojos miel.
─ ¿Y bien? ─ la chica comenzó a boquear sin darle una respuesta clara, viendo hacia todos los lados posibles buscando una huida, como una niña que ha sido sorprendida en medio de una travesura, pero encontrándose totalmente rodeada ya que, tenia la pared a sus espaldas, un enorme estante de libros a cada lado y al príncipe real frente a ella; se encontraba atrapada ─ ¿Qué tipo de lectura te tenía tan embelesada mi querida prometida?
─ ¡Su alteza! Yo-o e-es-taba leyendo sombre las formas de las constelaciones y como se acomodan a las predicciones del horóscopo, en mi casa este tipo de libros no se encontraban ─ mientras la chica hablaba parecía especialmente nerviosa.
─ ¿Oh? ─ el nerviosismo de la hija del duque le estaba provocando unos tremendos deseos de diversión al príncipe ─ ¿Y has encontrado algo interesante?
─ No realmente ─ la de ojos miel se agachó frente al príncipe, ocultándose de su mirada y esperando cualquier oportunidad para huir y, aunque ya no tartamudeaba, se le podía notar el nerviosismo en su postura ─ Si me disculpa
─ ¿A dónde vas con tanta prisa, Asuna? ─ cuando ella intentó escapar por un lado del príncipe, este apoyó su brazo en el estante de libros como forma de bloquear el pequeño hueco que su prometida estaba tratando de usar como vía de escape.
─ Debo seguir con el entrenamiento de reina, su Alteza, solo se me dio un leve tiempo de descanso y este ya ha terminado.
─ ¿Enserio? ─ él, sin dejar de apoyar su brazo en el estante, comenzó a caminar hacia el frente, haciendo que ella retrocediera para mantener las distancias al punto de lograr hacer que ella topara su espalda con la pared ─ Creo que es demasiado pronto para que te vayas, si apenas hemos hablado.
─ ¿Kazuto-sama? ─ cuando ella se vio acorralada entre la pared y la figura del príncipe se escandalizó mucho, como si no estuviese acostumbrada a la cercanía de los hombres, pero como el desagrado no era algo presente en el expresivo rostro el invadió su espacio aún más.
Eso es, llámame por mi nombre.
Cuando ya no pudo avanzar más, apoyó sus manos en la pared a cada lado de la chica, encerrándola totalmente y escandalizándola aún más, el príncipe pensó que su prometida era realmente preciosa cuando estaba angustiada.
─ Parece que por fin mi prometida me llama por mi nombre por iniciativa propia de ella.
─ ¿Ah? ─ sin pensarlo ella se llevó las manos a los labios, cubriendo su boca por la sorpresa que le producía haber llamado al príncipe por su nombre de forma natural.
Repentinamente una sonrisa hechicera se posó en el rostro masculino y las femeninas manos fueron tomadas a la fuerza y puestas en la pared, dejando los rostros de ambos muy cerca del otro y a ella sin posibilidad de moverse o defenderse.
─ Kazuto-sam… ─ antes de que ella pudiese terminar de pronunciar su nombre sus labios fueron cubiertos por los del recién nombrado, dándolo a la chica lo que era su primer beso.
Suavemente, como si disfrutara de la sensación de sus labios, él repartió pequeños besos en sus labios una y otra vez. Haciendo un sonido extraño a los oídos de ella, sus labios fueron succionados por la boca del príncipe. En un estado delirante, mareada por la sorpresa que le producía dicho contacto, los labios de Asuna se separaron ligeramente, y luego, con un movimiento experimentado por parte del príncipe, comenzó a besarla aún más profundamente. Luego cuando el cuerpo femenino comenzó a perder fuerza, el príncipe soltó las manos de ella para inmediatamente después comenzar a acariciarla en el cuello y por detrás de la oreja, sin dejar de besarla. Él uso su otra mano para sostenerla de la cintura y aferrarla mas cerca de él mientras que la mano que acariciaba el cuello femenino comenzaba a descender hacia el pecho de forma distraída.
─ Asuna ─ el príncipe declaró el nombre de su prometida de forma apasionada en el momento que se separo de ella para poder respirar. Sus ojos perla que normalmente eran fríos estaban nublados de lujuria, pero cuando enfocó su vista en ella, quien mantenía sus ojos fuertemente cerrados y su respiración agitada, lo último que pensó fue en su lujuria.
La chica parecía una masa temblorosa entre los brazos del azabache y él deseo tranquilizarla por sobre todas las cosas, quería que abriera sus ojos y encontrar aceptación en estos, pero no sabía como decirlo o si debería de expresar tal pensamiento.
Acéptame, quiéreme…
…
¿Qué?
Abrazó el trémulo cuerpo de la chica de forma más apretada, deseando fundirse en ella y que ambos se volvieran un solo ser, tales pensamientos que poblaban su mente por primera vez lo confundieron a tal punto que no sabía que decir o hacer, eran contadas las veces en las que le había sucedido una cosa así y la mayoría estaban relacionadas con la chica entre sus brazos. Deseos de abrazarla, besarla, poseerla, hacerla sonreír, verla feliz y, por sobre todas las cosas, amarla lo invadieron ─ Asuna…
Cuando el azabache trató de expresar todo lo que sucedía en su cabeza el fuerte azote de la puerta de la biblioteca lo interrumpió, alguien había entrado causando un fuerte estruendo. Inmediatamente después se escucho la voz de una mujer llamando a su prometida; sintiendo como si una parte importante de su ser se le fuera arrebatada él la soltó y le susurró que se fuera, sabía lo peligroso y comprometedor que sería si alguna persona los encuentra en ese cavernoso pasillo.
Asuna, quien se encontraba completamente agotada, al escuchar el susurro del príncipe en su oído se apuró a salir de ese lugar en el que había estado encarcelada dejando atrás a una persona que rogaba por que le diera una segunda mirada, mirada que nunca fue dada. El príncipe apoyó su espalda contra la pared y se fue deslizando lentamente por ella hasta quedar en el suelo, acaba de comprender algo tan fundamental y atemorizante que no tenía fuerzas para nada más, a lo lejos pudo escuchar como Asuna llegaba a la altura de lo que parecía ser una de sus maestras.
─ Así que aquí se encontraba ojou-sama, la hemos estado buscando… ─ el eco de las voces se perdió, como si hubiesen dejado el recinto dejándolo a él solo con su caótica cabeza.
Él hundió la cabeza entre sus manos pensado que era lo que haría, no podía quedarse así y tampoco podía avanzar, era la primera vez que se encontraba a si mismo en esa situación y lo único que quería era correr atemorizado. Una vez estuvo seguro de que se encontraba completamente sólo, la puerta de la biblioteca hizo un ligero sonido, como si alguien la hubiese cerrado suavemente, pequeños pasos resonaron a través del desértico lugar hasta que la persona dueña de ellos le dio alcance, pero él no estaba poniendo realmente atención a nada a su alrededor, el caos dentro de si mismo tenía casi toda su atención.
─ ¿Está enamorado Kazuto-sama? ─ cuando la sensación de vacío lo invadía y sentía que estaba a punto de desmayarse de la impresión, una voz lo saco de la bruma de su mente, era Alice quien lo llamaba, quien le estaba haciendo una pregunta tan certera.
─ Si, lo estoy… ─ dar esa declaración en voz alta hizo que el príncipe sintiera como si se lanzara al vacío sin saber si moriría o no, porque era dolorosamente real.
─ Bien ─ esa palabra dicha por la femenina voz se sintió como un latigazo para la mente caótica del azabache, no se sentía listo para lo que implicaba admitir su nuevo estado.
Se sentía tan perdido y obcecado como cuando conoció a Asuna Yuuki y la vio en el jardín trasero de su casa entrenando con su estoque, probablemente desde ese entonces había iniciado su amor y él no se había dado cuenta. Y ahora…
Ahora estoy perdido
Continuará…
Se supone que, en el bello orden cronológico que me plantee cuando inicie esta historia, esto corresponde al final del capítulo dos (pero a mí nunca me salen las cosas como quiero, divago mucho a la hora de narrar). En el siguiente capítulo la historia por fin se va a conectar con "Tú vas a romper el compromiso ¿Verdad?" y lo va a rebasar. Espero, por amor de dios y por el bien de mis otras historias que aún no tienen final, que esto no se extienda a más de seis partes (originalmente eran tres).
Saludos espaciales a SJZ77, y a JeBin1203. Muchas gracias por comentar, me alegro mucho de que les guste la historia.
Nos vemos en mi siguiente actualización.
Shine (la mujer que es demasiando descriptiva a la hora de escribir) ~
